domingo, 27 de septiembre de 2026

ANÁLISIS SOBRE LOS ESPIRITISTAS


En un diálogo establecido por el espíritu Manuel Philomeno de Miranda y Dilermando, en el libro “Sexo y Obsesión”, se generan una serie de reflexiones acerca de los militantes del Movimiento Espírita y sus actitudes:

 

… Pienso de manera segura - me informó el amigo – que innumerables Espíritas actuales son muchos de los cristianos de ayer que se enmarañaron en los troncos del desequilibrio y de la malversación de los valores morales. Convidados al cristianismo a través de los tiempos, se dejaron consumir por las perplejidades y desórdenes emocionales, resultantes de los instintos y del estado de primitivismo en que aún se encontraban.

 

Asumieron compromisos con el Mensaje de Jesús y en vez de utilizarlo para dignificar a las criaturas, lo tomaron como mecanismos de autopromoción y de victoria sobre los otros, creando situaciones muy embarazosas para sí mismos. Muchos buscaron los monasterios, conventos y el sacerdocio para mejor servir y atormentados, establecieron criterios infelices y leyes arbitrarias para usurpar el poder temporal, que dejaron cuando el cuerpo sucumbió. Asumieron Parroquias y Órdenes, Instituciones y Entidades en las cuales se consideraban inalcanzables, pero la muerte no los eximió, arrebatándolos, ilusionados y enfermos, para posteriormente despertar en el mundo espiritual en estado lamentable… Por exceso de amor de Jesús, volvieron al cuerpo, con la oportunidad de reencontrar el Mensaje que defraudaron, ahora renovador y lógico, a fin de recuperarse de los gravámenes y servir con abnegación, consiguiendo la paz que habían despreciado.

 

“Aún equivocados, viviendo bajo el influjo de las memorias del pasado, tras el deslumbramiento inicial con la lección Espírita que buscaron asimilar, vienen intentando repetir los mismos descalabros del pretérito, encarcelándolo en fórmulas y en métodos personales, a fin de mantenerse por encima de los demás o tornarse intolerantes, exigentes, críticos contumaces unos con los otros, convirtiendo, las Sociedades Espíritas que dirigen, en verdaderos y arbitrarios dueños de las instituciones, que pretenden sobreponer a las demás, como ocurrió en las antiguas Parroquias donde se comprometieron…

 

“Inevitablemente, aquellos que fueron sus víctimas y que no los perdonaron, los inspiran a la repetición de la insensatez, intentan apartarlos del culto del deber y cuando son abnegados, insistiendo en el buen proceder y en la liberación con fidelidad de los compromisos, los atacan, los persiguen, procuran obsesarlos, generando un clima insostenible a su alrededor”.

 

Se aquietó un poco, volvió a pasar la mirada por la sala donde ya se encontraban algunos invitados del hermano Anacleto y prosiguió:

 

“No me cabe hacer un juzgamiento peyorativo o despreciativo, sino un análisis alrededor de lo que yo vengo observando en determinados entornos del Movimiento Espírita, cuando algunos amigos que deberían pautar la conducta por medio de la cordura y la bondad, por la devoción y la fraternidad, se apartan de esas directrices para convertirse en verdaderos déspotas con relación a aquellos que exigen que se les sometan u opinan con énfasis de dueños de la verdad, exigiendo siempre derechos y licencias que niegan a los demás. Son intolerantes en exceso, acusadores despiadados, maledicentes contumaces y viven siempre atormentados por el mal humor, en ese estado emocional, no obstante, divulgando la Doctrina de la felicidad y de la alegría de vivir. Es paradójico que se comporten así”.


“Por lo tanto, no es de extrañar que estén siempre asesorados espiritualmente por Entidades vulgares – puesto que se niegan al confort de la oración, que consideran un elemento dispensable – perversas unas y vengadoras otras, con las cuales sintonizan – ya que no participan de las actividades mediúmnicas, que consideran superadas y cuando lo hacen aún están buscando lo que denominan como hecho del laboratorio – tornándose títeres de sus maniobras infelices.

 

“Normalmente me compadezco de esos compañeros que permanecen equivocados, divulgando las noticias del Mundo espiritual en el que parecen no creer, ya que se comportan de manera inadecuada con relación a la inmortalidad del alma y de la justicia de las reencarnaciones. Es como si ignorasen que habrán de despertar con el patrimonio acumulado y las conquistas realizadas, sin poder portarse a la presencia de la conciencia que, para ese entonces ya despierta, presentará los hechos de manera vigorosa, exigiendo reparación, imposible en ese momento, abriendo espacio para la conciencia de culpa, suplicando el retorno a la Tierra inmediatamente, lo que ya no será tan fácil de conseguir… Invariablemente oro por esos amigos y compañeros, intentando, muchas veces, despertarlos hacia la realidad que él Espiritismo les presenta e invitándolos a la renovación íntima, a la humildad, a la caridad, a la misericordia con relación a su prójimo. La desencarnación de esos hermanos es siempre dolorosa, porque, en muchas ocasiones, se dan cuenta de lo ocurrido y desearían cambiar y ya no hay más tiempo para conseguirlo.

 

“¿Qué te parece?”

 

Invitado directamente al asunto, no dude en concordar con el pensamiento del querido amigo, diciéndole:

 

No hace mucho, publicamos un libro abordando un tema equivalente, en torno de la desencarnación de algunos Espíritas que no estaban preparados para el retorno.

 

“El conocimiento del Espiritismo aumenta la responsabilidad del individuo, porque les da los instrumentos hábiles para la transformación íntima para su mejoramiento, demostrándole la continuidad de la vida después de la muerte física y los resultados que surgen de la conducta mantenida antes de la desencarnación. De esa manera, la Doctrina tiene por meta liberar al ser humano de la ignorancia y del mal, abriendo espacios para la instalación del bien y del conocimiento que trae felicidad, al tiempo que impulsa a la acción dignificante, por medio de la cual es posible la paz con la propia conciencia. No basta saber, es imprescindible aplicar de manera útil el conocimiento que pueda auxiliar al progreso propio, así como el de la sociedad.

