martes, 1 de septiembre de 2026

EL HOMBRE DE BIEN ANTE EL ASEDIO DE LAS FUERZAS ESPIRITUALES DEL MAL

 

 

Oscar Cervantes Velásquez

Santa Marta – Colombia

01/19/2026

El tema que pretendemos analizar representa uno de los mayores escollos que el hombre encarnado en la Tierra enfrenta, no porque este incapacitado para hacerse fuerte ante las insinuaciones del mal que subyace en él, sino por la falta de vigilancia en sus pensamientos que terminan sintonizando con aquellos infelices que, desde el mundo espiritual, asedian al hombre en busca de complacencias que ya no pueden saciar, ante la incapacidad material de su esencia.

Tendríamos que preguntarnos ¿qué fuerzas nos asedian? y, ¿por qué buscan desviarnos del camino recto que hemos asumido en el proceso de transformación interior?

Profundizar en el problema del mal desde la perspectiva espírita, nos lleva a revisar conceptos propuestos por el Espiritismo y que se encuentran en sus obras fundamentales. El Libro de los Espíritus en la Introducción al estudio de la Doctrina Espírita, Allan Kardec plantea que los Espíritus pertenecen a diferentes clases, más “los de los rangos inferiores son propensos a la mayoría de nuestras pasiones: odio y envidia, celos y orgullo, etcétera. Éstos se complacen en el mal. Entre ellos los hay asimismo que no son ni muy buenos ni muy malos: más revoltosos y embrollones que ruines; la malicia y las inconsecuencias parece ser su dote. Son los duendes, Espíritus traviesos o frívolos[1]”. En ellos encontramos a aquellos seres que buscan desviar del camino recto a quienes forjan una vida de devoción y entrega a la causa del Cristo, pues “se caracterizan por la ignorancia, el deseo del mal y todas las malas pasiones que retrasan su desarrollo[2]”.

Hace ya algunos años, tuvimos la ocasión de traducir del portugués al español un artículo intitulado: “Zoantropía[3] ataca a aquellos dedicados al bien” de la autoría de María Magdalena Neufal[4] en el cual asegura que: “Las fuerzas malévolas siempre atacan a aquellos que sirven al bien. Siendo así, no es raro encontrar en la vida de los llamados santos, fenómenos de zoantropía”. En el mismo artículo, la autora nos recuerda la historia bíblica que se encuentra en Daniel (4:25 a 34), donde “El Rey Nabucodonosor, de Babilonia, vivió como animal durante siete años, al fin de los cuales recobró el juicio, el reino y la figura humana, glorificando a Dios y su justicia”.

Más no podemos justificarnos bajo la premisa que los Espíritus inferiores nos acechan y nos hacen caer en tentación, pues de esa manera estaríamos evadiendo la responsabilidad que nos compete en el buen o mal uso del libre albedrío que hemos conquistado; más bien, debemos centrar nuestra atención en el verdadero campo de batalla donde la mente, los sentimientos y la voluntad juegan papel fundamental para que esa perniciosa influencia encuentre afinidad en nuestros vicios identificándose con nuestras falencias morales para que se establezca la sintonía espiritual.

La autora espírita Rosalba D´Atri en su artículo “Las influencias espirituales”, asegura que “los diversos matices que tienen estas influencias, es otra dificultad que se presenta, pues no siempre estamos preparados para descubrirlas.

A lo largo del día, en las actividades dentro del hogar, en los lugares de trabajo o en las realizaciones comunitarias, adoptamos una serie de conductas que tienden a disculpar, explicar o justificar actitudes que nos pertenecen: mal humor, impaciencia, falta de tolerancia e incomprensión, que se manifiestan de distintas formas; y es muy común achacar estos arrebatos a situaciones tales como, el estado de humor de la familia o desperfectos mecánicos que hemos sufrido, situaciones difíciles con compañeros de trabajo o superiores jerárquicos, el tiempo, etc., como factores que pueden llegar a determinar nuestros procederes.

Analizando seriamente las excusas que damos, frente a una irritación descontrolada, a una respuesta destemplada o a una actitud fuera tono, debemos aceptar que en casi todos los casos pudimos controlarnos y no lo hicimos, ya sea por comodidad, por dejar hacer o porque “somos así”, “es mi forma de ser”, que es la disculpa más común que esgrimimos en nuestro favor.

