domingo, 27 de septiembre de 2026

ANÁLISIS SOBRE LOS ESPIRITISTAS


En un diálogo establecido por el espíritu Manuel Philomeno de Miranda y Dilermando, en el libro “Sexo y Obsesión”, se generan una serie de reflexiones acerca de los militantes del Movimiento Espírita y sus actitudes:

 

… Pienso de manera segura - me informó el amigo – que innumerables Espíritas actuales son muchos de los cristianos de ayer que se enmarañaron en los troncos del desequilibrio y de la malversación de los valores morales. Convidados al cristianismo a través de los tiempos, se dejaron consumir por las perplejidades y desórdenes emocionales, resultantes de los instintos y del estado de primitivismo en que aún se encontraban.

 

Asumieron compromisos con el Mensaje de Jesús y en vez de utilizarlo para dignificar a las criaturas, lo tomaron como mecanismos de autopromoción y de victoria sobre los otros, creando situaciones muy embarazosas para sí mismos. Muchos buscaron los monasterios, conventos y el sacerdocio para mejor servir y atormentados, establecieron criterios infelices y leyes arbitrarias para usurpar el poder temporal, que dejaron cuando el cuerpo sucumbió. Asumieron Parroquias y Órdenes, Instituciones y Entidades en las cuales se consideraban inalcanzables, pero la muerte no los eximió, arrebatándolos, ilusionados y enfermos, para posteriormente despertar en el mundo espiritual en estado lamentable… Por exceso de amor de Jesús, volvieron al cuerpo, con la oportunidad de reencontrar el Mensaje que defraudaron, ahora renovador y lógico, a fin de recuperarse de los gravámenes y servir con abnegación, consiguiendo la paz que habían despreciado.

 

“Aún equivocados, viviendo bajo el influjo de las memorias del pasado, tras el deslumbramiento inicial con la lección Espírita que buscaron asimilar, vienen intentando repetir los mismos descalabros del pretérito, encarcelándolo en fórmulas y en métodos personales, a fin de mantenerse por encima de los demás o tornarse intolerantes, exigentes, críticos contumaces unos con los otros, convirtiendo, las Sociedades Espíritas que dirigen, en verdaderos y arbitrarios dueños de las instituciones, que pretenden sobreponer a las demás, como ocurrió en las antiguas Parroquias donde se comprometieron…

 

“Inevitablemente, aquellos que fueron sus víctimas y que no los perdonaron, los inspiran a la repetición de la insensatez, intentan apartarlos del culto del deber y cuando son abnegados, insistiendo en el buen proceder y en la liberación con fidelidad de los compromisos, los atacan, los persiguen, procuran obsesarlos, generando un clima insostenible a su alrededor”.

 

Se aquietó un poco, volvió a pasar la mirada por la sala donde ya se encontraban algunos invitados del hermano Anacleto y prosiguió:

 

“No me cabe hacer un juzgamiento peyorativo o despreciativo, sino un análisis alrededor de lo que yo vengo observando en determinados entornos del Movimiento Espírita, cuando algunos amigos que deberían pautar la conducta por medio de la cordura y la bondad, por la devoción y la fraternidad, se apartan de esas directrices para convertirse en verdaderos déspotas con relación a aquellos que exigen que se les sometan u opinan con énfasis de dueños de la verdad, exigiendo siempre derechos y licencias que niegan a los demás. Son intolerantes en exceso, acusadores despiadados, maledicentes contumaces y viven siempre atormentados por el mal humor, en ese estado emocional, no obstante, divulgando la Doctrina de la felicidad y de la alegría de vivir. Es paradójico que se comporten así”.


“Por lo tanto, no es de extrañar que estén siempre asesorados espiritualmente por Entidades vulgares – puesto que se niegan al confort de la oración, que consideran un elemento dispensable – perversas unas y vengadoras otras, con las cuales sintonizan – ya que no participan de las actividades mediúmnicas, que consideran superadas y cuando lo hacen aún están buscando lo que denominan como hecho del laboratorio – tornándose títeres de sus maniobras infelices.

 

“Normalmente me compadezco de esos compañeros que permanecen equivocados, divulgando las noticias del Mundo espiritual en el que parecen no creer, ya que se comportan de manera inadecuada con relación a la inmortalidad del alma y de la justicia de las reencarnaciones. Es como si ignorasen que habrán de despertar con el patrimonio acumulado y las conquistas realizadas, sin poder portarse a la presencia de la conciencia que, para ese entonces ya despierta, presentará los hechos de manera vigorosa, exigiendo reparación, imposible en ese momento, abriendo espacio para la conciencia de culpa, suplicando el retorno a la Tierra inmediatamente, lo que ya no será tan fácil de conseguir… Invariablemente oro por esos amigos y compañeros, intentando, muchas veces, despertarlos hacia la realidad que él Espiritismo les presenta e invitándolos a la renovación íntima, a la humildad, a la caridad, a la misericordia con relación a su prójimo. La desencarnación de esos hermanos es siempre dolorosa, porque, en muchas ocasiones, se dan cuenta de lo ocurrido y desearían cambiar y ya no hay más tiempo para conseguirlo.

