martes, 9 de abril de 2019

¿CUÁL ES LA FORMA O APARIENCIA DEL PERIESPÍRITU



Allan Kardec obtuvo de los Espíritus Superiores, en respuesta a la pregunta 95 de El Libro de los Espíritus, la siguiente revelación:

“El periespíritu asume la forma que le guste al Espíritu. De esa manera, el Espíritu puede ser reconocido por el hombre. Esto ocurre cuando es visto, a veces, en los sueños o en estado de vigilia. Otras veces en las apariciones, cuando asume una forma visible e incluso palpable”.

Ya en la pregunta 150ª, Allan Kardec obtuvo de los Espíritus Superiores la afirmación que la aparición del periespíritu en la vida espiritual es la misma de la última encarnación.

“El alma, sin el cuerpo material, ve su individualidad a través del fluido que lo envuelve y que representa la apariencia de su última encarnación: su periespíritu”.

En las preguntas 284 a 290, Allan Kardec obtuvo las siguientes revelaciones adicionales sobre el mismo tema:

“Los Espíritus constatan su individualidad por el periespíritu, que hace de ellos seres diferentes entre sí, como el cuerpo entre los hombres”.

"Los Espíritus se reconocen por la apariencia del periespíritu: el hijo reconoce a su padre y un amigo reconoce al otro. (...) Entonces, los parientes y amigos van al encuentro del alma buena que aman, la saludan como al regreso de un viaje y le ayudan a desprenderse de los lazos corporales”.

En la pregunta 321-B, Allan Kardec obtuvo de los Espíritus superiores la siguiente confirmación de la forma humana del periespíritu:

"El día de la conmemoración de los muertos, los Espíritus acuden, al llamado del pensamiento de sus familiares y amigos, bajo la forma por la cual eran conocidos en vida. Así serían reconocidos, si pudiesen hacerse visibles y ser vistos".

De esta manera, el periespíritu conserva la forma y la apariencia de la última encarnación del Espíritu. Su cuerpo fluídico o espiritual se asemeja al cuerpo material que tenía cuando se encarnó, aunque sea de naturaleza fluídica o etérea. Esto permite a los Espíritus reconocerse y restablecer en la vida espiritual, por afecto mutuo, las relaciones de simpatía y amistad que han establecieron en la vida terrena.

Prueba de eso lo encontramos en el Capítulo II: Espíritus Felices, de la Segunda Parte del libro El Cielo y el Infierno: el Espíritu del señor Jobard respondió de la siguiente forma a la pregunta que Allan Kardec le dirigió:

Kardec: ¿Cómo os veríamos si lo pudiéramos hacer?

Jobard: Me veríais con la apariencia del mismo Jobard que se sentaba a vuestra mesa.

En la Revista Espírita, Allan Kardec publicó el resultado de diversas evocaciones que hizo de varios Espíritus, a través de diferentes médiums. En ellas, los Espíritus evocados confirmaron que el periespíritu conservaba la misma forma y apariencia que tenían en la vida terrena. Como ejemplos, tenemos:

"No tengo más el cuerpo que tanto me hizo sufrir, pero tengo su apariencia (...) Ya me has visto muchas veces en tus sueños".

(Espíritu Júlia, enero de 1858, artículo: "¡Mamá, Aquí Estoy!").

“Me encuentro aquí bajo la apariencia de mi forma corpórea".

(Espíritu Georges, enero de 1858, artículo: "Una Conversación").

"Estoy aquí bajo la forma que tenía cuando vivo".

("El Tambor de Beresina", julio de 1858).

Además de eso, en el artículo "Apariciones", contenido en la Revista Espírita de diciembre de 1858, Allan Kardec registró lo siguiente:

·        El periespíritu no es obra de la imaginación, pues fueron los propios Espíritus los que lo revelaron. Su existencia puede ser constatada por los sentidos, porque pode ser visto y tocado, cuando pasa por una especie de condensación o por un cambio en la disposición molecular.

·   Separado del cuerpo material, el periespíritu tiene una forma determinada y limitada, y esta forma normal es la del cuerpo humano, aunque el Espíritu, a su voluntad, pueda darle las más variadas apariencias, por ser eminentemente plástico y flexible.

·       Los Espíritus generalmente aparecen a los hombres bajo una forma humana.

·   Los buenos Espíritus tienen ordinariamente una forma bella y regular: largos cabellos cayendo sobre las espaldas y amplias túnicas envolviendo al cuerpo. Pero si lo desean, ellos asumen exactamente todos los rasgos bajo los cuales fueron conocidos y, cuando sea necesario, la apariencia de la vestimenta.

En el artículo "Adrien, Médium Vidente", contenido en ese mismo número de la Revista Espírita, Allan Kardec mencionó que aquel extraordinario médium veía a los Espíritus bajo la forma humana, pudiendo hacer un retrato de sus características con notable semejanza. Así, gracias al periespíritu, el Espíritu es un ser real, con la forma y apariencia humana que tenía cuando encarnado.

