lunes, 25 de febrero de 2019

LOS SUEÑOS: MENSAJES DEL SUBCONSCIENTE PARA LIBERAR EL CONSCIENTE

Imagen tomada de la Web: https://refugiodelalma.com/tus-suenos-se-repiten-esto-es-lo-que-tu-subconsciente-quiere-comunicarte.html

Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia
Febrero 25 de 2019

El dormir en el ser humano es un estado en el cual se presenta un cese de las actividades físico-motoras y sensoriales; se presenta además, un desprendimiento del Espíritu encarnado, fenómeno este denominado emancipación del alma, el cual representa un invaluable reconstituyente para el soma orgánico. En el mismo, hay un desplazamiento del cuerpo físico con debilitamiento de los lazos que lo unen al Espíritu, permitiéndole actuar con mayor libertad. De esta manera, el Espíritu recorre el espacio y entra en relación más directa con los otros Espíritus[1]. El sueño es el recuerdo de los hechos y acontecimientos ocurridos mientras dormimos.  

Estudiosos aseguran que dormimos más de un tercio de nuestras vidas, siendo  la actividad onírica, una experiencia de enriquecimiento espiritual. Para la Doctrina Espírita mientras el hombre duerme, el Espíritu jamás está inactivo y muchas veces tiene el recuerdo del pasado y a veces la predicción del futuro.

Entre los antiguos y particularmente entre los hebreos, la interpretación de los sueños tomaba la connotación de presagios, revelación de verdades ocultas y algunas veces como exhortaciones o avisos de parte de Dios. Es ya famosa la interpretación que hizo José al faraón de Egipto, el cual quedó intrigado y sin respuesta correcta por parte de los sabios, adivinos y magos que tenía a su disposición. En el sueño el faraón observa que, “en el primer sueño, el rey ve salir del río Nilo siete vacas gordas y sanas seguidas por siete vacas flacas y enfermas. Entonces, las vacas flacas se tragan a las gordas. En el segundo sueño ve siete espigas grandes y cargadas de grano, tras lo cual ve siete espigas delgadas y marchitas que se tragan a las primeras[2]”. El desenlace de esta historia es bien conocida por el mundo cristiano.

No podemos tratar el tema de los sueños sin mencionar al médico neurólogo Sigmund Freud, reconocido como padre del psicoanálisis. Freud “planteaba que los sueños son una expresión alucinatoria de deseos no reconocidos y por consecuencia, una vía privilegiada de acceso al inconsciente. De esta forma, los sueños servirían para comunicar todo aquello que la mente consciente no puede aceptar. Aquellos deseos inconscientes que no se quieren reconocer, se expresarían en forma simbólica a través de los sueños”.

“Para Sigmund Freud la infancia es un periodo clave de nuestra vida psíquica, hasta el punto que de adultos la mayoría de los sueños se relacionan con los deseos, traumas y recuerdos de la infancia.  Los sueños serían un recordatorio constante de aquello que la consciencia ha reprimido y que nos negamos a aceptar. En definitiva, el sueño es una herramienta psíquica para conseguir franquear la barrera que hay entre el inconsciente, la memoria profunda y el consciente[3]”.

Es imposible desconocer o desligar la información recibida a través de la actividad onírica del subconsciente. Gustavo Geley en su obra “Del Inconsciente al Consciente”, afirma que, “con los trabajos contemporáneos, el psiquismo subconsciente aparece cada vez más complejo y variado. Su papel resalta nítida y preponderante en todos los dominios de la vida intelectual y afectiva”.

Y continúa, “la tesis bien conocida del Dr. Chabaneix, “el subconsciente en los artistas, en los sabios y en los escritores”, da cierto número de ejemplos particularmente salientes. En realidad los ejemplos son innumerables. Se puede decir que no hay artista, no hay sabio ni escritor de algún valor, que no conozca por experiencia personal, por poco apto que sea para la auto observación, la importancia sin igual del subconsciente”.

Juana de Ángelis, la reconocida mentora espiritual de Divaldo Franco, considera al “subconsciente como parte del inconsciente, aflorando a la conciencia con sus contenidos, alterando el comportamiento humano… Es él quien se manifiesta en los sueños”[4].

De Ángelis considera que, “la complejidad de los sueños ha merecido de los especialistas en el área del psiquismo valiosas colocaciones, en continuas tentativas de interpretarlos. Originados en su mayoría, en el área del subconsciente, revelan más al respecto del ser humano de lo que se puede sospechar en un análisis apresurado. En esa faja están archivadas las memorias de los acontecimientos vividos, así como aquellos que fueron observados desde la infancia, que se liberan en los momentos del sueño y se presentan en formas variadas, inclusive, perturbadoras.

Anhelos y miedos no digeridos, acontecimientos incomprendidos y palabras consideradas como gestos agresivos, educación castradora, interrogantes sin respuesta, que se transformaron en conflictos de la personalidad, prosiguen aguardando esclarecimientos y liberación, que se representan en el área de los sueños. Los más antiguos, al ser los más preservados por la manera repetida como han sido archivados, afloran con frecuencia, produciendo estados oníricos tumultuosos, que producen pavor y se transforman con el tiempo en problemas graves en la conducta y en las relaciones interpersonales. De la misma forma, las impresiones agradables y saludables, las victorias y alegrías, las aspiraciones realizadas y los deseos satisfechos acuden, en los momentos del sueño, produciendo agradables manifestaciones en forma de sueños”.

