miércoles, 14 de marzo de 2012

Allan Kardec y la Reencarnación


El siguiente trabajo ha sido realizado en forma de entrevista hipotética, con todo el respeto que nos merece, entre el autor del blog y el codificador del Espiritismo Allan Kardec.
¿Cuál es la razón de la sin igual disparidad de caracteres, tanto en el campo moral como intelectual, de los seres encarnados en la Tierra?
El progreso intelectual y el progreso moral rara vez marchan a la par, pero lo que el espíritu no hace en un tiempo, lo hace en otro, de manera que los dos progresos concluyen al llegar a un mismo nivel. Esta es la razón del por qué se ven frecuentemente hombres inteligentes e instruidos muy poco adelantados moralmente y viceversa.

¿Y cómo se opera ese progreso intelecto-moral, tan importante para la encarnación de los seres?
La encarnación es necesaria para alcanzar tanto el progreso moral como el intelectual del espíritu. El progreso intelectual, a través de la actividad que tiene que desplegar en su trabajo. El progreso moral, mediante la necesidad que los hombres tienen los unos de los otros. La vida social es la piedra de toque de las buenas y de las malas cualidades. La bondad, la maldad, la dulzura, la violencia, la benevolencia, la caridad, el egoísmo, la avaricia, el orgullo, la humildad, la sinceridad, la franqueza, la lealtad, la mala fe, la hipocresía, en una palabra, todo lo que constituye el hombre de bien o el perverso, tiene por móvil, por objeto y por estimulante, las relaciones del hombre con sus semejantes. Para el hombre que viviera solo, no habría ni vicios ni virtudes: si por el aislamiento se preserva del mal, anula del mismo modo el bien.
¿Por qué una sola encarnación no es suficiente para alcanzar la perfección?
Una sola existencia corporal es prácticamente insuficiente para que el espíritu pueda adquirir todo lo que le falta en bien y se deshaga de todo lo que es malo en él. El salvaje, por ejemplo, ¿podría quizá, en una sola encarnación, llegar al nivel moral e intelectual del hombre civilizado más adelantado? Esto es materialmente imposible. ¿Debe, pues, quedar eternamente en la ignorancia y la barbarie, y privado de los goces que sólo puede procurar el desarrollo de las facultades? El simple buen sentido rechaza tamaña suposición, que representaría, a la vez, la negación de la justicia y de la bondad de Dios y la de la ley progresiva de la Naturaleza. Por eso Dios, que es soberanamente justo y bueno, concede al espíritu todas las existencias necesarias para llegar al fin, que es la perfección. En cada nueva existencia, el espíritu trae lo que ha adquirido en las precedentes, en aptitudes, conocimientos intuitivos, inteligencia y moralidad. Cada existencia es así un paso adelante en la vía del progreso.
¿Y un espíritu que alcanzó la perfección no vuelve a reencarnar?
La encarnación es inherente a la inferioridad de los espíritus: no es necesaria para aquellos que traspasaron el límite y que progresan en el estado espiritual o en las existencias corporales de los mundos superiores, que nada tienen de la materialidad terrestre. La encarnación de estos seres superiores en mundos materializados es voluntaria, con el objeto de ejercer con los encarnados una acción más directa para el cumplimiento de la misión de la cual están encargados y por la cual deben estar cerca de ellos. Aceptan las vicisitudes y los padecimientos por abnegación.
¿Qué sucede con los espíritus que regresan al mundo espiritual?
En el intervalo de las existencias corporales, el espíritu vuelve, por un tiempo más o menos largo, al mundo espiritual, en el cual es feliz o desgraciado según el bien o el mal que hizo. El estado espiritual es el estado normal del espíritu, ya que ese debe ser su estado definitivo, puesto que el cuerpo espiritual no muere, y el estado corporal sólo es transitorio y pasajero. En el estado espiritual, sobre todo, el espíritu recoge los frutos del progreso logrados por su trabajo realizado por la encarnación. También se prepara para nuevas luchas y toma las resoluciones que se esforzará en practicar a su vuelta a la Humanidad.