 

Reflexioné un instante, terminando mis ideas y continué:

 

También pienso que la mayoría de nosotros, los Espíritas encarnados o desencarnados, transitamos tanto por la Iglesia de Roma como por aquellas que se originaron en la Reforma Luterana, en las cuales deberíamos realzar el mensaje de Jesús y actuamos de forma totalmente contraria. Valiéndonos de la expansión de la fe católica, así como de la protestante, para imponer nuestras pasiones personales y perseguir a aquellos que tenían el derecho y la libertad de pensar diferente, acusándolos de herejes o de adversarios de la fe, solamente para conseguir más poder, que el túmulo consumió. Un gran número de espíritus, por lo contrario, allí encontraron la oportunidad de crecimiento y de iluminación, dejando marcas sublimes en la Historia, viviendo incomparables lecciones de belleza, renunciamiento y amor, con lo que conquistaron a la Humanidad. Aquellos que cayeron en los delitos, fueron víctimas de sí mismos, de sus arbitrarias posturas y falacias que los enmarañaron en el despotismo y la locura que proyectaron para su futuro espiritual efectos dolorosos que hoy lloramos y sufrimos, a pesar de desear realmente servir y armonizar.


“Creo también, que los compañeros más empedernidos y exigentes, aún están engañados cuanto, a la función del Espiritismo, que tiene por meta prioritaria iluminar a aquellos que adhieren a sus propuestas, antes de cuidar de salvar a los otros, son fracasados religiosos que se destacaron en la Curia o en la parroquia, en el templo de la fe que dirigían y retornan con la ilusión de que aún se encuentran dominando a las mismas. Solamente el tiempo, ese trabajador infatigable, los despertará bajo los golpes del sufrimiento purificador que a todos nos alcanza.

 

“Todos ellos nos merecen el mejor cariño y respeto, y por eso lamentamos el hecho de que no estén beneficiando realmente con la Doctrina Espírita, que es el Sol de la Nueva Era. Bienaventurado, por tanto, todo aquel que, tomando el arado no mira hacia atrás, conforme a la enseñanza del Maestro. Envolvamos a todos, en paz y confianza en Dios, aguardando el momento de despertar de cada uno, cual ocurrió con nosotros mismos, que ahora estamos conscientes de las responsabilidades que abrazamos en el lúcido aprovechamiento del tiempo que urge…”.

 

En el silencio, que se hizo de forma natural, comencé a repasar mentalmente la reciente experiencia terrestre, cuando militando en el Movimiento Espírita, pude evidenciar las observaciones presentadas por el querido Dilermando. Aquellos eran días heroicos, que denominó como los días de las catacumbas, cuando la adopción de la Doctrina constituía un verdadero desafío a las llamadas reglas de la sociedad, debiéndose pagar un alto precio de renunciamiento, de silencio, de abnegación… Aún en aquellos días ya distantes, que éramos un número reducido, en vez de una legítima unión predominaba entre nosotros la cizaña destructora y peligrosa, las sospechas y acusaciones infundadas, exigiendo serenidad y amor con relación a los hermanos invigilantes. Ese gravamen que el ser humano paga por el honor de abrazar ideales de ennoblecimiento y de dignificación espiritual.

 

Si, hoy cambiaron los tiempos, bajo un aspecto, ya no se está sufriendo la pública discriminación y la persecución os perciba, cuando se abraza el Espiritismo, no obstante, prosiguen los mismos desafíos y se torna indispensable la contribución del testimonio, de la fidelidad, por parte de aquellos que, tocados por el Espíritu del Cristo y fascinados por el mensaje Espírita, adoptan la fe racional y pura que los conmueve y arrebata. Durante mucho tiempo, aún serán necesarios los ejemplos de coraje y de abnegación en todos los segmentos sociales y áreas del pensamiento, por parte de los héroes y de los idealistas, para que los mensajes nobles se implanten en los corazones humanos y transformen a la sociedad que necesita de una directriz y de seguridad para alcanzar el objetivo de la armonía y del equilibrio, de la justicia y de la paz.

 

Tomado del libro “Sexo y Obsesión”, dictado por el espíritu Manuel Philomeno de Miranda, psicografiado por Divaldo Pereira Franco. Capítulo 24 página 302 a 308. Editorial LEAL. 2006.

 


martes, 1 de septiembre de 2026

EL HOMBRE DE BIEN ANTE EL ASEDIO DE LAS FUERZAS ESPIRITUALES DEL MAL

 

 

Oscar Cervantes Velásquez

Santa Marta – Colombia

01/19/2026

El tema que pretendemos analizar representa uno de los mayores escollos que el hombre encarnado en la Tierra enfrenta, no porque este incapacitado para hacerse fuerte ante las insinuaciones del mal que subyace en él, sino por la falta de vigilancia en sus pensamientos que terminan sintonizando con aquellos infelices que, desde el mundo espiritual, asedian al hombre en busca de complacencias que ya no pueden saciar, ante la incapacidad material de su esencia.

Tendríamos que preguntarnos ¿qué fuerzas nos asedian? y, ¿por qué buscan desviarnos del camino recto que hemos asumido en el proceso de transformación interior?

Profundizar en el problema del mal desde la perspectiva espírita, nos lleva a revisar conceptos propuestos por el Espiritismo y que se encuentran en sus obras fundamentales. El Libro de los Espíritus en la Introducción al estudio de la Doctrina Espírita, Allan Kardec plantea que los Espíritus pertenecen a diferentes clases, más “los de los rangos inferiores son propensos a la mayoría de nuestras pasiones: odio y envidia, celos y orgullo, etcétera. Éstos se complacen en el mal. Entre ellos los hay asimismo que no son ni muy buenos ni muy malos: más revoltosos y embrollones que ruines; la malicia y las inconsecuencias parece ser su dote. Son los duendes, Espíritus traviesos o frívolos[1]”. En ellos encontramos a aquellos seres que buscan desviar del camino recto a quienes forjan una vida de devoción y entrega a la causa del Cristo, pues “se caracterizan por la ignorancia, el deseo del mal y todas las malas pasiones que retrasan su desarrollo[2]”.

