sábado, 17 de diciembre de 2022

¡HASTA PRONTO!

Crónica de la desencarnación de Allan Kardec
Tumba de Allan Kardec en el cementerio Père Lachaise en París

Tomado del libro: Kardec, la biografia de Marcel Souto Maior

Es 31 de marzo de 1869, víspera de la mudanza, Kardec empacaba los libros y organizaba los documentos en el apartamento de la calle Sainte-Anne, 59, en medio de muebles en desorden y tapetes enrollados listos para ser transportados. Eran más de las once de la mañana cuando un empleado de la librería tocó a la puerta para buscar los ejemplares de la última edición de la Revista Espírita.

Cubierto por una elegante bata de dormir, Kardec entregó el paquete al visitante, se inclinó sobre sí mismo y cayó al suelo sin decir una palabra. Con 65 años de edad, el profesor Hyppolite Léon Denizard Rivail había muerto – o mejor dicho, más vivo que nunca, libre del peso de su cuerpo, a juzgar por las verdades definitivas que había lanzado los últimos quince años.

Llamado por los criados, el médium Delanne sería el primero en llegar. Presionó el pecho del maestro, aplicó sobre su cabeza y corazón pases magnéticos, y nada. Amélie volvió de la calle poco después y no consiguió contener las lágrimas ante el cuerpo del compañero, con quien conviviera a lo largo de 37 años. Los nuevos proyectos de vida, los planes de descanso juntos, todo quedó interrumpido.

Pero estaba escrito. Nada pasa por casualidad. El ciclo llegaba a su fin, de acuerdo con los planes de la espiritualidad. Mejor era enjugar las lágrimas y ocuparse de las despedidas. Pronto, creía Amélie, estarían juntos de nuevo.

Delanne y los criados colocaron el cuerpo ya frío sobre un colchón en la sala de estar y lo cubrieron con una manta de lana blanca. A sus pies, envueltos en medias, las pantuflas abandonadas.

¿Dónde estaría el Espíritu de Kardec en aquel momento? ¿En la sala, al lado de su mujer y del médium, delante de la chimenea encendida?  

¿Rodeado de los viejos amigos muertos antes de él y amparado por el médico Demerue? ¿Acogido por el Espíritu de la Verdad, por Zéfiro y otros colaboradores invisibles? ¿O en cualquier lugar, ya que la muerte sería solo el fin y reduciría a la nada a cada uno de nosotros?


-          Monsieur Allan Kardec est mort, on l’enterre vendredi. (El señor Allan Kardec ha muerto y será enterrado el viernes).

Este fue el contenido del telegrama enviado por uno de los amigos de Kardec, el señor E. Muller, a los espiritistas de Lyon. La misma noche, otros compañeros de la Sociedad Espírita se alternarían junto al féretro en la larga vigilia en la sala de estar del apartamento revuelto. Desliens y Tailleur, Delanne y Morin.

Solo al mediodía del 2 de abril de 1869, el modesto coche funerario partió de la casa de Kardec rumbo al cementerio de Montmartre, el más antiguo de París. Una multitud de amigos y simpatizantes, estimada en 1.200 personas, acompaño el féretro, que atravesó las calles de Grammont, Laffitte y Fontaine, cruzando los grandes bulevares hasta alcanzar la tumba.

Amélie prefirió acompañar la ceremonia en silencio. El primero en tomar la palabra fue el señor Levent, vicepresidente de la Sociedad Parisiense de Estudios Espiritistas fundada por Kardec el 1° de abril de 1858. Hacia once años, todos los viernes, ellos se encontraban en las sesiones semanales de estudio de la doctrina y de contactos con el más allá conducidas, con rigor y serenidad, por el discípulo de Pestalozzi. Aquel día, Kardec – o Rivail – estaba “del otro lado”.

Al borde del sepulcro, Levent lanzó la pregunta al aire:


-          ¿Dónde está ahora nuestro maestro, siempre tan madrugador para el trabajo? 

Y osó cuestionar lo incuestionable:

 

-          ¿Era preciso que Dios llamara a sí al hombre que aún podía hacer tanto bien? ¿Él tan lleno de sabia inteligencia, aquel faro, en fin, que nos sacó de las tinieblas y nos mostró ese nuevo mundo, más vasto y admirable del que inmortalizó Cristóbal Colón?

Defensor intransigente de la justicia divina, Kardec habría dispensado tantos pesares y celebrado con alivio, los recuerdos que siguen:

 

-          Pero, tranquilizaos, señores, con este pensamiento tantas veces demostrado y recordado por nuestro presidente: “Nada es inútil en la naturaleza. Todo tiene su razón de ser; y lo que Dios hace siempre está bien hecho”.

El maestro, afirmaba Levent en su emocionado discurso, había cumplido su misión. Cabría a ellos dar continuidad a su obra, de acuerdo con sus planes y bajo su “efluvio bienhechor e inspirador”.

El siguiente en hablar fue el joven astrónomo Camilo Flammarion, tan admirado por Kardec. En su largo discurso, el autor de La Pluralidad de Mundos Habitados sacó en limpio la trayectoria del codificador y definió, con tres palabras, la personalidad del amigo: “el buen sentido encarnado”. 

