Sin poder precisar en qué
momento, recordé que era el día del aniversario del retorno de Allan Kardec al
Mundo Espiritual. Y no pude precisarlo porque fue un día especial, determinante
en mi vida porque desde hacía algunas horas, estaba internado en una habitación
del Policlínico Bancario y al día siguiente, me sería extirpado un tumor.
Los sufrimientos vividos los
quince días previos, agudizaron mi sensibilidad y pese a que los médicos
afirmaban tratarse de un tumor benigno, cúmulus nimbus ensombrecían mis
pensamientos, pues el dolor físico vivido me hacía dudar del diagnóstico
médico. Sin querer justificarme, pienso que es propio de la flaqueza humana y
me sentía en el límite de lo que me consideraba capaz de resistir.
Si me fuera posible elegir,
creo que quería morir, pero no continuar con aquel dolor intenso y profundo que
parecía roer mis entrañas. Pensé, entonces, en los cancerosos y recordé que uno
de mis eventuales compañeros de cuarto, ya era casi terminal, a causa de esa
enfermedad, en cuanto que el otro, sería sometido a la extirpación de la
vesícula biliar.
Pero al mirarlos, en la
semipenumbra que nos rodeaba, observé que ellos dormían, presumiblemente por
causa de los tranquilizantes que habrían ingerido y que yo no había recibido,
no sé por qué razón, pues tenía la idea de que se le suministraba a todo
paciente a quien al día siguiente se lo iba a intervenir quirúrgicamente.
El barullo del tránsito
llegaba muy espaciado, probablemente disminuido por lo avanzado de la hora y la
habitación, como toda sala de hospital, estaba en silencio, convidando al
reposo a aquellos a quienes el dolor daba tregua.
Súbitamente, en medio de la
poca claridad ambiental, percibí una presencia espiritual que trataba de
manifestarse ante mi visión psíquica. Era la figura patriarcal y amiga de Don
Cosme Mariño, el viejo líder Espiritista argentino, quien articulando palabras
solo perceptibles en la acústica del alma, me dijo:
- “ ¿No quiere aprovechar el
tiempo..?”
Esta frase, harto conocida
por mí, era utilizada por él cuando me invitaba a psicografiar, ya fuera
estando en viaje en avión, o aguardando la salida del tren en un viaje
prolongado, es decir, en ese interregno en el que generalmente, no sabemos
utilizar el tiempo, como no sea en la vaguedad del pensamiento, no siempre
conducido por senderos positivos.
Azorado, por la inesperada
aparición, recordé que no tenía más papel para escribir, puesto que el que
había llevado conmigo, lo había utilizado en registrar mi voluntad, en caso de
que no sobreviviera a la operación...
Él, leyendo mi pensamiento,
manifestó:
- “No de esa forma – al
tiempo que me preguntaba - ¿Ya oró por nuestros compañeros?” – y señaló a los
otros dos enfermos que cohabitaban conmigo.
Inmediatamente comprendí
que, en mi egoísmo, había olvidado cumplir con un elemental compromiso de
cristiano y Espírita. Y percibiendo mi turbación, como ofreciéndome una salida
airosa, expresó:
- “Aún está a tiempo.
Hágalo!”
Tan pronto ordené mis ideas
y conseguí conjugarlas con mis sentimientos, me sentí fuera del cuerpo, al
tiempo que el generoso amigo me decía:
-“Venga. Voy a mostrarle lo
que es un hospital desde nuestro lado!”
Tuve la impresión de que mi
visión se había ampliado y lo primero que me asombró fue ver un extraño
resplandor dorado-brillante que impregnaba las paredes del cuarto.