Es bueno mencionar además que, en el artículo "Adrien, Médium Vidente, parte II", contenido en la Revista Espírita de enero de 1859, Allan Kardec reafirmó la forma humana del periespíritu con las siguientes palabras:

"La forma aparente de los Espíritus depende del periespíritu, cuya naturaleza, esencialmente flexible, se presta a todas las modificaciones que le quiera dar el Espíritu. Dejando el envoltorio material, el Espíritu lleva consigo su envoltorio etéreo, el cual constituye otra especie de cuerpo En su estado normal, tiene este cuerpo una forma humana, pero no calcado trazo a trazo sobre aquel que quedó, principalmente cuando fue dejado hace algún tiempo”.

"En los primeros instantes que siguen a la muerte y mientras existe un lazo entre las dos existencias, mayor es la similitud; ésta se apaga a medida que se opera el desprendimiento y que el Espíritu se vuelve más extraño a su último envoltorio. Sin embargo, él puede retomar siempre esa primera apariencia, tanto en cuanto a las facciones, como a la ropa, cuando juzga útil para darse a conocer; en general, sin embargo, esto requiere un gran esfuerzo de la voluntad. No es pues, de admirar que en ciertos casos la semejanza falla en algunos detalles: le bastan los rasgos principales”.

Además, en el artículo "La joven cataléptica de Suabia", contenido en la Revista Espírita de enero de 1866, Allan Kardec reafirmó de la siguiente manera la forma humana del periespíritu:

"Ella también ve a los que están muertos. Entonces, todavía queda algo. ¿Qué es lo que ella ve? No puede ser el cuerpo, que ya no existe; sin embargo, los ve con una forma humana, la que tuvieron en vida. Lo que ella ve es el alma vestida con su cuerpo fluídico o periespíritu”.

Aún, en el artículo "Fotografía del Pensamiento", publicado en la misma Revista, de junio de 1868, Allan Kardec presentó las consideraciones bajo la apariencia humana del periespíritu:

"Un espíritu se presenta a la vista de un encarnado dotado de visión psíquica, bajo la apariencia que tenía cuando vivo, en la época en que lo conocieron (...) su pensamiento reportándose a la época en que era así, el periespíritu toma instantáneamente las apariencias, que deja inmediatamente, desde que el pensamiento cesa de actuar. Si, pues, una vez fue negro y otro blanco, se presentará como negro o como blanco, conforme a las dos encarnaciones bajo la cual sea invocado, y a la cual se reportará su pensamiento”.

Con todos esos hechos espíritas, no queda la menor duda que el periespíritu conserva, en la vida espiritual, la forma y apariencia humana que tenía en la vida terrena. 


Tomado de la obra: "Periespíritu: lo que los Espíritus dijeron al respecto", de la autoría de Geziel Andrade.

Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia
Abril 9 de 2019

martes, 26 de marzo de 2019

DESCRIPCIÓN DE ALLAN KARDEC SEGÚN MISS ANA BLACKWELL



Miss Ana Blackwell, traductora inglesa de las obras de Allan Kardec, le describe en los siguientes términos:

“Allan Kardec es de mediana estatura, robusto, de cabeza amplia, redonda, firme, con facciones muy marcadas y ojos grises claros; más que francés parece alemán. Es enérgico y tenaz, pero de temperamento tranquilo, precavido y realista hasta la frialdad, incrédulo por naturaleza y por educación, razonador lógico y preciso, y eminentemente práctico en ideas y acciones, estando igualmente distanciado del misticismo que del entusiasmo... Grave, remiso en el hablar, sin amaneramientos, pero con cierta tranquila dignidad resultado de la seriedad y de la independencia de criterio, que son los rasgos distintivos de su carácter; sin buscar ni evitar las discusiones, pero sin aceptar críticas sobre el asunto al cual ha consagrado toda su vida, recibe afablemente a los innumerables visitantes que acuden de todas las partes del mundo a hablar con él acerca de las ideas de las cuales es el exponente más autorizado, contestando a consultas y objeciones, resolviendo dificultades, y dando informes a todos los investigadores serios con quienes habla libre y animadamente, muestra en ocasiones un rostro radiante, placentero y genial, si bien a causa de la sobriedad natural en sus maneras, nunca se le vio reír. Entre los millares de personas que le visitan las hay de alto rango en el mundo social, literario, artístico y científico. El emperador Napoleón III, cuyo interés por los fenómenos espiritistas no es ningún misterio, le mandó llamar varias veces, sosteniendo con él largas conversaciones en las Tullerías acerca de las doctrinas que expuso en el “Libro de los Espíritus”.



Tomado del libro: "Historia del Espiritismo" de Arthur Conan Doyle.

lunes, 18 de marzo de 2019

EL COURRIER DE PARÍS PUBLICÓ UN ARTÍCULO SOBRE EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

La Doctrina Espírita




El editor Dentu acaba de publicar un trabajo deberas notable; incluso diríamos que bastante curioso, pero hay cosas que rechazan cualquier calificación banal. El Libro de los Espíritus, del Sr. Allan Kardec, es una nueva página del gran libro del infinito, y estamos convencidos de que un rotulador marcará esta página. Sentiríamos mucho si creyeran que acabamos de hacer aquí un anuncio bibliográfico; si pudiéramos suponer que ha sido así, romperíamos nuestra pluma inmediatamente. No conocemos en absoluto al autor, pero confesamos abiertamente que nos alegraría conocerlo. Quien escribió la introducción que encabeza El Libro de los Espíritus debe tener el alma abierta a todos los nobles sentimientos.

