lunes, 10 de agosto de 2026
EL LIBRO ESPÍRITA Y LA FRATERNIDAD UNIVERSAL - ALIPIO GONZÁLEZ HERNÁNDEZ (Q.E.P.D.)
jueves, 6 de agosto de 2026
¿PUEDE EL PERIESPÍRITU GENERAR ENFERMEDADES?
Allan
Kardec dejó claro cómo el periespíritu puede originar enfermedades en el cuerpo
material al publicar, en la Revista Espírita de febrero de 1867, las siguientes
revelaciones, hechas espontáneamente por el Espíritu Morel Lavallée, a través
del médium Desliens:
"El
hombre está compuesto de tres principios esenciales: el Espíritu, el
periespíritu y el cuerpo".
"Estos
tres principios deben reaccionar unos sobre otros, y de ello resultará la salud
o la enfermedad, según exista entre ellos armonía perfecta o desacuerdo parcial".
"Si
la enfermedad o el desorden orgánico procede del cuerpo, los medicamentos
materiales, sabiamente empleados, bastarán para restablecer la armonía general".
"Si
la perturbación viene del periespíritu, en caso de tratarse de una modificación
del principio fluídico que se encuentra alterado, será necesaria una
modificación relacionada con la naturaleza del órgano perturbado, para que las
funciones puedan retomar su estado normal".
"Si
la enfermedad procede del Espíritu, no se podrá emplear, para combatirla, otra
cosa que no sea una medicación espiritual".
"Si
la enfermedad procede del cuerpo, del periespíritu y del Espíritu, será
necesario que la medicación combata simultáneamente todas las causas del
desorden por medios diversos, para obtener la curación".
"Siendo
el periespíritu un principio superior a la materia propiamente dicha, podrá
convertirse en causa con relación a esta. Y si el periespíritu se encuentra
obstaculizado, los órganos materiales que están en relación con él serán
igualmente afectados en su vitalidad".
"Cuidando
el cuerpo, destruiréis el efecto; pero al residir la causa en el periespíritu,
la enfermedad volverá nuevamente cuando cesen los cuidados, hasta que se
comprenda que es preciso dirigir la atención hacia otra parte, tratando
fluídicamente el principio fluídico mórbido".
"Si,
finalmente, la enfermedad procede del Espíritu, el periespíritu y el cuerpo,
puestos bajo su dependencia, quedarán obstaculizados en sus funciones, y no
será cuidando de uno ni del otro como se hará desaparecer la causa".
De
esta manera quedó explicado cómo el periespíritu puede generar enfermedades en
el cuerpo material, pudiendo ser tratadas con los recursos fluídicos denominados
popularmente imposición de manos o pases.
Pero
la causa también puede estar en el Espíritu enfermo, que debe ser tratado con
los recursos morales de la mejora íntima, la oración, la paciencia, la calma y
la resignación.
Allan
Kardec, en el artículo "Atmósfera Espiritual", publicado en la
Revista Espírita de mayo de 1867, destacó, de una forma muy precisa, cómo los
fluidos periespirituales pueden ejercer influencias saludables o enfermizas
sobre el cuerpo material:
"Se
sabe que los fluidos que emanan de los Espíritus son más o menos saludables,
según su grado de depuración. Se conoce su poder curativo en ciertos casos y,
también, sus efectos mórbidos de individuo a individuo. Ahora bien, desde que el
aire puede ser saturado de esos fluidos, ¿no es evidente que, según la
naturaleza de los Espíritus que abundan en determinado lugar, el aire ambiente
se encuentre cargado de elementos saludables o malsanos, que deben ejercer
influencias sobre la salud física, así como sobre la salud moral?".
"Un
principio perfectamente constatado por todo espiritista es que las cualidades
del fluido periespiritual están en razón directa de las cualidades del Espíritu
encarnado o desencarnado; cuanto más elevados sean sus sentimientos y más
desprendidos de las influencias de la materia, más depurado será su fluido.
Según los pensamientos que lo dominan, el encarnado irradia fluidos impregnados
de esos mismos pensamientos, que lo vician o lo sanean".
"En
una asamblea en la que cada uno solo trajera sentimientos de bondad, de
caridad, de humildad, de devoción desinteresada, de benevolencia y de amor al
prójimo, el aire estaría impregnado de emanaciones saludables, en medio de las
cuales se siente vivir con mayor bienestar".
"Ahora
bien, si consideramos que los pensamientos atraen pensamientos de la misma
naturaleza, que los fluidos atraen fluidos similares, comprenderemos que cada
individuo trae consigo una comitiva de Espíritus simpáticos, buenos o malos, y
que, por eso, el aire está saturado de fluidos en relación con los pensamientos
que predominan".
Además,
Allan Kardec, en el artículo "Ensayo Teórico de las Curaciones
Instantáneas", publicado en la misma Revista, edición de marzo de 1868,
explicó:
"Las
cualidades del fluido curador, verdadero agente terapéutico, varían según el
temperamento físico y moral de los individuos que lo transmiten. Hay fluidos
que sobreexcitan, otros que calman; fluidos fuertes, fluidos suaves y de muchos
otros matices".
"Hay
gran número de enfermedades cuyo origen se debe a los fluidos perniciosos de
los cuales está penetrado el organismo. Para obtener la curación, no son
moléculas deterioradas las que deben ser sustituidas, sino un cuerpo extraño
que debe ser expulsado; desaparecida la causa del mal, el equilibrio se
restablece y las funciones retoman su curso".
"La
medicación ordinaria es inoperante en todas las enfermedades causadas por
fluidos viciados, y ellas son numerosas. La materia puede oponerse a la
materia, pero a un fluido malo hay que oponerle un fluido bueno y más poderoso".
