domingo, 13 de enero de 2019

LOS CENTROS NEUROFLUÍDICOS O CENTROS DE FUERZA



Los centros neurofluídicos o chakras (término hindú), son centros de energía en continuo movimiento alojados en distintas partes de nuestro cuerpo etéreo.  Los primeros estudios sobre los chakras datan de 2600 años atrás.  En sánscrito chakras significa rueda que gira de un vórtex.  Hoy en día algunos autores los definen como rueda de luz. 

La función de los chakras es revitalizar nuestro cuerpo físico y ayudarnos en el desarrollo del espíritu.  Ellos se encuentran en partes específicas de nuestro cuerpo y cumplen un propósito determinado. Unos dicen que los chakras se parecen a la flor de loto.  Hay quienes los retratan como ruedas que giran dentro de otras ruedas y otros los describen como las paletas de un ventilador o molino en movimiento. 

Si bien nos concentraremos en los siete chakras principales hay más chakras, menores o secundarios, en el cuerpo humano.  Estos son los centros que se activan en acupuntura y están íntimamente relacionados con las funciones físicas del cuerpo, mientras que los siete chakras mayores están vinculados a las emociones y la espiritualidad.

Las áreas donde se encuentran los chakras se ven directamente afectadas por sus propiedades, tanto cuando estos vórtex de energía giran saludablemente o cuando se encuentran bloqueados.  (Esta energía se mueve en forma circular en dirección a las agujas del reloj cuando están en su funcionamiento óptimo).

Según el esoterismo cada chakra posee características y atributos únicos. Los chakras tienen un color, una nota musical y una vibración específica, además de su propio símbolo, piedras, etc.

Es importante comprender que es en el periespíritu donde se encuentran los centros de fuerza o puntos energéticos, por donde fluyen las energías del cuerpo físico para el espíritu y del espíritu para el cuerpo físico.

Asegura Decio Landoli Jr. en su obra “Fisiología Transdimensional” que: “El simple hecho de admitir la existencia de componentes energéticos no mensurables en el ser humano, inaugura la Fisiología Transdimensional, puesto que pasamos a estudiar la parte del hombre que existe en una dimensión diferente de la explorada hasta ahora”.

Además reconoce que, “conocer las leyes que rigen los canales de energía, saber cómo el periespíritu actúa sobre el cuerpo físico y como el cuerpo físico puede influenciar el periespíritu, son los caminos que deberá seguir la medicina del próximo milenio, partiendo para la exploración de la medicina transdimensional. El descubrimiento de la conexión entre los centros de fuerza y las glándulas endocrinas demuestra como un desequilibrio en el sistema energético sutil del periespíritu, puede producir alteraciones anormales en las células de todo el cuerpo”.

André Luiz en sus obras “Entre la Tierra y el Cielo” y “Evolución en Dos Mundos”, reconoce la existencia de estos Centros de Fuerza y nos informa que:  Como conocéis, nuestro cuerpo de materia menos densa está íntimamente regido por siete centros de fuerza, que se conjugan en las ramificaciones de los plexos y que, vibrando en sintonía unos con los otros, al influjo del poder directriz de la mente, establecen, para nuestro uso, un vehículo de células eléctricas, que podemos definir como un campo electromagnético, en el cual el pensamiento vibra en circuito cerrado. Nuestra posición mental determina el peso específico de nuestra envoltura espiritual y, consecuentemente, el “hábitat” que le compite. Simple problema de patrón vibratorio. Cada uno de nosotros respira en determinado tipo de onda. Cuanto más primitiva se revela la condición de la mente, más flojo es el influjo vibratorio del pensamiento, induciendo la compulsoria aglutinación del ser a las regiones de la conciencia embrionaria o torturada, donde se reúnen las vidas inferiores que le son afines. El crecimiento del influjo mental, en el vehículo electromagnético en que nos movemos, tras abandonar el cuerpo terrestre, está en la medida de la experiencia adquirida y archivada en nuestro propio espíritu. Atentos a semejante realidad, es fácil comprender que sublimamos o desequilibramos el delicado agente de nuestras manifestaciones, según el tipo de pensamiento que nos fluye de la vida íntima. Cuanto más nos avecinamos a la esfera animal, mayor es la condensación oscura de nuestra organización, y cuanto más nos elevamos, al precio del esfuerzo propio, rumbo de las gloriosas construcciones del espíritu, mayor es la sutileza de nuestra envoltura, que pasa a combinarse fácilmente con la belleza, con la armonía y con la luz reinante en la Creación Divina.