Además, para que no se pueda sospechar de nuestra buena fe y acusarnos de tomar partido, diremos con toda sinceridad que jamás hemos hecho un estudio profundo de las cuestiones sobrenaturales. Sólo que, si los hechos que han ocurrido nos causaron admiración, al menos no nos han hecho encogernos de hombros. Somos un poco de esas personas que se llaman soñadores, porque no pensamos absolutamente como todo el mundo. A veinte leguas de París, por la noche bajo los grandes árboles, cuando no teníamos a nuestro alrededor más que unas cabañas diseminadas, pensábamos naturalmente en cualquier cosa, menos en la Bolsa, en el asfalto de los bulevares o en las carreras de caballo de Longchamp. Muy a menudo nos preguntamos, y esto mucho tiempo antes de haber oído hablar de médiums, lo que habría de pasar en lo que se convino en llamar el Más Allá. En el pasado llegamos incluso a esbozar una teoría sobre los mundos invisibles, guardándola cuidadosamente para nosotros, y nos sentimos muy felices de reencontrarla casi por entero en el libro del Sr. Allan Kardec.

A todos los desheredados de la Tierra, a todos los que caminan y caen, regando con sus lágrimas el polvo del camino, diremos: Leed El Libro de los Espíritus, eso os hará más fuertes. También a los felices, a los que por los caminos sólo encuentran los aplausos de la multitud o las sonrisas de la fortuna, diremos: Estudiadlo, él os hará mejores.

El cuerpo de la obra, dice el Sr. Allan Kardec, debe ser reivindicado enteramente a los Espíritus que lo dictaron. Está admirablemente clasificado por preguntas y respuestas. Algunas veces, estas últimas son sublimes, y esto no nos sorprende; pero, ¿no era necesario un gran mérito a quien supo obtenerlas?

Retamos a los más incrédulos a que se rían cuando lean este libro en silencio y en la soledad. Todos honrarán al hombre que ha escrito su prefacio.

La doctrina se resume en dos palabras: No hagas a los demás lo que no quisierais que os hagan. Lamentamos que el Sr. Allan Kardec no haya añadido: y hacer a los demás lo que quisierais que os hiciesen. El libro, por cierto, lo dice claramente y la doctrina, sin él, no estaría completa. No basta con no hacer el mal; también debemos hacer el bien. Si eres sólo un hombre de bondad, habrás cumplido sólo la mitad de tu deber. Eres un átomo imperceptible de esta gran máquina llamada el mundo, donde nada debe ser inútil. Sobre todo, no nos digas que podemos ser útiles sin hacer el bien; nos veríamos obligados a replicarte en un volumen.

Leyendo las admirables respuestas de los Espíritus en la obra del Sr. Kardec, nos dijimos que habría un hermoso libro para escribir. Pronto nos dimos cuenta de que habíamos cometido un error: el libro ya está escrito. Sólo lo estropearíamos si tratáramos de completarlo.

¿Sois hombre de estudio y poseéis la buena fe, que no pide sino ser instruido? Leed el Libro Primero sobre la Doctrina Espírita.

¿Estáis colocado en la clase de personas que sólo se ocupan consigo mismos y que, como se dice, hacen sus pequeños negocios muy tranquilamente, no viendo más allá de sus propios intereses? Leed las Leyes Morales.

¿La desgracia os persigue con furor, y la duda os envuelve, a veces, con su brazo helado? Estudia el Libro Tercero: Esperanzas y Consuelos.

Vosotros que abrigáis pensamientos nobles en el corazón y que creéis en el bien, leed el libro de principio a fin

Si alguien en él encontrase materia para la burla, lo lamentaríamos sinceramente.


G. du Chalard

Revista Espírita - enero de 1858


Traducción: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

viernes, 15 de marzo de 2019

SAÚL Y EL ESPÍRITU DE SAMUEL


Imagen tomada de la Web www.mutualart.com/Artwork

La Biblia dice poco sobre el tema de los fantasmas. La actitud de los antiguos hebreos hacia los fantasmas parece haber sido más de sospecha que de escepticismo.

Cualquiera que tuviera tratos con fantasmas o espíritus estaba de alguna forma, realizando un acto antinatural o en contra de Dios, por el cual corría el riesgo de sufrir.

El más conocido "relato de fantasmas" en la Biblia relata sólo un caso como esos y revela mucha información sobre la actitud de los hebreos hacia los fantasmas y las personas que se comunicaban con ellos.

Enfrentándose a una crisis militar, el Rey Saúl pensaba que Dios lo había olvidado y le negaba el acceso a las profecías. "Y cuando Saúl preguntaba al Señor, el Señor no le contestaba, ni por medio de sueños ... ni por los profetas". Por eso Saúl decidió tratar de obtener sus profecías por otro medio, recurriendo a la necromancia, preguntando a los muertos sobre el futuro. Por tradición se suponía que los muertos podían prever los sucesos, pero para los hebreos la necromancia era una práctica maldita.

Sin embargo, parece que Saúl no tuvo problema para encontrar a alguien con habilidad en la práctica. Se trataba de una anciana de Endor, con frecuencia mencionada como la Bruja de Endor. El rey deseaba que la anciana invocara al espíritu del profeta Samuel. La mujer estaba muy preocupada porque el Rey Saúl con anterioridad había prohibido todos los intentos de comunicación con los muertos y otros actos de necromancia, castigándolos con la pena de muerte; pero los tiempos habían cambiado y Saúl estaba desesperado. Le aseguró a la mujer que no sería castigada. Entonces ella invocó al espíritu de Samuel, "un anciano ... cubierto con un manto".

