jueves, 15 de septiembre de 2022

DESPRENDIMIENTO EN EL HOSPITAL

 

Juan Antonio Durante

Por enésima vez consulté el reloj, quien señalaba las 23,42 horas, de ese día que pronto iba a terminar.

Sin poder precisar en qué momento, recordé que era el día del aniversario del retorno de Allan Kardec al Mundo Espiritual. Y no pude precisarlo porque fue un día especial, determinante en mi vida porque desde hacía algunas horas, estaba internado en una habitación del Policlínico Bancario y al día siguiente, me sería extirpado un tumor.

Los sufrimientos vividos los quince días previos, agudizaron mi sensibilidad y pese a que los médicos afirmaban tratarse de un tumor benigno, cúmulus nimbus ensombrecían mis pensamientos, pues el dolor físico vivido me hacía dudar del diagnóstico médico. Sin querer justificarme, pienso que es propio de la flaqueza humana y me sentía en el límite de lo que me consideraba capaz de resistir.

Si me fuera posible elegir, creo que quería morir, pero no continuar con aquel dolor intenso y profundo que parecía roer mis entrañas. Pensé, entonces, en los cancerosos y recordé que uno de mis eventuales compañeros de cuarto, ya era casi terminal, a causa de esa enfermedad, en cuanto que el otro, sería sometido a la extirpación de la vesícula biliar.

Pero al mirarlos, en la semipenumbra que nos rodeaba, observé que ellos dormían, presumiblemente por causa de los tranquilizantes que habrían ingerido y que yo no había recibido, no sé por qué razón, pues tenía la idea de que se le suministraba a todo paciente a quien al día siguiente se lo iba a intervenir quirúrgicamente.

El barullo del tránsito llegaba muy espaciado, probablemente disminuido por lo avanzado de la hora y la habitación, como toda sala de hospital, estaba en silencio, convidando al reposo a aquellos a quienes el dolor daba tregua.

Súbitamente, en medio de la poca claridad ambiental, percibí una presencia espiritual que trataba de manifestarse ante mi visión psíquica. Era la figura patriarcal y amiga de Don Cosme Mariño, el viejo líder Espiritista argentino, quien articulando palabras solo perceptibles en la acústica del alma, me dijo:

- “ ¿No quiere aprovechar el tiempo..?”

Esta frase, harto conocida por mí, era utilizada por él cuando me invitaba a psicografiar, ya fuera estando en viaje en avión, o aguardando la salida del tren en un viaje prolongado, es decir, en ese interregno en el que generalmente, no sabemos utilizar el tiempo, como no sea en la vaguedad del pensamiento, no siempre conducido por senderos positivos.

Azorado, por la inesperada aparición, recordé que no tenía más papel para escribir, puesto que el que había llevado conmigo, lo había utilizado en registrar mi voluntad, en caso de que no sobreviviera a la operación...

Él, leyendo mi pensamiento, manifestó:

- “No de esa forma – al tiempo que me preguntaba - ¿Ya oró por nuestros compañeros?” – y señaló a los otros dos enfermos que cohabitaban conmigo.

Inmediatamente comprendí que, en mi egoísmo, había olvidado cumplir con un elemental compromiso de cristiano y Espírita. Y percibiendo mi turbación, como ofreciéndome una salida airosa, expresó:

- “Aún está a tiempo. Hágalo!”

Tan pronto ordené mis ideas y conseguí conjugarlas con mis sentimientos, me sentí fuera del cuerpo, al tiempo que el generoso amigo me decía:

-“Venga. Voy a mostrarle lo que es un hospital desde nuestro lado!”

Tuve la impresión de que mi visión se había ampliado y lo primero que me asombró fue ver un extraño resplandor dorado-brillante que impregnaba las paredes del cuarto.

Ante la indagación, que no llegué a formular, el noble amigo espiritual me informó:

- “Ese es el resultado de tantas vibraciones que en su favor están emitiendo muchas personas a ud. vinculadas, pero debo aclararle que sólo recibirá de ello estrictamente lo necesario, y el resto será distribuido entre aquellos que nada tienen en ese sentido, pero que la Misericordia Divina no abandona. Es por eso que, cuando una persona es hospitalizada y tiene conocimiento o cree en la vida espiritual, es apta para generar una energía mental terapéutica que produce a través de sus pensamientos y que es aprovechada y distribuida por Entidades al servicio del bien, que trabajan en los establecimientos hospitalarios. Pero... venga: voy a mostrarle, en primer lugar, las defensas de este nosocomio..”

Y como si una fuerza superior me hubiera impulsado, de inmediato me vi fuera de la ventana, más o menos a la altura del edificio donde yo estaba hospitalizado -2º piso- , y pude observar que todo el predio estaba circundado por lo que podría definir como varias hileras de alambre de púas, sostenidas por varios postes como de cemento, equitativamente distribuidos en el contorno perimetral del hospital. Esos “alambres” emitían una luminosidad anaranjada, lo mismo que un zumbido, casi imperceptible.

