domingo, 11 de agosto de 2019

EL HOMBRE QUE DOMINABA LA RULETA CON LA MENTE

CASOS EXTRAORDINARIOS

John Robertson, australiano, fue un hombre con poderes psicocinéticos que hizo estrago en los casinos más importantes de Europa durante una sola temporada, la de 1925.

En 1922 Robertson estaba hastiado de la vida, iba dando tumbos de aquí para allá, fracasando en todo lo que hacía. A los 34 años decidió emigrar a Gran Bretaña con el propósito de inicia una nueva vida.

Se instaló en Londres trabajando como obrero temporal. Se pasaba las horas libres jugando solo a los dados. Así fue como se dio cuenta que podía pensar en un número determinado y al lanzar los dados salía el número pensado.

Progresivamente; el juego de acertar números se convirtió en una obsesión y amplió su campo de experimentos. Lanzaba monedas al aire y salía la cara deseada. Más tarde, un vecino de habitación le dejó una pequeña ruleta y probó suerte. De esta forma se dio cuenta que en realidad salía el número que él quería que saliera, aunque no entendía cómo era posible.

Robertson averiguó que pasaba. Se informó a través de la “Society for Psychical Research” de Londres y tomó conciencia que era su mente la que producía el fenómeno.

       A principios de 1925, Robertson vendió todo cuanto pudo y con el dinero que consiguió compró dos trajes nuevos y un billete para el transbordador del canal de la Mancha. Se instaló en París dispuesto a utilizar sus facultades.

       Durante los primeros meses, recorrió los principales casinos europeos: París, Niza, Deauville y Montecarlo. Observaba atentamente que juegos había con el propósito de encontrar el más apropiado a sus condiciones. Decidió que la bolita de marfil que saltaba sobre la ruleta era el objetivo sobre el que podría actuar con más facilidad.

La gran depresión económica sufrida en las primeras décadas del siglo XX afectó a multitud de sectores sociales que, en muchos casos, al igual que John Robertson, se vieron obligados a emigrar a otras tierras en busca de nuevas oportunidades.

       El 4 de agosto de 1925, Robertson decidió empezar su aventura paranormal. A primeras horas de la tarde entró en el casino de Deauville y se sentó por primera vez ante una ruleta con la cantidad de 100 libras esterlinas.
      
       Robertson borró de su mente todo lo que le envolvía y concentró su interés en la bola de la ruleta. Empezó jugando con cautela a un número concreto. Tiraron la bola, giró vertiginosamente y salió un número diferente al previsto. Había perdido. Lo intentó una segunda vez y cuando la bola iba a quedarse en el número pensado, se deslizó y saltó al de al lado. Lo reintentó una tercera. Esta vez visualizó el número deseado fijando la vista en la bola… y acertó.
      
       Desde ese momento, el poder de Robertson sobre la bolita de marfil actuó con tanta destreza que esta se convirtió en la esclava de sus proyecciones. Al final de la noche, y sin llamar la atención, recuperó el dinero apostado y ganó 500 libras esterlinas.

       En los meses siguientes, Robertson jugó en los casinos más famosos sin llamar demasiado la atención. En menos de un año, consiguió un capital de 40.000 libras esterlinas. Vivía en las suites más lujosas de los mejores hoteles de la Costa Azul, viajaba en un enorme coche color gris perla, y aunque él no lo quisiera, había empezado a correr la voz en los casinos que era un hombre que nunca perdía.

       Ante los éxitos continuos empezó a producirse el fenómeno que todos en la sala se sumaban a su juego, apostaban con él y ganaban.

       Responsables de los casinos estudiaron el comportamiento de Robertson y una vez descartado el fraude dirigieron sus investigaciones hacia los posibles poderes psíquicos. Constataron que Robertson cerraba los ojos y se concentraba unos instantes en el momento en que la bola se ponía en movimiento. Con el asesoramiento del “Institute Metapsychique International” de París, desvelaron la probabilidad de la facultad psicocinética. Dicha facultad solo podría ser contrarrestada por otra que funcionara en el sentido opuesto.

       A finales de otoño de 1925, localizaron a Jean Leone, un sensitivo francés. Este no tenía tanto poder como Robertson, pero podía perturbar la onda psi y neutralizar sus efectos. El casino Metropolitan de Montecarlo le contrató.


GUERRA DE MENTES

La ruleta se convirtió en una fuente inagotable de riqueza para John Robertson. Él ha sido el único hombre, reconocido por los casinos, que tenía la capacidad de influir mentalmente sobre la pequeña bola de marfil que decide el número ganador.


       El 28 de septiembre de 1925, Robertson entró en el Metropolitan y estuvo ganando una fortuna durante dos noches. El 30 de septiembre llegó al casino el paragnosta contratado.

