miércoles, 11 de junio de 2025

TODO ES JUSTO

 Un amigo nuestro que vive actualmente en Mérida de Yucatán, nos envió un pequeño artículo necrológico que nos impresionó tristemente, hasta el punto de que preguntamos al Espíritu que generalmente nos guía en nuestros trabajos si podía decirnos algo sobre aquel Ser tan profundamente desgraciado, cuya existencia había sido tan horrible. Y nuestro amigo invisible, viendo que nuestra pregunta no llevaba otro móvil que el estudio y el deseo de dar una lección útil, nos dio algunos pormenores que transcribiremos a continuación del citado escrito, que dice así:

ARCADIO GÓNGORA

Imagen de referencia creada con IA

La Naturaleza suele usar burlas espantosas con la humanidad.

Ya en el fondo del hogar, o a la faz pública, el genio del mal suele hacer sangrientos escarnios del hombre, del rey de la Creación, de ese a quien el Supremo Hacedor formó a su hechura y semejanza, según la frase bíblica. Suele precipitarlo, desde el trono en que le colocó Natura, hasta los últimos y sucios escalones de la degradación.

Se ha visto a individuos de la especie humana, en todas las gradas de la escala social, proceder como jamás se han conducido los más estúpidos animales.

Pongan ustedes la mano sobre el polluelo de cualquier ave, sobre la cría de cualquier cuadrúpedo, sobre el cachorro de la bestia más feroz, y verán como los padres se abalanzarán sobre ustedes y se desesperarán si se encuentran impotentes para vengar o defender a sus hijos. Y si éstos enferman o se extravían ¡con qué cariño o angustia los cuidan y curan o los buscan!

Pues bien, se ha visto padres, y lo que es más monstruoso todavía, madres que permanecen indiferentes y frías ante la agonía o el cadáver de un hijo, o que los abandonan y olvidan hasta el extremo de vivir como si nunca lo hubieran concebido y alimentado en su seno... Se ha visto morir a gentes en tales condiciones, pero, afortunadamente, no es eso lo regular en la existencia de las sociedades. Tan sombrías reflexiones me las sugiere el reciente desenlace de un drama que, no por ser humilde el protagonista, ni por haberse desarrollado la acción en la oscuridad de la pobreza, deja de conmover a todo Espíritu pensador y humanitario.

El 13 del presente mes ha dejado de sufrir para siempre un hombre que en la villa fue conocido con el nombre de Arcadio Góngora.

Parece que hace unos treinta y dos años perdió completamente la razón, víctima de cierta predisposición orgánica de raza, determinada por no sé qué descalabro amoroso.

Era entonces un arrogante mancebo de dieciocho a veinte años, lleno de vida y de salud. Desgraciadamente, su locura inofensiva y apacible al principio, se hizo al poco tiempo hostil y peligrosa, hasta el caso de tenérsele que encadenar a un poste, como a una fiera, para su propia tranquilidad y la de su familia.

Allí se le llevaba su mísero alimento, de allí no se movía jamás, y allí... vivía como vive una bestia, y, en ocasiones, en peor condición que ésta.

Hace cosa de diez años que yo le conocí. Aún no se ha borrado, ni creo se borre de mi pensamiento, la impresión que entonces produjo en mí su presencia.

Estaba sentado con el codo derecho apoyado en la rodilla, y la mejilla en la palma de la mano, en una pequeña hamaca que era todo el moblaje de la ruinosa, desaseada y desabrigada choza de guano que habitaba, choza triste y aislada de las demás, como la de un paria o la de un apestado... Con un pie estrechamente aprisionado entre un anillo y el extremo de una cadena de hierro fijada en un poste; los cabellos, las patillas y las barbas incultas y crecidas, cayendo sobre sus hombros; pecho y espalda formando marco a unas facciones que debieran ser buenas, pero que entonces estaban desfiguradas; sus negros y azorados ojos casi saltando de sus órbitas y su calzón y camisa sucios y rotos, enseñando en diversos lugares su velluda piel; parecía un salvaje o un anacoreta perdido en las profundas sociedades de la selva. Hablaba sin cesar, ora alzando, ora bajando la voz, pero en un lenguaje inteligente y rápido.

Al pararme en el dintel de la puerta, levantó los ojos, los fijó en mí con una expresión que me hizo retroceder y los giró enrededor como buscando algún objeto. De repente se inclinó, echó mano a una piedra y la arrojó violentamente sobre mí; pero vi el movimiento y me oculté tras de la puerta, que recibió el terrible golpe, que, de alcanzarme, sin duda me hubiera hecho daño.

Le observé un momento con sincera piedad, y me retiré con el corazón oprimido.

Desde aquel día hasta su muerte, no volví a verle sino dos o tres veces.

Nadie podía acercársele sin peligro, y su pobre familia compuesta solamente de mujeres, sufría crueles penalidades para atender a la subsistencia.

Las ocasiones en que transitaba yo por las inmediaciones de su pequeña choza escuchaba con emoción su cavernosa y sonora voz, cuyo eco, en las altas y silenciosas horas de la noche, vibraba hasta larga distancia y se cernía sobre la dormida villa, y se elevaba al cielo como una dolorosa protesta contra la sociedad que le abandonaba, o como una misteriosa plegaria impregnada de tristeza infinita: entonces me preguntaba por qué la justicia divina no devolvía la razón a aquel desdichado, o no hacía cesar para siempre su espantosa desgracia, quitándole la vida, harta pesada para él, por más que no tuviese conciencia de su estado.

Decíase que casi nunca dormía: el aniquilamiento de sus fuerzas le obligaba a callarse y a rendirse a breves instantes de reposo.

En diversas ocasiones, personas caritativas pretendieron enviarlo al hospital general de Mérida, en donde si no se le curaba, siquiera estaría aseado y mejor atendido, pero su familia siempre se opuso y rogó que se le dejase creyendo que por peor que ella pudiese tratarle, siempre estaría mejor que en manos extrañas.

¡Funesto temor! ¡Fatal equivocación que acaso perjudicó al infeliz demente! Por último, hace algún tiempo fue atacado de una enfermedad del vientre que lo fue consumiendo lentamente, que agravó su situación hasta ser anticipadamente devorado por los gusanos parte su cuerpo: y el 13 del presente mes la Providencia se apiadó de él, poniendo punto final a sus padecimientos terrenales.