Me volví para mirar a la Entidad amiga, quien leyendo mi asombro en mi rostro, dijo:

- “Los que aquí se encuentran internados, ya están sufriendo una pesada carga emocional, como para que sus sufrimientos se vean agravados con presencias espirituales desagradables, que redundarían en perjuicio del cuadro clínico que presentan. Este sistema de defensa, que en la Tierra denominaríamos de alta complejidad electrónica, impide el avance de entidades inferiores vampirizantes, ignorantes y enemigas que, por diversos motivos rondan los hospitales. Es una forma de mantenerlos a distancia, puesto que tan pronto se aproximan a la supuesta alambrada, reciben una alta carga energética – que ellos suponen tratarse de electricidad-, que los atonta durante cierto período, lo suficiente como para infundirles miedo y no reiterar en la tentativa.”

Acto seguido, manifestó:

- “Prosigamos nuestra visita..."

En ese momento nos cruzamos con tres Entidades espirituales, que usaban guardapolvos blancos, como podrían usar facultativos encarnados, sin que nada delatara una situación especial.

Pero Cosme esclareció:

- “El de más edad, es el médico responsable de todas las tares espirituales que aquí se llevan a cabo y los otros dos, sus colaboradores inmediatos.

Ellos nos saludaron con una leve inclinación de cabeza, visiblemente entregados a sus comentarios, ciertamente laborales, a los que nuestro amigo agregó:

- “Generalmente, estos establecimientos tienen un patrono que es quien figura en el “nombre del hospital”, pero no es este el caso, pues el nombre del Director responsable no figura entre los homenajeados de la Tierra y no es porque no tenga méritos suficientes para ello, sólo que él prefiere mantenerse en el anonimato, sin por ello disminuir su entrega”.

Seguimos avanzando y a medida que transitábamos por las diversas salas, se diría que un verdadero ejército de médicos y enfermeras espirituales se desplazaban en el mayor silencio, de cama en cama, efectuando curativos con sustancias blancuzcas, aplicando pases, colocando apósitos sobre la frente del enfermo que luego eran retirados, y que traían adherida otra sustancia pardusca, producto de los pensamientos generados.

Me llamó la atención observar que un cierto número de operarios cargaban sobre sus espaldas unos recipientes de los cuales pendían unas mangueras finas, transparentes y por medio de las cuales vertían sobres los clásicos cestos de basura que había en cada baño de cada habitación, un líquido también blancuzco, que caía sobre algodones manchados y gasas usadas que allí habían sido depositados, junto con otros desperdicios.

Ante la muda indagación que mi mente generara, Cosme Mariño me esclareció:

- “El material arrojado en estos recipientes, naturalmente cría miasmas que al no ser eliminados rápidamente, no tardarán en reproducirse aumentando el riesgo infeccioso, que ya existe en todo hospital. El compañero que fumiga esos receptáculos, está impidiendo con su acción la propagación de nuevos focos infecciosos. Es para disminuir ese riesgo que en estos establecimientos, generalmente, se incineran los desperdicios, así como también, algunas piezas que salieron del quirófano, luego de haber sido analizadas y no prestando ya servicio alguno, son eliminadas por ese medio a fin de evitar posibles focos bacteriológicos".

Sorprendido, una vez más y siempre guiado por el paciente compañero espiritual, marchamos hacia otras dependencias del establecimiento. Al pasar por determinado lugar, observé a dos entidades apostadas en actitud de guardia y en cuanto mi mirada buscaba respuesta a mi incógnita, el amigo, aseveró:

- “Esa es la sala donde se depositan los cadáveres, cuyos Espíritus, no siempre están totalmente desvinculados de la forma material y a fin de evitar conexiones con Entidades perversas que aguardan esos instantes para sorber los restos de energía material que quedan en la envoltura orgánica, se presta una guardia especial, la que a veces acompaña al cadáver hasta el lugar donde se procede al velatorio, siempre que el muerto tenga méritos suficientes para ello. A propósito – agregó -, asistiremos a la preparación previa a la desencarnación de alguien a quienes los médicos terrenos reconocerán como tal, algunas horas después".

Súbitamente me sentí desplazado por el influjo de su poderosa voluntad y nos encontramos en una de las tantas salas del establecimiento.

Lo primero que me llamó la atención fue la luminosidad reinante en el lugar, como si se tratase de un quirófano allí establecido. Tres Entidades vestidas con guardapolvos blancos realizaban gestos semejantes al pase, sobre la organización física del moribundo, en cuanto que otras cuatro se mantenían en actitud de estar orando, un poco más distanciadas de la cama. Al indagar, sin palabras, el querido Cosme me informó:

“Estamos frente a uno de los actos primordiales de la vida. La operación de desligar los lazos fluídicos del periespíritu que comandó durante más de sesenta años este cuerpo, requiere tanto cuidado y atención como lo es en el momento de la incubación de la futura organización física, luego del instante de la fecundación. Una y otra circunstancia es elaborada por Entidades especializadas que realizan esas operaciones con dedicación extrema, a fin de alcanzar el éxito deseado. Las Entidades que ve a cierta distancia, son parientes que le precedieron en el gran viaje y que están aguardando el momento de su arribo a nuestro lado para recibirle y conducirlo al lugar determinado por su propia vibración... Como le decía, estamos asistiendo al fin de la caminata carnal y en un proceso complicado y a veces doloroso, el nuevo habitante de nuestro mundo está llegando a los tramos finales del viaje. Pero, auxiliemos con nuestro pensamiento en oración...”. 