       Robertson estaba jugando en la ruleta principal. Detrás de todos los jugadores, pero frente a él, apoyado en una balaustrada de cobre se situó Leone. Estuvo durante mucho tiempo estudiando el método que seguía Robertson mientras acertaba una y otra vez. Lo difícil era sincronizar el instante de concentración de Robertson en el que proyectaba su influencia psi sobre la bola de marfil para neutralizar la onda psíquica.

       Tras una serie de intentos fallidos el objetivo se logró. Robertson apostó 1000 libras al número 14, la bola saltó por encima de los números y finalmente se paró en el 3, algo inaudito. Robertson, tranquilo, jugo otras 1000 libras y volvió a perder.

       Durante minutos Robertson dejó de jugar estudiando lo que pasaba. Leone lo observaba impasible. Robertson lo intentó de nuevo y siempre perdía. Descansó, intentó recuperar fuerzas para volver al combate. Notaba que algo le estaba afectando, pero no pudo saber que o quien le interfería.

       A las 2 de la madrugada del 1 de noviembre de 1925, Robertson se jugó todo su capital al número 7. El croupier lanzó la bola, rodó y salió un número distinto. Optó por abandonar la mesa. Pasó por caja y en gerencia firmó un pagaré por todos sus bienes. John Robertson salió del Metropolitan de Montecarlo tan pobre como el primer día que entró en un casino.

       Murió en Bélgica, en 1944, en un hospital para indigentes. Con el desapareció el jugador que pudo haber arruinado todos los casinos del mundo.


Tomado de la "Enciclopedia de la parapsicología y ciencias ocultas", Editorial Salvat

domingo, 4 de agosto de 2019

EL PERIESPÍRITU, EN LA VIDA ESPIRITUAL, ¿CONSERVA LA FORMA FEMENINA O MASCULINA?




Los Espíritus Superiores revelaron a Kardec, en las respuestas a las preguntas 200 a 202 de El Libro de los Espíritus:

"Los espíritus no tienen sexo tal como lo entendemos por la constitución orgánica, sino que establecen entre ellos relaciones de amor y simpatía, que se basan en la similitud de sentimientos”.

Por tener un sexo definido, el Espíritu puede reencarnar tanto en un cuerpo masculino como en uno femenino, dependiendo de las pruebas, misiones o expiaciones que haya escogido o necesita sufrir.

Allan Kardec publicó, en el capítulo de la Segunda Parte de El Cielo y el Infierno, la siguiente respuesta que el espíritu de Sansón le ofreció, cuando se le preguntó si en el nuevo estado en que se encontraba tenía una naturaleza más masculina que femenina y si lo mismo le sucedía a un Espíritu que había abandonado su cuerpo material durante mucho tiempo:

“No tenemos que poseer una naturaleza masculina o femenina: los Espíritus no se reproducen. Dios los creó por su voluntad, y si, en sus maravillosos designios quiso que los Espíritus reencarnaran en la Tierra, debió disponer la reproducción de las especies por medio del macho y la hembra. No obstante, debéis notar, sin que medien mayores explicaciones, que lo Espíritus no pueden tener sexo”.

Allan Kardec, ante tal respuesta, agregó:

“Siempre se ha dicho que los Espíritus no tienen sexo. Los sexos sólo son necesarios para la reproducción de los cuerpos. Dado que los Espíritus no se reproducen, los sexos serían inútiles para ellos. Nuestra pregunta no tenía por finalidad la confirmación de ese hecho, sino saber, visto que el señor Sansón había desencarnado recientemente, qué impresiones conservaba de su estado terrenal”.

“Los Espíritus purificados comprenden perfectamente su naturaleza, pero entre los Espíritus inferiores, que no se han desmaterializado, muchos son los que creen que todavía están en la Tierra, y conservan las mismas pasiones y los mismos deseos. De ese modo, consideran que siguen siendo hombres o mujeres, lo que ha llevado a algunos a la suposición de que realmente tienen sexo. Algunas contradicciones en ese sentido provienen de los diferentes grados de adelanto de los Espíritus que se comunican. El error no es de ellos, sino de quienes los interroga sin tomarse el trabajo de profundizar estas cuestiones”.

Para reforzar la realidad que algunos Espíritus conservan características masculinas o femeninas, llamamos la atención sobre la lección que Allan Kardec presentó en la Revista Espírita de septiembre de 1958, cuando publicó la larga conversación que sostuvo con el Espíritu de la señora Schwabenhaus, la cual se mantenía bajo la forma femenina:

“Me encuentro bajo mi última forma femenina”.

“(…) Me encuentro bajo mi última forma para satisfacer las leyes que rigen a los Espíritus cuando son evocados y obligados a retomar aquello a que ustedes llamáis periespíritu”.

       Además, Allan Kardec, en su evocación al Espíritu de Humboldt, publicada en la Revista Espírita de junio de 1859, preguntó a este Espíritu como se vería, si esto fuera posible:

       La respuesta fue muy objetiva: - “Como hombre”.