Hace ya algunos años, tuvimos la ocasión de traducir del portugués al español un artículo intitulado: “Zoantropía[3] ataca a aquellos dedicados al bien” de la autoría de María Magdalena Neufal[4] en el cual asegura que: “Las fuerzas malévolas siempre atacan a aquellos que sirven al bien. Siendo así, no es raro encontrar en la vida de los llamados santos, fenómenos de zoantropía”. En el mismo artículo, la autora nos recuerda la historia bíblica que se encuentra en Daniel (4:25 a 34), donde “El Rey Nabucodonosor, de Babilonia, vivió como animal durante siete años, al fin de los cuales recobró el juicio, el reino y la figura humana, glorificando a Dios y su justicia”.

Más no podemos justificarnos bajo la premisa que los Espíritus inferiores nos acechan y nos hacen caer en tentación, pues de esa manera estaríamos evadiendo la responsabilidad que nos compete en el buen o mal uso del libre albedrío que hemos conquistado; más bien, debemos centrar nuestra atención en el verdadero campo de batalla donde la mente, los sentimientos y la voluntad juegan papel fundamental para que esa perniciosa influencia encuentre afinidad en nuestros vicios identificándose con nuestras falencias morales para que se establezca la sintonía espiritual.

La autora espírita Rosalba D´Atri en su artículo “Las influencias espirituales”, asegura que “los diversos matices que tienen estas influencias, es otra dificultad que se presenta, pues no siempre estamos preparados para descubrirlas.

A lo largo del día, en las actividades dentro del hogar, en los lugares de trabajo o en las realizaciones comunitarias, adoptamos una serie de conductas que tienden a disculpar, explicar o justificar actitudes que nos pertenecen: mal humor, impaciencia, falta de tolerancia e incomprensión, que se manifiestan de distintas formas; y es muy común achacar estos arrebatos a situaciones tales como, el estado de humor de la familia o desperfectos mecánicos que hemos sufrido, situaciones difíciles con compañeros de trabajo o superiores jerárquicos, el tiempo, etc., como factores que pueden llegar a determinar nuestros procederes.

Analizando seriamente las excusas que damos, frente a una irritación descontrolada, a una respuesta destemplada o a una actitud fuera tono, debemos aceptar que en casi todos los casos pudimos controlarnos y no lo hicimos, ya sea por comodidad, por dejar hacer o porque “somos así”, “es mi forma de ser”, que es la disculpa más común que esgrimimos en nuestro favor.

Y termina asegurando que “mientras no lleguemos a controlar la envidia, los celos, los rencores, la intolerancia, el egoísmo y el orgullo, vamos a estar supeditados a las influencias espirituales negativas[5]”.

Múltiples veces hemos asegurado en charlas y conversaciones, acerca de la invigilancia mental en la que muchos caemos ante el olvido de la recomendación del Maestro Jesús “Orad y vigilad para que no caigáis en tentación”, dejando ventanas y puertas interiores abiertas a la influencia perniciosa las cuales se traducen en vicios morales y tendencias inferiores que nos caracterizan, socavando las bases morales que nos ha costado construir debilitando de esta manera al hombre de bien en ciernes y que acorde a las enseñanzas que nos propicia El Evangelio según el Espiritismo se caracteriza porque “practica la ley de justicia, amor y caridad en su mayor pureza”, minando así el deseo de convertirse en un ser moralmente renovado.

Y cuando la invigilancia se agudiza, surge la obsesión, profundizando la influencia espiritual en el encarnado; para Juana de Ángelis “es incontrolable el número de los perseguidos por Espíritus desencarnados en nuestros días. La inmensa masa de obsesos que tienen sus mentes y cuerpos violados por fluidos perturbadores yace quebrantada por una hipnosis segura que la domina, o es azuzada por una inducción criminal, que la desorganiza y alucina[6]”.

Sin embargo, es importante diferenciar entre la influencia espiritual y la obsesión la cual está principalmente en el grado, la persistencia y la capacidad de interferencia que los Espíritus ejercen sobre el pensamiento y la voluntad de la persona. Recordemos la enseñanza de los Espíritus Superiores contenida en El Libro de los Espíritus donde plantean que “los Espíritus influyen en nuestros pensamientos y actos mucho más de lo que imaginamos”. De ello podemos inferir, por ejemplo, que una persona puede experimentar repentinamente un pensamiento de irritación, tristeza, miedo o incluso una buena inspiración. Desde la perspectiva espírita, podría existir una influencia espiritual detrás de ello, pero la persona conserva la posibilidad de aceptar, rechazar o transformar ese pensamiento. Entonces, la influencia es parte de la interacción espiritual ordinaria, mientras que la obsesión representa un grado patológico de esa influencia.

Inmersa la humanidad en una guerra espiritual de gran trascendencia para su futuro como Espíritu, debemos recurrir a las armas del hombre de bien: oración, vigilancia, estudio, caridad, perdón y reforma íntima.

El hombre de bien no necesita vivir atemorizado ante las fuerzas espirituales que todavía se encuentran vinculadas al mal. Debe, sí, permanecer vigilante. No porque se encuentre indefenso, sino porque conoce sus propias imperfecciones y sabe que toda debilidad cultivada puede convertirse en una puerta de entrada para la influencia de los Espíritus inferiores.

Su defensa no está en el miedo, sino en la conciencia; no está en el enfrentamiento, sino en la elevación; no está en devolver el mal, sino en perseverar en el bien.

Cuando el pensamiento se ilumina, el sentimiento se ennoblece y la voluntad se fortalece, la sintonía con las sombras comienza a desaparecer. Y entonces comprendemos que la mayor victoria espiritual no consiste en derrotar a quienes todavía practican el mal, sino en impedir que el mal encuentre morada dentro de nosotros.



[1] El Libro de los Espíritus – Editora 18 de abril.

[2] El Libro de los Espíritu, pregunta 97. Editora 18 de abril.

[3] La zoantropía es una especie de perturbación de carácter mental, en la que la persona se imagina convertida en un animal. A nivel espiritual, existe una transformación periespiritual profunda generando una estrecha compenetración entre el Espíritu desencarnado y la forma animal con la que se identifica.

