martes, 22 de febrero de 2022

ALLAN KARDEC Y EL MAGNETISMO EN LA CODIFICACIÓN

 

Imagen tomada de la Web: https://revolucaoespirita.com.br/kardec-afirma/

Allan Kardec, el maestro lionés, conocía del magnetismo antes de iniciar su misión; él participaba activamente de los trabajos de la sociedad de Magnetismo de París, la más importante de Francia. Hacía 35 años que profesaba la ciencia magnética.

El Espiritismo nos ilustra acerca de este poder y nos explica por su intermedio una infinidad de cosas inexplicables y no explicadas por otros medios y que, en tiempos pasados, se consideraron prodigios. Revela, como el magnetismo, una ley, no desconocida, pero muy mal comprendida, o, dicho con más exactitud, se conocían los efectos, ya que se produjeron en todos los tiempos, pero se desconocía la ley, y justamente la ignorancia de esta ley engendró la superstición. Una vez en conocimiento de ella, lo maravilloso desaparece y los fenómenos vuelven al orden natural al que pertenecen. He aquí por qué los espíritas no hacen milagros haciendo girar una mesa o intentando que escriban los muertos, al igual que el médico al revivir a un moribundo o el físico al descargar un rayo. Quien pretendiese, con la ayuda de esta ciencia, hacer milagros, sería un ignorante de la materia o un impostor.

Ya que el Espiritismo repudia, respecto a todo lo que a él concierne, la calificación de milagro, fuera de él, ¿hay milagros, en la verdadera acepción de la palabra?

Digamos, en principio, que entre los hechos considerados milagrosos que ocurrieron antes del advenimiento del Espiritismo y entre los que ocurren hoy, la mayor parte, si no todos, encuentran explicación en las leyes que el Espiritismo ha venido a revelar. Esos hechos entran, aunque bajo otro nombre, en el orden de los fenómenos espíritas y, como tales, no tienen nada de sobrenaturales. Se comprende que nos referimos a hechos auténticos y no a aquellos que, calificándolos de milagro, son el producto de una superchería innoble con vistas a explorar la credulidad, así como a ciertos hechos legendarios que pueden haber tenido, en su origen, un fondo de verdad, pero que la superstición ha ampliado hasta el absurdo. Son esos hechos los que el Espiritismo viene a aclarar, suministrando los medios necesarios para separar lo auténtico de lo falso[1].

La acción magnética puede verificarse de diferentes maneras[2]:

  1. 1. Por el fluido del mismo magnetizador; es el llamado magnetismo humano, cuya acción está subordinada a la potencia y, sobre todo, a la calidad del fluido.

    2.Por el fluido de los espíritus que actúan directamente y sin intermediario sobre un encarnado, ya sea para curar o para calmar un sufrimiento, para provocar el sueño sonambúlico espontáneo o ejercer una influencia física o moral. Se le denomina magnetismo espiritual, y su potencia depende de las cualidades del espíritu.

    3.  Por el fluido que los espíritus proyectan sobre el magnetizador, a quienes éste sirve de conductor. Es el llamado magnetismo mixto, semiespiritual o humano-espiritual. El fluido espiritual, combinado con el fluido humano, otorga a este último las cualidades que le faltan. El concurso de los espíritus, en circunstancias parecidas, es a veces espontáneo, pero generalmente se produce por la evocación del magnetizador.

 



[1] Allan Kardec, La Génesis, los milagros y las predicciones según El Espiritismo. Cap. XIII, Caracteres de los milagros, pág. 281, 282, 283. Confederación Espiritista Argentina – CEA.

[2] Allan Kardec, La Génesis, los milagros y las predicciones según El Espiritismo. Cap. XIV, Los fluidos, pág. 311. Confederación Espiritista Argentina – CEA.


lunes, 20 de diciembre de 2021

DISQUISICIONES EN TORNO DE LA AMISTAD

 

Imagen de referencia tomada de la Web.

La amistad es una de las mejores experiencias del ser humano, en el campo de la afectividad, la cual se fortalece en la conquista de valores, que hacen de ella, imperecedera condición para construir relaciones edificantes y fraternales.

Es de suma sabiduría, que, a mayor edad, tengamos menos amigos y muchos conocidos, esto porque en la mayoría de edad, la amistad se reconoce como un bien imperecedero, guardado en la recóndito de nuestra alma, lo cual representa una conquista que nos ayuda a llevar una vida sana y feliz, es por eso que la autora espiritual Juana de Ángelis asegura que, “el amigo es un tesoro que se encuentra al alcance, siempre dispuesto a contribuir en beneficio del otro[1]”.

Para que una amistad se mantenga en el tiempo, se hace necesario ciertas condiciones como son: un fuerte vínculo afectivo, una confianza incondicional y un compañerismo a prueba de fuego y, cultivar la confianza, tarea que muchos pretenden desconocer, pues muchas veces un silencio compasivo, ante las adversidades del compañero, redunda en paz en los corazones amados.

Por eso, jamás te olvides del amigo sincero que ayer te arropó en tus momentos de infortunio y que hoy, quizás, transita en silencio cargando los suyos. Recuerda que “la gratitud, como el amor, es también un deber que no solo da calor a quien la recibe, como también reconforta a quien  la ofrece[2]”.