De
esta manera, el Espiritismo nos orienta acerca del origen de muchas
enfermedades y, principalmente, nos enseña a mantener una atmósfera fluídica
saludable, a través del equilibrio emocional y de los buenos sentimientos y
pensamientos. Estos influyen en la composición fluídica del periespíritu y
atraen la presencia de los buenos Espíritus, que ejercen influencias saludables
sobre nosotros.
jueves, 30 de julio de 2026
CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO
Señor:
He recibido la carta que me
habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido
responder antes. A pesar de mi silencio, no podéis dudar del gran interés que
tengo en vuestra situación, motivado, sobre todo, por los excelentes sentimientos
de que estáis animado y en los cuales, gracias a la nueva luz que se ha hecho
en vos, no dudo que persistiréis.
Continuad, pues,
ilustrándoos tanto como vuestra posición lo permita, y encontraréis en esta
santa doctrina y en los consejos de vuestros guías espirituales las fuerzas
necesarias para resistir a las malas inclinaciones; y la expiación terrestre,
aceptada por vos con resignación cristiana, os librará de pruebas de otro modo
muy penosas que tendríais que sufrir sin un retorno sincero a Dios.
Pensad que nunca es
demasiado tarde para volver al bien y que Dios acepta todos los
arrepentimientos que nacen del corazón. Él recibe con alegría a la oveja
descarriada que entra en el redil, y esto es siempre motivo de fiesta entre los
Espíritus. Perseverad, pues, y cuando dejéis la Tierra para entrar en vuestra
verdadera patria, los encontraréis a vuestra llegada dichosos de poderos
extender los brazos.
¡Oh! ¡De qué alegría seréis
embargado cuando hayáis salido del abismo en el que unos pocos pasos más
habrían podido precipitaros durante mucho tiempo, por siglos tal vez! Mirad
hacia atrás, y vuestra vida pasada no os parecerá más que un mal sueño. ¡Cuánto
agradeceréis entonces a Dios el haberos enviado buenos Espíritus para
ilustraros y sosteneros!
Ya es algo no practicar más
el mal y arrepentirse de lo que se ha hecho; pero, para borrarlo por completo,
es preciso hacer el bien. Ahora bien, cada alma que hayáis ayudado a entrar en
el buen camino os será contada y añadirá algo a vuestra porción de felicidad
futura, porque os pagará en gratitud el servicio que le hayáis prestado.
Aquel que está siempre
dispuesto a ayudaros con sus consejos,
Allan
Kardec
Esta correspondencia fue
publicada por la revista Reformador en 1914, páginas 170 y 171. Traductor
desconocido.
Agradecimiento: Nuestro
sincero agradecimiento a la bibliotecaria Ana Prado por el envío de este
material.
Otras obras consultadas:
Barrera, Florentino. Resumen Analítico de las obras de Allan Kardec. Madras,
2003, página 175.
Publicado por: Historia del
Espiritismo.
miércoles, 22 de julio de 2026
LA MESA Y EL PAN
Kardec explicó el problema de la mesa en las sesiones espíritas con su habitual naturalidad: es el mueble más cómodo para sentarnos alrededor de él. Apartaba así cualquier resquicio de misticismo y magia, de rito y sacramento en el acto mediúmnico. Sin embargo, hay quienes consideran ese acto puramente místico y mágico, recordando la evocación y la oración. No nos sentamos alrededor de la mesa únicamente para conversar o escribir, sino también para alimentarnos. La alimentación que tomamos en la mesa espírita no es material, sino espiritual. La evocación no es un rito, sino una invitación. Antes de sentarse a la mesa las invitaciones ya fueron hechas, pues basta con pensar en un Espíritu para evocarlos. Ellos atienden o no nuestras invitaciones, pues son libres y no están sometidos a ningún poder humano. Mas el pan que ponemos sobre la mesa es el pan espiritual de la oración, que será partido y servido en el momento del adoctrinamiento.
Nos cuenta el Evangelio de Lucas el episodio conmovedor de los discípulos camino a Emaús. Después de la resurrección de Jesús, Cleofás y un compañero seguían, al atardecer, hacia esa aldea, apartándose del escenario angustiado de Jerusalén. Un extraño los alcanzó y acompañó, conversando sobre la muerte y resurrección de Jesús. Se detuvieron en una posada para alimentarse. Se sentaron a la mesa con aquel extraño. Pero en el momento en que él partió el pan, los discípulos lo reconocieron: era el Maestro resucitado. Pero inmediatamente el Señor desapareció y en la mesa sólo estaban los dos. Es fácil imaginarse el asombro de los discípulos. El vacío de la mesa y el silencio del anochecer, que ya comenzaba, deben haberles parecido más llenos de rumores y alegrías que las mesas de los banquetes festivos del mundo.
Y eso es lo que precisamente sucede en las mesas simples, sin artilugios, de una verdadera sesión mediúmnica. El color del mantel poco importa. El color blanco no interesa en el acto mediúmnico más que el rojo o el marrón. La pureza exigida es sólo la de las intenciones. Los invitados están alrededor y no son conocidos. Surgen en el camino, en la penumbra del crepúsculo, como extraños. Pero en el momento de partir el pan ellos se manifiestan. Hecha la oración sencilla de la apertura de los trabajos podemos ver, por la forma en que parten el pan, que son ellos. Iniciamos entonces la conversación necesaria y luego ellos desaparecen, así como aparecieron, retornando a lo invisible, en el seno de la noche.
¿Cómo pueden los cristianos de todas las denominaciones censurar ese banquete sencillo y atribuirlo a influencias diabólicas? ¿Cómo pueden decir que todo eso no pasa de ser una ilusión, locura o mistificación? ¿Nunca leyeron, ni por casualidad, el tema sobre los dones espirituales en la I Epístola de Pablo a los Corintios? ¿No vieron que el apóstol confirma el simbolismo conmovedor del camino a Emaús, relatando las sesiones mediúmnicas de la era apostólica? Y, ¿cómo pueden algunos espíritas quebrar la armonía de esas reuniones espirituales con aparatos inútiles e innecesarios, con la introducción de sistemas pretensiosos en las sesiones mediúmnicas? Si queremos deformar y ridiculizar la práctica espírita, basta con exigir el mantel blanco en la mesa, vestir a los médiums con vestidos blancos y rituales, obligarlos a hacer una corriente de manos y otras tonterías por el estilo. Es lo que hacen los espíritus mistificadores, a través de los dirigentes supersticiosos e ingenuos.