¿Progresan los espíritus en el mundo espiritual?
El espíritu progresa igualmente en la erraticidad. Allí adquiere conocimientos especiales que no podría lograr en la Tierra, y sus ideas se modifican. El estado corporal y el espiritual son para él el origen de dos géneros de progreso solidarios el uno con el otro, y por eso pasa alternativamente por estos dos modos de existencia.
¿Los espíritus sólo reencarnan en la Tierra?
La reencarnación puede verificarse en la Tierra o en otros mundos. Entre los mundos, hay unos más adelantados que otros donde la existencia se cumple en condiciones menos penosas que en la Tierra, física y moralmente. Pero en ellos sólo son admitidos los espíritus llegados a un grado de perfección acorde con el estado de aquellos mundos.

BIBLIOGRAFIA

  1. El Cielo y el Infierno, Cap. III, El Cielo, pág. 16 y 17.


domingo, 26 de febrero de 2012

Jesús, el entrañable amigo de los samaritanos

Por: Oscar Cervantes Velásquez

Santa Marta - Colombia

Estudiando las páginas del Evangelio, nos encontramos con preciosas lecciones de tolerancia y respeto por las creencias religiosas de los pueblos, asumidas por Jesús. Una de estas es su relación con los samaritanos, grupo étnico y religioso que habitaba la parte norte de la margen occidental del río Jordán. Samaria, debido a su estratégica posición geográfica, sufrió varias invasiones, particularmente la de los asirios (año 721 a. C.), pueblos exiliados de todas partes del imperio que se establecieron en una amalgama de razas y creencias generalizadas[1].

Sin embargo, Samaria posee un rico valor histórico en la cultura hebrea que la convirtió en fuente de inspiración y enseñanza por parte del Maestro de Galilea, aprovechando que la hostilidad entre samaritanos y judíos era muy grande, al extremo de que estos evitaban todo contacto con aquellos, para dejarnos el mensaje de reconciliación entre los pueblos, superando odios y animosidades típicas de nuestro carácter inferior.

No pretendemos ser estrictos en el manejo del tiempo cronológico acerca de los cuatro hechos que vamos a analizar y en los que los samaritanos aparecen como protagonistas en la vida de Jesús. En el capítulo IX del Evangelio de Lucas hallamos la primera de las experiencias de Jesús y el pueblo samaritano, cuando el Rabí les solicita a sus discípulos que se adelanten y hagan los preparativos necesarios para su llegada a una aldea de samaritanos, aun a sabiendas de que iban a ser rechazados. Sucedió entonces lo que, por lógica, debía suceder: fueron expulsados airadamente del poblado, pues iban de paso hacia Jerusalén para celebrar la Pascua. 

La actitud que asumen sus discípulos es totalmente contraria a la que Jesús esperaba. La rabia se apodera de ellos, a tal punto que Santiago y Juan le dicen: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero él se volvió hacia ellos y les reprendió. Jesús termina el incidente con sus discípulos, afirmándoles: «Vosotros no sabéis de qué espíritu sois, porque el Hijo del Hombre no ha venido para destruir las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea[2]».

Hermosa lección que nos demuestra la capacidad de Jesús para enfrentar las agresiones del mundo, como enseña Amelia Rodrigues, con un antídoto único, eficiente y poderoso: el amor[3]. 

En el Evangelio de Lucas, capítulo 17:11-19, encontramos nuevamente una cita en la que, a Jesús, camino hacia Galilea, le salen al encuentro diez leprosos, quienes, a una prudente distancia, le gritan: 

—¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 

Cuando él los vio, les dijo:

—Id, mostraos a los sacerdotes. 

Y aconteció que, mientras iban, quedaron limpios.

Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias. Este era samaritano. Jesús le preguntó:

—¿No son diez los que han quedado limpios? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviera y diera gloria a Dios sino este extranjero?

Y le dijo:

—Levántate, vete; tu fe te ha salvado[4].

En este pasaje observamos que Jesús resalta la virtud del reconocimiento que hace el samaritano ante el acto de sanación con que ha sido bendecido. Además, a pesar de los conflictos derivados de las malas relaciones existentes entre ambos pueblos, la enfermedad que los convertía en un estigma social los unía ante la exclusión a que eran sometidos por la sociedad. Pero quizás lo importante de esta enseñanza es que Jesús identifica en el samaritano un modelo de fe, muy por encima de los nueve judíos que van y cumplen la advertencia de Jesús de mostrarse ante los sacerdotes, pero se olvidan del agradecimiento hacia quien, como intermediario de Dios ante los hombres, les ofreció la sanación. 