Ante la indagación, que no
llegué a formular, el noble amigo espiritual me informó:
- “Ese es el resultado de
tantas vibraciones que en su favor están emitiendo muchas personas a ud.
vinculadas, pero debo aclararle que sólo recibirá de ello estrictamente lo
necesario, y el resto será distribuido entre aquellos que nada tienen en ese
sentido, pero que la Misericordia Divina no abandona. Es por eso que, cuando
una persona es hospitalizada y tiene conocimiento o cree en la vida espiritual,
es apta para generar una energía mental terapéutica que produce a través de sus
pensamientos y que es aprovechada y distribuida por Entidades al servicio del
bien, que trabajan en los establecimientos hospitalarios. Pero... venga: voy a
mostrarle, en primer lugar, las defensas de este nosocomio..”
Y como si una fuerza
superior me hubiera impulsado, de inmediato me vi fuera de la ventana, más o
menos a la altura del edificio donde yo estaba hospitalizado -2º piso- , y pude
observar que todo el predio estaba circundado por lo que podría definir como
varias hileras de alambre de púas, sostenidas por varios postes como de
cemento, equitativamente distribuidos en el contorno perimetral del hospital.
Esos “alambres” emitían una luminosidad anaranjada, lo mismo que un zumbido,
casi imperceptible.
Me volví para mirar a la
Entidad amiga, quien leyendo mi asombro en mi rostro, dijo:
- “Los que aquí se
encuentran internados, ya están sufriendo una pesada carga emocional, como para
que sus sufrimientos se vean agravados con presencias espirituales
desagradables, que redundarían en perjuicio del cuadro clínico que presentan.
Este sistema de defensa, que en la Tierra denominaríamos de alta complejidad
electrónica, impide el avance de entidades inferiores vampirizantes, ignorantes
y enemigas que, por diversos motivos rondan los hospitales. Es una forma de
mantenerlos a distancia, puesto que tan pronto se aproximan a la supuesta
alambrada, reciben una alta carga energética – que ellos suponen tratarse de
electricidad-, que los atonta durante cierto período, lo suficiente como para
infundirles miedo y no reiterar en la tentativa.”
Acto seguido, manifestó:
- “Prosigamos nuestra
visita..."
En ese momento nos cruzamos
con tres Entidades espirituales, que usaban guardapolvos blancos, como podrían
usar facultativos encarnados, sin que nada delatara una situación especial.
Pero Cosme esclareció:
- “El de más edad, es el
médico responsable de todas las tares espirituales que aquí se llevan a cabo y
los otros dos, sus colaboradores inmediatos.
Ellos nos saludaron con una
leve inclinación de cabeza, visiblemente entregados a sus comentarios,
ciertamente laborales, a los que nuestro amigo agregó:
- “Generalmente, estos
establecimientos tienen un patrono que es quien figura en el “nombre del
hospital”, pero no es este el caso, pues el nombre del Director responsable no
figura entre los homenajeados de la Tierra y no es porque no tenga méritos
suficientes para ello, sólo que él prefiere mantenerse en el anonimato, sin por
ello disminuir su entrega”.
Seguimos avanzando y a
medida que transitábamos por las diversas salas, se diría que un verdadero
ejército de médicos y enfermeras espirituales se desplazaban en el mayor
silencio, de cama en cama, efectuando curativos con sustancias blancuzcas,
aplicando pases, colocando apósitos sobre la frente del enfermo que luego eran
retirados, y que traían adherida otra sustancia pardusca, producto de los
pensamientos generados.
Me llamó la atención
observar que un cierto número de operarios cargaban sobre sus espaldas unos
recipientes de los cuales pendían unas mangueras finas, transparentes y por
medio de las cuales vertían sobres los clásicos cestos de basura que había en
cada baño de cada habitación, un líquido también blancuzco, que caía sobre
algodones manchados y gasas usadas que allí habían sido depositados, junto con
otros desperdicios.
Ante la muda indagación que
mi mente generara, Cosme Mariño me esclareció:
- “El material arrojado en
estos recipientes, naturalmente cría miasmas que al no ser eliminados
rápidamente, no tardarán en reproducirse aumentando el riesgo infeccioso, que
ya existe en todo hospital. El compañero que fumiga esos receptáculos, está
impidiendo con su acción la propagación de nuevos focos infecciosos. Es para
disminuir ese riesgo que en estos establecimientos, generalmente, se incineran
los desperdicios, así como también, algunas piezas que salieron del quirófano,
luego de haber sido analizadas y no prestando ya servicio alguno, son
eliminadas por ese medio a fin de evitar posibles focos bacteriológicos".