Tan pronto manifestó lo antes expuesto, me fue dado observar que del tórax de Cosme Mariño surgió una luminosidad zafirina brillante, que me provocó una profunda emoción y que simultáneamente me hizo recordar los relatos de André Luiz, a través de la mediumnidad de Chico Xavier.

Poco después y bajo el influjo de su mirada penetrante y fraternal, me sentí desplazado del lugar y vi que estábamos en un espacio abierto que sirve de estacionamiento de autos, dentro del hospital, con algunos canteros, rodeado de grandes árboles y muy próximo a la capilla, hacia donde se dirigían cuatro Entidades espirituales, un sacerdote y tres religiosas, que también contestaron el saludo del amigo espiritual con cortesía, pero moviendo ligeramente la cabeza.

Sin demoras, Cosme me informó:

- “Perfectamente conscientes de su condición espiritual, no abandonan sus hábitos religiosos y como tal, prestan los servicios a su alcance, con la misma unción que lo hacían cuando disponían de una organización física. Ellos también están al servicio del bien y son colaboradores de la obra de auxilio a la Humanidad que comanda Jesucristo".

Aprovechando el breve paréntesis que se produjo mientras el amigo acompañaba con la mirada a los religiosos que se introdujeron en la capilla, ligeramente iluminada, pregunté:

- ¿Las plegarias allí emitidas, también generan energías de auxilio a los internos del establecimiento?

- “Si lo negáramos – respondió – estaríamos cometiendo una grave falta, pues no es la forma de orar la que genera la energía y sí el sentimiento que en la plegaria se deposita.  Estos religiosos que acabamos de ver, conscientes de la terapéutica energética a que nos referimos al inicio de nuestro viaje, accionan de la misma forma señalada en la pregunta 459 de El Libro de los Espíritus (*)1 sobre la congregación de religiosas que viven dentro del hospital, conduciéndolas, muchas veces, a un cierto éxtasis, que es un estado de transe, a fin de lograr el material deseado a ser aplicado en aquellos seres aquí internados".

“No interesa en qué sector del bien se trabaja, ni bajo qué rótulo –que es quien, generalmente, separa a los hombres-, sino la intención de poner todos nuestros sentimientos al servicio del amor universal. Las religiones, como el hombre encarnado aún las entiende, son compartimentos estancos que aspiran a tener la supremacía de conducir la conciencia humana. Pero cuando se esta del lado de acá, el sentimiento religioso es encarado con otra óptica y sin abandonar las propias convicciones, el accionar común en el campo del bien generaliza a los Espíritus, cualesquiera sean las ideas religiosas mantenidas durante la permanencia en el escenario carnal".

“Lo que identifica a los hombres es el bien o el mal practicado, ya que ninguna religión estimula la práctica del mal. En consecuencia, la idea religiosa podría considerarse neutra, no así la actitud de aquellos que la practican, creando divisiones innecesarias. Es posible que unas tengan mayor o menor claridad en lo que hace a la interpretación de la Escrituras , pero fuera del culto exterior, todas son conducentes al bien, al mejoramiento del individuo".

“Y como consecuencia de ello, hemos querido que ud. viviera esta experiencia a fin de que, como difusor de la Doctrina Espiritista que es, esclarezca a los compañeros de ideal, todo lo referido a la elaboración de la energía psíquica que es tan necesaria en nuestro plano, para el auxilio a aquellos que como ud., aún permanecen en la carne".

“En las plegarias colectivas que se efectúan en esas células cristianas que son los Centros Espiritistas, esas energías no son encaminadas directamente a determinados lugares, lo que hace que éstas se pierdan, por no haber comunión de ideas. Por lo general, se dice:

“Vamos a elevar nuestro pensamiento por los que están en las cárceles, en los hospitales, en los manicomios...”, dispersándose las energías por falta de orientación consciente y no pasar de ser una petición genérica".

“Es necesario encausar el pedido a determinado establecimiento, nombrándolo, dirigiendo hacia el mismo la energía colectiva que habrá de producir resultados favorables en las distintas circunstancias en que serán empleadas y como ud. tuvo oportunidad de vivir en esta experiencia, que de alguna manera asume la responsabilidad de dar a conocer, para el mejor aprovechamiento de la energía psíquica. Para ello, le intensificaremos los centros de la memoria y tendrá la impresión de haber asistido a un film, del que guarda un recuerdo claro y preciso...”.

Abrí los ojos y casi como por impulso y automáticamente, miré el reloj: eran las 23,47 horas...

En apenas cinco minutos había vivido una de las más importantes experiencias de mi vida. Y en cuanto la emoción generaba las lágrimas que se deslizaban por mi rostro, agradecí a Dios por Su Misericordia, extensiva a todos los seres de la Humanidad.

Buenos Aires, noviembre de 1987, Juan Antonio Durante.