Si estuviese cerca, Kardec aprobaría las descripciones sobre su destino:

 

-          Ahora tú ya has regresado a ese mundo de donde hemos venido, y recoges el fruto de tus estudios terrestres. (…) El cuerpo cae, el alma se conserva y regresa al espacio. Nos volveremos a encontrar en un mundo mejor. La inmortalidad es la luz de la vida, como este sol brillante es la de la naturaleza. Hasta la vista, mi querido Allan Kardec, hasta la vista.

Después de Flammarion, Alexandre Delanne tomó la palabra al pie del sepulcro, como representante de los “espiritistas de los centros distantes”. En el discurso, más bien sucinto, un emocionado agradecimiento al compañero de viaje, “pionero de la naturaleza humana”.

 

-          Agradecido por las lágrimas que enjugaste, por las angustias que calmaste y por la esperanza que hiciste brotar en las almas abatidas y desanimadas. Gracias, mil gracias.

El último discurso fue el del señor Muller. “Queridos y afligidos hermanos” – saludo a la multitud, con los ojos llorosos, justo antes de presentarse como portavoz de la viuda, Amélie, silenciosa y abatida, a su lado.

En esta despedida, Muller destacó la “tolerancia absoluta” de Kardec, y su intolerancia también:

 

-          Le tenía un horror a la pereza y la ociosidad. Y murió de pie, después de un inmenso trabajo.

Después de citar la célebre frase del maestro – "Fuera de la caridad no hay salvación” -, Muller enarboló la bandera que, según él, debería ser adoptada como estandarte por todos los compañeros: “Razón, trabajo, y solidaridad”.

 

-          ¡Coraje, pues! Honremos al filósofo y amigo, practicando sus máximas y trabajando, cada uno en la medida de sus fuerzas, para difundir los valores que nos encantaron y convencieron.

En la edición del Diario de París del día siguiente, 3 de abril de 1869, el periodista Pagès de Noyez rindió también su homenaje a Allan Kardec, El “hombre que, por sus obras, fundara el dogma presentido por las más antiguas sociedades”.

Adepto al espiritismo, el reportero – quien viera el cuerpo de Kardec sobre el colchón después de su muerte – escribía con extraña admiración a los periodistas que Kardec enfrentara a lo largo de su cruzada:

 

Kardec murió en su hora. Con él, se cerró el prólogo de una religión vivaz, que, irradiando más y más cada día, pronto iluminará a toda la humanidad.

El periodista pecó por exceso de optimismo o de esperanza.


Traducción: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta - Colombia


jueves, 8 de diciembre de 2022

SOÑAR NADA NOS CUESTA

 

Imagén de referencia, tomada de la Web: https://www.inova.com.mx/blog/sonar-no-cuesta-nada-en-el-dia-mundial-de-sonar/

Por: Oscar Cervantes Velásquez

Tremenda sorpresa me llevé aquella noche cuando, sumergido en las apacibles profundidades del sueño, recibí una invitación inusual: ¡una visita al paraíso! Sí, ese paraíso del que tanto nos hablaron desde niños, pero que se nos antojaba casi inalcanzable, especialmente si crecimos dentro de principios cristianos que, con frecuencia, nos hicieron temer no estar a la altura de semejante destino.

Sin embargo, a lo hecho, pecho. Sin pensarlo mucho, acepté la invitación, con la esperanza de contemplar, por fin, las maravillas de ese tan anhelado edén.

Mas, para mi asombro, noté que allí no me esperaba San Pedro con sus llaves, como tantas veces lo imaginamos entre historietas y relatos religiosos. En su lugar, me encontré cara a cara con mi propia conciencia, esa compañera exigente y muchas veces implacable, que comenzó a recordarme cada uno de aquellos momentos en que, haciendo uso de mi libre albedrío, lo desperdicié en acciones que poco o nada contribuyeron a mi crecimiento espiritual.

¡Cuánto dolor me causaron esos recuerdos! Jamás imaginé que aquella invitación al paraíso se convertiría en un reencuentro con las sombras de mi personalidad, con aquel yo egoísta e irreflexivo que tanto sufrimiento generó en quienes amaba, y también en aquellos que, sin formar parte de mi círculo afectivo, se cruzaron en mi camino.

Sin embargo, con el paso del tiempo, que allí transcurría con la sensación de días interminables, tuve la dicha de reencontrarme con seres queridos que creía descansaban en la paz del olvido, y vaya impresión me llevé al verlos activos y laboriosos, comprometidos en tareas de ayuda y servicio, en abierta contravía con la idea que solemos tener sobre la muerte y el descanso eterno. Además, para mi sorpresa, muchos rostros desconocidos se acercaban a saludarme con alegría, identificándome de inmediato y compartiendo conmigo la satisfacción de aquel encuentro, tan poco común para quienes ignoramos la importancia de conocer las realidades espirituales mientras caminamos aún en la carne.

Fue una experiencia hermosa, profundamente transformadora, y distante de las narraciones de quienes viven experiencias cercanas a la muerte. Lo que viví no fue un adiós, sino un encuentro con la vida en otra dimensión, tan real y vibrante como esta que conocemos.

Les aseguro que, si volviera a recibir una invitación semejante, la aceptaría con gusto y gratitud. Porque aquella breve experiencia me dejó aprendizajes invaluables y una visión totalmente distinta de lo que, con tanta ignorancia, solemos llamar “morir”.


martes, 6 de diciembre de 2022

CONSIDERACIONES DOCTRINALES SOBRE EL ESPÍRITU DE NAPOLEÓN I

 

Por: Enrique Eliseo Baldovino

Reveladora información contenida en la 1ª edición de “El Libro de los Espíritus”.