Para comer el pan de la verdad sólo necesitamos de los dientes del buen sentido. Por eso el comensal del hostal de Emaús simplemente desapareció después de partir el pan. Todas las técnicas inventadas por hombres vanidosos, de disciplinas rígidas a la hora de la sesión, de palabras mágicas y gestos misteriosos, no pasan de ser maleza en la cosecha. La práctica espírita debe ser racional y simple, pues toda la escenificación sólo sirve para estimular mistificaciones.
Hay personas que desean hacer sesiones a plena luz, por creer que la penumbra habitual da motivo a desconfianzas y representa una modalidad de formalismo. Pero la penumbra es necesaria para la buena concentración de los médiums y de los asistentes. La iluminación normal de la sala provoca distracciones, penetra los párpados y rompe el ambiente de recogimiento. Claro que no se debe hacer con oscuridad excesiva y mucho menos completa, pero la penumbra del ambiente no es un formalismo, es una exigencia natural de la concentración serena. Además de esas razones evidentes, conviene recordar que el exceso de luz ejerce influencia inhibitoria sobre los médiums y en la emanación fluídica del ectoplasma. En todas las reuniones mediúmnicas, el ectoplasma se libera para ayudar las ligaciones periespirituales entre médiums y espíritus. Tenemos que saber distinguir entre lo necesario y lo superfluo, entre lo conveniente y lo inconveniente, sin hacer concesiones a la ignorancia o la desconfianza de los que no entienden del asunto.
El problema de la concentración mental es también uno de los menos comprendidos. La concentración de los pensamientos en una reunión mediúmnica no corresponde a la concentración individual de una persona en un determinado problema a resolver o en un estudio a realizar. Se trata de una concentración colectiva de pensamientos volcados hacia un mismo objetivo. Cuando todos piensan en Dios o en Jesús, todos los pensamientos se concentran en una sola idea. La palabra concentración sugiere un esfuerzo mental continuo para mantener el pensamiento fijo en una imagen. Eso perjudicaría los trabajos mediúmnicos, creando un ambiente de tensión mental exhaustiva. No es tensión o esfuerzo lo que se necesita, sino de relajación y tranquilidad. Todos deben volcar su pensamiento hacia un objetivo superior, generalmente hacia Jesús (pues pensar en Dios es más difícil) y todos deben mantener la idea de Jesús en la mente, sin esfuerzo ni preocupación, como quien se acuerda de un amigo lejano. Ese estado mental de recordación no es el de la imagen o figura de Jesús, sino de su persona, de sus actos, de sus enseñanzas y de lo que él representa para nosotros, debe ser mantenido en el transcurso de la sesión. Cuando se nota que el pensamiento se desvía hacia otros rumbos, lo que es natural, se hace que retorne suavemente a la idea central. El ambiente de una sesión es mucho más favorable cuanto menos tensiones y preocupaciones existieran en la reunión. Las evocaciones mentales de los asistentes y médiums, solicitando la manifestación de seres queridos o de espíritus amigos son perjudiciales, pues rompen y agitan el ambiente mental de la sesión. Pensar en un espíritu es evocarlo, como enseña Kardec. Quien asiste a una sesión con la esperanza de recibir una comunicación de este o aquel espíritu, ya lo evocó. El atenderá si le fuera posible. Durante la sesión sólo se debe pensar en Jesús. Creándose en el ambiente un clima tranquilo y confiado, podemos esperar los mejores resultados.
No hay reglas específicas y formales para la realización de las sesiones espíritas. Entre la oración de apertura y la de cierre se desarrollan las manifestaciones mediúmnicas, bajo la orientación y muchas veces la interferencia de los espíritus directores. El sistema autoritario, en el que el director determina a los médiums recibir las comunicaciones, una cada vez, proviene de la recomendación del Apóstol Pablo a la comunidad de Corinto. En las reuniones de Kardec, aún en las psicográficas, había amplia libertad, permitiendo las conversaciones entre espíritus comunicantes, a veces a través de varios médiums. Léon Denis usaba también de libertad en sus sesiones. Compete a los espíritus protectores determinar cuáles espíritus deben comunicarse y cuáles son los médiums en condiciones de recibirlos. El director humano de la sesión tiene la función de mantenerla en equilibrio y orientar el desarrollo de los trabajos e intervenir, cuando sea necesario, en el adoctrinamiento y en el reajuste de la concentración. Si hay muchos médiums en la mesa, hay naturalmente la posibilidad de atender a un número mayor de espíritus, a través de varios adoctrinadores. Lo que importa en el adoctrinamiento no es hablar mucho, sino hablar con propiedad y con amor, procurando alcanzar la consciencia y el sentimiento del espíritu. Cuando se aproxima el fin del horario destinado a la sesión, el director avisa, para que los médiums lo ayuden en el control de la reunión. Las comunicaciones de espíritus violentos, deseosos de perturbar los trabajos, exigen una actitud enérgica para ser refrenados y apartados. Energía serena, sin agresividad, pero con firmeza. No se debe olvidar que se trata de entidades sufrientes, necesitadas de amparo y orientación. No es la fuerza la que actúa contra el espíritu, ni la elevación de la voz, sino la intención de ayudarlo, el deseo sincero de hacerlo mejorar y tornarse nuestro compañero, porque esa disposición nos da la autoridad moral sobre los espíritus inferiores. Es importante que no falte en nuestra mesa espírita el pan de la oración y la luz del amor. Basta casi siempre una sola palabra de amor sincero para calmar al espíritu más violento. El amor brota de la comprensión humana, de nuestra capacidad de colocarnos en pensamiento en el lugar y en la situación de la criatura que se llenó de odio y violencia en existencias brutales en que el amor no floreció en su corazón.
