domingo, 15 de enero de 2023

EXISTE EN NUESTRA PSIQUE UNA DESCONOCIDA DIMENSIÓN - Jung y el Espiritismo

 Ángel Almazán de Gracia

Publicado en Karma 7 – Barcelona, Octubre de 1984

Los fenómenos espiritistas han sido estudiados por diferentes científicos. Muchos de ellos, de prestigio internacional. Basta citar a los Premios Nobel, William Crookes y Charles Richet, para evidenciar la seriedad científica de tales investigaciones. Entre las personalidades que han tratado de encontrar la naturaleza de los fenómenos mediúmnicos se encuentra el psicólogo suizo, Carl Gustav Jung (1875-1961). 

 

Jung, poseía una profunda erudición y una amplia cultura humanista. Durante los años comprendidos entre 1907 y 1912, fue el discípulo predilecto de Freud de quien se separó por discrepar acerca de la liido sexual. Para Jung, la libido era un seudónimo de la energía psíquica que tanto impulsa al ser humano hacia el instinto como hacia la más alta espiritualidad. Tras separarse de Freud definitivamente en 1913, creó la llamada Psicología Analítica y se dedicó a interpretar la alquimia, los símbolos, mitos y fenómenos parapsicológicos.

 

El primer contacto que tuvo Jung con el espiritismo fue en su época de universitario. Por aquel entonces, Jung tenía 21 años y leyó todo tipo de libros referentes al espiritismo que pudo conseguir, incluidos siete volúmenes del famoso clarividente, Swendenborg. Y en el verano de 1898, estando en casa de sus padres, presenció -por vez primera- la fenomenología paranormal. El tablero de la mesa del comedor se rompió inexplicablemente por la mitad y un cuchillo de acero, que estaba guardado en un cajón, se partió en cuatro trozos.

 

Estos hechos le impresionaron vivamente y le impulsaron a investigar el espiritismo. Algunas semanas después, unos familiares le invitaron a participar en las sesiones espiritistas organizadas en torno a una prima suya de 15 años que moriría a los 27 años de tuberculosis. Una vez dentro de este círculo, Jung acudió regularmente todos los domingos durante dos años a las sesiones. Y sus observaciones las expuso años después, en 1902, en su tesis doctoral titulada Psicología y patología de los fenómenos llamados ocultos, donde viene a concluir que los espíritus eran complejos del inconsciente personal, con un importante grado autónomo, del inconsciente personal

 

Los Siete Sermones a los Muertos

 

 Durante el año 1916, diferentes fenómenos de polstergeist fueron presenciados por Jung y su familia en su vivienda de Küsnacht, Suiza. Su hija mayor vio una figura blanca atravesar la habitación y su otra hija le confesó asustada que algo había levantado su manta dos veces, mientras dormía. Luego, durante el día, el timbre de la puerta sonó estrepitosamente sin que nadie lo hubiese pulsado. Y en medio de este ambiente, Jung tuvo la sensación de que la atmósfera estaba enrarecida.

 

“Y de pronto -explica Jung en sus memorias- todo se llenó de espíritus. Estaban incluso bajo la puerta y se tenía la sensación de apenas poder respirar”. Naturalmente, le acuciaba la pregunta de qué es lo que pasaba. Y entonces ellos gritaron a coro: “Venimos de Jerusalén, donde no hallamos lo que buscábamos”. Ante este tipo de respuesta, Jung se sintió inspirado y durante tres tardes escribió el opúsculo gnóstico Siete Sermones a los Muertos. Los espíritus abandonaron el lugar una vez que terminó esta pequeña obra en la que -según el propio Jung- se preludiaba lo que tenía que comunicar al mundo acerca del inconsciente.

 

 Jung era también médium

 

 El empirismo científico de Jung le llevó a investigar de 1920 a 1925, diferentes fenómenos de psicocinesia, telecinesia y ectoplasmia producidos por el gran médium, Rudi Scheneider. También investigó al médium O. Schel. Pero además de la colaboración de estas dos personas, Jung pudo analizar, de una manera más directa los fenómenos espiritistas, en su propia persona. Como ya ha quedado de manifiesto, Jung a sus 41 años constató que era médium en el suceso de los Siete Sermones a los Muertos.

 

Pero a lo largo de su vida, Jung experimentó muchos otros fenómenos. Encontrándose solo en su torreón suizo de Bollingen a comienzos de 1924, escuchó, durante más de una hora, diferentes sonidos rítmicos que parecían provenir de los objetos existentes dentro del torreón, pero también de las plantas del jardín. Sonidos que denominó como melodías de la naturaleza. Y poco tiempo después, en la primavera de ese mismo año, mientras dormía tranquilamente en Bollingen, ruidos de pasos, risas y charlas le despertaron. Pero, al mirar a través de la ventana, descubrió que no había nadie fuera. Intrigado, preguntó a los lugareños que le contestaron que quienes le habían despertado formaban parte del “ejército de Wotan, de las almas descarriadas”, espíritus que solían rondar por aquellos lugares frecuentemente.

 

Y en 1944, a la edad de 69 años, Jung sufrió un infarto cardíaco durante el cual tuvo una experiencia extracorporal. De pronto se encontró en pleno espacio. Divisaba varios continentes desde una distancia -que luego comprobó- de casi 1.500 kms. de altura. Y en este estado encontró en el espacio una roca con un santón que le sirvieron para autoconocerse mejor. Pese a encontrarse muy bien fuera de su cuerpo, se vio obligado a regresar y durante tres semanas quedó defraudado al ver que estaba vivo. Y durante la convalecencia experimentó también diferentes fenómenos subjetivos o Psi-Gamma.

 

Igualmente, Jung llegó a ver el fantasma de su mujer y el de un maestro chino llamado Lau Nai Süan que había iniciado a Richard Wilheim, en el conocimiento de la filosofía del yoga chino y de la psicología del I Ching, libro que Wilheim traduciría y comentaría en su edición alemana y que fue prologado por Jung. También habría que mencionar que Jung tuvo diversas precogniciones así como visiones hipnagógicas ectoplásmicas.