[1] Juana de Ángelis/Divaldo P. Franco, Constelación familiar, Educación para la amistad, página 85. Editorial Kimpres S. A. S., 2017.

[2] Juana de Ángelis/Divaldo P. Franco, Invitaciones de la vida, Invitación a la gratitud, página 99Instituto de Difusión Espírita, 1985.

jueves, 4 de noviembre de 2021

CELOTIPIA, CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN SUFRIMIENTO

 

Imagen de referencia tomada de la Web.

Por: Oscar Cervantes Velásquez

Todos los seres humanos, en algún momento de nuestra vida, y atendiendo a las circunstancias, hemos sentido el gusanito de los celos. Dentro de la inferioridad que manejamos en un planeta como el nuestro, podríamos decir que es algo normal, a pesar de ser un estado emocional negativo, sin embargo, muchas veces la forma intensa e irracional con que celamos, convierten las relaciones en un grave problema de convivencia que, generalmente, acaba con las relaciones afectivas, afectando en mayor o menor grado, a las personas implicadas.

 

Los celos, desde la óptica de las ciencias psicológicas, es considerada una enfermedad psíquica, que “consiste en ideas pensamientos, impulsos o imágenes que no se logran quitar de la mente. Entran ahí de modo prepotente y se perciben como algo extraño que escapa al control. Van más allá de un simple pensamiento no deseado que al final desaparece[1]”.

 

En el caso de los celos patológicos, estos representan un fenómeno complejo de la personalidad, que afecta la estabilidad emocional del individuo que lo padece, llevándolo a niveles de ansiedad e inseguridad tal, que le impide racionalizar con equilibrio, sus pensamientos. En ese tormentoso estado, el hombre, “fija su identidad en la necesidad de lo que denomina amor y se proyecta, inconscientemente, sobre la persona que dice amar, se le impone con ansiedad irrefrenable, en terrible desarmonía interior[2]”.


La causa de este tipo de enfermedad psíquica, es la falta de madurez psicológica del ser, entendiendo que esta reencarnación es la sumatoria de las diferentes experiencias del ayer, que pesan sensiblemente en su inconsciente, lo cual, a su vez, termina por generar conflictos, obsesiones y ansiedades, en sus relaciones interpersonales y en particular las de pareja.


Hay algo que es importante considerar en relación a los celos, pues muchas veces, de forma errónea, hemos escuchado que se cela a la pareja, porque se ama, situación que está lejos de ser una expresión del amor, por el contrario, representa estados de inseguridad del ser y una demostración de fracaso en el manejo de sus emociones; como asegura la autora espiritual Juana de Ángelis, “el Espíritu inmaduro, sometido por desvíos del comportamiento en existencias pasadas, renace con el sistema emocional señalado por marcas infelices[3]”.


En este orden de ideas, comprendiendo las herencias del pasado y la forma en que ese pasado repercute en nuestra vida presente, se hace necesario la educación de nuestras emociones partiendo de la necesidad de aceptarnos tal como somos, con nuestras limitaciones, pero con algo fundamental e importante para nuestro futuro espiritual, la perfectibilidad que estamos en capacidad de desarrollar trabajando en nuestra reforma moral.   


Sabemos, que “la existencia física tiene por meta el perfeccionamiento de los valores espirituales que yacen latentes en el ser humano, que adquiere sabiduría y paz, de modo que pueda disfrutar de la salud integral”; de ahí el por qué “trabajar la emoción, reflexionar en torno a los propios sentimientos y a los del prójimo constituyen una saludable psicoterapia para la adquisición de la confianza en sí mismo y de los demás[4]”.

 



[1] Madurez psicológica y espiritual. Wenceslao Vial. La obsesión y la compulsión, pág. 194. Ediciones Palabra, Madrid – España. 3ª. Edición.

[2] Juana de Ángelis/Divaldo Franco. El Ser Consciente. Ser y persona, pág. 45. Ediciones Juana de Ángelis, Buenos Aires – Argentina. 1997.

[3] Juana de Ángelis/Divaldo Franco. Conflictos existenciales, Celos, pág. 70. Ediciones Juana de Ángelis, Buenos Aires – Argentina. 2005.

[4] Ibidem, pág. 71.


jueves, 30 de septiembre de 2021

EL JUDAS INCOMPRENDIDO

 


Por: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta - Colombia

En la obra “Ave Luz”, del Espíritu Shaolin y psicografiado por Joao Nunes Maia, el autor espiritual asegura que “Judas Iscariote es visto como una figura traidora en la historia del cristianismo por las religiones que olvidan el cumplimiento de las profecías. Sin embargo, fue un instrumento que permitió que el Evangelio demostrara su conexión con los dichos de los profetas del pasado, mostrando, a través de los acontecimientos, la realidad de su existencia divina”.