Tenía entonces cincuenta y dos años aproximadamente y estuvo demente treinta y dos.

Cuéntase que antes de morir, la fugitiva razón, como esos relámpagos que rasgan fatídicos la profunda oscuridad de una noche tormentosa, centelleó sobre su Espíritu al irse éste a desprender su mísera cárcel. “Ea, hermanos” – dicen que exclamaba lastimosamente en lengua maya -, “llegó entonces la hora de mi muerte”. Cuando la muerte se presenta bajo esa forma u otra análoga creo que, en vez de deplorarla, débese dar un voto de gracia. En esos casos, la muerte lejos de ser un mal, debe ser un positivo beneficio.

¡Paz al Espíritu de Arcadio Góngora! Repose en la mansión de los mártires.

F. Pérez Alcalá

(Yucatán) Tizimin, diciembre 19 de 1882.

* * *

Como comprenderán nuestros lectores, este tristísimo relato da margen a serias y dolorosas reflexiones, porque si no hay efecto sin causa, la causa de tan deplorable efecto debe ser horrible, espantosa: y desgraciadamente no nos engañábamos en nuestros cálculos, porque nuestro amigo invisible nos dijo en su comunicación lo siguiente:

“Grandes remordimientos pesan sobre la vieja Europa, que ha conquistado a sangre y fuego los países que llamáis el Nuevo Mundo y otros hermosos continentes; y no pequeña parte tiene España en esas horribles luchas, o mejor dicho, en esas matanzas fratricidas en que sucumbieron tantos caudillos vencidos por el número de los contrarios; pero no por el valor y la nobleza de los conquistadores, que llamándose civilizados fueron más indómitos y más rebeldes que los salvajes, más desnaturalizados y más feroces que las mismas fieras.

“¡Cuántos crímenes se han cometido en esas para vosotros lejanas tierras, en sus bosques vírgenes! ¡Cuántas víctimas se han sacrificado en aras de las más torpes, desenfrenadas e inmundas pasiones! Causa horror leer la historia de los terrenales que manchados estáis con todos los vicios, hundidos en la concupiscencia y en la iniquidad.

“Grandes expiaciones estáis sufriendo, pero, creedme, si fuerais a pagar ojo por ojo y diente por diente, se sucederían los siglos como se suceden vuestras vidas y casi llegaríais a creer en la eternidad de las penas al ver la continuación de vuestros incesantes martirios a pesar de la Misericordia Divina. Como las leyes de Dios son inmutables y tienen que cumplirse, tenéis necesariamente que sufrir todos los dolores, todas las agonías que habéis hecho padecer a otros, gozándoos en su tormento, la única ventaja de que disfrutáis al expiar es que a ningún ser de la Creación le falta alguien que le quiera: miente el que dice que está solo, todos estáis acompañados de un alma que se interesa por vosotros más o menos relativamente según la enormidad de vuestro delito, y a falta de racionales tenéis una raza irracional muy amiga del hombre, tenéis al perro, símbolo de la fidelidad, que con una leve caricia os sirve de guía, de compañero, toma parte en vuestras penas y en vuestras alegrías; esto en la parte visible, que fuera del alcance de vuestra vida material están vuestros Espíritus protectores dándoos aliento y resignación en las horas de cruenta agonía. ¡Ah! Si estuvieras solos como decís, ¿qué sería de vosotros, infelices? Sí. Caeríais anonadados, abrumados ante el terror y la soledad.

“Si cuando vuestro cuerpo se entrega al descanso, vuestro Espíritu no encontrara una mano amiga que le detuviera y no oyera una voz cariñosa que le preguntara: ¿Dónde vas, pobre desterrado? ¿Creéis que tendrías fuerza para reanimar su organismo y comenzar el trabajo de un nuevo día? No: el alma necesita amor como vuestras flores el rocío, como las aves sus alas; sin ese alimento esencialmente divino no puede vivir; y cuando sus culpas le obligan a carecer de familia, de hogar, de seres afines a él, y tiene que permanecer en una doble prisión, separado de sus semejantes, entonces su razón se oscurece. El hombre es un ser sociable por excelencia, se siente atraído a formar familia, como que es miembro de la familia universal; recuerda su origen, y sin los lazos del amor, de la amistad, del parentesco, de la simpatía, no puede vivir, y como no puede vivir, por eso no falta quien le quiera, visible o invisible; por eso el desgraciado dice muchas veces: quisiera siempre estar durmiendo, porque durmiendo soy más feliz; entonces no me acuerdo de mis desventuras; y no es que no se acuerda, al contrario, las ve con más claridad; lo que tiene es que las ve acompañado de Espíritus amigos que le alientan y le fortifican y le ayudan a llevar el peso de su cruz.

“Todos los que os creéis desheredados en la Tierra tenéis vuestros tutores en el Espacio, quienes cuidan de vuestra herencia y os guardan vuestros tesoros para cuando seáis dignos de poseerlos.

“Hay algunos Espíritus tan depravados, hacen tan mal uso de su libre albedrío, que a éstos necesariamente les dura más tiempo la orfandad, porque rechazan con sus desmanes todo el amor y la tierna solicitud de las almas que quieren su bien, y a este número pertenece el Espíritu que tanto os ha impresionado con el sufrimiento de su última existencia; horrible, pero merecido, porque en la Creación, recordadlo siempre, todo es justo.

“Ese Espíritu en una de sus anteriores encarnaciones fue uno de los aventureros españoles que fueron a la tierra mexicana a imponer sus tiránicas leyes, reduciendo a la servidumbre a sus guerreras tribus, abusando miserablemente de la inocencia de sus mujeres, enriqueciéndose de un modo fabuloso con la usurpación y el pillaje, cometiendo todo género de atropellos, imponiendo su voluntad soberana sobre pueblos enteros, convirtiéndose en un tirano tan cruel que su crueldad rayaba en lo inverosímil; parecía imposible que aquel hombre hubiera recibido la vida del hálito de Dios, porque si pudieran admitirse dos potestades, la una del bien y la otra del mal, se diría que ese desgraciado era el hijo predilecto del príncipe de las tinieblas, tanta era su perversidad. Brutal y lascivo hasta la exageración, las doncellas más hermosas y los mancebos más arrogantes tenían que acceder a sus impúdicos deseos, su excitación continua era el martirio de sus desgraciados siervos. Valiente y temerario, cometía las más arriesgadas empresas, y sólo le faltaba uncir a un carro triunfal a la hermosísima Azora, virgen mexicana, bella como las huríes del paraíso de Mahoma, casta y pura como las vírgenes del cielo cristiano. Azora era el encanto de su padre y sus hermanos; su numerosa familia miraba en ella a la elegida del Padre de la Luz, y todos la respetaban como un ser privilegiado, porque sus grandes ojos irradiaban un resplandor celestial, y de su boca salían palabras proféticas que escuchaban con santo recogimiento jóvenes y ancianos.