Al piadoso profeta no le agradó ser llamado de forma tan poco respetuosa. “¿Por qué me han molestado para hacerme venir?" demandó. El Rey Saúl le explicó que el Señor ya no contestaba sus preguntas, pero pensaba que Samuel sí lo haría. Eso molestó aún más a Samuel. "¿Entonces por qué me preguntas a mí, viendo que el Señor se ha apartado de ti, y se ha convertido en vuestro enemigo?"
Samuel sí hizo una profecía, pero era inexorable y terrible. Los israelitas no sólo perderían la guerra contra los palestinos, sino que Saúl y sus hijos morirían como resultado de la batalla. Al día siguiente el Rey Saúl, por completo desmoralizado, conducía a su ejército a la derrota. Sus hijos murieron en la batalla y, al día siguiente, en su desesperación, Saúl se mató con su propia espada.

Tomado de "La Enciclopedia de los Fantasmas" - Edivisión


lunes, 25 de febrero de 2019

LOS SUEÑOS: MENSAJES DEL SUBCONSCIENTE PARA LIBERAR EL CONSCIENTE

Imagen tomada de la Web: https://refugiodelalma.com/tus-suenos-se-repiten-esto-es-lo-que-tu-subconsciente-quiere-comunicarte.html


El dormir en el ser humano es un estado en el cual se presenta un cese de las actividades físico-motoras y sensoriales; se presenta además, un desprendimiento del Espíritu encarnado, fenómeno este denominado emancipación del alma, el cual representa un invaluable reconstituyente para el soma orgánico. En el mismo, hay un desplazamiento del cuerpo físico con debilitamiento de los lazos que lo unen al Espíritu, permitiéndole actuar con mayor libertad. De esta manera, el Espíritu recorre el espacio y entra en relación más directa con los otros Espíritus[1]. El sueño es el recuerdo de los hechos y acontecimientos ocurridos mientras dormimos.  

Estudiosos aseguran que dormimos más de un tercio de nuestras vidas, siendo  la actividad onírica, una experiencia de enriquecimiento espiritual. Para la Doctrina Espírita mientras el hombre duerme, el Espíritu jamás está inactivo y muchas veces tiene el recuerdo del pasado y a veces la predicción del futuro.

Entre los antiguos y particularmente entre los hebreos, la interpretación de los sueños tomaba la connotación de presagios, revelación de verdades ocultas y algunas veces como exhortaciones o avisos de parte de Dios. Es ya famosa la interpretación que hizo José al faraón de Egipto, el cual quedó intrigado y sin respuesta correcta por parte de los sabios, adivinos y magos que tenía a su disposición. En el sueño el faraón observa que, “en el primer sueño, el rey ve salir del río Nilo siete vacas gordas y sanas seguidas por siete vacas flacas y enfermas. Entonces, las vacas flacas se tragan a las gordas. En el segundo sueño ve siete espigas grandes y cargadas de grano, tras lo cual ve siete espigas delgadas y marchitas que se tragan a las primeras[2]”. El desenlace de esta historia es bien conocida por el mundo cristiano.

No podemos tratar el tema de los sueños sin mencionar al médico neurólogo Sigmund Freud, reconocido como padre del psicoanálisis. Freud “planteaba que los sueños son una expresión alucinatoria de deseos no reconocidos y por consecuencia, una vía privilegiada de acceso al inconsciente. De esta forma, los sueños servirían para comunicar todo aquello que la mente consciente no puede aceptar. Aquellos deseos inconscientes que no se quieren reconocer, se expresarían en forma simbólica a través de los sueños”.

“Para Sigmund Freud la infancia es un periodo clave de nuestra vida psíquica, hasta el punto que de adultos la mayoría de los sueños se relacionan con los deseos, traumas y recuerdos de la infancia.  Los sueños serían un recordatorio constante de aquello que la consciencia ha reprimido y que nos negamos a aceptar. En definitiva, el sueño es una herramienta psíquica para conseguir franquear la barrera que hay entre el inconsciente, la memoria profunda y el consciente[3]”.

Es imposible desconocer o desligar la información recibida a través de la actividad onírica del subconsciente. Gustavo Geley en su obra “Del Inconsciente al Consciente”, afirma que, “con los trabajos contemporáneos, el psiquismo subconsciente aparece cada vez más complejo y variado. Su papel resalta nítida y preponderante en todos los dominios de la vida intelectual y afectiva”.

Y continúa, “la tesis bien conocida del Dr. Chabaneix, “el subconsciente en los artistas, en los sabios y en los escritores”, da cierto número de ejemplos particularmente salientes. En realidad los ejemplos son innumerables. Se puede decir que no hay artista, no hay sabio ni escritor de algún valor, que no conozca por experiencia personal, por poco apto que sea para la auto observación, la importancia sin igual del subconsciente”.

Juana de Ángelis, la reconocida mentora espiritual de Divaldo Franco, considera al “subconsciente como parte del inconsciente, aflorando a la conciencia con sus contenidos, alterando el comportamiento humano… Es él quien se manifiesta en los sueños”[4].

