![]() |
El escenario especial era
una invitación para la reflexión, un mensaje superior de sensibilidad. Enclavado
en pleno corazón de la naturaleza, se asemejaba a un teatro griego, sin las
paredes circundantes, bañado por la tenue claridad de un largo atardecer.
Nos reuníamos allí, algunos
millares de oyentes interesados en las conferencias semanales que estudiaban y
discutían temas pertinentes al futuro de la humanidad terrestre.
Los oradores eran convidados
conformes sus especialidades y de acuerdo con el abordaje de los asuntos, por
eso mismo eran cautivantes, arrebatadores.
En aquella oportunidad, el
expositor era el Dr. José Carneiro de Campos, médico bahiano que había
contribuido grandemente para el desarrollo y práctica del sacerdocio al que
dedicara, en la condición de verdadero apóstol.
En cuanto una perfumada
brisa se mantenía sobre el ambiente Petitinga y nosotros, nos acomodamos entre
los muchos interesados y aguardamos la alocución.
Presentado por un venerado
Benefactor, en pocas palabras, sin las referencias vacías e innecesarias, el
amigo asomó a la tribuna y después de los cordiales saludos, comenzó su
oración:
-
“La perfecta interacción mente-cuerpo,
espíritu-materia constituye desde ya la base del actual modelo holístico para
la salud. La anterior separación cartesiana de esos elementos que constituyen
un todo contribuyó para que la terapia médica delante de las enfermedades
tuviese aplicaciones aisladas, desasociando la influencia de uno sobre el otro,
con la preponderancia de los efectos de cada uno de ellos en el paisaje del
equilibrio orgánico, así como de la dolencia.
“Cada
vez más se evidencia que en la raíz de muchos males está actuando la voluntad
del paciente, que se complace en la conservación del estado que experimenta,
negándose, consciente o inconscientemente, a la recuperación. Por consecuencia,
se multiplican las técnicas de autocuración y mediante éstas, son colocados a
disposición del enfermo los recursos que él debe mover en beneficio propio,
librándose de los mecanismos de apoyo a través de los cuales disimula los
conflictos, stress y malestares íntimos que subyacen en su vida cotidiana”.
Luego de hacer una pausa, a
fin de que pudiésemos retener la tesis, prosiguió con voz agradable:
-
“Las tensiones mal dirigidas y soportadas por
largos períodos, cuando cesan, son sustituidas por molestias de largo porte, en
el área de los desequilibrios físicos, dando génesis a cánceres, crisis
asmáticas, insuficiencia respiratoria, etc. Otras veces propician estados
esquizofrénicos, catatónicos, neuróticos, sicóticos, profundamente
perturbadores. Cuando afectan el área del comportamiento moral, conducen a la
ingestión y uso de drogas adictivas, alcoholes, tabaquismo, que representan
formas de enfermedades sociales, degradando al grupo humano que padece su
presencia perniciosa.
“La
influencia de la mente sobre el cuerpo es de gran significado para la salud,
por estimular o retener la energía que la sustenta y cuando es bloqueada por el
psiquismo perturbado, cede campo a la proliferación de gérmenes que se le
instalan, fomentando los disturbios que se catalogan como dolencias. De la
misma forma, la acción de la voluntad aplicada con equilibrio en favor de la
armonía personal desbloquea las áreas interrumpidas y la energía de nutrición de
las células pasa a vitalizarlas, restableciendo el campo de desarrollo benigno
de la salud”.
Nuevamente hizo un oportuno
silencio y luego agregó:
-
“La causalidad del comportamiento psicofísico
del individuo se encuentra en el ser espiritual, artífice de la existencia
corpórea, que conduce factores básicos de la felicidad y de la desgracia, que
se originan en sus experiencias dichosas o desventuradas, responsables por la
energía saludable o no que constituye su organismo, así como por la voluntad
ajustada o descontrolada, que le indica el psiquismo. El ser interior se
refleja en el soma, que solo se recompone y renueva bajo la acción de la
conducta mental y moral dirigida hacia el equilibrio de las emociones y de la
existencia. La acción de la voluntad, en el restablecimiento de la salud o en
sustento de la dolencia, es de resultado ponderable, repercutiendo en los
estados de armonía o en los conflictos que se originan en la presencia o
ausencia de la conciencia de culpa imponiendo reparación. El stress y los
traumas prolongados desgastan los controles retentivos del bienestar y desatan
las emociones que generan la desorganización celular.
“Delante
de cualquier problema en el área de la salud, la concientización del paciente
cuanto al poder que dispone para la autocuración, desde que lo desee
sinceramente, es de primordial importancia, posibilitándole la visión de un
cuadro optimista, que le ofrecerá la restauración personal.