 

1 (*) 459-¿Los Espíritus influyen sobre nuestros pensamientos y nuestras acciones? – A ese respecto, su influencia es mayor a lo que creéis, porque, frecuentemente, son ellos quienes os dirigen.



martes, 22 de febrero de 2022

ALLAN KARDEC Y EL MAGNETISMO EN LA CODIFICACIÓN

 

Imagen tomada de la Web: https://revolucaoespirita.com.br/kardec-afirma/

Allan Kardec, el maestro lionés, conocía del magnetismo antes de iniciar su misión; él participaba activamente de los trabajos de la sociedad de Magnetismo de París, la más importante de Francia. Hacía 35 años que profesaba la ciencia magnética.

El Espiritismo nos ilustra acerca de este poder y nos explica por su intermedio una infinidad de cosas inexplicables y no explicadas por otros medios y que, en tiempos pasados, se consideraron prodigios. Revela, como el magnetismo, una ley, no desconocida, pero muy mal comprendida, o, dicho con más exactitud, se conocían los efectos, ya que se produjeron en todos los tiempos, pero se desconocía la ley, y justamente la ignorancia de esta ley engendró la superstición. Una vez en conocimiento de ella, lo maravilloso desaparece y los fenómenos vuelven al orden natural al que pertenecen. He aquí por qué los espíritas no hacen milagros haciendo girar una mesa o intentando que escriban los muertos, al igual que el médico al revivir a un moribundo o el físico al descargar un rayo. Quien pretendiese, con la ayuda de esta ciencia, hacer milagros, sería un ignorante de la materia o un impostor.

Ya que el Espiritismo repudia, respecto a todo lo que a él concierne, la calificación de milagro, fuera de él, ¿hay milagros, en la verdadera acepción de la palabra?

Digamos, en principio, que entre los hechos considerados milagrosos que ocurrieron antes del advenimiento del Espiritismo y entre los que ocurren hoy, la mayor parte, si no todos, encuentran explicación en las leyes que el Espiritismo ha venido a revelar. Esos hechos entran, aunque bajo otro nombre, en el orden de los fenómenos espíritas y, como tales, no tienen nada de sobrenaturales. Se comprende que nos referimos a hechos auténticos y no a aquellos que, calificándolos de milagro, son el producto de una superchería innoble con vistas a explorar la credulidad, así como a ciertos hechos legendarios que pueden haber tenido, en su origen, un fondo de verdad, pero que la superstición ha ampliado hasta el absurdo. Son esos hechos los que el Espiritismo viene a aclarar, suministrando los medios necesarios para separar lo auténtico de lo falso[1].

La acción magnética puede verificarse de diferentes maneras[2]:

  1. 1. Por el fluido del mismo magnetizador; es el llamado magnetismo humano, cuya acción está subordinada a la potencia y, sobre todo, a la calidad del fluido.

    2.Por el fluido de los espíritus que actúan directamente y sin intermediario sobre un encarnado, ya sea para curar o para calmar un sufrimiento, para provocar el sueño sonambúlico espontáneo o ejercer una influencia física o moral. Se le denomina magnetismo espiritual, y su potencia depende de las cualidades del espíritu.

    3.  Por el fluido que los espíritus proyectan sobre el magnetizador, a quienes éste sirve de conductor. Es el llamado magnetismo mixto, semiespiritual o humano-espiritual. El fluido espiritual, combinado con el fluido humano, otorga a este último las cualidades que le faltan. El concurso de los espíritus, en circunstancias parecidas, es a veces espontáneo, pero generalmente se produce por la evocación del magnetizador.

 



[1] Allan Kardec, La Génesis, los milagros y las predicciones según El Espiritismo. Cap. XIII, Caracteres de los milagros, pág. 281, 282, 283. Confederación Espiritista Argentina – CEA.

[2] Allan Kardec, La Génesis, los milagros y las predicciones según El Espiritismo. Cap. XIV, Los fluidos, pág. 311. Confederación Espiritista Argentina – CEA.


lunes, 20 de diciembre de 2021

DISQUISICIONES EN TORNO DE LA AMISTAD: VÍNCULOS QUE ILUMINAN EL CAMINO

 

Imagen de referencia tomada de la Web

Por: Oscar Cervantes Velásquez
Santa Marta - Colombia

La amistad es una de las mejores experiencias del ser humano en el campo de la afectividad. Se fortalece mediante la conquista de valores que hacen de ella una condición imperecedera para construir relaciones edificantes y fraternales.

Es de gran sabiduría comprender que, a medida que avanzamos en edad, podemos tener menos amigos y muchos conocidos. Esto ocurre porque, con la madurez, aprendemos a reconocer la amistad como un bien imperecedero, guardado en lo recóndito de nuestra alma. Constituye una conquista que nos ayuda a llevar una vida más sana y feliz. Por eso, la autora espiritual Juana de Ângelis asegura que “el amigo es un tesoro que se encuentra al alcance, siempre dispuesto a contribuir en beneficio del otro[1]”.

Para que una amistad se mantenga a través del tiempo, son necesarias ciertas condiciones, como un fuerte vínculo afectivo, una confianza sincera y un compañerismo a prueba de fuego. Cultivar la confianza es una tarea que muchos parecen desconocer, pues, en determinadas circunstancias, un silencio compasivo ante las adversidades del compañero puede convertirse en una expresión de respeto y contribuir a llevar paz a los corazones amados.