No nos apartemos de las observaciones prácticas, para estudiar con claridad los conflictos del alma. Como los vicios del pensamiento, así será la desarmonía en el centro de fuerza, que reacciona en nuestro cuerpo a esta o aquella clase de influjos mentales. Apliquemos en nuestra clase rápida, tanto como nos sea posible, la terminología traída del mundo, para que vosotros podáis asimilar con más seguridad nuestros apuntes. Analizando la fisiología del periespíritu, clasifiquemos a sus centros de fuerza, aprovechando los recuerdos de las regiones más importantes del cuerpo terrestre. Tenemos, así, por expresión máxima del vehículo que nos sirve presentemente, el centro coronario, que en la Tierra, es considerado por la filosofía hindú como el loto de mil pétalos por ser el más significativo en razón de su alto potencial de radiaciones dado que en él se asienta la unión con la mente, fulgurante sede de la conciencia. Ese centro recibe en primer lugar los estímulos del espíritu, comandando a los demás, vibrando así mismo con ellos, en justo régimen de interdependencia. Considerando en nuestra exposición los fenómenos del cuerpo físico, y satisfaciendo a los impositivos de simplicidad en nuestras definiciones, debemos decir que de él emanan las energías de sostenimiento del sistema nervioso y sus subdivisiones, siendo el responsable por la alimentación de las células del pensamiento y el proveedor de todos los recursos electromagnéticos indispensables a la estabilidad orgánica. Es, por eso, el gran asimilador de las energías solares y de los rayos de la Espiritualidad Superior capaces de favorecer la sublimación del alma. A continuación, anotamos el “centro cerebral”, contiguo al “centro coronario”, que ordena las percepciones de variada especie, percepciones esas que, en la vestimenta carnal, constituyen la visión, la audición, el tacto y la vasta red de procesos de la inteligencia con relación a la Palabra, a la Cultura, al Arte, al Saber. Es en el “centro cerebral” que poseemos el comando del núcleo endocrino, referente a los poderes psíquicos. A continuación tenemos el “centro laríngeo”, que preside a los fenómenos vocales, Incluso, las actividades del timo, de la tiroides, y de la paratiroides. Después, identificamos el “centro cardíaco”, que sostenía los servicios de la emoción y del equilibrio general. Continuando en nuestras observaciones, señalamos el “centro esplénico” que, en el cuerpo denso, está situado en el bazo, regulando la distribución y la circulación adecuada de los recursos vitales por todos los rincones del vehículo que nos servimos. Continuando, identificamos el “centro gástrico”, que se responsabiliza por la penetración de alimentos y fluidos en nuestra organización y, por fin, tenemos el “centro genésico”, en el que se localiza el santuario del sexo, como templo modelador de formas y estímulos.

No podemos olvidar, que nuestro vehículo sutil, así como el cuerpo de carne, es creación mental en el camino evolutivo, tejido con recursos tomados transitoriamente por nosotros de los graneros del Universo, medio del que nos servimos para ambientar, en nuestra individualidad eterna, la divina luz de la sublimación, con la que nos cabe demandar las esferas del Espíritu Puro. Todo es trabajo de la mente en el espacio y en el tiempo, valiéndose de millares de formas, a fin de purificarse y santificarse para la Gloria Divina. (Entre la Tierra y el Cielo).

En Evolución de Dos Mundos, André Luiz aborda nuevamente el tema de los Centros de Fuerza anotando que: “Así, rigiendo la actividad funcional de los órganos definidos por la fisiología terrena, en él identificamos el centro coronario, instalado en la región central del cerebro, sede de la mente, centro que asimila los estímulos del plano Superior y orienta la forma, el movimiento, la estabilidad, el metabolismo orgánico y la vida consciente del alma encarnada o desencarnada en el rol de aprendizaje que le corresponde en la escuela planetaria. El centro coronario supervisa, además, los otros centros vitales que obedecen al impulso procedente del Espíritu, así como las piezas secundarias en una industria responden al comando de la pieza-motor de que se sirve en su aprendizaje el hombre para concatenarlas y dirigirlas.

De esos centros secundarios, interconectados en el psicosoma y, consecuentemente, en el cuerpo físico por redes plexiformes, destacamos el centro cerebral contiguo al coronario, con influencia decisiva sobre los demás, gobernando la corteza encefálica en la sustentación de los sentidos, marcando la actividad de las glándulas endocrinas y administrando el sistema nervioso en toda su organización, coordinación, actividad y mecanismo, desde las neuronas sensitivas hasta las células efectoras; el centro laríngeo controlando notadamente la fonación y la respiración; el centro cardíaco dirigiendo la emotividad y la circulación de las fuerzas de base; el centro esplénico determinando todas las actividades en que se expresa el sistema hemático, dentro de las variaciones del medio y volumen sanguíneo; el centro gástrico, responsabilizándose de la digestión y absorción de los alimentos densos o menos densos que, de cualquier modo, representan concentraciones fluídicas que penetran toda la organización, y el centro genésico guiando el modelado de nuevas formas entre los hombres y el establecimiento de estímulos creadores con vistas al trabajo, a la asociación y a la realización entre las almas”.

Es importante saber que entre las dos obras citadas median 4 años así:

  • ·         Entre la Tierra y el Cielo salió a la luz pública en 1954.
  • ·         Evolución en Dos Mundos en 1958.


martes, 11 de diciembre de 2018

CONSECUENCIAS DE LA UTILIZACIÓN DE LOS MÉTODOS ANTICONCEPTIVOS


¿Cuáles son las posibles consecuencias espirituales del uso de los diferentes métodos anticonceptivos? Los estudiosos espíritas, encarnados y desencarnados, no divergen en relación a esta cuestión. Dependiendo del método utilizado y de la intención de la persona, las consecuencias pueden ser bastante serias. Por eso, Richard Simonetti (La Constitución Divina, pág. 38) sugiere que la planificación familiar se haga con bases naturales, observando los ciclos femeninos de fertilidad y no cerrando enteramente las puertas de la concepción, conscientes los esposos que los hijos que vienen lo harán bajo la acción del Plano Espiritual, de acuerdo con los programas trazados.