De Ángelis considera que, “la complejidad de los sueños ha merecido de los especialistas en el área del psiquismo valiosas colocaciones, en continuas tentativas de interpretarlos. Originados en su mayoría, en el área del subconsciente, revelan más al respecto del ser humano de lo que se puede sospechar en un análisis apresurado. En esa faja están archivadas las memorias de los acontecimientos vividos, así como aquellos que fueron observados desde la infancia, que se liberan en los momentos del sueño y se presentan en formas variadas, inclusive, perturbadoras.

Anhelos y miedos no digeridos, acontecimientos incomprendidos y palabras consideradas como gestos agresivos, educación castradora, interrogantes sin respuesta, que se transformaron en conflictos de la personalidad, prosiguen aguardando esclarecimientos y liberación, que se representan en el área de los sueños. Los más antiguos, al ser los más preservados por la manera repetida como han sido archivados, afloran con frecuencia, produciendo estados oníricos tumultuosos, que producen pavor y se transforman con el tiempo en problemas graves en la conducta y en las relaciones interpersonales.
De la misma forma, las impresiones agradables y saludables, las victorias y alegrías, las aspiraciones realizadas y los deseos satisfechos acuden, en los momentos del sueño, produciendo agradables manifestaciones en forma de sueños”.

Y reafirma Juana de Ángelis lo que los Espíritus Superiores respondieron a Allan Kardec en la pregunta 402 de El Libro de los Espíritus, del capítulo VII, Emancipación del Alma: “Sin duda en muchos casos, el Yo Superior, el Espíritu, al dislocarse del cuerpo, realiza viajes y mantiene contactos con otros, cuyas impresiones son registradas por el cerebro y se presentan benéficas, gratificantes, en el campo onírico.

Igualmente, la libido representa un papel importante en ese campo en razón de los deseos, de las frustraciones y de los impulsos sexuales contenidos, mal dirigidos o excesivamente liberados.

Tales acontecimientos son automáticos, consecuentes con muchos factores como la exaltación, el estrés, la depresión, las fobias, los deseos… Todo deseo fuertemente accionado, libera del subconsciente las cargas archivadas, que retornan al campo de la consciencia como sueños, recuerdos, memorias”[5]

De esta manera, la multiplicidad de escenas e imágenes que enriquecen nuestra actividad onírica, deben ser tratados con idoneidad para poder ser desencriptadas y decodificadas a través de la razón y lograr identificar el mensaje del subconsciente, drenándolos a través de la conciencia y así librarnos de fobias, manías, miedos y otras actividades perturbadoras, los cuales se convierten en conflictos existenciales difíciles de desarraigar de nuestra vida.

Cuenta la historia que, Abraham Lincoln vio, en sueños, escenas de su propio velatorio, una semana antes de ser asesinado, relatándolo al amigo Ward Lamon, quien escribió el episodio en su diario. En Plutarco se puede leer la trágica historia del asesinato de Julio César y el sueño premonitorio de su mujer Calpurnia, que hizo cuanto pudo para impedir que su marido fuera al senado. También Juana de Arco predijo su propia muerte al igual que David Fabricius, astrónomo alemán, predijo que moriría el 7 de Mayo de 1617, ese día tomó todas las precauciones para evitarlo y no salió de su casa. Por fin a las diez de la noche salió a tomar el aire y un campesino le mató.

Queremos finalizar estas apreciaciones sobre el complejo tema de los sueños citando a Gabriel Delanne, quien en su obra “La Evolución Anímica”, afirma que “el mecanismo de la memoria latente demuestra que muchos hechos completamente olvidados y que parecen haber sido destruidos para siempre han dejado un rastro indeleble en el subconsciente, que es la base de nuestra Individualidad indestructible: ¡el Espíritu!”.




Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia
Febrero 25 de 2019




[1] Allan Kardec, El Libro de los Espíritus, pregunta 401
[2] Genesis 41:1-8.
[3] http://despertardivino.cl/site/interpretacion-de-suenos/leccion-no1/
[4] Divaldo Franco/Juana de Ángelis, Autodescubrimiento, El subconsciente. Ediciones Juana de Ángelis, Buenos Aires, pág. 57.
[5] Juana de Ángelis/Divaldo Franco, Autodescubrimiento, cap. VII, El Ser Subconsciente, Subconsciente y sueños. Ediciones Juana de Ángelis, Buenos Aires, Argentina, 1997.


domingo, 17 de febrero de 2019

LA SAGA EXTRAORDINARIA DE LOS SUEÑOS



En la lejana antigüedad, en Egipto, Caldea y Asiria, hubo sacerdotes y adivinos que tenían la tarea de interpretar los sueños, enviados, decían ellos, por la divinidad para iluminar los ojos humanos y las tinieblas del futuro, prevenirlos de los peligros etc. No solo interpretaban los sueños, sino que nos prevenían, por un método de incubación que se practicaba correctamente en los templos célebres de Isis, Apolo, Cibel, Esculápio, Sérapis y de Hemitréa, o en antros y cavernas, como la tan famosa de Trofonio.

Los que querían tener sueños proféticos se entregaban, bajo la dirección de los sacerdotes, a ciertas prácticas que consistían en oraciones, evocaciones, inspiraciones de vapores narcóticos, unciones con pomadas mágicas, etc.