La explicación junguiana del Espiritismo

Las primeras conclusiones de Jung acerca del espiritismo se encuentran en la ya mencionada tesis doctoral de 1902, así como en el ensayo titulado Los Fundamentos Psicológicos del Espiritismo que data de 1919. Posteriormente, complementó estas explicaciones con su teoría de la «sincronicidad» expuesta, con la ayuda del Premio Nobel de Física, W. Pauli, en la obra La Interpretación y Naturaleza de la Psique (1952). Y, por último, también se pueden encontrar algunas opiniones sobre los fenómenos mediúmnicos en sus memorias.

 

El espiritismo nace a finales del siglo XIX, en plena época racionalista. Incluso se dio la coincidencia que, en el mismo año en que suceden los mensajes tiptológicos con las hermanas Fox, Carlos Marx publica El Manifiesto Comunista (1848). El materialismo científico y el marxismo marginaron y hasta desecharon como absurdas a las creencias religiosas. Lo irracional y lo espiritual quedó aplastado por la diosa Razón. Esta preponderancia, en la cultura colectiva, de unos presupuestos materialistas y totalmente racionales, motivó una respuesta complementaria psíquico-espiritual surgida de las capas más profundas y arcaicas de la psique humana (llamada por Jung, Inconsciente Colectivo). Pues bien, entre los diversos movimientos espiritualistas que surgieron impetuosamente, como queriendo contrarrestar al materialismo, apareció el espiritismo.

 

El Inconsciente Colectivo, puede considerarse como aquel trasfondo de la psique donde se encuentran sintetizadas todas las creencias, impulsos, pautas de conducta y vivencias de la Humanidad a lo largo de su historia. Sus contenidos estructurales, los arquetipos, son núcleos energéticos que penetran de múltiples maneras, y siempre de forma arquetípica, en el campo de la consciencia.

 

Los arquetipos, precisamente por disponer de energía psíquica ya en sí, pueden fascinar al ego y apropiarse de la energía psíquica accesible por la consciencia, por el ego. Entonces se puede crear una disociación de la personalidad. Pues bien, serían, fundamentalmente, los arquetipos de la inmortalidad, de la magia y el de la reencarnación, junto con el arquetipo de los espíritus, quienes provocarían las manifestaciones mediúmnicas. Estos arquetipos, impulsarían a los contenidos afectivos del inconsciente personal (deseos, pensamientos, lecturas olvidadas, sentimientos, etc.) a salir del estado represivo en el que se encuentran. Arquetipos y contenidos afectivos del inconsciente personal saltarían al campo de la consciencia y se apropiarían de la energía psíquica del ego. Esto motivaría disociaciones de la personalidad y los fenómenos mediúmnicos quedarían al descubierto.

 

La percepción extrasensorial (telepatía, clarividencia, precognición, retrocognición, etc.) han sido explicadas por Jung con su teoría de la sincronicidad. Según Jung, existe en nuestra psique una parte que puede acceder a una especie de quinta dimensión psicoidea en la que existe un continuo espacio-tiempo y donde no existe la ley de causa y efecto. La teoría de la relatividad de Einstein y los últimos descubrimientos de la física cuántica así parecen presumirlo. Nuestro inconsciente puede acceder a esta esfera psicoidea sobre todo en los estados de trance mediúmnico e hipnótico, y provocar con ello, fenómenos de sincronicidad. Y entre éstos hay que incluir a los fenómenos espiritistas. Esta es, muy resumida, la aportación de Jung en el campo de las investigaciones sobre el Espiritismo.

sábado, 17 de diciembre de 2022

¡HASTA PRONTO!

Crónica de la desencarnación de Allan Kardec
Tumba de Allan Kardec en el cementerio Père Lachaise en París

Tomado del libro: Kardec, la biografia de Marcel Souto Maior

Es 31 de marzo de 1869, víspera de la mudanza, Kardec empacaba los libros y organizaba los documentos en el apartamento de la calle Sainte-Anne, 59, en medio de muebles en desorden y tapetes enrollados listos para ser transportados. Eran más de las once de la mañana cuando un empleado de la librería tocó a la puerta para buscar los ejemplares de la última edición de la Revista Espírita.

Cubierto por una elegante bata de dormir, Kardec entregó el paquete al visitante, se inclinó sobre sí mismo y cayó al suelo sin decir una palabra. Con 65 años de edad, el profesor Hyppolite Léon Denizard Rivail había muerto – o mejor dicho, más vivo que nunca, libre del peso de su cuerpo, a juzgar por las verdades definitivas que había lanzado los últimos quince años.

Llamado por los criados, el médium Delanne sería el primero en llegar. Presionó el pecho del maestro, aplicó sobre su cabeza y corazón pases magnéticos, y nada. Amélie volvió de la calle poco después y no consiguió contener las lágrimas ante el cuerpo del compañero, con quien conviviera a lo largo de 37 años. Los nuevos proyectos de vida, los planes de descanso juntos, todo quedó interrumpido.

Pero estaba escrito. Nada pasa por casualidad. El ciclo llegaba a su fin, de acuerdo con los planes de la espiritualidad. Mejor era enjugar las lágrimas y ocuparse de las despedidas. Pronto, creía Amélie, estarían juntos de nuevo.

Delanne y los criados colocaron el cuerpo ya frío sobre un colchón en la sala de estar y lo cubrieron con una manta de lana blanca. A sus pies, envueltos en medias, las pantuflas abandonadas.

¿Dónde estaría el Espíritu de Kardec en aquel momento? ¿En la sala, al lado de su mujer y del médium, delante de la chimenea encendida?  