       Allan Kardec, en el artículo “Consideraciones sobre el Espíritu de Carcassone”, publicado en la Revista Espírita de junio de 1863, explicó, de una manera muy esclarecedora, por qué el espíritu de Felicia continuaba en la vida espiritual perteneciendo al sexo femenino:

“La primera respuesta dada por el espíritu de Felicia a ciertas personas, puede parecer una contradicción. Dice que es del sexo femenino y se sabe que los Espíritus no tienen sexo. Es cierto que no tienen sexo, pero se sabe que, para ser reconocidos, se presentan en la forma en que los conocimos en vida. Para su exmarido, Felicia es siempre una mujer. No podía, por lo tanto, presentarse de otra manera, ya que le habría perturbado sus recuerdos. Hay más, cuando él entre al mundo de los Espíritus, la encontrará como era en la Tierra; de lo contrario no la reconocería. Poco a poco se van borrando los caracteres físicos para permitir que subsistan los esencialmente morales. Es así como la madre encuentra al hijo en la tierna edad, de hecho, ya no es más un niño. También añadiríamos que los caracteres morales son más persistentes entre menos desmaterializados los espíritus, es decir, menos elevados en la jerarquía de los seres. Depurándose, las huellas de la materialidad desaparecen a medida que el pensamiento se desconecta de la materia. E ahí por qué los Espíritus inferiores, aún apegados a la Tierra, son, en el mundo invisible, más o menos lo que eran en vida, con los mismos gustos e inclinaciones”.

       Allan Kardec, en el artículo, “¿Tienen las mujeres alma?”, en la Revista Espírita de enero de 1866, hizo las siguientes consideraciones sobre el mantenimiento, en el periespíritu, de las características masculinas o femeninas:

“A medida que el Espíritu encarnado sufre la influencia del organismo, su carácter cambia según las circunstancias y se duplica de acuerdo a las necesidades y exigencias impuestas por el propio organismo. Esta influencia no desaparece inmediatamente después de la destrucción de la envoltura material, ni pierde instantáneamente sus gustos y hábitos terrenales. En este caso, puede suceder que el Espíritu recorra una serie de existencias en el mismo sexo, lo que hace que, durante mucho tiempo, pueda conservar en el estado de Espíritu, el carácter de hombre o de mujer, cuya marca quedó impresa en él. Solo cuando se ha logrado un cierto grado de progreso y desmaterialización, es que la influencia de la materia se extingue completamente y, con ella, el carácter de los sexos. Aquellos que se nos presentan como hombres o mujeres es para recordarnos la existencia en que los conocimos”.

De esta manera, entendemos por qué los Espíritus, especialmente para ser reconocidos, se presentan en la forma y la apariencia humana que tuvieron en su vida corporal.


Tomado del libro: "Periespíritu, los que los Espíritus dijeron" de Geziel Andrade.

Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia
Agosto 4 de 2019

lunes, 29 de julio de 2019

HECHICERÍA E INQUISICIÓN


Las relaciones entre herejía y hechicería y los fundamentos de las acusaciones que eran imputados a los culpables en los juicios inquisitorios, fueron establecidos y compendiados, respectivamente, en una Bula del Papa Alejandro IV (1260). Los culpables de herejía y hechicería podían ser juzgados como tales (y por lo tanto entregados en manos del “brazo secular” para la pena), con base en 15 acusaciones de tipo “legal” y con base a 17 síntomas morbosos de tipo “médico”.

Las 15 acusaciones legales constituyen una buena mezcla de cosas reales y extravagantes, así como una muestra de fértil y morbosa fantasía. Helas aquí:

  1. Renegar de Dios;
  2. Blasfemar su nombre; 
  3.  Adorar al diablo; 
  4.  Consagrarle los hijos;
  5. Sacrificarle los propios hijos; 
  6. Consagrarlos a él estando aún en el vientre materno;
  7. Hacer proselitismo en favor de Satanás;
  8. Jurar en el nombre del demonio y jactarse de ello;
  9. No respetar las leyes y cometer incesto;
  10. Asesinar, cocer y comer hombres;
  11. Alimentarse de carne humana y también de ahorcados;
  12. Envenenar y hacer morir gente con sortilegios;
  13. Hacer morir el ganado;
  14. Hacer morir los frutos y causar esterilidad;
  15. Transformarse completamente en esclavos del diablo.