Sorprendido, una vez más y
siempre guiado por el paciente compañero espiritual, marchamos hacia otras
dependencias del establecimiento. Al pasar por determinado lugar, observé a dos
entidades apostadas en actitud de guardia y en cuanto mi mirada buscaba
respuesta a mi incógnita, el amigo, aseveró:
- “Esa es la sala donde se
depositan los cadáveres, cuyos Espíritus, no siempre están totalmente desvinculados
de la forma material y a fin de evitar conexiones con Entidades perversas que
aguardan esos instantes para sorber los restos de energía material que quedan
en la envoltura orgánica, se presta una guardia especial, la que a veces
acompaña al cadáver hasta el lugar donde se procede al velatorio, siempre que
el muerto tenga méritos suficientes para ello. A propósito – agregó -,
asistiremos a la preparación previa a la desencarnación de alguien a quienes
los médicos terrenos reconocerán como tal, algunas horas después".
Súbitamente me sentí
desplazado por el influjo de su poderosa voluntad y nos encontramos en una de
las tantas salas del establecimiento.
Lo primero que me llamó la
atención fue la luminosidad reinante en el lugar, como si se tratase de un
quirófano allí establecido. Tres Entidades vestidas con guardapolvos blancos
realizaban gestos semejantes al pase, sobre la organización física del
moribundo, en cuanto que otras cuatro se mantenían en actitud de estar orando,
un poco más distanciadas de la cama. Al indagar, sin palabras, el querido Cosme
me informó:
“Estamos frente a uno de los
actos primordiales de la vida. La operación de desligar los lazos fluídicos del
periespíritu que comandó durante más de sesenta años este cuerpo, requiere
tanto cuidado y atención como lo es en el momento de la incubación de la futura
organización física, luego del instante de la fecundación. Una y otra
circunstancia es elaborada por Entidades especializadas que realizan esas
operaciones con dedicación extrema, a fin de alcanzar el éxito deseado. Las
Entidades que ve a cierta distancia, son parientes que le precedieron en el
gran viaje y que están aguardando el momento de su arribo a nuestro lado para
recibirle y conducirlo al lugar determinado por su propia vibración... Como le
decía, estamos asistiendo al fin de la caminata carnal y en un proceso
complicado y a veces doloroso, el nuevo habitante de nuestro mundo está
llegando a los tramos finales del viaje. Pero, auxiliemos con nuestro
pensamiento en oración...”.
Tan pronto manifestó lo
antes expuesto, me fue dado observar que del tórax de Cosme Mariño surgió una
luminosidad zafirina brillante, que me provocó una profunda emoción y que
simultáneamente me hizo recordar los relatos de André Luiz, a través de la mediumnidad
de Chico Xavier.
Poco después y bajo el
influjo de su mirada penetrante y fraternal, me sentí desplazado del lugar y vi
que estábamos en un espacio abierto que sirve de estacionamiento de autos,
dentro del hospital, con algunos canteros, rodeado de grandes árboles y muy
próximo a la capilla, hacia donde se dirigían cuatro Entidades espirituales, un
sacerdote y tres religiosas, que también contestaron el saludo del amigo
espiritual con cortesía, pero moviendo ligeramente la cabeza.
Sin demoras, Cosme me
informó:
- “Perfectamente conscientes
de su condición espiritual, no abandonan sus hábitos religiosos y como tal,
prestan los servicios a su alcance, con la misma unción que lo hacían cuando
disponían de una organización física. Ellos también están al servicio del bien
y son colaboradores de la obra de auxilio a la Humanidad que comanda
Jesucristo".