 

“¿Qué te parece?”

 

Invitado directamente al asunto, no dude en concordar con el pensamiento del querido amigo, diciéndole:

 

No hace mucho, publicamos un libro abordando un tema equivalente, en torno de la desencarnación de algunos Espíritas que no estaban preparados para el retorno.

 

“El conocimiento del Espiritismo aumenta la responsabilidad del individuo, porque les da los instrumentos hábiles para la transformación íntima para su mejoramiento, demostrándole la continuidad de la vida después de la muerte física y los resultados que surgen de la conducta mantenida antes de la desencarnación. De esa manera, la Doctrina tiene por meta liberar al ser humano de la ignorancia y del mal, abriendo espacios para la instalación del bien y del conocimiento que trae felicidad, al tiempo que impulsa a la acción dignificante, por medio de la cual es posible la paz con la propia conciencia. No basta saber, es imprescindible aplicar de manera útil el conocimiento que pueda auxiliar al progreso propio, así como el de la sociedad.

 

Reflexioné un instante, terminando mis ideas y continué:

 

También pienso que la mayoría de nosotros, los Espíritas encarnados o desencarnados, transitamos tanto por la Iglesia de Roma como por aquellas que se originaron en la Reforma Luterana, en las cuales deberíamos realzar el mensaje de Jesús y actuamos de forma totalmente contraria. Valiéndonos de la expansión de la fe católica, así como de la protestante, para imponer nuestras pasiones personales y perseguir a aquellos que tenían el derecho y la libertad de pensar diferente, acusándolos de herejes o de adversarios de la fe, solamente para conseguir más poder, que el túmulo consumió. Un gran número de espíritus, por lo contrario, allí encontraron la oportunidad de crecimiento y de iluminación, dejando marcas sublimes en la Historia, viviendo incomparables lecciones de belleza, renunciamiento y amor, con lo que conquistaron a la Humanidad. Aquellos que cayeron en los delitos, fueron víctimas de sí mismos, de sus arbitrarias posturas y falacias que los enmarañaron en el despotismo y la locura que proyectaron para su futuro espiritual efectos dolorosos que hoy lloramos y sufrimos, a pesar de desear realmente servir y armonizar.


“Creo también, que los compañeros más empedernidos y exigentes, aún están engañados cuanto, a la función del Espiritismo, que tiene por meta prioritaria iluminar a aquellos que adhieren a sus propuestas, antes de cuidar de salvar a los otros, son fracasados religiosos que se destacaron en la Curia o en la parroquia, en el templo de la fe que dirigían y retornan con la ilusión de que aún se encuentran dominando a las mismas. Solamente el tiempo, ese trabajador infatigable, los despertará bajo los golpes del sufrimiento purificador que a todos nos alcanza.

 

“Todos ellos nos merecen el mejor cariño y respeto, y por eso lamentamos el hecho de que no estén beneficiando realmente con la Doctrina Espírita, que es el Sol de la Nueva Era. Bienaventurado, por tanto, todo aquel que, tomando el arado no mira hacia atrás, conforme a la enseñanza del Maestro. Envolvamos a todos, en paz y confianza en Dios, aguardando el momento de despertar de cada uno, cual ocurrió con nosotros mismos, que ahora estamos conscientes de las responsabilidades que abrazamos en el lúcido aprovechamiento del tiempo que urge…”.

 

En el silencio, que se hizo de forma natural, comencé a repasar mentalmente la reciente experiencia terrestre, cuando militando en el Movimiento Espírita, pude evidenciar las observaciones presentadas por el querido Dilermando. Aquellos eran días heroicos, que denominó como los días de las catacumbas, cuando la adopción de la Doctrina constituía un verdadero desafío a las llamadas reglas de la sociedad, debiéndose pagar un alto precio de renunciamiento, de silencio, de abnegación… Aún en aquellos días ya distantes, que éramos un número reducido, en vez de una legítima unión predominaba entre nosotros la cizaña destructora y peligrosa, las sospechas y acusaciones infundadas, exigiendo serenidad y amor con relación a los hermanos invigilantes. Ese gravamen que el ser humano paga por el honor de abrazar ideales de ennoblecimiento y de dignificación espiritual.

