martes, 28 de abril de 2026

MEDICINA HOLISTICA

El escenario especial era una invitación para la reflexión, un mensaje superior de sensibilidad. Enclavado en pleno corazón de la naturaleza, se asemejaba a un teatro griego, sin las paredes circundantes, bañado por la tenue claridad de un largo atardecer.

Nos reuníamos allí, algunos millares de oyentes interesados en las conferencias semanales que estudiaban y discutían temas pertinentes al futuro de la humanidad terrestre.

Los oradores eran convidados conformes sus especialidades y de acuerdo con el abordaje de los asuntos, por eso mismo eran cautivantes, arrebatadores.

En aquella oportunidad, el expositor era el Dr. José Carneiro de Campos, médico bahiano que había contribuido grandemente para el desarrollo y práctica del sacerdocio al que dedicara, en la condición de verdadero apóstol.

En cuanto una perfumada brisa se mantenía sobre el ambiente Petitinga y nosotros, nos acomodamos entre los muchos interesados y aguardamos la alocución.

Presentado por un venerado Benefactor, en pocas palabras, sin las referencias vacías e innecesarias, el amigo asomó a la tribuna y después de los cordiales saludos, comenzó su oración:

-      “La perfecta interacción mente-cuerpo, espíritu-materia constituye desde ya la base del actual modelo holístico para la salud. La anterior separación cartesiana de esos elementos que constituyen un todo contribuyó para que la terapia médica delante de las enfermedades tuviese aplicaciones aisladas, desasociando la influencia de uno sobre el otro, con la preponderancia de los efectos de cada uno de ellos en el paisaje del equilibrio orgánico, así como de la dolencia.

“Cada vez más se evidencia que en la raíz de muchos males está actuando la voluntad del paciente, que se complace en la conservación del estado que experimenta, negándose, consciente o inconscientemente, a la recuperación. Por consecuencia, se multiplican las técnicas de autocuración y mediante éstas, son colocados a disposición del enfermo los recursos que él debe mover en beneficio propio, librándose de los mecanismos de apoyo a través de los cuales disimula los conflictos, stress y malestares íntimos que subyacen en su vida cotidiana”.

Luego de hacer una pausa, a fin de que pudiésemos retener la tesis, prosiguió con voz agradable:

-      “Las tensiones mal dirigidas y soportadas por largos períodos, cuando cesan, son sustituidas por molestias de largo porte, en el área de los desequilibrios físicos, dando génesis a cánceres, crisis asmáticas, insuficiencia respiratoria, etc. Otras veces propician estados esquizofrénicos, catatónicos, neuróticos, sicóticos, profundamente perturbadores. Cuando afectan el área del comportamiento moral, conducen a la ingestión y uso de drogas adictivas, alcoholes, tabaquismo, que representan formas de enfermedades sociales, degradando al grupo humano que padece su presencia perniciosa.

“La influencia de la mente sobre el cuerpo es de gran significado para la salud, por estimular o retener la energía que la sustenta y cuando es bloqueada por el psiquismo perturbado, cede campo a la proliferación de gérmenes que se le instalan, fomentando los disturbios que se catalogan como dolencias. De la misma forma, la acción de la voluntad aplicada con equilibrio en favor de la armonía personal desbloquea las áreas interrumpidas y la energía de nutrición de las células pasa a vitalizarlas, restableciendo el campo de desarrollo benigno de la salud”.

Nuevamente hizo un oportuno silencio y luego agregó:

-      “La causalidad del comportamiento psicofísico del individuo se encuentra en el ser espiritual, artífice de la existencia corpórea, que conduce factores básicos de la felicidad y de la desgracia, que se originan en sus experiencias dichosas o desventuradas, responsables por la energía saludable o no que constituye su organismo, así como por la voluntad ajustada o descontrolada, que le indica el psiquismo. El ser interior se refleja en el soma, que solo se recompone y renueva bajo la acción de la conducta mental y moral dirigida hacia el equilibrio de las emociones y de la existencia. La acción de la voluntad, en el restablecimiento de la salud o en sustento de la dolencia, es de resultado ponderable, repercutiendo en los estados de armonía o en los conflictos que se originan en la presencia o ausencia de la conciencia de culpa imponiendo reparación. El stress y los traumas prolongados desgastan los controles retentivos del bienestar y desatan las emociones que generan la desorganización celular.