[4] https://ceefasis.jimdofree.com/art%C3%ADculos/zoantrop%C3%ADa-ataca-a-aquellos-dedicados-al-bien/

[6] Deudas y rescates, Espíritu Juana de Angelis y psicografía de Divaldo Pereira Franco. En el Borde del Infinito, pág. 123, Instituto de Difusión Espírita, IDE.


lunes, 10 de agosto de 2026

EL LIBRO ESPÍRITA Y LA FRATERNIDAD UNIVERSAL - ALIPIO GONZÁLEZ HERNÁNDEZ (Q.E.P.D.)

 


Conferencia dictada por Alipio González Hernández, en el marco del VII Congreso Espírita Colombiano, realizado en la ciudad de Santa Marta los días 9, 10, y 11 de abril de 1998.

jueves, 6 de agosto de 2026

¿PUEDE EL PERIESPÍRITU GENERAR ENFERMEDADES?

 

 Tomado del libro: "Periespíritu: lo que los Espíritus dijeron"

Geziel Andrade

Allan Kardec dejó claro cómo el periespíritu puede originar enfermedades en el cuerpo material al publicar, en la Revista Espírita de febrero de 1867, las siguientes revelaciones, hechas espontáneamente por el Espíritu Morel Lavallée, a través del médium Desliens:

"El hombre está compuesto de tres principios esenciales: el Espíritu, el periespíritu y el cuerpo".

"Estos tres principios deben reaccionar unos sobre otros, y de ello resultará la salud o la enfermedad, según exista entre ellos armonía perfecta o desacuerdo parcial".

"Si la enfermedad o el desorden orgánico procede del cuerpo, los medicamentos materiales, sabiamente empleados, bastarán para restablecer la armonía general".

"Si la perturbación viene del periespíritu, en caso de tratarse de una modificación del principio fluídico que se encuentra alterado, será necesaria una modificación relacionada con la naturaleza del órgano perturbado, para que las funciones puedan retomar su estado normal".

"Si la enfermedad procede del Espíritu, no se podrá emplear, para combatirla, otra cosa que no sea una medicación espiritual".

"Si la enfermedad procede del cuerpo, del periespíritu y del Espíritu, será necesario que la medicación combata simultáneamente todas las causas del desorden por medios diversos, para obtener la curación".

"Siendo el periespíritu un principio superior a la materia propiamente dicha, podrá convertirse en causa con relación a esta. Y si el periespíritu se encuentra obstaculizado, los órganos materiales que están en relación con él serán igualmente afectados en su vitalidad".

"Cuidando el cuerpo, destruiréis el efecto; pero al residir la causa en el periespíritu, la enfermedad volverá nuevamente cuando cesen los cuidados, hasta que se comprenda que es preciso dirigir la atención hacia otra parte, tratando fluídicamente el principio fluídico mórbido".

"Si, finalmente, la enfermedad procede del Espíritu, el periespíritu y el cuerpo, puestos bajo su dependencia, quedarán obstaculizados en sus funciones, y no será cuidando de uno ni del otro como se hará desaparecer la causa".

De esta manera quedó explicado cómo el periespíritu puede generar enfermedades en el cuerpo material, pudiendo ser tratadas con los recursos fluídicos denominados popularmente imposición de manos o pases.

Pero la causa también puede estar en el Espíritu enfermo, que debe ser tratado con los recursos morales de la mejora íntima, la oración, la paciencia, la calma y la resignación.

Allan Kardec, en el artículo "Atmósfera Espiritual", publicado en la Revista Espírita de mayo de 1867, destacó, de una forma muy precisa, cómo los fluidos periespirituales pueden ejercer influencias saludables o enfermizas sobre el cuerpo material:

"Se sabe que los fluidos que emanan de los Espíritus son más o menos saludables, según su grado de depuración. Se conoce su poder curativo en ciertos casos y, también, sus efectos mórbidos de individuo a individuo. Ahora bien, desde que el aire puede ser saturado de esos fluidos, ¿no es evidente que, según la naturaleza de los Espíritus que abundan en determinado lugar, el aire ambiente se encuentre cargado de elementos saludables o malsanos, que deben ejercer influencias sobre la salud física, así como sobre la salud moral?".

"Un principio perfectamente constatado por todo espiritista es que las cualidades del fluido periespiritual están en razón directa de las cualidades del Espíritu encarnado o desencarnado; cuanto más elevados sean sus sentimientos y más desprendidos de las influencias de la materia, más depurado será su fluido. Según los pensamientos que lo dominan, el encarnado irradia fluidos impregnados de esos mismos pensamientos, que lo vician o lo sanean".

"En una asamblea en la que cada uno solo trajera sentimientos de bondad, de caridad, de humildad, de devoción desinteresada, de benevolencia y de amor al prójimo, el aire estaría impregnado de emanaciones saludables, en medio de las cuales se siente vivir con mayor bienestar".

"Ahora bien, si consideramos que los pensamientos atraen pensamientos de la misma naturaleza, que los fluidos atraen fluidos similares, comprenderemos que cada individuo trae consigo una comitiva de Espíritus simpáticos, buenos o malos, y que, por eso, el aire está saturado de fluidos en relación con los pensamientos que predominan".

Además, Allan Kardec, en el artículo "Ensayo Teórico de las Curaciones Instantáneas", publicado en la misma Revista, edición de marzo de 1868, explicó:

"Las cualidades del fluido curador, verdadero agente terapéutico, varían según el temperamento físico y moral de los individuos que lo transmiten. Hay fluidos que sobreexcitan, otros que calman; fluidos fuertes, fluidos suaves y de muchos otros matices".

"Hay gran número de enfermedades cuyo origen se debe a los fluidos perniciosos de los cuales está penetrado el organismo. Para obtener la curación, no son moléculas deterioradas las que deben ser sustituidas, sino un cuerpo extraño que debe ser expulsado; desaparecida la causa del mal, el equilibrio se restablece y las funciones retoman su curso".

"La medicación ordinaria es inoperante en todas las enfermedades causadas por fluidos viciados, y ellas son numerosas. La materia puede oponerse a la materia, pero a un fluido malo hay que oponerle un fluido bueno y más poderoso".