Estudiando las páginas históricas de la 1ª edición de Le Livre des Esprits, Libro de la Luz publicado por el ilustre Codificador, en París, el sábado 18 de abril de 1857, encontramos valiosos y reveladores datos en la Nota XVII de Allan Kardec a la pregunta Nº 500, colocado al final de los originales franceses en la página 170, cuyo facsímil presentamos en este artículo [ver reproducción de la página y las líneas en detalle], traduciendo luego el último párrafo directamente del francés al portugués (el apócope de santo, são , está en minúsculas en el francés original y lo traducimos):

 

 Nota XVII de Kardec a la pregunta Nº 500

 

 (...) “Varios espíritus participaron simultáneamente en estas instrucciones, a las cuales asistieron, tomando la palabra alternativamente y hablando cada uno de ellos en nombre de todos. Entre los que animaron personajes célebres mencionaremos a Juan el Evangelista, Sócrates, Fénelon, San Vicente de Paúl, Hahnemann, Franklin, Swedenborg, Napoleón I; y otros que habitan las más altas esferas (…).” (última letra negrita nuestra)[1] (1)

 

Prestemos mucha atención en el último nombre: Napoleón I, seguido del número romano (I) que indica el título de Emperador de los franceses, cuyo gobierno la Historia registro entre 1804 y 1815, período conocido como el Primer Imperio Francés[2].

 

Se trata del célebre general Napoleón Bonaparte (Ajaccio [Isla de Córcega], Francia, 08/15/1769 – Isla de Santa Elena, Inglaterra, 05/05/1821), quien, tras los lamentables días del Terror de la Revolución Francesa, tenía como misión, según el Espírito del Hermano X,[3] preservar la integridad del territorio francés (ante la invasión de las potencias extranjeras contrarias a la República, frente a la guerra civil en Francia) para el nacimiento de Hippolyte Léon Denizard Rivail quien, en 1857, adoptaría el seudónimo de Allan Kardec – el ilustre Codificador del Espiritismo –, cuyo Espíritu fue elegido por Jesús para traer a la Tierra al Consolador Prometido.

 

Tras conservar con éxito las fronteras francesas y consolidar los logros democráticos de la 1ª República Francesa (derechos humanos y ciudadanos, etc.), el general Bonaparte se dejó llevar por la ambición y la vanidad, invadiendo otras patrias con sus ejércitos (España, Rusia, Austria, Bélgica etc.), auto coronándose emperador de los franceses en 1804 y olvidando la gran tarea de poner en práctica los ideales de la Revolución de 1789: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Napoleón es derrotado por primera vez en 1814 por los países aliados (Rusia, Austria e Inglaterra) que tomaron París, restaurando el trono al rey francés Luis XVIII (hermano de Luis XVI, muerto en la guillotina), un período conocido como la Primera Restauración.

 

Por el Tratado de Fontainebleau, Napoleón I fue exiliado a la Isla de Elba, de donde huyó al año siguiente, retomando el poder imperial, período conocido en la Historia como Los Cien Días (del 20 de marzo al 22 de junio de 1815). Tras ser derrotado definitivamente por el general inglés Wellington en la batalla de Waterloo (Bélgica), el 18 de junio de 1815, Napoleón I se exilió nuevamente, ahora en la lejana isla de Santa Elena, donde murió en 1821, 6 años después del duro exilio. Esta segunda abdicación de Napoleón hace retornar al trono al ya citado Luis XVIII, período designado como la Segunda Restauración de los Borbones.

 

Ciertamente, mucho habrá pensado Napoleón durante aquellos largos años de exilio, impuesto por la Corona Británica. Después de haber conquistado muchas tierras y pueblos, y dominado gran parte de Europa, el antiguo general debió sufrir un triste final como soldado vencido, ante la estrecha visión de los hombres, pero con certeza esas horas fueron benditas para las necesarias y urgentes reflexiones de su espíritu inquieto.

 

Teniendo en cuenta que Napoleón I desencarnó en 1821, y dado que la 1ª edición de El Libro de los Espíritus en 1857, Bonaparte dispuso de varios años (aproximadamente 36) para renovarse espiritualmente y para volver en sí, como se dice en lenguaje evangélico, y participar de las instrucciones de la Espiritualidad, como consta en las páginas históricas de la citada 1ª edición. Los Espíritus también nos informan que Napoleón fue la reencarnación de Alejandro Magno (356 a. C. – 323) y de César (100 a. C. – 44), quienes, con sus conquistas militares, como generales ilustres, cambiaron la historia política y geográfica de la Humanidad

 

Espíritu de Napoleón, el diplomático.

 

En la Revista Espírita de septiembre de 1859, en el artículo intitulado: Conversaciones Familiares de Ultratumba – El General Hoche[4], nos proporciona al respecto otra importantísima información dada por el Espíritu Hoche, general que cuando encarnado (1768-1797) fue contemporáneo de Napoleón.

 

Después de la evocación de Allan Kardec, el histórico diálogo con el Espíritu Hoche se desarrolla en torno a la Guerra de Italia (1859, 2ª guerra de independencia italiana). El ilustre Codificador pregunta al Espíritu Hoche, por medio de la médium Sra. J…:

 

General Hoche

(Sociedad – 22 de julio de 1859)

(...) 3. Dijiste que estabas acompañando las operaciones militares en Italia; esto nos parece natural. ¿Podrías decirnos lo qué piensa al respecto?

