martes, 16 de junio de 2020

EL NIÑO QUE TUVO DOS VIDAS

Eduardo Cabrero, el niño que tuvo dos vidas.


Ha habido dos casos verdaderamente extraordinarios. Uno de los más asombrosos y contrastados es, sin duda, el del pequeño Eduardo Cabrero, conocido como “el niño que tuvo dos vidas”. Ocurrió en 1950 en la población de Nuevitas, en la bella isla de Cuba, y fue investigado por un equipo de psicólogos y parapsicólogos americanos miembros de la ASPR (American Society for Psychical Research). Determinaron que era uno de los casos “sugestivos de reencarnación”.

La historia empezó en un suburbio de la ciudad de La Habana. El pequeño Eduardo Cabrero, de tres años de edad, a consecuencia de un golpe fortuito en la cabeza mientras jugaba, empezó a recordar hechos ocurridos en una vida anterior. Lo explicó a sus padres, Rubén y Juanita Cabrero. Al principio la familia no se lo tomaba en serio, pero conforme fue pasando el tiempo el niño se convirtió en un torrente de información de cuando era otro niño que se llamaba Pancho Seco. Las explicaciones de sus vivencias anteriores eran tan sencillas y tan obsesivas para el niño que acabaron llevándolo al médico.

La muerte del niño

       El pequeño Eduardo explicó al médico como era su vida anterior y la noche en que murió. Contó que a la edad de trece años se había puesto enfermo y que ante la gravedad del caso acudió a buscarlo una ambulancia. Mientras lo trasladaban al hospital murió. También explicó el sentimiento que le produjo su muerte. Sentía la cabeza y el cuerpo muy cansados y cómo se hundían poco a poco en la camilla de la ambulancia. Su vista se fijaba en la luz diurna que se filtraba por la ventanilla. Paulatinamente, dicha luz fue perdiendo intensidad hasta que una especie de nube se interpuso entre ella y sus ojos.

Estación del ferrocarril de Nuevitas.

       Así, el niño relató cómo fueron debilitándose sus facultades perceptivas a los estímulos externos hasta morir. Eduardo aseguró que en aquellos momentos no sentía angustia alguna por dejar la vida. Únicamente tristeza por las personas que dejaba en este mundo. La transición a la muerte fue un paso gradual hacia la felicidad total que se produjo al encontrarse con la luz que lo envolvió todo, la energía. Cuando el niño llegó al hospital, ya había muerto.

Terapia de choque
      
       El pequeño Eduardo continuó suministrando información ante los atónitos ojos de sus confundidos padres. Explicó que en su otra vida se llamaba Pancho Seco, que había vivido en la calle Campanario de la aldea Nuevitas. Allí estaba su casa y su familia, compuesta por padre, madre y dos hermanos. Habló del tipo de vida que llevaba con esta familia, de clase social muy baja y de lo mucho que le gustaba montar bicicleta.

       Ante el sufrimiento de los actuales padres y la impotencia del médico, éste aconsejó que la mejor forma de acabar con todo sería la terapia de choque. Es decir, afrontar los hechos e ir al lugar citado y comprobar si era o no una realidad. Solo así terminaría esta extraña historia. La reencarnación es imposible, sentenció el médico, y, a su entender, todo era una especie de cuento infantil con el que había que terminar cuanto antes por el propio beneficio del niño.

       El primer fin de semana que les fue posible, el matrimonio Cabrero se trasladó con Eduardo a Nuevitas.  Una vez allí el pequeño fue recordando los lugares donde habían tenido lugar sus vivencias. Recorrieron las calles sin decir nada, guiados por la mano de su propio hijo, quien les condujo hasta la calle del Campanario.  El niño se soltó de la mano y echó a correr hasta llegar al número 69 donde gritó: ¡Ésta es mi casa! Llamaron a la puerta, pero nadie contestó. No había nadie en casa. Tampoco figuraba nombre alguno en el buzón.

       Evidentemente Rubén Cabrero tuvo la certeza de que su hijo conocía perfectamente el pueblo de Nuevitas, sus calles, e incluso las tiendas por donde pasaba. Sin embargo, Eduardo nunca había estado en ese lugar. Según el niño, lo conocía todo porque hasta los 13 años se paseaba en bicicleta por las calles haciendo recados para su padre.