Aprovechando el breve
paréntesis que se produjo mientras el amigo acompañaba con la mirada a los
religiosos que se introdujeron en la capilla, ligeramente iluminada, pregunté:
- ¿Las plegarias allí
emitidas, también generan energías de auxilio a los internos del
establecimiento?
- “Si lo negáramos –
respondió – estaríamos cometiendo una grave falta, pues no es la forma de orar
la que genera la energía y sí el sentimiento que en la plegaria se
deposita. Estos religiosos que acabamos
de ver, conscientes de la terapéutica energética a que nos referimos al inicio
de nuestro viaje, accionan de la misma forma señalada en la pregunta 459 de El
Libro de los Espíritus (*)1 sobre la congregación de religiosas que viven
dentro del hospital, conduciéndolas, muchas veces, a un cierto éxtasis, que es
un estado de transe, a fin de lograr el material deseado a ser aplicado en
aquellos seres aquí internados".
“No interesa en qué sector
del bien se trabaja, ni bajo qué rótulo –que es quien, generalmente, separa a
los hombres-, sino la intención de poner todos nuestros sentimientos al
servicio del amor universal. Las religiones, como el hombre encarnado aún las
entiende, son compartimentos estancos que aspiran a tener la supremacía de
conducir la conciencia humana. Pero cuando se esta del lado de acá, el
sentimiento religioso es encarado con otra óptica y sin abandonar las propias
convicciones, el accionar común en el campo del bien generaliza a los
Espíritus, cualesquiera sean las ideas religiosas mantenidas durante la
permanencia en el escenario carnal".
“Lo que identifica a los
hombres es el bien o el mal practicado, ya que ninguna religión estimula la
práctica del mal. En consecuencia, la idea religiosa podría considerarse
neutra, no así la actitud de aquellos que la practican, creando divisiones innecesarias.
Es posible que unas tengan mayor o menor claridad en lo que hace a la
interpretación de la Escrituras , pero fuera del culto exterior, todas son
conducentes al bien, al mejoramiento del individuo".
“Y como consecuencia de
ello, hemos querido que ud. viviera esta experiencia a fin de que, como difusor
de la Doctrina Espiritista que es, esclarezca a los compañeros de ideal, todo
lo referido a la elaboración de la energía psíquica que es tan necesaria en
nuestro plano, para el auxilio a aquellos que como ud., aún permanecen en la
carne".
“En las plegarias colectivas
que se efectúan en esas células cristianas que son los Centros Espiritistas,
esas energías no son encaminadas directamente a determinados lugares, lo que
hace que éstas se pierdan, por no haber comunión de ideas. Por lo general, se
dice:
“Vamos a elevar nuestro
pensamiento por los que están en las cárceles, en los hospitales, en los
manicomios...”, dispersándose las energías por falta de orientación consciente
y no pasar de ser una petición genérica".
“Es necesario encausar el
pedido a determinado establecimiento, nombrándolo, dirigiendo hacia el mismo la
energía colectiva que habrá de producir resultados favorables en las distintas
circunstancias en que serán empleadas y como ud. tuvo oportunidad de vivir en
esta experiencia, que de alguna manera asume la responsabilidad de dar a
conocer, para el mejor aprovechamiento de la energía psíquica. Para ello, le
intensificaremos los centros de la memoria y tendrá la impresión de haber asistido
a un film, del que guarda un recuerdo claro y preciso...”.
Abrí los ojos y casi como
por impulso y automáticamente, miré el reloj: eran las 23,47 horas...
En apenas cinco minutos
había vivido una de las más importantes experiencias de mi vida. Y en cuanto la
emoción generaba las lágrimas que se deslizaban por mi rostro, agradecí a Dios
por Su Misericordia, extensiva a todos los seres de la Humanidad.
Buenos Aires, noviembre de
1987, Juan Antonio Durante.
1 (*) 459-¿Los Espíritus
influyen sobre nuestros pensamientos y nuestras acciones? – A ese respecto, su
influencia es mayor a lo que creéis, porque, frecuentemente, son ellos quienes
os dirigen.