“Una tarde reunió a los suyos y les dijo con triste acento: <Grandes e invisibles desgracias van a caer sobre nosotros; las aves de rapiña extienden sus negras alas y cubren de plomizas brumas nuestros límpidos cielos. Temblad, compañeros, no por nosotros que seremos víctimas, sino por los verdugos implacables que desoirán nuestras dolientes quejas; saldremos purificados por el martirio, más ¡ay de los martirizadores!>

“Azora no se engañaba, aquella noche llegaron al valle un centenar de aventureros capitaneados por Gonzalo, que iba en busca de Azora, cuya peregrina hermosura le habían ponderado, y deseaba que fuese una de sus desgraciadas concubinas; la hermosa joven para evitar derramamiento de sangre suplicó a Gonzalo que no levantara sus tiendas, que ella le seguiría, pero que respetara la vida de sus padre y de sus hermanos; y como Azora tenía un ascendiente tan extraordinario sobre todos los seres de la Tierra, Gonzalo también sintió su mágica influencia, y por su vez primera obedeció al mandato de una mujer.

“Azora había tomado sus precauciones y había reunido a todos los suyos en gran consejo, y mientras deliberaban sobre lo que debían hacer, la joven fue al encuentro del enemigo, diciendo a sus deudos que iba a ponerse en oración para atraer sobre su cabeza los resplandores de la eterna luz, que no turbaran su meditación, y como estaban acostumbrados a sus éxtasis que duraban algunos días, nada sospecharon, y ella mientras tanto se entregó como víctima expiatoria a su verdugo imponiendo a la vez condiciones que fueron respetadas.

“Gonzalo sintió por Azora todo cuanto aquel ser depravado podía sentir, y al querer manchar su frente con sus labios impuros la joven le detenía con un ademán imperioso, y él quedaba como petrificado causándole inmenso asombro su timidez.

“Los familiares de Azora al tener noticia de lo sucedido, juraron morir o vengar la deshonra de la casta virgen, consagrada al Padre de la Luz; ellos ignoraban la mágica influencia que había ejercido la joven sobre su raptor; para ellos estaba profanada la mujer consagrada a los misterios divinos y su furor no tenía límite.

“Se pusieron en marcha yendo a buscar a la fiera en su guarida. Gonzalo al verlos sintió renacer todos sus malos instintos, adormecidos momentáneamente por la mágica influencia de Azora; se rompió el encanto, y auxiliado por sus inicuos secuaces aprisionó a los sitiadores, les amordazó cruelmente y Azora perdió la razón cuando la llevaron a su padre que era un ídolo para ella, y le vio cargado de cadenas, cubierto de insectos voraces que habían arrojado sobre su cuerpo para que lo fueron devorando lentamente, y ante aquel mártir del amor paternal, consumó Gonzalo la acción más infame, la que más podía herir al desgraciado, profanando el cuerpo de la pobre loca que cedió a sus impuros deseos cuando se apagó la luz de su clarísima inteligencia; y durante muchos días el padre de Azora sufrió el horrible martirio de ver a su hija en poder de Gonzalo, que se complacía en atormentar a aquel infeliz haciéndole presenciar actos que no se pueden describir.

“Al fin murió Azora, y Gonzalo siguió insultando a su desgraciado prisionero, arrojando en sus mazmorras la inmundicia de sus caballos, escupiéndole al rostro, cometiendo con aquellos defensores de su honra toda clase de atropellos.

“Murió el padre de Azora después de crueles sufrimientos. Sus hijos también perecieron; de aquella tribu de valientes no quedó ni uno, todos sucumbieron en poder de Gonzalo, que siguió cometiendo infamia tras infamia hasta que uno de sus esclavos le asesinó mientras dormía en su lecho, rendido por la embriaguez.

“Su vida fue un tejido de espantosos crímenes, y como se complacía en el mal, como no le faltaba inteligencia para conocer que su proceder era inicuo, como encontró en su camino hombres de corazón que se propusieron educarle, y él los despreció, su expiación tiene que igualar a la gravedad de su culpa, y ya ha encarnado diferentes veces siendo el infortunio su patrimonio. ¡Ha hecho tanto mal!... Sin que por esto le falte en todas sus existencias alguien que le quiera; y Azora, Espíritu de luz, le alienta en sus penosísimas jornadas. Ella fue a la Tierra la última vez con el propósito noble de comenzar la regeneración de Gonzalo, pero su extremada sensibilidad no pudo resistir el choque violento que recibió al ver a su padre en tan lamentable estado; la prueba fue superior a sus fuerzas, que como solo Dios es infalible, no siempre los Espíritus saben medir la profundidad del abismo donde han de caer.

“Es muy distinto ver las miserias de la Tierra a gran distancia a vivir en medio de ellas, y son muchos los Espíritus que sucumben en medio de sus rudas pruebas y de sus expiaciones.

“Nunca nos cansaremos de deciros, que por criminal que veáis al hombre no le corrijáis por la violencia, que harta desgracia tiene con la enormidad de sus delitos.

“¿Dónde hay mayor infortunio que en la criminalidad? ¿Qué infierno puede compararse con la interminable serie de penosísimas encarnaciones que tiene que sufrir el Espíritu rebelde inclinado al mal? En unas la locura, en otras la espantosa deformidad, en aquélla la miseria con todos sus horrores y sus vergonzosas humillaciones y otros sufrimientos que nos es imposible enumerar, porque para sumar todos los dolores que puede sentir el Espíritu no hay números bastantes en vuestras tablas aritméticas para formar el total; la imaginación se pierde cuando quiere sujetar a una cantidad fija el infinito de la vida que nos envuelve en absoluto.