“Delante de cualquier problema en el área de la salud, la concientización del paciente cuanto al poder que dispone para la autocuración, desde que lo desee sinceramente, es de primordial importancia, posibilitándole la visión de un cuadro optimista, que le ofrecerá la restauración personal.

“En todos los individuos, hay casi una tendencia hacia la autocompasión, la autodestrucción, la venganza contra los otros en desagravio inconsciente por acontecimientos que le son desagradables. Ante la imposibilidad de asumir esa realidad exteriormente, transforman tal aptitud en enfermedades, estimulando la degeneración de las células que aceleran su multiplicación, formando tumores cancerígenos, matando las defensas inmunológicas, prestándose a las infecciones, a las contaminaciones que perturban la maquinaria orgánica y fomentan la instalación de las enfermedades”.

La asamblea silenciosa acompañaba su razonamiento claro, maravillada.

Dando mayor énfasis a las palabras, prosiguió:

-      “Es común que personas portadoras de neoplasia maligna y otras dolencias, cuando recuperan la salud se sienten sorprendidas y algo decepcionadas, tan acostumbradas se encontraban con el impositivo mortificante de que eran objeto. Por otro lado, se dan cuenta que la familia ya no les dispensa la misma atención y el grupo social también se desinteresa por sus vidas, despreocupándose con relación a las mismas. Sintiéndose aisladas, pierden la motivación para vivir, crean recidivas o facilitan la presencia de otras enfermedades con las cuales rehacen el cuadro de proteccionismo que pasan a recibir, satisfaciéndose con el suceso aflictivo.

“Una terapéutica bien orientada deberá fundamentarse siempre en la realidad del Espíritu y en los reflejos de su psiquismo en el cuerpo. De la misma forma, ante los fenómenos perturbadores de la mente, el conocimiento del estado somático es de importancia para evaluar sobre su influencia en el comportamiento mental.

“Espíritu y cuerpo, mente y materia no son partes independientes del ser, sino complementos uno del otro, que se interrelacionan poderosamente a través del psicosoma o cuerpo intermediario periespíritu-, encargado de plasmar las necesidades evolutivas del ser eterno en la forma física y conducir las emociones y acciones a las telas sutiles de la energía pensante, inmortal, entonces reencarnada. Sin esa visión de la realidad del hombre, su análisis es siempre eficiente y el conocimiento sobre él resulta de pequeña monta.

“Los traumas, el stress, las desarmonías psíquicas y las manifestaciones genéticas están impresas en ese cuerpo intermediario, que es el modelo organizador biológico bajo la acción del Espíritu en proceso de evolución e irán a expresarse en el campo objetivo como necesidad moral de reparación de crímenes y errores antes practicado. Si aquellas causas no proceden de esta existencia, deben de haber sido en otra anterior. Igualmente, las conquistas del equilibrio, de la salud, de la inteligencia, del idealismo, resultan de las mismas realizaciones actuales o pasadas que marcan al ser.

“La evolución es inexorable y todos la realizarán con el esfuerzo personal, aunque bajo estímulos y directrices superiores que la Paternidad Divina dispensa igualmente a todos.

“La transitoriedad de una existencia corporal, como su brevedad en el tiempo son insuficientes para el proceso de mejoramiento, de belleza, de felicidad a que estamos destinados. Las diferencias entre lo bruto y lo armónico, lo sabio y lo ignorante, lo feliz y lo desventurado confirman la buena o mala utilización de las experiencias anteriores, así como señalan las mayores o menores vivencias más o menos numerosas de unos y otros. La reencarnación es, por tanto, un proceso interminable de crecimiento ético-espiritual, posibilitando la adquisición de valores cada vez más importantes en la conquista de la Vida. Sería irrisorio limitar la suma de títulos iluminativos al Espíritu proyectado en la sublime aventura de la evolución, teniendo por delante lo indimensionable del tiempo que le está destinado. En ese contexto, la dolencia es un accidente de tránsito evolutivo de fácil corrección, experiencia de sensación desagradable que incita a la adquisición del bienestar y de las emociones saludables, ocurriendo por opción exclusiva de cada cual, y solamente el propio individuo deberá resolver, corregir y de ella librarse”.