Léon Denis (Espíritu) advierte en Crestomatía de la Inmortalidad, cap. 14, obra psicografiada por Divaldo P. Franco, que es de Ley que los crímenes cometidos en la esfera física sean resarcidos. Así, todo atentado injustificado a los centros de la fertilidad masculina o femenina podrá redundar, sin duda, en la esterilidad futura, con que el Espíritu renacerá, sin hablar de las neurosis, de las psicosis, de los desajustes familiares y de los dramas horrendos que conforman la cosecha de las medidas tomadas contra la Naturaleza.

Las consecuencias del uso de los métodos anticonceptivos son, pues, los siguientes: A) El aplazamiento de las experiencias programadas, con un posible agravamiento de las pruebas. B) Lesión del cuerpo espiritual, dependiendo del método utilizado, del grado de conocimiento de la falta y de la intención del agente, pudiendo acarrear infertilidad, enfermedades genésicas varias etc. C) Repercusiones negativas en el psiquismo de las personas comprometidas, pudiendo desencadenar patologías emocionales. D) Obsesión por parte de los que, ante el rechazo, pueden eventualmente desencadenar un proceso de constricción mental negativo.

Teniendo en cuenta esto, si es necesario valerse de algún método anticonceptivo se debe preferir los métodos naturales (del ritmo o calendario, moco cervical, temperatura basal, coito interrumpido) o los métodos de barrera (condón, diafragma etc.), por ser menos lesivos a la organización física y al periespíritu.

Astolfo Olegário de Oliveira Filho
Traducido del portugués por: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

sábado, 8 de diciembre de 2018

¿EXISTE REALMENTE SATANÁS EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD?


Imagen de una caja de cerillas de los años 60 - 70´s.
Satanás es tema obligado a la hora de analizar las imperfecciones del hombre. Culpable es él, nos enseña la religión, de nuestros desaciertos morales, vicios y pasiones en desequilibrio y sobre él pesa la culpa de esos errores o “pecados”, liberándonos de las responsabilidades propias de quien hace mal uso del libre albedrío. La misma religión nos manifiesta que la sangre de Cristo limpia nuestros pecados[1], quedando de esa manera nuestra conciencia libre de responsabilidad ante las iniquidades cometidas contra el prójimo y por lógica consecuencia, sobre nosotros mismos.

El hombre buscando librarse de la responsabilidad de sus actos, no contento con echarle culpas a Satanás de sus errores, saca un as bajo la manga y crea las indulgencias, prometiendo a los fieles la “fácil remisión de los pecados, presentes y aún futuros a cambio de dinero”, tema este que causó indignación en Martín Lutero, lo cual lo llevó un 1° de noviembre de 1517 a proclamar las 95 tesis filosóficas, las cuales fueron fijadas en las puertas del Templo del Castillo de Witemberg. 

La autora espiritual Juana de Ángelis afirma que «Ciertamente, la “fe salva”, no empero, como forma simplista y precipitada de premiar la irregularidad y el error a golpes de remordimiento tardío y de inmediata aceptación divina, en el momento de la desencarnación[2]».
                                                                                                         
El significado de la palabra Satán en hebreo es “adversario” y su origen conforme a algunos autores, es divino. En Job 1, se referencia que Satanás fue uno de los más brillantes ángeles de Dios, con un sitial especial en servicio a la Divinidad. Además, Ezequiel en el capítulo 28 nos lo describe como un “querubín grande y protector, lleno de sabiduría, acabado de hermosura y sin tacha moral[3]”. Según Ezequiel[4], las preocupaciones por alcanzar la gloria y su belleza, y su interés por destronar a Dios, lo llevaron a la desgracia, arrastrando con él a muchos ángeles que se le unieron a sus intenciones. Estas fueron razones suficientes para que Dios los expulsara del cielo hacia la Tierra, perdiendo por siempre su condición de querubín ungido por la divinidad.

Para Satanás resultó más fácil ejercer su acción maléfica contra el hombre, ante la imposibilidad de enfrentar la omnipotencia de Dios. Su primera actuación, de acuerdo con el Génesis[5], se verifica cuando personificando a una serpiente tienta a Eva en el paraíso con el consecuente destierro del mismo, junto a Adán, a causa de su desobediencia.

La Doctrina Espírita esclarece que “durante muchos siglos y con diversos nombres, el doble principio del bien y el mal fue la base de todas las creencias religiosas. Fue personificado con los nombres de Ormuz y Ahrimán entre los persas, con los de Jehová y Satán entre los hebreos. Pero, como todo soberano debe tener ministros, las religiones admitieron poderes secundarios, o genios buenos y malos. Los paganos los personificaron mediante una multitud innumerable de individualidades, a las que dieron el nombre genérico de dioses, cada uno con atribuciones especiales para el bien y para el mal, para los vicios y para las virtudes. Los cristianos y los musulmanes heredaron de los hebreos los ángeles y los demonios[6].

Lo anterior es reafirmado cuando leemos en Efesios: “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales[7]”.

En la obra Senderos de Liberación, Manoel Philomeno de Miranda, nos amplía el concepto de Efesios, afirmándonos que “Las figuras mitológicas de los demonios y sus reinos, los abismos infernales y sus torturadores de almas son relatos inicialmente hechos por personas que fueron hasta allí conducidas en desdoblamiento espiritual -por afinidad moral o por los Mentores a fin de advertir a las criaturas de la Tierra-, antros sórdidos que aquellos gobiernan y donde instalaron el terror, dando la equivocada idea de que en aquellos parajes el tiempo no transcurre, en un concepto absurdo de la eternidad a la que se aferran diversas religiones, las cuales más atemorizan que educan.