LOS GRIEGOS

Se afirma, en principio, que los griegos no tenían sueños, eran visitados por ellos. De Grecia, a lo largo de los siete siglos que separan a Heráclito de Artemidoro, tienen origen todas las teorías sobre los sueños – materialistas, místicos, analistas, ocultos y médicos. Homero dividiría los sueños en dos grupos: del primero hacían parte los verdaderos, los que fluían de las Puertas de Cuernos; del segundo, los falsos, los que venían por las Puertas de Marfil.

Mientras tanto, Hipócrates (el padre de la medicina) admite que el alma, enteramente ocupada con las funciones corporales, en estado de vigilia es capaz, durante el sueño, de percibir las causas de las enfermedades.

Cuando se despiertan, según Heráclito, las personas tienen el mismo mundo en común; al dormir, cada uno tiene su mundo particular.

Para el filósofo de Éfeso, la conciencia es fuego, vida, conocimiento y, tanto en el sueño como en la muerte, el alma se escapa de ese fuego vital para hundirse en el agua. Los sueños y el mundo de cada uno  quedan cerca de “Okcanos” en la niebla húmeda del tiempo, donde la conciencia es inundada por vagos conocimientos.

Aristóteles, el notable estagirita, afirmaba que los sueños no sufrían interferencias divinas, porque si fueran realmente enviados por los dioses, debían ser recibidos solo por los hombres más evolucionados, lo cual no ocurría. Los sueños son oriundos del corazón, centro de los sentimientos y afectado por los movimientos orgánicos, que pasan desapercibidos cuando en estado de vigilia, debido a la fuerza de los llamados sensoriales.

Los que sueñan se vuelven sensibles a estos movimientos orgánicos, pudiendo predecir enfermedades y determinar su curación. Por otro lado, aseguró que soñar con amigos cercanos a menudo puede resultar en una premonición, ya que cuando se conoce muy bien a alguien, se puede predecir sus acciones por el acceso que se tiene a sus motivaciones. El mejor analista de sueños - explica el autor de "Ética a Nicómaco" - es el que sabe cómo lidiar con las apariencias.

Las imágenes mentales son como imágenes reflejadas en el agua… Un reflejo no es original, ni las imágenes son el objeto real.

En contrapartida a la tesis aristotélica, surge la de los pitagóricos. Ellos creen que, durante el sueño, el alma se libera del cuerpo y entra en contacto con Espíritus Superiores. Esta postura tendría origen en las concepciones órficas y, aún, en la metafísica de los cultos egipcios, en que despunta el doble (KA), envoltura semimaterial del Espíritu, observado por Allan Kardec, quien lo denominó periespíritu.

Artemidoro de Efeso, escribió cinco libros sobre ONEIROCRÍTICA que traducen el modelo griego de análisis del sueño. Para interpretar un sueño, observó Artemidoro, es necesario recopilar información sobre quien sueña: su carácter y temperamento, situación en la vida, nombre, etc.

Mientras predicaba que “cada sueño es un sueño” porque refleja la personalidad de una persona en particular, Artemidoro describió una serie de sueños divididos en categorías:

Quedarse ciego de ambos ojos significa perder un hijo, hermano, padre o madre. Sin embargo, este sueño es bueno para los presos y para muchos pobres; los primeros ya no verán sus miserias y sus pecados, los segundos tendrán ayuda y placer, porque muchos prestarán ayudan a los necesitados…

Si alguien busca algo perdido y tiene este sueño, jamás encontrará lo que perdió. Para los poetas este sueño es bueno, pues ellos necesitan un sueño profundo antes de verlo; para los enfermos trae expectativa de muerte durante el día.

EL SUEÑO EN LA ODISEA Y LA ILÍADA

La epopeya es el género literario donde el sueño aparece con rara intensidad. En la India se encuentra en el Mahabarata y el Ramayana. En la epopeya de Hánuman, el poeta Tulsidas, atrapado en una torre de piedra, consigue sacar a un ejercito de monos de su sueño y liberarlos.

Homero hizo uso de motivos oníricos. En la Iliada, el sueño de Aquiles recuerda la “Epopeya de Gilgamés”, con Patroclo en el papel de Enkidu.

Se le aparece a su amigo pidiéndole que lo entierre, para que sus cenizas nunca se separen y pueda entrar en el infierno. R. de Becker aclara: Existe una gran verdad onírica en la figura de Aquiles extendiendo sus brazos a Patroclo no pudiendo alcanzarlo, aunque la sombra vuelve a la Tierra con gritos destemplados y lastimeros.

La obra de Homero está inspirada, en su totalidad, en un pensamiento filosófico relativo a la naturaleza humana y las leyes eternas que gobiernan al mundo.

Nada de lo esencial de la vida humana se le escapa.

El poeta contempla todo el conocimiento particular a la luz de su conocimiento general de la esencia de las cosas. La preferencia de los griegos por la poesía gnómica, el uso frecuente de ejemplos míticos, la expresión onírica, todos esos rasgos tienen su origen en Homero.

Para Homero las últimas fronteras de la ética no son convenciones del mero deber, sino leyes del ser.

Es en la penetración del mundo por este amplio sentido de la realidad, en relación al cual todo “realismo” aparece como irreal, que se basa en la fuerza ilimitada de la epopeya homérica.

