viernes, 25 de agosto de 2017

PERIESPÍRITU O PSICOSOMA


Vimos respecto de la estructura espiritual o zona del inconsciente que, a pesar de ser una región energética, estaría constituida de zonas perfectamente definidas. En nuestros estudios representan las fajas del inconsciente puro, inconsciente pasado e inconsciente actual (grabado 1).

La psiquis en esquema: El cuerpo físico representa el consciente y el superconsciente. Las demás capas, el inconsciente o espíritu.
Todas ellas demarcadas por el cuerpo mental. Tales zonas serian la consecuencia de campos energéticos, estructuralmente diferentes, presentando funciones bien específicas. Por ser campos vibratorios, estarían sujetos a expansiones que, a su vez, chocarían en la intimidad del cuerpo físico como un extractor de aquellas energías.

Las expansiones energéticas, a la manera de un velo, constituirían un envoltorio, un recubrimiento, que resguardaría las zonas del inconsciente o campo espiritual. Con eso, el psicosoma sería un envoltorio intermediario entre la zona espiritual y la zona física, sirviendo de filtro en la dosificación y adaptación de las energías espirituales con la organización física. Por envolver al espíritu o al psiquismo de profundidad, fue denominado periespíritu o psicosoma (*).

La organización psíquica profunda, con sus diversas capas que sufren condensación a medida que nos aproximamos a la periferia o cuerpo físico, emitiría expansiones, cuyo conjunto representaría el "cuerpo del espíritu" — cuerpo mental. De esos cimientos, posiblemente, partirían las formaciones energéticas del periespíritu o psicosoma, el más condensado de esos cuerpos energéticos, solamente suplantado (en condensación) por el cuerpo físico que, en un sentido geográfico, envuelve a toda la organización.  Dijimos en otro lugar: "Las capas energéticas se van superponiendo al foco central del YO, centro del inconsciente puro, envolviéndolo, a la manera de verdaderos pliegues van circunscribiendo, cerrando, aislando las irradiaciones energéticas de las zonas profundas, que serían las más purificadas. Así, la energética más sutil, pura, de origen en el inconsciente puro, solo alcanzará la periferia, en la zona más externa del inconsciente actual, por el filtraje en las diversas paredes energéticas que, aunque sin modificar las posibilidades del centro emisor, le dan, sin embargo, la tonalidad apropiada. La razón de todo estriba en el hecho de que los centros nerviosos de toda la zona consciente, teniendo necesidad de amparo y orientación en sus respectivos trabajos, por la zona inconsciente o espiritual, reciben la energética del YO con la vibración que la materia soporte y se halle más afín: eso sólo se conseguirá si las vibraciones puras del centro vital en el inconsciente puro sufran adaptaciones, verdaderas condensaciones, antes de alcanzar las telas de sus manifestaciones en el consciente".

Esa organización periespiritual o (del) psicosoma se infiltraría en los vórtices energéticos de los genes de los cromosomas que, por eso, pasarían a ser los paneles de las manifestaciones de las energías profundas que cargamos. Por tanto, los núcleos de las células físicas serían las zonas por donde las energías espirituales podrían mostrar su influencia y orientación en la materia. El psicosoma poseería organización funcional muy superior a la materia, influenciándola, al punto de pensar, con lógica, que esta sería el resultado de aquella. Nunca podríamos concluir que la materia del cuerpo físico, a través de su bioquimismo, pudiese originar las fuerzas del inconsciente que poseemos; de hecho, con ese pensamiento materialista procura la psicología de nuestros días fundamentar sus métodos, inclusive los del psicoanálisis. Sabemos, por las consecuencias de la experimentación psicológica y parapsicológica, de la ampliación funcional de los campos psíquicos del inconsciente o espiritual y de la relativa pobreza del campo intelectual de la zona consciente. Siendo la función consciente menor y más reducida que los campos espirituales o del inconsciente, jamás podríamos concluir que el menor contuviese al mayor y le diese origen; todo lo contrario, el mayor en funciones, estructura y dirige las funciones del menor. De ahí, pensamos en las dificultades de la psicología en desarrollar métodos de investigación psíquica tomando como base la zona consciencial y de ella haciendo la fuente de origen de toda su fenomenología.

Los campos periespirituales serían mucho más avanzados que los campos del consciente. Los primeros comandarían los segundos, teniendo, de esa manera, una organización estructural especial de la que se nos escapan los detalles. Varios estudios han demostrado la existencia, en el periespíritu, de discos energéticos (chacras), como verdaderos controladores de las corrientes de energías centrífugas (del espíritu hacia la materia) o centrípetas (de la materia hacia el espíritu), que ahí se instalan como manifestaciones de la propia vida. Esos discos energéticos comandarían, con sus "superfunciones", las diversas zonas nerviosas y de modo particular el sistema neurovegetativo, convidando, a través de los genes, al código genético, al trabajo ajustado y bien ordenado de la arquitectura neuroendocrina.

Las energías de esa zona periespiritual, en su penetración por todo el cuerpo físico, se transfunden por la periferia corpórea, en pequeña extensión, mostrando un campo externo bien evidente (aura). Ese campo ya fue fotografiado por el método Kirlian (aurografía) y está siendo apreciada frente a sus modificaciones en las oscilaciones emocionales y en las desestructuraciones patológicas. Los rusos lo denominaron campo bioplásmico y los americanos campo psi plasma. La futura psicología encontrará en esas emanaciones periféricas grandes posibilidades de estudio y experimentación, ampliando el campo del conocimiento e interpretando mejor la ciencia del espíritu.

No podríamos dejar de ventilar las posibilidades de la existencia de un campo energético apropiado, entre el periespíritu, el cuerpo físico y el doble etérico. Sería una zona vibratoria ocupando posición destacada frente a los fenómenos conocidos como materialización.