En el evangelio de Juan ubicamos a Jesús en un maravilloso coloquio con la mujer samaritana. Esta vez es en la ciudad de Sicar, particularmente en el pozo de Jacob, hasta donde se había acercado Jesús, fatigado de una larga jornada de viaje: «cerca de 50 kilómetros de marcha. La garganta reseca y el cuerpo cansado y cubierto de polvo reclamaban agua cristalina y refrescante[5]». Jesús, identificando el mundo íntimo de esta mujer, le solicita de beber, importándole poco los prejuicios culturales y atavismos infames que flaco servicio le hacen a las costumbres de los pueblos. Lo que sucede posteriormente es narrado por el evangelista de esta manera:

¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?

Jesús le respondió: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.

Le dice la mujer: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? 

¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados? 

Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna[6]».

El diálogo que continúa despierta ese ser interior que sufre y se acongoja por los pesares de la vida, pero que siempre espera, en su fuero íntimo, las bendiciones del Creador que le permitan despertar su conciencia e iniciar un nuevo rumbo hacia el reencuentro con la paz perdida y el camino hacia la eterna felicidad. Las palabras de Jesús son como bálsamo que santifica la conciencia de esta mujer, que se siente inferior ante la sabiduría y el amor que dimanan del Mesías, ese Mesías que el pueblo samaritano también espera y del que dice la mujer: «Yo sé que el Mesías está próximo a llegar, y cuando él venga nos anunciará todo…». 

Ante estos interrogantes, Jesús le responde: «¡Soy yo el que habla contigo!». Por eso dice: «la salvación viene de los judíos».

De acuerdo con las enseñanzas de Juan, la mujer da aviso a los habitantes de la aldea acerca de su maravillosa experiencia con Jesús. Estos comprueban lo dicho por la mujer y asisten admirados al llamado hacia el despertar de una Nueva Era, llena de esperanza y felicidad. Los habitantes de Sicar, en un acto de agradecimiento hacia él, lo invitan a quedarse con ellos, como en efecto lo hace, «durante dos días predicando, curando, brindando la certeza de la vida más allá de la vida[7]». 

La más hermosa enseñanza que Jesús nos deja con relación a los samaritanos la encontramos en el Evangelio de Lucas, en la parábola del Buen Samaritano. Aprovechando que un escriba se le acerca para indagarle acerca de cómo alcanzar la vida eterna, el Maestro de Galilea describe el más hermoso poema de amor y humildad hacia su prójimo, cuestión central que surge de la inquietud del escriba al inquirirle a Jesús acerca de quién era su prójimo. 

La fascinante historia del samaritano permite al escriba comprender la importancia que tiene la acción misericordiosa ante el sufrimiento y el dolor de los demás. Es el amor en acción, sin barreras ni preconceptos que limiten el accionar de aquel que comprende la caridad como condición absoluta de la felicidad futura[8]. El samaritano, quien no vacila ante el sufrimiento ajeno, contrario a lo que hacen el sacerdote y el levita, representantes oficiales de la religión de la época, se mueve a compasión por él y pone en acción su amor al prójimo.

La lección de Jesús no solo nos permite comprender la importancia de la caridad en la vida del ser humano, sino que pone en evidencia la falta de solidaridad por parte de quienes representan la religión oficial, mientras que al considerado «hereje» lo plantea como modelo de lo que hay que hacer ante el dolor en el mundo.

Hay samaritanos y judíos en el camino de la Verdad, esa verdad que el Galileo nos recuerda que nos hará libres; libres de la ignominia de nuestros actos y de la ignorancia que nos ha hecho dar tumbos en el largo camino hacia la felicidad. Hay samaritanos que expulsaron a Jesús; hay quienes lo invitaron a quedarse con ellos; hay quienes le sirvieron de ejemplo para dejar inscrito en la conciencia colectiva de la humanidad el sentimiento de compasión y misericordia hacia sus hermanos. Por eso, Jesús los tomó como modelo y fue, tal vez, su único amigo en la historia de los tiempos[9].[9]



[1] Amelia Rodrigues: Primicias del Reino y Por los Caminos de Jesús, obras psicografiadas por Divaldo Pereira Franco.

[2] Lucas (9, 52-56).

[3] «…Y lo expulsaron de allí». Por los caminos de Jesús. Amelia Rodrigues/Divaldo Franco. Librería Espírita Alborada Editora. 1995.

[4] Lucas, cap. 17:11-19.

[5] «La mujer de Samaria». Las Primicias del Reino, Amelia Rodrigues/Divaldo Franco. Librería Espírita Alborada Editora. 1983.