Una sesión espírita es un acto de amor. No es una ceremonia destinada a la finalidad egoísta de librarnos de espíritus-parásitos, atraídos y alimentados por nosotros mismos, sino con el objetivo de llevar ayuda espiritual a los que padecen. El Espiritismo nos enseña, como enseñó Jesús, que todos somos hermanos y compañeros, creados por Dios para un mismo destino de trascendencia, de elevación espiritual. Ese es el pensamiento central de la comprensión espírita y necesitamos darle eficacia, traducirla en acción.
Tratamos aquí de la sesión mediúmnica común, no de la sesión específica de desobsesión. La sesión rutinaria de los Centros es la que se realiza todas las semanas, en días y horas fijas, disponiendo de una frecuencia regular. Hay quien discrepa de esos trabajos públicos, alegando las exigencias de Kardec en la Sociedad Parisiense, cuando no permitía la presencia en las sesiones de personas que no tuviesen algún conocimiento doctrinario. La medida de Kardec era justa y necesaria en una fase en que el Espiritismo nacía, bajo un clamor universal de protestas y amenazas. Hoy estamos a más de un siglo de esa fase y el Espiritismo sólo es combatido por personas sistemáticas o ignorantes. La mayoría absoluta de las personas que buscan las sesiones está necesitada, tratándose generalmente de médiums en franco desarrollo de sus facultades. Negarles acceso a las sesiones seria como negarle a un sediento acceso a una fuente. La mediúmnidad no se desarrolla por el acaso y mucho menos bajo el poder mágico de la vara de Moisés, que sacó agua de la roca. En general, el desarrollo mediúmnico comienza por diversas perturbaciones y no es raro, por procesos obsesivos. No se puede esperar que una persona en estado de alteración psíquica vaya primero a estudiar una doctrina a través de largos cursos para después someterse a los métodos de cura. Por eso, en las instituciones bien dirigidas las sesiones mediúmnicas normales no se restringen a la práctica mediúmnica. Los trabajos se inician con una lectura o lección evangélica, de El Evangelio según El Espiritismo. Seguidamente se hace una exposición doctrinaria que prepara a los frecuentadores para los trabajos prácticos. Los médiums en desarrollo reciben el mensaje evangélico y las enseñanzas doctrinarias en dosis apropiadas e, inmediatamente, participan del trabajo mediúmnico. Eso contribuye a una comprensión simultánea de la doctrina, de su naturaleza cristiana, de su moral evangélica y de las relaciones directas y necesarias de la teoría y práctica del Espiritismo. Las críticas a ese método se refieren a la extensión de las sesiones. Pero es evidente que la preparación de los temas permite reducir la parte oral a los límites necesarios. El aprovechamiento verificado en los Grupos y Centros que usan este método prueban su validez. En los centros que realizan varias sesiones por semana, la división de los temas puede ser hecha con más amplitud, en varias sesiones. Esto no impide que, además de ese proceso sinérgico o gestáltico, en que el iniciante adquiere desde luego una visión global de la doctrina y de su práctica, el Centro mantenga, en cuanto sea posible, un curso especial doctrinario en otro día y horario.
Si es posible, sería conveniente intercalar los pases entre la parte evangélica y la doctrinaria. Si eso prolonga demasiado la sesión, se puede establecer una sesión especial para los pases, iniciando siempre con una exposición sobre el asunto.
La ventaja de hacer todo en secuencia, en una sola sesión, es la de dar al que se inicia, en dosis apropiadas y en una secuencia natural de tiempo, la práctica y comprensión de la unidad del problema espírita. Esa comprensión, infelizmente, falta hasta en los veteranos del trabajo espírita, debido a la dispersión e incluso a la restricción de las prácticas tradicionales de un aspecto de la doctrina. Claro que el problema de desobsesión en casos graves no puede ser tratado en sesiones de esa naturaleza. Para eso, los Centros bien orientados disponen de sesiones especiales, privadas, con médiums y adoctrinadores capacitados, y siempre que sea posible, con la participación de médicos espíritas conocidos por su desinterés profesional en casos de orden doctrinario. Colocamos estas situaciones teniendo en cuenta nuestra experiencia y de conjunto, observadas atentamente a través de los años de trabajo y estudio incesante. Cuando el sistema es bien aplicado, contando con elementos humanos dedicados, los resultados son siempre sorprendentes. No se trata de una innovación, sino la de una conjugación de prácticas tradicionales que, reunidas y articuladas, producen más y mejor.
En
lo referente a la mediúmnidad es necesario el más riguroso criterio kardecista,
basado en los libros específicos de Kardec: Instrucciones Prácticas sobre las
Manifestaciones Espíritas y El Libro de los Médiums. Esa es la base necesaria e
insustituible del estudio y enseñanza de la mediúmnidad. Libros como En lo
Invisible, de Léon Denis, y los libros de orientación mediúmnica de Emmanuel y
André Luiz pueden también ser usados como subsidiarios, pero jamás colocados
como obras básicas de la doctrina. Sin ese criterio, muchos Centros y Grupos, y
hasta grandes instituciones, caerían en un plano de misticismo iglesiero y de
autoritarismo sacerdotal que desfiguran y ridiculizan el Espiritismo.
Precisamos comprender que lidiamos con una doctrina revolucionaria, que debe
modificar la rutina espiritual de la Tierra, abriendo las perspectivas de una
nueva concepción del Espíritu. Sin eso, nuestra mesa sólo tendrá pan mustio y
envejecido.
jueves, 2 de julio de 2026
EMANCIPACIÓN DEL ALMA – EL SUEÑO Y LOS SUEÑOS
La ciencia humana aún no
sabe cuál es el poder que entorpece la mente durante el sueño, ni mucho menos,
las leyes que lo regulan. Sabe, sin embargo, que existe una actividad mental, y
que a través del sueño el cuerpo rehace sus energías.
Según la Doctrina Espírita,
durante el sueño “la vida del cuerpo cede lugar a la vida del alma” (LE, 413).