Mártires y santos, profetas y escritores, artistas y poetas de casi todos los pueblos y épocas, los que eran médiums, visitaron esos Núcleos terroríficos y conocieron a sus habitantes trayendo en la memoria, nítidas, sus configuraciones, que las fantasías y leyendas enriquecieron con variantes de acuerdo con la cultura, la región y el tiempo, presentes por tanto en la historiografía de la humanidad.

Variando de denominación, cada grupo, como ocurre en la Tierra, tiene su jefe y se destina a una finalidad coercitiva, reparadora. Periódicamente esos jefes se reúnen y eligen un comandante a quien prestan obediencia y sumisión, concediéndole regalías reales... Las ficciones más audaces no logran concebir la realidad de lo que ocurre en tales dominios.

Necios y absolutistas, anularon la conciencia en el mal y en la fuerza, convirtiéndose en adversarios voluntarios de la Luz y del Bien, que pretenden combatir y destruir[8]”.

De esa manera entendemos que no existe un segundo dios, personificando al mal, sino que se trata de las almas de aquellos hombres que vivieron en el Tierra, propensos al mal e induciendo a los encarnados a la perdición y de ese modo retardar su progreso ante las pruebas que deben enfrentar. “Algunos pueblos los han convertido en divinidades malignas, otros los designan con nombres tales como demonios, genios malos o Espíritus del mal[9]”.

Sin embargo, en contra de lo que enseña la religión cristiana, al hombre malo no lo espera el castigo eterno en el infierno, todo lo contrario. Allan Kardec en la pregunta 116 de El Libro de los Espíritus, cuestiona a la espiritualidad sobre si estos seres quedarán en la perpetuidad inferior y ellos con profunda sabiduría respondieron “No, todos llegarán a ser perfectos”. Y van más allá, al asegurar que los Espíritus no degeneran, “a medida que avanzan comprenden lo que los alejaba de la perfección. Cuando el Espíritu ha concluido una prueba, adquirió el conocimiento de ella y no lo olvida. Puede permanecer estacionario, pero no retrocede[10]”.

Así las cosas, la concepción del ángel caído cae por su propio peso, pues un ser angelical que alcanzó el más alto grado de perfección, no retrograda. En resumen, Satanás no es más que la representación de la maldad, sintetizada en las bajas pasiones, la avaricia, la brutalidad, la ambición desmedida, el poder, la lubricidad y todas aquellas inferioridades morales propias de los vivos, que ya desencarnados, se convierten en el mayor reto para aquel que lucha contra sus malas tendencias, en busca de la plenitud espiritual.




[1] “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. 1 Carta de Juan, versículo 7.
[2] Juana de Ángelis,
[3] Ezequiel 28:12–15
[4] Ezequiel 28:15–19
[5] Génesis cap. 3, v. 1 – 6
[6] Allan Kardec, El Cielo y el Infierno, Los Demonios, Primera Parte, Cap. IX. pág. 134. Edicei, 2010.
[7] Efesios 6:12
[8] Manoel Philomeno de Miranda – Divaldo P. Franco. Senderos de Liberación, Los genios de las tinieblas, pág. 97. Ediciones Juan de Ángelis, Buenos Aires, Argentina, 1999.
[9] Allan Kardec, El Libro de los Espíritus, Décima Clase, Libro Segundo, Capítulo Primero, pregunta 102, pág. 122. Ediciei, 2008.
[10] Ibídem, pregunta 118.

lunes, 12 de noviembre de 2018

REFLEXIONES EN TORNO DE LA ETERNA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD


Por: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

El hombre moderno, considerado por algunos “homo tecnológicus”, por el impacto que ha generado el uso de la tecnología en las costumbres y habilidades del ser humano, se enfrenta cada día de su existencia a la búsqueda de la felicidad que considera se le torna esquiva, por pretender encontrarla en placeres efímeros o posesiones materiales, cuando le resultaría más fácil encontrarla en la intimidad de su ser.

La afirmación del Eclesiastés “la felicidad no es de este mundo”, conlleva necesariamente, a una profunda reflexión acerca de la importancia de la pluralidad de las existencias y la distribución de la felicidad y de la desgracia entre los buenos y los malos en este mundo.

Esa constante búsqueda de la felicidad por parte del hombre, muchas veces se le torna esquiva por pretender encontrarla en la subjetividad del bienestar material y no en las pequeñas cosas que enriquecen el Espíritu y nos hacen felices, generando un impacto positivo en nuestro bienestar emocional.

Sócrates aseguraba que para que el hombre pueda alcanzar la felicidad es necesario que se identifique con Dios practicando la virtud; para los estoicos, el hombre que es esclavo de sus deseos no tiene ni felicidad, ni libertad, mientras que los alquimistas pretendieron encontrar en la piedra filosofal el elixir de la vida, que les proporcionaría la eterna juventud, convirtiéndolos en inmortales. Vale aclarar, que “la piedra filosofal era el símbolo central de la terminología mística de la alquimia, que simboliza la perfección en su máxima expresión, la iluminación y la felicidad celestial[1]”.