¿Rodeado de los viejos amigos muertos antes de él y amparado por el médico Demerue? ¿Acogido por el Espíritu de la Verdad, por Zéfiro y otros colaboradores invisibles? ¿O en cualquier lugar, ya que la muerte sería solo el fin y reduciría a la nada a cada uno de nosotros?


-          Monsieur Allan Kardec est mort, on l’enterre vendredi. (El señor Allan Kardec ha muerto y será enterrado el viernes).

Este fue el contenido del telegrama enviado por uno de los amigos de Kardec, el señor E. Muller, a los espiritistas de Lyon. La misma noche, otros compañeros de la Sociedad Espírita se alternarían junto al féretro en la larga vigilia en la sala de estar del apartamento revuelto. Desliens y Tailleur, Delanne y Morin.

Solo al mediodía del 2 de abril de 1869, el modesto coche funerario partió de la casa de Kardec rumbo al cementerio de Montmartre, el más antiguo de París. Una multitud de amigos y simpatizantes, estimada en 1.200 personas, acompaño el féretro, que atravesó las calles de Grammont, Laffitte y Fontaine, cruzando los grandes bulevares hasta alcanzar la tumba.

Amélie prefirió acompañar la ceremonia en silencio. El primero en tomar la palabra fue el señor Levent, vicepresidente de la Sociedad Parisiense de Estudios Espiritistas fundada por Kardec el 1° de abril de 1858. Hacia once años, todos los viernes, ellos se encontraban en las sesiones semanales de estudio de la doctrina y de contactos con el más allá conducidas, con rigor y serenidad, por el discípulo de Pestalozzi. Aquel día, Kardec – o Rivail – estaba “del otro lado”.

Al borde del sepulcro, Levent lanzó la pregunta al aire:


-          ¿Dónde está ahora nuestro maestro, siempre tan madrugador para el trabajo? 

Y osó cuestionar lo incuestionable:

 

-          ¿Era preciso que Dios llamara a sí al hombre que aún podía hacer tanto bien? ¿Él tan lleno de sabia inteligencia, aquel faro, en fin, que nos sacó de las tinieblas y nos mostró ese nuevo mundo, más vasto y admirable del que inmortalizó Cristóbal Colón?

Defensor intransigente de la justicia divina, Kardec habría dispensado tantos pesares y celebrado con alivio, los recuerdos que siguen:

 

-          Pero, tranquilizaos, señores, con este pensamiento tantas veces demostrado y recordado por nuestro presidente: “Nada es inútil en la naturaleza. Todo tiene su razón de ser; y lo que Dios hace siempre está bien hecho”.

El maestro, afirmaba Levent en su emocionado discurso, había cumplido su misión. Cabría a ellos dar continuidad a su obra, de acuerdo con sus planes y bajo su “efluvio bienhechor e inspirador”.

El siguiente en hablar fue el joven astrónomo Camilo Flammarion, tan admirado por Kardec. En su largo discurso, el autor de La Pluralidad de Mundos Habitados sacó en limpio la trayectoria del codificador y definió, con tres palabras, la personalidad del amigo: “el buen sentido encarnado”. 

Si estuviese cerca, Kardec aprobaría las descripciones sobre su destino:

 

-          Ahora tú ya has regresado a ese mundo de donde hemos venido, y recoges el fruto de tus estudios terrestres. (…) El cuerpo cae, el alma se conserva y regresa al espacio. Nos volveremos a encontrar en un mundo mejor. La inmortalidad es la luz de la vida, como este sol brillante es la de la naturaleza. Hasta la vista, mi querido Allan Kardec, hasta la vista.

Después de Flammarion, Alexandre Delanne tomó la palabra al pie del sepulcro, como representante de los “espiritistas de los centros distantes”. En el discurso, más bien sucinto, un emocionado agradecimiento al compañero de viaje, “pionero de la naturaleza humana”.

 

-          Agradecido por las lágrimas que enjugaste, por las angustias que calmaste y por la esperanza que hiciste brotar en las almas abatidas y desanimadas. Gracias, mil gracias.

El último discurso fue el del señor Muller. “Queridos y afligidos hermanos” – saludo a la multitud, con los ojos llorosos, justo antes de presentarse como portavoz de la viuda, Amélie, silenciosa y abatida, a su lado.

En esta despedida, Muller destacó la “tolerancia absoluta” de Kardec, y su intolerancia también:

 

-          Le tenía un horror a la pereza y la ociosidad. Y murió de pie, después de un inmenso trabajo.

Después de citar la célebre frase del maestro – "Fuera de la caridad no hay salvación” -, Muller enarboló la bandera que, según él, debería ser adoptada como estandarte por todos los compañeros: “Razón, trabajo, y solidaridad”.

 

-          ¡Coraje, pues! Honremos al filósofo y amigo, practicando sus máximas y trabajando, cada uno en la medida de sus fuerzas, para difundir los valores que nos encantaron y convencieron.

En la edición del Diario de París del día siguiente, 3 de abril de 1869, el periodista Pagès de Noyez rindió también su homenaje a Allan Kardec, El “hombre que, por sus obras, fundara el dogma presentido por las más antiguas sociedades”.

Adepto al espiritismo, el reportero – quien viera el cuerpo de Kardec sobre el colchón después de su muerte – escribía con extraña admiración a los periodistas que Kardec enfrentara a lo largo de su cruzada:

 

Kardec murió en su hora. Con él, se cerró el prólogo de una religión vivaz, que, irradiando más y más cada día, pronto iluminará a toda la humanidad.

El periodista pecó por exceso de optimismo o de esperanza.


Traducción: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta - Colombia


jueves, 8 de diciembre de 2022

SOÑAR NADA NOS CUESTA

 

Imagén de referencia, tomada de la Web: https://www.inova.com.mx/blog/sonar-no-cuesta-nada-en-el-dia-mundial-de-sonar/

Por: Oscar Cervantes Velásquez

Tremenda sorpresa me llevé aquella noche cuando, sumergido en las apacibles profundidades del sueño, recibí una invitación inusual: ¡una visita al paraíso! Sí, ese paraíso del que tanto nos hablaron desde niños, pero que se nos antojaba casi inalcanzable, especialmente si crecimos dentro de principios cristianos que, con frecuencia, nos hicieron temer no estar a la altura de semejante destino.