Y reafirma Juana de Ángelis lo que los Espíritus Superiores respondieron a Allan Kardec en la pregunta 402 de El Libro de los Espíritus, del capítulo VII, Emancipación del Alma: “Sin duda en muchos casos, el Yo Superior, el Espíritu, al dislocarse del cuerpo, realiza viajes y mantiene contactos con otros, cuyas impresiones son registradas por el cerebro y se presentan benéficas, gratificantes, en el campo onírico.

Igualmente, la libido representa un papel importante en ese campo en razón de los deseos, de las frustraciones y de los impulsos sexuales contenidos, mal dirigidos o excesivamente liberados.

Tales acontecimientos son automáticos, consecuentes con muchos factores como la exaltación, el estrés, la depresión, las fobias, los deseos… Todo deseo fuertemente accionado, libera del subconsciente las cargas archivadas, que retornan al campo de la consciencia como sueños, recuerdos, memorias”[5]

De esta manera, la multiplicidad de escenas e imágenes que enriquecen nuestra actividad onírica, deben ser tratados con idoneidad para poder ser desencriptadas y decodificadas a través de la razón y lograr identificar el mensaje del subconsciente, drenándolos a través de la conciencia y así librarnos de fobias, manías, miedos y otras actividades perturbadoras, los cuales se convierten en conflictos existenciales difíciles de desarraigar de nuestra vida.

Cuenta la historia que, Abraham Lincoln vio, en sueños, escenas de su propio velatorio, una semana antes de ser asesinado, relatándolo al amigo Ward Lamon, quien escribió el episodio en su diario. En Plutarco se puede leer la trágica historia del asesinato de Julio César y el sueño premonitorio de su mujer Calpurnia, que hizo cuanto pudo para impedir que su marido fuera al senado. También Juana de Arco predijo su propia muerte al igual que David Fabricius, astrónomo alemán, predijo que moriría el 7 de Mayo de 1617, ese día tomó todas las precauciones para evitarlo y no salió de su casa. Por fin a las diez de la noche salió a tomar el aire y un campesino le mató.

Queremos finalizar estas apreciaciones sobre el complejo tema de los sueños citando a Gabriel Delanne, quien en su obra “La Evolución Anímica”, afirma que “el mecanismo de la memoria latente demuestra que muchos hechos completamente olvidados y que parecen haber sido destruidos para siempre han dejado un rastro indeleble en el subconsciente, que es la base de nuestra Individualidad indestructible: ¡el Espíritu!”.




[1] Allan Kardec, El Libro de los Espíritus, pregunta 401
[2] Genesis 41:1-8.
[3] http://despertardivino.cl/site/interpretacion-de-suenos/leccion-no1/
[4] Divaldo Franco/Juana de Ángelis, Autodescubrimiento, El subconsciente. Ediciones Juana de Ángelis, Buenos Aires, pág. 57.
[5] Juana de Ángelis/Divaldo Franco, Autodescubrimiento, cap. VII, El Ser Subconsciente, Subconsciente y sueños. Ediciones Juana de Ángelis, Buenos Aires, Argentina, 1997.


domingo, 17 de febrero de 2019

LA SAGA EXTRAORDINARIA DE LOS SUEÑOS



En la lejana antigüedad, en Egipto, Caldea y Asiria, hubo sacerdotes y adivinos que tenían la tarea de interpretar los sueños, enviados, decían ellos, por la divinidad para iluminar los ojos humanos y las tinieblas del futuro, prevenirlos de los peligros etc. No solo interpretaban los sueños, sino que nos prevenían, por un método de incubación que se practicaba correctamente en los templos célebres de Isis, Apolo, Cibel, Esculápio, Sérapis y de Hemitréa, o en antros y cavernas, como la tan famosa de Trofonio.

Los que querían tener sueños proféticos se entregaban, bajo la dirección de los sacerdotes, a ciertas prácticas que consistían en oraciones, evocaciones, inspiraciones de vapores narcóticos, unciones con pomadas mágicas, etc.

LOS GRIEGOS

Se afirma, en principio, que los griegos no tenían sueños, eran visitados por ellos. De Grecia, a lo largo de los siete siglos que separan a Heráclito de Artemidoro, tienen origen todas las teorías sobre los sueños – materialistas, místicos, analistas, ocultos y médicos. Homero dividiría los sueños en dos grupos: del primero hacían parte los verdaderos, los que fluían de las Puertas de Cuernos; del segundo, los falsos, los que venían por las Puertas de Marfil.

Mientras tanto, Hipócrates (el padre de la medicina) admite que el alma, enteramente ocupada con las funciones corporales, en estado de vigilia es capaz, durante el sueño, de percibir las causas de las enfermedades.

Cuando se despiertan, según Heráclito, las personas tienen el mismo mundo en común; al dormir, cada uno tiene su mundo particular.

Para el filósofo de Éfeso, la conciencia es fuego, vida, conocimiento y, tanto en el sueño como en la muerte, el alma se escapa de ese fuego vital para hundirse en el agua. Los sueños y el mundo de cada uno  quedan cerca de “Okcanos” en la niebla húmeda del tiempo, donde la conciencia es inundada por vagos conocimientos.

Aristóteles, el notable estagirita, afirmaba que los sueños no sufrían interferencias divinas, porque si fueran realmente enviados por los dioses, debían ser recibidos solo por los hombres más evolucionados, lo cual no ocurría. Los sueños son oriundos del corazón, centro de los sentimientos y afectado por los movimientos orgánicos, que pasan desapercibidos cuando en estado de vigilia, debido a la fuerza de los llamados sensoriales.

Los que sueñan se vuelven sensibles a estos movimientos orgánicos, pudiendo predecir enfermedades y determinar su curación. Por otro lado, aseguró que soñar con amigos cercanos a menudo puede resultar en una premonición, ya que cuando se conoce muy bien a alguien, se puede predecir sus acciones por el acceso que se tiene a sus motivaciones. El mejor analista de sueños - explica el autor de "Ética a Nicómaco" - es el que sabe cómo lidiar con las apariencias.