De esta manera, el Espiritismo nos orienta acerca del origen de muchas enfermedades y, principalmente, nos enseña a mantener una atmósfera fluídica saludable, a través del equilibrio emocional y de los buenos sentimientos y pensamientos. Estos influyen en la composición fluídica del periespíritu y atraen la presencia de los buenos Espíritus, que ejercen influencias saludables sobre nosotros.


jueves, 30 de julio de 2026

CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor:

He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de mi silencio, no podéis dudar del gran interés que tengo en vuestra situación, motivado, sobre todo, por los excelentes sentimientos de que estáis animado y en los cuales, gracias a la nueva luz que se ha hecho en vos, no dudo que persistiréis.

Continuad, pues, ilustrándoos tanto como vuestra posición lo permita, y encontraréis en esta santa doctrina y en los consejos de vuestros guías espirituales las fuerzas necesarias para resistir a las malas inclinaciones; y la expiación terrestre, aceptada por vos con resignación cristiana, os librará de pruebas de otro modo muy penosas que tendríais que sufrir sin un retorno sincero a Dios.

Pensad que nunca es demasiado tarde para volver al bien y que Dios acepta todos los arrepentimientos que nacen del corazón. Él recibe con alegría a la oveja descarriada que entra en el redil, y esto es siempre motivo de fiesta entre los Espíritus. Perseverad, pues, y cuando dejéis la Tierra para entrar en vuestra verdadera patria, los encontraréis a vuestra llegada dichosos de poderos extender los brazos.

¡Oh! ¡De qué alegría seréis embargado cuando hayáis salido del abismo en el que unos pocos pasos más habrían podido precipitaros durante mucho tiempo, por siglos tal vez! Mirad hacia atrás, y vuestra vida pasada no os parecerá más que un mal sueño. ¡Cuánto agradeceréis entonces a Dios el haberos enviado buenos Espíritus para ilustraros y sosteneros!

Ya es algo no practicar más el mal y arrepentirse de lo que se ha hecho; pero, para borrarlo por completo, es preciso hacer el bien. Ahora bien, cada alma que hayáis ayudado a entrar en el buen camino os será contada y añadirá algo a vuestra porción de felicidad futura, porque os pagará en gratitud el servicio que le hayáis prestado.

Aquel que está siempre dispuesto a ayudaros con sus consejos,

 

Allan Kardec


Esta correspondencia fue publicada por la revista Reformador en 1914, páginas 170 y 171. Traductor desconocido.

Agradecimiento: Nuestro sincero agradecimiento a la bibliotecaria Ana Prado por el envío de este material.

Otras obras consultadas: Barrera, Florentino. Resumen Analítico de las obras de Allan Kardec. Madras, 2003, página 175.

Publicado por: Historia del Espiritismo.

 


miércoles, 22 de julio de 2026

LA MESA Y EL PAN

 


Tomado del libro: "Mediumnidad"

Kardec explicó el problema de la mesa en las sesiones espíritas con su habitual naturalidad: es el mueble más cómodo para sentarnos alrededor de él. Apartaba así cualquier resquicio de misticismo y magia, de rito y sacramento en el acto mediúmnico. Sin embargo, hay quienes consideran ese acto puramente místico y mágico, recordando la evocación y la oración. No nos sentamos alrededor de la mesa únicamente para conversar o escribir, sino también para alimentarnos. La alimentación que tomamos en la mesa espírita no es material, sino espiritual. La evocación no es un rito, sino una invitación. Antes de sentarse a la mesa las invitaciones ya fueron hechas, pues basta con pensar en un Espíritu para evocarlos. Ellos atienden o no nuestras invitaciones, pues son libres y no están sometidos a ningún poder humano. Mas el pan que ponemos sobre la mesa es el pan espiritual de la oración, que será partido y servido en el momento del adoctrinamiento. 

Nos cuenta el Evangelio de Lucas el episodio conmovedor de los discípulos camino a Emaús. Después de la resurrección de Jesús, Cleofás y un compañero seguían, al atardecer, hacia esa aldea, apartándose del escenario angustiado de Jerusalén. Un extraño los alcanzó y acompañó, conversando sobre la muerte y resurrección de Jesús. Se detuvieron en una posada para alimentarse. Se sentaron a la mesa con aquel extraño. Pero en el momento en que él partió el pan, los discípulos lo reconocieron: era el Maestro resucitado. Pero inmediatamente el Señor desapareció y en la mesa sólo estaban los dos. Es fácil imaginarse el asombro de los discípulos. El vacío de la mesa y el silencio del anochecer, que ya comenzaba, deben haberles parecido más llenos de rumores y alegrías que las mesas de los banquetes festivos del mundo.

Y eso es lo que precisamente sucede en las mesas simples, sin artilugios, de una verdadera sesión mediúmnica. El color del mantel poco importa. El color blanco no interesa en el acto mediúmnico más que el rojo o el marrón. La pureza exigida es sólo la de las intenciones. Los invitados están alrededor y no son conocidos. Surgen en el camino, en la penumbra del crepúsculo, como extraños. Pero en el momento de partir el pan ellos se manifiestan. Hecha la oración sencilla de la apertura de los trabajos podemos ver, por la forma en que parten el pan, que son ellos. Iniciamos entonces la conversación necesaria y luego ellos desaparecen, así como aparecieron, retornando a lo invisible, en el seno de la noche.

¿Cómo pueden los cristianos de todas las denominaciones censurar ese banquete sencillo y atribuirlo a influencias diabólicas? ¿Cómo pueden decir que todo eso no pasa de ser una ilusión, locura o mistificación? ¿Nunca leyeron, ni por casualidad, el tema sobre los dones espirituales en la I Epístola de Pablo a los Corintios? ¿No vieron que el apóstol confirma el simbolismo conmovedor del camino a Emaús, relatando las sesiones mediúmnicas de la era apostólica? Y, ¿cómo pueden algunos espíritas quebrar la armonía de esas reuniones espirituales con aparatos inútiles e innecesarios, con la introducción de sistemas pretensiosos en las sesiones mediúmnicas? Si queremos deformar y ridiculizar la práctica espírita, basta con exigir el mantel blanco en la mesa, vestir a los médiums con vestidos blancos y rituales, obligarlos a hacer una corriente de manos y otras tonterías por el estilo. Es lo que hacen los espíritus mistificadores, a través de los dirigentes supersticiosos e ingenuos.