Sin embargo, a lo hecho, pecho. Sin pensarlo mucho, acepté la invitación, con la esperanza de contemplar, por fin, las maravillas de ese tan anhelado edén.

Mas, para mi asombro, noté que allí no me esperaba San Pedro con sus llaves, como tantas veces lo imaginamos entre historietas y relatos religiosos. En su lugar, me encontré cara a cara con mi propia conciencia, esa compañera exigente y muchas veces implacable, que comenzó a recordarme cada uno de aquellos momentos en que, haciendo uso de mi libre albedrío, lo desperdicié en acciones que poco o nada contribuyeron a mi crecimiento espiritual.

¡Cuánto dolor me causaron esos recuerdos! Jamás imaginé que aquella invitación al paraíso se convertiría en un reencuentro con las sombras de mi personalidad, con aquel yo egoísta e irreflexivo que tanto sufrimiento generó en quienes amaba, y también en aquellos que, sin formar parte de mi círculo afectivo, se cruzaron en mi camino.

Sin embargo, con el paso del tiempo, que allí transcurría con la sensación de días interminables, tuve la dicha de reencontrarme con seres queridos que creía descansaban en la paz del olvido, y vaya impresión me llevé al verlos activos y laboriosos, comprometidos en tareas de ayuda y servicio, en abierta contravía con la idea que solemos tener sobre la muerte y el descanso eterno. Además, para mi sorpresa, muchos rostros desconocidos se acercaban a saludarme con alegría, identificándome de inmediato y compartiendo conmigo la satisfacción de aquel encuentro, tan poco común para quienes ignoramos la importancia de conocer las realidades espirituales mientras caminamos aún en la carne.

Fue una experiencia hermosa, profundamente transformadora, y distante de las narraciones de quienes viven experiencias cercanas a la muerte. Lo que viví no fue un adiós, sino un encuentro con la vida en otra dimensión, tan real y vibrante como esta que conocemos.

Les aseguro que, si volviera a recibir una invitación semejante, la aceptaría con gusto y gratitud. Porque aquella breve experiencia me dejó aprendizajes invaluables y una visión totalmente distinta de lo que, con tanta ignorancia, solemos llamar “morir”.


martes, 6 de diciembre de 2022

CONSIDERACIONES DOCTRINALES SOBRE EL ESPÍRITU DE NAPOLEÓN I

 

Por: Enrique Eliseo Baldovino

Reveladora información contenida en la 1ª edición de “El Libro de los Espíritus”.


Estudiando las páginas históricas de la 1ª edición de Le Livre des Esprits, Libro de la Luz publicado por el ilustre Codificador, en París, el sábado 18 de abril de 1857, encontramos valiosos y reveladores datos en la Nota XVII de Allan Kardec a la pregunta Nº 500, colocado al final de los originales franceses en la página 170, cuyo facsímil presentamos en este artículo [ver reproducción de la página y las líneas en detalle], traduciendo luego el último párrafo directamente del francés al portugués (el apócope de santo, são , está en minúsculas en el francés original y lo traducimos):

 

 Nota XVII de Kardec a la pregunta Nº 500

 

 (...) “Varios espíritus participaron simultáneamente en estas instrucciones, a las cuales asistieron, tomando la palabra alternativamente y hablando cada uno de ellos en nombre de todos. Entre los que animaron personajes célebres mencionaremos a Juan el Evangelista, Sócrates, Fénelon, San Vicente de Paúl, Hahnemann, Franklin, Swedenborg, Napoleón I; y otros que habitan las más altas esferas (…).” (última letra negrita nuestra)[1] (1)

 

Prestemos mucha atención en el último nombre: Napoleón I, seguido del número romano (I) que indica el título de Emperador de los franceses, cuyo gobierno la Historia registro entre 1804 y 1815, período conocido como el Primer Imperio Francés[2].

 

Se trata del célebre general Napoleón Bonaparte (Ajaccio [Isla de Córcega], Francia, 08/15/1769 – Isla de Santa Elena, Inglaterra, 05/05/1821), quien, tras los lamentables días del Terror de la Revolución Francesa, tenía como misión, según el Espírito del Hermano X,[3] preservar la integridad del territorio francés (ante la invasión de las potencias extranjeras contrarias a la República, frente a la guerra civil en Francia) para el nacimiento de Hippolyte Léon Denizard Rivail quien, en 1857, adoptaría el seudónimo de Allan Kardec – el ilustre Codificador del Espiritismo –, cuyo Espíritu fue elegido por Jesús para traer a la Tierra al Consolador Prometido.

 

Tras conservar con éxito las fronteras francesas y consolidar los logros democráticos de la 1ª República Francesa (derechos humanos y ciudadanos, etc.), el general Bonaparte se dejó llevar por la ambición y la vanidad, invadiendo otras patrias con sus ejércitos (España, Rusia, Austria, Bélgica etc.), auto coronándose emperador de los franceses en 1804 y olvidando la gran tarea de poner en práctica los ideales de la Revolución de 1789: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Napoleón es derrotado por primera vez en 1814 por los países aliados (Rusia, Austria e Inglaterra) que tomaron París, restaurando el trono al rey francés Luis XVIII (hermano de Luis XVI, muerto en la guillotina), un período conocido como la Primera Restauración.