Una racionalización menos feliz surge en otras personificaciones del sueño de La Odisea y de La Ilíada, donde se manifiesta como un personaje autónomo. Así, el sueño de Agamenón toma la forma de un mensajero enviado por Júpiter, que lo engaña. En La Ilíada, el sueño aparece personificado para Nausicaa y Penélope. Atenas, la diosa de ojos brillantes, es su instigadora.

Sin embargo, Penélope tiene un segundo sueño – los veinte gansos significarían sus pretendientes, muertos por el águila, o el marido que finalmente regresa.

El propio Ulises ofrece su interpretación a Penélope. Es precisamente allí donde la esposa de Ulises distingue entre las puertas de los sueños – una de cuerno y otra de marfil… Los críticos admiten que el empleo del sueño en la obra fue oportuno porque realizó la mediación entre una circunstancia que se había tornado vulgar y otra cuyo carácter excepcional va a manifestarse. Esta mediación es mucho mejor cuanto mas cerca se encuentra uno de un sueño auténtico, lo que ocurre en el sueño de los pretendientes y menos en su primer sueño o en el de Nausicaa.

LA TRAGEDIA GRIEGA – ESQUILO Y SÓFOCLES

La tragedia griega de Esquilo y Sófocles atribuye al sueño una capital importancia, a punto de convertirlo en “oráculo de la divinidad”.

En “Los Persas”, el sueño de la reina se presenta singularmente marcado de presagios que tienen su fuente en los hechos cotidianos. Esquilo (525 – 456 a.C.) se ocupa de demostrar una equivalencia especial entre los estados de sueño y de vigilia, demostrando que los símbolos oníricos encuentran analogía en los signos de la vida.

El triunfo de “Los Persas” (472) aseguró la gloria de Esquilo y atrajo la atención de Hieron, un tirano de Siracusa. Desde entonces, Esquilo vivió ora en Atenas ora en Sicilia, representando casi setenta dramas, que exploraban el universo de los antiguos mitos. La leyenda atribuye su muerte al impacto de una tortuga que un águila habría dejado caer sobre su cabeza.

El lirismo de Esquilo provoca en el espectador un sentimiento de angustia, pero le presenta la solución armoniosa de los conflictos que se encuentran en la moderación, fundamento de la moral ateniense.

Sofocles (495 – 406 a.C) compuso 123 dramas. Solo siete piezas nos llegaron enteras: “Edipo en las Colonias” (401); “Filocteto” (409); “Ajax” (420); “Las Traquinias” (420); “Electra” (425); “Edipo Rey” (430); “Antígona” (442).

Sófocles imprimió en la técnica teatral una notable evolución, a la vez que redimensionó el sentido de la trágico (incluyendo los valores oníricos) concentrándolos en la fuente maestra de la acción.

En el Islam (especialmente profético), el sueño adquiere una importancia fundamental. El Lailat al Miraj (viaje nocturno), el mayor sueño de Mahoma (que lo inicia en los misterios cósmicos), comienza cuando se encuentra durmiendo entre las colinas de Safa y Meeva y se acerca el Ángel Gabriel, montado sobre Buraq – la yegua plateada medio humana – que solía llegar en un instante a Jerusalén, donde el profeta habla con Abraham, Moisés y Jesús. Continuando su viaje, volando sobre Buraq y guiado por Gabriel, pasa a través de las siete esferas celestiales, cada una con un color específico, es decir, los siete niveles de existencia. Finalmente se acerca a Dios. Hay versiones del texto en las que Mahoma no solo asciende a Dios, sino que penetra en las profundidades de la Tierra, abarcando toda la experiencia humana.



Tomado del libro: “El sueño y los sueños” de Carlos Bernardo Loureiro
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Febrero 17 de 2019
Santa Marta – Colombia


viernes, 15 de febrero de 2019

¿EL CLON TIENE ALMA?

MARLENE SEVERINO NOBRE



No hay duda de que la clonación humana es una de las grandes discusiones del momento, intensificada, sobre todo, después que los investigadores Severino Antinori y Panayotis Zavos declararan, el 7 de agosto de este año, ante la Academia Americana de Ciencias, en Washington, que están listos para copiar seres humanos.

De hecho, desde 1996, la clonación humana quedo mucho más próxima, con el nacimiento de la oveja Dolly, el primer clon mamífero, obtenido a través de la técnica desarrollada por el Instituto Roslin, en Escocia.

Cuando hablamos de clonación humana es preciso resaltar que estamos refiriéndonos a dos modalidades: la reproductiva, que produce bebés que son xerocopias de seres ya existentes, y la clonación terapéutica, que elabora embriones humanos con la finalidad de fabricar tejidos orgánicos diversos. En este último caso, las células tronco, conocidas como "semillas de vida", presentes en los primeros catorce días del desarrollo embrionario, son empleadas en la formación de tejido nervioso, pancreático, muscular, etc., con la finalidad de curar enfermedades, como, por ejemplo, el mal de Parkinson, la diabetes, el músculo infartado.

En los últimos meses, miles de religiosos y especialistas vienen reuniéndose, en varias partes del mundo, para discutir esos avances de la ciencia y sus complicadas cuestiones éticas.

Para nosotros, espíritas, las preocupaciones no son diferentes y precisan ser discutidas. ¿El hombre tiene el derecho de hacer copias humanas? ¿De manipular embriones? ¿El clon posee alma?