Para comer el pan de la verdad sólo necesitamos de los dientes del buen sentido. Por eso el comensal del hostal de Emaús simplemente desapareció después de partir el pan. Todas las técnicas inventadas por hombres vanidosos, de disciplinas rígidas a la hora de la sesión, de palabras mágicas y gestos misteriosos, no pasan de ser maleza en la cosecha. La práctica espírita debe ser racional y simple, pues toda la escenificación sólo sirve para estimular mistificaciones.

Hay personas que desean hacer sesiones a plena luz, por creer que la penumbra habitual da motivo a desconfianzas y representa una modalidad de formalismo. Pero la penumbra es necesaria para la buena concentración de los médiums y de los asistentes. La iluminación normal de la sala provoca distracciones, penetra los párpados y rompe el ambiente de recogimiento. Claro que no se debe hacer con oscuridad excesiva y mucho menos completa, pero la penumbra del ambiente no es un formalismo, es una exigencia natural de la concentración serena. Además de esas razones evidentes, conviene recordar que el exceso de luz ejerce influencia inhibitoria sobre los médiums y en la emanación fluídica del ectoplasma. En todas las reuniones mediúmnicas, el ectoplasma se libera para ayudar las ligaciones periespirituales entre médiums y espíritus. Tenemos que saber distinguir entre lo necesario y lo superfluo, entre lo conveniente y lo inconveniente, sin hacer concesiones a la ignorancia o la desconfianza de los que no entienden del asunto.

El problema de la concentración mental es también uno de los menos comprendidos. La concentración de los pensamientos en una reunión mediúmnica no corresponde a la concentración individual de una persona en un determinado problema a resolver o en un estudio a realizar. Se trata de una concentración colectiva de pensamientos volcados hacia un mismo objetivo. Cuando todos piensan en Dios o en Jesús, todos los pensamientos se concentran en una sola idea. La palabra concentración sugiere un esfuerzo mental continuo para mantener el pensamiento fijo en una imagen. Eso perjudicaría los trabajos mediúmnicos, creando un ambiente de tensión mental exhaustiva. No es tensión o esfuerzo lo que se necesita, sino de relajación y tranquilidad. Todos deben volcar su pensamiento hacia un objetivo superior, generalmente hacia Jesús (pues pensar en Dios es más difícil) y todos deben mantener la idea de Jesús en la mente, sin esfuerzo ni preocupación, como quien se acuerda de un amigo lejano. Ese estado mental de recordación no es el de la imagen o figura de Jesús, sino de su persona, de sus actos, de sus enseñanzas y de lo que él representa para nosotros, debe ser mantenido en el transcurso de la sesión. Cuando se nota que el pensamiento se desvía hacia otros rumbos, lo que es natural, se hace que retorne suavemente a la idea central. El ambiente de una sesión es mucho más favorable cuanto menos tensiones y preocupaciones existieran en la reunión. Las evocaciones mentales de los asistentes y médiums, solicitando la manifestación de seres queridos o de espíritus amigos son perjudiciales, pues rompen y agitan el ambiente mental de la sesión. Pensar en un espíritu es evocarlo, como enseña Kardec. Quien asiste a una sesión con la esperanza de recibir una comunicación de este o aquel espíritu, ya lo evocó. El atenderá si le fuera posible. Durante la sesión sólo se debe pensar en Jesús. Creándose en el ambiente un clima tranquilo y confiado, podemos esperar los mejores resultados. 

No hay reglas específicas y formales para la realización de las sesiones espíritas. Entre la oración de apertura y la de cierre se desarrollan las manifestaciones mediúmnicas, bajo la orientación y muchas veces la interferencia de los espíritus directores. El sistema autoritario, en el que el director determina a los médiums recibir las comunicaciones, una cada vez, proviene de la recomendación del Apóstol Pablo a la comunidad de Corinto. En las reuniones de Kardec, aún en las psicográficas, había amplia libertad, permitiendo las conversaciones entre espíritus comunicantes, a veces a través de varios médiums. Léon Denis usaba también de libertad en sus sesiones. Compete a los espíritus protectores determinar cuáles espíritus deben comunicarse y cuáles son los médiums en condiciones de recibirlos. El director humano de la sesión tiene la función de mantenerla en equilibrio y orientar el desarrollo de los trabajos e intervenir, cuando sea necesario, en el adoctrinamiento y en el reajuste de la concentración. Si hay muchos médiums en la mesa, hay naturalmente la posibilidad de atender a un número mayor de espíritus, a través de varios adoctrinadores. Lo que importa en el adoctrinamiento no es hablar mucho, sino hablar con propiedad y con amor, procurando alcanzar la consciencia y el sentimiento del espíritu. Cuando se aproxima el fin del horario destinado a la sesión, el director avisa, para que los médiums lo ayuden en el control de la reunión. Las comunicaciones de espíritus violentos, deseosos de perturbar los trabajos, exigen una actitud enérgica para ser refrenados y apartados. Energía serena, sin agresividad, pero con firmeza. No se debe olvidar que se trata de entidades sufrientes, necesitadas de amparo y orientación. No es la fuerza la que actúa contra el espíritu, ni la elevación de la voz, sino la intención de ayudarlo, el deseo sincero de hacerlo mejorar y tornarse nuestro compañero, porque esa disposición nos da la autoridad moral sobre los espíritus inferiores. Es importante que no falte en nuestra mesa espírita el pan de la oración y la luz del amor. Basta casi siempre una sola palabra de amor sincero para calmar al espíritu más violento. El amor brota de la comprensión humana, de nuestra capacidad de colocarnos en pensamiento en el lugar y en la situación de la criatura que se llenó de odio y violencia en existencias brutales en que el amor no floreció en su corazón.

Una sesión espírita es un acto de amor. No es una ceremonia destinada a la finalidad egoísta de librarnos de espíritus-parásitos, atraídos y alimentados por nosotros mismos, sino con el objetivo de llevar ayuda espiritual a los que padecen. El Espiritismo nos enseña, como enseñó Jesús, que todos somos hermanos y compañeros, creados por Dios para un mismo destino de trascendencia, de elevación espiritual. Ese es el pensamiento central de la comprensión espírita y necesitamos darle eficacia, traducirla en acción.