[6] Juan 4:1-14.

[7] «La mujer de Samaria». Las primicias del Reino. Amelia Rodrigues/Divaldo Franco. Librería Espírita Alborada Editora. 1983.

[8] «Fuera de la caridad no hay salvación». El Evangelio según el Espiritismo, cap. XIV. Editora Mensaje Fraternal, 1998.

[9] «…Y lo expulsaron de allí». Por los caminos de Jesús. Amelia Rodrigues/Divaldo Franco. Librería Espírita Alborada Editora. 1995.

lunes, 20 de febrero de 2012

Juan Huss: La Película

Les presentó un bellísimo e histórico drama, que retrata con fidelidad la vida gloriosa del cristiano ejemplar Juan Huss– el mismo mereció de la Academy of Christian Cinematographic Arts los premios de: Mejor Película, Mejor Actor y Mejor Actor de Reparto en 1977.

Sacerdote checo (1369-1415), se formó en Teología y, después, en Artes, por la Universidad de Praga. En 1401 asumió la Rectoría de esta Universidad y, al año siguiente, fue nombrado párroco de la capilla de Belén, en esta capital.

En 1410, fue excomulgado en vista de sus críticas al Clero, especialmente por la venta de las indulgencias. No aceptaba la supremacía papal, sólo la persona de Cristo como jefe y cabeza de la Iglesia, considerando el Evangelio como “única ley”. Así, Huss abrió camino a Martín Lutero (1483-1546), teólogo alemán, figura mayor de la Reforma Protestante.

Además de reformador religioso, Huss fue un defensor de la nacionalidad checa. Como escritor, estableció una nueva ortografía, reformando la lengua literaria checa, esforzándose por eliminar las formas germánicas. Por eso, la Bohemia lo considera fervoroso patriota y es venerado como santo y mártir de la fe.

En el Concilio realizado en la Ciudad de Constanza, Alemania, en 1415, donde Huss compareció para defender sus ideas, fue juzgado como hereje, y condenado a muerte en la hoguera.

En el siglo XIX, al recibir la misión de Jesús, Huss reencarna como Kardec.

jueves, 21 de julio de 2011

LAS SUTILES CARAS DE LA OBSESIÓN

De la perturbación anímica a la terapia del perdón

Imagen generada por IA

Por: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta - Colombia

La Real Academia Española define la obsesión como una "Perturbación anímica producida por una idea fija". El término obsesión que proviene del latín obsessio y que significa asedio, es considerada efectivamente por la ciencia oficial (psicología/psiquiatría), una perturbación anímica producida por una idea fija que acompaña a la persona, llevándola a estados penosos y angustiantes.

Para la Parapsicología este término define el estado en el que una persona es controlada por "otra personalidad" ajena a sí misma; de hecho, se trata de una "personalidad intercalada" en su mente, lo que provoca la separación de la individualidad del ser por elementos psíquicos disociados. En algunos casos puede derivar en un estado de posesión[1].

La Doctrina Espírita la ha definido como “el predominio o coacción producida por un espíritu sobre la voluntad del hombre… atacando, no solamente a quienes poseen facultades mediúmnicas y las ejercitan, sino a un número de personas mayor de lo que se supone[2]”.

Al observar a nuestra humanidad encarnada en la Tierra, notamos que cada quien, en mayor o menor medida carga con sus manías u obsesiones, tales como la manía por la limpieza, por cerrar las puertas, por el orden, etc. La literatura espírita nos ilustra que Poncio Pilatos cargo hasta el final de sus días “un cuadro neurótico-obsesivo, que lo hizo célebre frente a la situación aflictiva de lavarse siempre las manos, que le parecían sucias por la sangre del inocente. Su desdicha habría finalizado, sólo cuando se suicidó arrojándose al cráter de un volcán extinguido en Suiza[3]”.

Es natural nuestra preocupación por los problemas obsesivos que el ser humano carga como un lastre, con raíces sujetas al pasado y que hoy repercuten cual diapasón, en las telas sutiles de la mente encarnada. Juana de Angelis, dispuesta siempre a darnos luces de comprensión ante tan delicado problema, asegura que “es incontrolable el número de los perseguidos por Espíritus desencarnados en nuestros días. La inmensa masa de obsesos que tienen sus mentes y cuerpos violados por fluidos perturbadores, yace quebrantada por una hipnosis segura que la domina, o es azuzada por una inducción criminal, que la desorganiza y alucina[4]”.