Las imágenes mentales son como imágenes reflejadas en el agua… Un reflejo no es original, ni las imágenes son el objeto real.

En contrapartida a la tesis aristotélica, surge la de los pitagóricos. Ellos creen que, durante el sueño, el alma se libera del cuerpo y entra en contacto con Espíritus Superiores. Esta postura tendría origen en las concepciones órficas y, aún, en la metafísica de los cultos egipcios, en que despunta el doble (KA), envoltura semimaterial del Espíritu, observado por Allan Kardec, quien lo denominó periespíritu.

Artemidoro de Efeso, escribió cinco libros sobre ONEIROCRÍTICA que traducen el modelo griego de análisis del sueño. Para interpretar un sueño, observó Artemidoro, es necesario recopilar información sobre quien sueña: su carácter y temperamento, situación en la vida, nombre, etc.

Mientras predicaba que “cada sueño es un sueño” porque refleja la personalidad de una persona en particular, Artemidoro describió una serie de sueños divididos en categorías:

Quedarse ciego de ambos ojos significa perder un hijo, hermano, padre o madre. Sin embargo, este sueño es bueno para los presos y para muchos pobres; los primeros ya no verán sus miserias y sus pecados, los segundos tendrán ayuda y placer, porque muchos prestarán ayudan a los necesitados…

Si alguien busca algo perdido y tiene este sueño, jamás encontrará lo que perdió. Para los poetas este sueño es bueno, pues ellos necesitan un sueño profundo antes de verlo; para los enfermos trae expectativa de muerte durante el día.

EL SUEÑO EN LA ODISEA Y LA ILÍADA

La epopeya es el género literario donde el sueño aparece con rara intensidad. En la India se encuentra en el Mahabarata y el Ramayana. En la epopeya de Hánuman, el poeta Tulsidas, atrapado en una torre de piedra, consigue sacar a un ejercito de monos de su sueño y liberarlos.

Homero hizo uso de motivos oníricos. En la Iliada, el sueño de Aquiles recuerda la “Epopeya de Gilgamés”, con Patroclo en el papel de Enkidu.

Se le aparece a su amigo pidiéndole que lo entierre, para que sus cenizas nunca se separen y pueda entrar en el infierno. R. de Becker aclara: Existe una gran verdad onírica en la figura de Aquiles extendiendo sus brazos a Patroclo no pudiendo alcanzarlo, aunque la sombra vuelve a la Tierra con gritos destemplados y lastimeros.

La obra de Homero está inspirada, en su totalidad, en un pensamiento filosófico relativo a la naturaleza humana y las leyes eternas que gobiernan al mundo.

Nada de lo esencial de la vida humana se le escapa.

El poeta contempla todo el conocimiento particular a la luz de su conocimiento general de la esencia de las cosas. La preferencia de los griegos por la poesía gnómica, el uso frecuente de ejemplos míticos, la expresión onírica, todos esos rasgos tienen su origen en Homero.

Para Homero las últimas fronteras de la ética no son convenciones del mero deber, sino leyes del ser.

Es en la penetración del mundo por este amplio sentido de la realidad, en relación al cual todo “realismo” aparece como irreal, que se basa en la fuerza ilimitada de la epopeya homérica.

Una racionalización menos feliz surge en otras personificaciones del sueño de La Odisea y de La Ilíada, donde se manifiesta como un personaje autónomo. Así, el sueño de Agamenón toma la forma de un mensajero enviado por Júpiter, que lo engaña. En La Ilíada, el sueño aparece personificado para Nausicaa y Penélope. Atenas, la diosa de ojos brillantes, es su instigadora.

Sin embargo, Penélope tiene un segundo sueño – los veinte gansos significarían sus pretendientes, muertos por el águila, o el marido que finalmente regresa.

El propio Ulises ofrece su interpretación a Penélope. Es precisamente allí donde la esposa de Ulises distingue entre las puertas de los sueños – una de cuerno y otra de marfil… Los críticos admiten que el empleo del sueño en la obra fue oportuno porque realizó la mediación entre una circunstancia que se había tornado vulgar y otra cuyo carácter excepcional va a manifestarse. Esta mediación es mucho mejor cuanto mas cerca se encuentra uno de un sueño auténtico, lo que ocurre en el sueño de los pretendientes y menos en su primer sueño o en el de Nausicaa.

LA TRAGEDIA GRIEGA – ESQUILO Y SÓFOCLES

La tragedia griega de Esquilo y Sófocles atribuye al sueño una capital importancia, a punto de convertirlo en “oráculo de la divinidad”.

En “Los Persas”, el sueño de la reina se presenta singularmente marcado de presagios que tienen su fuente en los hechos cotidianos. Esquilo (525 – 456 a.C.) se ocupa de demostrar una equivalencia especial entre los estados de sueño y de vigilia, demostrando que los símbolos oníricos encuentran analogía en los signos de la vida.

El triunfo de “Los Persas” (472) aseguró la gloria de Esquilo y atrajo la atención de Hieron, un tirano de Siracusa. Desde entonces, Esquilo vivió ora en Atenas ora en Sicilia, representando casi setenta dramas, que exploraban el universo de los antiguos mitos. La leyenda atribuye su muerte al impacto de una tortuga que un águila habría dejado caer sobre su cabeza.

El lirismo de Esquilo provoca en el espectador un sentimiento de angustia, pero le presenta la solución armoniosa de los conflictos que se encuentran en la moderación, fundamento de la moral ateniense.