“En
todos los individuos, hay casi una tendencia hacia la autocompasión, la
autodestrucción, la venganza contra los otros en desagravio inconsciente por
acontecimientos que le son desagradables. Ante la imposibilidad de asumir esa
realidad exteriormente, transforman tal aptitud en enfermedades, estimulando la
degeneración de las células que aceleran su multiplicación, formando tumores
cancerígenos, matando las defensas inmunológicas, prestándose a las
infecciones, a las contaminaciones que perturban la maquinaria orgánica y
fomentan la instalación de las enfermedades”.
La asamblea silenciosa
acompañaba su razonamiento claro, maravillada.
Dando mayor énfasis a las
palabras, prosiguió:
-
“Es común que personas portadoras de
neoplasia maligna y otras dolencias, cuando recuperan la salud se sienten
sorprendidas y algo decepcionadas, tan acostumbradas se encontraban con el
impositivo mortificante de que eran objeto. Por otro lado, se dan cuenta que la
familia ya no les dispensa la misma atención y el grupo social también se
desinteresa por sus vidas, despreocupándose con relación a las mismas.
Sintiéndose aisladas, pierden la motivación para vivir, crean recidivas o facilitan
la presencia de otras enfermedades con las cuales rehacen el cuadro de
proteccionismo que pasan a recibir, satisfaciéndose con el suceso aflictivo.
“Una
terapéutica bien orientada deberá fundamentarse siempre en la realidad del
Espíritu y en los reflejos de su psiquismo en el cuerpo. De la misma forma,
ante los fenómenos perturbadores de la mente, el conocimiento del estado
somático es de importancia para evaluar sobre su influencia en el
comportamiento mental.
“Espíritu
y cuerpo, mente y materia no son partes independientes del ser, sino
complementos uno del otro, que se interrelacionan poderosamente a través del
psicosoma o cuerpo intermediario periespíritu-, encargado de plasmar las
necesidades evolutivas del ser eterno en la forma física y conducir las
emociones y acciones a las telas sutiles de la energía pensante, inmortal,
entonces reencarnada. Sin esa visión de la realidad del hombre, su análisis es
siempre eficiente y el conocimiento sobre él resulta de pequeña monta.
“Los
traumas, el stress, las desarmonías psíquicas y las manifestaciones genéticas
están impresas en ese cuerpo intermediario, que es el modelo organizador
biológico bajo la acción del Espíritu en proceso de evolución e irán a
expresarse en el campo objetivo como necesidad moral de reparación de crímenes
y errores antes practicado. Si aquellas causas no proceden de esta existencia, deben
de haber sido en otra anterior. Igualmente, las conquistas del equilibrio, de
la salud, de la inteligencia, del idealismo, resultan de las mismas
realizaciones actuales o pasadas que marcan al ser.
“La
evolución es inexorable y todos la realizarán con el esfuerzo personal, aunque
bajo estímulos y directrices superiores que la Paternidad Divina dispensa
igualmente a todos.
“La
transitoriedad de una existencia corporal, como su brevedad en el tiempo son
insuficientes para el proceso de mejoramiento, de belleza, de felicidad a que
estamos destinados. Las diferencias entre lo bruto y lo armónico, lo sabio y lo
ignorante, lo feliz y lo desventurado confirman la buena o mala utilización de
las experiencias anteriores, así como señalan las mayores o menores vivencias
más o menos numerosas de unos y otros. La reencarnación es, por tanto, un
proceso interminable de crecimiento ético-espiritual, posibilitando la
adquisición de valores cada vez más importantes en la conquista de la Vida.
Sería irrisorio limitar la suma de títulos iluminativos al Espíritu proyectado
en la sublime aventura de la evolución, teniendo por delante lo indimensionable
del tiempo que le está destinado. En ese contexto, la dolencia es un accidente
de tránsito evolutivo de fácil corrección, experiencia de sensación
desagradable que incita a la adquisición del bienestar y de las emociones
saludables, ocurriendo por opción exclusiva de cada cual, y solamente el propio
individuo deberá resolver, corregir y de ella librarse”.
El interés general era
manifiesto. Los rostros de todos denotaban satisfacción. Pasado un breve
tiempo, dio curso a la exposición:
-
“Los procesos degeneradores que se
manifiestan como enfermedades dilacerantes y de largo tránsito proceden siempre
del carácter moral del hombre, con las excepciones de aquellos que lo solicitan
para enseñar a los demás abnegación, dignidad y sublimación. Se originan en los
profundos y recónditos pliegues del temperamento rebelde, violente, egoísta y
estallan como flores en descomposición en los órganos que se desintegran, sin
posibilidades de recuperación. Se puede decir que esos mecanismos ulcerantes
siempre se presentan en los déspotas, en los sanguinarios, en los dictadores, cuando
son exonerados del poder o aún durante su dominación reflejando los terribles
contingentes de energías mortíferas que cargan íntimamente. Sus momentos
finales son caracterizados por dolores agudos y descomposición en vida, del
cuerpo que ultrajaron con la mente perversa e insana.