Tal situación representa para el espírita, y para las Casas Espíritas en particular, la necesidad de trabajar con ahínco en la divulgación de estas verdades, pues tal como lo expresa el Espíritu de Verdad en El Libro de los Espíritus, “Es preciso explicar bien y desarrollar esas leyes, puesto que hay tan poca gente que las comprende y menos aún que las practica. Nuestra misión es la de impresionar los ojos y los oídos para confundir a los orgullosos y desenmascarar a los hipócritas: los que toman las apariencias de la virtud y de la religión para ocultar sus torpezas. La enseñanza de los Espíritus debe ser clara e inequívoca, a fin de que nadie pueda pretextar ignorancia y que cada uno pueda juzgarla y apreciarla con su razón. Estamos encargados de preparar el reino del bien anunciado por Jesús; por esto, no es preciso que cada uno interprete la ley de Dios al capricho de sus pasiones, ni falsee el sentido de una ley que es todo amor y caridad[5]”.

Para comprender el compromiso que asume el espírita ante las verdades proclamadas por Jesús y sobretodo, ante el intenso servicio que prestó a los pobres y desheredados de la Tierra, debemos considerar el extraordinario poder y su piedad para con quienes sufrían los embates de los espíritus obsesores, valiéndose de la autoridad que lo acreditaba como Hijo de Dios encarnado en la Tierra. Nos corresponde hoy, multiplicar sus enseñanzas ya sea desde la tribuna o en el refugio del hogar, ya en el sitio de trabajo o donde nuestra palabra consoladora puede calar en los corazones ansiosos del "pan de la vida", al que alegóricamente proclamaba Jesús, siempre dispuestos a la redención de nuestras faltas sirviendo y amando.

Ante la obsesión, solo la terapia del perdón puede desatar los lazos que los unen, aunado al ejercicio de la voluntad y la transformación moral que tanto ayuda a que obsesor y obsesado reencuentren el camino de la paz. Como asegura Juana de Angelis “Como a los hombres y a nosotros, Espíritus imperfectos, nos falta la autoridad real, busquemos en Jesús los valiosos recursos de la caridad y de la luz, de la misericordia y del amor, de la fraternidad y del bien que nos cabe ofrecer a los hermanos atribulados de la Tierra como a los del más allá, consumidos por obsesiones – en demostración soberana de que la muerte libera al Espíritu del cuerpo, empero, no modifica estructuralmente a aquellos que atravesaron el portal de cenizas -, los valores santificantes que habrán de guiarlos con seguridad hacia la sublime madrugada de la vida[6]”.

En definitiva, la obsesión trasciende la simple perturbación anímica descrita por la ciencia para revelarse como un conflicto del alma arraigado en el pasado. Comprender que este "asedio" es una interacción entre conciencias —vivas o desencarnadas— nos permite pasar del diagnóstico a la solución: la transformación moral. Solo mediante el ejercicio de la voluntad, la caridad y la terapia del perdón inspirada en el ejemplo de Jesús, es posible romper las cadenas de la hipnosis obsesiva y alcanzar la verdadera salud integral del Espíritu.


[1] http://diccionario.babylon.com/obsesi%C3%93n/

[2] Alienación obsesiva, Espíritu Rufino Juanco y psicografia de Divaldo Pereira Franco. Hacia las Estrellas, Librería Espírita Alvorada Editora, Salvador Bahía, Brasil, 1990, pág. 113.

[3] Triunfo Personal, Juana de Ángelis/Divaldo P. Franco. Trastorno Obsesivo-Compulsivo, pág. 104. Librería Espírita Alborada Editora (LEAL).

[4] Deudas y rescates, Espíritu Juana de Angelis y psicografia de Divaldo Pereira Franco. En el Borde del Infinito, pág. 123, Instituto de Difusión Espírita, IDE.

[5] El Libro de los Espíritus, preg. 627. Instituto de Difusión Espírita, IDE.

[6] Las sesiones mediúmnicas de caridad, Espíritu Juana de Angelis y psicografia de Divaldo Pereira Franco. En el Borde del Infinito, pág. 131, Instituto de Difusión Espírita, IDE.

sábado, 14 de mayo de 2011

Visión Espírita de la Ola Invernal en Colombia


Varias poblaciones del sur del Atlántico sufren las consecuencias de la ola invernal. El corregimiento de Bohórquez es una de las poblaciones inundadas[1].