El interés general era manifiesto. Los rostros de todos denotaban satisfacción. Pasado un breve tiempo, dio curso a la exposición:

-      “Los procesos degeneradores que se manifiestan como enfermedades dilacerantes y de largo tránsito proceden siempre del carácter moral del hombre, con las excepciones de aquellos que lo solicitan para enseñar a los demás abnegación, dignidad y sublimación. Se originan en los profundos y recónditos pliegues del temperamento rebelde, violente, egoísta y estallan como flores en descomposición en los órganos que se desintegran, sin posibilidades de recuperación. Se puede decir que esos mecanismos ulcerantes siempre se presentan en los déspotas, en los sanguinarios, en los dictadores, cuando son exonerados del poder o aún durante su dominación reflejando los terribles contingentes de energías mortíferas que cargan íntimamente. Sus momentos finales son caracterizados por dolores agudos y descomposición en vida, del cuerpo que ultrajaron con la mente perversa e insana.

Cuando esto no ocurre, huyen del mundo a través de suicidios cobardes, que demuestran su fragilidad moral o parten de la Tierra víctimas de accidentes y homicidios dolorosos. Lo mismo ocurre con aquellos que se valieron del ropaje físico para el mercado del sexo, de las sensaciones groseras y viven aspirando siempre los tóxicos de elevado potencial de destrucción vibratoria. En su tormento, son aniquilados por el psiquismo que les consumió las fuerzas y la capacidad de vivir por encima de los bajos patrones morales a los cuales se entregaron. Y mismo cuando, en el cansancio de los años y en el desgaste de la vitalidad se resuelve por cambios éticos, por asumir una nueva compostura, no logran tiempo para evadirse a los efectos de los actos pasados, cayendo en los engranajes trabados y estropeados del organismo esclavo de las construcciones mentales viciosas.

“La mente, exteriorizando las aspiraciones del Espíritu, impone a la organización somática sus propias aspiraciones y preferencias, que se corporifican, cuando son mórbidas, en las más diferentes dependencias y patologías, responsables por la desarticulación de sus mecanismos. Siendo así, cualquier abordaje terapéutico no debe ser parcial y sí holístico, atendiendo a todas las partes constructivas del ser. En buena hora, la consciencia médica confiere atención a las terapias alternativas que, en su mayoría, consideran al hombre como un ser total y lo buscan en lo esencial, inmortal, trabajando sobre su realidad profunda, que es el Espíritu, la fuente de energía que se manifiesta en el cuerpo. De esta forma, mediante el nuevo modelo biológico, toda tentativa en favor del equilibrio debe fundamentarse en la transformación moral del paciente, en su recomposición emocional, originada en el cambio de los paneles mentales para la adopción de pensamientos sanos y en la vivencia acorde con los ideales de engrandecimiento, que con catalizadores de las fuerzas vivas presentes en la naturaleza - sintonía ecológica - que interactúan en su constitución global. De ahí nace la preocupación con el verde, la armonía del medio ambiente y su preservación forman parte del esquema de salud social, mudando completamente los conceptos modernos de la agricultura industrial para lograr la superproducción con los consecuentes daños que resultan de las aplicaciones químicas, así como las actuales alucinaciones inmobiliarias que destruyen la flora, tanto cuanto la polución de los ríos, lagos, aire y mares con los desechos químicos de las fábricas, como el mercurio, en las áreas de minería y todos los factores que se transforman en lluvias ácidas destructoras, en el aumento de las áreas desérticas y en el efecto estufa avasallador...

“El hombre, desorientado y ambicioso, destruyendo la vida del planeta, se mata también, así como casi elimina sus posibilidades futuras, en la menor de las hipótesis, retrasándolas.

“Cualquier modelo de salud holística tendrá que abarcar el conjunto de necesidades humanas y nunca detenerse solamente en sus partes, aisladamente.