“Después de esas encarnaciones horribles, vienen esas existencias lánguidas, tristes, solitarias, en las cuales la vida es una continua contrariedad; el Espíritu ya se inclina al bien, pero su amor no encuentra recompensa; almas, al parecer ingratas, miran con indiferencia los primeros pasos de aquel pobre enfermo que quiere amar y no encuentra en quien depositar su cariño, y hasta las flores se marchitan con su aliento antes de ofrecerle fragancia; esas existencias son dolorosísimas; expiación que sufre actualmente la mayoría de los terrenales, Espíritus de larga historia, sembrada de horrores y de crueldades. En ese período es cuando necesita el hombre conocer algo de su vida, porque ya tiene conocimiento suficiente para comprender las ventajas del bien y los perjuicios del mal; y, como todo llega a su tiempo, por eso hemos llegado nosotros a despertar vuestra atención; por eso las mesas danzaron y los demás muebles cambiaron de lugar. Y resonaron en distintos puntos de la Tierra las voces de los Espíritus, porque era necesario que comprendierais que no estabais solos en el mundo.

“Muchos suicidios hemos evitado y a muchas almas enfermas hemos devuelto la salud.

“A un gran número de sabios orgullosos les hemos demostrado que la ciencia humana es un grano de arena en comparación del infinito, de la ciencia universal; y una revolución inmensa llevaremos a cabo, porque ha llegado la hora del progreso para las generaciones de ese planeta.

“Comenzáis a conocer la verdad que ahora rechazáis, porque la luz os deslumbra, pero al fin os habituaréis a ella, ensancharéis el círculo de vuestra familia terrenal y miraréis en los Espíritus miembros de vuestra familia universal.

“Seréis más compasivos con los criminales cuando sepáis que también lo habéis sido vosotros y que quizá mañana volveréis a caer; que al Espíritu apegado al mal le cuesta mucho decidirse al bien; es como el pequeño que da un paso y retrocede cinco, y anda repetidas veces un mismo camino; pues de igual modo hacéis vosotros y hemos hecho todos los Espíritus de la Creación, con la sola diferencia que unos tienen más decisión que otros y más valor para sufrir la pena que se han impuesto.

“Vosotros, los que buscáis en nuestra comunicación saludable consejo y útil enseñanza, aprovechad las instrucciones de ultratumba siempre que éstas os marquen el sendero de la virtud y no halaguen vuestros vicios, ni patrocinen vuestras debilidades; desconfiad siempre de todo Espíritu que os prometa mundo de gloria en cuanto abandonéis la Tierra. Estudiad vuestra historia, miraos sin pasión, y os veréis pequeños, pequeñísimos, microscópicos, llenos de innumerables defectos: celosos, vengativos, envidiosos, avaros, muy amigos de vosotros mismos, pero de vuestro prójimo, no; y con una túnica tan manchada, no esperéis sentaros a la mesa de vuestro Padre, para lo cual precisáis cubriros con vestiduras luminosas y así poder penetrar en las moradas donde la vida está exenta de penalidades, sin que por esto los Espíritus dejen de entregarse al cultivo de las ciencias y al nobilísimo trabajo de la investigación, porque siempre tendrán las almas algo más que aprender.

“Nosotros venimos a demostraros que el alma nunca muere y que el hombre es el que a sí mismo se premia o se castiga; que las leyes de Dios, que son las que rigen la Naturaleza, son inmutables. Venimos a aconsejaros, a fortaleceros, a enseñaros a conocer la armonía universal, a contaros la historia de vuestros desaciertos de ayer, causa de vuestros infortunios de hoy; esta es la misión de los Espíritus cerca de vosotros; impulsaros al trabajo, al cultivo de vuestra razón, que es la que os ha de conducir al perfecto conocimiento de Dios. Cuando comprendáis que en la Creación todo es justo, entonces será cuando adoraréis a Dios en espíritu y verdad, entonces alabaréis su nombre con el hosanna prometido por las religiones, que aún no se ha cantado en la Tierra por la raza humana; las aves son las únicas que lo entonan cuando saludan al astro del día en su espléndida aparición.

“Recordad siempre que no hay gemido sin historia, ni buena acción sin recompensa; trabajad en vuestro progreso, y cuando encontréis uno de esos desgraciados, como el Espíritu que ha dado origen a nuestra comunicación, compadecedle, porque tras de aquel sufrimiento tan horrible le esperan por razón natural muchas existencias dolorosísimas en las cuales la soledad será su patrimonio, y aunque como os he dicho antes, el Espíritu nunca está solo, al alma enferma le sucede lo que al hombre cuando sale de una enfermedad gravísima, que en la convalecencia está tan delicado, tan impertinente, tan caprichoso, tan exigente, que toda su familia tiene que mimarlo, acariciarlo y prestarle los más tiernos cuidados; y esto mismo exigen los Espíritus cuando salen del caos de los desaciertos y comienzan su rehabilitación; entonces quieren el amor de la familia, la simpatía de los amigos, la consideración social, y como no han ganado lo que desean, como no lo merecen, no lo tienen; y aunque no les falte un Ser que les quiera y les compadezca, eso no es bastante para ellos; quieren más, y corren anhelantes tras un fantasma que los hombres llaman felicidad, y como el judío errante de la leyenda cruzan ese mundo sin encontrar una tienda hospitalaria donde reposar.

“La mayoría de los Seres encarnados en la Tierra sois enfermos convalecientes, y sólo en los Espíritus encontraréis los médicos del alma que calmarán vuestra sed devoradora.

“Estáis cansados y fatigados, tenéis hambre, tenéis frío; reposad un momento, vuestros amigos de ultratumba quieren hacer menos penosa vuestra jornada, demostrándoos con hechos innegables que en la vida infinita todo es justo”.

* * *

¿Qué expresaremos después de lo que nos ha dicho el Espíritu? Que estamos completamente de acuerdo con sus razonables consideraciones. Por experiencia harto dolorosa tenemos que concederle la razón y repetir con él que la Tierra es un hospital de generaciones enfermas que están pasando la convalecencia; sólo los Espíritus de buena intención son los que pueden conseguir con sus sanos consejos nuestro alivio y regeneración.