Del libro “El hombre en busca de sentido” de la autoría de Víctor Frankl, fundador de la logoterapia, extractamos el siguiente párrafo, donde el autor plantea la necesidad de expresar amor por nuestros semejantes, aún en situaciones extremas donde pongamos a prueba la capacidad de resiliencia ante la adversidad, ayudándonos a encontrar “aunque sea un suspiro de felicidad”: “En ese estado de embriaguez nostálgica se cruzó por mi mente un pensamiento que me petrificó, pues por primera vez comprendí la sólida verdad dispersa en las canciones de tantos poetas o proclamada en la brillante sabiduría de los pensadores y de los filósofos: el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre. Entonces percibí en toda su hondura el significado del mayor secreto que la poesía, el pensamiento y las creencias humanas intentan comunicarnos: la salvación del hombre sólo es posible en el amor y a través del amor. Intuí cómo un hombre, despojado de todo, puede saborear la felicidad –aunque sólo sea un suspiro de felicidad- si contempla el rostro de su ser querido. Aun cuando el hombre se encuentre en una situación de desolación absoluta, sin la posibilidad de expresarse por medio de una acción positiva, con el único horizonte vital de soportar correctamente –con dignidad- el sufrimiento omnipresente, aun en esa situación ese hombre puede realizarse en la amorosa contemplación de la imagen de su persona amada. Ahora sí entiendo el sentido y el significado de aquellas palabras: “Los ángeles se abandonan en la contemplación eterna de la gloria infinita”.

Allan Kardec, el eximio codificador del Espiritismo, nos detalla cómo alcanzar la felicidad suprema en el “Espiritismo en su más simple expresión”, así: “Dado que el libre albedrío se desarrolla en los Espíritus al mismo tiempo que las ideas, Dios les dice: Todos vosotros podéis aspirar a la felicidad suprema, que alcanzaréis cuando hayáis obtenido los conocimientos de que carecéis, y cuando hayáis cumplido la tarea que os impongo. Trabajad, pues, por vuestro adelanto. Ese es el objetivo. Lo alcanzaréis si cumplís las leyes que he grabado en vuestra conciencia”.

Pongámonos manos a la obra y con las enseñanzas que nos ofrece la Doctrina Espírita, encontremos la razón de ser de nuestra existencia. Apoyándonos en la obra “El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo”, comprendamos que la felicidad de los Espíritus Bienaventurados consiste En el goce de todos los esplendores de la creación, a los que ningún lenguaje humano podría describir, y que la imaginación más fecunda sería incapaz de concebir. Consiste en el conocimiento y la penetración de todas las cosas; en la ausencia de aflicciones físicas y morales; en una satisfacción íntima, una imperturbable serenidad del alma. Consiste también en el amor puro que une a todos los seres, debido a que no se producen los roces propios del contacto con los malos. Por encima de todo, consiste en la contemplación de Dios y en la comprensión de sus misterios, que son revelados a los más dignos. Esa felicidad también se encuentra en el cumplimiento de funciones asignadas por lo Alto[2]”.



[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Piedra_filosofal
[2] El Cielo y el Infierno, Allan Kardec. Primera parte, capitulo III, El Cielo. Edicei, Argentina, página 44.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Comprobación de la Tesis de Calderaro por la Ciencia Moderna




Por: Giovana Campos

Acompañando el experimento que utiliza la técnica de la neuro-imagen sobre la acción del pensamiento y correlacionando esos datos, científicos consiguen probar la tesis de Calderaro presentada en el libro “En el Mundo Mayor”, dictada por el espíritu André Luiz a través de la psicografía de Chico Xavier. ¿Estaría ahí la comprobación de qué el pensamiento no es mera secreción cerebral? Lea la entrevista realizada con el psicólogo y neuro-científico Joao Ascenso.


El Dr. Jorge Moll Neto, en el post-doctorado que hizo en EUA, realizó un experimento pionero, utilizando la cámara de resonancia magnética funcional; al pasar por el aparato, los participantes podían optar entre recibir o donar dinero para instituciones de caridad. ¿Cuál fue el resultado de esa investigación?

Los principales resultados de esos estudios fueron los siguientes: primero, que la donación real a las instituciones de caridad activa el sistema de recompensa cerebral responsable por el placer físico, la misma región activada cuando comemos chocolate, tenemos sexo o experimentamos placer sensorial. Esas regiones son: el área tegmental mesolímbica, el estriado dorsal y el estriado ventral. Ese primer resultado, que fue publicado para la portada del New York Times, con el título It Feels Good to be Good, prueba científicamente la afirmación de Francisco de Asís que “es dando que se recibe” y, efectivamente, el cerebro recibe una recompensa muy intensa cuando hacemos una donación, que implica un sacrificio personal, en comparación a cuando recibimos dinero. Y esa recompensa dada por el cerebro no resulta de recibir nada, sino de donar algo a alguien.

Segundo, en las condiciones de donación real (en la que los participantes perdían dinero cuando decidían donar) y también en la donación no real (en la que los participantes se decidían por la donación, pero en la realidad no perdían dinero), se verificó la activación del corteza subgenual (incluyendo el área de Brodmann (BA) 25), el estriato ventral y la región septal. Esas regiones están relacionadas con la afiliación, semejante a regiones cerebrales identificadas en la relación de la madre con su hijo. Pero, como en este experimento no hubo un diseño experimental que demuestre la afiliación entre madres e hijos, el resultado sugiere que los mecanismos de afiliación en el cerebro también pueden ser utilizados para la afiliación a una causa social noble. Eso significa que, cuando nos adherimos a un ideal cultural o a un valor, sentimos una afiliación a un valor socialmente construido, como por ejemplo la benevolencia.