Creemos que el campo energético de esa zona, en sus expansiones con la del periespíritu, se entrelace en las irradiaciones del campo físico y proporciona excelente material en la formulación de los fenómenos psicocinéticos y otros tantos de esa esfera parapsicológica. Con eso, podríamos explicar muchas de las curas que los llamados pases magnéticos pueden propiciar, en auténticas transfusiones de energías - expansiones del aura humana.

Tomado del libro Fuerzas Sexuales del Alma
Jorge Andrea Dos Santos
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

viernes, 14 de julio de 2017

El Espíritu por un lado y el cuerpo del otro


Conversación con el Espíritu de una persona viva

Nuestro honorable colega, el Sr. Conde de R… C… nos ha dirigido la carta siguiente, fechada el 23 de noviembre último:

“Sr. Presidente,

“He oído decir que ciertos médicos, entusiastas de su arte y deseosos de contribuir al progreso de la ciencia tornándose así útiles para la humanidad, han, mediante testamento, legado su cuerpo al escalpelo de las salas anatómicas. La experiencia a la cual he asistido de evocar a una persona viva (sesión de la Sociedad del 14 de octubre de 1859) no me ha parecido lo suficientemente instructiva, porque se trataba de un asunto personal: poner en comunicación un padre vivo con su hija muerta. He pensado que lo que algunos médicos han hecho con el cuerpo, un miembro de la Sociedad podía hacerlo con el alma, en vida, poniéndose a su disposición para un ensayo de ese género. Podríais quizás, preparando de antemano preguntas que, esta vez, no tendrían nada de personal, obtener algo más de luz sobre el hecho del aislamiento del alma y del cuerpo. Aprovechando una indisposición que me retiene en casa, vengo a ofrecerme como sujeto de estudio, si os parece a bien. El viernes que viene pues, si no recibo una contraorden, me acostaré a las nueve de la noche, y pienso que a las nueve y media podréis llamarme, etc.”.

Nos hemos apresurado a aceptar el ofrecimiento del Sr. Conde de R… C… en tanto en cuanto que, poniéndose a nuestra disposición, pensamos que su Espíritu se prestaría con más facilidad a nuestras pesquisas; por otro lado, su instrucción, la superioridad de su inteligencia (lo que, entre paréntesis, no le impide ser un buen espírita) y la experiencia que ha adquirido en sus viajes alrededor del mundo como capitán de la marina imperial, podía hacernos esperar de su parte una más clara apreciación de su estado: nuestra espera no ha sido baldía. Hemos tenido pues, con él, las dos comunicaciones siguientes, la primera, el 25 de noviembre, y la segunda, el 2 de diciembre de 1859.

(Sociedad; 25 de noviembre de 1859)
1. Evocación. – R.: Estoy aquí.

2. ¿Tenéis en este momento consciencia del deseo que me habéis expresado de ser evocado? – R.: Perfectamente.

3. ¿En qué lugar os encontráis aquí? – R.: Entre vos y el médium.

4. ¿Nos veis tan claramente como cuando asistís en persona a nuestras sesiones? – R.: Aproximadamente, pero algo borroso; no estoy bien dormido.

5. ¿Cómo tenéis consciencia de vuestra individualidad aquí presente, mientras que vuestro cuerpo está en vuestra cama? – R.: Mi cuerpo es solo accesorio para mí en este momento, soy YO quien está aquí.

Comentario: Soy YO quien está aquí es una respuesta a destacar; para él, el cuerpo no es una parte esencial de su ser; esa parte, es el Espíritu, que constituye su Yo; su Yo y su cuerpo son dos cosas distintas.

6. ¿Podéis transportaros instantáneamente y a voluntad de aquí a vuestra casa y de vuestra casa aquí? – R.: Sí.

7. ¿Yendo de vuestra casa hasta aquí y recíprocamente, tenéis consciencia del trayecto que efectuáis? ¿Veis los objetos que se encuentran en vuestra ruta? – R.: Podría, pero declino el hacerlo, al no estar interesado en ello.

8. ¿El estado en que os encontráis, es semejante al de un sonámbulo? – R.: No del todo; mi cuerpo duerme, es decir casi inerte; el sonámbulo no duerme; sus facultades orgánicas son modificadas y no inhibidas.

9. ¿El Espíritu evocado de una persona viva podría indicar remedios medicinales como un sonámbulo? – R.: Si los conoce, o si está en relación con un Espíritu que los conoce, si; si no, no.

10. ¿El recuerdo de vuestra existencia corporal está claramente presente a vuestra memoria? – R.: Muy claramente.

11. ¿Podría citarnos alguna de vuestras ocupaciones más sobresaliente de la jornada? – R.: Podría, pero no lo haré, y lamento el haber propuesto esta pregunta. (Había rogado que se le hiciera una pregunta de ese estilo como prueba).
12. ¿Es como Espíritu que lamentáis haber propuesto esta pregunta? – R.: Como Espíritu.

13. ¿Por qué lo lamentáis? – R.: Porque comprendo mejor la justeza de que sea prohibido la mayor parte del tiempo.

14. ¿Podría describirnos vuestra habitación? – R.: Ciertamente, y la de mi conserje también.

15. ¡Y bien! ¿Entonces seréis tan amable de describirnos vuestra habitación o la de vuestro conserje? – R.: He dicho que podría, pero poder no es querer.

16. ¿Cuál es la enfermedad que le retiene en casa? – R.: La gota.

17. ¿Hay un remedio para la gota? Si lo conoce, sería tan amable de indicarlo, ya que sería prestar un gran servicio. – R.: Podría, pero me guardaré muy bien de ello; el remedio podría ser peor que el mal.

18. Peor o no, por favor indíquelo, aunque no lo usemos. – R.: Hay varios, entre ellos el cólquico.

Comentario: Despierto, el Sr. de R… ha reconocido no haber jamás oído hablar de esa planta como específico anti-gota.

19. ¿En su estado actual podría ver el peligro que fuese a correr un amigo, y podría ir en su ayuda? – R.: Podría; lo inspiraría, si escuchara mi inspiración, y aún con más fruto si fuese médium.