Investigadores psíquicos

       Unos días después, ya en La Habana, el propio médico aconsejó a la familia Cabrero que se dirigieran a la ASPR. Así lo hicieron, y una vez relatado el caso por los padres, los especialistas quisieron corroborar los hechos de boca del pequeño Eduardo, quien nuevamente insistió en la extraordinaria historia de su vida anterior.

       Según los informes elaborados por la investigación, quedó bien claro que el niño, a raíz de un fuerte golpe en la cabeza a los tres años, empezó a tener conocimiento de su otra vida. Se llamaba Pancho Seco y vivía en la calle Campanario 69 de Nuevitas y que murió de una enfermedad a los trece años. Los psicólogos comprobaron los datos a través de los organismos territoriales correspondientes y ciertamente se confirmó la existencia de la familia Seco en ese lugar. Habían tenido varios hijos y uno de ellos había muerto cuatro años antes víctima de una insuficiencia respiratoria. Los investigadores psíquicos se encontraban ante un potencial caso de reencarnación.

Buceando por la otra vida

       Los mismos investigadores sometieron al niño a sesiones de hipnosis. Bajo ese estado efectuaron experiencias de regresión en el tiempo hasta mucho antes de su nacimiento. Con este método y en sesiones semanales el pequeño Eduardo fue activando sus recuerdos profundos y suministró mucha información de gran valor testimonial.

       De esa forma supieron que su anterior padre, de nombre Pedro, trabajaba en Correos. Su madre se llamaba Amparo y ambos eran cuarterones (mezcla entre raza mestiza y blanca), aunque según palabras del niño: “la madre tenía la piel blanca y el pelo muy negro”. Supieron que esta familia tenía tres hijos, la mayor era una chica que se llamaba Mercedes, el mediano, Pancho, era él y, por último, el pequeño Juan.

Amparo, la madre de Pancho Seco.

       Eduardo contó diversos aspectos de su vida: su condición social humilde; las tiendas donde iba a comprar acompañado de su mamá; la bicicleta azul que tenía su padre para ir a trabajar y que él utilizaba para hacer los recados; los amigos del barrio y un buen número de detalles de todo tipo. Con todo ellos los investigadores pudieron elaborar un completo informe sobre la vida cotidiana de la familia Seco.

       Paralelamente, todos esos datos fueron comprobados y contrastados con la realidad histórica, y analizados bajo todas las perspectivas posibles. Se aseguraron de que Eduardo no obtuviera esta información por algún mecanismo extrasensorial procedente de otra mente que se la estuviera suministrando.

       Cuando se contactó con la familia Seco, confirmaron punto por punto todas las cuestiones reveladas por el pequeño. Consecuentemente, el hecho provocó un trastorno emocional en la anterior madre, Amparo. No podía creerse que el tan llorado hijo muerto, hubiera vuelto a la vida bajo otro cuerpo y menos aún que este les recordara.

       El niño estuvo hasta los cinco años suministrando información. Finalmente, los científicos confirmaron 53 datos o puntos concretos sobre la existencia de un muchacho llamado Pancho Seco que murió a los 13 años de edad, que resultaron ser rigurosamente exactos. Llegado este punto, se hizo necesario contactar a Eduardo, el niño actual, con la madre anterior, Amparo Seco, y así provocar una catarsis emocional con objeto de estudiar sus reacciones. Para hacerlo, solicitaron permiso a los padres actuales, que lo que querían, tras dos años angustiados y confundidos, era acabar definitivamente con la pesadilla de la reencarnación.

La prueba de fuego

Informaron la a la familia Seco de lo que pretendían hacer y, algo confusa, la madre se prestó a colaborar con la investigación. Los psicólogos le dieron las oportunas instrucciones de lo que debía hacer: mezclarse con la gente, la mayoría mujeres, en un mercado público un día y una hora determinados. Solo tenía que esperar al pequeño Eduardo sin hacer absolutamente nada, y cerciorarse si era capaz o no de reconocer a su hijo muerto y constatar si su hijo “anterior” la reconocía a ella.