Finalmente, en la condición de donación real, hubo una activación neuronal diferente de las otras condiciones experimentales: activación de la corteza frontopolar – la región más anterior de los lóbulos frontales (en el caso de la donación costosa) y el giro frontal medio. También fue interesante verificar la alta correlación entre los participantes que activaron esta última región (corteza frontopolar y giro frontal medio) y el nivel de compromiso y capacidad de sacrificio de los participantes para defender una causa social. Eso significa que la región interior de los lóbulos frontales (corteza frontopolar) está muy relacionada con el compromiso y la capacidad de sacrificio para defender una causa social, un ideal o un valor social.

En el libro En el Mundo Mayor, capítulo 3, intitulado La Casa Mental, Calderaro cita los lóbulos frontales como la parte de nuestro cerebro más ligada a la Espiritualidad Superior. Ellos se constituyen en el camino superior y de nuestros sentimientos más nobles. ¿Cómo relacionar ese capítulo del libro con la investigación realizada por el Dr. Moll?

Según Calderaro, en el capítulo 3, La Casa Mental (p. 46): “En los planes de los lóbulos centrales, silenciosos aún para la investigación científica del mundo, yacen materiales de orden sublime, que conquistaremos gradualmente, en el esfuerzo de ascensión, representando la parte más noble de nuestro organismo divino en evolución”.

Esa explicación de Calderaro sobre los lóbulos frontales es perfectamente compatible con el tercer resultado del estudio relacionado: cuanto más una persona se sacrifica por una causa social noble a través de una donación costosa (una acción moral que implica sacrificio personal), se verifica entonces una intensa activación de la corteza frontopolar, región anterior de la corteza pre-frontal.

Además de activar, la donación costosa (acción moral noble) la región anterior de la corteza pre-frontal, el Dr. Jorge Moll y otros colegas diseñaron otro experimento que demostró ser activadas otras regiones de la corteza pre-frontal (región orbital y media de la corteza pre-frontal y el sulcus superior temporal) cuando las personas están en estado de pasividad, como si estuvieran asistiendo a una película con personas en sufrimiento.

Aunque, desde el punto de vista científico, aún no exista consenso sobre las funciones de la corteza pre-frontal, sino varias perspectivas teóricas sobre sus funciones, esos dos estudios sugieren que la corteza pre-frontal anterior contiene representaciones mentales basadas en valores morales. Se nota que la región de la corteza frontopolar también fue activada, cuando los participantes realizaban donaciones reales a favor de instituciones menos nobles como una asociación de armas o asociaciones para el aborto.

Esto significa que castigar a alguien teniendo en cuenta valores morales también provoca la activación de esa misma región. De esta manera, lo que estos estudios sugieren es que existen representaciones mentales de valores e ideales que son activados en esa región de la corteza pre-frontal. Y lo más increíble es que el Dr. Jorge Moll Neto probó científicamente la teoría de Calderaro.

Concluimos entonces, que de acuerdo con esas investigaciones, existe un fundamento neurológico para la acción caritativa. ¿Cuándo practicamos el bien, activamos el mismo sistema de placer y recompensa que tenemos en determinada región de nuestro cerebro?

Comienzo por decir que una vez reencarnados en la Tierra, existe un fundamento neurológico para cualquier acto humano (y hasta animal). El cerebro es la máquina que registra en las mayores minucias, todas las acciones humanas. Las dos principales conclusiones de ese estudio son: es placentero, desde el punto de vista físico, hacer el bien; y que regiones anteriores de la corteza pre-frontal son activadas cuando situaciones morales están activas cuando por causa de nuestros pensamientos, sentimientos y valores morales, ya sea en estado pasivo o reflejándolo en sacrificios personales por medio de una acción moral concreta (lo que nosotros, espíritas o cristianos, llamamos caridad).

Aprovechamos para recordar la pregunta 370, de El Libro de los Espíritus, sobre la influencia de los órganos: ¿Es posible inducir, una relación entre el desarrollo de los órganos cerebrales y el de las facultades morales e intelectuales?

No confundáis el efecto con la causa. El Espíritu posee siempre las facultades que le son propias. Ahora bien, no son los órganos los que dan las facultades, sino las facultades las que impulsan el desarrollo de los órganos.

Se puede afirmar, por los estudios realizados, ¿Qué el cultivo de los buenos sentimientos produce estimulación neurológica positiva?



Implícito en el concepto de estimulación neurológica positiva está el concepto de que el cultivo de los buenos sentimientos genera salud. Desde el punto de vista de la neurociencia, infelizmente, aún no podemos concluir eso, pues no ha sido probado. Recuerdo que el estudio de la neurociencia cognitiva, a través de la resonancia magnética funcional, por más sofisticado que sea, solo tiene la capacidad de producir estudios correlacionados, y no estudios de causa y efecto.

