jueves, 10 de octubre de 2019

MISTIFICACIÓN Y ANIMISMO



La palabra mistificar significa “abusar de la credulidad de; engañar, ilusionar, burlar, estafar, embaucar, sorprender”. Quien quiera que se dedique a la práctica mediúmnica debe estar atento a este hecho.

Existe la mistificación provocada por el encarnado y la que es promovida por los no encarnados. En ambos casos, es necesaria mucha cautela y firmeza para no dejarse engañar.

“(…) Las mistificaciones constituyen los escollos más desagradables del Espiritismo práctico” (…). Para evitarlas, “(…) existe un medio sencillo: que no pidáis al Espiritismo más que lo que os pueda dar (…)”. Ahora bien, sabiendo que la finalidad mayor del Espiritismo es el mejoramiento moral de la Humanidad, si no nos apartamos de este objetivo, difícilmente seremos engañados, (…) porque no existe más que una manera de comprender la verdadera moral, la que todo hombre con sentido común puede admitir (…)”.

Si entendemos que los Espíritus superiores procuran siempre instruirnos y guiarnos por el camino del bien, sabremos rechazar cualquier instrucción que pueda proporcionarnos ventajas materiales o favorecer nuestras pasiones mezquinas.

Los Espíritus livianos son los que “(…) se complacen en causar pequeños contratiempos y alegrías superficiales e intrigas, de inducir malévolamente al error, por medio de mistificaciones y de sutilezas (…)”.

“La astucia de los Espíritus mistificadores supera a veces todo lo que se pueda imaginar. El arte con que disponen sus baterías y combinan los medios de persuadir, sería algo curioso si no fuera más allá de las simples bromas; sin embargo, las mistificaciones pueden tener consecuencias desagradables para los que no estén prevenidos. (…) Entre los recursos que esos Espíritus emplean, deben colocarse en la primera fila, por ser los más frecuentes, los que tienen por finalidad tentar la codicia, como la revelación de supuestos tesoros ocultos, el anuncio de herencias u otras fuentes de riquezas. Además, deben considerarse sospechosas, a primera vista, las predicciones con época determinada, así como todas las indicaciones precisas relativas a intereses materiales. Corresponde que no se den los pasos prescriptos o aconsejados por los Espíritus, cuando el fin no sea eminentemente racional; que nunca se deje alguien deslumbrar por los nombres que los Espíritus toman para dar apariencia de veracidad a sus palabras; desconfiar de las teorías y sistemas científicos osados; en fin, de todo lo que se aparte del objetivo moral de las manifestaciones (…)”.

De manera general, estos son medios para evitar las mistificaciones.

¿Qué es animismo?

Animismo es el estado en que opera el Espíritu del médium y no el del no encarnado.

“(…) El estancamiento de nuestra mente, hoy, en determinadas situaciones, puede motivar, en el futuro, la manifestación de fenómenos anímicos, del mismo modo que tal estancamiento o fijación, si fue realizado en el pasado, se exterioriza en el presente (…).

Por lo tanto, muchas veces, lo que se asemeja a un trance mediúmnico, con todas las apariencias de que existe la interferencia de un Espíritu, no es más que el médium, por supuesto el médium desequilibrado, que revive escenas y acontecimientos tomados de su propio mundo subconsciente, fenómeno este motivado por el contacto magnético, por la aproximación de entidades que comparten sus remotas experiencias (…)”.

“(…) No debemos confundir mistificación con animismo. En la primera tenemos la mentira; en el segundo, el desequilibrio psíquico”.

“(…) Muchos compañeros que se han enrolado en el servicio de implantación de la Nueva Era, bajo la égida del Espiritismo, han convertido la teoría animista en un obstáculo injustificable, que les ha bloqueado preciosas oportunidades de realización del bien; por lo tanto, no corresponde que adoptemos como adecuadas las palabras “mistificación inconsciente o subconsciente” para bautizar al fenómeno (…).”

La persona pasible de animismo es un «(…) enfermo mental, que requiere nuestro mayor cariño para recuperarse. Para curar su inquietud, sin embargo, no nos bastan los diagnósticos complicados o las meras definiciones técnicas en el campo verbal, si falta el calor de la asistencia amistosa”.

“(…) En el fenómeno anímico el médium se expresa como si allí estuviera, realmente, un Espíritu para comunicarse.

El médium en tales condiciones debe ser tratado con la misma atención que suministramos a los sufridores que se comunican (…).

El médium proclive al animismo es un recipiente defectuoso que puede ser reparado y restituido al servicio, mediante la comprensión del dirigente o destituido por su falta de comprensión.

De no ser comprendido, puede ser víctima de la obsesión (…)”.


Para mayores estudios acerca del tema Animismo, sugerimos la lectura de las siguientes obras:

ü    AKSAKOF, Alejandro. Animismo y Espiritismo.
ü    BOZZANO, Ernesto. ¿Animismo o Espiritismo?


Tomado del Estudio Sistematizado de la Doctrina Espírita.

lunes, 30 de septiembre de 2019

TRAICIONES


Tomado del libro: Allan Kardec, La Biografia.
Marcel Souto Maior

Hasta entonces, habría años de pruebas, de acuerdo con el guión elaborado por el Espíritu de la Verdad. Al lanzar El Libro de los Espíritus y asumir la identidad de Allan Kardec, Rivail se preparó para los contraataques de la ciencia, la prensa y la religión.

Ya en el texto introductorio de la obra, se anticipó a las críticas para desafiar a los antagonistas. No por casualidad intituló su artículo como “Refutación de varias objeciones” – título eliminado en la segunda edición del libro.

Los detractores lanzarán una mirada justa a los seguidores de la creencia espírita y verán si entre ellos solo se hayan ignorantes, y si el inmenso número de hombres de mérito y respeto que la han abrazado les permitirá legarla a las filas de las creencias de las criadas. De ellos, por el carácter y el conocimiento, tal vez valga la pena decir: si ellos afirman la doctrina espírita, es necesario que al menos contenga algo de cierto.