Recordando el evangelio de Mateo (cap. 18 v. 21 -35), nos lleva a reflexionar sobre la importancia que le diera Jesús, a la necesidad de perdonar en la vida del ser humano. En ella, nos relata la parábola del siervo malo, el mismo que, siéndole perdonada la deuda por parte de su amo, al encontrarse con uno de sus deudores lo conminó a pagar lo que le debía y al no poderle saldar la deuda, lo mandó a encerrar en la cárcel. Los demás esclavos vieron la falta de compasión de este hombre y fueron a contárselo al amo, quien se enfadó mucho, mandó llamar al esclavo y le dijo: “¡Esclavo malvado! Yo te perdoné toda aquella deuda cuando me lo suplicaste. ¿No deberías haber tenido misericordia de tu compañero igual que yo tuve misericordia de ti?”. El rey se indignó tanto, que entregó al siervo cruel a los carceleros para que lo encerraran hasta que pagara todo lo que debía. Jesús concluye la historia diciendo: “Así es como mi Padre celestial los tratará a ustedes si no perdonan de corazón a sus hermanos”.

Y justamente, Jesús recurre a esta parábola ante la inquietud de Pedro con relación a la necesidad de perdonar: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? “No, no te digo hasta 7 veces, sino hasta 77 veces siete” (Mateo 18:22). En otras palabras, debemos perdonar a nuestros hermanos todas las veces que una falta nos sea cometida.

Acudo a esta enseñanza evangélica para resaltar la importancia del perdón, de la que nos ufanamos tantos, a través de las redes sociales, más, cuán difícil resulta, cuando la realidad de la ofensa atropella nuestro orgullo.

Históricamente, en el mundo cristiano, la figura de Judas Iscariote no ha encontrado el perdón de muchos, quizás por atavismos religiosos que pesan tanto en el psiquismo colectivo, llevándolo a figurar entre los personajes más “odiado”, aunque suene extraño, entre los cristianos. De hecho, es común escuchar a muchos hablar de “el beso de Judas”, cuando alguien da un beso en la mejilla a otra persona, como expresión de amistad o afecto, y, sin embargo, falta a la confianza recibida.

Pero ¿quién era Judas Iscariote? Judas nació en una localidad de Judá llamada Queirot[1], de ahí la denominación Iscariote. Como hecho curioso, fue el único apóstol que no era galileo. Entendía de contabilidad y se convirtió en tesorero del grupo. Era quien cuidaba de las donaciones y regalos. Cuenta Amelia Rodrigues en la obra “Trigo de Dios”, psicografiada por el médium Divaldo P. Franco, que fue invitado por Jesús “para edificar el reino y obraba siempre sin consultar, considerando a las personas y a los sucesos con una óptica distorsionada de la realidad, a través del valor relativo del dinero, de lo social, de lo transitorio, de lo no real, y esto lo hizo perderse, tornándose así en legendaria personificación de la traición, la desconfianza y la ingratitud”.

En otra de sus obras, Amelia asegura que:

El mayor dolor para un amigo es la traición de otro amigo; su loca y persistente persecución; la aversión que surge de la envidia o el despecho; la continua burla que surge de la obstinada animosidad que la envuelve. Judas, que lo conocía, no lo conocía. . . El amigo que ataca, maltrata, no conoce la bendición de la amistad[2]”.

En una entrevista concedida a Humberto de Campos, en el libro “Crónicas de Más Allá de la Tumba”, Judas revela “que estaba enamorado por las ideas socialistas de Jesús, considerándolo el Nuevo Rey de los judíos, tanto por su magnetismo divino, por los fenómenos mediúmnicos que practicaba, como por Su palabra esclarecedora. Dice Judas que veía en la política y en la revuelta popular el único instrumento que podría viabilizar la liberación de los judíos, pues era hostil a la dominación romana. Paralelamente, consideraba al Maestro un serio obstáculo a su deseo de llegar al poder, debido a que Jesús tenía su opción por los pobres y humildes, rechazando el mando y la riqueza. Aunque amara profundamente al Hijo de María, su ambición y su deseo de apresurar la victoria lo hizo ingeniar el plan que culminó con la crucifixión y todo lo demás que conocemos del Martirio”.

En el año 2006 Luis Hu le pregunta a Divaldo P. Franco acerca del destino final de Judas, en trabajo realizado para la Revista Espírita, de la cual extractamos lo siguiente:

Luis Hu: “Una de las mayores interrogantes sobre Judas es sobre su destino después de su desencarnación. Hay dos versiones: en Mateo, “sintió remordimiento, […] y se fue y se ahorcó”. En Hechos de los Apóstoles, Judas “compró un campo con el salario de la injusticia, y cayendo de cabeza, reventó ruidosamente por en medio, y todos sus intestinos quedaron derramados”. El Evangelio de Judas, termina cuando Judas ofrece a Jesús a los sacerdotes, sin embargo, pasajes anteriores sugieren que es aceptado en el reino divino. ¿Cuál es la información espírita que tenemos al respecto?”.

Responde Divaldo: “La narrativa más acorde con los hechos es la que se encuentra en Mateo, cuando el apóstol se dio cuenta de la gravedad de lo sucedido, optó por el suicidio cobarde y perjudicial. Además, según las informaciones canónicas, al arrojar el dinero a los sacerdotes, ellos lo devolvieron irónicos, y posteriormente, compraron el “campo del alfarero” que convirtieron en cementerio para extranjeros, por no considerar adecuado guardarlo en el arca de las ofrendas”.