 

R. – Ellas produjeron grandes resultados. En mi época peleábamos más tiempo.

 

4. Asistiendo a esa guerra, ¿en ella desempeñabas algún papel activo?

 

R.- No, simple espectador.

 

5. Cómo vos, ¿otros generales de vuestro tiempo estuvieron allí con vosotros?

 

R.- Sí, bien lo puedes imaginar.

 

6. ¿Podrías nombrar algunos?

 

R.- Sería inútil.

 

7. Dicen que Napoleón I estuvo allí presente, cosa que no tenemos dificultad en creer. En la época de las primeras guerras de Italia él era solo un general. ¿Podría decirnos si en esta él veía las cosas desde el punto de vista del general o del emperador?

 

R.- De ambos, incluso de un tercero: el diplomático. (…) La negrillas son nuestras).

 

Según el Diccionario Houaiss de la Lengua Portuguesa, diplomático es aquel que ejerce la diplomacia, que es la ciencia, el arte y la práctica de las relaciones internacionales entre Estados, en la hábil negociación de los problemas y de los asuntos diversos entre países en litigio.

 

Por lo tanto, todo buen diplomático tiene como objetivo llegar a un entendimiento justo entre los individuos y las naciones que representan, siendo embajadores de la paz. Entonces, el Espíritu de Napoleón I se dedicaba ahora a la ardua tarea de la diplomacia entre las patrias y sus hijos. Antes, como general y emperador, tenía el objetivo de dominar a los pueblos por la fuerza. Ahora era el turno del poder de las ideas e ideales superiores que, desde la Espiritualidad, su Espíritu renovado por el sufrimiento moral, quiso llamar a los hombres a la Libertad, a la Igualdad y especialmente a la Fraternidad, y este último ideal no había sido alcanzado por la referida Revolución.

 

Sabemos de la extrema prudencia y sabiduría de Allan Kardec, virtudes demostradas en muchas ocasiones durante su vida apostólica. Si el insigne Codificador quitó el nombre de Napoleón I de la 2ª y definitiva edición de Le Livre des Esprits, debió tener sus razones profundas, por razones obvias y porque, además, el estatuto de la Sociedad Parisina de Estudios Espíritas impedía la actividad política partidaria hiciese parte de la misma, por ser una Sociedad de carácter apolítica.

No olvidemos el contexto histórico de la época: el sobrino de Napoleón I estaba en el poder político francés en el momento de la Codificación. Se trataba de Charles Louis Napoleón Bonaparte (París, Francia , 20/04/1808 – Chislehurst [Kent], Inglaterra, 09/01/1873), quien, tras ser elegido presidente de Francia en 1848, traicionó los ideales republicanos convirtiéndose en emperador de los franceses en 1852, con el nombre de Napoleón III, inaugurando un nuevo período denominado Segundo Imperio Francés, que finaliza en 1870, al perder la guerra franco-prusiana.

 

Al final del Prolegómenos de la 2ª y definitiva edición de El Libro de los Espíritus, constan los siguientes nombres en el último parágrafo, página XLIII de los originales en francés:

 

“San Juan Evangelista, San Agustín, San Vicente de Paúl, San Luis, El Espíritu de Verdad, Sócrates, Platón, Fénelon, Franklin, Swedenborg, etc., etc.”[5].

 

El Espíritu de Napoleón I fue eliminado de esta lista de nombres, así como el de Hahnemann, con la adición de los Espíritus de San Agustín, San Luis, El Espíritu de Verdad y Platón. En la 1ª edición (con 501 preguntas y tres partes) hay 8 nombres, seguidos del pronombre indefinido otros, indicando por lo tanto “a otros [Espíritus] que habitan las más altas esferas”.

 

En la 2ª y definitiva edición (con 1019 preguntas y cuatro partes) constan 10 nombres, seguidos de las importantísimas abreviaturas, etc. etc., que indican que más Espíritus participaron de las instrucciones de la Espiritualidad, y tenemos la certeza que Napoleón I y Hahnemann se encuentran entre ellos, así como tantos otros nombres anónimos.

 

Con las consideraciones doctrinarias de este artículo, tuvimos la intención de registrar otra importante individualidad que hizo y que forma parte de los anales de la Espiritualidad: el Espíritu de Napoleón I.

 

Tomada de la Web: http://www.mundoespirita.com.br/?materia=consideracoes-doutrinarias-sobre-o-espirito-napoleao-i



[1] KARDEC, Allan. Le Livre des Esprits. 1ª edición, 176 páginas. París: E. DENTU, 18/04/1857. Palais Royal, Galerie d'Orléans, 13. Traducción de Enrique Eliseo Baldovino del último párrafo de la p. 170.

[2] KARDEC, Alan. Revista Espírita: Revista de Estudios Psicológicos. CEI: 2009, año II. Julio de 1859, traducido del francés al español por Enrique E. Baldovino, junto con investigaciones extraídas de las notas del traductor 153 y 231 sobre el Espíritu de Napoleón I y el General Hoche, respectivamente.

[3] XAVIER, Francisco C. Cartas y Crónicas. Por el Espíritu Hermano X. 8ª ed. Rio de Janeiro: FEB, 1991. Cap. 28 (Kardec y Napoleón), págs. 121-127.