Kardec lanzó dos acusaciones contra los científicos que renegaban de los fenómenos espíritas: preconcepto contra “cosas desconocidas” y apego estrecho a su especialidad, sin considerar nuevas causas y nuevos efectos:

El hombre que se ha formado en una especialidad, sujeta a ella sus ideas. (…) Por lo tanto, consultaré con gusto y confianza a un químico sobre análisis químico, a un físico sobre la energía eléctrica y a un mecánico sobre una fuerza motriz; pero los eruditos me permitirán (…) que yo preste atención a su opinión negativa sobre el espiritismo, o que lo aprecie tanto como el juicio de un arquitecto acerca de una cuestión de música.

Las primeras reacciones indeseables llegaron poco después de la publicación del libro, y de donde el profesor menos esperaba: de los propios colaboradores. Al lanzar su obra – o, mejor dicho, la obra de los espíritus superiores -, Rivail no había dado crédito alguno a las hermanas Caroline y Julie Baudin, a Ruth Japhet y a otros médiums también consultados.

Ruth Japhet no se conformó. Según sus cuentas, las tres cuartas partes del libro se debieron a su mediúmnidad y a sus manuscritos, por lo que la omisión de su nombre era inadmisible. En un desahogo al escritor ruso Alexander Aksakof, Ruth se quejaba que ni siquiera se había ganado un ejemplar del libro y que no había recibido sus manuscritos cuando se los pidió al profesor.

Aksakof haría estas revelaciones en un artículo publicado en el periódico Spiritualist Newspaper en 1875. Rivail que había muerte seis años antes –no pudo defenderse, ni a través de mensajes mediúmnicos.

Dieciocho años después de la publicación de El Libro de los Espíritus, Ruth seguía insatisfecha con la falta de crédito y consideración, pero en ningún momento de su entrevista negó la comunicación con los espíritus ni la autenticidad de los mensajes atribuidos al más allá.

A los amigos y colaboradores más cercanos, Rivail les había dado la siguiente explicación por la omisión de los nombres y de las médiums en los libros: quería preservar la identidad de ellas para salvarlas de una exposición innecesaria. Además, la autoría de la obra debería ser atribuida a los espíritus y no a los intermediarios – hasta para evitar riesgos como la vanidad y el orgullo, perjudiciales para quienes se proponen servir de canal desinteresado con el más allá.

A juzgar por uno de los mensajes de los espíritus a Allan Kardec, impreso en la primera edición del libro – y también suprimido de la segunda -, la relación del maestro con lo invisible fue mucho más allá de las intermediaciones de Ruth y asumió contornos algo invasivos:

-      Estaremos contigo todas las veces que nos lo pidas y tú también estarás a nuestro servicio cada vez que te llamemos.

En anotaciones personales – reveladas después de su muerte, en Obras Póstumas -, Rivail daría más detalles sobre esta relación con el otro mundo:

Más de diez médiums prestaron concurso a este trabajo. De la comparación y de la fusión de todas las respuestas, coordinadas, clasificadas y muchas veces retocadas en el silencio de la meditación, fue que elaboré la primera edición de El Libro de los Espíritus.

       Al ser ignorada, despreciada o simplemente preservada por Rivail, Ruth Japhet pudo haberse librado de los riesgos a los que se enfrentaron sus colegas estadounidenses más famosas: las hermanas Fox, consideradas por muchos como las “precursoras del espiritualismo moderno. La celebridad les costó caro.


Traducción: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia
Septiembre 30 de 2019


domingo, 22 de septiembre de 2019

PLURALIDAD DE LAS EXISTENCIAS CORPORALES


Por: Allan Kardec

De los diversos fundamentos profesados por el Espiritismo, el más controvertido es indiscutiblemente el de la pluralidad de las existencias corporales o, dicho de otra manera, el de la reencarnación. Aunque esta opinión sea ahora compartida por un número muy grande de personas, y aunque nosotros ya hayamos tratado varias veces la cuestión, creemos un deber –en razón de su extrema gravedad– examinarla aquí de una forma más profunda, a fin de responder a las diversas objeciones que ha suscitado. Antes de entrar en el fondo de la cuestión, nos parecen indispensables algunas observaciones preliminares.

Algunas personas dicen que el dogma de la reencarnación no es de modo alguno nuevo: que ha sido resucitado de Pitágoras. Nosotros nunca hemos dicho que la Doctrina Espírita fuese una invención moderna; al ser el Espiritismo una de las leyes de la naturaleza, ha debido existir desde el origen de los tiempos, y por nuestra parte siempre nos hemos esforzado en probar que de Él se encuentran rastros en la más remota antigüedad. Como se sabe, Pitágoras no es el autor del sistema de la metempsicosis; él la ha extraído de los filósofos hindúes y de los egipcios, donde existía desde tiempos inmemoriales. La idea de la transmigración de las almas era, pues, una creencia común admitida por los hombres más eminentes. ¿Por cuál medio les ha llegado? ¿Ha sido por revelación o por intuición? No lo sabemos; pero, como quiera que sea, una idea no atraviesa las edades y no es aceptada por las inteligencias de élite si no tiene su lado serio. Por lo tanto, la antigüedad de esta doctrina sería más bien una prueba que una objeción. Sin embargo, como igualmente sabemos, entre la metempsicosis de los Antiguos y la moderna doctrina de la reencarnación existe una gran diferencia: que los Espíritus rechazan de la manera más absoluta la transmigración del hombre en los animales y recíprocamente.