“El hombre es miembro de la Vida, tiene vida integrada en la naturaleza y debe considerado globalmente, alterando el tradicional modelo biomédico hacia una visión más completa, en la cual el amor, conforme la propuesta de Jesucristo tenga prevalencia, marcando definitivamente las actitudes y conductas de cada uno. En cuanto la Medicina no se una a la Sicología, a la Ecología, a la Agricultura y a otras doctrinas afines para un más amplio conocimiento del ser, dándole una conducta holística, las terapias proseguirán siendo deficientes, incapaces de integrarlo en el contexto de la realidad a la cual pertenece, minimizando solamente las dolencias sin erradicarlas, atendiendo a las partes sin mayor acción en el conjunto, permaneciendo así, incompleta, insuficiente por tanto, para la finalidad de la salud global.

“Jesucristo, por conocer profundamente al hombre, lo curaba, advirtiéndole para evitarle el compromiso negativo, de manera de asociarlo al bien general, gracias a lo cual se ahorraba otros males mayores”.

Y haciendo una pausa más demorada, concluyó:

-      “El hombre del futuro, después de superar sus deficiencias presentes, recibirá el más amplio auxilio de la Medicina, adquiriendo la salud integral, que será también el resultado de su perfecta consciencia de amor y respeto a la vida”.

El crepúsculo fue sustituido suavemente por el manto oscuro de la noche salpicada de estrellas fulgurantes y una claridad de luna cubrió todo el recinto donde era posible sentir la emoción general.

La reunión fue cerrada en un clima de paz.


Del libro: Senderos de Liberación

Divaldo Franco/Philomeno de Miranda

lunes, 20 de abril de 2026

EXORDIO DE LA OBRA "GENESIS DE LA VIOLENCIA EN COLOMBIA"

EXORDIO

Mucho se ha escrito sobre las causas de la violencia en Colombia; algunos textos basados en investigaciones veraces, otros, de forma sesgada desde el punto de vista político-social. Esto último, muchas veces, impide ver a profundidad las reales causas del desiderátum violento de una parte de nuestra sociedad, la cual, tarde o temprano, deberá enfrentarse a los desequilibrios generados en el campo emocional a causa de los hediondos crímenes a los que se halla vinculada.

Pretendemos sumergirnos en las profundidades abisales de un problema inherente a la esencia espiritual de quienes, encarnados en Colombia, han sido fuente constante del violento desequilibrio que nos acongoja. Nos acompañan en esta experiencia, como siempre, los mentores espirituales quienes, con sus inspiraciones y consejos, nos alientan a trabajar para aportar luces esclarecedoras al germen de la violencia en nuestro país.

Colombia es un vasto territorio adornado de riquezas naturales, ubicado en el continente americano, zona privilegiada por la divinidad. Así lo narra el Espíritu Emmanuel en la obra “A camino de la Luz”:

Cristo localiza, entonces, en América sus fecundas esperanzas. El siglo XVI nace con el descubrimiento del nuevo continente, sin que los europeos, en general, comprendiesen, en la época, la importancia de semejante acontecimiento. Las riquezas fabulosas de la India deslumbran al espíritu aventurero de aquel tiempo y las cabezas coronadas del Viejo Mundo no habían entendido el significado moral del continente americano”.

Ante semejante afirmación, me atrevería a asegurar que aún somos muchos los que no hemos entendido el profundo alcance que representa la región americana para las huestes espirituales que dirigen nuestro planeta.

Lo anterior es ratificado por el Hermano X (Humberto de Campos) en la obra psicografiada por Chico Xavier, “Brasil, corazón del mundo, patria del Evangelio”, donde relata que:

Cuando Jesús llegó con su corte de ángeles y con Helil[1] al continente que sería descubierto (América del Sur) a finales del siglo XIV, cerca del año 1360, vislumbraron el Crucero del Sur y vieron que en Brasil sería trasplantado el árbol del Evangelio que había sido tergiversado en Palestina y Europa. Brasil tendría la forma de un corazón para abrigar a todos aquellos que deseasen luchar por la Doctrina del Señor. La iniciativa tuvo como consecuencia inmediata la reencarnación de Helil en la ciudad de Oporto, en 1394, para dar el impulso decisivo a las navegaciones atlánticas y proporcionar el descubrimiento de América en 1492, por Cristóbal Colón, y en 1500 del Brasil, por Pedro Álvarez Cabral. Se consolidaba así la voluntad de Jesús de trasplantar el árbol del Evangelio a una nueva tierra[2].