Tratamos aquí de la sesión mediúmnica común, no de la sesión específica de desobsesión. La sesión rutinaria de los Centros es la que se realiza todas las semanas, en días y horas fijas, disponiendo de una frecuencia regular. Hay quien discrepa de esos trabajos públicos, alegando las exigencias de Kardec en la Sociedad Parisiense, cuando no permitía la presencia en las sesiones de personas que no tuviesen algún conocimiento doctrinario. La medida de Kardec era justa y necesaria en una fase en que el Espiritismo nacía, bajo un clamor universal de protestas y amenazas. Hoy estamos a más de un siglo de esa fase y el Espiritismo sólo es combatido por personas sistemáticas o ignorantes. La mayoría absoluta de las personas que buscan las sesiones está necesitada, tratándose generalmente de médiums en franco desarrollo de sus facultades. Negarles acceso a las sesiones seria como negarle a un sediento acceso a una fuente. La mediúmnidad no se desarrolla por el acaso y mucho menos bajo el poder mágico de la vara de Moisés, que sacó agua de la roca. En general, el desarrollo mediúmnico comienza por diversas perturbaciones y no es raro, por procesos obsesivos. No se puede esperar que una persona en estado de alteración psíquica vaya primero a estudiar una doctrina a través de largos cursos para después someterse a los métodos de cura. Por eso, en las instituciones bien dirigidas las sesiones mediúmnicas normales no se restringen a la práctica mediúmnica. Los trabajos se inician con una lectura o lección evangélica, de El Evangelio según El Espiritismo. Seguidamente se hace una exposición doctrinaria que prepara a los frecuentadores para los trabajos prácticos. Los médiums en desarrollo reciben el mensaje evangélico y las enseñanzas doctrinarias en dosis apropiadas e, inmediatamente, participan del trabajo mediúmnico. Eso contribuye a una comprensión simultánea de la doctrina, de su naturaleza cristiana, de su moral evangélica y de las relaciones directas y necesarias de la teoría y práctica del Espiritismo. Las críticas a ese método se refieren a la extensión de las sesiones. Pero es evidente que la preparación de los temas permite reducir la parte oral a los límites necesarios. El aprovechamiento verificado en los Grupos y Centros que usan este método prueban su validez. En los centros que realizan varias sesiones por semana, la división de los temas puede ser hecha con más amplitud, en varias sesiones. Esto no impide que, además de ese proceso sinérgico o gestáltico, en que el iniciante adquiere desde luego una visión global de la doctrina y de su práctica, el Centro mantenga, en cuanto sea posible, un curso especial doctrinario en otro día y horario.

Si es posible, sería conveniente intercalar los pases entre la parte evangélica y la doctrinaria. Si eso prolonga demasiado la sesión, se puede establecer una sesión especial para los pases, iniciando siempre con una exposición sobre el asunto.

La ventaja de hacer todo en secuencia, en una sola sesión, es la de dar al que se inicia, en dosis apropiadas y en una secuencia natural de tiempo, la práctica y comprensión de la unidad del problema espírita. Esa comprensión, infelizmente, falta hasta en los veteranos del trabajo espírita, debido a la dispersión e incluso a la restricción de las prácticas tradicionales de un aspecto de la doctrina. Claro que el problema de desobsesión en casos graves no puede ser tratado en sesiones de esa naturaleza. Para eso, los Centros bien orientados disponen de sesiones especiales, privadas, con médiums y adoctrinadores capacitados, y siempre que sea posible, con la participación de médicos espíritas conocidos por su desinterés profesional en casos de orden doctrinario. Colocamos estas situaciones teniendo en cuenta nuestra experiencia y de conjunto, observadas atentamente a través de los años de trabajo y estudio incesante. Cuando el sistema es bien aplicado, contando con elementos humanos dedicados, los resultados son siempre sorprendentes. No se trata de una innovación, sino la de una conjugación de prácticas tradicionales que, reunidas y articuladas, producen más y mejor.

En lo referente a la mediúmnidad es necesario el más riguroso criterio kardecista, basado en los libros específicos de Kardec: Instrucciones Prácticas sobre las Manifestaciones Espíritas y El Libro de los Médiums. Esa es la base necesaria e insustituible del estudio y enseñanza de la mediúmnidad. Libros como En lo Invisible, de Léon Denis, y los libros de orientación mediúmnica de Emmanuel y André Luiz pueden también ser usados como subsidiarios, pero jamás colocados como obras básicas de la doctrina. Sin ese criterio, muchos Centros y Grupos, y hasta grandes instituciones, caerían en un plano de misticismo iglesiero y de autoritarismo sacerdotal que desfiguran y ridiculizan el Espiritismo. Precisamos comprender que lidiamos con una doctrina revolucionaria, que debe modificar la rutina espiritual de la Tierra, abriendo las perspectivas de una nueva concepción del Espíritu. Sin eso, nuestra mesa sólo tendrá pan mustio y envejecido.

 

Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez

jueves, 2 de julio de 2026

EMANCIPACIÓN DEL ALMA – EL SUEÑO Y LOS SUEÑOS


Tomado del libro: Curso de Educación Mediúmnica, primer año.
Federación Espírita del Estado de Sao Paulo

La ciencia humana aún no sabe cuál es el poder que entorpece la mente durante el sueño, ni mucho menos, las leyes que lo regulan. Sabe, sin embargo, que existe una actividad mental, y que a través del sueño el cuerpo rehace sus energías.

Según la Doctrina Espírita, durante el sueño “la vida del cuerpo cede lugar a la vida del alma” (LE, 413). El sueño es por eso:

a) Usado, indistintamente, como recurso para rehacer las energías;

b) Una forma utilizada por el Espíritu para retornar, momentáneamente, al plano extrafísico, mientras el cuerpo reposa;

c) La puerta que Dios abrió para el contacto con la esfera espiritual, o para el recreo después del trabajo, pues mientras el hombre duerme, su Espíritu despierta;

d) Una especie de vaso comunicante entre las dos esferas, por medio de la cual los encarnados están siempre en relación con los desencarnados, y es eso lo que hace que los Espíritus Superiores consientan, sin demasiada repulsa, en encarnarse (LE, 400 a 418).