Igualmente, abstrusos y extravagantes, son los síntomas sobre los cuales los médicos tendrían que sentenciar o pronunciarse para declarar a un hombre mago o hechicero, o a una mujer hechicera, y que se resumen a continuación:

  1. Cuando la enfermedad era tal que no podía ser descubierta o reconocida (un verdadero homenaje a la ignorancia, a la que incluso se ofrecían en Holocausto);
  2. Si empeoraba, en vez de mejorar, con los tratamientos;
  3. Si era aguda desde el comienzo (y no gradual);
  4. Si era inconstante o variaba de día a día, o de hora en hora y tenía manifestaciones distintas de las naturales;
  5. Si el enfermo no podía precisar el sitio del dolor, aunque pareciera objetivamente enfermo;
  6. Si el enfermo suspiraba tristemente sin causa aparente;
  7. Si perdía el apetito y vomitaba la carne o tenía el estómago cerrado o sentía un peso en el mismo y devolvía los bocados que había comido;
  8. Si sentía ardores punzantes o espasmos en el pecho (región precordial);
  9. Si tenía latidos visibles en las arterias del cuello;
  10. Si tenía cólicos renales o gástricos, o sensaciones de frío en el vientre o bien sensación de calor, y lo mismo incluso en otras partes del cuerpo;
  11. Si era impotente;
  12. Si sudaba, incluso con el frío;
  13. Si sentía trabadas las extremidades u otras partes del cuerpo;
  14. Si sentía languidez, decía necedades, estaba melancólico o si tenía fiebres rebeldes o convulsiones como un epiléptico o tenía las extremidades rígidas o con espasmos, si sentía o tenía la cabeza hinchada o si llegaba a tener la tez amarillenta, si tenía los párpados cerrados y no podía abrirlos y además si tenía los ojos claros o si era estrábico o veía fantasmas o las figuras borrosas;
  15. Si no podía mirar fijo al sacerdote y tenía que desviar la mirada;
  16. Si se turbaba o asustaba visiblemente cuando aquel, de quien se sospechaba que lo había hecho enfermar, entraba en la habitación;
  17. Y, finalmente, si cuando el sacerdote que debía liberarlo del demonio le ungía los ojos, las orejas y la frente u otras partes del cuerpo, estas comenzaban a sudar o mostraban un cambio cualquiera.



Tomado de la obra "Historia de la Parapsicología", de Massimo Inardi, Colección: Ariel Esotérica.

domingo, 21 de julio de 2019

ANTE EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO



Cuando el dolor y el sufrimiento visita nuestra existencia, pídele al Creador que te brinde las resistencias morales necesarias para que:

  • Ante la angustia de la enfermedad, te ayude a vencer las distonías del Espíritu, que en el ayer fueron asaltadas por tus tendencias disolutas. 
  •  Ante la carencia material, aprendas a valorar los escasos recursos que hoy administras, y así, en un mañana no muy lejano, seas el ecónomo fiel que obedece los mandatos de la probidad.
  • Ante la ausencia física de los seres queridos, el recuerdo imborrable de los felices días vividos, sea la esperanza de un reencuentro feliz. 
  • Ante la incomprensión de los tuyos, la paciencia y la tolerancia, sean los ingredientes que balsamicen esas relaciones, que son un compromiso adquirido a la luz de la reencarnación. 
  • Ante el yugo opresor de los vicios que degradan, ores y vigiles, de acuerdo a la recomendación del Maestro Jesús. 
  • Ante las faltas de oportunidades laborales, esperes con paciencia, las benditas oportunidades que la vida te brindará. 
  • Ante la agobiante violencia que vence las resistencias morales de la sociedad, solo la conformidad y transigencia ante las imperfecciones humanas, nos permitirá comprender que mejores días vendrán para nuestra sufrida humanidad.
Solo así, venciéndote a ti mismo, lograrás alcanzar las sublimes alturas del espíritu inmortal, pues la conquista de la felicidad solo se consigue venciendo el dolor y el sufrimiento.

miércoles, 17 de julio de 2019

NABUCODONOSOR: UN MONARCA ANSIOSO Y DESORIENTADO


Dr. Fernando Chaij



Un poderoso monarca absolutista de la antigüedad acababa de ordenar la muerte de todo el cuerpo de sabios de su imperio, entre los cuales figuraban los astrólogos, los magos, los encantadores y los arúspices, que tantas veces habían sido sus consejeros, y que en tantas oportunidades habían pretendido pronosticar el porvenir. ¿Qué ocurría ahora?

El rey Nabucodonosor, gran artífice del Nuevo Imperio Babilónico, que inauguró su notable gobierno el año 604 AC, se hallaba agitado por graves pensamientos relativos al futuro de su imperio. En las horas de la noche, un sueño impresionante y nítido lo ha dejado profundamente conmovido. Pero por más que se esfuerza no logra vencer el olvido total que como un velo misterioso ha cubierto su visión onírica, convoca a sus grandes hombres para exigir de ellos su significado.

Estos reclaman como condición previa el relato del sueño, sin lo cual alegan no ser capaces de poner en ejercicio su supuesta sabiduría. Pero el monarca insiste en que lo ha olvidado totalmente, y en que ellos deben en primer término reconstruirlo, para luego darle su significado, evidentemente de carácter político.