El sueño es por eso:
a)
Usado, indistintamente, como recurso para rehacer las energías;
b)
Una forma utilizada por el Espíritu para retornar, momentáneamente, al plano extrafísico,
mientras el cuerpo reposa;
c)
La puerta que Dios abrió para el contacto con la esfera espiritual, o para el
recreo después del trabajo, pues mientras el hombre duerme, su Espíritu
despierta;
d)
Una especie de vaso comunicante entre las dos esferas, por medio de la cual los
encarnados están siempre en relación con los desencarnados, y es eso lo que
hace que los Espíritus Superiores consientan, sin demasiada repulsa, en
encarnarse (LE, 400 a 418).
El sueño, según Spencer y
Bozzano (1), marca en el hombre el origen sensorial de la creencia en la
sobrevivencia, cuando el salvaje se siente libre del cuerpo y en lugares
diversos y, además, cuando a través de los sueños premonitorios percibe con
anterioridad un acontecimiento futuro.
Según concepciones antiguas,
los sueños muchas veces fueron considerados como visiones proféticas y
reveladoras del futuro por los cuales los hombres entraban en relación con los
dioses o demonios. Otras veces, se perdían en diferentes interpretaciones ligadas a supersticiones, creencias, astrología, numerología, etc.
La simbología de los sueños
deviene de la imaginación y de la ignorancia de los hombres sobre las causas
determinantes de los sueños. Aún hoy, existe mucha gente que es engañada porque
se complacen con estas veleidades en la búsqueda de la riqueza fácil, de
honras y pasiones, tornándose en juguete en manos de personas insensatas o
espíritus livianos, burlones y obsesores.
Para los psicoanalistas,
todo lo que existe en el mundo mental proviene de la experiencia de una vida
única. Todo permanece en la memoria. Lo que está en el inconsciente, aflora en
los sueños, que es una manifestación instintiva o mecanismo que trae ese
contenido al recuerdo.
Los sueños son vistos como
una válvula de compensación de las frustraciones diarias y la actividad
onírica siempre es vista como una profilaxis de la mente, o sea, un mecanismo
para limpiar las redes nerviosas del cerebro.
Los patrones que aparecen en
los sueños no son muchos; sin embargo, reflejan preocupaciones básicas de cada
persona como el nacimiento, la muerte, sexo, posesión y pérdida, siendo
prácticamente imposible interpretarlos de forma padronizada.
Según la Doctrina Espírita,
los sueños son un estado de emancipación del alma como la catalepsia, la
letargia y el sonambulismo. Son recuerdos de experiencias que el Espíritu vive mientras está emancipado del cuerpo (LE, 402). Además, dicen los Espíritus en
este mismo ítem: “Pero notad que no en todos los casos soñáis, porque no os
acordáis siempre de lo que habéis visto o de todo lo que visteis. El recuerdo
no os muestra el alma en todo su desarrollo.
A menudo sólo recordáis la
turbación que acompaña a vuestra partida o reingreso, a lo que se agrega la
memoria de lo que habéis hecho o de lo que os preocupaba en estado de vigilia”.
Aquí muestran los espíritus
la diferencia entre los sueños reales y las actividades de la propia imaginación
del hombre, ya vistos en el “Curso Básico de Espiritismo”, 1° año, lección 18, página
177.
La lucidez de los recuerdos
de los sueños depende:
a)
Del mayor o menor interés de ese recuerdo para la vida material del hombre,
según la Ley de Dios;
b)
De la mayor o menor evolución del alma;
c)
Del “bloqueo” que la materia ejerce sobre los recuerdos del alma. Siendo el
cuerpo, materia pesada y grosera, “difícilmente conserva las impresiones
recibidas por el espíritu, porque el espíritu no las percibió por intermedio de
los órganos corporales” (LE, 403);
d)
De la mayor o menor atención que el hombre de a sus propios sueños.
“Los sueños no son
verdaderos como lo entienden lo decidores de la buenaventura”, sino que son
verdaderos en el sentido de presentar imágenes reales para el Espíritu, pero
que a menudo no tienen relación con lo que le sucede en la vida corporal (LE,
404). “Es un estado de sonambulismo imperfecto” (LE, 425), por cuanto el alma
emancipada recibe, imperfectamente, las impresiones producidas por los objetos
o por causas exteriores.
Dice André Luiz (2): “Como
en la mayoría de los hermanos encarnados, los sueños solo reflejan las
perturbaciones fisiológicas o sentimentales a la que se entregan; Sin embargo, existe
gran número de personas que, con más o menos precisión, están aptas a
desarrollar este intercambio espiritual”.
En ese intercambio durante
el sueño, el hombre puede tener relaciones con el bien; estudios educativos,
tratamientos espirituales, buenas conversaciones, trabajo productivo, o puede
también, tener relaciones con el mal: obsesiones inferiores, persecuciones
persistentes, vampirismo destructor, tentaciones diversas, ociosidad. Dice
además André Luiz (Los Mensajeros, cap. 38), que son pocos los hermanos que
saben dormir para el bien”.
Si los hombres supiesen
“dormir para el bien” tendrían muchas oportunidades para estudiar y trabajar
durante el sueño, en la esfera espiritual. Narra también André Luiz en
“Misioneros de la Luz”, cap. 8, el ejemplo de una escuela en el Plano
Espiritual donde había cerca de 300 alumnos encarnados matriculados, pero
donde sólo asistían en forma constante 32 alumnos.
Informa que la mayoría de
los que faltaban se dejaban llevar por las seducciones comunes, decurrentes de
su naturaleza animal y, aún, el recuerdo del aprendizaje variaba de alma a alma
y de acuerdo con la evolución de cada uno.
Cuando el hombre duerme, su
alma busca la convivencia con espíritus afines tal como acontece entre los
hombres, de acuerdo con la ley de sintonía. “La criatura conciente, sea donde
sea en el Universo, sólo asimilará las influencias a que se aficione”
(Mecanismos de la Mediumnidad, cap. 17, André Luiz). De ahí la importancia de
la reforma íntima, como corrección a los vicios y defectos de la personalidad
humana.