El sueño, según Spencer y Bozzano (1), marca en el hombre el origen sensorial de la creencia en la sobrevivencia, cuando el salvaje se siente libre del cuerpo y en lugares diversos y, además, cuando a través de los sueños premonitorios percibe con anterioridad un acontecimiento futuro.

Según concepciones antiguas, los sueños muchas veces fueron considerados como visiones proféticas y reveladoras del futuro por los cuales los hombres entraban en relación con los dioses o demonios. Otras veces, se perdían en diferentes interpretaciones ligadas a supersticiones, creencias, astrología, numerología, etc.

La simbología de los sueños deviene de la imaginación y de la ignorancia de los hombres sobre las causas determinantes de los sueños. Aún hoy, existe mucha gente que es engañada porque se complacen con estas veleidades en la búsqueda de la riqueza fácil, de honras y pasiones, tornándose en juguete en manos de personas insensatas o espíritus livianos, burlones y obsesores.

Para los psicoanalistas, todo lo que existe en el mundo mental proviene de la experiencia de una vida única. Todo permanece en la memoria. Lo que está en el inconsciente, aflora en los sueños, que es una manifestación instintiva o mecanismo que trae ese contenido al recuerdo.

Los sueños son vistos como una válvula de compensación de las frustraciones diarias y la actividad onírica siempre es vista como una profilaxis de la mente, o sea, un mecanismo para limpiar las redes nerviosas del cerebro.

Los patrones que aparecen en los sueños no son muchos; sin embargo, reflejan preocupaciones básicas de cada persona como el nacimiento, la muerte, sexo, posesión y pérdida, siendo prácticamente imposible interpretarlos de forma padronizada.

Según la Doctrina Espírita, los sueños son un estado de emancipación del alma como la catalepsia, la letargia y el sonambulismo. Son recuerdos de experiencias que el Espíritu vive mientras está emancipado del cuerpo (LE, 402). Además, dicen los Espíritus en este mismo ítem: “Pero notad que no en todos los casos soñáis, porque no os acordáis siempre de lo que habéis visto o de todo lo que visteis. El recuerdo no os muestra el alma en todo su desarrollo.

A menudo sólo recordáis la turbación que acompaña a vuestra partida o reingreso, a lo que se agrega la memoria de lo que habéis hecho o de lo que os preocupaba en estado de vigilia”.

Aquí muestran los espíritus la diferencia entre los sueños reales y las actividades de la propia imaginación del hombre, ya vistos en el “Curso Básico de Espiritismo”, 1° año, lección 18, página 177.

La lucidez de los recuerdos de los sueños depende:

a) Del mayor o menor interés de ese recuerdo para la vida material del hombre, según la Ley de Dios;

b) De la mayor o menor evolución del alma;

c) Del “bloqueo” que la materia ejerce sobre los recuerdos del alma. Siendo el cuerpo, materia pesada y grosera, “difícilmente conserva las impresiones recibidas por el espíritu, porque el espíritu no las percibió por intermedio de los órganos corporales” (LE, 403);

d) De la mayor o menor atención que el hombre de a sus propios sueños.

“Los sueños no son verdaderos como lo entienden lo decidores de la buenaventura”, sino que son verdaderos en el sentido de presentar imágenes reales para el Espíritu, pero que a menudo no tienen relación con lo que le sucede en la vida corporal (LE, 404). “Es un estado de sonambulismo imperfecto” (LE, 425), por cuanto el alma emancipada recibe, imperfectamente, las impresiones producidas por los objetos o por causas exteriores.

Dice André Luiz (2): “Como en la mayoría de los hermanos encarnados, los sueños solo reflejan las perturbaciones fisiológicas o sentimentales a la que se entregan; Sin embargo, existe gran número de personas que, con más o menos precisión, están aptas a desarrollar este intercambio espiritual”.

En ese intercambio durante el sueño, el hombre puede tener relaciones con el bien; estudios educativos, tratamientos espirituales, buenas conversaciones, trabajo productivo, o puede también, tener relaciones con el mal: obsesiones inferiores, persecuciones persistentes, vampirismo destructor, tentaciones diversas, ociosidad. Dice además André Luiz (Los Mensajeros, cap. 38), que son pocos los hermanos que saben dormir para el bien”.

Si los hombres supiesen “dormir para el bien” tendrían muchas oportunidades para estudiar y trabajar durante el sueño, en la esfera espiritual. Narra también André Luiz en “Misioneros de la Luz”, cap. 8, el ejemplo de una escuela en el Plano Espiritual donde había cerca de 300 alumnos encarnados matriculados, pero donde sólo asistían en forma constante 32 alumnos.

Informa que la mayoría de los que faltaban se dejaban llevar por las seducciones comunes, decurrentes de su naturaleza animal y, aún, el recuerdo del aprendizaje variaba de alma a alma y de acuerdo con la evolución de cada uno.

Cuando el hombre duerme, su alma busca la convivencia con espíritus afines tal como acontece entre los hombres, de acuerdo con la ley de sintonía. “La criatura conciente, sea donde sea en el Universo, sólo asimilará las influencias a que se aficione” (Mecanismos de la Mediumnidad, cap. 17, André Luiz). De ahí la importancia de la reforma íntima, como corrección a los vicios y defectos de la personalidad humana.

Sabiendo el hombre que durante la vida en la Tierra pasa un tercio de ella durmiendo, debe esforzarse en dormir para el bien, aprovechándose por lo tanto de las lecciones doctrinarias para hacer un aprendizaje integral, aumentando sus posibilidades espirituales a través de ese intercambio durante el sueño.

BIBLIOGRAFÍA

 

El Libro de los Espíritus

La interpretación de los sueños – Sigmund Freíd

En el Mundo Mayor – André Luiz

Evolución en Dos Mundos - André Luiz

(1) El Espíritu y el Tiempo – Herculano Pires

(2) Los Mensajeros - André Luiz

Misioneros de la Luz - André Luiz

Mecanismos de la Mediúmnidad - André Luiz

Curso Básico de Espiritismo – 1er Año


ANÁLISIS SOBRE LOS ESPIRITISTAS

En un diálogo establecido por el espíritu Manuel Philomeno de Miranda y Dilermando, en el libro “Sexo y Obsesión”, se generan una serie de r...