Allan
Kardec dejó claro cómo el periespíritu puede originar enfermedades en el cuerpo
material al publicar, en la Revista Espírita de febrero de 1867, las siguientes
revelaciones, hechas espontáneamente por el Espíritu Morel Lavallée, a través
del médium Desliens:
"El
hombre está compuesto de tres principios esenciales: el Espíritu, el
periespíritu y el cuerpo".
"Estos
tres principios deben reaccionar unos sobre otros, y de ello resultará la salud
o la enfermedad, según exista entre ellos armonía perfecta o desacuerdo parcial".
"Si
la enfermedad o el desorden orgánico procede del cuerpo, los medicamentos
materiales, sabiamente empleados, bastarán para restablecer la armonía general".
"Si
la perturbación viene del periespíritu, en caso de tratarse de una modificación
del principio fluídico que se encuentra alterado, será necesaria una
modificación relacionada con la naturaleza del órgano perturbado, para que las
funciones puedan retomar su estado normal".
"Si
la enfermedad procede del Espíritu, no se podrá emplear, para combatirla, otra
cosa que no sea una medicación espiritual".
"Si
la enfermedad procede del cuerpo, del periespíritu y del Espíritu, será
necesario que la medicación combata simultáneamente todas las causas del
desorden por medios diversos, para obtener la curación".
"Siendo
el periespíritu un principio superior a la materia propiamente dicha, podrá
convertirse en causa con relación a esta. Y si el periespíritu se encuentra
obstaculizado, los órganos materiales que están en relación con él serán
igualmente afectados en su vitalidad".
"Cuidando
el cuerpo, destruiréis el efecto; pero al residir la causa en el periespíritu,
la enfermedad volverá nuevamente cuando cesen los cuidados, hasta que se
comprenda que es preciso dirigir la atención hacia otra parte, tratando
fluídicamente el principio fluídico mórbido".
"Si,
finalmente, la enfermedad procede del Espíritu, el periespíritu y el cuerpo,
puestos bajo su dependencia, quedarán obstaculizados en sus funciones, y no
será cuidando de uno ni del otro como se hará desaparecer la causa".
De
esta manera quedó explicado cómo el periespíritu puede generar enfermedades en
el cuerpo material, pudiendo ser tratadas con los recursos fluídicos denominados
popularmente imposición de manos o pases.
Pero
la causa también puede estar en el Espíritu enfermo, que debe ser tratado con
los recursos morales de la mejora íntima, la oración, la paciencia, la calma y
la resignación.
Allan
Kardec, en el artículo "Atmósfera Espiritual", publicado en la
Revista Espírita de mayo de 1867, destacó, de una forma muy precisa, cómo los
fluidos periespirituales pueden ejercer influencias saludables o enfermizas
sobre el cuerpo material:
"Se
sabe que los fluidos que emanan de los Espíritus son más o menos saludables,
según su grado de depuración. Se conoce su poder curativo en ciertos casos y,
también, sus efectos mórbidos de individuo a individuo. Ahora bien, desde que el
aire puede ser saturado de esos fluidos, ¿no es evidente que, según la
naturaleza de los Espíritus que abundan en determinado lugar, el aire ambiente
se encuentre cargado de elementos saludables o malsanos, que deben ejercer
influencias sobre la salud física, así como sobre la salud moral?".
"Un
principio perfectamente constatado por todo espiritista es que las cualidades
del fluido periespiritual están en razón directa de las cualidades del Espíritu
encarnado o desencarnado; cuanto más elevados sean sus sentimientos y más
desprendidos de las influencias de la materia, más depurado será su fluido.
Según los pensamientos que lo dominan, el encarnado irradia fluidos impregnados
de esos mismos pensamientos, que lo vician o lo sanean".
"En
una asamblea en la que cada uno solo trajera sentimientos de bondad, de
caridad, de humildad, de devoción desinteresada, de benevolencia y de amor al
prójimo, el aire estaría impregnado de emanaciones saludables, en medio de las
cuales se siente vivir con mayor bienestar".
"Ahora
bien, si consideramos que los pensamientos atraen pensamientos de la misma
naturaleza, que los fluidos atraen fluidos similares, comprenderemos que cada
individuo trae consigo una comitiva de Espíritus simpáticos, buenos o malos, y
que, por eso, el aire está saturado de fluidos en relación con los pensamientos
que predominan".
Además,
Allan Kardec, en el artículo "Ensayo Teórico de las Curaciones
Instantáneas", publicado en la misma Revista, edición de marzo de 1868,
explicó:
"Las
cualidades del fluido curador, verdadero agente terapéutico, varían según el
temperamento físico y moral de los individuos que lo transmiten. Hay fluidos
que sobreexcitan, otros que calman; fluidos fuertes, fluidos suaves y de muchos
otros matices".
"Hay
gran número de enfermedades cuyo origen se debe a los fluidos perniciosos de
los cuales está penetrado el organismo. Para obtener la curación, no son
moléculas deterioradas las que deben ser sustituidas, sino un cuerpo extraño
que debe ser expulsado; desaparecida la causa del mal, el equilibrio se
restablece y las funciones retoman su curso".
"La
medicación ordinaria es inoperante en todas las enfermedades causadas por
fluidos viciados, y ellas son numerosas. La materia puede oponerse a la
materia, pero a un fluido malo hay que oponerle un fluido bueno y más poderoso".
De
esta manera, el Espiritismo nos orienta acerca del origen de muchas
enfermedades y, principalmente, nos enseña a mantener una atmósfera fluídica
saludable, a través del equilibrio emocional y de los buenos sentimientos y
pensamientos. Estos influyen en la composición fluídica del periespíritu y
atraen la presencia de los buenos Espíritus, que ejercen influencias saludables
sobre nosotros.