Sabiendo el hombre que
durante la vida en la Tierra pasa un tercio de ella durmiendo, debe esforzarse
en dormir para el bien, aprovechándose por lo tanto de las lecciones
doctrinarias para hacer un aprendizaje integral, aumentando sus posibilidades
espirituales a través de ese intercambio durante el sueño.
BIBLIOGRAFÍA
El Libro de los Espíritus
La interpretación de los sueños – Sigmund Freíd
En el Mundo Mayor – André
Luiz
Evolución en Dos Mundos -
André Luiz
(1) El Espíritu y el Tiempo
– Herculano Pires
(2) Los Mensajeros - André
Luiz
Misioneros de la Luz - André
Luiz
Mecanismos de la Mediúmnidad
- André Luiz
Curso Básico de Espiritismo
– 1er Año
domingo, 17 de mayo de 2026
LA MUJER: FUNDAMENTO EVOLUTIVO DEL GÉNERO HUMANO
Es necesario cuestionar el rol que se le ha querido
asignar a lo largo del tiempo, lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿de qué manera
las mujeres han influido en la transformación de la humanidad y cómo se ha
entendido esa influencia a lo largo de la historia?
La
mujer en la prehistoria y la antigüedad
En la prehistoria, la mujer desempeñó un papel crucial en
la supervivencia de las primeras sociedades humanas. Su labor estaba
principalmente vinculada a la recolección de alimentos, la crianza de los hijos
y la organización doméstica. Aunque no existía una jerarquización estricta como
en épocas posteriores, su capacidad para asegurar el sustento del grupo y
transmitir conocimientos era vital. A medida que las sociedades evolucionaron
en la antigüedad, las mujeres de civilizaciones como la egipcia y la mesopotámica
comenzaron a ocupar roles más definidos, aunque generalmente subordinados a los
hombres. Sin embargo, en ciertos contextos, algunas alcanzaron posiciones de
poder y respeto, como las faraonas de Egipto, lo que demuestra que, incluso en
tiempos antiguos, su influencia sobre la cultura, la política y la religión fue
significativa, aunque a menudo invisibilizada.
La
mujer en las civilizaciones clásicas
En las civilizaciones clásicas, como la griega y la
romana, la mujer desempeñó un papel limitado y, en gran medida, subordinado al
hombre, especialmente en el ámbito público. Su función principal se centraba en
la familia, el hogar y la crianza de los hijos. En la antigua Grecia, sobre
todo en Atenas, las mujeres estaban confinadas al espacio doméstico,
encargándose de las labores del hogar y de la educación de los niños, sin
participar activamente en la vida política o intelectual. Sin embargo, en Esparta
gozaban de mayor libertad y responsabilidad, pues se les brindaba educación
física y una mayor influencia en la gestión de los bienes familiares.
En Roma, la situación era similar: las mujeres se
encargaban principalmente de la administración del hogar, aunque en ocasiones
también gestionaban propiedades y tomaban decisiones en ausencia de sus
esposos. Las mujeres de clases altas podían tener una función destacada en la
vida social, pero su participación en la política estaba restringida. No
obstante, algunas, como Livia Drusila, esposa de César Augusto, o Agripina la
Menor, ejercieron una notable influencia política, aunque su poder era indirecto
y dependía de su relación con figuras masculinas prominentes.
En ambas civilizaciones, la mujer era fundamental en la
transmisión cultural, pues era la encargada de educar a las futuras
generaciones en valores, costumbres y religiosidad. Sin embargo, su cometido
fue generalmente relegado al ámbito privado, dejando a los hombres la
participación en la política, las artes y la filosofía.
La
mujer en las sociedades medievales
En las sociedades medievales, la situación de la mujer
estuvo marcada por una fuerte influencia religiosa y patriarcal. Era vista
principalmente como esposa y madre, con una función central en el hogar y en la
crianza de los hijos. En muchas culturas medievales, las mujeres tenían pocos
derechos legales y su movilidad estaba restringida. Sin embargo, algunas
mujeres de la nobleza o de la Iglesia, como las abadesas y las santas,
alcanzaron cierta autoridad, especialmente dentro de las instituciones religiosas,
donde pudieron desempeñar roles de liderazgo espiritual y educativo.
El
cambio en la Edad Moderna
Con la llegada de la Edad Moderna, especialmente a partir
del Renacimiento y la Ilustración, el papel de la mujer comenzó a transformarse
lentamente. Aunque seguía subordinada a los hombres en la mayoría de las
sociedades, las mujeres de las clases altas empezaron a tener acceso a la
educación y a participar en la vida cultural. Filósofas y escritoras comenzaron
a ganar reconocimiento, y mujeres de la realeza o la nobleza, como Isabel I de
Inglaterra o Catalina de Médici, adquirieron un poder político significativo. A
pesar de estos avances, las mujeres seguían luchando por la igualdad en un
mundo dominado por los hombres, pero sus contribuciones en la política, las
artes y la ciencia empezaron a hacerse más visibles.
La
mujer en el contexto contemporáneo
En este contexto, la visión de la mujer ha experimentado
una transformación radical. A lo largo del siglo XX y comienzos del XXI, las
mujeres han logrado avances significativos en la lucha por la igualdad de
derechos, tanto en el ámbito social como en el político, el laboral y el
educativo. El movimiento feminista ha sido crucial para cuestionar y
transformar las estructuras patriarcales que históricamente han limitado las
oportunidades de las mujeres.
Hoy en día, la mujer es reconocida como un ser integral,
capaz de participar activamente en todas las esferas de la vida: desde la
ciencia, la política y el arte hasta los negocios y el liderazgo. Si bien aún
persisten desigualdades de género en muchas partes del mundo, las mujeres
disfrutan de una mayor libertad para elegir sus trayectorias profesionales y
personales, y han accedido a derechos fundamentales como el voto, la educación
y la salud.
Además, su rol se está redefiniendo no solo como madre y
esposa, sino también como líder, profesional, activista y creadora. En el
ámbito espiritual y social, las mujeres desempeñan un papel crucial en la
construcción de una sociedad más equitativa y consciente. Las luchas por la
igualdad salarial, la autonomía reproductiva y el fin de la violencia de género
siguen siendo fundamentales en la agenda contemporánea. La visión actual de la
mujer se centra en el empoderamiento, la autonomía y la igualdad de oportunidades,
con el propósito de construir una sociedad donde el género no sea un factor
determinante ni en las oportunidades ni en el valor de una persona.