Lo que es nosotros, hemos debido al estudio del Espiritismo los goces más puros de nuestra vida; hemos adquirido una profunda resignación y un íntimo convencimiento de que nadie tiene más de lo que se merece; esta certidumbre es la verdadera, la única felicidad que puede tener el Espíritu en medio de su expiación.

Nosotros, estudiando la Naturaleza, leyendo en ese libro que nunca tendrá fin, admirando la exactitud matemática que tienen sus leyes, trabajamos cuanto nos es posible en nuestro progreso, y cuando la soledad nos abruma, cuando el desaliento nos domina, miramos al cielo, vemos en él los resplandores de la eterna vida y decimos: ¡En la Creación todo es justo!

 

Tomado del libro “Hechos que prueban” de Amalia Domingo Soler.

Junio 11 de 2025


lunes, 19 de mayo de 2025

BELARMINO BICAS

 

Imagen de referencia tomada de la Web

Hermano X

Tomado del libro "Cartas y Crónicas"

Después de la fiesta benéfica, en la que habíamos servido juntos, Belarmino Bicas, estimado compañero al que nos habíamos encariñado en el Plano Espiritual, me llamó aparte y habló, decidido:

·        Bien, ya que hoy hemos estado en tarea de solidaridad, me gustaría pedirte un favor...

Ante la sorpresa que nos asaltó, Belarmino continuó:

·        Supe que todavía tienes alguna facilidad para escribir a los compañeros encarnados en la Tierra y me gustaría confiarte un asunto...

·        ¿Qué asunto?

·        Sucede que desencarné con cincuenta y ocho años de edad, después de veinte de convicción espírita. Abracé los principios codificados por Allan Kardec a los treinta y ocho, y, como siempre fui irascible por temperamento, organicé, desde mis primeros contactos con la Doctrina Consoladora, una relación diaria de todas mis exasperaciones, apuntando sus causas para estudios posteriores... Mis desajustes, sin embargo, fueron tantos que, a pesar de los nobles conocimientos asimilados, suprimí, inconscientemente, veintidós años de la cuota de ochenta que me correspondía disfrutar en el cuerpo físico, regresando a la Patria Espiritual en la condición de suicida indirecto... Solo aquí, pude examinar mis problemas y acomodarme a las desilusiones... ¡Cuántos tesoros perdidos por nimiedades! ¡Cuántas tonterías en nombre del sentimiento!... Y, mostrando un curioso papel, Belarmino añadía:

·        ¡Cuenta mi caso para quien todavía esté cargando con la tontería del enojo! Habla del peligro de los enfados sistemáticos, insiste en la necesidad de la tolerancia, de la paciencia, de la serenidad, ¡del perdón! Ruega a nuestros compañeros que no pierdan la riqueza de las horas con susceptibilidades y enfados, ¡explícale a la gente en la Tierra que el mal humor también mata!... Fue entonces cuando comencé a leer la interesante estadística de irritaciones, que no me resisto a la satisfacción de transcribir: Belarmino Bicas – Número de cóleras y agravios innecesarios con la especificación de las causas respectivas, de 1936 a 1956.

 

1811 debido a contrariedades en la familia,

 

906 por disgustos en casa, en temas de alimentación e higiene,

 

1614 por altercados con la esposa, en desacuerdos en la conducta doméstica y social,

 

1801 por motivo de disgustos con los hijos, yernos y nuera,

 

37 por descontento con los nietos,

 

1015 por entrar en conflicto con jefes de servicio,

 

1333 por incompatibilidad en el trato con los colegas,

 

1012 debido a reclamaciones a proveedores y comerciantes en casos de poca importancia,

 

614 por malentendidos con vecinos,

 

315 por resentimientos con amigos íntimos,

 

1089 por susceptibilidades ante el descuido de funcionarios y empleados de instituciones diversas,

 

615 por molestias con barberos y sastres,

 

777 por desacuerdos con conductores y pasajeros desconocidos, en viaje de autobús, coches particulares, tranvías,

 

419 por desacuerdos con lecheros y panaderos,

 

820 por conflictos con camareros en restaurantes y cafés,

 

211 por ofenderse con dificultades en servicios de teléfonos,

 

90 por motivo de controversias en casas de diversión,

 

815 por molestarse con opiniones ajenas en materia religiosa,

 

217 por malentendidos con hermanos de fe, en el templo espírita,

 

901 por error o inquietud, ante personas imaginarias o la perspectiva de acontecimientos desagradables que nunca sucedieron.

 

Total: 16.386 exasperaciones inútiles.

 

Este es el recuento de las irritaciones del prestigioso amigo Bicas: 16.386 disgustos innecesarios en 7.300 días de existencia, y, eso, por cuatro lustros más bellos de su paso por el mundo, iluminados por los resplandores del Evangelio Redivivo. Cumplo su deseo de hacer conocida su experiencia que, a nuestro parecer, es tan importante como las observaciones que previenen desequilibrios y enfermedades, aunque estamos seguros de que mucha gente juzgará el balance de Belarmino como mera invención de un espíritu charlatán.


domingo, 27 de abril de 2025

¿Y CÓMO PODEMOS SER FELICES EN ESTE MUNDO?

 

Imagen de referencia

Aunque la felicidad en la Tierra no es una emoción constante que le permita al hombre asociarlo a experiencias placenteras, satisfactorias o de bienestar, si podemos como asegura Aristóteles, asumir la felicidad como el fin último de la vida y el propósito más elevado.

En el libro de Eclesiastés, atribuido tradicionalmente al Rey Salomón, se menciona que la felicidad no es de este mundo, ya que la vida es vana y los placeres son fugaces; sin embargo, no es que niegue toda alegría, sino que señala que las alegrías humanas son frágiles, pasajeras, incapaces de llenar completamente el corazón y que los placeres, los logros, las riquezas, la sabiduría humana... todo eso es bueno, pero no da una felicidad plena o eterna.

De todo ello inferimos que la felicidad absoluta, duradera y perfecta no se encuentra en las cosas del mundo material, sino que apunta aún más allá, buscando un sentido más profundo, en nuestra relación con Dios y la eternidad. Si colocamos la felicidad en la satisfacción de nuestras necesidades fisiológicas y sociales, será inevitable que el despertar de nuestra conciencia sea siempre deprimente, cansino y destituido de un significado real, tal como nos enseña Juana de Ángelis[1].

