lunes, 20 de abril de 2026

EXORDIO DE LA OBRA "GENESIS DE LA VIOLENCIA EN COLOMBIA"

EXORDIO

Mucho se ha escrito sobre las causas de la violencia en Colombia; algunos textos basados en investigaciones veraces, otros, de forma sesgada desde el punto de vista político-social. Esto último, muchas veces, impide ver a profundidad las reales causas del desiderátum violento de una parte de nuestra sociedad, la cual, tarde o temprano, deberá enfrentarse a los desequilibrios generados en el campo emocional a causa de los hediondos crímenes a los que se halla vinculada.

Pretendemos sumergirnos en las profundidades abisales de un problema inherente a la esencia espiritual de quienes, encarnados en Colombia, han sido fuente constante del violento desequilibrio que nos acongoja. Nos acompañan en esta experiencia, como siempre, los mentores espirituales quienes, con sus inspiraciones y consejos, nos alientan a trabajar para aportar luces esclarecedoras al germen de la violencia en nuestro país.

Colombia es un vasto territorio adornado de riquezas naturales, ubicado en el continente americano, zona privilegiada por la divinidad. Así lo narra el Espíritu Emmanuel en la obra “A camino de la Luz”:

Cristo localiza, entonces, en América sus fecundas esperanzas. El siglo XVI nace con el descubrimiento del nuevo continente, sin que los europeos, en general, comprendiesen, en la época, la importancia de semejante acontecimiento. Las riquezas fabulosas de la India deslumbran al espíritu aventurero de aquel tiempo y las cabezas coronadas del Viejo Mundo no habían entendido el significado moral del continente americano”.

Ante semejante afirmación, me atrevería a asegurar que aún somos muchos los que no hemos entendido el profundo alcance que representa la región americana para las huestes espirituales que dirigen nuestro planeta.

Lo anterior es ratificado por el Hermano X (Humberto de Campos) en la obra psicografiada por Chico Xavier, “Brasil, corazón del mundo, patria del Evangelio”, donde relata que:

Cuando Jesús llegó con su corte de ángeles y con Helil[1] al continente que sería descubierto (América del Sur) a finales del siglo XIV, cerca del año 1360, vislumbraron el Crucero del Sur y vieron que en Brasil sería trasplantado el árbol del Evangelio que había sido tergiversado en Palestina y Europa. Brasil tendría la forma de un corazón para abrigar a todos aquellos que deseasen luchar por la Doctrina del Señor. La iniciativa tuvo como consecuencia inmediata la reencarnación de Helil en la ciudad de Oporto, en 1394, para dar el impulso decisivo a las navegaciones atlánticas y proporcionar el descubrimiento de América en 1492, por Cristóbal Colón, y en 1500 del Brasil, por Pedro Álvarez Cabral. Se consolidaba así la voluntad de Jesús de trasplantar el árbol del Evangelio a una nueva tierra[2].

Y en esta nueva tierra surge, como consecuencia de todo un proceso histórico, Colombia, enclavada en una posición privilegiada con relación a otros países de la región. Es un territorio único por su biodiversidad y cultura; sin embargo, ha sido constantemente asediado por los violentos, incluso antes de la llegada de los conquistadores. De acuerdo con investigaciones antropológicas, existieron en toda esta región americana tribus que sometían a otras a través de la fuerza, como parte de un primitivismo ancestral donde el instinto se ejercita a través de impulsos automáticos.

Aun así, con la violenta llegada de los conquistadores a estas regiones, se cumplían los designios de Jesús, tal como lo afirma Emmanuel:

Los delegados de Jesús, sin embargo, abstraídos de la crítica o del aplauso del mundo, cumplen sus grandes deberes en el ámbito de las nuevas tierras. Bajo determinaciones superiores, organizan las líneas evolutivas de las nacionalidades que tendrían que florecer ahí en el porvenir”.

Y más adelante concluye:

En los campos exuberantes del continente americano están plantadas las simientes de luz del árbol maravilloso de la civilización del futuro[3]”.

La historia de Colombia representa, para legos y eruditos, un intenso campo de estudio como ejemplo de democracia y de civilismo en América Latina. A pesar de cargar como un lastre diecinueve años de lucha por su independencia, varias guerras civiles, conflictos internacionales con países vecinos, la época de "La Violencia", el nefasto bipartidismo y los conflictos resultantes de la confrontación interna con guerrillas, paramilitares y bandas emergentes, aún nos mantenemos como un país democrático y con ansias fervientes de salir del atolladero violento en que nos mantienen unos pocos.

Valioso aporte ofrece la comunicación con los Espíritus a través de la bendita mediúmnidad para poder interpretar la razón por la cual muchos violentos recalcitrantes —quienes, tras la máscara del patriotismo, la defensa de la soberanía o el apoyo al pueblo, disfrazan deseos de venganza anidados en pasados vergonzosos— están siendo retirados de las fajas vibratorias que ellos mismos crearon. Tras su desencarnación, muchas veces violenta, son conducidos hacia otros planetas o regiones del Universo[4], donde reiniciarán, en condiciones más complejas, el largo camino de la evolución que retrasaron por mantenerse en una belicosidad que poco o nada aporta al florecimiento del amor. El amor es la premisa fundamental para que la gloriosa epopeya del Espíritu inmortal pueda adquirir el estatus de Espíritu Puro, como colofón a aquellos días pretéritos donde surgió, sencillo e ignorante, hacia la conquista de la conciencia en el reino hominal.

Venturosos días esperan al hombre que, ansioso, aspira a nuevos tiempos de renovación moral del planeta. La visión espírita del Mundo de Regeneración es la antesala al despertar de los sentimientos nobles que enaltecerán al ser, brindándole la oportunidad del burilamiento de su Espíritu sin las ansias del "tener". Comprendiendo que, al priorizar al "Ser", los valores intrínsecos adormecidos lo llevarán a buscar en su prójimo momentos de afectividad que lo impulsarán a ejercitar actos de nobleza, entenderá, por fin, la premisa fundamental que nos plantea la Doctrina Espírita: “Fuera de la caridad no hay salvación”.

Los invitamos a participar en la lectura de esta obra, alejados de cualquier posición sectaria o política que nos impida ver con exactitud la realidad de la violencia en Colombia, desde una visión espiritual.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 



[1] Enrique de Sagres, Infante de Portugal. Hijo del rey Juan I de Portugal y de Felipa de Lancaster, llamado El Navegante y también conocido como Infante de Sagres o Infante Don Enrique. Espíritu encargado por Jesús de los problemas sociológicos de la Tierra.

[2] Brasil, corazón del mundo, Patria del Evangelio. Humberto de Campos/Chico Xavier. Ed. FEB.

 

[3] A Camino de la Luz. Espíritu Emmanuel, psicografía de Chico Xavier.                                                                

[4] Leer “Amanecer de una Nueva Era” de la autoría de Divaldo Franco/Philomeno de Miranda, cap. 9, El gran desafío”, pág. 101, Revelación Editores.

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