Con gran consternación, “los caldeos respondieron delante del rey – según reza el interesante relato del libro de Daniel -, y dijeron: “No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el negocio del rey: además de esto, ningún rey, príncipe ni señor, preguntó cosa semejante a ningún mago, ni astrólogo, ni caldeo. Finalmente, el negocio que el rey demanda, es singular, ni hay quien lo pueda declarar delante del rey, salvo los dioses, cuya morada no es con la carne[1]”.

Esta declaración de los astrólogos de la corte babilónica del siglo VII AC expresa una verdad inconcusa, indudable. La capacidad humana tiene sus límites: se les pedía a aquellos hombres una imposibilidad. Solo Dios está en condiciones de conocer los íntimos pensamientos inexpresados del hombre, y solo él tiene la capacidad de pronosticar el porvenir.

El rey Nabucodonosor, airado por no conseguir que alguien le interprete su sueño, ordena la destrucción de todos los sabios de Babilonia. Cuando este decreto está por ponerse en ejecución, buscan entre los consejeros reales a Daniel, un joven hebreo que, junto con otros, ha sido traído de Judea en una reciente expedición conquistadora del monarca, y es educado en la corte para servir más tarde en los negocios públicos.

Enterado que fue este hombre del motivo de la orden real, se presenta con toda confianza ante Nabucodonosor y promete resolver el problema, pero solicita tiempo. “Fuese luego Daniel a su casa – sigue afirmando el relato bíblico - … para demandar misericordia del Dios del cielo sobre este misterio… Entonces el arcano le fue revelado a Daniel en visión de noche; por lo cual bendijo a Daniel el Dios del cielo[2]”.

Cuando el joven vidente aparece en la presencia de Nabucodonosor, éstas son sus palabras:
“El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos lo pueden enseñar al rey. Más hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor, lo que ha de acontecer al cabo de días… Y a mí es revelado este misterio, no por sabiduría que en mí haya más que en todos los vivientes, sino para que yo notifique al rey la declaración[3]”.

Estas palabras, desde luego, despiertan la ávida expectativa del gobernante, que se dispone a escuchar con atención cada palabra de este hombre extraordinario, máxime cuando asevera que la fuente de la revelación que está por hacer es Dios mismo, con quien se ha comunicado.

“Tú, oh rey – empieza Daniel diciendo – veías, y he aquí una grande imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era muy terrible”.

Nabucodonosor asiente con gran satisfacción, y una débil sonrisa ilumina su rosto hasta ahora torvo. Su confianza en el profeta va creciendo, porque ya está realizando la parte que parecía imposible: está reconstruyendo el sueño.

“La cabeza de esta imagen – prosigue el profeta – era de fino oro; sus pechos y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de metal (bronce); sus piernas de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido.

“Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, la cual hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, el metal, la plata y el oro, y se tornaron como tamo de las eras del verano: y levantólos el viento, y nunca más se le halló lugar. Más la piedra que hirió a la imagen, fue hecha un gran monte, que hinchió toda la tierra – y Daniel subraya la seguridad con que se expresa con esta otra frase -. Este es el sueño, la declaración de él diremos también en presencia del rey[4]”.

La alegría del joven monarca, que se trasunta en su rostro, es apenas frenada por la ansiedad con que espera la interpretación de su sueño. No le cabe duda alguna de que esa interpretación será fidedigna, porque la reconstrucción precisa de la visión misma ha sido absolutamente fiel, aún en sus detalles.

“Tú, oh rey, eres rey de reyes – continúa el profeta … tú era aquella cabeza de oro[5]”.

No podía ser más halagador para el tirano aquel comienzo de la interpretación profética. Además, concuerda cabalmente con la realidad. Babilonia, después de la caída de Nínive, había llegado a ser la indiscutida capital del mundo, y el imperio que regía se extendía por todos los ámbitos del Asia occidental, la parte de la tierra entonces civilizada. El brillo, la opulencia y la grandiosidad de aquella potencia se habían logrado mayormente merced a la destacada actuación de Nabucodonosor.

Nadie, en ese momento, se atreve a pensar que aquel floreciente y glorioso imperio de oro podía llegar pronto a su fin. Pero Daniel prosigue con toda certidumbre y dignidad:

“Después de ti se levantará otro reino menor que tú[6]”, así como la plata del pecho y los brazos seguían al oro de la cabeza.

La historia confirmó el cumplimiento de ese pronóstico. Unos sesenta años después que Daniel hablara de esta suerte, en días en que Babilonia se había debilitado mucho, la ciudad fue tomada por asalto. El hecho ocurrió a manos el general Ciro, que encabezó bien pronto el imperio persa – representado por la plata -, y que sucedió a la áurea Babilonia.