Por eso, jamás olvides al amigo sincero que ayer te arropó en tus momentos de infortunio y que hoy, quizás, transita silenciosamente, cargando con los suyos. Recuerda que “la gratitud, como el amor, es también un deber que no solo da calor a quien la recibe, como también reconforta a quien la ofrece[2]”.

La verdadera amistad, por tanto, no se limita a la convivencia, a la afinidad de gustos o a la satisfacción de compartir momentos agradables. Ella se revela, sobre todo, cuando la vida nos coloca frente a las dificultades, porque es allí donde se prueba la autenticidad de los vínculos que hemos construido.

El amigo verdadero no siempre es aquel que tiene algo que decir, sino también aquel que sabe cuándo guardar silencio; no es únicamente quien celebra nuestras conquistas, sino quien permanece cerca cuando atravesamos nuestras derrotas. Su presencia no invade ni juzga: acompaña, comprende y, cuando es necesario, ayuda a encontrar nuevamente el camino.

Desde la perspectiva espiritual, la amistad adquiere todavía mayor significado. Los vínculos que construimos durante la existencia pueden constituir oportunidades de crecimiento recíproco, mediante las cuales aprendemos a ejercitar la paciencia, la tolerancia, la comprensión, la solidaridad y, especialmente, la gratitud.

Quizás por eso algunos amigos llegan a nuestra existencia y permanecen durante muchos años, mientras otros aparecen brevemente, dejando una enseñanza que continúa acompañándonos. Cada encuentro puede representar una oportunidad de aprendizaje y de renovación interior.

La amistad, cuando está edificada sobre valores nobles, deja de ser solamente un sentimiento para convertirse en una forma de fraternidad. Y, cuando la fraternidad se ilumina por el amor, el amigo deja de ser apenas un compañero de jornada para convertirse en un verdadero cooperador de nuestro proceso evolutivo.

En definitiva, conservar una amistad exige mucho más que recordar los buenos momentos: requiere saber agradecer, comprender las ausencias, respetar los silencios, perdonar las imperfecciones y permanecer disponible para el bien.

Porque los verdaderos amigos no son aquellos que simplemente caminan a nuestro lado cuando el sendero es agradable, sino aquellos que, aun en medio de las sombras, nos ayudan a recordar que siempre existe un camino hacia la luz.



[1] Juana de Ángelis/Divaldo P. Franco, Constelación familiar, Educación para la amistad, página 85. Editorial Kimpres S. A. S., 2017.

[2] Juana de Ángelis/Divaldo P. Franco, Invitaciones de la vida, Invitación a la gratitud, página 99. Instituto de Difusión Espírita - IDE, 1985.

jueves, 4 de noviembre de 2021

CELOTIPIA, CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN SUFRIMIENTO

 

Imagen de referencia tomada de la Web.

Por: Oscar Cervantes Velásquez

Todos los seres humanos, en algún momento de nuestra vida, y atendiendo a las circunstancias, hemos sentido el gusanito de los celos. Dentro de la inferioridad que manejamos en un planeta como el nuestro, podríamos decir que es algo normal, a pesar de ser un estado emocional negativo, sin embargo, muchas veces la forma intensa e irracional con que celamos, convierten las relaciones en un grave problema de convivencia que, generalmente, acaba con las relaciones afectivas, afectando en mayor o menor grado, a las personas implicadas.

 

Los celos, desde la óptica de las ciencias psicológicas, es considerada una enfermedad psíquica, que “consiste en ideas pensamientos, impulsos o imágenes que no se logran quitar de la mente. Entran ahí de modo prepotente y se perciben como algo extraño que escapa al control. Van más allá de un simple pensamiento no deseado que al final desaparece[1]”.

 

En el caso de los celos patológicos, estos representan un fenómeno complejo de la personalidad, que afecta la estabilidad emocional del individuo que lo padece, llevándolo a niveles de ansiedad e inseguridad tal, que le impide racionalizar con equilibrio, sus pensamientos. En ese tormentoso estado, el hombre, “fija su identidad en la necesidad de lo que denomina amor y se proyecta, inconscientemente, sobre la persona que dice amar, se le impone con ansiedad irrefrenable, en terrible desarmonía interior[2]”.


La causa de este tipo de enfermedad psíquica, es la falta de madurez psicológica del ser, entendiendo que esta reencarnación es la sumatoria de las diferentes experiencias del ayer, que pesan sensiblemente en su inconsciente, lo cual, a su vez, termina por generar conflictos, obsesiones y ansiedades, en sus relaciones interpersonales y en particular las de pareja.


Hay algo que es importante considerar en relación a los celos, pues muchas veces, de forma errónea, hemos escuchado que se cela a la pareja, porque se ama, situación que está lejos de ser una expresión del amor, por el contrario, representa estados de inseguridad del ser y una demostración de fracaso en el manejo de sus emociones; como asegura la autora espiritual Juana de Ángelis, “el Espíritu inmaduro, sometido por desvíos del comportamiento en existencias pasadas, renace con el sistema emocional señalado por marcas infelices[3]”.