Muchos de los que han perdido un ser querido piensan que este es uno de los desafíos más grandes que enfrentamos en la vida y que pone en riesgo nuestra felicidad. Y es totalmente natural que duela: el amor y el dolor van de la mano. No sentir dolor sería no haber amado.

Pero, a la vez, es posible atravesarlo sin destruir la capacidad de ser felices aceptando el dolor sin entrar en conflictos con él, pues muchas veces el sufrimiento se agrava cuando resistimos lo que sentimos. Dejar que el dolor esté, llorar, sentir nostalgia, recordar, es parte de la sanación; debemos aprender que la tristeza sobreviene porque hubo amor al punto de transformar parte de ese dolor en gratitud por haber compartido tiempo con esa persona

El goce y el deleite son parte de la gratitud que ofrecemos al altísimo por el milagro de la vida, por ello no traicionamos a quien regresa a la patria espiritual por el hecho de reír, no guardar el luto riguroso, el disfrutar de la vida o volver a vivir. Debemos comprender que el corazón puede llorar y, a la vez, dejar entrar la luz de la esperanza poco a poco.

La felicidad, después de una pérdida, no es olvidar ni dejar de amar, es aprender a vivir con una herida que, poco a poco, se convierte en cicatriz, la cual es cierto que no borra lo vivido, pero permite caminar nuevamente, con más profundidad, compasión y gratitud.

Existe una metáfora, de autor desconocido, que nos invita a reflexionar acerca de lo efímero de la felicidad ante la pérdida de un ser amado:

La metáfora del mar y las olas

El dolor por la pérdida es como estar en el mar durante una tormenta.

Al principio, las olas son enormes y vienen una tras otra: no te dejan respirar, te arrastran, te sientes perdido.

Parece imposible que alguna vez el mar se calme.

Con el tiempo, las olas siguen viniendo... pero empiezan a ser más espaciadas, más suaves.

Entre una ola y otra, puedes respirar, mirar alrededor, ver la luz en el horizonte.

La tristeza sigue ahí, pero ya no te arrastra siempre.

Y en esos espacios de calma, empieza a renacer la vida.

No es que el mar vuelva a ser como antes.

El mar cambia para siempre.

Pero aprendes a navegar en él con el corazón más grande y sabio.

La metáfora del mar y las olas como representación del duelo y el proceso de sanación es una imagen poderosa y ampliamente utilizada en diversas tradiciones literarias, filosóficas y terapéuticas para describir cómo las emociones intensas, como el dolor por la pérdida de un ser querido, pueden llegar en oleadas, a veces abrumadoras, otras más suaves, pero siempre cambiantes.

Muchos aseguran que la felicidad en la Tierra se parece más a pequeños momentos de plenitud, paz o sentido, que a un estado fijo y eterno. A veces viene en un gesto sencillo, una conversación, un atardecer, una sonrisa inesperada y aunque la vida traiga dolores, esos momentos siguen existiendo, como si fueran pequeñas pruebas de que vale la pena estar aquí. No es pretender “estar alegre” todo el tiempo, sino sentir emociones como: gratitud, serenidad, entusiasmo, esperanza, amor, interés, inspiración.

Barbara Fredrickson, reconocida por su teoría de las emociones positivas, identificó diez (10) emociones, explicando cómo los estados emocionales placenteros, por fugaces que sean, contribuyen a la resiliencia, el bienestar y la salud. Estas emociones son: el gozo, la gratitud, la serenidad, el interés por el mundo, la esperanza, el orgullo, la diversión, la inspiración, el asombro y el amor. Para ella, las emociones positivas tienen el poder de expandir nuestra mente y nuestras acciones, ayudándonos a ser más creativos, resilientes y a construir relaciones más fuertes.

Así, la felicidad sería el resultado de cultivar y vivir más de esas emociones positivas en el día a día, no como algo grandioso, sino en pequeñas experiencias cotidianas que se van sumando.

Jesús de manera magistral sintetiza su receta de la felicidad en “Cada uno conforme sus obras[2]”.


Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta - Colombia

Abril 27 de 2025


[1] Divaldo Franco/Juana de Ángelis, Autodescubrimiento: una búsqueda interior, “Viaje interior”, pág. 64. Edición Institución Espírita Juana de Ángelis, 1997.

[2] Romanos 2: 6 – 7.


lunes, 21 de abril de 2025

EN EL REINO DOMÉSTICO

 

Imagen de referencia

En el ámbito doméstico, mi amigo, preguntas qué papel desempeñará el Espiritismo en la ciencia de las relaciones sociales, y simplemente te responderé que, aliado con Cristo, nuestro movimiento renovador es la clave de la paz entre las criaturas.

¿Has reflexionado alguna vez sobre la importancia de la comprensión generalizada en relación con la justicia que rige nuestras vidas y la fraternidad que debemos construir en la Tierra?

La sociología no es una realización de escritorio. Es una obra viva que concierne al núcleo del ser humano, con el fin de plasmarle el clima de progreso sustancial.

Te refieres al amargo problema de los matrimonios infelices como si el matrimonio fuera el único enigma en la peregrinación humana, pero olvidas que el alma encarnada se ve sorprendida en cada paso por oscuros laberintos en la vida de asociación.

Por lo general, renacen juntos, bajo los lazos consanguíneos, aquellos que aún no han encontrado el entendimiento en el carro de la evolución para trabajar con el bendito buril de la dificultad en los obstáculos que les impiden la armonía. Unidos a la maquinaria de las convenciones respetables en el instituto familiar, caminan lado a lado bajo las espuelas de la responsabilidad y la traición, bebiendo el amargo remedio de la convivencia obligada para sanar viejas heridas inmanifiestas.

Y en esta vasta ruta de espíritus desajustados, no solo encontraremos a los desafortunados cónyuges. Además de ellos, existen fenómenos sentimentales más complejos. Hay padres que no toleran a sus hijos y madres que se vuelven impasibles ante sus propios descendientes. Hay hijos que se revelan como enemigos de sus progenitores y hermanos que se destruyen mutuamente dentro del magnetismo degenerado de la antipatía congénita, desgarrándose unos a otros con los mortíferos e invisibles rayos del odio, los celos, la envidia y el resentimiento, cultivados apasionadamente en el terreno mental.