[4] KARDEC, Alan. Revista Espírita: Revista de Estudios Psicológicos. Año II. Septiembre de 1859. 4ª ed. Río de Janeiro: febrero de 2005, págs. 364-368.

[5] KARDEC, Allan. Le Livre des Esprits. 2ª edición, íntegramente refundida y considerablemente ampliada, 475 páginas. París: DIDIER ET Cie, 1860. Palais Royal, Galerie d'Orléans, 31. Reproducción fotomecánica por IDE, edición FEB, Río de Janeiro, 1998.



jueves, 15 de septiembre de 2022

DESPRENDIMIENTO EN EL HOSPITAL

 

Juan Antonio Durante

Por enésima vez consulté el reloj, quien señalaba las 23,42 horas, de ese día que pronto iba a terminar.

Sin poder precisar en qué momento, recordé que era el día del aniversario del retorno de Allan Kardec al Mundo Espiritual. Y no pude precisarlo porque fue un día especial, determinante en mi vida porque desde hacía algunas horas, estaba internado en una habitación del Policlínico Bancario y al día siguiente, me sería extirpado un tumor.

Los sufrimientos vividos los quince días previos, agudizaron mi sensibilidad y pese a que los médicos afirmaban tratarse de un tumor benigno, cúmulus nimbus ensombrecían mis pensamientos, pues el dolor físico vivido me hacía dudar del diagnóstico médico. Sin querer justificarme, pienso que es propio de la flaqueza humana y me sentía en el límite de lo que me consideraba capaz de resistir.

Si me fuera posible elegir, creo que quería morir, pero no continuar con aquel dolor intenso y profundo que parecía roer mis entrañas. Pensé, entonces, en los cancerosos y recordé que uno de mis eventuales compañeros de cuarto, ya era casi terminal, a causa de esa enfermedad, en cuanto que el otro, sería sometido a la extirpación de la vesícula biliar.

Pero al mirarlos, en la semipenumbra que nos rodeaba, observé que ellos dormían, presumiblemente por causa de los tranquilizantes que habrían ingerido y que yo no había recibido, no sé por qué razón, pues tenía la idea de que se le suministraba a todo paciente a quien al día siguiente se lo iba a intervenir quirúrgicamente.

El barullo del tránsito llegaba muy espaciado, probablemente disminuido por lo avanzado de la hora y la habitación, como toda sala de hospital, estaba en silencio, convidando al reposo a aquellos a quienes el dolor daba tregua.

Súbitamente, en medio de la poca claridad ambiental, percibí una presencia espiritual que trataba de manifestarse ante mi visión psíquica. Era la figura patriarcal y amiga de Don Cosme Mariño, el viejo líder Espiritista argentino, quien articulando palabras solo perceptibles en la acústica del alma, me dijo:

- “ ¿No quiere aprovechar el tiempo..?”

Esta frase, harto conocida por mí, era utilizada por él cuando me invitaba a psicografiar, ya fuera estando en viaje en avión, o aguardando la salida del tren en un viaje prolongado, es decir, en ese interregno en el que generalmente, no sabemos utilizar el tiempo, como no sea en la vaguedad del pensamiento, no siempre conducido por senderos positivos.

Azorado, por la inesperada aparición, recordé que no tenía más papel para escribir, puesto que el que había llevado conmigo, lo había utilizado en registrar mi voluntad, en caso de que no sobreviviera a la operación...

Él, leyendo mi pensamiento, manifestó:

- “No de esa forma – al tiempo que me preguntaba - ¿Ya oró por nuestros compañeros?” – y señaló a los otros dos enfermos que cohabitaban conmigo.

Inmediatamente comprendí que, en mi egoísmo, había olvidado cumplir con un elemental compromiso de cristiano y Espírita. Y percibiendo mi turbación, como ofreciéndome una salida airosa, expresó:

- “Aún está a tiempo. Hágalo!”

Tan pronto ordené mis ideas y conseguí conjugarlas con mis sentimientos, me sentí fuera del cuerpo, al tiempo que el generoso amigo me decía:

-“Venga. Voy a mostrarle lo que es un hospital desde nuestro lado!”

Tuve la impresión de que mi visión se había ampliado y lo primero que me asombró fue ver un extraño resplandor dorado-brillante que impregnaba las paredes del cuarto.

Ante la indagación, que no llegué a formular, el noble amigo espiritual me informó:

- “Ese es el resultado de tantas vibraciones que en su favor están emitiendo muchas personas a ud. vinculadas, pero debo aclararle que sólo recibirá de ello estrictamente lo necesario, y el resto será distribuido entre aquellos que nada tienen en ese sentido, pero que la Misericordia Divina no abandona. Es por eso que, cuando una persona es hospitalizada y tiene conocimiento o cree en la vida espiritual, es apta para generar una energía mental terapéutica que produce a través de sus pensamientos y que es aprovechada y distribuida por Entidades al servicio del bien, que trabajan en los establecimientos hospitalarios. Pero... venga: voy a mostrarle, en primer lugar, las defensas de este nosocomio..”

Y como si una fuerza superior me hubiera impulsado, de inmediato me vi fuera de la ventana, más o menos a la altura del edificio donde yo estaba hospitalizado -2º piso- , y pude observar que todo el predio estaba circundado por lo que podría definir como varias hileras de alambre de púas, sostenidas por varios postes como de cemento, equitativamente distribuidos en el contorno perimetral del hospital. Esos “alambres” emitían una luminosidad anaranjada, lo mismo que un zumbido, casi imperceptible.

