sábado, 14 de mayo de 2011

Visión Espírita de la Ola Invernal en Colombia


Varias poblaciones del sur del Atlántico sufren las consecuencias de la ola invernal. El corregimiento de Bohórquez es una de las poblaciones inundadas[1].


Preocupa la forma en que la “naturaleza” se ensaña con las poblaciones colombianas, pues no hemos salido aún de la calamitosa situación a costa del invierno que el pasado año (2010) dejo altas cifras de damnificados en 599 municipios de 28 departamentos del país, sin incluir a la capital colombiana[2], cuando ya las cifras del invierno 2011 nos indican, como lo ha anunciado el gobierno, que rebasará cifras significativas con relación a los últimos años. A ello sumémosle las dificultades que debe enfrentar la población afectada, con todas las secuelas que ello implica como son: asistencia alimentaria, agua, saneamiento básico, albergues, educación y salud, por sólo nombrar algunas de las más importantes.

Desde ya hace muchos años, las organizaciones ambientalistas, viene alertando a los gobiernos de los principales países involucrados en la producción, la necesidad de reducir las emisiones de gases contaminantes que influyen directamente en el calentamiento global. Entre los tantos intentos de buscar acuerdos podemos destacar el Protocolo de Kioto, el cual es un acuerdo internacional que tiene por objetivo reducir las emisiones de seis gases que causan el calentamiento global a saber: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: Hidrofluorocarbonos (HFC), Perfluorocarbonos (PFC) y Hexafluoruro de azufre (SF6), en un porcentaje aproximado de al menos un 5%, dentro del periodo que va desde el año 2008 al 2012, en comparación a las emisiones al año 1990. Sin embargo, el acuerdo solo entró en vigor el 16 de febrero de 2005, después de que 55 naciones que sumaban el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero lo ratificaran. En la actualidad 175 países lo han ratificado, aunque hay grandes ausencias como la de Estados Unidos y Australia[3].

Colombia, en el escenario del mundo, no está ajena ha toda esta problemática al punto que investigadores consideran que en Colombia se podrían ver afectados el 10% del PIB agrícola de la costa Pacifica y un 4,3% del PIB de la del Caribe por un eventual ascenso de un metro en el nivel medio del mar. Adicionalmente, municipios e infraestructura se verían expuestos a inundaciones, causando perdidas humanas y económicas[4]. Si tenemos en cuenta que desde hace algunos años se vienen manejando cifras en relación a la afectación que el clima tendría en nuestro país, no es de extrañar que fenómenos como el del niño o la niña, que tantos estragos vienen causado en nuestro país, sean la resultante de todas estas advertencias que los científicos han estado “prediciendo o previendo” a los gobiernos del mundo.

Recordemos a Kardec, quien en La Génesis, nos invita a que… “Comprendamos mejor a la Naturaleza”[5], pues la misma historia del globo terráqueo es una sinfonía sin fin de cómo el hombre, abusando de su condición de ser inteligente de la creación, ha venido usufructuando de los recursos naturales en detrimento de su equilibrio y sostenimiento. Estas consideraciones nos llevan a hacer una profunda reflexión de lo que Allan Kardec en “la Génesis” afirma acerca de que… “En estos momentos se está operando uno de esos movimientos generales que traerá la transformación de la Humanidad. La multiplicidad de las causas que ocasionan destrucción es un signo característico de tales tiempos, ya que deben acelerar la aparición de los nuevos gérmenes. Son las hojas del otoño que caen, a las que sucederán las hojas reverdecidas, ya que la Humanidad tiene sus estaciones, así como los individuos tienen edades diversas”. Sabiduría infinita en consonancia con las enseñanzas de los espíritus.

Y si ahondamos aún más acerca de las enseñanzas que la Espiritualidad Superior nos viene ofreciendo, para despertar a esas verdades que el Maestro Jesús nos enseñó nos haría libres, observamos como los diferentes cataclismos que se vienen operando en la Tierra y que tantas desencarnaciones masivas vienen produciendo, no son más que parte del proyecto divino para la humanidad encarnada en el planeta. Así lo afirman los espíritus a través de Kardec, analicemos: “En ciertas épocas estas emigraciones e inmigraciones, que son reguladas por la sabiduría divina, se operan en masa, como consecuencia de grandes revoluciones, en las que cantidades innumerables de seres parten al mismo tiempo y son rápidamente reemplazadas por cantidades equivalentes de encarnaciones. Debemos considerar, pues, a las plagas destructoras y a los cataclismos como medios de llegadas y partidas colectivas, como actos providenciales para renovar la población corporal del planeta y para fortalecerla mediante la introducción de elementos espirituales más depurados. Si en esas catástrofes se produce una destrucción muy grande de cuerpos, sólo habrá vestiduras rasgadas, pero ningún espíritu perecerá: se limitarán a cambiar de ambiente. La diferencia reside en que en vez de partir aisladamente abandonan la Tierra en gran número, ya que aunque partan por una causa o por otra, fatalmente, tarde o temprano, deberán hacerlo.