 

Si, hoy cambiaron los tiempos, bajo un aspecto, ya no se está sufriendo la pública discriminación y la persecución os perciba, cuando se abraza el Espiritismo, no obstante, prosiguen los mismos desafíos y se torna indispensable la contribución del testimonio, de la fidelidad, por parte de aquellos que, tocados por el Espíritu del Cristo y fascinados por el mensaje Espírita, adoptan la fe racional y pura que los conmueve y arrebata. Durante mucho tiempo, aún serán necesarios los ejemplos de coraje y de abnegación en todos los segmentos sociales y áreas del pensamiento, por parte de los héroes y de los idealistas, para que los mensajes nobles se implanten en los corazones humanos y transformen a la sociedad que necesita de una directriz y de seguridad para alcanzar el objetivo de la armonía y del equilibrio, de la justicia y de la paz.

 

Tomado del libro “Sexo y Obsesión”, dictado por el espíritu Manuel Philomeno de Miranda, psicografiado por Divaldo Pereira Franco. Capítulo 24 página 302 a 308. Editorial LEAL. 2006.

 


martes, 1 de septiembre de 2026

EL HOMBRE DE BIEN ANTE EL ASEDIO DE LAS FUERZAS ESPIRITUALES DEL MAL

 

 

Oscar Cervantes Velásquez

Santa Marta – Colombia

01/19/2026

El tema que pretendemos analizar representa uno de los mayores escollos que el hombre encarnado en la Tierra enfrenta, no porque este incapacitado para hacerse fuerte ante las insinuaciones del mal que subyace en él, sino por la falta de vigilancia en sus pensamientos que terminan sintonizando con aquellos infelices que, desde el mundo espiritual, asedian al hombre en busca de complacencias que ya no pueden saciar, ante la incapacidad material de su esencia.

Tendríamos que preguntarnos ¿qué fuerzas nos asedian? y, ¿por qué buscan desviarnos del camino recto que hemos asumido en el proceso de transformación interior?

Profundizar en el problema del mal desde la perspectiva espírita, nos lleva a revisar conceptos propuestos por el Espiritismo y que se encuentran en sus obras fundamentales. El Libro de los Espíritus en la Introducción al estudio de la Doctrina Espírita, Allan Kardec plantea que los Espíritus pertenecen a diferentes clases, más “los de los rangos inferiores son propensos a la mayoría de nuestras pasiones: odio y envidia, celos y orgullo, etcétera. Éstos se complacen en el mal. Entre ellos los hay asimismo que no son ni muy buenos ni muy malos: más revoltosos y embrollones que ruines; la malicia y las inconsecuencias parece ser su dote. Son los duendes, Espíritus traviesos o frívolos[1]”. En ellos encontramos a aquellos seres que buscan desviar del camino recto a quienes forjan una vida de devoción y entrega a la causa del Cristo, pues “se caracterizan por la ignorancia, el deseo del mal y todas las malas pasiones que retrasan su desarrollo[2]”.

Hace ya algunos años, tuvimos la ocasión de traducir del portugués al español un artículo intitulado: “Zoantropía[3] ataca a aquellos dedicados al bien” de la autoría de María Magdalena Neufal[4] en el cual asegura que: “Las fuerzas malévolas siempre atacan a aquellos que sirven al bien. Siendo así, no es raro encontrar en la vida de los llamados santos, fenómenos de zoantropía”. En el mismo artículo, la autora nos recuerda la historia bíblica que se encuentra en Daniel (4:25 a 34), donde “El Rey Nabucodonosor, de Babilonia, vivió como animal durante siete años, al fin de los cuales recobró el juicio, el reino y la figura humana, glorificando a Dios y su justicia”.

Más no podemos justificarnos bajo la premisa que los Espíritus inferiores nos acechan y nos hacen caer en tentación, pues de esa manera estaríamos evadiendo la responsabilidad que nos compete en el buen o mal uso del libre albedrío que hemos conquistado; más bien, debemos centrar nuestra atención en el verdadero campo de batalla donde la mente, los sentimientos y la voluntad juegan papel fundamental para que esa perniciosa influencia encuentre afinidad en nuestros vicios identificándose con nuestras falencias morales para que se establezca la sintonía espiritual.

La autora espírita Rosalba D´Atri en su artículo “Las influencias espirituales”, asegura que “los diversos matices que tienen estas influencias, es otra dificultad que se presenta, pues no siempre estamos preparados para descubrirlas.

A lo largo del día, en las actividades dentro del hogar, en los lugares de trabajo o en las realizaciones comunitarias, adoptamos una serie de conductas que tienden a disculpar, explicar o justificar actitudes que nos pertenecen: mal humor, impaciencia, falta de tolerancia e incomprensión, que se manifiestan de distintas formas; y es muy común achacar estos arrebatos a situaciones tales como, el estado de humor de la familia o desperfectos mecánicos que hemos sufrido, situaciones difíciles con compañeros de trabajo o superiores jerárquicos, el tiempo, etc., como factores que pueden llegar a determinar nuestros procederes.