Sin duda –dicen también algunos contradictores– vos estabais imbuido de esas ideas, y he aquí por qué los Espíritus han seguido vuestro mismo parecer. Esto es un error que prueba, una vez más, el peligro de los juicios precipitados y sin examen. Si estas personas, antes de juzgar, se hubiesen tomado el trabajo de leer lo que hemos escrito sobre Espiritismo, habrían evitado hacer una objeción con demasiada liviandad. Repetiremos, pues, lo que hemos dicho al respecto: cuando la doctrina de la reencarnación nos fue enseñada por los Espíritus, estaba tan lejos de nuestro pensamiento que habíamos hecho sobre los antecedentes del alma un sistema completamente diferente, y además compartido por muchas personas. Por lo tanto, la Doctrina de los Espíritus nos ha sorprendido en este aspecto; diremos más: nos ha contrariado, porque echó por tierra nuestras propias ideas; como se ve, estaba lejos de ser un reflejo de éstas. Eso no es todo; no cedimos al primer choque; combatimos, defendimos nuestra opinión, planteamos objeciones y sólo nos rendimos ante la evidencia cuando percibimos la insuficiencia de nuestro sistema para resolver todas las cuestiones que este tema aborda.

A los ojos de algunas personas, sin duda, la palabra evidencia parecerá singular en semejante materia; pero no será impropia para aquellos que están habituados a examinar los fenómenos espíritas. Para el observador atento hay hechos que, aunque no sean de una naturaleza absolutamente material, no por esto dejan de constituir una verdadera evidencia, o al menos una evidencia moral. No es aquí el lugar para explicar esos hechos; solamente un estudio continuo y perseverante puede hacerlos comprensibles; nuestro objetivo era únicamente refutar la idea de que esta doctrina no es más que la traducción de nuestro pensamiento. Tenemos aún otra refutación a realizar: es que no sólo a nosotros ha sido enseñada; lo ha sido en muchos otros lugares, en Francia como en el extranjero: en Alemania, en Holanda, en Rusia, etc., y esto incluso antes de la publicación de El Libro de los Espíritus. Agreguemos todavía que, desde que nos hemos consagrado al estudio del Espiritismo, hemos obtenido comunicaciones a través de más de cincuenta médiums psicógrafos, psicofónicos, videntes, etc., más o menos esclarecidos, de una inteligencia normal más o menos limitada, algunos hasta completamente iletrados, y por consecuencia enteramente ajenos a las materias filosóficas, siendo que en ningún caso los Espíritus se desmintieron sobre esta cuestión; sucede lo mismo en todos los Círculos que conocemos, donde el mismo principio ha sido profesado. Bien sabemos que este argumento no es terminante, y es por eso que no insistiremos más de lo razonable.

Examinemos la cuestión desde otro punto de vista, haciendo abstracción de toda intervención de los Espíritus; por un instante dejemos a éstos a un lado; supongamos que esta teoría no haya provenido de ellos; supongamos incluso que jamás haya sido una cuestión de Espíritus. Por lo tanto, ubiquémonos momentáneamente en un terreno neutro, admitiendo que tengan el mismo grado de probabilidad tanto una como otra hipótesis: la de la pluralidad y la de la unicidad de las existencias corporales, y veamos de qué lado estarán la razón y nuestro propio interés.

Ciertas personas rechazan la idea de la reencarnación por el único motivo de que no les conviene, diciendo que tienen bastante con una sola existencia y que no querrían recomenzar otra semejante; conocemos a algunos a quienes el solo pensamiento de reaparecer en la Tierra los deja enfurecidos. No tenemos sino una cosa que preguntarles: si creen que Dios les ha pedido su opinión y consultado su gusto para regir el Universo. Ahora bien, una de dos: o la reencarnación existe o no existe; si existe, por más que la contradigan, les será necesario enfrentarla, y Dios no les va a pedir permiso para esto. Nos parece escuchar a un enfermo decir: He sufrido bastante hoy y no quiero sufrir más mañana. A pesar de su mal humor, no por eso ha de sufrir menos mañana y en los días siguientes, hasta que esté curado; por lo tanto, si aquéllos tuvieren que vivir de nuevo corporalmente, volverán a vivir, se reencarnarán; por más que se rebelen –como un niño que no quiere ir a la escuela o como un condenado a la prisión– les será necesario pasar por ello. Semejantes objeciones son demasiado pueriles para que merezcan un examen más serio. No obstante, les diremos para tranquilizarlos que lo que la Doctrina Espírita enseña sobre la reencarnación no es tan terrible como creen, y si la hubieran estudiado a fondo no estarían tan asustados; sabrían que la condición de esta nueva existencia depende de ellos mismos; que será feliz o infeliz según lo que hayan hecho en este mundo, y que pueden desde esta vida elevarse tan alto que no tendrán que temer más el volver a caer en el lodazal.

Suponemos que hablamos con personas que creen en algún futuro después de la muerte, y no con aquellas cuya perspectiva es la nada o que quieren ahogar el alma en un todo universal, sin individualidad, como las gotas de lluvia en el océano, lo que viene a ser casi lo mismo. Por lo tanto, si creéis en un algún futuro, sin duda no admitiréis que sea igual para todos; de otro modo, ¿dónde estaría la utilidad del bien? ¿Por qué el hombre habría de contenerse? ¿Por qué no habría de satisfacer todas sus pasiones, todos sus deseos, aunque fuese incluso a expensas del prójimo, ya que daría lo mismo? Vosotros creéis que este futuro será más o menos feliz o infeliz según lo que hayamos hecho durante la vida; ¿tenéis entonces el deseo de ser tan feliz como sea posible, ya que eso debe ser para toda la eternidad? ¿Tendríais, por ventura, la pretensión de ser uno de los hombres más perfectos que hayan existido en la Tierra, teniendo así de repente el derecho a la felicidad suprema de los elegidos? No. De esta manera admitís que hay hombres que valen más que vosotros y que tienen derecho a un lugar mejor, sin que por esto estéis entre los réprobos. ¡Pues bien! Colocaos por un instante con el pensamiento en esa situación intermedia que será la vuestra –como acabáis de concordar–, y suponed que alguien venga a deciros: Sufrís, no sois tan feliz como podríais serlo, mientras que tenéis delante vuestro a seres que gozan de una felicidad sin perturbaciones; ¿queréis cambiar vuestra posición por la de ellos? –Sin duda, diréis; ¿qué es necesario hacer? –Muy poco: recomenzar lo que habéis hecho mal y tratar de hacerlo mejor. –¿Dudaríais en aceptar, aunque fuera a costa de varias existencias de pruebas? Tomemos una comparación más prosaica. Si a un hombre que, sin estar en la última de las miserias, sufre no obstante privaciones como consecuencia de la mediocridad de sus recursos, viniesen a decirle: He aquí una inmensa fortuna que podréis disfrutar, siendo para esto preciso trabajar rudamente durante un minuto. Aunque él fuera el más perezoso de la Tierra, dirá sin dudar: Trabajemos un minuto, dos minutos, una hora, un día si es necesario; ¿qué importa eso si mi vida va acabar en la abundancia? Ahora bien, ¿qué es la duración de la vida corporal con relación a la eternidad? Menos que un minuto, menos que un segundo.