Los hospitales, y especialmente los manicomios, tienen un número significativo de enfermos que no son más que mutilados espirituales de esta guerra terrible e incruenta que se libra en la trinchera disfrazada con el nombre de hogar. Los médicos los etiquetan con diferentes diagnósticos complicados, pero en la profundidad de las causas reside la influencia maligna de la parentela consanguínea que, a menudo, copia las actitudes de la tribu salvaje y furiosa.

A diario, estos despojos humanos atraviesan los portales de los hospitales o instituciones de caridad, como restos indefinidos de náufragos perdidos en un mar tormentoso, buscando la tierra firme de la costa a través de la ola en movimiento.

No tengas dudas.

El homicidio, en sus diversas formas, se practica intensamente sin armas visibles en todos los rincones del planeta.

En casi todas partes, vemos padres y madres que muestran ternura hacia sus hijos desventurados, pero se rebelan contra ellos cada vez que demuestran prosperidad y felicidad. Hay hermanos que no soportan la superioridad de aquellos que comparten su nombre y experiencia, y compañeros que solo se alegran con la camaradería en momentos de necesidad y desgracia.

Nadie puede negar la existencia del amor en el fondo de estas diversas uniones a las que nos referimos. Pero ese amor todavía se encuentra, como el oro sin pulir, incrustado en la dureza y contundencia de la ignorancia y el egoísmo, que a veces matan sin la intención de destruir y hieren sin percibir la inocencia o grandeza de sus víctimas.

Por eso, el Espiritismo junto a Jesús, invitándonos al sacrificio y a la bondad, al conocimiento y al perdón, al aclarar el origen de nuestros antagonismos y al referirse a los dramas que todos hemos vivido en el pasado, encenderá una luz en cada corazón, inclinando a las almas rebeldes o enfermas a comprender adecuadamente el sublime programa de mejora individual en beneficio de la tranquilidad colectiva y el ascenso de todos.

Al revelar los amplios horizontes de la vida, la Nueva Revelación ampliará la esperanza, el estímulo hacia la virtud y la educación en todas las mentes maduras y dispuestas, que comenzarán a comprender en las peores situaciones familiares pequeños cursos regenerativos, aceptándolos con serenidad y paciencia, ya que el dolor y la muerte son invariablemente los oficiales de la Divina Justicia, actuando con equilibrio absoluto en todas las direcciones, uniendo o separando almas en aras de la prosperidad del Infinito Bien.

Por lo tanto, querido amigo, permíteme ahorrarte mayores comentarios que resultarían tediosos en nuestra época de rápidos esclarecimientos, a través de la condensación de los temas relacionados con la elevación de la Tierra.

Observa y medita.

Y cuando percibas la inmensa fuerza iluminadora del Espiritismo Cristiano, identificarás a Jesús como el Sociólogo Divino del Mundo y verás en el Evangelio el Código de Oro y Luz, cuya aplicación simple y pura reside en la verdadera redención de la humanidad.


Tomado de "Cartas y Crónicas", Chico Xavier/Hermano X

viernes, 14 de marzo de 2025

EDUCACIÓN EN EL HOGAR

 

“Vosotros hacéis lo que también visteis junto a vuestro padre”. - Jesús.

Juan, capítulo 8, versículo 38

 

Se propugna en la actualidad una educación para la plena libertad de los instintos del hombre, olvidándose paulatinamente las antiguas enseñanzas respecto a la formación del carácter en el hogar; la colectividad, sin embargo, tarde o temprano, será obligada a reajustar sus propósitos.

Los padres humanos deben ser los primeros mentores de la criatura. De su misión amorosa proviene la organización de un ambiente justo. Ambientes corrompidos significa malos padres, más, los hay que, mediante largos sacrificios, consiguen mantener, a pesar de la invigilancia colectiva, la seguridad posible contra el desorden amenazante.

La tarea doméstica nunca será una salida para placeres improductivos, porque constituyen trabajo y cooperación con Dios. El hombre o la mujer que desee al mismo tiempo ser padre o madre y disfrutar de la vida terrena, están ciegos y acabarán sus locos esfuerzos, espiritualmente hablando, en la fosa común de la inutilidad.

En vano se improvisarán sociólogos para sustituir la educación en el hogar por sustitutos incomprensibles que envenenan el alma. Sólo un Espíritu que haya comprendido la paternidad de Dios, por encima de todo, consigue escapar a la ley por la cual los hijos imitarán siempre a sus padres, incluso cuando estos sean perversos.

Escuchemos la palabra de Cristo y, si tenéis hijos en la Tierra, guardad la declaración del Maestro como advertencia.


Tomado de "Camino, verdad y vida".

Espíritu Emmanuel - Chico Xavier

Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta - Colombia

Marzo 14 de 2025


martes, 28 de enero de 2025

LOS SUPERIORES Y LOS INFERIORES



La autoridad, lo mismo que la riqueza, es un encargo del que deberá rendir cuentas aquel que está investido de ella. No supongáis que se le ha conferido para proporcionarle el vano placer de mandar; ni tampoco, como lo cree equivocadamente la mayor parte de los poderosos de la Tierra, como un derecho o una propiedad. Dios, por otra parte, les demuestra constantemente que no es ni lo uno ni lo otro, pues la retira cuando le place. Si fuese un privilegio inherente a la persona que la ejerce, sería inalienable. Así pues, nadie puede decir que algo le pertenece cuando se le puede quitar sin su consentimiento. Dios confiere la autoridad a título de misión o de prueba, cuando lo juzga conveniente, y la retira del mismo modo.

Quienquiera que sea depositario de autoridad, sea cual fuere la extensión de ella, desde la del señor sobre su servidor hasta la del soberano sobre su pueblo, no debe olvidar que tiene almas a su cargo. Habrá de responder por la buena o mala orientación que imparta a sus subordinados, y sobre él recaerán las faltas que estos lleguen a cometer, así como los vicios a los cuales sean arrastrados a consecuencia de esa orientación o de los malos ejemplos que dé. Por el contrario, recogerá los frutos de la dedicación que emplee para conducirlos hacia el bien. Cada hombre tiene en la Tierra una misión, grande o pequeña, y esa misión, cualquiera que sea, se le otorga para el bien. Por consiguiente, quien la falsea en su principio no hace más que fracasar en su desempeño.