Preocupa la forma en que la “naturaleza” se ensaña con las poblaciones colombianas, pues no hemos salido aún de la calamitosa situación a costa del invierno que el pasado año (2010) dejo altas cifras de damnificados en 599 municipios de 28 departamentos del país, sin incluir a la capital colombiana[2], cuando ya las cifras del invierno 2011 nos indican, como lo ha anunciado el gobierno, que rebasará cifras significativas con relación a los últimos años. A ello sumémosle las dificultades que debe enfrentar la población afectada, con todas las secuelas que ello implica como son: asistencia alimentaria, agua, saneamiento básico, albergues, educación y salud, por sólo nombrar algunas de las más importantes.

Desde ya hace muchos años, las organizaciones ambientalistas, viene alertando a los gobiernos de los principales países involucrados en la producción, la necesidad de reducir las emisiones de gases contaminantes que influyen directamente en el calentamiento global. Entre los tantos intentos de buscar acuerdos podemos destacar el Protocolo de Kioto, el cual es un acuerdo internacional que tiene por objetivo reducir las emisiones de seis gases que causan el calentamiento global a saber: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: Hidrofluorocarbonos (HFC), Perfluorocarbonos (PFC) y Hexafluoruro de azufre (SF6), en un porcentaje aproximado de al menos un 5%, dentro del periodo que va desde el año 2008 al 2012, en comparación a las emisiones al año 1990. Sin embargo, el acuerdo solo entró en vigor el 16 de febrero de 2005, después de que 55 naciones que sumaban el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero lo ratificaran. En la actualidad 175 países lo han ratificado, aunque hay grandes ausencias como la de Estados Unidos y Australia[3].

Colombia, en el escenario del mundo, no está ajena ha toda esta problemática al punto que investigadores consideran que en Colombia se podrían ver afectados el 10% del PIB agrícola de la costa Pacifica y un 4,3% del PIB de la del Caribe por un eventual ascenso de un metro en el nivel medio del mar. Adicionalmente, municipios e infraestructura se verían expuestos a inundaciones, causando perdidas humanas y económicas[4]. Si tenemos en cuenta que desde hace algunos años se vienen manejando cifras en relación a la afectación que el clima tendría en nuestro país, no es de extrañar que fenómenos como el del niño o la niña, que tantos estragos vienen causado en nuestro país, sean la resultante de todas estas advertencias que los científicos han estado “prediciendo o previendo” a los gobiernos del mundo.

Recordemos a Kardec, quien en La Génesis, nos invita a que… “Comprendamos mejor a la Naturaleza”[5], pues la misma historia del globo terráqueo es una sinfonía sin fin de cómo el hombre, abusando de su condición de ser inteligente de la creación, ha venido usufructuando de los recursos naturales en detrimento de su equilibrio y sostenimiento. Estas consideraciones nos llevan a hacer una profunda reflexión de lo que Allan Kardec en “la Génesis” afirma acerca de que… “En estos momentos se está operando uno de esos movimientos generales que traerá la transformación de la Humanidad. La multiplicidad de las causas que ocasionan destrucción es un signo característico de tales tiempos, ya que deben acelerar la aparición de los nuevos gérmenes. Son las hojas del otoño que caen, a las que sucederán las hojas reverdecidas, ya que la Humanidad tiene sus estaciones, así como los individuos tienen edades diversas”. Sabiduría infinita en consonancia con las enseñanzas de los espíritus.

Y si ahondamos aún más acerca de las enseñanzas que la Espiritualidad Superior nos viene ofreciendo, para despertar a esas verdades que el Maestro Jesús nos enseñó nos haría libres, observamos como los diferentes cataclismos que se vienen operando en la Tierra y que tantas desencarnaciones masivas vienen produciendo, no son más que parte del proyecto divino para la humanidad encarnada en el planeta. Así lo afirman los espíritus a través de Kardec, analicemos: “En ciertas épocas estas emigraciones e inmigraciones, que son reguladas por la sabiduría divina, se operan en masa, como consecuencia de grandes revoluciones, en las que cantidades innumerables de seres parten al mismo tiempo y son rápidamente reemplazadas por cantidades equivalentes de encarnaciones. Debemos considerar, pues, a las plagas destructoras y a los cataclismos como medios de llegadas y partidas colectivas, como actos providenciales para renovar la población corporal del planeta y para fortalecerla mediante la introducción de elementos espirituales más depurados. Si en esas catástrofes se produce una destrucción muy grande de cuerpos, sólo habrá vestiduras rasgadas, pero ningún espíritu perecerá: se limitarán a cambiar de ambiente. La diferencia reside en que en vez de partir aisladamente abandonan la Tierra en gran número, ya que aunque partan por una causa o por otra, fatalmente, tarde o temprano, deberán hacerlo.