Y en esta nueva tierra surge, como consecuencia de todo un proceso histórico, Colombia, enclavada en una posición privilegiada con relación a otros países de la región. Es un territorio único por su biodiversidad y cultura; sin embargo, ha sido constantemente asediado por los violentos, incluso antes de la llegada de los conquistadores. De acuerdo con investigaciones antropológicas, existieron en toda esta región americana tribus que sometían a otras a través de la fuerza, como parte de un primitivismo ancestral donde el instinto se ejercita a través de impulsos automáticos.

Aun así, con la violenta llegada de los conquistadores a estas regiones, se cumplían los designios de Jesús, tal como lo afirma Emmanuel:

Los delegados de Jesús, sin embargo, abstraídos de la crítica o del aplauso del mundo, cumplen sus grandes deberes en el ámbito de las nuevas tierras. Bajo determinaciones superiores, organizan las líneas evolutivas de las nacionalidades que tendrían que florecer ahí en el porvenir”.

Y más adelante concluye:

En los campos exuberantes del continente americano están plantadas las simientes de luz del árbol maravilloso de la civilización del futuro[3]”.

La historia de Colombia representa, para legos y eruditos, un intenso campo de estudio como ejemplo de democracia y de civilismo en América Latina. A pesar de cargar como un lastre diecinueve años de lucha por su independencia, varias guerras civiles, conflictos internacionales con países vecinos, la época de "La Violencia", el nefasto bipartidismo y los conflictos resultantes de la confrontación interna con guerrillas, paramilitares y bandas emergentes, aún nos mantenemos como un país democrático y con ansias fervientes de salir del atolladero violento en que nos mantienen unos pocos.

Valioso aporte ofrece la comunicación con los Espíritus a través de la bendita mediúmnidad para poder interpretar la razón por la cual muchos violentos recalcitrantes —quienes, tras la máscara del patriotismo, la defensa de la soberanía o el apoyo al pueblo, disfrazan deseos de venganza anidados en pasados vergonzosos— están siendo retirados de las fajas vibratorias que ellos mismos crearon. Tras su desencarnación, muchas veces violenta, son conducidos hacia otros planetas o regiones del Universo[4], donde reiniciarán, en condiciones más complejas, el largo camino de la evolución que retrasaron por mantenerse en una belicosidad que poco o nada aporta al florecimiento del amor. El amor es la premisa fundamental para que la gloriosa epopeya del Espíritu inmortal pueda adquirir el estatus de Espíritu Puro, como colofón a aquellos días pretéritos donde surgió, sencillo e ignorante, hacia la conquista de la conciencia en el reino hominal.

Venturosos días esperan al hombre que, ansioso, aspira a nuevos tiempos de renovación moral del planeta. La visión espírita del Mundo de Regeneración es la antesala al despertar de los sentimientos nobles que enaltecerán al ser, brindándole la oportunidad del burilamiento de su Espíritu sin las ansias del "tener". Comprendiendo que, al priorizar al "Ser", los valores intrínsecos adormecidos lo llevarán a buscar en su prójimo momentos de afectividad que lo impulsarán a ejercitar actos de nobleza, entenderá, por fin, la premisa fundamental que nos plantea la Doctrina Espírita: “Fuera de la caridad no hay salvación”.

Los invitamos a participar en la lectura de esta obra, alejados de cualquier posición sectaria o política que nos impida ver con exactitud la realidad de la violencia en Colombia, desde una visión espiritual.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 



[1] Enrique de Sagres, Infante de Portugal. Hijo del rey Juan I de Portugal y de Felipa de Lancaster, llamado El Navegante y también conocido como Infante de Sagres o Infante Don Enrique. Espíritu encargado por Jesús de los problemas sociológicos de la Tierra.

[2] Brasil, corazón del mundo, Patria del Evangelio. Humberto de Campos/Chico Xavier. Ed. FEB.