Nuevitas, ciudad protagonista de esta asombrosa historia, está situada en la costa septentrional de la provincia de Camaguey, Cuba. Sobre estas líneas, una calle típica de la Habana vieja.

Una semana después, miembros del grupo de investigación que no habían estado en contacto con el pueblo ni con los padres se trasladaron a Nuevitas acompañando a Eduardo. Iba a tener lugar la concluyente “prueba de fuego”. En la población montaron un dispositivo de observación y seguimiento a través de instantáneas fotográficas y grabación fonográfica de todo cuanto iba a suceder.

La mañana elegida situaron al niño (que ya tenía cinco años) en la entrada del pueblo y dejaron que los guiara. Ocurrió exactamente lo mismo que la otra vez, les llevo directamente a su casa. Por el camino iba saludando a muchas personas de las que conocía su nombre y profesión. Los científicos sabían que lo que estaban presenciando era totalmente imposible, porque el niño no había visto nunca antes a esas personas.

Le indicaron que buscara a su madre por lo lugares donde ella iba a comprar. Encamino sus pasos hacia el mercado, que era una calle llena de tenderetes al aire libre. Estaba atestada de gente, fundamentalmente mujeres, y el niño se fue abriendo paso entre los vendedores de papaya, yuca, plátano y mango que formaban la multitud. De repente, aceleró el paso y se plantó frente a una señora de mediana edad que estaba conversando con otras mujeres del mercado y que intentaba pasar inadvertida. Era Amparo Seco.

Inmediatamente, el pequeño Eduardo levantó la mano y apuntando con el dedo a la mujer gritó: ¡Esta es mi otra madre! La señora amparo se volvió, miró a al niño que la estaba señalando, y no encontró ningún signo externo que le recordara a su hijo fallecido. El niño, sin embargo, la siguió mirando fijamente. Mientras sus miradas se entrecruzaban, un sentimiento de congoja se fue apoderando de la mujer. Algo en su interior le decía que este niño tenía alguna relación con ella, pero no acertaba a descubrir cuál. Momentos después, Amparo Seco, atónita y sin poder soportar más esa extraña situación, se marchó precipitadamente del lugar con los ojos humedecidos.

Conclusión

Psicológicamente se había producido una transferencia emocional entre las dos personas, debido a algún tipo de estimulación extrasensorial, algo que suministró información subliminal y que va más allá del mundo racional puramente sensorial. Los científicos admitieron que Eduardo era el único que podía reconocer, entre una multitud de mujeres, a su anterior madre ya que solamente él tenía conocimiento de haber tenido otra vida.

Hoy, en 1994, después de transcurridos unos 35 años de esta experiencia, muchos de los protagonistas del suceso han muerto, pero el pequeño “Pancho Seco” convertido en don Eduardo Cabrero sigue vivo.

En cuanto a los psicólogos y parapsicólogos que intervinieron en la investigación la mayoría ha fallecido. Sin embargo, existen todos los informes que redactaron a partir de las experiencias realizadas con un niño de cinco años. Aunque es una historia verdaderamente espectacular, no debemos olvidar que, en la mente, solo la realidad supera a lo fantástico.


Tomado de: Enciclopedia de Parapsicología y Ciencias Ocultas
Editorial Salvat. Tomo I.

sábado, 30 de mayo de 2020

RACISMO Y SEGREGACIÓN RACIAL, DOS CONCEPTOS DE UNA MISMA ECUACIÓN


Fotografía tomada de la Web: https://www.abc.es/

Por: Oscar Cervantes Velásquez
  
       La Doctrina Espírita nos enseña que, por la multiplicidad de existencias hasta hoy vividas, hemos reencarnado en diversas razas, nacionalidades e incluso en ambos sexos, demostrándonos que todos somos iguales y no existe, entre quienes habitamos en la tierra, ninguna diferencia.

       Debemos comprender, que somos Espíritus y como tal, en el mundo espiritual ya esclarecidos, no experimentamos ninguna de estas características que cargamos como encarnados y que nos insensibilizan ante nuestros semejantes. Todo es aprendizaje de las lecciones no asimiladas en el pasado.