Pero Daniel prosigue con su interpretación: “Y (se levantará) otro tercer reino (que corresponde al bronce del vientre y los muslos), el cual se enseñoreará de toda la tierra[7]”. En cumplimiento de esta parte, Persia, después de ocupar el escenario como una potencia de proyección mundial, cayó también ante el arrollador empuje de Alejandro Magno, monarca de la fase helenística de la historia de Grecia. Alejandro, como sabemos, uno de los más destacados genios militares de todos los tiempos, se lanzó a una carrera de conquista que más parecía una excursión que una campaña militar, por la rapidez con que fue realizada. Toda el Asia Menor, Fenicia, Palestina, Egipto, Mesopotamia, Persia, fueron cayendo con extraordinaria celeridad, y los ejércitos de Alejandro llegaron hasta los límites de la India.

Con esto queda visto el asombroso cumplimiento de las tres primeras etapas, que cubrían más de cinco siglos de historia. Cuando Daniel llega en su explicación al cuarto reino, el de las piernas de hierro, declara: “Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y doma todas las cosas, y como el hierro que quebranta todas estas cosas, desmenuzará y quebrantará[8]”. ¿Quién es este cuarto reino? Surge en nuestra mente, con fuerza de evidencia, la férrea imagen del imperio romano, que sucede al efímero imperio helenístico de Alejandro. En Roma todo era de hierro: su organización latamente militarizada; su disciplina rigurosa; sus armas; su yugo sobre los vencidos. En poco tiempo Roma llegó a ser el formidable imperio que cubría una vastísima extensión, la que iba desde el África hasta Inglaterra, y desde España hasta Persia.

Pero según la profecía, Roma tampoco sería eterna. ¿Cuál sería su fin? Daniel responde: “Y lo que viste de los pies y los dedos… el reino será dividido[9]”. Así como las piernas rematan en diez dedos, aquel imperio mundial donde no se ponía el sol sería también del todo destruido y fragmentado.

Efectivamente. Durante los siglos IV y V DC, el imperio había entrado en una época de debilidad y de corrupción, que coincidió con las invasiones bárbaras de los pueblos germánicos. En sucesivas andanadas, estas invasiones terminaron por vencer y someter a Roma, produciendo la disolución del imperio y el establecimiento de una serie de monarquías en que se fue conjugando la población romana con los pueblos invasores, para dar nacimiento a las principales naciones europeas: los francos (Francia), los burgundios (en Suiza), los anglo-sajones (en Inglaterra), los alemanes (en Alemania), los suevos (en Portugal), los visigodos (en España), los lombardos (en Italia), etc.

Pero hay un elemento de esta profecía que es de un carácter tan preciso, y que se fue concretando de manera tan admirable a través de toda la historia a partir de la división de Roma, que conviene destacarlo en forma especial. Daniel, en su interpretación, realiza el atrevido pronóstico: “Cuanto a aquello que viste, el hierro mezclado con el tiesto de barro, mezclaránse con simiente humana (los diez reinos), más no se pegarán el uno con el otro, como el hierro no se mistura con el tiesto[10]”.

Hay aquí una doble declaración: 1°) las potencias europeas harían constantes esfuerzos para unirse de nuevo, recurriendo aún al expediente de mezclarse con simiente humana, es decir, de entrar en alianzas matrimoniales con miras a la reconsolidación; como notable cumplimiento de esta predicción, las casas reinantes de Europa a comienzos de nuestro siglo, se hallaban íntimamente emparentadas. Pero 2°) “No se pegarán”. Y estas tres palabras sentenciosas han marcado el rumbo de la historia a partir de la división de Roma. El que maneja las riendas del poder daba su fallo: no habría más imperios mundiales. A pesar de las tentativas que se hicieran, el ex imperio romano, o sea Europa, no volvería a unirse.

En cumplimiento de estas tres palabras proféticas, resultaron fallidos todos los esfuerzos para construir un gran imperio: Carlomagno, Carlos V, Napoleón, el káiser de la Alemania de la primera guerra, Hitler: todos estos nombres han pasado a la historia como símbolos de esfuerzos fracasados en ese sentido. Tampoco el proyecto de los Estados Unidos de Europa iba a prosperar para la amalgamación política de los países del viejo continente. Así como el hierro no se mezcla ni se amalgama con el barro cocido, tampoco volverían a pegarse los viejos fragmentos. ¡La profecía bíblica lo había dispuesto hacía 25 siglos!

¡2.500 años de historia bosquejados y maravillosamente cumplidos! Solo la presciencia de Aquel que rige los destinos del mundo, y en cuyas manos está la suerte de las naciones, podía hacer semejante anticipación, y solo el libro maravilloso cuyos mensajes fueron recibidos por revelación divina, podía haber registrado estas profecías.

Pero falta aún el desenlace el drama humano. Mientras el atónito monarca sigue con honda concentración la interpretación del vidente, éste corona su discurso con la más asombrosa declaración.