Me volví para mirar a la Entidad amiga, quien leyendo mi asombro en mi rostro, dijo:

- “Los que aquí se encuentran internados, ya están sufriendo una pesada carga emocional, como para que sus sufrimientos se vean agravados con presencias espirituales desagradables, que redundarían en perjuicio del cuadro clínico que presentan. Este sistema de defensa, que en la Tierra denominaríamos de alta complejidad electrónica, impide el avance de entidades inferiores vampirizantes, ignorantes y enemigas que, por diversos motivos rondan los hospitales. Es una forma de mantenerlos a distancia, puesto que tan pronto se aproximan a la supuesta alambrada, reciben una alta carga energética – que ellos suponen tratarse de electricidad-, que los atonta durante cierto período, lo suficiente como para infundirles miedo y no reiterar en la tentativa.”

Acto seguido, manifestó:

- “Prosigamos nuestra visita..."

En ese momento nos cruzamos con tres Entidades espirituales, que usaban guardapolvos blancos, como podrían usar facultativos encarnados, sin que nada delatara una situación especial.

Pero Cosme esclareció:

- “El de más edad, es el médico responsable de todas las tares espirituales que aquí se llevan a cabo y los otros dos, sus colaboradores inmediatos.

Ellos nos saludaron con una leve inclinación de cabeza, visiblemente entregados a sus comentarios, ciertamente laborales, a los que nuestro amigo agregó:

- “Generalmente, estos establecimientos tienen un patrono que es quien figura en el “nombre del hospital”, pero no es este el caso, pues el nombre del Director responsable no figura entre los homenajeados de la Tierra y no es porque no tenga méritos suficientes para ello, sólo que él prefiere mantenerse en el anonimato, sin por ello disminuir su entrega”.

Seguimos avanzando y a medida que transitábamos por las diversas salas, se diría que un verdadero ejército de médicos y enfermeras espirituales se desplazaban en el mayor silencio, de cama en cama, efectuando curativos con sustancias blancuzcas, aplicando pases, colocando apósitos sobre la frente del enfermo que luego eran retirados, y que traían adherida otra sustancia pardusca, producto de los pensamientos generados.

Me llamó la atención observar que un cierto número de operarios cargaban sobre sus espaldas unos recipientes de los cuales pendían unas mangueras finas, transparentes y por medio de las cuales vertían sobres los clásicos cestos de basura que había en cada baño de cada habitación, un líquido también blancuzco, que caía sobre algodones manchados y gasas usadas que allí habían sido depositados, junto con otros desperdicios.

Ante la muda indagación que mi mente generara, Cosme Mariño me esclareció:

- “El material arrojado en estos recipientes, naturalmente cría miasmas que al no ser eliminados rápidamente, no tardarán en reproducirse aumentando el riesgo infeccioso, que ya existe en todo hospital. El compañero que fumiga esos receptáculos, está impidiendo con su acción la propagación de nuevos focos infecciosos. Es para disminuir ese riesgo que en estos establecimientos, generalmente, se incineran los desperdicios, así como también, algunas piezas que salieron del quirófano, luego de haber sido analizadas y no prestando ya servicio alguno, son eliminadas por ese medio a fin de evitar posibles focos bacteriológicos".

Sorprendido, una vez más y siempre guiado por el paciente compañero espiritual, marchamos hacia otras dependencias del establecimiento. Al pasar por determinado lugar, observé a dos entidades apostadas en actitud de guardia y en cuanto mi mirada buscaba respuesta a mi incógnita, el amigo, aseveró:

- “Esa es la sala donde se depositan los cadáveres, cuyos Espíritus, no siempre están totalmente desvinculados de la forma material y a fin de evitar conexiones con Entidades perversas que aguardan esos instantes para sorber los restos de energía material que quedan en la envoltura orgánica, se presta una guardia especial, la que a veces acompaña al cadáver hasta el lugar donde se procede al velatorio, siempre que el muerto tenga méritos suficientes para ello. A propósito – agregó -, asistiremos a la preparación previa a la desencarnación de alguien a quienes los médicos terrenos reconocerán como tal, algunas horas después".

Súbitamente me sentí desplazado por el influjo de su poderosa voluntad y nos encontramos en una de las tantas salas del establecimiento.

Lo primero que me llamó la atención fue la luminosidad reinante en el lugar, como si se tratase de un quirófano allí establecido. Tres Entidades vestidas con guardapolvos blancos realizaban gestos semejantes al pase, sobre la organización física del moribundo, en cuanto que otras cuatro se mantenían en actitud de estar orando, un poco más distanciadas de la cama. Al indagar, sin palabras, el querido Cosme me informó:

“Estamos frente a uno de los actos primordiales de la vida. La operación de desligar los lazos fluídicos del periespíritu que comandó durante más de sesenta años este cuerpo, requiere tanto cuidado y atención como lo es en el momento de la incubación de la futura organización física, luego del instante de la fecundación. Una y otra circunstancia es elaborada por Entidades especializadas que realizan esas operaciones con dedicación extrema, a fin de alcanzar el éxito deseado. Las Entidades que ve a cierta distancia, son parientes que le precedieron en el gran viaje y que están aguardando el momento de su arribo a nuestro lado para recibirle y conducirlo al lugar determinado por su propia vibración... Como le decía, estamos asistiendo al fin de la caminata carnal y en un proceso complicado y a veces doloroso, el nuevo habitante de nuestro mundo está llegando a los tramos finales del viaje. Pero, auxiliemos con nuestro pensamiento en oración...”. 