20. Ya que os evocamos según vuestro deseo, y que os placéis en poneros a nuestra disposición para nuestros estudios, describidnos lo mejor posible, y hacednos comprender, si es posible, el estado en que os encontráis. – R.: Me encuentro en un estado de lo más feliz y satisfactorio que se pueda sentir. ¿Habéis tenido alguna vez uno de esos sueños donde el calor de los ropajes de la cama os hace creer que sois delicadamente acunado en los aires, o en las tibias aguas de una corriente, nulamente preocupados de vuestros movimientos, sin consciencia alguna de extremidades pesadas e incomodas de mover o arrastrar, en una palabra, sin ninguna necesidad para satisfacer; no sintiendo ni el aguijón del hambre, ni el de la sed? Me encuentro en ese estado cerca de vosotros; y aún solo os he dado una pequeña idea de lo que siento.

21. ¿El estado actual de vuestro cuerpo sufre alguna modificación fisiológica, como consecuencia de la ausencia del Espíritu? – R.: De ninguna manera; me encuentro en el estado que llamáis primer sueño; sueño pesado y profundo que experimentamos todos, y durante el cual nos alejamos del cuerpo.

Comentario: El sueño, que no era muy profundo al inicio de la comunicación, ha avanzado poco a poco, como consecuencia intrínseca del desprendimiento del Espíritu que deja al cuerpo en un estado de profunda relajación.

22. ¿Si, como consecuencia de un brusco movimiento, se despertara vuestro cuerpo mientras vuestro Espíritu está aquí, que sucedería? – R.: Lo que es brusco para el hombre es extremadamente lento para el Espíritu, que siempre tiene tiempo de ser advertido.

23. ¿La felicidad que nos habéis descrito y de la cual gozáis en vuestro estado de libertad tiene alguna relación con las agradables sensaciones que se experimentan algunas veces en los primeros momentos de la asfixia? El Sr. S…, que ha tenido la satisfacción de sentirlas (involuntariamente), os dirige esta pregunta. – R.: No anda mal encaminado; en la muerte por asfixia existe un instante análogo a aquel del cual hablamos, pero en este caso el Espíritu solo pierde lucidez, mientras que aquí se acrecienta considerablemente.

24. ¿Vuestro Espíritu se mantiene aún ligado por algún lazo a vuestro cuerpo? – R.: Sí, tengo perfecta consciencia de ello.

25. ¿A qué podéis comparar ese lazo? – R.: A nada que conozcáis, si no es a una luz fosforescente, en su aspecto, si podríais verlo, pero que no produce ninguna sensación sobre mí.

26. ¿Os afecta la luz de la misma forma; tiene la misma coloración que cuando veíais por los ojos? – R.: Absolutamente, ya que mis ojos sirven de alguna manera de ventana a la caja de mi cerebro.

27. ¿Percibís los sonidos con la misma claridad? – R.: Con más claridad aún, ya que percibo muchos que se os escapan.

28. ¿Cómo transmitís vuestro pensamiento al médium? – R.: Actúo sobre su mano para dirigirla ayudándome con una acción sobre el cerebro.

29. ¿Os servís del vocabulario existente en su cabeza, o le indicáis las palabras que debe escribir? – R.: Lo uno y lo otro, según mi conveniencia.

30. ¿El Espíritu cuyo cuerpo estuviera muerto sufriría las mismas dificultades para comunicarse a un médium completamente extraño a la lengua que hablaba en vida? – R.: Quizás menor, pero siempre existiría; ya os he dicho que, según la conveniencia, el Espíritu da al médium sus expresiones o utiliza las suyas.

31. ¿Vuestra presencia aquí fatiga vuestro cuerpo? – R.: De ninguna manera.

32. ¿Vuestro cuerpo sueña? – R.: No; es debido a eso, justamente, que no se fatiga; la persona de la cual habláis experimentaba por medio de sus órganos impresiones que se transmitían al Espíritu; era lo que la fatigaba; no experimento nada parecido.

Comentario: Hace alusión a una persona sobre la cual se hablaba en ese momento, y quien, en igual circunstancia, había dicho que su cuerpo se fatigaba, y había comparado su cuerpo a un globo cautivo cuyas sacudidas hacen estremecerse al poste que lo retiene.

Al día siguiente el Sr. De R… C… nos dijo haber soñado que se encontraba en la Sociedad entre el médium y nos; es evidentemente un recuerdo de la evocación. Es probable que en el momento de la pregunta no soñara, ya que ha respondido negativamente; o quizás también, y eso es más probable, no siendo el sueño más que un recuerdo de la actividad del Espíritu no es en realidad el cuerpo el que sueña, ya que el cuerpo no piensa. Ha podido pues, y así mismo debido responder negativamente, no sabiendo si, una vez despierto, su Espíritu se acordaría. Si su cuerpo hubiese soñado, mientras su Espíritu estaba ausente, es que el Espíritu habría tenido una doble presencia; más, no podía estar a la vez en la Sociedad y en su casa.

33. ¿Se encuentra vuestro Espíritu en el estado en el cual se encontrará a vuestra muerte? – R.: Muy similar; exceptuando el lazo que lo retiene al cuerpo.

34. ¿Tenéis consciencia de vuestras existencias anteriores? – R.: Muy confusamente: esta es también una circunstancia que olvidaba; después del desprendimiento completo que sigue a la muerte, los recuerdos son mucho más precisos; actualmente son más completos que en la vigilia, pero no lo suficiente para poder especificarlos de manera inteligible.

35. ¿Si, a vuestro despertar os presentáramos vuestros escritos, os daría consciencia de las respuestas que acabáis de dar? – R.: Podría encontrar en ellos algunos de mis pensamientos; pero muchos otros no encontrarían eco en mi pensamiento de la víspera.

36. ¿Podríais ejercer sobre vuestro cuerpo una influencia lo suficientemente grande como para despertaros? - R.: No.

37. ¿Podríais responder a una pregunta mental? – R.: Sí.

38. ¿Nos veis espiritualmente o físicamente? – R.: Lo uno y lo otro.