Cuando
esto no ocurre, huyen del mundo a través de suicidios cobardes, que demuestran
su fragilidad moral o parten de la Tierra víctimas de accidentes y homicidios
dolorosos. Lo mismo ocurre con aquellos que se valieron del ropaje físico para
el mercado del sexo, de las sensaciones groseras y viven aspirando siempre los
tóxicos de elevado potencial de destrucción vibratoria. En su tormento, son
aniquilados por el psiquismo que les consumió las fuerzas y la capacidad de
vivir por encima de los bajos patrones morales a los cuales se entregaron. Y
mismo cuando, en el cansancio de los años y en el desgaste de la vitalidad se
resuelve por cambios éticos, por asumir una nueva compostura, no logran tiempo
para evadirse a los efectos de los actos pasados, cayendo en los engranajes
trabados y estropeados del organismo esclavo de las construcciones mentales
viciosas.
“La
mente, exteriorizando las aspiraciones del Espíritu, impone a la organización
somática sus propias aspiraciones y preferencias, que se corporifican, cuando
son mórbidas, en las más diferentes dependencias y patologías, responsables por
la desarticulación de sus mecanismos. Siendo así, cualquier abordaje
terapéutico no debe ser parcial y sí holístico, atendiendo a todas las partes constructivas
del ser. En buena hora, la consciencia médica confiere atención a las terapias
alternativas que, en su mayoría, consideran al hombre como un ser total y lo
buscan en lo esencial, inmortal, trabajando sobre su realidad profunda, que es
el Espíritu, la fuente de energía que se manifiesta en el cuerpo. De esta
forma, mediante el nuevo modelo biológico, toda tentativa en favor del
equilibrio debe fundamentarse en la transformación moral del paciente, en su
recomposición emocional, originada en el cambio de los paneles mentales para la
adopción de pensamientos sanos y en la vivencia acorde con los ideales de
engrandecimiento, que con catalizadores de las fuerzas vivas presentes en la
naturaleza - sintonía ecológica - que interactúan en su constitución global. De
ahí nace la preocupación con el verde, la armonía del medio ambiente y su
preservación forman parte del esquema de salud social, mudando completamente
los conceptos modernos de la agricultura industrial para lograr la
superproducción con los consecuentes daños que resultan de las aplicaciones
químicas, así como las actuales alucinaciones inmobiliarias que destruyen la
flora, tanto cuanto la polución de los ríos, lagos, aire y mares con los
desechos químicos de las fábricas, como el mercurio, en las áreas de minería y
todos los factores que se transforman en lluvias ácidas destructoras, en el
aumento de las áreas desérticas y en el efecto estufa avasallador...
“El
hombre, desorientado y ambicioso, destruyendo la vida del planeta, se mata
también, así como casi elimina sus posibilidades futuras, en la menor de las
hipótesis, retrasándolas.
“Cualquier
modelo de salud holística tendrá que abarcar el conjunto de necesidades humanas
y nunca detenerse solamente en sus partes, aisladamente.
“El
hombre es miembro de la Vida, tiene vida integrada en la naturaleza y debe
considerado globalmente, alterando el tradicional modelo biomédico hacia una
visión más completa, en la cual el amor, conforme la propuesta de Jesucristo
tenga prevalencia, marcando definitivamente las actitudes y conductas de cada
uno. En cuanto la Medicina no se una a la Sicología, a la Ecología, a la Agricultura
y a otras doctrinas afines para un más amplio conocimiento del ser, dándole una
conducta holística, las terapias proseguirán siendo deficientes, incapaces de
integrarlo en el contexto de la realidad a la cual pertenece, minimizando
solamente las dolencias sin erradicarlas, atendiendo a las partes sin mayor
acción en el conjunto, permaneciendo así, incompleta, insuficiente por tanto,
para la finalidad de la salud global.
“Jesucristo,
por conocer profundamente al hombre, lo curaba, advirtiéndole para evitarle el compromiso
negativo, de manera de asociarlo al bien general, gracias a lo cual se ahorraba
otros males mayores”.
Y haciendo una pausa más
demorada, concluyó:
-
“El hombre del futuro, después de superar sus
deficiencias presentes, recibirá el más amplio auxilio de la Medicina,
adquiriendo la salud integral, que será también el resultado de su perfecta consciencia
de amor y respeto a la vida”.
El crepúsculo fue sustituido
suavemente por el manto oscuro de la noche salpicada de estrellas fulgurantes y
una claridad de luna cubrió todo el recinto donde era posible sentir la emoción
general.
La reunión fue cerrada en un
clima de paz.
Del libro: Senderos de Liberación
Divaldo Franco/Philomeno de Miranda

No hay comentarios:
Publicar un comentario