Ya en la descripción Daniel ha dicho: Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, la cual hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido y los desmenuzó. Entonces fue también desmenuzado el hierro, el barro cocido, el metal, la plata, el oro, y se tornaron como tamos de las eras del verano: levantólos el viento, y nunca más se les halló lugar. Más la piedra que hirió a la imagen, fue hecha un gran monte, que hinchió toda la tierra[11]”.

Y al interpretar este episodio final en que culmina el relato, dice Daniel. “En los días de estos reyes (es decir en los días de las naciones europeas), levantará el Dios del cielo un reino que nunca jamás se corromperá; y no será dejado a otro pueblo este reino; el cual desmenuzará y consumirá todos estos reinos, y el permanecerá para siempre. De la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con manos, la cual desmenuzó el hierro, al metal, al tiesto, a la plata y al oro; el gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo porvenir: y el sueño es verdadero, y fiel su declaración[12]”.

Estos versículos establecen que en breve todas las potencias de la tierra han de ser desmenuzadas y pulverizadas, por la intervención de una piedra majestuosa desprendida del monte. Ninguna nación moderna ha de volver a regir el mundo con vara de hierro, porque Dios ha puesto límite a la ambición de los dictadores y los totalitarismos. En cambio, ocurrirá un suceso extraordinario que pondrá punto final a la historia de la tierra con sus dolores y angustias, para inaugurar un reino nuevo y feliz.


Tomado del libro “Potencias Supranormales que actúan en la vida humana” del Dr. Fernando Chaij. Ediciones Interamericanas, 1963. Páginas 125 a 131.




[1] Daniel, cap. 2, vers. 10 y 11.
[2] Daniel 2, 17 a 19.
[3] Daniel 2, 27 a 30.
[4] Daniel 2, 31 a 36.
[5] Daniel 2, 37 a 38.
[6] Daniel 2, 39.
[7] Daniel 2, 39.
[8] Daniel 2, 40.
[9] Daniel 2, 41.
[10] Daniel 2, 43.
[11] Daniel 2, 34 y 35.
[12] Daniel 2, 44 a 46.

jueves, 11 de julio de 2019

LA APARICIÓN DEL TENIENTE McCONNELL


Uno de los mejores y más bien documentados relatos de fantasmas o "apariciones de crisis" de los tiempos modernos sucedió a fines de la Primera Guerra Mundial.

El Teniente David McConnell, de dieciocho años de edad, era un piloto británico en entrenamiento. En la mañana del 7 de diciembre de 1918, su oficial de mando inesperadamente le pidió que volara un pequeño avión a un campo en Tadcaster, a unas sesenta millas de su base en Scampton. Otro piloto iba a acompañar a McConnell en un avión de dos plazas. McConnell iba a dejar su avión en Tadcaster, y el segundo piloto se encargaría de llevarlo de regreso a su base tan pronto como completara la misión.

A las 11 :30 a.m. McConnell dijo a su compañero de cuarto, el Teniente Larkin, que tenía que entregar un avión en Tadcaster, pero que esperaba regresar esa misma noche.

La distancia de Scampton a Tadcaster era un vuelo de rutina bajo condiciones normales, pero en el camino los dos aviones encontraron niebla cerrada. Los pilotos aterrizaron y llamaron por teléfono a su base pidiendo instrucciones. A McConnell le indicaron que actuara a discreción, y se elevaron de nuevo rumbo a Tadcaster. La niebla empeoró y el compañero de McConnell en el avión de dos plazas hizo un aterrizaje forzoso. Sin embargo, McConnell continuó el vuelo hacia Tadcaster. Al llegar al campo, comenzó su aproximación para el aterrizaje en un ángulo equivocado y se estrelló. McConnell fue arrojado hacia adelante con violencia y se destrozó la cabeza con el arma instalada frente a él. Un testigo del accidente corrió al avión y encontró al piloto muerto. Su reloj se había roto en el choque y se detuvo exactamente a las 3:25 p.m.

A la misma hora que McConnell se estrelló en Tadcaster, Larkin, su compañero de cuarto, estaba sentado fumando y leyendo en la habitación que compartían en Scampton. Escuchó pasos en el corredor y la puerta abrirse a su espalda; luego oyó las palabras familiares: "¡Hola chico!" Este era el saludo acostumbrado de McConnell. Larkm se dio vuelta y vio a McConnell - o lo que parecía ser él - parado en el marco de la puerta, a poca distancia. Vestía el uniforme normal de vuelo, pero en vez del casco llevaba una gorra de marino, porque había servido en el cuerpo aéreo naval y se sentía muy orgulloso de ello.

Larkin no encontró nada extraño en el hecho de que McConnell regresara a esa hora. Le dijo: "¡Hola! ¿Ya de regreso?" La figura respondió: "Sí, llegué allá bien. Tuve un buen viaje". Lanzando un alegre adiós la figura salió, cerrando la puerta.