Sofocles (495 – 406 a.C) compuso 123 dramas. Solo siete piezas nos llegaron enteras: “Edipo en las Colonias” (401); “Filocteto” (409); “Ajax” (420); “Las Traquinias” (420); “Electra” (425); “Edipo Rey” (430); “Antígona” (442).

Sófocles imprimió en la técnica teatral una notable evolución, a la vez que redimensionó el sentido de la trágico (incluyendo los valores oníricos) concentrándolos en la fuente maestra de la acción.

En el Islam (especialmente profético), el sueño adquiere una importancia fundamental. El Lailat al Miraj (viaje nocturno), el mayor sueño de Mahoma (que lo inicia en los misterios cósmicos), comienza cuando se encuentra durmiendo entre las colinas de Safa y Meeva y se acerca el Ángel Gabriel, montado sobre Buraq – la yegua plateada medio humana – que solía llegar en un instante a Jerusalén, donde el profeta habla con Abraham, Moisés y Jesús. Continuando su viaje, volando sobre Buraq y guiado por Gabriel, pasa a través de las siete esferas celestiales, cada una con un color específico, es decir, los siete niveles de existencia. Finalmente se acerca a Dios. Hay versiones del texto en las que Mahoma no solo asciende a Dios, sino que penetra en las profundidades de la Tierra, abarcando toda la experiencia humana.



Tomado del libro: “El sueño y los sueños” de Carlos Bernardo Loureiro
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Febrero 17 de 2019
Santa Marta – Colombia


viernes, 15 de febrero de 2019

¿EL CLON TIENE ALMA?

MARLENE SEVERINO NOBRE



No hay duda de que la clonación humana es una de las grandes discusiones del momento, intensificada, sobre todo, después que los investigadores Severino Antinori y Panayotis Zavos declararan, el 7 de agosto de este año, ante la Academia Americana de Ciencias, en Washington, que están listos para copiar seres humanos.

De hecho, desde 1996, la clonación humana quedo mucho más próxima, con el nacimiento de la oveja Dolly, el primer clon mamífero, obtenido a través de la técnica desarrollada por el Instituto Roslin, en Escocia.

Cuando hablamos de clonación humana es preciso resaltar que estamos refiriéndonos a dos modalidades: la reproductiva, que produce bebés que son xerocopias de seres ya existentes, y la clonación terapéutica, que elabora embriones humanos con la finalidad de fabricar tejidos orgánicos diversos. En este último caso, las células tronco, conocidas como "semillas de vida", presentes en los primeros catorce días del desarrollo embrionario, son empleadas en la formación de tejido nervioso, pancreático, muscular, etc., con la finalidad de curar enfermedades, como, por ejemplo, el mal de Parkinson, la diabetes, el músculo infartado.

En los últimos meses, miles de religiosos y especialistas vienen reuniéndose, en varias partes del mundo, para discutir esos avances de la ciencia y sus complicadas cuestiones éticas.

Para nosotros, espíritas, las preocupaciones no son diferentes y precisan ser discutidas. ¿El hombre tiene el derecho de hacer copias humanas? ¿De manipular embriones? ¿El clon posee alma?

Algunas respuestas son más fáciles, otras no tanto, exigiendo una madura reflexión, libre de preconceptos y fanatismo.

Con relación a la cuestión espiritual: Antes de responder si el clon tiene o no alma, es preciso definirlo y recordar el proceso por el cual se pretende copiar seres humanos.

El clon es un ser vivo que tiene la misma constitución genética de otro.

Clonar, por lo tanto, significa hacer xerocopias de seres vivos. Hace miles de años, la naturaleza nos brinda clones humanos auténticos - los gemelos univitelinos - portadores del mismo genoma.

En la Clonación artificial, se hace la reproducción asexuada de un ser, manteniendo su carga genética. Para fabricar a Dolly, fueron necesarias tres ovejas. Una de ellas, la negra, donó el óvulo o gameto femenino, del cual se retiró el núcleo; en el lugar de este, se introdujo el núcleo de una célula mamaria adulta, retirada de otra oveja, la blanca, que se deseaba clonar. Por procedimientos técnicos especiales, se llevó esa célula recién-formada, al estado embrionario inicial, obteniéndose un embrión que fue trasplantado en el útero de una tercera oveja, que dio a la luz a la famosa oveja.

En líneas generales, ese mismo proceso, está siendo pensado para la clonación humana.

Sin duda, Dolly tiene alma, o mejor, tiene principio inteligente. Si así no fuera no sería un ser vivo. En la clonación humana, el raciocinio es el mismo. Basta recordar la enseñanza básica: "todo niño que ha sobrevivido a su nacimiento, tiene forzosamente encarnado en él un Espíritu", de lo contrario, “no sería un ser humano”. (El Libro de los Espíritus, pregunta 356 b). Así, si la clonación humana fuera un hecho, ciertamente, no producirá robots, sino seres auténticos. ¿Cuál es el factor que atrae al Espíritu al proceso reencarnatório? El principal de ellos es la sintonía magnética que funciona tanto en la reencarnación normal como en la clonación.

“Cuando un Espíritu debe encarnar en un cuerpo humano en vías de formación, un lazo fluídico, mera extensión de su periespíritu, lo une al germen hacia el cual se siente atraído por una fuerza irresistible, desde el momento mismo de la concepción", afirma Kardec (La Génesis, capítulo 11). Esta fuerza irresistible es el magnetismo.