En este orden de ideas, comprendiendo las herencias del pasado y la forma en que ese pasado repercute en nuestra vida presente, se hace necesario la educación de nuestras emociones partiendo de la necesidad de aceptarnos tal como somos, con nuestras limitaciones, pero con algo fundamental e importante para nuestro futuro espiritual, la perfectibilidad que estamos en capacidad de desarrollar trabajando en nuestra reforma moral.   


Sabemos, que “la existencia física tiene por meta el perfeccionamiento de los valores espirituales que yacen latentes en el ser humano, que adquiere sabiduría y paz, de modo que pueda disfrutar de la salud integral”; de ahí el por qué “trabajar la emoción, reflexionar en torno a los propios sentimientos y a los del prójimo constituyen una saludable psicoterapia para la adquisición de la confianza en sí mismo y de los demás[4]”.

 



[1] Madurez psicológica y espiritual. Wenceslao Vial. La obsesión y la compulsión, pág. 194. Ediciones Palabra, Madrid – España. 3ª. Edición.

[2] Juana de Ángelis/Divaldo Franco. El Ser Consciente. Ser y persona, pág. 45. Ediciones Juana de Ángelis, Buenos Aires – Argentina. 1997.

[3] Juana de Ángelis/Divaldo Franco. Conflictos existenciales, Celos, pág. 70. Ediciones Juana de Ángelis, Buenos Aires – Argentina. 2005.

[4] Ibidem, pág. 71.


jueves, 30 de septiembre de 2021

EL JUDAS INCOMPRENDIDO

 


Por: Oscar Cervantes Velásquez

Santa Marta - Colombia

En la obra “Ave Luz”, del Espíritu Shaolin y psicografiado por Joao Nunes Maia, el autor espiritual asegura que “Judas Iscariote es visto como una figura traidora en la historia del cristianismo por las religiones que olvidan el cumplimiento de las profecías. Sin embargo, fue un instrumento que permitió que el Evangelio demostrara su conexión con los dichos de los profetas del pasado, mostrando, a través de los acontecimientos, la realidad de su existencia divina”.

Recordando el evangelio de Mateo (cap. 18 v. 21 -35), nos lleva a reflexionar sobre la importancia que le diera Jesús, a la necesidad de perdonar en la vida del ser humano. En ella, nos relata la parábola del siervo malo, el mismo que, siéndole perdonada la deuda por parte de su amo, al encontrarse con uno de sus deudores lo conminó a pagar lo que le debía y al no poderle saldar la deuda, lo mandó a encerrar en la cárcel. Los demás esclavos vieron la falta de compasión de este hombre y fueron a contárselo al amo, quien se enfadó mucho, mandó llamar al esclavo y le dijo: “¡Esclavo malvado! Yo te perdoné toda aquella deuda cuando me lo suplicaste. ¿No deberías haber tenido misericordia de tu compañero igual que yo tuve misericordia de ti?”. El rey se indignó tanto, que entregó al siervo cruel a los carceleros para que lo encerraran hasta que pagara todo lo que debía. Jesús concluye la historia diciendo: “Así es como mi Padre celestial los tratará a ustedes si no perdonan de corazón a sus hermanos”.

Y justamente, Jesús recurre a esta parábola ante la inquietud de Pedro con relación a la necesidad de perdonar: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? “No, no te digo hasta 7 veces, sino hasta 70 veces siete” (Mateo 18:22). En otras palabras, debemos perdonar a nuestros hermanos todas las veces que una falta nos sea cometida.

Acudo a esta enseñanza evangélica para resaltar la importancia del perdón, de la que nos ufanamos tantos, a través de las redes sociales, más, cuán difícil resulta, cuando la realidad de la ofensa atropella nuestro orgullo.

Históricamente, en el mundo cristiano, la figura de Judas Iscariote no ha encontrado el perdón de muchos, quizás por atavismos religiosos que pesan tanto en el psiquismo colectivo, llevándolo a figurar entre los personajes más “odiado”, aunque suene extraño, entre los cristianos. De hecho, es común escuchar a muchos hablar de “el beso de Judas”, cuando alguien da un beso en la mejilla a otra persona, como expresión de amistad o afecto, y, sin embargo, falta a la confianza recibida.

Pero ¿quién era Judas Iscariote? Judas nació en una localidad de Judá llamada Queirot[1], de ahí la denominación Iscariote. Como hecho curioso, fue el único apóstol que no era galileo. Entendía de contabilidad y se convirtió en tesorero del grupo. Era quien cuidaba de las donaciones y regalos. Cuenta Amelia Rodrigues en la obra “Trigo de Dios”, psicografiada por el médium Divaldo P. Franco, que fue invitado por Jesús “para edificar el reino y obraba siempre sin consultar, considerando a las personas y a los sucesos con una óptica distorsionada de la realidad, a través del valor relativo del dinero, de lo social, de lo transitorio, de lo no real, y esto lo hizo perderse, tornándose así en legendaria personificación de la traición, la desconfianza y la ingratitud”.