Tan pronto manifestó lo antes expuesto, me fue dado observar que del tórax de Cosme Mariño surgió una luminosidad zafirina brillante, que me provocó una profunda emoción y que simultáneamente me hizo recordar los relatos de André Luiz, a través de la mediumnidad de Chico Xavier.

Poco después y bajo el influjo de su mirada penetrante y fraternal, me sentí desplazado del lugar y vi que estábamos en un espacio abierto que sirve de estacionamiento de autos, dentro del hospital, con algunos canteros, rodeado de grandes árboles y muy próximo a la capilla, hacia donde se dirigían cuatro Entidades espirituales, un sacerdote y tres religiosas, que también contestaron el saludo del amigo espiritual con cortesía, pero moviendo ligeramente la cabeza.

Sin demoras, Cosme me informó:

- “Perfectamente conscientes de su condición espiritual, no abandonan sus hábitos religiosos y como tal, prestan los servicios a su alcance, con la misma unción que lo hacían cuando disponían de una organización física. Ellos también están al servicio del bien y son colaboradores de la obra de auxilio a la Humanidad que comanda Jesucristo".

Aprovechando el breve paréntesis que se produjo mientras el amigo acompañaba con la mirada a los religiosos que se introdujeron en la capilla, ligeramente iluminada, pregunté:

- ¿Las plegarias allí emitidas, también generan energías de auxilio a los internos del establecimiento?

- “Si lo negáramos – respondió – estaríamos cometiendo una grave falta, pues no es la forma de orar la que genera la energía y sí el sentimiento que en la plegaria se deposita.  Estos religiosos que acabamos de ver, conscientes de la terapéutica energética a que nos referimos al inicio de nuestro viaje, accionan de la misma forma señalada en la pregunta 459 de El Libro de los Espíritus (*)1 sobre la congregación de religiosas que viven dentro del hospital, conduciéndolas, muchas veces, a un cierto éxtasis, que es un estado de transe, a fin de lograr el material deseado a ser aplicado en aquellos seres aquí internados".

“No interesa en qué sector del bien se trabaja, ni bajo qué rótulo –que es quien, generalmente, separa a los hombres-, sino la intención de poner todos nuestros sentimientos al servicio del amor universal. Las religiones, como el hombre encarnado aún las entiende, son compartimentos estancos que aspiran a tener la supremacía de conducir la conciencia humana. Pero cuando se esta del lado de acá, el sentimiento religioso es encarado con otra óptica y sin abandonar las propias convicciones, el accionar común en el campo del bien generaliza a los Espíritus, cualesquiera sean las ideas religiosas mantenidas durante la permanencia en el escenario carnal".

“Lo que identifica a los hombres es el bien o el mal practicado, ya que ninguna religión estimula la práctica del mal. En consecuencia, la idea religiosa podría considerarse neutra, no así la actitud de aquellos que la practican, creando divisiones innecesarias. Es posible que unas tengan mayor o menor claridad en lo que hace a la interpretación de la Escrituras , pero fuera del culto exterior, todas son conducentes al bien, al mejoramiento del individuo".

“Y como consecuencia de ello, hemos querido que ud. viviera esta experiencia a fin de que, como difusor de la Doctrina Espiritista que es, esclarezca a los compañeros de ideal, todo lo referido a la elaboración de la energía psíquica que es tan necesaria en nuestro plano, para el auxilio a aquellos que como ud., aún permanecen en la carne".

“En las plegarias colectivas que se efectúan en esas células cristianas que son los Centros Espiritistas, esas energías no son encaminadas directamente a determinados lugares, lo que hace que éstas se pierdan, por no haber comunión de ideas. Por lo general, se dice:

“Vamos a elevar nuestro pensamiento por los que están en las cárceles, en los hospitales, en los manicomios...”, dispersándose las energías por falta de orientación consciente y no pasar de ser una petición genérica".

“Es necesario encausar el pedido a determinado establecimiento, nombrándolo, dirigiendo hacia el mismo la energía colectiva que habrá de producir resultados favorables en las distintas circunstancias en que serán empleadas y como ud. tuvo oportunidad de vivir en esta experiencia, que de alguna manera asume la responsabilidad de dar a conocer, para el mejor aprovechamiento de la energía psíquica. Para ello, le intensificaremos los centros de la memoria y tendrá la impresión de haber asistido a un film, del que guarda un recuerdo claro y preciso...”.

Abrí los ojos y casi como por impulso y automáticamente, miré el reloj: eran las 23,47 horas...

En apenas cinco minutos había vivido una de las más importantes experiencias de mi vida. Y en cuanto la emoción generaba las lágrimas que se deslizaban por mi rostro, agradecí a Dios por Su Misericordia, extensiva a todos los seres de la Humanidad.

Buenos Aires, noviembre de 1987, Juan Antonio Durante.

 

1 (*) 459-¿Los Espíritus influyen sobre nuestros pensamientos y nuestras acciones? – A ese respecto, su influencia es mayor a lo que creéis, porque, frecuentemente, son ellos quienes os dirigen.



martes, 22 de febrero de 2022

ALLAN KARDEC Y EL MAGNETISMO EN LA CODIFICACIÓN

 

Imagen tomada de la Web: https://revolucaoespirita.com.br/kardec-afirma/

Allan Kardec, el maestro lionés, conocía del magnetismo antes de iniciar su misión; él participaba activamente de los trabajos de la sociedad de Magnetismo de París, la más importante de Francia. Hacía 35 años que profesaba la ciencia magnética.