Para Herminio Miranda, egregio cultor de la Doctrina Espírita en artículo escrito para el Reformador, considera que: “Es el momento de trabajar por la rehabilitación de la figura del ex Iscariote. Es necesario quitar de su imagen histórica la mancha anticuada de la traición que pesa sobre su memoria. No fue el primer ser humano en cometer un error ni será el último. Tampoco fue el primero en redimirse de su error, pagando hasta el último centavo, como dice la Ley, para reanudar el viaje hacia lo Alto. Sufrió tanto para ganarse su paz y seguro que sabrá ayudarnos a encontrar la nuestra. También tenemos grandes deudas que redimir. No entregamos a Jesús a sus verdugos; una y otra vez, sin embargo, hemos crucificado su memoria, vendido sus principios, no cumplimos con la moral que predicaba. Por tanto, no estamos en condiciones de arrojar nada al noble rostro de Judas el redimido”.

Luego del execrable hecho de suicidarse, Judas por afinidad vibratoria se precipitó en las densas tinieblas, donde por mucho tiempo cargaría con el triste recuerdo de su insania. Cuenta Amelia Rodrigues en la ya citada obra “Trigo de Dios”, que:

Antes de aparecer ante las mujeres que fueron al túmulo vacío, Jesús descendió a las regiones penosas del mundo inferior al que se arrojara Judas, imprudentemente…

Debatiéndose entre la coerción psíquica del lazo que lo ahorcara y las tremendas burlas de aquellos Espíritus que lo habían estimulado a la tragedia, se había tornado en el símbolo de la suprema desdicha.

Totalmente atontado, sin poder ver al Amigo Divino, sintió que momentáneamente, los dolores y la locura se atenuaban, y oyó Su voz dulcísima en lo más profundo del ser:

- “Judas, soy yo.

“Confía y espera. Aún hay tiempo. Ninguna de mis ovejas se perderá.

“Perdónate el ultraje que te hiciste a fin de que puedas liberarte de la culpa y recuperarte.

“Enciende la luz de la esperanza y la sombra cederá.

“Recuerda el amor, de manera que la paz se anide en tu corazón.

“Nunca te dejaré ni te condenaré.

“Hoy comienza una nueva etapa y mañana será el día de la victoria.

“Reposa un poco, pues los milenios te aguardan, y Yo también te estaré esperando”.

Suavizado el sufrimiento por la reconfortante presencia, Judas se adormeció un poco, y adquirió nuevas fuerzas para las futuras expiaciones redentoras.

Comprendiendo la importancia del perdón en nuestras vidas, nos ahorraremos muchas de nuestras desgracias morales las cuales nos acompañan de forma consuetudinaria por nuestra tendencia a no perdonar. Recordemos la enseñanza del apóstol Mateo, “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. (Mt. 6:14–15).

Como colofón queremos resaltar el mensaje del Espíritu Lamennais, dado en París, en 1862, del capítulo XI, ítem 14, del “El Evangelio según el Espiritismo”: “¡No juzguéis, oh! no juzguéis, mí queridos amigos, porque el juicio que hagáis os será aplicado más severamente aún, y tenéis necesidad de indulgencia para los pecados que cometéis sin cesar. ¿No sabéis que hay muchas acciones que son crímenes a los ojos del Dios de pureza, y que el mundo no considera siquiera como faltas leves?”.



[1] Ciudad al extremo sur de la tribu de Judá, a una jornada más allá del Hebrón.

[2] Hay flores en el camino, Amelia Rodrigues/Divaldo P. Franco. Editora Alvorada.

jueves, 26 de agosto de 2021

SEXO EN LA ESPIRITUALIDAD

 

Imagen de referencia tomada de la Web: TV Mundo Maior

Por: Marco Tulio Michalick

Cuando desencarnamos y regresamos al Mundo Espiritual, sentimos algunas necesidades habituales que teníamos en el Mundo Material y que solo podrán ser superadas con el tiempo. La adaptación puede ser lenta o rápida según el grado de evolución de cada uno. Hambre, frío, dolor, sueño, higiene, sexo, son algunas situaciones en los que el Espíritu necesita readaptarse al nuevo hogar. Con el tiempo, sabrá que puede reemplazar la comida convencional de la Tierra por agua, el baño se tornará innecesario a medida que el Espíritu va evolucionando, no sentirá sueño como antes, el deseo sexual dará paso al amor recíproco; gradualmente estas sensaciones son reemplazadas por otras, y se agregan algunas nuevas, como la volición.

La literatura espírita nos revela que el sexo es algo divino, un flujo de alegría y felicidad para hombres y mujeres, pero al mismo tiempo la puerta sagrada y de entrada a nuestra evolución. Es decir, no hay nada de malo en el acto sexual siempre que sea practicado de forma regular y respetuosa. Entonces, ¿Cómo es tratado el sexo en el mundo espiritual? Este cuestionamiento, a primera vista, puede resultar desconcertante porque muchos de nosotros pensamos que el sexo no existe en el mundo espiritual. Tal vez no aparezca en colonias en un nivel avanzado de evolución porque los Espíritus, que allí residen, vibran en un tono más alto. Esta vibración es alcanzada por el Espíritu a través de la mentalización, el estudio, trabajos edificantes y la protección de la espiritualidad Mayor que forma una especie de escudo alrededor de la colonia, no permitiendo que los malos pensamientos y las falanges malignas puedan penetrarla.