Y termina asegurando que “mientras no lleguemos a controlar la envidia, los celos, los rencores, la intolerancia, el egoísmo y el orgullo, vamos a estar supeditados a las influencias espirituales negativas[5]”.

Múltiples veces hemos asegurado en charlas y conversaciones, acerca de la invigilancia mental en la que muchos caemos ante el olvido de la recomendación del Maestro Jesús “Orad y vigilad para que no caigáis en tentación”, dejando ventanas y puertas interiores abiertas a la influencia perniciosa las cuales se traducen en orgullo, egoísmo, odio, venganza, miedo, resentimientos, malquerencias, etc., socavando las bases morales que nos ha costado construir debilitando de esta manera al hombre de bien en ciernes y que acorde a las enseñanzas que nos propicia El Evangelio según el Espiritismo se caracteriza porque “practica la ley de justicia, amor y caridad en su mayor pureza”, minando así el deseo de convertirse en un ser moralmente renovado.

Y cuando la invigilancia se agudiza, surge la obsesión, profundizando la influencia espiritual en el encarnado; para Juana de Ángelis “es incontrolable el número de los perseguidos por Espíritus desencarnados en nuestros días. La inmensa masa de obsesos que tienen sus mentes y cuerpos violados por fluidos perturbadores yace quebrantada por una hipnosis segura que la domina, o es azuzada por una inducción criminal, que la desorganiza y alucina[6]”.

Sin embargo, es importante diferenciar entre la influencia espiritual y la obsesión la cual está principalmente en el grado, la persistencia y la capacidad de interferencia que los Espíritus ejercen sobre el pensamiento y la voluntad de la persona. Recordemos la enseñanza de los Espíritus Superiores contenida en El Libro de los Espíritus donde plantean que “los Espíritus influyen en nuestros pensamientos y actos mucho más de lo que imaginamos”. De ello podemos inferir, por ejemplo, que una persona puede experimentar repentinamente un pensamiento de irritación, tristeza, miedo o incluso una buena inspiración. Desde la perspectiva espírita, podría existir una influencia espiritual detrás de ello, pero la persona conserva la posibilidad de aceptar, rechazar o transformar ese pensamiento. Entonces, la influencia es parte de la interacción espiritual ordinaria, mientras que la obsesión representa un grado patológico de esa influencia.

Inmersa la humanidad en una guerra espiritual de gran trascendencia para su futuro como Espíritu, debemos recurrir a las armas del hombre de bien: oración, vigilancia, estudio, caridad, perdón y reforma íntima.

El hombre de bien no necesita vivir atemorizado ante las fuerzas espirituales que todavía se encuentran vinculadas al mal. Debe, sí, permanecer vigilante. No porque se encuentre indefenso, sino porque conoce sus propias imperfecciones y sabe que toda debilidad cultivada puede convertirse en una puerta de entrada para la influencia de los Espíritus inferiores.

Su defensa no está en el miedo, sino en la conciencia; no está en el enfrentamiento, sino en la elevación; no está en devolver el mal, sino en perseverar en el bien.

Cuando el pensamiento se ilumina, el sentimiento se ennoblece y la voluntad se fortalece, la sintonía con las sombras comienza a desaparecer. Y entonces comprendemos que la mayor victoria espiritual no consiste en derrotar a quienes todavía practican el mal, sino en impedir que el mal encuentre morada dentro de nosotros.



[1] El Libro de los Espíritus – Editora 18 de abril.

[2] El Libro de los Espíritu, pregunta 97. Editora 18 de abril.

[3] La zoantropía es una especie de perturbación de carácter mental, en la que la persona se imagina convertida en un animal. A nivel espiritual, existe una transformación periespiritual profunda generando una estrecha compenetración entre el Espíritu desencarnado y la forma animal con la que se identifica.

[4] https://ceefasis.jimdofree.com/art%C3%ADculos/zoantrop%C3%ADa-ataca-a-aquellos-dedicados-al-bien/

[6] Deudas y rescates, Espíritu Juana de Angelis y psicografía de Divaldo Pereira Franco. En el Borde del Infinito, pág. 123, Instituto de Difusión Espírita, IDE.


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