       Es lamentable reconocer que el racismo, aún subyace en el pensamiento de muchos, que aún no han podido superar la pretensión de determinados grupos humanos de sentirse superiores a otros o, de odiar, a quien consideran diferente. Ignoran aún, que “el origen de las razas se pierde en la noche de los tiempos[1]” y como ha sucedido con algunas razas que han desaparecido totalmente, asegurandonos la espiritualidad superior, que ello se debe a “que otras han tomado su lugar, así como otras tomarán el lugar de la vuestra algún día[2]”.

Es menester traer a colación, para aquellos que desconocen informaciones provenientes de los Espíritus y que nos ayudan a entender la importancia de las razas aposentadas en la Tierra, en el contexto histórico de nuestro planeta, el espíritiu Emmanuel, en la obra “A Camino de la Luz”, afirma que cuando las razas adámicas, quienes forjaron a los predecesores de las civilizaciones futuras de la humanidad, llegaron al planeta, “introdujeron grandes beneficios en el seno de la raza amarilla y la raza negra, que ya existían[3]”. Luego entonces, lejos estamos de comprender los niveles de compromiso que aún sumen a estas razas en los complejos dilemas del racismo y la segregación.

En realidad, este no es un problema con la raza negra, pues igualmente chinos, indígenas, zambos, mulatos, judíos, árabes, etc., de una u otra forma han sufrido el trato indignante de aquellos que se consideran de raza superior, desconociendo las leyes divinas que, solo te pide que ames a tu prójimo, sin condición de raza, credo, color político o de piel, como a ti mismo; eso, ya te coloca en una condición de superioridad moral, que agrada a la divinidad

La historia contemporánea nos recuerda incontestablemente, como los nazis sometieron a los judíos en los famosos guetos, el tristemente célebre apartheid en Suráfrica, no muy distinto al vivido por la población afrodescendiente en los EEUU, y el fenómeno de los migrantes, tanto en Europa como en Suramérica, como un triste canto a la infamia, por parte de la raza humana, esa misma a la que él Maestro Jesús trató de “¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar?[4].

Este tema, recurrente en la historia de la humanidad, se ha dado en muchas partes del planeta, desde las épocas en que los conquistadores sometían a segregaciones humillantes a los pueblos sojuzgados. Hoy, la multiplicidad de formas en que se manifiesta el racismo, en pleno siglo XXI, nos demuestra cuán lejos estamos aún de comprender la importancia de la convivencia fraternal y solidaria, como hermanos que somos, por quienes se mantienen en las franjas vibracionales inferiores, olvidados totalmente de la necesidad del perdón y de la solidaridad que vincula a los seres del presente con el pasado y el porvenir.





[1] Kardec, Allan. El Libro de los Espíritus. Pregunta No. 690.
[2] Ídem, pregunta 688.
[3] Xavier, Francisco C./Emmanuel. A Caminho da Luz, pág. 38, Federación Espírita Brasilera, Brasilia, 1996.
[4] Mateo 17:17.

miércoles, 20 de mayo de 2020

EL AURA

Por: Herminio C. Miranda
Imagen de referencia tomada de la Web: https://orgullogualeyo.com/el-aura/


“El periespíritu” - escribe Kardec en El Libro de los Médiums, ítem Nº 109, “como vemos, es el principio de todas las manifestaciones”.

El desprevenido lector, que se inicia en el estudio de la Codificación podría preguntarse: ¿Todas? Sabe él que es estar en todo. Kardec hace estas declaraciones después de haber probado escrupulosamente sus puntos de apoyo y posibles objeciones. En efecto, el periespíritu es el componente indispensable para la producción de cualquier fenómeno psíquico, ya sea psíquico o mediúmnico.

Con la misma convicción, lo afirmó en el libro Obras Póstumas, en el capítulo Manifestaciones de los Espíritus, ítems 10 a 11:

“El periespíritu sirve de intermediario entre el Espíritu y el cuerpo. Es el órgano de transmisión de todas las sensaciones. En cuanto a los que vienen del exterior, se puede decir que el cuerpo recibe la impresión, el periespíritu la transmite y el Espíritu, que es el ser sensible e inteligente, la recibe. Cuando el acto es iniciativa del Espíritu, se puede decir que el Espíritu quiere, el periespíritu transmite y el cuerpo ejecuta”. (Kardec Allan, 1978).