 

[3] A Camino de la Luz. Espíritu Emmanuel, psicografía de Chico Xavier.                                                                

[4] Leer “Amanecer de una Nueva Era” de la autoría de Divaldo Franco/Philomeno de Miranda, cap. 9, El gran desafío”, pág. 101, Revelación Editores.

lunes, 6 de abril de 2026

ANTE LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO

F. Altamir Da Cunha

¿Cómo convivir con el vacío inmenso generado por la pérdida de un ser querido? ¿Cómo aceptar una separación sin fin de alguien a quien amamos tanto?

Estas son las preguntas que pueblan con frecuencia las mentes de quienes se han visto sorprendidos por el fenómeno de la muerte, segando la vida de amigos y parientes. Son criaturas que, hasta entonces, mantenían viva la llama de la esperanza en una permanencia más larga de la persona amada en su compañía. Sin embargo, de repente, su partida se convirtió en una experiencia amarga.

Innegablemente, es un dolor inmenso; y se vuelve difícil el intento de enmascarar el sufrimiento y contener las lágrimas. No obstante, no se puede olvidar que la falta de resignación no solo causa sufrimiento en los que permanecen en el cuerpo, sino también en el ser que partió.

En El Libro de los Espíritus, pregunta 936, Allan Kardec interrogó a la Espiritualidad respecto al asunto:

¿Cómo es que los dolores inconsolables de los que sobreviven afectan a los Espíritus cuya desencarnación se llora? “El Espíritu es sensible al recuerdo y a la nostalgia de quienes le eran queridos en la Tierra; pero un dolor incesante e irrazonable lo toca penosamente, porque, en ese dolor excesivo, ve falta de fe en el futuro y de confianza en Dios y, por consiguiente, un obstáculo para el adelanto de los que lo lloran y tal vez para su reunión con estos”.

Sin embargo, no se puede olvidar que la inconformidad causante de tanto sufrimiento es fruto del desconocimiento respecto al fenómeno.

Todavía predomina, en la gran mayoría de los habitantes del planeta, la ignorancia respecto a su doble constitución: espíritu y materia. En esa condición, es común dirigir toda la atención hacia la vida material, olvidándose que ella es transitoria, e ingenuamente se desconsidera la vida espiritual y su perpetuidad.

El "conoceréis la verdad y la verdad os hará libres", conforme a la enseñanza del Maestro Jesús, se aplica muy bien al contexto, pues el conocimiento respecto a la interrelación entre vida, muerte y espiritualidad liberará, definitivamente, a la Humanidad de ese innecesario y perjudicial sentimiento de pérdida.

En realidad, la muerte no representa una pérdida ni una separación sin fin, sino apenas el retorno al mundo de origen. Allí se dará el reencuentro con los que nos antecedieron y con los que, más tarde o más temprano, también regresarán allá.

Pérdida es una etiqueta carente de sentido, ya que incluso las criaturas que son puestas bajo nuestra custodia, a las cuales llamamos hijos, no nos pertenecen: pertenecen a Dios. Dios, en cualquier momento, podrá llamarlos de vuelta; y nosotros, aunque sintamos el dolor de la nostalgia, debemos estar agradecidos por el tiempo en que los tuvimos a nuestro lado.

Disertó muy bien sobre el asunto Gibran Khalil Gibran en El Profeta:

Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas del anhelo de la Vida por sí misma. Vienen a través de vosotros, pero no son de vosotros. Y aunque conviven con vosotros, no os pertenecen. Podéis otorgarles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos, porque ellos tienen sus propios pensamientos.

Por lo tanto, de la misma forma que no sufrimos una pérdida cuando devolvemos un objeto valioso a alguien que nos lo prestó, no debemos imaginar que sufrimos una pérdida con la muerte de un ser querido. Sufrimos apenas el dolor de la ausencia, que será diluida bajo la acción de la esperanza en el reencuentro, que ciertamente sucederá.

En un momento tan difícil como el que se relaciona con el retorno de un ser querido a la Espiritualidad, no olvidemos el ejemplo de María, la madre de Jesús: con los ojos fijos en el hijo amado, que nada había hecho para merecer muerte tan ignominiosa, lloraba serenamente con la esperanza de que Él apenas regresaba a su verdadero Padre.

 


LA MUJER: FUNDAMENTO EVOLUTIVO DEL GÉNERO HUMANO

                                           Oscar Cervantes Velásquez Santa Marta - Colombia A lo largo de la historia, el papel de la mujer ...