Hemos escuchado este razonamiento: Dios, que es soberanamente bueno, no puede imponer al hombre que recomience una serie de miserias y tribulaciones. Por ventura, ¿parecerá que hay más bondad en condenar al hombre a un sufrimiento perpetuo por algunos momentos de error, que en darle los medios para reparar sus faltas? «Dos fabricantes tenían cada cual un obrero que podía aspirar a volverse socio del patrón. Ahora bien, sucedió que ambos obreros emplearon una vez muy mal su jornada y merecieron ser despedidos. Uno de los dos fabricantes despidió a su obrero a pesar de sus súplicas, y éste –no habiendo encontrado trabajo– murió en la miseria. El otro dijo al suyo: Habéis perdido un día, me debéis por esto una compensación; habéis hecho mal vuestro trabajo, me debéis una reparación; os permito recomenzar; tratad de ejecutarlo bien y conservarás tu puesto, y podréis siempre aspirar a la posición superior que os he prometido». ¿Es necesario preguntar cuál de los dos fabricantes ha sido más humano? Dios, que es la propia clemencia, ¿sería más inexorable que un hombre? El pensamiento de que nuestro destino esté para siempre fijado por algunos años de prueba –aun cuando no siempre dependía de nosotros alcanzar la perfección en la Tierra– tiene algo de desconsolador, mientras que la idea contraria es eminentemente consoladora, ya que nos deja la esperanza. De este modo, sin pronunciarnos en pro o en contra de la pluralidad de las existencias, sin admitir una hipótesis más que otra, decimos que, si se nos permitiese elegir, no habría nadie que prefiriese un juicio sin apelación. Un filósofo ha dicho que si Dios no existiese sería necesario inventarlo para la felicidad del género humano; lo mismo se podría decir de la pluralidad de las existencias. Pero, como lo hemos dicho, Dios no nos pide nuestro permiso, no consulta nuestro gusto: esto es o no es; veamos de qué lado están las probabilidades y enfoquemos la cuestión desde otro punto de vista, siempre haciendo abstracción de la enseñanza de los Espíritus y únicamente como estudio filosófico.

Es evidente que si no existe reencarnación, sólo hay una existencia corporal; si nuestra actual existencia corporal es la única, el alma de cada hombre es creada al nacer, a menos que se admita la anterioridad del alma, en cuyo caso nos preguntaríamos qué era el alma antes del nacimiento, y si este estado no constituía de alguna forma una existencia. No hay término medio: o el alma existía o no existía antes del cuerpo; si existía, ¿cuál era su situación? ¿Tenía o no conciencia de sí misma? Si no tenía conciencia, es casi como si no existiera; si tenía individualidad, ¿era progresiva o estacionaria? En uno o en otro caso, ¿en qué grado había llegado al encarnar? Según la creencia vulgar, admitiendo que el alma nazca con el cuerpo o –lo que da lo mismo– que antes de su encarnación sólo tenga facultades negativas, efectuamos las siguientes preguntas:

  1. ¿Por qué el alma muestra aptitudes tan diversas e independientes de las ideas adquiridas a través de la educación?
  2. ¿De dónde viene esa aptitud fuera de lo normal que tienen ciertos niños de corta edad para tal arte o Ciencia, mientras que otros permanecen inferiores o mediocres durante toda su vida?
  3. ¿De dónde provienen las ideas innatas o intuitivas que existen en unos y no en otros?
  4. ¿De dónde vienen, en ciertos niños, esos instintos precoces de vicios o de virtudes, esos sentimientos innatos de dignidad o de bajeza que contrastan con el medio en el cual han nacido? 
  5. Haciendo abstracción de la educación, ¿por qué ciertos hombres son más adelantados que otros?
  6. ¿Por qué existen salvajes y hombres civilizados? Si tomáis a un niño hotentote recién nacido, y lo instruís en nuestros más renombrados liceos, ¿por qué nunca haréis de él un Laplace o un Newton?


Preguntamos cuál es la filosofía o la teosofía que puede resolver estos problemas. No cabe duda: o las almas son iguales al nacer o son desiguales. Si son iguales, ¿por qué esas aptitudes tan diversas? Se dirá que esto depende del organismo. Pero entonces es la más monstruosa y la más inmoral de las doctrinas. El hombre no es sino una máquina, un juguete de la materia; no tiene más la responsabilidad de sus actos; puede alegar que todo se debe a sus imperfecciones físicas. Si son desiguales, es que Dios las ha creado así; pero entonces, ¿por qué esta superioridad innata concedida a algunos? Esta parcialidad, ¿está de conformidad con la justicia de Dios y con el amor que por igual da a todas sus criaturas?