Algunas respuestas son más fáciles, otras no tanto, exigiendo una madura reflexión, libre de preconceptos y fanatismo.

Con relación a la cuestión espiritual: Antes de responder si el clon tiene o no alma, es preciso definirlo y recordar el proceso por el cual se pretende copiar seres humanos.

El clon es un ser vivo que tiene la misma constitución genética de otro.

Clonar, por lo tanto, significa hacer xerocopias de seres vivos. Hace miles de años, la naturaleza nos brinda clones humanos auténticos - los gemelos univitelinos - portadores del mismo genoma.

En la Clonación artificial, se hace la reproducción asexuada de un ser, manteniendo su carga genética. Para fabricar a Dolly, fueron necesarias tres ovejas. Una de ellas, la negra, donó el óvulo o gameto femenino, del cual se retiró el núcleo; en el lugar de este, se introdujo el núcleo de una célula mamaria adulta, retirada de otra oveja, la blanca, que se deseaba clonar. Por procedimientos técnicos especiales, se llevó esa célula recién-formada, al estado embrionario inicial, obteniéndose un embrión que fue trasplantado en el útero de una tercera oveja, que dio a la luz a la famosa oveja.

En líneas generales, ese mismo proceso, está siendo pensado para la clonación humana.

Sin duda, Dolly tiene alma, o mejor, tiene principio inteligente. Si así no fuera no sería un ser vivo. En la clonación humana, el raciocinio es el mismo. Basta recordar la enseñanza básica: "todo niño que ha sobrevivido a su nacimiento, tiene forzosamente encarnado en él un Espíritu", de lo contrario, “no sería un ser humano”. (El Libro de los Espíritus, pregunta 356 b). Así, si la clonación humana fuera un hecho, ciertamente, no producirá robots, sino seres auténticos. ¿Cuál es el factor que atrae al Espíritu al proceso reencarnatório? El principal de ellos es la sintonía magnética que funciona tanto en la reencarnación normal como en la clonación.

“Cuando un Espíritu debe encarnar en un cuerpo humano en vías de formación, un lazo fluídico, mera extensión de su periespíritu, lo une al germen hacia el cual se siente atraído por una fuerza irresistible, desde el momento mismo de la concepción", afirma Kardec (La Génesis, capítulo 11). Esta fuerza irresistible es el magnetismo.

En verdad, para reencarnar, basta el magnetismo de los padres, aliado al fuerte deseo del Espíritu reencarnante (ver “Entre la Tierra y el Cielo”, cap. 28). No se puede olvidar que la “sintonía magnética” no obedece a las leyes clásicas de la Física, sino está relacionada a la comunicación no local, que no depende del espacio y del tiempo.

En la clonación, los científicos llevan los genes de una célula adulta al estado embrionario, con eso, las moléculas de ADN comienzan a vibrar como un diapasón, repletas de poder magnético, constituyéndose, juntamente con el citoplasma del óvulo, en un verdadero polo de atracción para el Espíritu.

Con respecto a los problemas de la clonación: Vimos que el clon humano puede tener éxito; el Espíritu puede reencarnar si las condiciones son favorables. Esto, sin embargo, lleva a otra pregunta: ¿El clon humano es defendible?

De entrada, es preciso resaltar que la clonación es una técnica muy ineficiente, con un alto índice de fracaso. Para fabricar a Dolly, fueron hechas 277 tentativas, con un único éxito. Y aun así, ella ha envejecido precozmente; a pesar de tener cinco años, sus células son equivalentes a la de una oveja de 12 años, exactamente la edad de la oveja cuyo ADN fue utilizado en la experiencia.

En cinco años de clonación de mamíferos, hay menos de 50 animales clonados, lo que representa muy poco para la investigación científica. En ese periodo, han sido incontables las malformaciones, crías que nacen con enfermedades congénitas o se enferman inmediatamente; algunos viven con serias limitaciones y muchos son sacrificados.

La única manera de llegar a la perfección en la clonación es por la práctica, por la repetición, por la tentativa y el error; esto viene siendo hecho en animales, utilizándose, ampliamente, el aborto y la eutanasia. Y con embriones humanos, ¿cómo será?

Severino Antinori dice que practicará el aborto en todos los casos necesarios, porque es legal en el país donde pretende trabajar. Y la eutanasia, ¿la aplicará también?

Los especialistas calculan que serían necesarios mil clones de animales, con acompañamiento de 50 años para poder afirmar que la clonación humana es segura.

Desde el punto de vista espiritual, la clonación de animales viene indicando que hay problema con el fluido vital, porque los seres clonados envejecen precozmente. Así, no son sólo los problemas biológicos a ser considerados, sino también los relativos a los diversos envoltorios del Espíritu, los cuales, a rigor, presiden la formación corpórea.

El hecho es que la utilización del aborto y de la eutanasia, en las experiencias de clonación, demuestran el irrespeto a la vida. Y el científico espírita debe abstenerse de trabajar bajo tales condiciones.
La realidad es que es muy temprano para clonar humanos, no sólo del punto de vista de la Ciencia, sino también de la evolución espiritual de los terráqueos, que necesitan, urgentemente, de mayores progresos en el campo del sentimiento.


 Extraído del boletín SEI editado por el Hogar Fabiano de Cristo.
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

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