Eso, desde el punto de vista científico significa que, cuando los científicos encuentran correlación entre la acción y determinada activación cerebral, saben que esa región está relacionada con aquella acción, pero la metodología científica utilizada no permite decir que es lo que lo causa: Si es la activación cerebral la que causa la acción, o si es la acción lo que causa la activación cerebral. Los materialistas dicen que es la región cerebral la responsable por la acción, y los espiritualistas dicen que es la acción la responsable por la activación cerebral. Como ninguno tiene datos científicos inequívocos sobre eso, ese terreno, desde el punto de vista de la Ciencia, constituye solo especulación.

¿Con base en ese experimento, médicos y psicólogos, no deberían incentivar más la práctica del bien a través de imágenes, pensamientos y acciones?

Aunque yo sea psicólogo y doctorado en neurociencias, daré parte de esta primera respuesta solo como espírita.

Creo que, antes que los médicos y psicólogos, la Cultura humana y la Educación deberían incentivar más la práctica del bien a través de imágenes, pensamientos y acciones, para felicidad de los seres, mucho antes que la Ciencia. Creo que, en ese punto, se da mucho más poder a determinadas áreas de la Ciencia (poder que considero inmerecido) en detrimento de la Educación, que proporciona estructuras organizacionales y metodologías prácticas para ayudar al progreso intelectual y moral de las personas que componen una sociedad. En la práctica, a lo que se asiste en nuestra sociedad es a un poder mucha mayor de los científicos (particularmente los neuro-científicos y psicólogos) en comparación con los educadores, pues las personas quedan fascinadas con la tecnología que la Ciencia proporciona.

Digo esto porque no debemos esperar comprobaciones científicas para incentivar la práctica del bien a través imágenes, pensamientos y acciones. Lo máximo que neuro-científicos y psicólogos pueden hacer es dar una ayuda científica para las cosas morales, pero el trabajo y el poder mayor debería ser dado al educador, pieza-clave en el rompecabezas de la evolución. Y debemos convenir con el desprecio que las sociedades humanas atribuyen a la educación moral.

Recordamos a los Espíritus de la Codificación que dijeron, en la pregunta 872 de El Libro de los Espíritus, sobre el Resumen Teórico del Móvil de las Acciones Humanas: “…Cabe a la educación combatir esas malas tendencias. Y lo hará con provecho cuando esa educación se base en el estudio profundizado de la naturaleza moral del hombre. Mediante el conocimiento de las leyes que rigen esa naturaleza moral se llegará a modificarla, del modo que se modifica la inteligencia por medio de la instrucción y el estado físico por la higiene…”.

En este pasaje, queda claro que la neurociencia y la psicología (particularmente un área de investigación de la psicología llamada psicología moral) pueden ayudar a dar apoyos científicos para el conocimiento de la naturaleza moral del hombre, pero la ciencia social responsable para su aplicación y sublime misión es verdaderamente la educación.

Como neurocientífico que tiene como objetivo cruzar área de la investigación de la neurociencia con la psicología moral y la psicología social, puedo afirmar que los avances en la comprensión de los procesos de internalización de valores morales y su ligazón a comportamientos morales concretos, permitirán a la neurociencia y a la psicología moral ayudar mucho a los educadores a diseñar programas de educación moral que van más allá de prescripciones convencionales hipócritas e infantiles, típicas de las religiones del pasado. Datos científicos, en el futuro, podrán ayudar a las personas a internalizar mejor, y nunca con mecanismos de castigo o coerción, valores morales nobles y a colocarlos en valores morales concretos que contribuirán a la elevación moral y social de nuestras sociedades humanas.

Para los espiritualistas, es el espíritu el que comanda el cerebro; para los materialistas, el pensamiento es secreción del cerebro. ¿Cuándo terminará esa discusión?

Nunca terminará mientras no salga de las especulaciones filosóficas y del terreno de las creencias.
 
Nosotros, espíritas, basados en la credibilidad de Allan Kardec, en su idoneidad moral y en la veracidad de las comunicaciones de los Espíritus Superiores y en el espectacular edificio de conocimientos espirituales que constituye la Doctrina de los Espíritus, creemos en la veracidad de las enseñanzas de los espíritus sin precisar de comprobación científica de todas sus ideas. Creemos en los conocimientos transmitidos por André Luiz a través de nuestro querido Chico Xavier, aún sabiendo que muchas de esas informaciones no están comprobadas científicamente. Nosotros, espíritas, creemos en muchas ideas y conocimientos, aún antes de comprobarlo la ciencia, porque nos parecen lógicas y por tener sentido para nuestra razón.

Pero la verdad es que la Ciencia aún no ha comprobado de forma inequívoca si el cerebro es el que comanda el espíritu o lo contrario. Eso sucede por la pobreza de la metodología científica para comprobar relaciones de causa y efecto entre pensamiento cerebral y pensamiento extra-cerebral. En cuanto no exista una metodología científica que pruebe inequívocamente relaciones de causa y efecto entre el pensamiento y el cerebro, esta situación continuará en el terreno de la filosofía, sea ella materialista o espiritualista.

Personalmente, lo que me parecen promisorias son las investigaciones en experiencias fuera del cuerpo, en las que se puede, con metodologías progresivamente más controladas experimentalmente, encontrar evidencias de memoria extra-cerebral (cuando el cerebro no está activo). El problema es que, en ese terreno, la metodología científica utilizada debe permitir que no exista otra explicación posible, a fin de que pueda ser aceptada científicamente. Y esta constituye un desafío. Pero esa es solo mi opinión.