Visión
espírita de la mujer
Desde la perspectiva espírita, la visión de la mujer en
la sociedad va más allá de los roles sociales y culturales impuestos por las
estructuras terrenales. Tanto la mujer como el hombre son espíritus en
evolución que, al encarnarse, asumen un género determinado como parte de su
proceso reencarnatorio, con el fin de aprender y avanzar en el camino de la
perfección moral y espiritual. En este sentido, el sexo no constituye una
limitación ni una diferencia esencial entre los seres humanos, sino una condición
temporal que permite el cumplimiento de pruebas y la superación de dificultades
específicas.
Partiendo del hecho de que los Espíritus no tienen sexo,
esos mismos Espíritus animan tanto a hombres como a mujeres, entendiendo que la
condición en la que renacemos es solo una forma de asumir las pruebas que hemos
de afrontar. Por eso, la diferencia de género es únicamente una característica
del cuerpo físico y del contexto social en el que los espíritus se encarnan.
Así, tanto hombres como mujeres tienen la misma capacidad para evolucionar,
alcanzar la perfección moral y contribuir al bien común. La Doctrina Espírita
rechaza la idea de que uno de los géneros sea inherentemente superior al otro y
subraya que, en esencia, todos los espíritus son iguales ante Dios.
El
rol trascendental de la mujer en la evolución
Bajo esa premisa, la mujer tiene una misión tan
importante como la del hombre en la construcción de una sociedad más justa,
equitativa y espiritualizada. Las mujeres, al igual que los hombres, son
agentes activas en la mejora moral y espiritual del mundo. De hecho, la mujer
tiene una misión particular en la educación y en la transmisión de valores
espirituales, pues con frecuencia participa de manera decisiva en la crianza de
los hijos y cumple un papel crucial en la formación moral de las nuevas generaciones.
Si a ello le sumamos que las encarnaciones en el género
femenino posibilitan al Espíritu la oportunidad de desarrollar cualidades como
la compasión, la paciencia y el amor incondicional —virtudes que, como enseña
el espiritismo, son fundamentales en el proceso de evolución espiritual de las
sociedades—, podemos comprender la importancia de su rol. Aunque en muchas
culturas y épocas la mujer ha sido subestimada y relegada a un segundo plano,
el espiritismo reafirma que estas pruebas pueden convertirse en oportunidades
de autotransformación y desarrollo interior.
Ahora bien, en el plano espiritual, muchas mujeres han
alcanzado altos grados de sabiduría y santidad en diversas existencias, y
varias de ellas desempeñan roles significativos en el mundo espiritual, ya sea
como espíritus guías o como mediadoras de las leyes universales. Al igual que
los hombres, las mujeres tienen la capacidad de acceder a las enseñanzas de los
Espíritus superiores y de contribuir a la evolución colectiva de la humanidad.
Por eso, a medida que la humanidad evoluciona y se aleja de los prejuicios y de
las limitaciones impuestas por el materialismo y la ignorancia, el papel de la
mujer se irá expandiendo con mayor equidad en los ámbitos de la política, la
economía y la cultura. Se espera que, en el futuro, las mujeres sean igualmente
reconocidas como líderes espirituales, políticas y sociales, con acceso pleno a
todos los derechos y responsabilidades.
La
mujer y el amor como principio evolutivo
Para Joanna de Ángelis, la educación de los hijos va más
allá de la instrucción intelectual e implica el cultivo de virtudes como el
amor, la paciencia, la comprensión y la solidaridad, aspectos esenciales para
la evolución espiritual del ser humano. Como ella misma asegura: "La
mujer, en su sagrado papel de madre, educa no solo el cuerpo, sino el alma,
imprimiendo en los corazones de los niños la semilla de la fraternidad"
(Joanna de Ángelis, El Espíritu y la Vida).
Joanna de Ángelis profundiza esta idea al afirmar que el
amor es el principio que rige la evolución del ser humano y que la mujer es una
depositaria natural de ese amor. A través del amor maternal, afectivo y
altruista, la mujer puede alcanzar una vibración espiritual más elevada y
contribuir activamente al mejoramiento de la humanidad, ayudando a iluminar el
camino de la evolución planetaria hacia una nueva era de fraternidad y paz.
Este enfoque subraya la función de la mujer no solo en la
crianza física, sino también en la formación de los espíritus encarnados,
contribuyendo con su amor incondicional al proceso de regeneración planetaria.
Conclusión
En resumen, desde la perspectiva espírita, la mujer tiene
una misión tan trascendental como la del hombre en la sociedad. Ambos géneros,
como espíritus en evolución, tienen las mismas oportunidades de crecimiento y
desarrollo. Esta visión invita a la humanidad a reconocer y valorar a la mujer
no solo por sus contribuciones en el plano material, sino también por su papel
fundamental en la educación espiritual y moral de las generaciones futuras, al
tiempo que subraya la igualdad esencial de todos los seres humanos ante Dios.
martes, 5 de mayo de 2026
EL DRAMA DE UNA ACTRIZ
Como ya se ha mencionado, el
sexo, así como cualquier otra función que se manifiesta en nuestra maquinaria
orgánica, debe ser utilizado con el respeto que debemos dedicar a los demás
mecanismos fisiológicos. Encargado de perpetuar la especie, su práctica se
reviste de significados profundos, al propiciar la reproducción,
particularmente en la especie humana. Igualmente, portador de hormonas
fisiológicas y psicológicas, por el placer que proporciona, merece el
involucramiento del amor, sin el cual se convierte en un automatismo orgánico
desprovisto de consecuencias más elevadas. Además, por el hecho de involucrar a
otra persona, en las relaciones saludables, siempre se torna responsable de los
efectos psicológicos que vinculan a una con la otra. Su uso promiscuo e
irresponsable siempre genera trastornos morales, sociales y emocionales
profundos, de los que padece nuestra sociedad, algunos de los cuales serán transferido
más allá de la tumba.