Un rato después - eran aproximadamente un cuarto para las cuatro - otro oficial, el Teniente Garner Smith, entró al cuarto. Garner Smith dijo que esperaba que McConnell regresara temprano para que los tres pudieran salir esa noche. Larkin contestó que McConnell ya había regresado y que había estado en el cuarto hacía menos de media hora. Así, McConnell, o algo que parecía ser él, se apareció a Larkin entre las 3:15 y las 3:30. McConnell, ya se sabe, murió a las 3:25.



Larkin no tuvo noticia de la muerte de McConnell hasta esa noche. Primero supuso que McConnell después de regresar como a las tres de la tarde había vuelto a salir en otro vuelo durante el cual se mató. Sólo pasadas unas horas Larkin supo que McConnell había muerto casi en el mismo momento en que él vio la figura parada en la puerta y habló con él. A la mañana siguiente Larkin relató el incidente a otros oficiales de la base. Garner Smith confirmó su parte del relato.

A pesar de lo que vio, Larkin permaneció escéptico a los fantasmas y otros asuntos psíquicos, pero no tenía otra explicación que ofrecer. El extraño relato circuló por la base, y cuando los padres de McConnell llegaron a reclamar el cuerpo, lo escucharon y le escribieron a Larkin de inmediato. Él contestó el 22 de diciembre proporcionando un claro relato de la experiencia.

Finalmente, el caso McConnell llegó a oídos de la Sociedad para la Investigación Psíquica. La SIP investigó y aunque el suceso ocurrió hace tres cuartos de siglo, el caso McConnell todavía se considera, por lo general, uno de los mejores, si no el mejor, relatos de este tipo en los archivos de la SIP, los cuales contienen muchos casos de este tipo.

Hay varias razones por las que este incidente en particular, aunque es excepcionalmente dramático, es considerado tan bueno. Primero la calidad del testigo, un individuo confiable, con la cabeza equilibrada, una persona no propensa a inventar historias o que por hábito "ve cosas".

En segundo lugar, el testigo escribió su versión del suceso sólo dos semanas después de ocurrido. Con frecuencia en casos de este tipo el informe escrito no se produce hasta meses, e incluso años, después de ocurrido, y en ese tiempo la mente puede alterar el relato hasta hacerlo irreconocible, sin cometer un engaño deliberado. Habría sido mejor si Larkin hubiera escrito sobre su experiencia inmediatamente después de enterarse de la muerte de McConnell; los detalles habrían estado más frescos en su mente. Pero Larkin de hecho no sabía en ese momento que su experiencia sería un clásico de la investigación psíquica. Considerando que no estaba interesado en asuntos psíquicos, tampoco le importó mucho. Larkin contó su relato a algunas personas al día siguiente de la muerte de McConnell. Los que la escucharon y leyeron el informe confirmaron que eran iguales; Larkin no había cambiado nada.

Otra cosa que hace de éste un caso impresionante, es que hubo un testigo para confirmar -no la veracidad de la aparición en sí, sino la creencia de Larkin de haber visto a su compañero de cuarto cuando en realidad el hombre estaba muerto, o a punto de morir, a sesenta millas. No hay forma de que Larkin hubiera sabido de la muerte de McConnell cuando habló con Garner Smith. Todas las horas fueron bien establecidas. La hora de la muerte de McConnell fue dramáticamente marcada por su reloj al romperse.

Cuando los investigadores de la SIP revisaron el caso, pronto desecharon la posibilidad de un fraude, porque hubiera requerido un acuerdo entre Larkin y Smith para engañar a los padres de un compañero muerto. Los investigadores pensaron que eso era inconcebible.

A pesar de que la figura nunca dijo llamarse McConnell, la posibilidad de equivocar la identidad también se desechó por la gorra de marino - McConnell era el único hombre en la base que la usaba. Además, Larkin aseguró que podía reconocer a su compañero de cuarto y que lo había visto bien.

Era posible que Larkin se hubiera dormido en la silla y soñado que había visto a McConnell. Sin embargo, Larkin insistió en que estaba bien despierto cuando Garner Smith entró al cuarto. Incluso si se hubiera dormido, soñando a McConnell en el momento en que se mató, sería una coincidencia extraordinaria.

La figura de McConnell pudo ser una alucinación. Algunos investigadores psíquicos creen que las alucinaciones son sólo soñar despierto, mientras otros insisten en que las alucinaciones, apariciones y fantasmas son casi la misma cosa. Tienen la teoría de que la muerte de McConnell liberó alguna clase de "energía psíquica'', y que esto provocó la alucinación o aparición en la mente de su amigo, que puede haber estado pensando en él en ese momento.


Tomado de la obra: "Historia de los Fantasmas" de Daniel Cohen; Editorial Edivisón.

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