En otra de sus obras, Amelia asegura que:

El mayor dolor para un amigo es la traición de otro amigo; su loca y persistente persecución; la aversión que surge de la envidia o el despecho; la continua burla que surge de la obstinada animosidad que la envuelve. Judas, que lo conocía, no lo conocía. . . El amigo que ataca y maltrata, no conoce la bendición de la amistad[2]”.

En una entrevista concedida a Humberto de Campos, en el libro “Crónicas de Más Allá de la Tumba”, Judas revela “que estaba enamorado por las ideas socialistas de Jesús, considerándolo el Nuevo Rey de los judíos, tanto por su magnetismo divino, por los fenómenos mediúmnicos que practicaba, como por Su palabra esclarecedora. Dice Judas que veía en la política y en la revuelta popular el único instrumento que podría viabilizar la liberación de los judíos, pues era hostil a la dominación romana. Paralelamente, consideraba al Maestro un serio obstáculo a su deseo de llegar al poder, debido a que Jesús tenía su opción por los pobres y humildes, rechazando el mando y la riqueza. Aunque amara profundamente al Hijo de María, su ambición y su deseo de apresurar la victoria lo hizo ingeniar el plan que culminó con la crucifixión y todo lo demás que conocemos del Martirio”.

En el año 2006 Luis Hu le pregunta a Divaldo P. Franco acerca del destino final de Judas, en trabajo realizado para la Revista Espírita, de la cual extractamos lo siguiente:

Luis Hu: “Una de las mayores interrogantes sobre Judas es sobre su destino después de su desencarnación. Hay dos versiones: en Mateo, “sintió remordimiento, […] y se fue y se ahorcó”. En Hechos de los Apóstoles, Judas “compró un campo con el salario de la injusticia, y cayendo de cabeza, reventó ruidosamente por en medio, y todos sus intestinos quedaron derramados”. El Evangelio de Judas, termina cuando Judas ofrece a Jesús a los sacerdotes, sin embargo, pasajes anteriores sugieren que es aceptado en el reino divino. ¿Cuál es la información espírita que tenemos al respecto?”.

Responde Divaldo: “La narrativa más acorde con los hechos es la que se encuentra en Mateo, cuando el apóstol se dio cuenta de la gravedad de lo sucedido, optó por el suicidio cobarde y perjudicial. Además, según las informaciones canónicas, al arrojar el dinero a los sacerdotes, ellos lo devolvieron irónicos, y posteriormente, compraron el “campo del alfarero” que convirtieron en cementerio para extranjeros, por no considerar adecuado guardarlo en el arca de las ofrendas”.

Para Herminio Miranda, egregio cultor de la Doctrina Espírita en artículo escrito para el Reformador, considera que: “Es el momento de trabajar por la rehabilitación de la figura del ex Iscariote. Es necesario quitar de su imagen histórica la mancha anticuada de la traición que pesa sobre su memoria. No fue el primer ser humano en cometer un error ni será el último. Tampoco fue el primero en redimirse de su error, pagando hasta el último centavo, como dice la Ley, para reanudar el viaje hacia lo Alto. Sufrió tanto para ganarse su paz y seguro que sabrá ayudarnos a encontrar la nuestra. También tenemos grandes deudas que redimir. No entregamos a Jesús a sus verdugos; una y otra vez, sin embargo, hemos crucificado su memoria, vendido sus principios, no cumplimos con la moral que predicaba. Por tanto, no estamos en condiciones de arrojar nada al noble rostro de Judas el redimido”.

Luego del execrable hecho de suicidarse, Judas por afinidad vibratoria se precipitó en las densas tinieblas, donde por mucho tiempo cargaría con el triste recuerdo de su insania. Cuenta Amelia Rodrigues en la ya citada obra “Trigo de Dios”, que:

Antes de aparecer ante las mujeres que fueron al túmulo vacío, Jesús descendió a las regiones penosas del mundo inferior al que se arrojara Judas, imprudentemente…

Debatiéndose entre la coerción psíquica del lazo que lo ahorcara y las tremendas burlas de aquellos Espíritus que lo habían estimulado a la tragedia, se había tornado en el símbolo de la suprema desdicha.

Totalmente atontado, sin poder ver al Amigo Divino, sintió que momentáneamente, los dolores y la locura se atenuaban, y oyó Su voz dulcísima en lo más profundo del ser:

- “Judas, soy yo.

“Confía y espera. Aún hay tiempo. Ninguna de mis ovejas se perderá.

“Perdónate el ultraje que te hiciste a fin de que puedas liberarte de la culpa y recuperarte.

“Enciende la luz de la esperanza y la sombra cederá.

“Recuerda el amor, de manera que la paz se anide en tu corazón.

“Nunca te dejaré ni te condenaré.

“Hoy comienza una nueva etapa y mañana será el día de la victoria.

“Reposa un poco, pues los milenios te aguardan, y Yo también te estaré esperando”.

Suavizado el sufrimiento por la reconfortante presencia, Judas se adormeció un poco, y adquirió nuevas fuerzas para las futuras expiaciones redentoras.

Tal vez sea cómodo contemplar a Judas desde la distancia de dos milenios y señalarlo como el traidor. Es mucho más incómodo preguntarnos qué semejanzas existen entre sus debilidades y las nuestras.