Las renovaciones rápidas y casi instantáneas que se operan en el elemento espiritual de la población, como consecuencia de las catástrofes destructoras, apuran el progreso social. Sin las emigraciones e inmigraciones que se producen de tiempo en tiempo para impulsar con fuerza a la Humanidad, ésta marcharía con extremada lentitud”[6].

El mentor espiritual Emmanuel, al ser consultado acerca de si existen planetas en peores condiciones que el nuestro, asegura en el Consolador Prometido por Jesús, que… “existen orbes que ofrecen peores perspectivas de existencia que el vuestro y, en lo que se refiere a perspectivas, la Tierra es un lugar alegre y hermoso, de aprendizaje. El único elemento que ahí desentona de la Naturaleza es justamente el hombre, avasallado por el egoísmo”. Y continúa… “tenéis gratuitamente cielo azul, fuentes pletóricas, abundancia de oxígeno, árboles amigos, frutos y flores, color y luz, en santas posibilidades de trabajo a las que el hombre ha sido indiferente en todos los tiempos”[7].

Y por ese egoísmo e indiferencia con que hemos tratado nuestro planeta “azul”, es que estamos recogiendo los frutos de la falta de previsión, el mal uso de los recursos “renovables” y el abuso a que hemos sometido a la naturaleza, que hoy bajo el amparo de las leyes universales o divinas, intenta reequilibrarse, para el bienestar futuro de la población encarnada en la Tierra.

Informan los espíritus por intermedio de Kardec que… “Además de las revoluciones generales, la Tierra pasó por un gran número de perturbaciones locales que cambiaron el aspecto de determinadas regiones. Como en las otras oportunidades, dos causas contribuyeron a ello: el fuego y el agua”[8]; entonces, no es de extrañar que, tal como lo afirman los científicos, estos mismos dos elementos sean la causa de muchos de los desastres naturales que agobian a nuestra planeta. Aseguran los expertos, que en la medida que se sigan presentando los deshielos el nivel del mar seguirá en aumento, la escasez de agua será inminente y los peligros de incendios forestales se incrementarán, demostrándonos de esta manera que agua y fuego siguen siendo factor preponderante en las revoluciones que constantemente está sufriendo nuestro globo terráqueo.

En el Libro de los Espíritus, obra culmen de la Doctrina Espírita, Kardec pregunta a los espíritus acerca de la Ley de Destrucción y ellos responden que: “Precisa que todo se destruya para renacer y regenerarse. Porque lo que llamáis destrucción no es sino una transformación, que se propone por objeto renovar y mejorar a los seres vivientes”. ¿Paradoja?, ¿Contradicción?, ¿Utopía? Solo una conciencia espírita libre de prejuicios y vanas teorías materialistas reconocen la validez de esta asertiva y nos corresponde como tal, la aplicación con transparencia y pulcritud de conceptos ecologistas en el trato con la naturaleza, que coadyuven a fomentar las aptitudes y actitudes necesarias para comprender y apreciar las interrelaciones entre el hombre, su cultura y su medio biofísico.

1]Fotografía tomada de la revista Semana versión digital, el día 10 de mayo de 2011.
[2] Fuente: Organización Panamericana de la Salud de fecha 29 de noviembre de 2010.
[3] Fuente: Greenpeace España.
[4] Fuente: El Protocolo de Kyoto: ¿Una oportunidad para la industria colombiana?, por Néstor Monroy y Alejandro Aguirre.
[5] La Génesis, Uranografía General, Cap. VI. Allan Kardec, pág. 50.
[6] La Génesis, Génesis Espiritual, Cap.XVI. Allan Kardec, pág. 100.
[7] El Consolador Prometido por Jesús, Emmanuel/Francisco Cándido Xavier.
[8] La Génesis, Revoluciones del globo, Cap. IX.

EL HOMBRE DE BIEN ANTE EL ASEDIO DE LAS FUERZAS ESPIRITUALES DEL MAL

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