Del mismo modo que Dios pregunta al rico: “¿Qué has hecho de la riqueza que debía ser en tus manos una fuente que esparciera fecundidad alrededor tuyo?”, preguntará también al que tenga una autoridad cualquiera: “¿Qué uso has hecho de esa autoridad? ¿Qué males has evitado? ¿Qué progreso promoviste? Si te di subordinados, no fue para que los convirtieras en esclavos de tu voluntad, ni en instrumentos dóciles a tus caprichos o a tu ambición. Te hice fuerte y te confié a los débiles para que los amparases y los ayudaras a ascender hacia mí”.

El superior que se encuentra compenetrado de las palabras de Cristo, no desprecia a ninguno de los que están a sus órdenes, porque sabe que las distinciones sociales no persisten delante de Dios. El espiritismo le enseña que si hoy le obedecen, tal vez antes le han dado órdenes, o se las darán más adelante, y entonces será tratado según la manera como haya tratado a los otros.

Si bien el superior tiene deberes que cumplir, el inferior también los tiene, y no son menos sagrados. Si este último es espírita, su conciencia le dirá aún mejor que no puede considerarse dispensado de ellos, ni siquiera cuando su jefe deje de cumplir con los que le competen, porque sabe que no debe devolver mal por mal, y que las faltas de los unos no justifican las de los otros. Si sufre por su posición, dirá que seguramente lo ha merecido, porque es posible que él mismo haya abusado en otro tiempo de su autoridad, y porque le corresponde a su vez experimentar los inconvenientes que ha hecho sufrir a otros. Si se ve obligado a soportar esa posición, porque no encuentra otra mejor, el espiritismo le enseña a resignarse y a considerarla una prueba para su humildad, necesaria para su adelanto. Su creencia lo guía en la manera de comportarse, y lo induce a proceder como le gustaría que sus subordinados procediesen para con él, en el caso de que fuera el jefe. Por eso mismo, es más escrupuloso en el cumplimiento de sus obligaciones, pues comprende que toda negligencia en el trabajo que se le ha confiado es un perjuicio para aquel que lo remunera, y al que debe su tiempo y su dedicación. En una palabra, es inducido por el sentimiento del deber que su fe le confiere, y por la certeza de que todo desvío del camino recto implica una deuda que, tarde o temprano, deberá pagar. (François Nicolas Madeleine, Cardenal Morlot. París, 1863.)

 

Tomado de: El Evangelio según El Espiritismo.


lunes, 20 de enero de 2025

Biografia de José Custodio de Farias, el abad Farias

 

Estatua en honor al Abad Faria en Panaji, Goa.

Poco se habla de José Custodio de Faria, el abad Faria; figura envuelta en gran misterio. Respetado en los círculos científicos, fue pionero en la manipulación de fluidos magnéticos a través de sugestiones verbales, es decir, mediante el hipnotismo. Una vez, en Lisboa, invitado a predicar ante la reina María I, la Loca, el abad no conseguía pronunciar ni una sola palabra por el enorme pánico que lo dominaba. Su padre se acercó discretamente y le dijo: “¡Son solo vegetales, corte las vegetales!” Después de esta ayuda, su miedo pasó. Intrigado, comenzó a estudiar cómo las palabras verbalizadas podían influir en la conducta de una persona.

Fue a partir de estos estudios que en 1813 comenzó a practicar el magnetismo a través de Puységur. Con una formación más sólida en este campo, demostró que las interpretaciones de Mésmer y Puységur eran erróneas, defendiendo en su obra póstuma titulada “De La Cause Du Sommeil Lúcide” (Sobre la causa del sueño lúcido), de 1819, que el magnetismo era un fenómeno natural debido a predisposiciones, circunstancias fortuitas o causa inmediata, es decir, atribuía el proceso de curación a través de la autosugestión monitoreado por la orden verbal del hipnotizador.

Egas Moniz (1874-1955), Premio Nobel de Fisiología en 1949, comenta que “el Padre Faria vio el problema de la hipnosis en sus propios fundamentos con gran precisión y claridad. Fue el primero en definir la hipnosis y sus límites naturales (...) Fue el primero en defender la doctrina sobre la interpretación de los fenómenos del sonambulismo, punto de partida de toda su doctrina”.

El abad Faria comienza sus actividades en París promoviendo el hipnotismo. A través de manifestaciones públicas, su fama se extendió por toda la ciudad, generando animadversión en unos, tachándolo de charlatán, y admiración en otros, considerándolo divino; inicia una revolución en la comunidad científica y en las doctrinas teológicas.

José Custodio de Faria nació en Candolim de Bardez, Goa (antiguo estado de la India) el 31 de mayo de 1746. Cuando aún era joven, su padre lo llevó a Lisboa para que adquiriera formación teológica y se convirtiera en sacerdote. Un año después, viajó a Roma para completar sus estudios, incluido más tarde el doctorado en Teología. El abad Faria era un hombre de gran inteligencia, lo que causó buena impresión en las autoridades eclesiásticas, además de su compostura moral.

Defensor de la Revolución Francesa, en 1795, instalado en París, dirigió uno de los batallones revolucionarios del famoso “10 du Vendinaire” contra la Convención Nacional. Algún tiempo después, sin motivo aparente, fue detenido en el «Chateau d’If» y permaneció allí durante largo tiempo. La mayor parte de su tiempo practicaba sus teorías de autosugestión. Una vez liberado, percibe que opiniones opuestas a su teoría prevalecían, causándole disgusto. Se retiró a la vida monástica y murió de una apoplejía fulminante en París el 20 de septiembre de 1819.

El abad Faria es inmortalizado en la novela de Alexandre Dumas (padre), “El Conde de Montecristo”, en el episodio en el que fue encarcelado junto a Edmund Dantés.

Se considera que el Abad Faria favoreció enormemente el establecimiento de la psicoterapia psicoanalítica y del psicoanálisis.

 

Tomado de la revista “Vórtice” boletín sobre magnetismo de diciembre de 2008.

Traducción del portugués: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta – Colombia

Enero 20 de 2024

 


EL HOMBRE DE BIEN ANTE EL ASEDIO DE LAS FUERZAS ESPIRITUALES DEL MAL

    Oscar Cervantes Velásquez Santa Marta – Colombia 01/19/2026 El tema que pretendemos analizar representa uno de los mayores escol...