Al contrario, admitamos una sucesión de existencias anteriores progresivas y todo se explica. Los hombres traen al nacer la intuición de lo que han adquirido; están más o menos adelantados según el número de existencias que han recorrido y según estén más o menos alejados del punto de partida: exactamente como sucede en una reunión de individuos de todas las edades, cada uno tendrá un desarrollo proporcional al número de años que haya vivido; las existencias sucesivas serán –para la vida del alma– lo que los años son para la vida del cuerpo. Reunid un día a mil individuos que tengan desde uno a ochenta años; suponed que se arroje un velo sobre todos los días anteriores y que, en vuestra ignorancia, los creáis a todos nacidos en el mismo día: naturalmente os preguntaréis cómo es que unos son grandes y otros pequeños, algunos viejos y otros jóvenes, unos instruidos y otros todavía ignorantes; pero si la nube que os oculta el pasado se disipa, si aprendéis que todos ellos han vivido más o menos tiempo, todo os será explicado. Dios, en su justicia, no podría haber creado almas más perfectas que otras; pero, con la pluralidad de las existencias, la desigualdad que vemos nada tiene de contrario con la equidad más rigurosa: es que sólo vemos el presente y no el pasado. ¿Se basa este razonamiento en un sistema, en una suposición gratuita? No; hemos partido de un hecho patente e indiscutible: la desigualdad de las aptitudes y del desarrollo intelectual y moral, y encontramos este hecho inexplicable por todas las teorías que están en curso, mientras que la explicación de esto es simple, natural y lógica, a través de otra teoría. ¿Es racional preferir la que no explica a la que explica?

Con respecto a la sexta pregunta, se dirá sin duda que el hotentote es de una raza inferior: entonces preguntaremos si el hotentote es un hombre o no. Si es un hombre, ¿por qué Dios lo ha desheredado –a él y a su raza– de los privilegios concedidos a la raza caucásica? Si no es un hombre, ¿por qué tratar de volverlo cristiano? La Doctrina Espírita tiene más amplitud que todo esto; para ella no existen varias especies de hombres, sino que hay hombres cuyos Espíritus se encuentran en mayor o en menor atraso, pero susceptibles de progresar: ¿no está esto más de acuerdo con la justicia de Dios?

Acabamos de ver el alma en su pasado y en su presente; si la consideramos en su futuro, encontraremos las mismas dificultades.

  1. Si únicamente nuestra existencia actual debe decidir nuestro destino, ¿cuál será, en la vida futura, la posición respectiva del salvaje y del hombre civilizado? ¿Se encontrarán en un mismo nivel o estarán distanciados en lo que respecta a la felicidad eterna?
  2. El hombre que ha trabajado toda su vida para mejorarse, ¿está en el mismo nivel que aquel que ha permanecido inferior, no por su falta, sino porque no ha tenido ni el tiempo ni la posibilidad para mejorarse?
  3. El hombre que hace mal porque no ha podido esclarecerse, ¿es responsable de un estado de cosas que no dependían de él?
  4. Se trabaja para esclarecer a los hombres, para moralizarlos, para civilizarlos; pero por cada uno que se esclarece hay millones que mueren diariamente antes que la luz los haya alcanzado; ¿cuál es el destino de éstos? ¿Son tratados como réprobos? En caso contrario, ¿qué han hecho para merecer estar en el mismo nivel que los otros?
  5. ¿Cuál es el destino de los niños que mueren en corta edad antes de haber podido hacer el bien o el mal? Si están entre los elegidos, ¿por qué este favor sin haber hecho nada para merecerlo? ¿Por qué privilegio están exentos de las tribulaciones de la vida?


¿Existe una doctrina que pueda resolver estas cuestiones? Admitid las existencias consecutivas y todo se explica de conformidad con la justicia de Dios. Lo que no se ha podido hacer en una existencia se hará en otra; es así que nadie escapa a la ley del progreso, que cada uno será recompensado según su mérito real y que nadie está excluido de la felicidad suprema, a la cual puede aspirar, cualesquiera que sean los obstáculos que haya encontrado en su camino.

Estas preguntas podrían multiplicarse al infinito, porque son innumerables los problemas psicológicos y morales que sólo encuentran solución en la pluralidad de las existencias; nosotros nos hemos limitado a los más generales. Como quiera que sea, se dirá quizá que la doctrina de la reencarnación no es admitida por la Iglesia; que esto sería, entonces, el desmoronamiento de la religión. Nuestro objetivo no es tratar esa cuestión en este momento; nos basta con haber demostrado que aquel principio es eminentemente moral y racional. Más adelante mostraremos que la religión está menos distante de la reencarnación de lo que tal vez se piensa, y que con ella no sufriría más de lo que ha sufrido con el descubrimiento del movimiento de la Tierra y de los períodos geológicos que, a primera vista, han parecido dar un desmentido a los textos sagrados. La enseñanza de los Espíritus es eminentemente cristiana; se apoya en la inmortalidad del alma, en las penas y recompensas futuras, en el libre albedrío del hombre, en la moral del Cristo; por lo tanto, no es antirreligiosa.

Como lo dijimos, hemos razonado haciendo abstracción de toda enseñanza espírita que, para ciertas personas, no es una autoridad. Si nosotros –como tantos otros– hemos adoptado la opinión de la pluralidad de las existencias, no es solamente porque ella proviene de los Espíritus, sino porque nos ha parecido la más lógica y la única que resuelve las cuestiones hasta entonces insolubles. Si hubiese venido de un simple mortal la hubiéramos igualmente adoptado, y tampoco habríamos dudado en renunciar a nuestras propias ideas; desde el momento en que un error es demostrado, el amor propio tiene más a perder que a ganar al obstinarse en una idea falsa. Del mismo modo, nosotros la hubiésemos rechazado –aunque proviniera de los Espíritus– si nos hubiera parecido contraria a la razón, como hemos rechazado a tantas otras, porque sabemos por experiencia que no se debe aceptar a ciegas todo lo que viene de su parte, como tampoco lo que viene de parte de los hombres. Por lo tanto, nos queda por examinar la cuestión de la pluralidad de las existencias desde el punto de vista de la enseñanza de los Espíritus, de qué manera debemos entenderla y, en fin, responder a las objeciones más serias que se le puedan oponer; es lo que haremos en un próximo artículo.




Tomado de la Revista Espírita 1858

lunes, 9 de septiembre de 2019

EL DEBER SER



        Muchas son las dádivas que has recibido de la divinidad, en el largo devenir de las múltiples reencarnaciones que hasta hoy has experimentado. Sin embargo, cuántas veces te has preguntado ¿qué tanto me he aprovechado de ellas para mi crecimiento espiritual?