Porque no siempre traicionamos mediante grandes gestos. Algunas veces lo hacemos silenciosamente, en pequeñas decisiones que creemos insignificantes. Traicionamos cuando decimos defender la verdad, pero mentimos para proteger nuestra imagen; cuando proclamamos fraternidad y alimentamos la maledicencia; cuando hablamos de perdón, pero conservamos cuidadosamente la ofensa en nuestra memoria; cuando aconsejamos humildad mientras alimentamos nuestro orgullo; cuando exigimos comprensión para nuestros errores, pero somos implacables con los errores ajenos.

También traicionamos cuando abandonamos nuestros principios ante una ventaja personal, cuando cambiamos la conciencia por la conveniencia o cuando permitimos que nuestros intereses hablen más alto que aquello que sabemos correcto.

Quizás por eso Judas continúa siendo una figura incómoda. No solamente porque haya formado parte de la historia del cristianismo, sino porque puede convertirse en un espejo. Y los espejos tienen esa desagradable costumbre de mostrarnos aquello que preferiríamos no contemplar.

¿Quién no ha vendido alguna vez un principio por una conveniencia? ¿Quién no ha traicionado una confianza? ¿Quién no ha herido a alguien a quien decía amar? ¿Quién no ha reconocido, después de actuar, que su orgullo, su ambición, sus celos o sus intereses personales habían tomado el lugar de la razón?

La distancia histórica puede hacernos sentir superiores a Judas. La reflexión espiritual, por el contrario, debería hacernos más humildes.

Porque la pregunta verdaderamente importante no es: “¿Por qué Judas traicionó a Jesús?”, sino: “¿Cuántas veces nosotros hemos traicionado las enseñanzas de Jesús, aun afirmando seguirlo?”

Y esta segunda pregunta ya no pertenece a la historia. Nos pertenece.

Comprendiendo la importancia del perdón en nuestras vidas, nos ahorraremos muchas de nuestras desgracias morales las cuales nos acompañan de forma consuetudinaria por nuestra tendencia a no perdonar. Recordemos la enseñanza del apóstol Mateo, “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. (Mt. 6:14–15).

El mensaje del Espíritu Lamennais, dado en París, en 1862, del capítulo XI, ítem 14, del “El Evangelio según el Espiritismo” refuerza la importancia del perdón: “¡No juzguéis, oh! no juzguéis, mí queridos amigos, porque el juicio que hagáis os será aplicado más severamente aún, y tenéis necesidad de indulgencia para los pecados que cometéis sin cesar. ¿No sabéis que hay muchas acciones que son crímenes a los ojos del Dios de pureza, y que el mundo no considera siquiera como faltas leves?”.

Quizás el mayor legado de Judas no sea, entonces, la traición, sino la posibilidad de comprender que ningún error debe convertirse en la sentencia definitiva de un Espíritu.

 

Todos tenemos páginas de nuestra existencia que preferiríamos arrancar. Todos cargamos recuerdos de decisiones equivocadas, palabras pronunciadas en momentos de ira, silencios que debieron romperse, afectos que no supimos valorar y oportunidades de hacer el bien que dejamos pasar.


La cuestión no consiste en vivir eternamente prisioneros de aquello que hicimos, sino en preguntarnos qué estamos haciendo hoy con aquello que hicimos ayer.

 

El pasado no puede modificarse, pero puede transformarse su significado mediante el arrepentimiento sincero, la reparación del daño y la renovación de nuestras actitudes.

 

Judas, entonces, deja de ser solamente el traidor de la historia para convertirse en una advertencia dirigida a cada uno de nosotros. Porque también podemos vender nuestros principios por unas pocas monedas simbólicas: la aprobación ajena, el orgullo, el poder, la vanidad, el interés personal o la comodidad.

 

Y cuando eso sucede, quizá nuestra primera obligación no sea buscar culpables, sino mirarnos interiormente.

 

¿A quién hemos traicionado?


¿A quién hemos herido?


¿A quién todavía necesitamos perdonar?


¿De quién necesitamos pedir perdón?


¿Y, sobre todo, qué estamos haciendo para reparar aquello que un día hicimos mal?

 

La grandeza espiritual no consiste en no haber errado jamás. Consiste en tener la humildad de reconocer el error, el valor de repararlo y la perseverancia necesaria para no volver a cometerlo.

 

Por eso, quizá la historia de Judas no deba terminar con el beso, las monedas, la traición ni la muerte. Desde la perspectiva de la inmortalidad del Espíritu, ninguna de esas circunstancias constituye el último capítulo.

 

El último capítulo siempre permanece abierto mientras exista la posibilidad de aprender, reparar y amar.

 

Y esa posibilidad también es nuestra.



[1] Ciudad al extremo sur de la tribu de Judá, a una jornada más allá del Hebrón.

[2] Hay flores en el camino, Amelia Rodrigues/Divaldo P. Franco. Editora Alvorada.

EL HOMBRE DE BIEN ANTE EL ASEDIO DE LAS FUERZAS ESPIRITUALES DEL MAL

    Oscar Cervantes Velásquez Santa Marta – Colombia 01/19/2026 El tema que pretendemos analizar representa uno de los mayores escol...