39. ¿Podríais visitar al hermano de vuestro padre, que dicen está en una isla de la Oceanía, y, como marino, podríais precisar la posición de esa isla? – R.: No puedo nada de todo eso.

40. ¿Qué pensáis ahora de vuestra interminable obra y de su finalidad? – R.: Pienso que debo proseguir con ella, así como con su finalidad; es todo lo que puedo decir.

Comentario: Había deseado que se le hiciera esa pregunta sobre un importante trabajo que ha iniciado sobre la marina.


41. Estaríamos encantados que tuviese a bien dirigir algunas palabras a vuestros colegas, una especie de pequeño discurso. – R.: Ya que tengo la ocasión, aprovecho para afirmaros, sobre mi fe en el porvenir del alma, que el error más grande que puede cometer el hombre es el de buscar experiencias y pruebas; esto es todo lo más perdonable a los hombres que se inician en el conocimiento del Espiritismo; ¿no se os ha repetido mil veces que hay que creer, porque se comprende y se ama la justicia y la verdad, y que si fuese dada satisfacción a una de esas pueriles demandas, aquellos que pretenden hacerlas para convencerse no tardarían en hacer nuevas peticiones al día siguiente, y que invariablemente gastaríais un tiempo precioso en hacer decir la buenaventura a los Espíritus? Lo comprendo ahora mucho mejor que despierto, y os puedo dar el sabio consejo de, cuando queráis obtener resultados de ese tipo, dirigiros a Espíritus golpeadores y a mesas parlantes que, no teniendo nada mejor que decir, pueden ocuparse de esos tipos de manifestaciones. Perdonadme la lección, pero tengo necesidad de ella como otros, y no me desagrada el dármela a mí mismo.

Tomado de la Revista Espírita de 1860

lunes, 19 de junio de 2017

Apuntes espíritas acerca de la evolución

Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

El tema de la evolución de las especies, propuesto por Charles Darwin y Alfred Russel Wallace, donde plantean que las especies se transforman continuamente, ha sido tema de discusión y enfrentamiento ante los creacionistas, en una eterna lucha entre ciencia y religión. A pesar de ello, los científicos han reunido suficientes pruebas para demostrar que la evolución es un proceso característico de la materia viva y que todos los organismos que viven en la Tierra, descienden de un ancestro común.


Es importante destacar, que las investigaciones de Charles Darwin y Alfred Russell Wallace sobre la evolución de las especies eran totalmente independientes, sin embargo, al analizar Darwin el trabajo desarrollado por Wallace expresó:

“Jamás vi coincidencia más impresionante; ¡si Wallace tuviera mi borrador escrito en 1842, no habría podido realizar un resumen mejor!
Charles Darwin

Este hecho, nos pone a pensar acerca de la universalidad de la enseñanza de los espíritus propuesto por Allan Kardec, entendiendo, en este caso en particular, que la investigación de este par de eminentes científicos, era apoyada desde la espiritualidad, como un aporte a la evolución de la vida en la Tierra, tema demasiado álgido para la humanidad de la época.

Con el lanzamiento de El Libro de los Espíritus en 1857, el Espíritu de Verdad en la respuesta a la pregunta 540, esboza la teoría de la evolución de una forma simple, con un contenido lleno de sabiduría:

“Así pues, todo sirve, todo se eslabona en la naturaleza, desde el átomo primitivo hasta el arcángel, pues él mismo comenzó en un átomo. ¡Admirable ley de la armonía, cuyo conjunto no puede aprehender aún vuestro Espíritu limitado!

Y es tan limitado nuestro conocimiento, que cuando se plantea la evolución desde la orilla de la ciencia, no se incluyen los minerales, partiendo del hecho que los minerales son seres inertes.

En La Revista Espírita de 1858, en una comunicación recibida de un Espíritu habitante del planeta Júpiter, este esboza su pensamiento evolutivo de esta manera:

“Así, de cualquier lado que se lo mire, la armonía del Universo se resume siempre en una sola ley: el progreso por todas partes y para todos, para el animal como para la planta, para la planta como para el mineral; al principio, un progreso puramente material en las moléculas insensibles del metal o de la piedra, y cada vez más inteligente a medida que nos remontamos a la escala de los seres y al paso que la individualidad tiende a liberarse de la masa, a afirmarse, a conocerse”.

El espiritismo reconoce que el principio espiritual, en su largo viaje desde la monada, inicia su recorrido en los elementos minerales, de forma tal que se escapa a nuestra capacidad actual de raciocinio, hasta el reino de la angelitud, necesitando para ello, vivenciar experiencias evolutivas por los reinos vegetal y animal, hasta alcanzar el raciocinio, en el hominal.

Y esa es la historia esplendorosa que iniciamos todos los seres humanos, que nacemos como principio inteligente y alcanzamos la gloria solar en un éxtasis de auto-realización y paz, según nos enseña Juana de Ángelis[1].




[1] Juana de Ángelis/Divaldo Franco, El despertar del Espíritu, ediciones Juana de Ángelis, Buenos Aires, Argentina, 2001, pág. 200.

viernes, 9 de junio de 2017

Fenómeno de aparición en Kentucky (EEUU)

 Por: Allan Kardec

Hace algún tiempo, el Constitutionnel (Constitucional) y La Patrie (La Patria) han hecho referencia al siguiente caso, publicado en periódicos de los Estados Unidos:

La pequeña ciudad de Lichtfield, en Kentucky, cuenta con numerosos adeptos de las doctrinas del espiritualismo magnético. Un hecho increíble, que acaba de pasar, sin duda no contribuirá poco para aumentar el número de partidarios de la nueva religión.

La familia Park, compuesta por el padre, la madre y por tres hijos que ya tienen la edad de la razón, estaba fuertemente imbuida de las creencias espiritualistas. Por el contrario, una hermana de la señora Park – la señorita Harris – ninguna fe tenía en los prodigios sobrenaturales de los cuales se le hablaba sin cesar. Esto era para toda la familia un verdadero motivo de pesar, y más de una vez la buena armonía de las dos hermanas se vio perturbada por eso.