El Espiritismo nos ilustra acerca de este poder y nos explica por su intermedio una infinidad de cosas inexplicables y no explicadas por otros medios y que, en tiempos pasados, se consideraron prodigios. Revela, como el magnetismo, una ley, no desconocida, pero muy mal comprendida, o, dicho con más exactitud, se conocían los efectos, ya que se produjeron en todos los tiempos, pero se desconocía la ley, y justamente la ignorancia de esta ley engendró la superstición. Una vez en conocimiento de ella, lo maravilloso desaparece y los fenómenos vuelven al orden natural al que pertenecen. He aquí por qué los espíritas no hacen milagros haciendo girar una mesa o intentando que escriban los muertos, al igual que el médico al revivir a un moribundo o el físico al descargar un rayo. Quien pretendiese, con la ayuda de esta ciencia, hacer milagros, sería un ignorante de la materia o un impostor.

Ya que el Espiritismo repudia, respecto a todo lo que a él concierne, la calificación de milagro, fuera de él, ¿hay milagros, en la verdadera acepción de la palabra?

Digamos, en principio, que entre los hechos considerados milagrosos que ocurrieron antes del advenimiento del Espiritismo y entre los que ocurren hoy, la mayor parte, si no todos, encuentran explicación en las leyes que el Espiritismo ha venido a revelar. Esos hechos entran, aunque bajo otro nombre, en el orden de los fenómenos espíritas y, como tales, no tienen nada de sobrenaturales. Se comprende que nos referimos a hechos auténticos y no a aquellos que, calificándolos de milagro, son el producto de una superchería innoble con vistas a explorar la credulidad, así como a ciertos hechos legendarios que pueden haber tenido, en su origen, un fondo de verdad, pero que la superstición ha ampliado hasta el absurdo. Son esos hechos los que el Espiritismo viene a aclarar, suministrando los medios necesarios para separar lo auténtico de lo falso[1].

La acción magnética puede verificarse de diferentes maneras[2]:

  1. 1. Por el fluido del mismo magnetizador; es el llamado magnetismo humano, cuya acción está subordinada a la potencia y, sobre todo, a la calidad del fluido.

    2.Por el fluido de los espíritus que actúan directamente y sin intermediario sobre un encarnado, ya sea para curar o para calmar un sufrimiento, para provocar el sueño sonambúlico espontáneo o ejercer una influencia física o moral. Se le denomina magnetismo espiritual, y su potencia depende de las cualidades del espíritu.

    3.  Por el fluido que los espíritus proyectan sobre el magnetizador, a quienes éste sirve de conductor. Es el llamado magnetismo mixto, semiespiritual o humano-espiritual. El fluido espiritual, combinado con el fluido humano, otorga a este último las cualidades que le faltan. El concurso de los espíritus, en circunstancias parecidas, es a veces espontáneo, pero generalmente se produce por la evocación del magnetizador.

 



[1] Allan Kardec, La Génesis, los milagros y las predicciones según El Espiritismo. Cap. XIII, Caracteres de los milagros, pág. 281, 282, 283. Confederación Espiritista Argentina – CEA.

[2] Allan Kardec, La Génesis, los milagros y las predicciones según El Espiritismo. Cap. XIV, Los fluidos, pág. 311. Confederación Espiritista Argentina – CEA.


lunes, 20 de diciembre de 2021

DISQUISICIONES EN TORNO DE LA AMISTAD

 

Imagen de referencia tomada de la Web.

La amistad es una de las mejores experiencias del ser humano, en el campo de la afectividad, la cual se fortalece en la conquista de valores, que hacen de ella, imperecedera condición para construir relaciones edificantes y fraternales.

Es de suma sabiduría, que, a mayor edad, tengamos menos amigos y muchos conocidos, esto porque en la mayoría de edad, la amistad se reconoce como un bien imperecedero, guardado en la recóndito de nuestra alma, lo cual representa una conquista que nos ayuda a llevar una vida sana y feliz, es por eso que la autora espiritual Juana de Ángelis asegura que, “el amigo es un tesoro que se encuentra al alcance, siempre dispuesto a contribuir en beneficio del otro[1]”.

Para que una amistad se mantenga en el tiempo, se hace necesario ciertas condiciones como son: un fuerte vínculo afectivo, una confianza incondicional y un compañerismo a prueba de fuego y, cultivar la confianza, tarea que muchos pretenden desconocer, pues muchas veces un silencio compasivo, ante las adversidades del compañero, redunda en paz en los corazones amados.

Por eso, jamás te olvides del amigo sincero que ayer te arropó en tus momentos de infortunio y que hoy, quizás, transita en silencio cargando los suyos. Recuerda que “la gratitud, como el amor, es también un deber que no solo da calor a quien la recibe, como también reconforta a quien  la ofrece[2]”.



[1] Juana de Ángelis/Divaldo P. Franco, Constelación familiar, Educación para la amistad, página 85. Editorial Kimpres S. A. S., 2017.

[2] Juana de Ángelis/Divaldo P. Franco, Invitaciones de la vida, Invitación a la gratitud, página 99Instituto de Difusión Espírita, 1985.

CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...