En verdad, para reencarnar, basta el magnetismo de los padres, aliado al fuerte deseo del Espíritu reencarnante (ver “Entre la Tierra y el Cielo”, cap. 28). No se puede olvidar que la “sintonía magnética” no obedece a las leyes clásicas de la Física, sino está relacionada a la comunicación no local, que no depende del espacio y del tiempo.

En la clonación, los científicos llevan los genes de una célula adulta al estado embrionario, con eso, las moléculas de ADN comienzan a vibrar como un diapasón, repletas de poder magnético, constituyéndose, juntamente con el citoplasma del óvulo, en un verdadero polo de atracción para el Espíritu.

Con respecto a los problemas de la clonación: Vimos que el clon humano puede tener éxito; el Espíritu puede reencarnar si las condiciones son favorables. Esto, sin embargo, lleva a otra pregunta: ¿El clon humano es defendible?

De entrada, es preciso resaltar que la clonación es una técnica muy ineficiente, con un alto índice de fracaso. Para fabricar a Dolly, fueron hechas 277 tentativas, con un único éxito. Y aun así, ella ha envejecido precozmente; a pesar de tener cinco años, sus células son equivalentes a la de una oveja de 12 años, exactamente la edad de la oveja cuyo ADN fue utilizado en la experiencia.

En cinco años de clonación de mamíferos, hay menos de 50 animales clonados, lo que representa muy poco para la investigación científica. En ese periodo, han sido incontables las malformaciones, crías que nacen con enfermedades congénitas o se enferman inmediatamente; algunos viven con serias limitaciones y muchos son sacrificados.

La única manera de llegar a la perfección en la clonación es por la práctica, por la repetición, por la tentativa y el error; esto viene siendo hecho en animales, utilizándose, ampliamente, el aborto y la eutanasia. Y con embriones humanos, ¿cómo será?

Severino Antinori dice que practicará el aborto en todos los casos necesarios, porque es legal en el país donde pretende trabajar. Y la eutanasia, ¿la aplicará también?

Los especialistas calculan que serían necesarios mil clones de animales, con acompañamiento de 50 años para poder afirmar que la clonación humana es segura.

Desde el punto de vista espiritual, la clonación de animales viene indicando que hay problema con el fluido vital, porque los seres clonados envejecen precozmente. Así, no son sólo los problemas biológicos a ser considerados, sino también los relativos a los diversos envoltorios del Espíritu, los cuales, a rigor, presiden la formación corpórea.

El hecho es que la utilización del aborto y de la eutanasia, en las experiencias de clonación, demuestran el irrespeto a la vida. Y el científico espírita debe abstenerse de trabajar bajo tales condiciones.
La realidad es que es muy temprano para clonar humanos, no sólo del punto de vista de la Ciencia, sino también de la evolución espiritual de los terráqueos, que necesitan, urgentemente, de mayores progresos en el campo del sentimiento.


 Extraído del boletín SEI editado por el Hogar Fabiano de Cristo.
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

domingo, 13 de enero de 2019

LOS CENTROS NEUROFLUÍDICOS O CENTROS DE FUERZA



Los centros neurofluídicos o chakras (término hindú), son centros de energía en continuo movimiento alojados en distintas partes de nuestro cuerpo etéreo.  Los primeros estudios sobre los chakras datan de 2600 años atrás.  En sánscrito chakras significa rueda que gira de un vórtex.  Hoy en día algunos autores los definen como rueda de luz. 

La función de los chakras es revitalizar nuestro cuerpo físico y ayudarnos en el desarrollo del espíritu.  Ellos se encuentran en partes específicas de nuestro cuerpo y cumplen un propósito determinado. Unos dicen que los chakras se parecen a la flor de loto.  Hay quienes los retratan como ruedas que giran dentro de otras ruedas y otros los describen como las paletas de un ventilador o molino en movimiento. 

Si bien nos concentraremos en los siete chakras principales hay más chakras, menores o secundarios, en el cuerpo humano.  Estos son los centros que se activan en acupuntura y están íntimamente relacionados con las funciones físicas del cuerpo, mientras que los siete chakras mayores están vinculados a las emociones y la espiritualidad.

Las áreas donde se encuentran los chakras se ven directamente afectadas por sus propiedades, tanto cuando estos vórtex de energía giran saludablemente o cuando se encuentran bloqueados.  (Esta energía se mueve en forma circular en dirección a las agujas del reloj cuando están en su funcionamiento óptimo).

Según el esoterismo cada chakra posee características y atributos únicos. Los chakras tienen un color, una nota musical y una vibración específica, además de su propio símbolo, piedras, etc.

Es importante comprender que es en el periespíritu donde se encuentran los centros de fuerza o puntos energéticos, por donde fluyen las energías del cuerpo físico para el espíritu y del espíritu para el cuerpo físico.

Asegura Decio Landoli Jr. en su obra “Fisiología Transdimensional” que: “El simple hecho de admitir la existencia de componentes energéticos no mensurables en el ser humano, inaugura la Fisiología Transdimensional, puesto que pasamos a estudiar la parte del hombre que existe en una dimensión diferente de la explorada hasta ahora”.

Además reconoce que, “conocer las leyes que rigen los canales de energía, saber cómo el periespíritu actúa sobre el cuerpo físico y como el cuerpo físico puede influenciar el periespíritu, son los caminos que deberá seguir la medicina del próximo milenio, partiendo para la exploración de la medicina transdimensional. El descubrimiento de la conexión entre los centros de fuerza y las glándulas endocrinas demuestra como un desequilibrio en el sistema energético sutil del periespíritu, puede producir alteraciones anormales en las células de todo el cuerpo”.