 

Por el Tratado de Fontainebleau, Napoleón I fue exiliado a la Isla de Elba, de donde huyó al año siguiente, retomando el poder imperial, período conocido en la Historia como Los Cien Días (del 20 de marzo al 22 de junio de 1815). Tras ser derrotado definitivamente por el general inglés Wellington en la batalla de Waterloo (Bélgica), el 18 de junio de 1815, Napoleón I se exilió nuevamente, ahora en la lejana isla de Santa Elena, donde murió en 1821, 6 años después del duro exilio. Esta segunda abdicación de Napoleón hace retornar al trono al ya citado Luis XVIII, período designado como la Segunda Restauración de los Borbones.

 

Ciertamente, mucho habrá pensado Napoleón durante aquellos largos años de exilio, impuesto por la Corona Británica. Después de haber conquistado muchas tierras y pueblos, y dominado gran parte de Europa, el antiguo general debió sufrir un triste final como soldado vencido, ante la estrecha visión de los hombres, pero con certeza esas horas fueron benditas para las necesarias y urgentes reflexiones de su espíritu inquieto.

 

Teniendo en cuenta que Napoleón I desencarnó en 1821, y dado que la 1ª edición de El Libro de los Espíritus en 1857, Bonaparte dispuso de varios años (aproximadamente 36) para renovarse espiritualmente y para volver en sí, como se dice en lenguaje evangélico, y participar de las instrucciones de la Espiritualidad, como consta en las páginas históricas de la citada 1ª edición. Los Espíritus también nos informan que Napoleón fue la reencarnación de Alejandro Magno (356 a. C. – 323) y de César (100 a. C. – 44), quienes, con sus conquistas militares, como generales ilustres, cambiaron la historia política y geográfica de la Humanidad

 

Espíritu de Napoleón, el diplomático.

 

En la Revista Espírita de septiembre de 1859, en el artículo intitulado: Conversaciones Familiares de Ultratumba – El General Hoche[4], nos proporciona al respecto otra importantísima información dada por el Espíritu Hoche, general que cuando encarnado (1768-1797) fue contemporáneo de Napoleón.

 

Después de la evocación de Allan Kardec, el histórico diálogo con el Espíritu Hoche se desarrolla en torno a la Guerra de Italia (1859, 2ª guerra de independencia italiana). El ilustre Codificador pregunta al Espíritu Hoche, por medio de la médium Sra. J…:

 

General Hoche

(Sociedad – 22 de julio de 1859)

(...) 3. Dijiste que estabas acompañando las operaciones militares en Italia; esto nos parece natural. ¿Podrías decirnos lo qué piensa al respecto?

 

R. – Ellas produjeron grandes resultados. En mi época peleábamos más tiempo.

 

4. Asistiendo a esa guerra, ¿en ella desempeñabas algún papel activo?

 

R.- No, simple espectador.

 

5. Cómo vos, ¿otros generales de vuestro tiempo estuvieron allí con vosotros?

 

R.- Sí, bien lo puedes imaginar.

 

6. ¿Podrías nombrar algunos?

 

R.- Sería inútil.

 

7. Dicen que Napoleón I estuvo allí presente, cosa que no tenemos dificultad en creer. En la época de las primeras guerras de Italia él era solo un general. ¿Podría decirnos si en esta él veía las cosas desde el punto de vista del general o del emperador?

 

R.- De ambos, incluso de un tercero: el diplomático. (…) La negrillas son nuestras).

 

Según el Diccionario Houaiss de la Lengua Portuguesa, diplomático es aquel que ejerce la diplomacia, que es la ciencia, el arte y la práctica de las relaciones internacionales entre Estados, en la hábil negociación de los problemas y de los asuntos diversos entre países en litigio.

 

Por lo tanto, todo buen diplomático tiene como objetivo llegar a un entendimiento justo entre los individuos y las naciones que representan, siendo embajadores de la paz. Entonces, el Espíritu de Napoleón I se dedicaba ahora a la ardua tarea de la diplomacia entre las patrias y sus hijos. Antes, como general y emperador, tenía el objetivo de dominar a los pueblos por la fuerza. Ahora era el turno del poder de las ideas e ideales superiores que, desde la Espiritualidad, su Espíritu renovado por el sufrimiento moral, quiso llamar a los hombres a la Libertad, a la Igualdad y especialmente a la Fraternidad, y este último ideal no había sido alcanzado por la referida Revolución.

 

Sabemos de la extrema prudencia y sabiduría de Allan Kardec, virtudes demostradas en muchas ocasiones durante su vida apostólica. Si el insigne Codificador quitó el nombre de Napoleón I de la 2ª y definitiva edición de Le Livre des Esprits, debió tener sus razones profundas, por razones obvias y porque, además, el estatuto de la Sociedad Parisina de Estudios Espíritas impedía la actividad política partidaria hiciese parte de la misma, por ser una Sociedad de carácter apolítica.

No olvidemos el contexto histórico de la época: el sobrino de Napoleón I estaba en el poder político francés en el momento de la Codificación. Se trataba de Charles Louis Napoleón Bonaparte (París, Francia , 20/04/1808 – Chislehurst [Kent], Inglaterra, 09/01/1873), quien, tras ser elegido presidente de Francia en 1848, traicionó los ideales republicanos convirtiéndose en emperador de los franceses en 1852, con el nombre de Napoleón III, inaugurando un nuevo período denominado Segundo Imperio Francés, que finaliza en 1870, al perder la guerra franco-prusiana.

 

Al final del Prolegómenos de la 2ª y definitiva edición de El Libro de los Espíritus, constan los siguientes nombres en el último parágrafo, página XLIII de los originales en francés:

 

“San Juan Evangelista, San Agustín, San Vicente de Paúl, San Luis, El Espíritu de Verdad, Sócrates, Platón, Fénelon, Franklin, Swedenborg, etc., etc.”[5].

 

El Espíritu de Napoleón I fue eliminado de esta lista de nombres, así como el de Hahnemann, con la adición de los Espíritus de San Agustín, San Luis, El Espíritu de Verdad y Platón. En la 1ª edición (con 501 preguntas y tres partes) hay 8 nombres, seguidos del pronombre indefinido otros, indicando por lo tanto “a otros [Espíritus] que habitan las más altas esferas”.