        Más no es la multiplicidad de experiencias reencarnatorias lo que te enaltece como Espíritu, sino el buen uso que haces de las mismas, enriqueciendo tu acervo de conocimientos intelectuales y la puesta en práctica de las conductas morales atesoradas en la relación para con tu prójimo.

        Son tantas las dificultades enfrentadas en el transcurrir de las diferentes encarnaciones, que deberías se un maestro en el manejo de las mismas, empero, cada vez que ellas aparecen en tu vida, dudas, vacilas y aún te sientes abandonado, desconociendo las leyes espirituales que rigen las relaciones entre el hombre y la divinidad, teniendo que recomenzar lecciones que ya han debido ser aprendidas.

        Reacciona, aún estás a tiempo para reiniciar un nuevo ciclo de reencarnaciones en busca de la renovación necesaria que te haga sentir que la esperanza de mejores días han de llegar, removiendo los cimientos que la insania y la desidia espiritual generaron en ti, y de esta manera, recomenzar con fe y optimismo, un nuevo despertar.


Aprovecha al máximo las experiencias positivas del pasado, irguiéndote cuál ave fénix, para tu bienestar futuro, avizorando un nuevo amanecer en este ciclo planetario que se avecina, el cual te acogerá como al hijo grato que regresa al redil, recordándonos la parábola del “hijo prodigo”, que con tanta sapiencia nos enseño Jesús.

viernes, 6 de septiembre de 2019

SOBRE EL PADRENUESTRO




La carta de identidad de los Espíritus, según enseña Kardec, es el lenguaje. La experiencia comprobó, en todo el mundo, a través de más de un siglo, la verdad de esa enseñanza. Pero el común de la gente que se interesa por el Espiritismo parece ignorarlo, lo que abre las puertas a muchas mistificaciones de lenguaje pomposo y a veces incluso, irrespetuoso. Bajo la responsabilidad de la Librería Freitas Bastos está siendo divulgado un folleto supuestamente espírita sobre la plegaria del Padre Nuestro. La identidad del autor se comprueba desde el título. Pero es necesario advertir a los incautos en cuando a la procedencia de este folleto irrespetuoso.  

El autor es encarnado y se presenta como un nuevo Mesías. Un motivo más para comprender que el caso es lamentable. Entidades sombrías lo arremeten, como un ariete mediúmnico, contra el Cristianismo y el Espiritismo. Sus argumentos no son mejores que su lenguaje. Afirma que Jesús no enseñó esa plegaria. Para él, se trata de “estupideces que Jesús no dijo”. Bastaría eso para mostrar la punta de la oreja del verdadero autor, que se esconde detrás del médium fascinado. Ningún espíritu superior, encarnado o desencarnado, enseña verdades espirituales de esa manera.

Criticando las primeras palabras de la plegaria: “Padre nuestro que estas en el cielo”, alega el autor que Dios está en toda parte y no en determinado lugar: “está en la intimidad profunda de todo y de todos”. Véase la contradicción del lenguaje. Una frase grosera se opone a otra frase que se presenta digna de un espíritu elevado. Así confunde a los ingenuos. Y es precisamente eso lo que el autor desea. Pero en verdad eso muestra sólo lo siguiente: que la frase noble no es del autor irrespetuoso, fue simplemente quitada de textos extraños para dorar la píldora de su grosería.

La palabra “cielo” tiene un sentido espiritual bien conocido. Quiere decir plan superior, estado de pureza, conciencia limpia y tranquila. La crítica del autor del folleto revela falta de comprensión de ese trecho y de toda la plegaria del Padre Nuestro. Al criticar la expresión altamente significativa: “Hágase tu voluntad”, el autor exclama: “Jamás Jesús enseñaría semejante tontería”. Véase la grosería de la expresión, de hecho, bien adecuada a la estrechez de las ideas. El autor no sabe que esa expresión se refiere a nosotros, criaturas humanas, y a los espíritus inferiores del espacio que no hacen la voluntad de Dios:

La oración del Padre Nuestro fue analizada por Kardec en “El Evangelio según el Espiritismo”, frase por frase. En el medio espírita ella fue siempre objeto de comentarios y explicaciones en charlas y conferencias. Es fácil para los estudiosos evaluar la extensión de las necesidades espirituales del autor de este folleto. Pero hay muchas personas ingenuas que se dejan llevar por el palabrerío de los mistificadores. Es necesario esclarecer el asunto, en beneficio de esas personas.

Tomado del libro: “El Hombre Nuevo” de J. Herculano Pires.
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia



jueves, 29 de agosto de 2019

LA EPÍFISIS




Las funciones del organismo animal son reguladas por dos sistemas principales: el nervioso y el hormonal o endocrino.

Este es constituido por varias glándulas que segregan hormonas, que originan estímulos. Las hormonas son lanzadas en la circulación sanguínea, siendo transportadas hacia las diferentes partes del organismo.

Las glándulas endocrinas son: páncreas, paratiroides, epífisis o pineal, pituitaria o hipófisis, tiroides, adrenales o suprarrenales y sexuales (ovarios y testículos).

La epífisis, glándula de forma periforme, es un cuerpo ovoide, con las dimensiones de un guisante mediano y reposa sobre el techo mecencefálico.

“Descartes consideraba a la glándula pineal la sede del alma” (Anatomía y Fisiología Humana, de A. Almeida Junior; Editora Nacional, 8ª parte, cap. 40).

“La anatomía comparada vio en ella sólo un órgano en regresión: el ojo pineal”.

En “Misioneros de la Luz”, cap. 2, André Luiz observa que, en el médium, en servicio mediúmnico, esa glándula se transforma en núcleo radiante, y, a su alrededor, sus rayos forman un loto de pétalos sublimes.