Próxima a la corteza terrestre se encuentra el Umbral, que alberga Espíritus con muy bajo tenor vibratorio. Debido a su escasa evolución moral, en el umbral mantienen relaciones sexuales con otros seres, en un ambiente de vampirización. Por otro lado, existe una situación preocupante con los encarnados que tienen sus pensamientos fijos en el sexo, lo que puede crear una conexión con los desencarnados que están en ese nivel de sintonía.

Durante el sueño, es común que los encarnados se desprendan del cuerpo físico y vayan al Mundo Espiritual para encontrarse con espíritus afines, desencarnados o encarnados, en lugares donde puedan armonizar sus mentes. Sin embargo, algunos encarnados buscan sexo en esferas de baja vibración. Esto sucede a través de una simple mentalización de encarnado a encarnado o encarnado a desencarnado, capaz de establecer una faja vibratoria que los conducirá hacia esos lugares. Cuando se trata de una mentalización de desencarnado a encarnado, ella ocurre si están en la misma faja vibratoria porque la persona que mantiene una conducta moral, cristiana y vibración elevada, donde prima el trabajo caritativo, estas entidades no conseguirán vampirizar al encarnado.

Estos Espíritus se encuentran en el Valle del Sexo del Mundo Espiritual o en lugares del Mundo Material donde la práctica de la prostitución es intensa o de vibración negativa. En este valle, los encarnados se diferencian de los desencarnados por el cordón fluido que los conecta con el cuerpo físico. Cuando la persona despierta de su sueño, no recuerda los acontecimientos, pero su mente guarda un registro de una sensación indefinida. Algo similar ocurre con los individuos que tienen una doble vida, es decir, un comportamiento social durante el día, pero por la noche, para satisfacer sus deseos carnales, frecuentan lugares cuya energía es la misma del valle del sexo.

Incluso en una relación conyugal, en la que debe haber una complicidad que incluya el sexo, además del apoyo mutuo, si una de las partes se siente rechazada o no amada, acabará buscando satisfacción en esferas inferiores, que pueden ser en el campo material o en el espiritual. Por lo tanto, el sexo debe ser visto como una obra de Dios, y debemos saber utilizar estas energías como un bien divino y no como un deseo animal que nunca se satisface, buscando nuevos encuentros tanto en un Mundo como en el otro. Es una fuerza poderosa que existe en el organismo espiritual que, si se libera indiscriminadamente, puede llevar al ser humano a la desilusión, la locura, o provocando graves enfermedades.

El iluminado Espíritu Emmanuel, en el libro Vida y Sexo, psicografiado por Chico Xavier, escribe el siguiente mensaje: “La energía sexual, como recurso de la ley de atracción, en la perpetuidad del Universo, es inherente a la propia vida, generando cargas magnéticas en todos los seres, debido a las potencialidades creativas que posee”.

André Luiz en Acción y Reacción, también psicografiado por Chico Xavier, escribe con sabiduría: “Examinando como fuerza actuante de la vida, frente a la creación incesante, el sexo, estrictamente hablando, palpitará en todo, desde la comunión de los principios subatómicos hasta la atracción de los astros porque, entonces, expresará el poder del amor, generado por el amor infinito de Dios”.

Los mensajes anteriores, revelan lo importante que es el sexo para nuestras vidas y la evolución espiritual. Es una energía que, dosificada y centralizada, debe canalizarse hacia una vida en comunión con el bien y psíquicamente tranquila.

 

Imagen de referencia, tomada de la Web: TV Mundo Maior

Una investigación realizada por la Unesco y publicada por la revista Veja, indica que los jóvenes en la actualidad, comienzan a tener una vida sexual temprana: las niñas a los 15 años y los niños a los 14. Otro dato relevante es que normalmente la primera relación no fue con su novio y sí con un “amante”, es decir, un extraño, prácticamente. En cuanto al embarazo, una encuesta realizada por la Universidad Federal de São Paulo revela que cada año nacen alrededor de un millón de bebés de madres solteras de entre 15 y 19 años. Y que de cada 100 adolescentes que se quedan embarazadas sin planificar, 25 ya tienen al menos un hijo.

Las cifras enumeradas anteriormente, son de vital importancia, porque nos dan una idea de la vida sexual de los jóvenes en el planeta. Conocemos la importancia de esta relación, de ahí nuestra preocupación por no ver el acto sexual como una necesidad carnal, sino como algo sublime que nos brinda el amor sincero, la familia, el placer de vivir, de sentirnos bien, evolucionar.

 

Texto original publicado en la Revista Cristiana de Espiritismo, edición Nº 20, año 2003.

 

Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta – Colombia

Agosto 26 de 2021

 

miércoles, 31 de marzo de 2021

LA GRAN EPOPEYA DEL HOMO SAPIENS EN LA BÚSQUEDA DE LA PERFECCIÓN MORAL

Por: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta - Colombia


Alcanzar el estado de hominidad, representa para el principio espiritual, el gran culmen o desafío evolutivo que le permitió, sencillo e ignorante, iniciar su largo recorrido hacia las cumbres espirituales en su proceso de desarrollo. La conquista de la inteligencia, como atributo del Espíritu, es un salto importante en la ley del progreso, entendiendo que los principios de solidaridad entre los individuos, permite que aquellos más avezados en los procesos intelectuales, terminan ayudando, a través del contacto social, a quienes se rezagan en sus luchas evolutivas.