 

En la 2ª y definitiva edición (con 1019 preguntas y cuatro partes) constan 10 nombres, seguidos de las importantísimas abreviaturas, etc. etc., que indican que más Espíritus participaron de las instrucciones de la Espiritualidad, y tenemos la certeza que Napoleón I y Hahnemann se encuentran entre ellos, así como tantos otros nombres anónimos.

 

Con las consideraciones doctrinarias de este artículo, tuvimos la intención de registrar otra importante individualidad que hizo y que forma parte de los anales de la Espiritualidad: el Espíritu de Napoleón I.

 

Tomada de la Web: http://www.mundoespirita.com.br/?materia=consideracoes-doutrinarias-sobre-o-espirito-napoleao-i



[1] KARDEC, Allan. Le Livre des Esprits. 1ª edición, 176 páginas. París: E. DENTU, 18/04/1857. Palais Royal, Galerie d'Orléans, 13. Traducción de Enrique Eliseo Baldovino del último párrafo de la p. 170.

[2] KARDEC, Alan. Revista Espírita: Revista de Estudios Psicológicos. CEI: 2009, año II. Julio de 1859, traducido del francés al español por Enrique E. Baldovino, junto con investigaciones extraídas de las notas del traductor 153 y 231 sobre el Espíritu de Napoleón I y el General Hoche, respectivamente.

[3] XAVIER, Francisco C. Cartas y Crónicas. Por el Espíritu Hermano X. 8ª ed. Rio de Janeiro: FEB, 1991. Cap. 28 (Kardec y Napoleón), págs. 121-127.

[4] KARDEC, Alan. Revista Espírita: Revista de Estudios Psicológicos. Año II. Septiembre de 1859. 4ª ed. Río de Janeiro: febrero de 2005, págs. 364-368.

[5] KARDEC, Allan. Le Livre des Esprits. 2ª edición, íntegramente refundida y considerablemente ampliada, 475 páginas. París: DIDIER ET Cie, 1860. Palais Royal, Galerie d'Orléans, 31. Reproducción fotomecánica por IDE, edición FEB, Río de Janeiro, 1998.



jueves, 15 de septiembre de 2022

DESPRENDIMIENTO EN EL HOSPITAL

 

Juan Antonio Durante

Por enésima vez consulté el reloj, quien señalaba las 23,42 horas, de ese día que pronto iba a terminar.

Sin poder precisar en qué momento, recordé que era el día del aniversario del retorno de Allan Kardec al Mundo Espiritual. Y no pude precisarlo porque fue un día especial, determinante en mi vida porque desde hacía algunas horas, estaba internado en una habitación del Policlínico Bancario y al día siguiente, me sería extirpado un tumor.

Los sufrimientos vividos los quince días previos, agudizaron mi sensibilidad y pese a que los médicos afirmaban tratarse de un tumor benigno, cúmulus nimbus ensombrecían mis pensamientos, pues el dolor físico vivido me hacía dudar del diagnóstico médico. Sin querer justificarme, pienso que es propio de la flaqueza humana y me sentía en el límite de lo que me consideraba capaz de resistir.

Si me fuera posible elegir, creo que quería morir, pero no continuar con aquel dolor intenso y profundo que parecía roer mis entrañas. Pensé, entonces, en los cancerosos y recordé que uno de mis eventuales compañeros de cuarto, ya era casi terminal, a causa de esa enfermedad, en cuanto que el otro, sería sometido a la extirpación de la vesícula biliar.

Pero al mirarlos, en la semipenumbra que nos rodeaba, observé que ellos dormían, presumiblemente por causa de los tranquilizantes que habrían ingerido y que yo no había recibido, no sé por qué razón, pues tenía la idea de que se le suministraba a todo paciente a quien al día siguiente se lo iba a intervenir quirúrgicamente.

El barullo del tránsito llegaba muy espaciado, probablemente disminuido por lo avanzado de la hora y la habitación, como toda sala de hospital, estaba en silencio, convidando al reposo a aquellos a quienes el dolor daba tregua.

Súbitamente, en medio de la poca claridad ambiental, percibí una presencia espiritual que trataba de manifestarse ante mi visión psíquica. Era la figura patriarcal y amiga de Don Cosme Mariño, el viejo líder Espiritista argentino, quien articulando palabras solo perceptibles en la acústica del alma, me dijo:

- “ ¿No quiere aprovechar el tiempo..?”

Esta frase, harto conocida por mí, era utilizada por él cuando me invitaba a psicografiar, ya fuera estando en viaje en avión, o aguardando la salida del tren en un viaje prolongado, es decir, en ese interregno en el que generalmente, no sabemos utilizar el tiempo, como no sea en la vaguedad del pensamiento, no siempre conducido por senderos positivos.

Azorado, por la inesperada aparición, recordé que no tenía más papel para escribir, puesto que el que había llevado conmigo, lo había utilizado en registrar mi voluntad, en caso de que no sobreviviera a la operación...

Él, leyendo mi pensamiento, manifestó:

- “No de esa forma – al tiempo que me preguntaba - ¿Ya oró por nuestros compañeros?” – y señaló a los otros dos enfermos que cohabitaban conmigo.

Inmediatamente comprendí que, en mi egoísmo, había olvidado cumplir con un elemental compromiso de cristiano y Espírita. Y percibiendo mi turbación, como ofreciéndome una salida airosa, expresó:

- “Aún está a tiempo. Hágalo!”

Tan pronto ordené mis ideas y conseguí conjugarlas con mis sentimientos, me sentí fuera del cuerpo, al tiempo que el generoso amigo me decía:

-“Venga. Voy a mostrarle lo que es un hospital desde nuestro lado!”

Tuve la impresión de que mi visión se había ampliado y lo primero que me asombró fue ver un extraño resplandor dorado-brillante que impregnaba las paredes del cuarto.