Recuerda que, según los “orientadores clásicos terrestres”, las funciones de la epífisis se circunscriben al control sexual, en la época infantil, velador de los instintos hasta cierta edad, en que la actividad sexual se puede deslizar con regularidad. Ahí, decrece en fuerza, se relaja, casi desaparece, para que las glándulas genitales la sucedan en el campo de la energía plena. Dice, además: “No se trata de un órgano muerto. Es la glándula de la vida mental. Ella despierta en el organismo del hombre, en la pubertad, las fuerzas creadoras y, en seguida, empieza a funcionar como el más avanzado laboratorio de elementos psíquicos de la criatura terrestre”. ”En relación al período de desarrollo infantil, fase de reajuste de ese importante centro del cuerpo periespiritual preexistente, la epífisis parece constituir el freno a las manifestaciones del sexo; mientras, hay que rectificar observaciones. A los catorce años, aproximadamente, en posición estática en cuanto a sus atribuciones esenciales, vuelve a funcionar en el hombre reencarnado.

Representando control, fuente creadora y válvula de escape. La glándula pineal se reajusta al concepto orgánico y reabre su mundo maravilloso de sensaciones e impresiones en la esfera emocional.

Se entrega a la criatura en la recapitulación de la sexualidad; examina el inventario de sus pasiones vividas en otras épocas, las cuales reaparecen bajo fuertes impulsos”.

Continúa André Luiz: “La glándula pineal preside los fenómenos nerviosos de la emotividad, como órgano de elevada expresión en el cuerpo etéreo. Desata, en cierto modo, los lazos divinos de la Naturaleza, los cuales ligan las existencias unas a otras, en la secuencia de las luchas por el perfeccionamiento del alma, y deja entrever la grandeza de las facultades creadoras de que la criatura se halla investida” (Cuerpo etéreo, igual Periespíritu).

Las glándulas genitales son “demasiado mecánicas, para guardar los principios sutiles y casi imponderables de la generación. Se hallan absolutamente controladas por el potencial magnético de que la epífisis es fuente fundamental”.

Las glándulas genitales segregan las hormonas del sexo, pero la pineal segrega “hormonas psíquicas” o “unidades fuerza” que van a actuar, de manera positiva, en las energías generadoras.

“Los cromosomas de la bolsa seminal no se escapan de la influencia absoluta y determinada”.

Prosigue André Luiz: “Segregando delicadas energías psíquicas, la glándula pineal conserva ascendencia en todo el sistema endocrino. Ligada a la mente, a través de principios eletromagnéticos del campo vital, comanda las fuerzas subconscientes bajo la determinación directa de la voluntad. Las redes nerviosas constituyen los hilos telegráficos para órdenes inmediatas a todos los departamentos celulares, y bajo su dirección se efectúan los suministros de energías psíquicas a todos los armazones autónomos de los órganos”.

“De modo general, todos nosotros, ahora o en el pasado, viciamos ese foco sagrado de fuerzas creadoras, transformándolo en un imán relajado, entre las sensaciones inferiores de naturaleza animal….” …de ahí “se suceden los dolorosos fenómenos de la herencia fisiológica, que debería constituir, invariablemente, un cuadro de adquisiciones benditas y puras”. Por ello, la necesidad de las reglas morales.

“Renuncia, abnegación, continencia sexual y disciplina emotiva no representan meros preceptos de forma religiosa. Son providencias de tenor científico, para enriquecimiento efectivo de la personalidad”.

Nada significa alcanzar la muerte física exhibiendo gestos y palabras convencionales, si el hombre no se preocupó por alcanzar su propio perfeccionamiento. Sentimientos profundos, en el instante supremo, ayudan decididamente, en las actividades de regeneración más allá del túmulo, pero no constituyen la necesaria realización.

“Recibir un cuerpo, en las concesiones de la reencarnación, no es ganar un barco para una nueva aventura, al acaso de las circunstancias; significa responsabilidad definida en los servicios de aprendizaje, elevación o reparación, en los esfuerzos evolutivos o redentores”, concluye André Luiz.

Los materialistas colocan el deporte, en todas sus modalidades, como terapia para canalización de las fuerzas nerviosas (secreciones eléctricas de la epífisis), contra los posibles peligros de su excesiva acumulación, en el sentido de preservar la juventud, la plástica y la eugenesia.

Tal práctica puede ser, a lo máximo, leve atenuante, pero no ayuda definitiva.

El único deporte completo, sirviendo como cura definitiva para los excesos en el campo sexual, es la educación cristiana. Jesús enseñó: ” La virtud como deporte del alma”.

En el campo mediúmnico, la epífisis impulsa e intensifica el poder de emisión y recepción, de acuerdo con nuestra esfera espiritual - Ley de sintonía.


BIBLIOGRAFÍA

Misioneros de la Luz - André Luiz.



Tomado de la obra: Curso de Mediúmnidad, primer año. Federación Espírita de Sao Paulo.


Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia


lunes, 19 de agosto de 2019

MEDIÚMNIDAD DE BEBES

Imagen utilizada como referencia. Tomada de Elisaramosgil.com



El señor Jenken, abogado, tenía un bebé de cinco meses y medio que escribió una comunicación en las condiciones siguientes. Su relato nos fue proporcionado por el señor James Wason (Médium and Daybreack, 8 de mayo de 1874. Traducción francesa de la obra “Animismo y Espiritismo”, pág. 346):
      
       El narrador habitaba con la familia Jenken en Brigton. El señor Jenken fatigado por sus continuos viajes a Londres sufría intensamente del estómago y los intestinos y el señor Wason no había podido convencerlo de que tales molestias se debían a un exceso de fatiga…

       El 6 de marzo, alrededor de las 13, continúa el señor Wason, la niñera estaba sentada, teniendo sobre sus rodillas al bebé, en el comedor. Yo escribía en una mesa, y la señora Jenken se hallaba en el cuarto vecino, con la puerta entreabierta. De pronto la niñera exclama: “El bebé tiene un lápiz en la mano”. No dijo que el lápiz había sido colocado en la mano del niño por una fuerza invisible. Por mi parte no le preste mayor atención porque sabía por experiencia, con que entusiasmo toman los niños todo lo que tienen a su alcance y continué escribiendo. Pero la niñera exclamó en seguida con mayor admiración aún: “El bebé escribe”, cosa que intrigó a la señora Jenken, que vino a la habitación. Yo me levanté también y observé por encima del hombro de la señora Jenken y vi que, en efecto, el niño tenía un lápiz en la mano, la cual se apoyaba en un extremo del papel con la comunicación de la que en seguida tomamos una fotografía. Decía así: “Amo a este niño. Que Dios lo bendiga. Aconsejo a su padre volver en todos los casos, los lunes a Londres. Susana”.