Cuando observamos la
promiscuidad sexual, notamos que la persona cambia de pareja, pero no cambia de
comportamiento. Y busca en la nueva pareja (masculina o femenina) aquello que
faltaba en la anterior. Es la búsqueda de lo nuevo, de lo diferente, que pronto
se volverá normal, repetitivo y agotador. Y, como consecuencia, el individuo
pasa a usar la función sexual como alimento de variación constante, sin jamás
alcanzar una satisfacción plena.
¿Cómo debemos comportarnos
al ser testigos de la prostitución? Nos corresponde asumir una actitud de
compasión hacia aquellos que viven del sexo. En la actualidad, la prostitución
ha asumido una gran variedad de formas, pues no se encuentra solo en el burdel,
en las calles oscuras de la ciudad o en los moteles elegantes de la periferia,
sino también en apartamentos de lujo donde desfilan ases y estrellas que
conmueven al mundo y que son atormentados sexuales.
Esa variedad infinita de
formas de prostitución, aunque no siempre sea asalariada, continúa siendo un
trastorno de compostura moral. Cuando decimos que no es asalariada, es porque
no hay un precio establecido en una tabla a la entrada del burdel, pero el
precio se cobra de otra manera. Cuántas personas se prostituyen para alcanzar
un lugar destacado en la sociedad: en la política, en las artes, en las
relaciones sociales en general, en aspiraciones de cualquier naturaleza.
Reciben como pago apartamentos de lujo, joyas de alto valor, automóviles,
abrigos de pieles raras… Nunca, sin embargo, la paz interior. Porque al cambiar
de pareja, la persona viaja hacia nuevas experiencias con el sentimiento
desgarrado, sabiendo que no es amada. Si esa persona es socialmente influyente,
sabe que quienes le hablan de amor desean su luz para proyectarse con ese
brillo. Y cuando le proponen una unión conyugal, casi siempre es para ganar
notoriedad en los medios, para divorciarse después, cuando nuevamente serán
objeto del sensacionalismo de los medios de comunicación.
Todo esto son trastornos
psicológicos del área sexual por ausencia de amor. ¡Examinemos el paisaje
afectivo de los grandes campeones del sexo y veremos cuán solitarios son!
Pero la vida es muy severa
cuando se la irrespeta.
Yo conocí a una actriz de
televisión en el esplendor de su gloria. Una joven hermosa que hacía
telenovelas, realmente atractiva, no solo en la pantalla, sino también como
persona. El medio en que vivió y las experiencias que tuvo ciertamente la
corrompieron. En poco tiempo, además de lo que ganaba como actriz en una
posición de gran destaque en todo el país, prefirió optar también por
relaciones extravagantes. En la misma época, conocí también a una familia muy
rica, en la que el hijo, bastante esnob, poseedor de una gran fortuna, se
permitía recibir desde Río de Janeiro y São Paulo vuelos especiales hacia su
hacienda para relacionarse con actrices de renombre nacional o internacional,
aquellas figuras más provocativas y famosas del mundo sexual. Para llevar a
cabo esas orgías, invitaba a amigos igualmente ociosos y atormentados.
En una de las ocasiones en
que estuve en su ciudad, su madre me dijo:
—Divaldo, ¡no sabes el
tormento en el que me encuentro!
Me relató el drama,
explicando que su hijo estaba recibiendo, entre otras personas, a esa actriz
específica a la que me refiero.
Pasaron algunos años… La
desesperación, la sed y la voracidad de esa joven, ciertamente vampirizada,
hicieron que ella indicara en los avisos y álbumes en los que se ofrecía para
ser elegida, la forma de pago que debían usar sus clientes. Llegó incluso a
señalar que aceptaba tarjetas de crédito.
¡Veamos cómo son los dramas
de la criatura humana!
Cuando leí el anuncio,
comencé a orar por ella. Me invadió una inmensa compasión, como si fuera mi
propia hija.
Poco después, contrajo el
VIH. Imaginemos las dificultades de una persona seropositiva en aquellos días
duros de los años 1980. Fue despedida de su trabajo, porque los demás actores
se negaban a realizar escenas románticas con ella, ya que creían que la saliva
del beso sería vehículo de contagio. También comenzó a ser excluida de los
grandes círculos sociales. Tiempo después, dio una entrevista con el corazón
desgarrado por la amargura. Porque ahora, ni pagando lograba conseguir un
compañero. Finalmente, se suicidó.
He orado por esa joven
durante más de diez años. En ese largo período, tuvimos un contacto psíquico, y
ella me contó su drama, su voluptuosidad, la alucinación que continuaba
atormentándola. Era portadora de un deseo sexual incontrolable, hoy clasificado
como compulsión sexual. Por lo tanto, insatisfecha y atormentada por un
trastorno psíquico, especialmente como consecuencia de los abortos practicados
en esa misma existencia, sus víctimas no la perdonaban. La llevaron al suicidio
y la estaban explotando en el mundo espiritual.
Cuando encontramos a una
persona bella, atractiva y disputada por muchos, estamos lejos de conocer los
conflictos de su mundo íntimo.
EL LIBRO ESPÍRITA Y LA FRATERNIDAD UNIVERSAL - ALIPIO GONZÁLEZ HERNÁNDEZ (Q.E.P.D.)
Conferencia dictada por Alipio González Hernández, en el marco del VII Congreso Espírita Colombiano, realizado en la ciudad de Santa Marta...
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Allan Kardec obtuvo de los Espíritus Superiores, en respuesta a la pregunta 95 de El Libro de los Espíritus, la siguiente revelación:...
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Como es comprensible, la planificación para las reencarnaciones es casi infinita, y obedece a criterios que se derivan de las conquistas...
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Sí, treinta y tres años después, ofrezco un tributo de gratitud a la gloriosa Doctrina Espírita que, despertando conciencias y santificando ...