Ante la indagación, que no llegué a formular, el noble amigo espiritual me informó:

- “Ese es el resultado de tantas vibraciones que en su favor están emitiendo muchas personas a ud. vinculadas, pero debo aclararle que sólo recibirá de ello estrictamente lo necesario, y el resto será distribuido entre aquellos que nada tienen en ese sentido, pero que la Misericordia Divina no abandona. Es por eso que, cuando una persona es hospitalizada y tiene conocimiento o cree en la vida espiritual, es apta para generar una energía mental terapéutica que produce a través de sus pensamientos y que es aprovechada y distribuida por Entidades al servicio del bien, que trabajan en los establecimientos hospitalarios. Pero... venga: voy a mostrarle, en primer lugar, las defensas de este nosocomio..”

Y como si una fuerza superior me hubiera impulsado, de inmediato me vi fuera de la ventana, más o menos a la altura del edificio donde yo estaba hospitalizado -2º piso- , y pude observar que todo el predio estaba circundado por lo que podría definir como varias hileras de alambre de púas, sostenidas por varios postes como de cemento, equitativamente distribuidos en el contorno perimetral del hospital. Esos “alambres” emitían una luminosidad anaranjada, lo mismo que un zumbido, casi imperceptible.

Me volví para mirar a la Entidad amiga, quien leyendo mi asombro en mi rostro, dijo:

- “Los que aquí se encuentran internados, ya están sufriendo una pesada carga emocional, como para que sus sufrimientos se vean agravados con presencias espirituales desagradables, que redundarían en perjuicio del cuadro clínico que presentan. Este sistema de defensa, que en la Tierra denominaríamos de alta complejidad electrónica, impide el avance de entidades inferiores vampirizantes, ignorantes y enemigas que, por diversos motivos rondan los hospitales. Es una forma de mantenerlos a distancia, puesto que tan pronto se aproximan a la supuesta alambrada, reciben una alta carga energética – que ellos suponen tratarse de electricidad-, que los atonta durante cierto período, lo suficiente como para infundirles miedo y no reiterar en la tentativa.”

Acto seguido, manifestó:

- “Prosigamos nuestra visita..."

En ese momento nos cruzamos con tres Entidades espirituales, que usaban guardapolvos blancos, como podrían usar facultativos encarnados, sin que nada delatara una situación especial.

Pero Cosme esclareció:

- “El de más edad, es el médico responsable de todas las tares espirituales que aquí se llevan a cabo y los otros dos, sus colaboradores inmediatos.

Ellos nos saludaron con una leve inclinación de cabeza, visiblemente entregados a sus comentarios, ciertamente laborales, a los que nuestro amigo agregó:

- “Generalmente, estos establecimientos tienen un patrono que es quien figura en el “nombre del hospital”, pero no es este el caso, pues el nombre del Director responsable no figura entre los homenajeados de la Tierra y no es porque no tenga méritos suficientes para ello, sólo que él prefiere mantenerse en el anonimato, sin por ello disminuir su entrega”.

Seguimos avanzando y a medida que transitábamos por las diversas salas, se diría que un verdadero ejército de médicos y enfermeras espirituales se desplazaban en el mayor silencio, de cama en cama, efectuando curativos con sustancias blancuzcas, aplicando pases, colocando apósitos sobre la frente del enfermo que luego eran retirados, y que traían adherida otra sustancia pardusca, producto de los pensamientos generados.

Me llamó la atención observar que un cierto número de operarios cargaban sobre sus espaldas unos recipientes de los cuales pendían unas mangueras finas, transparentes y por medio de las cuales vertían sobres los clásicos cestos de basura que había en cada baño de cada habitación, un líquido también blancuzco, que caía sobre algodones manchados y gasas usadas que allí habían sido depositados, junto con otros desperdicios.

Ante la muda indagación que mi mente generara, Cosme Mariño me esclareció:

- “El material arrojado en estos recipientes, naturalmente cría miasmas que al no ser eliminados rápidamente, no tardarán en reproducirse aumentando el riesgo infeccioso, que ya existe en todo hospital. El compañero que fumiga esos receptáculos, está impidiendo con su acción la propagación de nuevos focos infecciosos. Es para disminuir ese riesgo que en estos establecimientos, generalmente, se incineran los desperdicios, así como también, algunas piezas que salieron del quirófano, luego de haber sido analizadas y no prestando ya servicio alguno, son eliminadas por ese medio a fin de evitar posibles focos bacteriológicos".

Sorprendido, una vez más y siempre guiado por el paciente compañero espiritual, marchamos hacia otras dependencias del establecimiento. Al pasar por determinado lugar, observé a dos entidades apostadas en actitud de guardia y en cuanto mi mirada buscaba respuesta a mi incógnita, el amigo, aseveró:

- “Esa es la sala donde se depositan los cadáveres, cuyos Espíritus, no siempre están totalmente desvinculados de la forma material y a fin de evitar conexiones con Entidades perversas que aguardan esos instantes para sorber los restos de energía material que quedan en la envoltura orgánica, se presta una guardia especial, la que a veces acompaña al cadáver hasta el lugar donde se procede al velatorio, siempre que el muerto tenga méritos suficientes para ello. A propósito – agregó -, asistiremos a la preparación previa a la desencarnación de alguien a quienes los médicos terrenos reconocerán como tal, algunas horas después".

Súbitamente me sentí desplazado por el influjo de su poderosa voluntad y nos encontramos en una de las tantas salas del establecimiento.