Analizando seriamente las excusas que damos, frente a una irritación descontrolada, a una respuesta destemplada o a una actitud fuera tono, debemos aceptar que en casi todos los casos pudimos controlarnos y no lo hicimos, ya sea por comodidad, por dejar hacer o porque “somos así”, “es mi forma de ser”, que es la disculpa más común que esgrimimos en nuestro favor.

Y termina asegurando que “mientras no lleguemos a controlar la envidia, los celos, los rencores, la intolerancia, el egoísmo y el orgullo, vamos a estar supeditados a las influencias espirituales negativas[5]”.

Múltiples veces hemos asegurado en charlas y conversaciones, acerca de la invigilancia mental en la que muchos caemos ante el olvido de la recomendación del Maestro Jesús “Orad y vigilad para que no caigáis en tentación”, dejando ventanas y puertas interiores abiertas a la influencia perniciosa las cuales se traducen en vicios morales y tendencias inferiores que nos caracterizan, socavando las bases morales que nos ha costado construir debilitando de esta manera al hombre de bien en ciernes y que acorde a las enseñanzas que nos propicia El Evangelio según el Espiritismo se caracteriza porque “practica la ley de justicia, amor y caridad en su mayor pureza”, minando así el deseo de convertirse en un ser moralmente renovado.

Y cuando la invigilancia se agudiza, surge la obsesión, profundizando la influencia espiritual en el encarnado; para Juana de Ángelis “es incontrolable el número de los perseguidos por Espíritus desencarnados en nuestros días. La inmensa masa de obsesos que tienen sus mentes y cuerpos violados por fluidos perturbadores yace quebrantada por una hipnosis segura que la domina, o es azuzada por una inducción criminal, que la desorganiza y alucina[6]”.

Sin embargo, es importante diferenciar entre la influencia espiritual y la obsesión la cual está principalmente en el grado, la persistencia y la capacidad de interferencia que los Espíritus ejercen sobre el pensamiento y la voluntad de la persona. Recordemos la enseñanza de los Espíritus Superiores contenida en El Libro de los Espíritus donde plantean que “los Espíritus influyen en nuestros pensamientos y actos mucho más de lo que imaginamos”. De ello podemos inferir, por ejemplo, que una persona puede experimentar repentinamente un pensamiento de irritación, tristeza, miedo o incluso una buena inspiración. Desde la perspectiva espírita, podría existir una influencia espiritual detrás de ello, pero la persona conserva la posibilidad de aceptar, rechazar o transformar ese pensamiento. Entonces, la influencia es parte de la interacción espiritual ordinaria, mientras que la obsesión representa un grado patológico de esa influencia.

Inmersa la humanidad en una guerra espiritual de gran trascendencia para su futuro como Espíritu, debemos recurrir a las armas del hombre de bien: oración, vigilancia, estudio, caridad, perdón y reforma íntima.

El hombre de bien no necesita vivir atemorizado ante las fuerzas espirituales que todavía se encuentran vinculadas al mal. Debe, sí, permanecer vigilante. No porque se encuentre indefenso, sino porque conoce sus propias imperfecciones y sabe que toda debilidad cultivada puede convertirse en una puerta de entrada para la influencia de los Espíritus inferiores.

Su defensa no está en el miedo, sino en la conciencia; no está en el enfrentamiento, sino en la elevación; no está en devolver el mal, sino en perseverar en el bien.

Cuando el pensamiento se ilumina, el sentimiento se ennoblece y la voluntad se fortalece, la sintonía con las sombras comienza a desaparecer. Y entonces comprendemos que la mayor victoria espiritual no consiste en derrotar a quienes todavía practican el mal, sino en impedir que el mal encuentre morada dentro de nosotros.



[1] El Libro de los Espíritus – Editora 18 de abril.

[2] El Libro de los Espíritu, pregunta 97. Editora 18 de abril.

[3] La zoantropía es una especie de perturbación de carácter mental, en la que la persona se imagina convertida en un animal. A nivel espiritual, existe una transformación periespiritual profunda generando una estrecha compenetración entre el Espíritu desencarnado y la forma animal con la que se identifica.

[4] https://ceefasis.jimdofree.com/art%C3%ADculos/zoantrop%C3%ADa-ataca-a-aquellos-dedicados-al-bien/

[6] Deudas y rescates, Espíritu Juana de Angelis y psicografía de Divaldo Pereira Franco. En el Borde del Infinito, pág. 123, Instituto de Difusión Espírita, IDE.


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