André Luiz en sus obras “Entre la Tierra y el Cielo” y “Evolución en Dos Mundos”, reconoce la existencia de estos Centros de Fuerza y nos informa que:  Como conocéis, nuestro cuerpo de materia menos densa está íntimamente regido por siete centros de fuerza, que se conjugan en las ramificaciones de los plexos y que, vibrando en sintonía unos con los otros, al influjo del poder directriz de la mente, establecen, para nuestro uso, un vehículo de células eléctricas, que podemos definir como un campo electromagnético, en el cual el pensamiento vibra en circuito cerrado. Nuestra posición mental determina el peso específico de nuestra envoltura espiritual y, consecuentemente, el “hábitat” que le compite. Simple problema de patrón vibratorio. Cada uno de nosotros respira en determinado tipo de onda. Cuanto más primitiva se revela la condición de la mente, más flojo es el influjo vibratorio del pensamiento, induciendo la compulsoria aglutinación del ser a las regiones de la conciencia embrionaria o torturada, donde se reúnen las vidas inferiores que le son afines. El crecimiento del influjo mental, en el vehículo electromagnético en que nos movemos, tras abandonar el cuerpo terrestre, está en la medida de la experiencia adquirida y archivada en nuestro propio espíritu. Atentos a semejante realidad, es fácil comprender que sublimamos o desequilibramos el delicado agente de nuestras manifestaciones, según el tipo de pensamiento que nos fluye de la vida íntima. Cuanto más nos avecinamos a la esfera animal, mayor es la condensación oscura de nuestra organización, y cuanto más nos elevamos, al precio del esfuerzo propio, rumbo de las gloriosas construcciones del espíritu, mayor es la sutileza de nuestra envoltura, que pasa a combinarse fácilmente con la belleza, con la armonía y con la luz reinante en la Creación Divina.

No nos apartemos de las observaciones prácticas, para estudiar con claridad los conflictos del alma. Como los vicios del pensamiento, así será la desarmonía en el centro de fuerza, que reacciona en nuestro cuerpo a esta o aquella clase de influjos mentales. Apliquemos en nuestra clase rápida, tanto como nos sea posible, la terminología traída del mundo, para que vosotros podáis asimilar con más seguridad nuestros apuntes. Analizando la fisiología del periespíritu, clasifiquemos a sus centros de fuerza, aprovechando los recuerdos de las regiones más importantes del cuerpo terrestre. Tenemos, así, por expresión máxima del vehículo que nos sirve presentemente, el centro coronario, que en la Tierra, es considerado por la filosofía hindú como el loto de mil pétalos por ser el más significativo en razón de su alto potencial de radiaciones dado que en él se asienta la unión con la mente, fulgurante sede de la conciencia. Ese centro recibe en primer lugar los estímulos del espíritu, comandando a los demás, vibrando así mismo con ellos, en justo régimen de interdependencia. Considerando en nuestra exposición los fenómenos del cuerpo físico, y satisfaciendo a los impositivos de simplicidad en nuestras definiciones, debemos decir que de él emanan las energías de sostenimiento del sistema nervioso y sus subdivisiones, siendo el responsable por la alimentación de las células del pensamiento y el proveedor de todos los recursos electromagnéticos indispensables a la estabilidad orgánica. Es, por eso, el gran asimilador de las energías solares y de los rayos de la Espiritualidad Superior capaces de favorecer la sublimación del alma. A continuación, anotamos el “centro cerebral”, contiguo al “centro coronario”, que ordena las percepciones de variada especie, percepciones esas que, en la vestimenta carnal, constituyen la visión, la audición, el tacto y la vasta red de procesos de la inteligencia con relación a la Palabra, a la Cultura, al Arte, al Saber. Es en el “centro cerebral” que poseemos el comando del núcleo endocrino, referente a los poderes psíquicos. A continuación tenemos el “centro laríngeo”, que preside a los fenómenos vocales, Incluso, las actividades del timo, de la tiroides, y de la paratiroides. Después, identificamos el “centro cardíaco”, que sostenía los servicios de la emoción y del equilibrio general. Continuando en nuestras observaciones, señalamos el “centro esplénico” que, en el cuerpo denso, está situado en el bazo, regulando la distribución y la circulación adecuada de los recursos vitales por todos los rincones del vehículo que nos servimos. Continuando, identificamos el “centro gástrico”, que se responsabiliza por la penetración de alimentos y fluidos en nuestra organización y, por fin, tenemos el “centro genésico”, en el que se localiza el santuario del sexo, como templo modelador de formas y estímulos.

No podemos olvidar, que nuestro vehículo sutil, así como el cuerpo de carne, es creación mental en el camino evolutivo, tejido con recursos tomados transitoriamente por nosotros de los graneros del Universo, medio del que nos servimos para ambientar, en nuestra individualidad eterna, la divina luz de la sublimación, con la que nos cabe demandar las esferas del Espíritu Puro. Todo es trabajo de la mente en el espacio y en el tiempo, valiéndose de millares de formas, a fin de purificarse y santificarse para la Gloria Divina. (Entre la Tierra y el Cielo).

En Evolución de Dos Mundos, André Luiz aborda nuevamente el tema de los Centros de Fuerza anotando que: “Así, rigiendo la actividad funcional de los órganos definidos por la fisiología terrena, en él identificamos el centro coronario, instalado en la región central del cerebro, sede de la mente, centro que asimila los estímulos del plano Superior y orienta la forma, el movimiento, la estabilidad, el metabolismo orgánico y la vida consciente del alma encarnada o desencarnada en el rol de aprendizaje que le corresponde en la escuela planetaria. El centro coronario supervisa, además, los otros centros vitales que obedecen al impulso procedente del Espíritu, así como las piezas secundarias en una industria responden al comando de la pieza-motor de que se sirve en su aprendizaje el hombre para concatenarlas y dirigirlas.