Hace algunos días la Sra. Park fue de repente acometida por un mal súbito que, desde el principio, los médicos declararon no poder tratar. La paciente era víctima de alucinaciones, y una terrible fiebre la atormentaba constantemente. La Srta. Harris pasaba todas las noches cuidándola. Al cuarto día de su enfermedad, la señora Park se levantó súbitamente y, sentándose en su lecho, pidió agua y comenzó a conversar con su hermana. Circunstancia singular: de pronto la fiebre había desaparecido, su pulso era regular y ella se expresaba con la mayor facilidad; toda feliz, la señorita Harris creyó que su hermana estuviese desde aquel momento fuera de peligro.

Después de haber hablado de su marido y de sus hijos, la Sra. Park se acercó aún más de su hermana y le dijo:

-      Pobre hermana: voy a dejarte; siento que la muerte se aproxima. Pero al menos mi partida de este mundo servirá para convertirte. Moriré dentro de una hora y me enterrarán mañana. Ten mucho cuidado de no seguir mi cuerpo al cementerio, porque mi Espíritu, revestido de su despojo mortal, aún te aparecerá una vez antes que mi ataúd sea recubierto de tierra. Entonces creerás finalmente en el espiritualismo.

Después de haber terminado estas palabras, la enferma volvió a acostarse tranquilamente. Pero una hora después – como ella lo había anunciado – la señorita Harris percibió con dolor que el corazón de su hermana había cesado de latir.

Vivamente emocionada por la asombrosa coincidencia que existía entre este acontecimiento y las palabras proféticas de la difunta, se decidió a seguir la orden que le había sido dada y, al día siguiente, se quedó sola en la casa mientras que todos se dirigían al cementerio. Después de haber cerrado los postigos de la cámara mortuoria, ella se sentó en un sillón ubicado cerca de la cama que el cuerpo de su hermana acabara de dejar.

Apenas cinco minutos hubieron transcurrido – contaba más tarde la Srta. Harris –, cuando vi como una nube blanca destacarse en el fondo de la habitación. Poco a poco esta forma se dibujó mejor: era la de una mujer medio velada; ella se aproximó lentamente de mí; yo distinguía el ruido de leves pasos sobre el piso; en fin, mis ojos asombrados estaban en presencia de mi hermana...

Su rostro, lejos de tener esa palidez sin brillo que en los muertos impresiona tan penosamente, estaba radiante; sus manos, cuya presión luego sentí sobre las mías, habían conservado todo el calor de la vida. Fui como transportada a una nueva esfera por esta aparición maravillosa. Creyéndome ya hacer parte del mundo de los Espíritus, me toqué el pecho y la cabeza para asegurarme de mi existencia; pero no había nada de penoso en este éxtasis.

Después de haber permanecido así delante mío – sonriente, pero en silencio – por espacio de algunos minutos, mi hermana, pareciendo hacer un violento esfuerzo, me dijo con una dulce voz:

-      Es tiempo de partir: mi ángel conductor me espera. ¡Adiós! He cumplido mi promesa. ¡Cree y espera!”

El periódico – agrega La Patrie – del cual hemos extraído este maravilloso relato, no dice si la señorita Harris se ha convertido a las doctrinas del espiritualismo. Sin embargo, suponemos que así fue, porque muchas personas se dejarían convencer por bien menos.

Agregamos, por nuestra propia cuenta, que este relato nada tiene que deba sorprender a aquellos que han estudiado los efectos y las causas de los fenómenos espíritas. Los hechos auténticos de este género son bastante numerosos y encuentran su explicación en lo que hemos dicho al respecto en varias circunstancias; tendremos ocasión de citarlos, provenientes de menos lejos que éste.



Tomado de la Revista Espírita 1858

martes, 6 de junio de 2017

Síndrome de personalidad múltiple


Vídeo sobre el "síndrome de personalidades múltiples". A este síndrome, Herminio Mirando en su obra "Condominio Espiritual" la define como "una comunidad de espíritus desencarnados, que comparten con un encarnado el mismo cuerpo físico.


El hecho es considerado como una obsesión compleja y difícil de ser resuelta, pues se aproxima a la posesión, más o menos pacífica. Un fenómeno anímico (desdoblamiento) conjugado con otro mediúmnico (incorporación).



jueves, 1 de junio de 2017

El Espíritu golpeador de Dibbelsdorf (Baja Sajonia)

Por el Dr. Kerner; traducido del alemán por el Sr. Alfred Pireaux.

La historia del Espíritu golpeador de Dibbelsdorf encierra, al lado de su parte cómica, una parte instructiva, como resalta de los extractos de antiguos documentos publicados en 1811 por el predicador Capelle.

En el último mes del año 1761, el 2 de diciembre a las seis de la tarde, una especie de martilleo –que parecía venir del piso– se hizo escuchar en un cuarto ocupado por Antoine Kettelhut. Éste lo atribuía a su empleado que quería divertirse a costa de la doméstica, que por entonces estaba en el cuarto de las hiladoras, y que salió para arrojar un balde de agua en la cabeza del travieso; pero no encontró a nadie afuera. Una hora después volvió a comenzar el mismo ruido y se pensó que la causa pudiese ser un ratón. Entonces, al día siguiente, se examinaron las paredes, el techo, el parqué, pero no se encontró el menor rastro de ratones.

A la noche se escuchó el mismo ruido; entonces se pensó que la casa era peligrosa para vivir, y los empleados domésticos ya no querían más permanecer en sus cuartos en vigilia. Poco después el ruido cesó, pero reapareció a cien pasos de allí, en la casa de Louis Kettelhut –hermano de Antoine– y con una inusitada fuerza. Era en un rincón del cuarto que esa cosa golpeadora se manifestaba.