       Debo agregar que Susana era el nombre de mi difunta esposa, quien amaba mucho a los niños y cuyo espíritu (así lo suponemos nosotros) se había manifestado varias veces por “raps” y escrituras automáticas por intermedio de la señora Jenken. Esta señora era Kate Fox cuando soltera, y en su familia se produjeron en los alrededores de Nueva York las primeras manifestaciones medianímicas, los “raps” de Rochester, que inauguraron el movimiento espiritualista de nuestro siglo…
Firmado: James Wason
Wason Biuldings. – Liverpool.

       El relato publicado por “Médium et Daybreack” reproduce el facsímil de la escritura y firmas del señor Wason, señora de Jenken y la niñera. Esta no fue la única comunicación obtenida por el bebé. He aquí otros detalles tomados a “Spiritualiste” del 20 de marzo de 1874:

       La facultad de escribir del niño parece continuar. El 11 de marzo nos hallábamos sentados a la mesa mi esposa, la niñera con el bebé y yo. Mi esposa colocó un lápiz en la mano del niño y un papel en las rodillas de la niñera debajo del lápiz. La mano del bebé escribió inmediatamente esta frase: “Amo a este niñito. Que Dios bendiga a su madre. Me siento feliz. J. B. T.”.

       Expresé el deseo de que el niño escribiera algunas palabras a su abuelita, que tenía más de 90 años, e instantes después la fuerza invisible levantó una hoja de papel de una mesa y la pasó sobre las rodillas de la niñera – al mismo tiempo un lápiz se halló colocado en la mano del niño, y este trazó rápidamente estas palabras: “Amo a mi abuelita”. El papel y el lápiz fueron arrojados al suelo y algunos golpecitos me advirtieron que mi deseo se había cumplido.

       Carecemos de razón alguna para poner en duda la palabra del señor Wason, cuyo título oficial ofrece una garantía de sinceridad. Tampoco el señor Jenken ha sido jamás sospechoso de mala fe. Es necesario pues admitir estos relatos como verídicos, por raros que parezcan, sobre todo porque no se trata de casos únicos.

       La pequeña hija del barón Seymour Kirkup ¡escribió a la edad de nueve días! Esta es la carta enviada al señor Jenken por el barón (“Spiritualist”, 1875, tomo I, pág. 222).

       Mi hija era médium a los dos años de edad; ahora tiene 21 años. Su hija escribió automáticamente cuando tenía nueve días. He conservado los mensajes escritos por ella y le enviaré las fotografías. Nació sietemesina y muy débil. La madre la sostenía de una mano sobre un almohadón teniendo en la otra un libro con una hoja de papel; no sé por qué medio llegó el lápiz a la mano de la niña. En todos los casos Valentina (así se llamaba) lo tenía con firmeza en su pequeño puño.

       Primero escribió las iniciales de sus cuatro guías R. A. D. J., luego de lo cual se le cayó el lápiz. Creía que eso sería todo, pero mi hija Imogene exclamó: “Tiene el lápiz nuevamente”. La niña trazó entonces las siguientes palabras, con escritura vacilante y por encima de las letras escritas antes: “Non mutare, questa buona prova, foi cossa ti abbiano detto; adidio”. (No cambiar nada, es una buena prueba, haz lo que te hemos dicho; adios)…

       El señor Jenken agrega: “La carta que recibí de Kirkup venía acompañada de una fotografía de la escritura de la niña, de un relato testificado por siete firmas y de un excelente retrato espírita de la abuela, la célebre Regina”.

       Aksakof refiere también tomado del “Baner of Ligth” de 1876, el caso de una niña médium de dos años, Essie Mott, de Memphis (Missourí), que escribía sobre pizarra sin que persona alguna se hallara cerca de ella y que no conocía las letras. El hecho es testificado por una persona independiente, el respetable señor Waren Chose.

       El señor Call Black se convirtió a la creencia en los hechos espiritistas, luego de haber recibido comunicaciones por intermedio de otro niño (ver “Religio-Philosophical.Journal, del 25 de enero de 1890).
      
       Aquí haremos una observación muy importante relativa a estas escrituras producidas por niños de tan corta edad, y es la de que aun no deseando admitir ninguna intervención espiritual y quiera atribuirse a la madre la acción ejercida sobre su bebé, no puede seguirse menos de ello que existe en el niño un estado receptivo destacado, o una mediúmnidad propiamente dicha. La escritura no puede ser producida por una transmisión del pensamiento puesto que el cerebro del niño no contiene todavía las asociaciones dinámicas indispensables para producir los movimientos necesarios al grafismo de la escritura. La fuerza actuante debe por consiguiente ejercerse directamente sobre la mano, y cualquier extensión que se suponga a la exteriorización de la madre, es muy difícil admitir que sea ella la que actúe tan enérgicamente, permaneciendo en estado de vigilia absoluta y sin la menor conciencia de producir una acción tan enérgica como complicada.

       Podríamos citar otros ejemplos de mediúmnidad en niños de poca edad, pero preferimos recomendar al lector la historia “De lo maravilloso”, tomo II, de L. Figuier y la obra de Bonnemeré “Les Camisards des Cévennes”, que relatan cómo los niños de trece meses se expresaban durante el trance en excelente francés, lengua no usada en aquella época en las campañas.


Tomado del libro: "Investigaciones sobre la Mediúmnidad" del Ing. Gabriel Delanne.

CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...