De esos centros secundarios, interconectados en el psicosoma y, consecuentemente, en el cuerpo físico por redes plexiformes, destacamos el centro cerebral contiguo al coronario, con influencia decisiva sobre los demás, gobernando la corteza encefálica en la sustentación de los sentidos, marcando la actividad de las glándulas endocrinas y administrando el sistema nervioso en toda su organización, coordinación, actividad y mecanismo, desde las neuronas sensitivas hasta las células efectoras; el centro laríngeo controlando notadamente la fonación y la respiración; el centro cardíaco dirigiendo la emotividad y la circulación de las fuerzas de base; el centro esplénico determinando todas las actividades en que se expresa el sistema hemático, dentro de las variaciones del medio y volumen sanguíneo; el centro gástrico, responsabilizándose de la digestión y absorción de los alimentos densos o menos densos que, de cualquier modo, representan concentraciones fluídicas que penetran toda la organización, y el centro genésico guiando el modelado de nuevas formas entre los hombres y el establecimiento de estímulos creadores con vistas al trabajo, a la asociación y a la realización entre las almas”.

Es importante saber que entre las dos obras citadas median 4 años así:

  • ·         Entre la Tierra y el Cielo salió a la luz pública en 1954.
  • ·         Evolución en Dos Mundos en 1958.


martes, 11 de diciembre de 2018

CONSECUENCIAS DE LA UTILIZACIÓN DE LOS MÉTODOS ANTICONCEPTIVOS


¿Cuáles son las posibles consecuencias espirituales del uso de los diferentes métodos anticonceptivos? Los estudiosos espíritas, encarnados y desencarnados, no divergen en relación a esta cuestión. Dependiendo del método utilizado y de la intención de la persona, las consecuencias pueden ser bastante serias. Por eso, Richard Simonetti (La Constitución Divina, pág. 38) sugiere que la planificación familiar se haga con bases naturales, observando los ciclos femeninos de fertilidad y no cerrando enteramente las puertas de la concepción, conscientes los esposos que los hijos que vienen lo harán bajo la acción del Plano Espiritual, de acuerdo con los programas trazados.

Léon Denis (Espíritu) advierte en Crestomatía de la Inmortalidad, cap. 14, obra psicografiada por Divaldo P. Franco, que es de Ley que los crímenes cometidos en la esfera física sean resarcidos. Así, todo atentado injustificado a los centros de la fertilidad masculina o femenina podrá redundar, sin duda, en la esterilidad futura, con que el Espíritu renacerá, sin hablar de las neurosis, de las psicosis, de los desajustes familiares y de los dramas horrendos que conforman la cosecha de las medidas tomadas contra la Naturaleza.

Las consecuencias del uso de los métodos anticonceptivos son, pues, los siguientes: A) El aplazamiento de las experiencias programadas, con un posible agravamiento de las pruebas. B) Lesión del cuerpo espiritual, dependiendo del método utilizado, del grado de conocimiento de la falta y de la intención del agente, pudiendo acarrear infertilidad, enfermedades genésicas varias etc. C) Repercusiones negativas en el psiquismo de las personas comprometidas, pudiendo desencadenar patologías emocionales. D) Obsesión por parte de los que, ante el rechazo, pueden eventualmente desencadenar un proceso de constricción mental negativo.

Teniendo en cuenta esto, si es necesario valerse de algún método anticonceptivo se debe preferir los métodos naturales (del ritmo o calendario, moco cervical, temperatura basal, coito interrumpido) o los métodos de barrera (condón, diafragma etc.), por ser menos lesivos a la organización física y al periespíritu.

Astolfo Olegário de Oliveira Filho
Traducido del portugués por: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

sábado, 8 de diciembre de 2018

¿EXISTE REALMENTE SATANÁS EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD?


Imagen de una caja de cerillas de los años 60 - 70´s.
Satanás es tema obligado a la hora de analizar las imperfecciones del hombre. Culpable es él, nos enseña la religión, de nuestros desaciertos morales, vicios y pasiones en desequilibrio y sobre él pesa la culpa de esos errores o “pecados”, liberándonos de las responsabilidades propias de quien hace mal uso del libre albedrío. La misma religión nos manifiesta que la sangre de Cristo limpia nuestros pecados[1], quedando de esa manera nuestra conciencia libre de responsabilidad ante las iniquidades cometidas contra el prójimo y por lógica consecuencia, sobre nosotros mismos.

El hombre buscando librarse de la responsabilidad de sus actos, no contento con echarle culpas a Satanás de sus errores, saca un as bajo la manga y crea las indulgencias, prometiendo a los fieles la “fácil remisión de los pecados, presentes y aún futuros a cambio de dinero”, tema este que causó indignación en Martín Lutero, lo cual lo llevó un 1° de noviembre de 1517 a proclamar las 95 tesis filosóficas, las cuales fueron fijadas en las puertas del Templo del Castillo de Witemberg. 

La autora espiritual Juana de Ángelis afirma que «Ciertamente, la “fe salva”, no empero, como forma simplista y precipitada de premiar la irregularidad y el error a golpes de remordimiento tardío y de inmediata aceptación divina, en el momento de la desencarnación[2]».
                                                                                                         
El significado de la palabra Satán en hebreo es “adversario” y su origen conforme a algunos autores, es divino. En Job 1, se referencia que Satanás fue uno de los más brillantes ángeles de Dios, con un sitial especial en servicio a la Divinidad. Además, Ezequiel en el capítulo 28 nos lo describe como un “querubín grande y protector, lleno de sabiduría, acabado de hermosura y sin tacha moral[3]”. Según Ezequiel[4], las preocupaciones por alcanzar la gloria y su belleza, y su interés por destronar a Dios, lo llevaron a la desgracia, arrastrando con él a muchos ángeles que se le unieron a sus intenciones. Estas fueron razones suficientes para que Dios los expulsara del cielo hacia la Tierra, perdiendo por siempre su condición de querubín ungido por la divinidad.