Al final la cuestión se volvió sospechosa para los lugareños, y el burgomaestre dio parte a la justicia que, al principio, no quiso ocuparse de un asunto que consideraba ridículo; pero bajo la constante presión de los habitantes, el 6 de enero de 1762 la justicia se transportó a Dibbelsdorf para examinar el hecho con atención. Las paredes y el techo fueron derribados, pero sin llevar a ningún resultado, y la familia Kettelhut juró que no tenía relación alguna con aquella cosa extraña.

Hasta entonces nadie había conversado con el golpeador. Un individuo de Naggam, armándose de coraje, le preguntó: –Espíritu golpeador, ¿aún estás ahí? Y un golpe se hizo escuchar. –¿Puedes decirme cómo te llamas? Entre los varios nombres que se le dijeron, el Espíritu dio un golpe al ser pronunciado el del interlocutor. – ¿Cuántos botones tiene mi ropa? Fueron dados 36 golpes. Se contaron los botones y exactamente eran 36.

A partir de ese momento la historia del Espíritu golpeador se difundió por las inmediaciones, y todas las tardes centenas de habitantes de Brunswick se dirigían a Dibbelsdorf, como también ingleses y una multitud de extranjeros curiosos; la muchedumbre se volvió tal que la milicia local no podía contenerla; los lugareños tuvieron que reforzar la guardia de noche y fueron obligados a sólo dejar entrar en fila a los visitantes.

La concurrencia de público pareció estimular al Espíritu a manifestaciones más extraordinarias, haciendo surgir signos de comunicación que probaban su inteligencia. Nunca se confundió en sus respuestas: si se deseaba saber el número y el color de los caballos que estaban en el frente de la casa, él lo indicaba con mucha exactitud; al abrirse un libro de canto, colocándose el dedo fortuitamente en una página y preguntando el número del fragmento musical –que inclusive era desconocido por el interrogador–, luego una serie de golpes indicaba perfectamente el número designado. El Espíritu no hacía esperar su respuesta, porque ésta seguía inmediatamente a la pregunta. También anunciaba la cantidad de personas que había en el cuarto, cuántas había afuera, designando el color de los caballos, de las ropas, la posición y la profesión de los individuos.

Un día, entre los curiosos se encontraba un hombre de Hettin – completamente desconocido en Dibbelsdorf– que desde hacía poco habitaba en Brunswick. Preguntó al Espíritu el lugar de su nacimiento y, para inducirlo a un error, le mencionó un gran número de ciudades; cuando llegó al nombre de Hettin se escuchó un golpe. Un astuto burgués, creyendo que hacía caer en falta al Espíritu, le preguntó cuántos pfennings[1] tenía en su bolsillo; le fue respondido el número exacto: 681. Le dijo a un repostero cuántos biscochos había hecho por la mañana; a un vendedor, cuántos metros de cinta había vendido en la víspera; a otro, la suma de dinero que había recibido por correo en la antevíspera. Tenía un humor bastante jovial; marcaba el compás cuando se lo pedían y, a veces, tan fuerte que el ruido era ensordecedor. A la noche, durante la cena, después del benedícite, él golpeaba el Amén. Esta señal de devoción no impidió que un sacristán, vestido con los hábitos de exorcista, intentase expulsar al Espíritu; pero la conjuración fracasó.

El Espíritu no temía a nadie, y se mostró muy sincero en sus respuestas al duque reinante Carlos y a su hermano Fernando, como a cualquier otra persona de menor condición. Entonces, la historia tomó un aspecto más serio. El duque encargó a un médico y a doctores en Derecho que examinaran los hechos. Estos eruditos explicaron que los golpes se producían por la presencia de una fuente subterránea. Mandaron cavar a ocho pies de profundidad, y naturalmente encontraron agua, teniendo en cuenta que Dibbelsdorf está situada en la parte baja de un valle; el agua brotó inundando el cuarto, pero el Espíritu continuó golpeando en su rincón habitual. Entonces, los hombres de Ciencia creyeron ser víctimas de una mistificación, y dieron al empleado el honor de tomarlo por aquel Espíritu tan bien informado. Decían ellos que la intención del empleado era la de seducir a la doméstica. Todos los habitantes del pueblo fueron invitados a permanecer en esa casa un día establecido; al empleado le fueron colocados guardias para vigilarlo, porque, según la opinión de los eruditos, él debía ser el culpable; pero el Espíritu respondió nuevamente a todas las preguntas. Al ser reconocido inocente, el criado fue puesto en libertad. Pero la justicia quería un autor de esa fechoría: acusó al matrimonio Kettelhut por el ruido del cual se quejaban, a pesar de que fueran personas muy benévolas, honestas e irreprochables en todas las cosas, y aunque fuesen los primeros en dirigirse a las autoridades desde el origen de las manifestaciones. Con promesas y amenazas forzaron a una joven a testimoniar contra sus patrones. En consecuencia, éstos fueron puestos en prisión, a pesar de las retractaciones ulteriores de la joven, y de la confesión formal de que sus primeras declaraciones eran falsas y que le habían sido arrancadas por los jueces. El Espíritu continuó golpeando, pero ni siquiera por esto el matrimonio Kettelhut dejó de estar preso durante tres meses, al cabo de los cuales fueron absueltos sin indemnización, aunque los miembros de la comisión hubiesen resumido su informe de la siguiente manera: «Todos los medios posibles para descubrir la causa del ruido han sido infructuosos; tal vez el futuro nos esclarezca al respecto». –El futuro aún nada ha enseñado.

El Espíritu golpeador se ha manifestado desde el comienzo de diciembre hasta marzo, época en la que dejó de escucharse. Se volvió a pensar que el empleado –ya incriminado– debería ser el autor de todas esas jugarretas; pero ¿cómo él habría podido evitar las trampas que le tendieron los duques, los médicos, los jueces y tantas otras personas que lo interrogaron?

