martes, 5 de mayo de 2026

EL DRAMA DE UNA ACTRIZ


Tomado del libro: "Sexo & Conciencia" - Divaldo Franco

Como ya se ha mencionado, el sexo, así como cualquier otra función que se manifiesta en nuestra maquinaria orgánica, debe ser utilizado con el respeto que debemos dedicar a los demás mecanismos fisiológicos. Encargado de perpetuar la especie, su práctica se reviste de significados profundos, al propiciar la reproducción, particularmente en la especie humana. Igualmente, portador de hormonas fisiológicas y psicológicas, por el placer que proporciona, merece el involucramiento del amor, sin el cual se convierte en un automatismo orgánico desprovisto de consecuencias más elevadas. Además, por el hecho de involucrar a otra persona, en las relaciones saludables, siempre se torna responsable de los efectos psicológicos que vinculan a una con la otra. Su uso promiscuo e irresponsable siempre genera trastornos morales, sociales y emocionales profundos, de los que padece nuestra sociedad, algunos de los cuales serán transferido más allá de la tumba.

Cuando observamos la promiscuidad sexual, notamos que la persona cambia de pareja, pero no cambia de comportamiento. Y busca en la nueva pareja (masculina o femenina) aquello que faltaba en la anterior. Es la búsqueda de lo nuevo, de lo diferente, que pronto se volverá normal, repetitivo y agotador. Y, como consecuencia, el individuo pasa a usar la función sexual como alimento de variación constante, sin jamás alcanzar una satisfacción plena.

¿Cómo debemos comportarnos al ser testigos de la prostitución? Nos corresponde asumir una actitud de compasión hacia aquellos que viven del sexo. En la actualidad, la prostitución ha asumido una gran variedad de formas, pues no se encuentra solo en el burdel, en las calles oscuras de la ciudad o en los moteles elegantes de la periferia, sino también en apartamentos de lujo donde desfilan ases y estrellas que conmueven al mundo y que son atormentados sexuales.

Esa variedad infinita de formas de prostitución, aunque no siempre sea asalariada, continúa siendo un trastorno de compostura moral. Cuando decimos que no es asalariada, es porque no hay un precio establecido en una tabla a la entrada del burdel, pero el precio se cobra de otra manera. Cuántas personas se prostituyen para alcanzar un lugar destacado en la sociedad: en la política, en las artes, en las relaciones sociales en general, en aspiraciones de cualquier naturaleza. Reciben como pago apartamentos de lujo, joyas de alto valor, automóviles, abrigos de pieles raras… Nunca, sin embargo, la paz interior. Porque al cambiar de pareja, la persona viaja hacia nuevas experiencias con el sentimiento desgarrado, sabiendo que no es amada. Si esa persona es socialmente influyente, sabe que quienes le hablan de amor desean su luz para proyectarse con ese brillo. Y cuando le proponen una unión conyugal, casi siempre es para ganar notoriedad en los medios, para divorciarse después, cuando nuevamente serán objeto del sensacionalismo de los medios de comunicación.

Todo esto son trastornos psicológicos del área sexual por ausencia de amor. ¡Examinemos el paisaje afectivo de los grandes campeones del sexo y veremos cuán solitarios son!

Pero la vida es muy severa cuando se la irrespeta.

Yo conocí a una actriz de televisión en el esplendor de su gloria. Una joven hermosa que hacía telenovelas, realmente atractiva, no solo en la pantalla, sino también como persona. El medio en que vivió y las experiencias que tuvo ciertamente la corrompieron. En poco tiempo, además de lo que ganaba como actriz en una posición de gran destaque en todo el país, prefirió optar también por relaciones extravagantes. En la misma época, conocí también a una familia muy rica, en la que el hijo, bastante esnob, poseedor de una gran fortuna, se permitía recibir desde Río de Janeiro y São Paulo vuelos especiales hacia su hacienda para relacionarse con actrices de renombre nacional o internacional, aquellas figuras más provocativas y famosas del mundo sexual. Para llevar a cabo esas orgías, invitaba a amigos igualmente ociosos y atormentados.

En una de las ocasiones en que estuve en su ciudad, su madre me dijo:

—Divaldo, ¡no sabes el tormento en el que me encuentro!

Me relató el drama, explicando que su hijo estaba recibiendo, entre otras personas, a esa actriz específica a la que me refiero.

Pasaron algunos años… La desesperación, la sed y la voracidad de esa joven, ciertamente vampirizada, hicieron que ella indicara en los avisos y álbumes en los que se ofrecía para ser elegida, la forma de pago que debían usar sus clientes. Llegó incluso a señalar que aceptaba tarjetas de crédito.

¡Veamos cómo son los dramas de la criatura humana!

Cuando leí el anuncio, comencé a orar por ella. Me invadió una inmensa compasión, como si fuera mi propia hija.

Poco después, contrajo el VIH. Imaginemos las dificultades de una persona seropositiva en aquellos días duros de los años 1980. Fue despedida de su trabajo, porque los demás actores se negaban a realizar escenas románticas con ella, ya que creían que la saliva del beso sería vehículo de contagio. También comenzó a ser excluida de los grandes círculos sociales. Tiempo después, dio una entrevista con el corazón desgarrado por la amargura. Porque ahora, ni pagando lograba conseguir un compañero. Finalmente, se suicidó.

He orado por esa joven durante más de diez años. En ese largo período, tuvimos un contacto psíquico, y ella me contó su drama, su voluptuosidad, la alucinación que continuaba atormentándola. Era portadora de un deseo sexual incontrolable, hoy clasificado como compulsión sexual. Por lo tanto, insatisfecha y atormentada por un trastorno psíquico, especialmente como consecuencia de los abortos practicados en esa misma existencia, sus víctimas no la perdonaban. La llevaron al suicidio y la estaban explotando en el mundo espiritual.

Cuando encontramos a una persona bella, atractiva y disputada por muchos, estamos lejos de conocer los conflictos de su mundo íntimo.


 

EL DRAMA DE UNA ACTRIZ

Tomado del libro: "Sexo & Conciencia" - Divaldo Franco Como ya se ha mencionado, el sexo, así como cualquier otra función que ...