Según Allan Kardec, “no conocemos el origen y modo de creación de los Espíritus, solo podemos estipular que fueron creados simples e ignorantes, sin instrucción y sin conocimientos del bien y del mal, pero perfectibles y con una aptitud pareja para conocerlo todo con el correr del tiempo. En sus comienzos, viven una especie de infancia, sin voluntad propia y con una conciencia incompleta de su existencia[1]”.

Para León Denis, el alma fue “creada por amor, creada para amar, por cautiva y encerrada que esté en una forma restringida y frágil, tan grande, que del ímpetu de su pensamiento puede abarcar el infinito, el alma es una partícula de la ciencia divina proyectada en el mundo material”. Desde la hora de su descenso en la materia, ¿qué camino habrá seguido para remontarse hasta el punto actual de su carrera? Le ha sido necesario pasar por las vías obscuras, revestir varias formas, animar otros tantos organismos que luego rechazaba al final de cada existencia, como se efectúa con un vestido ya inútil. Todos esos cuerpos de carne han perecido, el soplo de los destinos ha dispersado su polvo; más el alma persiste, perdura, prosigue su marcha ascendente, recorre las innumerables estaciones de su viaje y se dirige hacia un fin grande y dichoso, un fin divino, que es la perfección[2]”.

Es apenas comprensible que, a medida que adquiere conciencia, lo que a su vez le permite la adquisición del libre albedrío, le ayuda a asumir una mayor percepción de su propia existencia y de su entorno, “los cuales le imprimen un nuevo curso a sus ideas, y la dotan de nuevas aptitudes y nuevas percepciones[3]”. “En este sentido, la conciencia está asociada a la actividad mental que implica un dominio por parte del propio individuo, sobre sus sentidos. Así, una persona consciente es aquella que tiene conocimiento de lo que ocurre consigo y en su entorno, mientras que la inconsciencia supone, que la persona no sea capaz de percibir lo que le sucede, ni lo que pasa a su alrededor[4]”.

De ahí la importancia de la comprensión de la Ley del Progreso, ya que todos estamos sujetos a ella. Por lo tanto, “todos los seres de la creación, sean animados o inanimados, están sometidos a él por la bondad de Dios, que desea que todo crezca y progrese[5]. Por eso “quien pudiera acompañar a un mundo en sus diversas fases, desde el momento en que se aglomeraron los primeros átomos destinados a constituirlo, lo vería recorrer una escala incesante progresiva, pero de grados imperceptibles para cada generación, y ofrecer a sus habitantes una morada más agradable a medida que estos avanzan en el camino del progreso[6]”. Y es gracias a las enseñanzas de los Espíritus que hoy entendemos que “en los mundos inferiores la existencia es enteramente material, las pasiones reinan en ellos con soberanía, la vida moral es casi nula[7]”.

De acuerdo a André Luiz en su obra Evolución en dos Mundos, gracias a la “incesante repetición de los actos indispensables a su propio desarrollo, recubriéndose de materia densa en el plano físico y despojándose de ella con el fenómeno de la muerte, para revestirse de materia sutil en el plano extrafísico y renacer de nuevo en la corteza terrestre, en innumerables estadios de aprendizaje, el principio espiritual incorporó todas las conquistas de la inteligencia que han de brillar en el futuro en su cerebro, a través de las denominadas actividades reflejas del inconsciente”.

Nada fácil fue para el homínido de los primeros días, adaptar el instinto que prevalecía en él, a las nuevas concepciones que surgían en su mente ante la conquista de la razón y someterse, además, a los distintos cambios climáticos y a las adaptaciones evolutivas de un planeta igualmente en transformación.

Apoyándonos nuevamente en André Luiz y la obra ya mencionada, nos relata que “entre el alma que pregunta, la existencia que se dilata, la ansiedad que se agrava y el Espíritu que responde al Espíritu en el campo de la intuición pura, se esboza una inmensa lucha… El hombre que partía la piedra y que se escondía en su caverna, esclavizando a los elementos con la violencia de la fiera y matando indiscriminadamente para vivir, instado por los Instructores Amigos que amparan su camino, comenzó a indagar sobre la causa de las cosas... Constreñido a aceptar los principios de la renovación y el progreso, se refugió en el amor-egoísmo, en la intimidad de su prole, que entretiene su campo íntimo, ayudándolo a pensar. Se observa como tocado por una extraña metamorfosis. Reconoce, instintivamente, que no podría guiarse más por la excitabilidad de sus tejidos orgánicos o por los apetitos furiosos heredados de los animales... Desligado lentamente de los lazos más fuertes que lo ataban a las Inteligencias Divinas que tutelaron su desarrollo, para afirmarse sobre sus propias directrices, se siente solo y abatido ante la grandeza del Universo”.

Continúa André Luiz aseverando que, “Si en el círculo humano la inteligencia es seguida por la razón y la razón por la responsabilidad, en las líneas de la civilización, bajo las señales de  la cultura observamos que, en las etapas pretéritas del transformismo, el reflejo precede al instinto, así como el instinto precede a la actividad reflexiva, que es base de la inteligencia en los depósitos del conocimiento adquirido por recapitulación y transmisión incesantes en los millares de milenios en que el principio espiritual atraviesa lentamente los círculos elementales de la Naturaleza, cual sustancia viva, de forma en forma, hasta configurarse en el individuo humano, en tránsito hacia la madurez sublimada en la gradación angélica”.