Observación – Si consentimos reportarnos a la fecha en que han pasado las cosas que acabamos de relatar, y las comparamos con las que han tenido lugar en nuestros días, encontraremos en ellas una identidad perfecta en el modo de las manifestaciones y hasta en la naturaleza de las preguntas y respuestas. Entretanto, ni América ni nuestra época han descubierto a los Espíritus golpeadores –ni tampoco a los otros–, como lo demostraremos a través de innumerables hechos auténticos más o menos antiguos. Hay, por lo tanto, entre los fenómenos actuales y los de antaño una diferencia capital: es que éstos últimos eran casi todos espontáneos, mientras que los nuestros se producen casi a voluntad de ciertos médiums especiales. Esta circunstancia ha permitido estudiarlos mejor y profundizar su causa. A esta conclusión de los jueces: “Tal vez el futuro nos esclarezca al respecto”, el autor no respondería hoy: El futuro aún nada ha enseñado. Al contrario, si este autor viviese actualmente, sabría que el futuro ha enseñado todo, y la justicia de nuestros días –más esclarecida que la de hace un siglo– no cometería errores que recuerdan a los de la Edad Media, con relación a las manifestaciones espíritas. Mucho tiempo antes nuestros propios sabios han penetrado en los misterios de la Naturaleza como para no saber tener en cuenta las causas desconocidas; ellos tienen demasiada sagacidad y no se exponen a los desmentidos de la posteridad, como lo han hecho sus predecesores en detrimento de su reputación. Si algo asoma en el horizonte, ellos no se apresuran en decir: “Eso no es nada”, por miedo a que ese nada sea un navío; si no lo ven, se callan y esperan: ésta es la verdadera sabiduría.

Tomado de La Revista Espírita 1858.



[1] Pfnnings: pequeña moneda alemana que valía 1/100 de un marco alemán.

viernes, 12 de mayo de 2017

Estigmas, ¿Quimera o realidad?

Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta – Colombia

El tema de los estigmas representa en el mundo sacro, uno de los misterios más fascinantes para el género humano, a tal punto que la aparición del fenómeno ocasiona en la fe del creyente, la manifestación de Jesús entre los hombres en cumplimiento de la promesa “no os dejaré huérfanos, vendré a vosotros[1]”...

Definido como, la huella impresa sobrenaturalmente en el cuerpo de algunos santos en éxtasis, como símbolo de la participación que sus almas toman en la pasión de Cristo[2], los estigmas recuerdan al mundo cristiano la incredulidad del apóstol Tomás y la posterior aparición de Jesús para mostrarle sus heridas, que a la letra dice así:

“Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron[3].
La lista de estigmatizados es larguísima y en las crónicas de la cristiandad han aparecido numerosos estigmatizados, muchos de los cuales han sido acusados de fraude, fanáticos místicos y hasta de locos; según Michael Freze en su obra The Making of Saints, en la historia de la iglesia existen 321 estigmatizados, de los cuales setenta y dos han sido canonizados.
El primer estigmatizado del que se tiene historia fue María de Oignies, quién fue una beguina y mística, nacida en el seno de una familia noble. Entre las gracias místicas que tuvo María, se encuentran los estigmas, que recibió en 1212, doce años antes que San Francisco de Asís, siendo por tanto el primer caso histórico de estigmas.
En el caso de Francisco de Asís, fue él quien solicitó al mismo Jesús le permitiera que “tus llagas florezcan en mí”, tal como aparece en la obra “Francisco de Asís”, del espíritu Miramez y psicografiado por el médium brasilero Joao Nunes Maia. Asegura el espíritu Miramez en la obra citada, que “multitudes de personas iban a Asís, buscándolo donde estuviese, para ver de cerca las llagas de Cristo, que Francisco ostentaba en las manos, en los pies y en el pecho. Él sufría de dolores por las heridas, como si también hubiesen sido provocadas por los clavos y por la lanza. Aun así, nunca reclamaba, no salía del clima de la alegría ni blasfemaba. Recibía todo aquello como un cántico de Esperanza, que transformaba el dolor en Paz”.
La historia nos habla de otro estigmatizado, el padre capuchino Francisco Forgiane, más conocido como el Padre Pio. Fue un enigma viviente para médicos y especialistas hasta su muerte en 1968. Ingresó a los quince años en un monasterio y hacia el año 1915 sufrió una experiencia que marcó su vida. Tuvo una visión de Cristo mientras se encontraba arrodillado en un banco de la iglesia donde acababa de decir misa. Difícilmente pudo explicar su vivencia: "Sentí como si me fuera a morir... La visión se desvaneció y advertí que mis manos, pies y costado estaban perforados y sangrando profusamente". Intentó ocultar sus heridas, pero fue inútil[4].
Padre Pio. Fotografía tomada de la Web: 
http://forosdelavirgen.org/75559/los-hechos-notables-de-los-estigmas-2014-02-18/ 