Las renovaciones rápidas y casi instantáneas que se operan en el elemento espiritual de la población, como consecuencia de las catástrofes destructoras, apuran el progreso social. Sin las emigraciones e inmigraciones que se producen de tiempo en tiempo para impulsar con fuerza a la Humanidad, ésta marcharía con extremada lentitud”[6].

El mentor espiritual Emmanuel, al ser consultado acerca de si existen planetas en peores condiciones que el nuestro, asegura en el Consolador Prometido por Jesús, que… “existen orbes que ofrecen peores perspectivas de existencia que el vuestro y, en lo que se refiere a perspectivas, la Tierra es un lugar alegre y hermoso, de aprendizaje. El único elemento que ahí desentona de la Naturaleza es justamente el hombre, avasallado por el egoísmo”. Y continúa… “tenéis gratuitamente cielo azul, fuentes pletóricas, abundancia de oxígeno, árboles amigos, frutos y flores, color y luz, en santas posibilidades de trabajo a las que el hombre ha sido indiferente en todos los tiempos”[7].

Y por ese egoísmo e indiferencia con que hemos tratado nuestro planeta “azul”, es que estamos recogiendo los frutos de la falta de previsión, el mal uso de los recursos “renovables” y el abuso a que hemos sometido a la naturaleza, que hoy bajo el amparo de las leyes universales o divinas, intenta reequilibrarse, para el bienestar futuro de la población encarnada en la Tierra.

Informan los espíritus por intermedio de Kardec que… “Además de las revoluciones generales, la Tierra pasó por un gran número de perturbaciones locales que cambiaron el aspecto de determinadas regiones. Como en las otras oportunidades, dos causas contribuyeron a ello: el fuego y el agua”[8]; entonces, no es de extrañar que, tal como lo afirman los científicos, estos mismos dos elementos sean la causa de muchos de los desastres naturales que agobian a nuestra planeta. Aseguran los expertos, que en la medida que se sigan presentando los deshielos el nivel del mar seguirá en aumento, la escasez de agua será inminente y los peligros de incendios forestales se incrementarán, demostrándonos de esta manera que agua y fuego siguen siendo factor preponderante en las revoluciones que constantemente está sufriendo nuestro globo terráqueo.

En el Libro de los Espíritus, obra culmen de la Doctrina Espírita, Kardec pregunta a los espíritus acerca de la Ley de Destrucción y ellos responden que: “Precisa que todo se destruya para renacer y regenerarse. Porque lo que llamáis destrucción no es sino una transformación, que se propone por objeto renovar y mejorar a los seres vivientes”. ¿Paradoja?, ¿Contradicción?, ¿Utopía? Solo una conciencia espírita libre de prejuicios y vanas teorías materialistas reconocen la validez de esta asertiva y nos corresponde como tal, la aplicación con transparencia y pulcritud de conceptos ecologistas en el trato con la naturaleza, que coadyuven a fomentar las aptitudes y actitudes necesarias para comprender y apreciar las interrelaciones entre el hombre, su cultura y su medio biofísico.

1]Fotografía tomada de la revista Semana versión digital, el día 10 de mayo de 2011.
[2] Fuente: Organización Panamericana de la Salud de fecha 29 de noviembre de 2010.
[3] Fuente: Greenpeace España.
[4] Fuente: El Protocolo de Kyoto: ¿Una oportunidad para la industria colombiana?, por Néstor Monroy y Alejandro Aguirre.
[5] La Génesis, Uranografía General, Cap. VI. Allan Kardec, pág. 50.
[6] La Génesis, Génesis Espiritual, Cap.XVI. Allan Kardec, pág. 100.
[7] El Consolador Prometido por Jesús, Emmanuel/Francisco Cándido Xavier.
[8] La Génesis, Revoluciones del globo, Cap. IX.

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