De esa manera, observamos que en la línea del tiempo ese ser, poco a poco va ganando experiencia y aprendiendo sobre la base del error y el acierto a ganarle la batalla a todos los obstáculos que le surgían en sus ansias de progreso, elaborando herramientas cada más especializadas, para domar el abrupto paisaje de la vida que lo obligaba a avanzar con pasos firmes a la conquista de sí mismo. Y afirma André Luiz, “La idea moral de la vida comienza a preocupar a su cabeza”.

Y como asegura la mentora espiritual Juana de Ángelis, “heredero del instinto en que se demoró por largos periodos de experiencia y aún sumergido en sus inducciones, el Espíritu crece, desembarazándose de las amarras de vigorosos impulsos en los que se enreda para la conquista de aptitudes en las cuales se desarrolla… Encontrándose innatas en el Espíritu las tendencias, compete a la educación la tarea de desarrollar las que se presentan positivas y corregir las inclinaciones que inducen a la caída moral, a la repetición de los errores y de las manifestaciones más viles, que las conquistas de la razón enseñaron a superar… La propia vida le facultó al Espíritu, en largos milenios de observación, averiguar lo que es mejor o peor para sí mismo, auxiliándolo en el establecimiento de un cuadro de valores, del que se valdrá para su tranquilidad interior. Trayendo reminiscencias del intervalo que media entre una y otra reencarnación, a pesar de los inconvenientes que haya vivido, elige los recursos con los que se puede realizar mejor impidiéndole, al mismo tiempo, deslices y caídas en los subterráneos de la aflicción. Asimismo, inspirado por los Espíritus promotores del progreso en el mundo, asimila las ideas cautivantes y consoladoras, entregándose a la tarea del autoperfeccionamiento[8]”.

Termina la autora espiritual reafirmándonos que, “los Espíritus Superiores, que son pedagogos eminentes, enseñan las reglas del buen comportamiento a los hombres, a la manera de educadores que ejemplifican después de haber pasado por las mismas fajas de sombras, ignorancia y dolor, de las que ya se liberaron” … Debemos, pues, educar la mente, el cuerpo, el alma, como un proceso de adaptación a los superiores peldaños de la vida espiritual hacia donde nos dirigimos. La educación, disciplinando y enriqueciendo de preciosos recursos al ser, lo eleva a la vida, tranquilo y dichoso, sin ligarse a las regiones inferiores de donde procede. Fascinado por el impulso de la verdad, que es sabiduría y amor, después de las obligadas dificultades iniciales, se le torna más fácil ascender y adquirir la felicidad[9]”.

Atendiendo a la expresado por Juana de Ángelis, y comprendiendo que solo la educación desarrolla las potencias del Espíritu, recordemos lo expresado por el eximio codificador de la Doctrina Espírita Allan Kardec, “Hay un elemento que no se resaltó bastante, y sin el cual la ciencia económica no pasa de ser una teoría: la educación. No la educación intelectual, sino la moral, y ni siquiera la educación moral aprendida en los libros, sino la que consiste en el arte de formar la personalidad, aquella que crea los hábitos adquiridos”. Y ampliando aún más su pensamiento asegura que “Es por la educación, más que por la instrucción, que se transformará la humanidad”.

Y ese homo sapiens, erigido como Espíritu sencillo e ignorante, prosigue su ascensión espiritual en el planeta Tierra sumido en los procesos transformadores propios de la Ley de Evolución. En este nuevo amanecer de una nueva era, donde los procesos regeneradores, que sirven de transición entre los mundos de expiación y prueba y los mundos felices, “el alma que se arrepiente encuentra en estos mundos, la calma y el reposo, mientras concluye su purificación. No cabe duda de que en esos mundos el hombre aún se encuentra sujeto a las leyes que rigen la materia. La humanidad experimenta sensaciones y deseos como los vuestros, pero está liberada de las pasiones desordenadas de las que sois esclavos. En ella ya no existe el orgullo que hace callar al corazón. La envidia que lo tortura y el odio que lo ahoga. La palabra amor está escrita en todas las frentes. Una equidad plena rige las relaciones sociales. Todos reconocen a Dios y procuran dirigirse a Él mediante el cumplimiento de sus leyes… Con todo, en esos mundos aún no existe la perfecta felicidad, sino la aurora de la felicidad. El hombre todavía es de carne y, por eso mismo, está sujeto a vicisitudes de los cuales están eximidos los seres completamente desmaterializados. Aún tiene que sufrir pruebas, pero sin las punzantes angustias de la expiación. Esos mundos, comparados con la Tierra, son muy felices y, muchos de vosotros estaríais satisfechos de quedaros allí, porque representan la calma después de la tempestad, la convalecencia después de una cruel enfermedad[10]”.