Finalizamos nuestra reseña con
Catalina de Ricci, monja italiana quien, durante doce años, 1542-1554, revivió en su cuerpo las llagas del Crucificado y la Pasión del Señor. Aseguran los historiadores, que en Catalina de Ricci se daba una estigmatización completa, pues entre el jueves y el viernes, presentaba las cinco llagas, la corona de espinas, los azotes y el estigma del hombro.
Para los creyentes, los estigmas son un don ofrecido por Dios; para el incrédulo, superchería, fraude y hasta intervención demoníaca; más, para la Doctrina Espírita ¿qué representa este fenómeno en la vida del hombre? En los múltiples casos de estigmatización conocidos, la persona entra en un éxtasis profundo, donde contempla la figura idealizada del Cristo en la cruz, con la posterior aparición en su cuerpo de las heridas ocasionadas a Jesús durante su crucifixión.
Se sabe, por ejemplo, que “un gran número de estigmatizados fue bendecido con otros fenómenos sobrenaturales, incluidos los poderes de profecía, sanación, levitación (efecto por el que el cuerpo se halla estable en el aire), bilocación (estar en dos lugares al mismo tiempo) e inedia (habilidad de abandonar la ingestión de alimentos). Un ejemplo de inedia lo tenemos en Ángela de Foligno (1250-1309) quien estuvo doce años sin comer. Después de muertos se descubrió que los cuerpos de algunos estigmatizados eran incorruptibles ya que no habían entrado en descomposición. Además, la sangre de las heridas estigmáticas de Passitea Crogi (1564-1615), preservada en frascos, vuelve a licuarse en ocasiones[5]”.
Desde la orilla de la ciencia médica, se piensa que las heridas pueden haber sido causadas de modo enteramente natural por la sola acción de la imaginación, aunada a emociones muy vivas y profundas. En una persona profundamente impresionada por los sufrimientos de Jesús y llena de un gran amor por El, esa preocupación actuaría físicamente reproduciendo en la persona las llagas de Cristo. Ello no disminuiría en modo alguno el mérito que esas personas tienen por aceptar la prueba, pero su causa no sería sobrenatural.
Muestra de ello es la experiencia del Dr. Adalf Lechler con una paciente austriaca de nombre Elisabeth. Cuenta el Dr. Lechler que: “Elisabeth no parecía tener inclinaciones viciosas, y poseía un carácter profundamente religioso. Era sumamente neurótica. Pasó por más de una decena de clínicas en tratamiento. Por un tiempo estuvo bajo el cuidado del Dr. Lechler, quien hizo un relato minucioso de los hechos. Para facilitarle la cura y al mismo tiempo estudiar el caso, la aceptó como empleada doméstica. El hecho más importante se da un viernes santo, cuando ella asiste a una película que representa vivamente las escenas de la Pasión de Cristo. Al regresar a la casa, se quejaba de dolores en las manos y en los pies. Como había hecho muchas veces con anterioridad, el Dr. Lechler hipnotizó a la joven, pero esta vez le sugirió que ella, como Cristo, tenía las manos y los pies perforados con clavos. Le hizo esta sugestión repetidas veces y el resultado fue altamente satisfactorio. El documenta el resultado con fotografías donde aparecen claramente las heridas en las manos y en los pies. Posteriormente, por medio de sugestiones repetidas, la transportó a un estado en que las lágrimas de sangre fluían libremente de sus ojos, apareciendo también las señales de la corona de espinos. Sobrevino también una herida en los hombros causada por la sugestión de que cargaba la Cruz[6].
El espiritismo nos ofrece argumentos para entender, desde su enfoque doctrinario, las razones de los fenómenos en estudio. De esta manera, en la respuesta a la pregunta 444 de El Libro de los Espíritus, sobre el grado de confianza que nos merece un extático, nos revela que “El extático podrá engañarse con mucha frecuencia, sobre todo cuando quiere penetrar aquello que debe seguir siendo un misterio para el hombre, porque en tal caso se abandona a sus propias ideas, o bien se convierte en juguete de Espíritus embusteros que aprovechan su entusiasmo para fascinarlo”.

Para el Dr. Gustavo Geley, reconocido médico francés e investigador de los fenómenos de materialización con la médium Eva C., “los fenómenos de estigmatización, de modificaciones tróficas cutáneas por sugestión o autosugestión, no son sino fenómenos elementales de ideoplastía, infinitamente más simples, aunque del mismo orden que los fenómenos de materialización[7]”.

En la obra “Perdón, camino de la felicidad”, del espíritu Aulus y psicografiado por Nelson Moraes, el autor espiritual asegura que, “la gran mayoría de los casos de estigmatización de la pasión de la cruz, donde el encarnado presenta en el cuerpo las cicatrices o las heridas provocadas por los clavos y espinos, usados en la crucifixión, son Espíritus que, de alguna forma, exploraron o cometieron crímenes en nombre de Cristo. Reencarnados, con el subconsciente cargado de un profundo sentimiento de culpa, pasan a autocastigarse, imponiéndose a sí mismo, el sufrimiento de aquel de quien se consideran traidores. Muchas de las personas que sufren o sofrieron, el estigma, fueron o son, consideradas, indebidamente, como paranormales o místicas, tal vez, por no existir una explicación científica para el fenómeno. Muchas veces, envueltos por la ignorancia, por el fanatismo del pueblo y por los Espíritus que se complacen con su sufrimiento, creyéndose misioneros de la redención humana”.

De esta manera, “cuando hay conciencia de culpa – se transfieren de una reencarnación para otra, dando lugar a disturbios psicológicos que aturden o traen infelicidad; o desarticulan los sutiles engranajes del cuerpo periespiritual – el modelo organizador biológico – posibilitando las anomalías congénitas – físicas y psíquicas -, las enfermedades mutiladoras; o se instalan en el ser profundo, favoreciendo con las rudas aflicciones morales, sociales, financieras, en carmas perturbadores que dilaceran con severidad al ser.

Entre tanto, a medida que el ser despierta para su realidad interior, el sufrimiento cambia de expresión y puede convertirse en un instrumento del propio amor, en vez de mantener un carácter reparador, como ocurrió con Jesucristo, Francisco de Asís y otros que, sin ningún débito a resarcir, los aceptaron a fin de enseñar coraje, resignación y valor moral[8]”.





[1] Juan 14:18, Biblia Reina Valera, 1960.
[3] Juan 20:26 – 29, Biblia Reina Valera, 1960.
[4][4] http://mysteryplanet.com.ar/site/estigmas/
[5] http://www.religionenlibertad.com/estigmas-y-estigmatizados-verdad-o-mentira-39938.htm
[6] https://portal2013br.wordpress.com/2015/05/19/os-estigmatizados-fenomeno-psiquicofraude-ou-missao-espiritual-primeira-parte/
[7] Geley Gustavo, Las modificaciones secundarias de la fisiología supranormal, Del Inconsciente al Consciente. Ediciones Cima, pág. 84, 1995
[8] Franco P. Divaldo, Juana de Ángelis. Conciencia y sufrimiento. Autodescubrimiento, Ediciones Juana de Ángelis, Argentina, 1997.

PERIESPÍRITU O PSICOSOMA

Vimos respecto de la estructura espiritual o zona del inconsciente que, a pesar de ser una región energética, estaría constituida de zo...