Lo que me hace sentir profundamente optimista es que las revoluciones científicas ocurren cuando menos esperábamos, modificando el rumbo de la Humanidad.


Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

viernes, 5 de octubre de 2018

LA REENCARNACIÓN DE LAS GEMELAS POLLOCK


Gillian y Jennifer nacieron con marcas de nacimiento y recuerdos de sus hermanas muertas que no conocieron. Actuaban como ellas e incluso hablaban del trágico accidente como si lo hubieran vivido en carne propia. La historia que plantea una vez más el tema de la reencarnación.






Era el mediodía del 5 de mayo de 1957. Un domingo como cualquier otro para la familia Pollock, que se dirigían a la tradicional misa que se celebraría en la iglesia de Hexham, un antiguo pueblo inglés. Los padres, John y Florence, habían quedado atrás. No habían resistido el paso ansioso de sus hijas Joanna -de 11 años- y de Jacqueline -de 6-. Las chicas querían asegurarse un lugar de privilegio en la ceremonia.

Pese a sus planes, ese mediodía nunca llegaron a misa. A pocas cuadras de la iglesia, la imprudencia se los impidió. El apuro no les permitió ver el auto que estaba a punto de cruzar la bocacalle. Las embistió a ambas y, en el acto, tanto Joanna como Jacqueline, murieron sobre el asfalto.

Los padres transitaron el año más triste de sus vidas. Destrozados por las pérdidas prematuras de sus hijas, quisieron volver a formar una familia. El destino les daría una sorpresa. Florence había quedado embarazada. No de uno, sino de dos niñas gemelas.

El 4 de octubre de 1958 pasaron los 9 meses de embarazo. Ese día, nació Gillian y, pocos minutos después, Jennifer. La alegría dio paso a la sorpresa cuando sus padres comenzaron a observarlas en detenimiento. Eran idénticas, pero en sus pequeños cuerpos había grabadas marcas de nacimiento. Jennifer tenía una mancha en su frente. Justo en el mismo sitio donde su hermana mayor que jamás conoció, Jacqueline, tenía una cicatriz. Ambas coincidían también en una marca en la cintura.


Gillian, la otra gemela, no tenía ninguna de esas dos marcas de nacimiento. Podía pasar, pensaron. Sería en algún momento de la gestación que se generaron los distintivos, quisieron creer. A los tres meses de dar a luz, la familia decidió trasladarse a White Bay en búsqueda de dejar atrás el triste pasado, de encontrar, por fin, la paz anhelada.

Ya con dos años, cuando las niñas habían adquirido un lenguaje rudimentario, comenzaron a pedir juguetes de sus difuntas hermanas a pesar de que nunca habían oído de ellas. Cuando su padre les dio las muñecas que tenía guardadas en el desván, las gemelas las bautizaron como Mary y Susan. Los mismos nombres que les habían puesto, tiempo atrás, sus hermanas mayores.

Las gemelas comenzaron a diferenciarse en su comportamiento. Gillian, que emulaba a la mayor de las fallecidas, asumió un rol de liderazgo sobre Jennifer, que recordaba a Jacqueline, y seguía las indicaciones de su hermana sin chistar. Los indicios se tiñeron de oscuro cuando los Pollock decidieron regresar a su pueblo natal.



En Hexham, la reacción fue instantánea. Las dos, al unísono, pidieron visitar un parque de diversiones que obsesionaba a sus hermanas y lo describían con detalles como si ellas mismas lo hubieran visitado en reiteradas ocasiones. Cuando llegaron a la casa, reconocían cada rincón del hogar, incluso a sus vecinos. Sus padres decían que actuaban y hablaban del mismo modo en que lo hacían sus primeras dos hijas.

Cuando ya no se podía mirar para otro lado y fingir que lo que sucedía era normal, el caso llegó al doctor Ian Stevenson (1918-2007), un investigador que focalizó su carrera en el estudio de los casos de reencarnación de los niños. Las gemelas Pollock aparecen en su libro “Los niños que recuerdan las vidas anteriores: una cuestión de reencarnación junto a otros 13 casos asombrosos”.

Stevenson decía que prefería trabajar con niños porque los "adultos reencarnados" eran más propensos a estar influenciados por factores externos y fantasiosos, provenientes de libros, películas o los recuerdos de sus familiares que incorporaban como propios. Los niños, en cambio, actuaban con espontaneidad. Nada las condicionaba.

Los padres nunca comprendieron la dimensión del fenómeno. Con apenas 4 años, las niñas les temían a los autos que circulaban. Tenían miedo a cruzar la calle. "¡El auto viene a buscarnos!", gritaban. En una ocasión, las escucharon conversar sobre el trágico 5 de mayo de 1957.

Ø No quiero que me vuelva a pasar. Fue horrible. Mis manos estaban llenas de sangre, igual que mi nariz y mi boca. No podía respirar -le dijo Jennifer a su hermana.

Ø No me lo recuerdes -le respondió Gillian- Parecías un monstruo y algo rojo salió de tu cabeza.

Una vez que cumplieron los 5 años, sus vidas dejaron de estar atadas a las de sus hermanas muertas. Sus recuerdos de vidas anteriores se borraron de una vez y para siempre, como si nunca hubiesen estado allí. Gillian y Jennifer apagaron su vínculo con el pasado.

CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...