Recurrimos al Espíritu de Manoel Philomeno de Miranda y la obra psicografiada por Divaldo P. Franco, Amanecer de una Nueva Era, para comprender la magnitud de los procesos de transformación en que está inmerso el planeta Tierra y de los cuales estamos siendo testigos en estos momentos álgidos de la Humanidad terrestre. En el capítulo 16 de dicha obra, el Espíritu de Francisco de Asís, nos esclarece acerca de la necesidad que tenemos de involucrarnos profundamente, quienes, desde la órbita de la Doctrina Espírita, jugamos papel fundamental en la orientación y esclarecimiento de encarnados y desencarnados que frecuentan nuestras casas espíritas:

“Si las mentes humanas, en lugar de cultivar el egoísmo, la insensatez, la perversidad, emitieran ondas de bondad y de compasión, de amor y de misericordia, por cierto, se alterarían los fenómenos programados para el gran cambio que ya se está operando… Las más vigorosas convulsiones planetarias son necesarias para que se produzca un cambio beneficioso en el clima, en la estabilidad relativa de las grandes placas tectónicas, en las organizaciones sociales y comunitarias, con los recursos agrarios y alimenticios naturales para mantener en el futuro, a las poblaciones sin hambre y sin miseria, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad…

Comprendida la transitoriedad de la experiencia física, la psicosfera del planeta será muy diferente, porque las emisiones del pensamiento alterarán las fajas vibratorias actuales y contribuirán a la armonía de todos, al aprovechamiento del tiempo disponible, con una dichosa preparación para hacer frente a las transformaciones… El amor de Nuestro Padre y la ternura de Jesús para con su rebaño aliviarán la gravedad de los acontecimientos, mediante la compasión y la misericordia, que también acompañarán a la severidad de la ley del progreso.

“Todos nosotros, desencarnados y encarnados, nos encontramos comprometidos con el programa de la transición planetaria para mejor. Por esa razón, todos debemos empeñarnos en el trabajo de transformación moral interior, envolviéndonos en luz, para que ninguna sombra pueda causarnos trastornos o llevarnos a dificultar la marcha de la evolución… Por cierto, los Espíritus que aún se hallan presos a las pasiones degradantes -en razón de su primitivismo- sintonizarán con otras ondas vibratorias, propias de mundos inferiores, y se transferirán hacia ellos por afinidad, para convertirse allí en trabajadores positivos debido a los recursos que ya poseen, en comparación con esas regiones más atrasadas, en las cuales aprenderán las lecciones de la humildad y del buen proceder. Todo se encadena en las leyes divinas, y nunca faltan los recursos superiores para el desarrollo moral del espíritu. En ese inmenso proceso de transformación molecular, hasta el instante de la angelitud, hay medios que hacen propicio el crecimiento intelectual y moral, sin las graves imposiciones punitivas ni los lamentables privilegios para algunos en detrimento de los otros”.

De esa manera, nuestro homo sapiens, continua su gran peregrinaje por la costra terrestre en busca de la perfección, liberándose de las amarras de los instintos, que preponderan aún en muchos, llevándolos a extasiarse en el lodazal de las sensaciones y pasiones que coartan las aspiraciones superiores, mientras muchos otros, afinizados con el pensamiento del Cristo, caminan seguros, conquistando los sentimientos que lo llevarán a la plenitud del amor, con la certeza de que tarde o temprano el Evangelio redentor permeará el psiquismo colectivo como oportunidad bendita de regeneración espiritual, que nos permita avanzar en dirección a la perfección, que hoy pretendemos alcanzar.

Pero, “¿en qué consiste esa perfección? Jesús lo dijo: Amemos a nuestros enemigos, hagamos el bien a los que nos odian, oremos por los que nos persiguen. Él enseña con eso que la esencia de la perfección es la caridad en su más amplia acepción, porque implica las demás virtudes[11]”.

Y como dice Allan Kardec, “la meta final de todos los Espíritus es el logro de la perfección, y el resultado de la misma es el goce de la felicidad suprema; a ella llegan todos, con mayor o menor premura, según el uso que hayan hecho de su libre albedrío[12]”.

 


[1] Allan Kardec, Obras Póstumas, primera parte, ítem 15, pág. 26, Editora Argentina 18 de Abril.

[2] León Denis, El problema del Ser y el Destino, primera parte, evolución y finalidad del alma, pág. 109, Editora Kier, Argentina.

[3] Allan Kardec, La Génesis, los milagros y las predicciones según el Espiritismo, capítulo III, el bien y el mal, ítem 24, pág. 92, edición CONFECOL.

[4] https://steemit.com/virtudes/@superacion50/las-virtudes-el-camino-hacia-la-perfeccion-moral-y-espiritual-del-hombre-primera-parte

[5] Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo, cap. III, Hay muchas moradas en la casa de mi Padre, Progresión de los mundos, pág. 87, EDICEI.

[6] Ibidem.

[7] Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo, cap. III, Hay muchas moradas en la casa de mi Padre, Diferentes categorías de mundos habitados, ítem 19, pág. 87, EDICEI.

[8] Divaldo P. Franco/Juana de Ángelis, En el Borde del Infinito, Necesidad de evolucionar, pág. 46, Instituto de Difusión Espírita.

[9] Ibidem.

[10] Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo, cap. III, Hay muchas moradas en la casa de mi padre, Mundos regeneradores, ítem 16, pág. 85, EDICEI.

[11] Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo, cap. XVII, Sed perfectos, caracteres de la perfección, ítem 2, pág. 322, EDICEI.

[12] Allan Kardec, Obras Póstumas, primera parte, ítem 17, pág. 26, Editora Argentina 18 de Abril.


 

CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...