Lo primero que me llamó la atención fue la luminosidad reinante en el lugar, como si se tratase de un quirófano allí establecido. Tres Entidades vestidas con guardapolvos blancos realizaban gestos semejantes al pase, sobre la organización física del moribundo, en cuanto que otras cuatro se mantenían en actitud de estar orando, un poco más distanciadas de la cama. Al indagar, sin palabras, el querido Cosme me informó:

“Estamos frente a uno de los actos primordiales de la vida. La operación de desligar los lazos fluídicos del periespíritu que comandó durante más de sesenta años este cuerpo, requiere tanto cuidado y atención como lo es en el momento de la incubación de la futura organización física, luego del instante de la fecundación. Una y otra circunstancia es elaborada por Entidades especializadas que realizan esas operaciones con dedicación extrema, a fin de alcanzar el éxito deseado. Las Entidades que ve a cierta distancia, son parientes que le precedieron en el gran viaje y que están aguardando el momento de su arribo a nuestro lado para recibirle y conducirlo al lugar determinado por su propia vibración... Como le decía, estamos asistiendo al fin de la caminata carnal y en un proceso complicado y a veces doloroso, el nuevo habitante de nuestro mundo está llegando a los tramos finales del viaje. Pero, auxiliemos con nuestro pensamiento en oración...”. 

Tan pronto manifestó lo antes expuesto, me fue dado observar que del tórax de Cosme Mariño surgió una luminosidad zafirina brillante, que me provocó una profunda emoción y que simultáneamente me hizo recordar los relatos de André Luiz, a través de la mediumnidad de Chico Xavier.

Poco después y bajo el influjo de su mirada penetrante y fraternal, me sentí desplazado del lugar y vi que estábamos en un espacio abierto que sirve de estacionamiento de autos, dentro del hospital, con algunos canteros, rodeado de grandes árboles y muy próximo a la capilla, hacia donde se dirigían cuatro Entidades espirituales, un sacerdote y tres religiosas, que también contestaron el saludo del amigo espiritual con cortesía, pero moviendo ligeramente la cabeza.

Sin demoras, Cosme me informó:

- “Perfectamente conscientes de su condición espiritual, no abandonan sus hábitos religiosos y como tal, prestan los servicios a su alcance, con la misma unción que lo hacían cuando disponían de una organización física. Ellos también están al servicio del bien y son colaboradores de la obra de auxilio a la Humanidad que comanda Jesucristo".

Aprovechando el breve paréntesis que se produjo mientras el amigo acompañaba con la mirada a los religiosos que se introdujeron en la capilla, ligeramente iluminada, pregunté:

- ¿Las plegarias allí emitidas, también generan energías de auxilio a los internos del establecimiento?

- “Si lo negáramos – respondió – estaríamos cometiendo una grave falta, pues no es la forma de orar la que genera la energía y sí el sentimiento que en la plegaria se deposita.  Estos religiosos que acabamos de ver, conscientes de la terapéutica energética a que nos referimos al inicio de nuestro viaje, accionan de la misma forma señalada en la pregunta 459 de El Libro de los Espíritus (*)1 sobre la congregación de religiosas que viven dentro del hospital, conduciéndolas, muchas veces, a un cierto éxtasis, que es un estado de transe, a fin de lograr el material deseado a ser aplicado en aquellos seres aquí internados".

“No interesa en qué sector del bien se trabaja, ni bajo qué rótulo –que es quien, generalmente, separa a los hombres-, sino la intención de poner todos nuestros sentimientos al servicio del amor universal. Las religiones, como el hombre encarnado aún las entiende, son compartimentos estancos que aspiran a tener la supremacía de conducir la conciencia humana. Pero cuando se esta del lado de acá, el sentimiento religioso es encarado con otra óptica y sin abandonar las propias convicciones, el accionar común en el campo del bien generaliza a los Espíritus, cualesquiera sean las ideas religiosas mantenidas durante la permanencia en el escenario carnal".

“Lo que identifica a los hombres es el bien o el mal practicado, ya que ninguna religión estimula la práctica del mal. En consecuencia, la idea religiosa podría considerarse neutra, no así la actitud de aquellos que la practican, creando divisiones innecesarias. Es posible que unas tengan mayor o menor claridad en lo que hace a la interpretación de la Escrituras , pero fuera del culto exterior, todas son conducentes al bien, al mejoramiento del individuo".

“Y como consecuencia de ello, hemos querido que ud. viviera esta experiencia a fin de que, como difusor de la Doctrina Espiritista que es, esclarezca a los compañeros de ideal, todo lo referido a la elaboración de la energía psíquica que es tan necesaria en nuestro plano, para el auxilio a aquellos que como ud., aún permanecen en la carne".

“En las plegarias colectivas que se efectúan en esas células cristianas que son los Centros Espiritistas, esas energías no son encaminadas directamente a determinados lugares, lo que hace que éstas se pierdan, por no haber comunión de ideas. Por lo general, se dice:

“Vamos a elevar nuestro pensamiento por los que están en las cárceles, en los hospitales, en los manicomios...”, dispersándose las energías por falta de orientación consciente y no pasar de ser una petición genérica".

“Es necesario encausar el pedido a determinado establecimiento, nombrándolo, dirigiendo hacia el mismo la energía colectiva que habrá de producir resultados favorables en las distintas circunstancias en que serán empleadas y como ud. tuvo oportunidad de vivir en esta experiencia, que de alguna manera asume la responsabilidad de dar a conocer, para el mejor aprovechamiento de la energía psíquica. Para ello, le intensificaremos los centros de la memoria y tendrá la impresión de haber asistido a un film, del que guarda un recuerdo claro y preciso...”.

Abrí los ojos y casi como por impulso y automáticamente, miré el reloj: eran las 23,47 horas...

En apenas cinco minutos había vivido una de las más importantes experiencias de mi vida. Y en cuanto la emoción generaba las lágrimas que se deslizaban por mi rostro, agradecí a Dios por Su Misericordia, extensiva a todos los seres de la Humanidad.

Buenos Aires, noviembre de 1987, Juan Antonio Durante.

 

1 (*) 459-¿Los Espíritus influyen sobre nuestros pensamientos y nuestras acciones? – A ese respecto, su influencia es mayor a lo que creéis, porque, frecuentemente, son ellos quienes os dirigen.



CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...