Para Satanás resultó más fácil ejercer su acción maléfica contra el hombre, ante la imposibilidad de enfrentar la omnipotencia de Dios. Su primera actuación, de acuerdo con el Génesis[5], se verifica cuando personificando a una serpiente tienta a Eva en el paraíso con el consecuente destierro del mismo, junto a Adán, a causa de su desobediencia.

La Doctrina Espírita esclarece que “durante muchos siglos y con diversos nombres, el doble principio del bien y el mal fue la base de todas las creencias religiosas. Fue personificado con los nombres de Ormuz y Ahrimán entre los persas, con los de Jehová y Satán entre los hebreos. Pero, como todo soberano debe tener ministros, las religiones admitieron poderes secundarios, o genios buenos y malos. Los paganos los personificaron mediante una multitud innumerable de individualidades, a las que dieron el nombre genérico de dioses, cada uno con atribuciones especiales para el bien y para el mal, para los vicios y para las virtudes. Los cristianos y los musulmanes heredaron de los hebreos los ángeles y los demonios[6].

Lo anterior es reafirmado cuando leemos en Efesios: “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales[7]”.

En la obra Senderos de Liberación, Manoel Philomeno de Miranda, nos amplía el concepto de Efesios, afirmándonos que “Las figuras mitológicas de los demonios y sus reinos, los abismos infernales y sus torturadores de almas son relatos inicialmente hechos por personas que fueron hasta allí conducidas en desdoblamiento espiritual -por afinidad moral o por los Mentores a fin de advertir a las criaturas de la Tierra-, antros sórdidos que aquellos gobiernan y donde instalaron el terror, dando la equivocada idea de que en aquellos parajes el tiempo no transcurre, en un concepto absurdo de la eternidad a la que se aferran diversas religiones, las cuales más atemorizan que educan.

Mártires y santos, profetas y escritores, artistas y poetas de casi todos los pueblos y épocas, los que eran médiums, visitaron esos Núcleos terroríficos y conocieron a sus habitantes trayendo en la memoria, nítidas, sus configuraciones, que las fantasías y leyendas enriquecieron con variantes de acuerdo con la cultura, la región y el tiempo, presentes por tanto en la historiografía de la humanidad.

Variando de denominación, cada grupo, como ocurre en la Tierra, tiene su jefe y se destina a una finalidad coercitiva, reparadora. Periódicamente esos jefes se reúnen y eligen un comandante a quien prestan obediencia y sumisión, concediéndole regalías reales... Las ficciones más audaces no logran concebir la realidad de lo que ocurre en tales dominios.

Necios y absolutistas, anularon la conciencia en el mal y en la fuerza, convirtiéndose en adversarios voluntarios de la Luz y del Bien, que pretenden combatir y destruir[8]”.

De esa manera entendemos que no existe un segundo dios, personificando al mal, sino que se trata de las almas de aquellos hombres que vivieron en el Tierra, propensos al mal e induciendo a los encarnados a la perdición y de ese modo retardar su progreso ante las pruebas que deben enfrentar. “Algunos pueblos los han convertido en divinidades malignas, otros los designan con nombres tales como demonios, genios malos o Espíritus del mal[9]”.

Sin embargo, en contra de lo que enseña la religión cristiana, al hombre malo no lo espera el castigo eterno en el infierno, todo lo contrario. Allan Kardec en la pregunta 116 de El Libro de los Espíritus, cuestiona a la espiritualidad sobre si estos seres quedarán en la perpetuidad inferior y ellos con profunda sabiduría respondieron “No, todos llegarán a ser perfectos”. Y van más allá, al asegurar que los Espíritus no degeneran, “a medida que avanzan comprenden lo que los alejaba de la perfección. Cuando el Espíritu ha concluido una prueba, adquirió el conocimiento de ella y no lo olvida. Puede permanecer estacionario, pero no retrocede[10]”.

Así las cosas, la concepción del ángel caído cae por su propio peso, pues un ser angelical que alcanzó el más alto grado de perfección, no retrograda. En resumen, Satanás no es más que la representación de la maldad, sintetizada en las bajas pasiones, la avaricia, la brutalidad, la ambición desmedida, el poder, la lubricidad y todas aquellas inferioridades morales propias de los vivos, que ya desencarnados, se convierten en el mayor reto para aquel que lucha contra sus malas tendencias, en busca de la plenitud espiritual.




[1] “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. 1 Carta de Juan, versículo 7.
[2] Juana de Ángelis,
[3] Ezequiel 28:12–15
[4] Ezequiel 28:15–19
[5] Génesis cap. 3, v. 1 – 6
[6] Allan Kardec, El Cielo y el Infierno, Los Demonios, Primera Parte, Cap. IX. pág. 134. Edicei, 2010.
[7] Efesios 6:12
[8] Manoel Philomeno de Miranda – Divaldo P. Franco. Senderos de Liberación, Los genios de las tinieblas, pág. 97. Ediciones Juan de Ángelis, Buenos Aires, Argentina, 1999.
[9] Allan Kardec, El Libro de los Espíritus, Décima Clase, Libro Segundo, Capítulo Primero, pregunta 102, pág. 122. Ediciei, 2008.
[10] Ibídem, pregunta 118.

CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...