        Por lo tanto, ya sea acoplando su periespíritu al del encarnado, ya sea tomando de él las energías que necesita, el Espíritu desencarnado necesita recurrir al periespíritu de las personas con facultades mediúmnicas para realizar los fenómenos que desea y puede producir. Esto se debe, a que no dispone de un cuerpo físico para mover un objeto, escribir un texto, manifestarse oralmente o pintar un cuadro. Solo puede hacerlo tomando prestado el cuerpo de alguien, cuerpo este que solo puede ser movido para cumplir la tarea deseada cuando una voluntad espiritual lo quiere, y el periespíritu transmite este comando al cuerpo físico, que luego habla, escribe, en fin, se mueve.

       Sin embargo, prosigamos:

El periespíritu no está encerrado en los límites del cuerpo, como en una caja. Por su naturaleza fluídica, él es expansible, irradia hacia el exterior y forma, alrededor del cuerpo, una especie de atmósfera que el pensamiento y la fuerza de voluntad pueden expandir e mayor o menor grado. Por lo tanto, se deduce que hay personas que, sin estar en contacto físico, pueden estar en contacto por sus periespíritus e intercambiar sus impresiones y, algunas veces, pensamientos a través de la intuición (Idem).

       Este borde periespiritual que “se irradia hacia el exterior y forma, alrededor del cuerpo, una especie de atmósfera”, es el aura, que André Luiz conceptualiza de la siguiente manera en Evolución en Dos Mundos:

“El aura es, por tanto, nuestra plataforma omnipresente en todas las comunicaciones en nuestra vida de relación; antecámara del Espíritu en todas nuestras actividades de intercambio con la vida que nos rodea, a través de la cual somos observados y examinados por las inteligencias Superiores, sentidos y reconocidos por nuestros seres afines y temidos y hostilizados, o amados y auxiliados por los hermanos que marchan en una posición inferior a la nuestra” (Xavier, Francisco Cándido/Luiz, André, 1973).

       No es necesario decir más para comprender la importancia del aura en los humanos. Es nuestro pasaporte, nuestro documento de identidad, la radiografía de nuestra intimidad física y espiritual para que aquellos que tienen los ojos para ver del cual nos habló Jesús.

El tema ha despertado el interés de innumerables estudiosos, tanto desde el punto de vista del ocultismo antiguo, hasta de los modernos investigadores apoyados con dispositivos electrónicos sofisticados.

Vale la pena señalar el hecho de que, separadas algunas fantasías especulativas, originadas en imaginaciones descontroladas, hay una especie de consenso en torno de las principales características del aura. Veamos, por ejemplo, lo que dice Paracelso, en una cita que recopilamos de Lewis Spence, en la obra An Encyclopaedia of Occultism.

“La fuerza vital no está encerrada dentro del ser humano, sino a su alrededor como una esfera luminosa y puede actuar a distancia. En esos rayos seminaturales, la imaginación de la persona puede producir efectos saludables o mórbidos. Puede envenenar la esencia de la vida y causar enfermedades o purificar lo impuro y restaurar la salud (Spence, Lewis, 1960).

        Además:

Nuestros pensamientos son, simples emanaciones magnéticas que, al escapar de nuestro cerebro, penetran en varias cabezas y llevan consigo, junto con un reflejo de nuestra vida, la imagen de nuestros secretos” (Ídem).

        El pionero en el estudio científico del aura fue el Dr. Walker J. Kilner, médico inglés nacido en 1847, en la Inglaterra victoriana, en una familia tradicionalmente dedicada a la medicina. Su papa, John fue miembro del solemne Royal College of Surgeons y su hermano, Charles Scott Kilner, fue también un prestigioso médico.

       El Dr. Kilner investigó el aura humana durante una buena parte de su vida profesional. Familiarizado con los estudios de Rontgen y Blondot, así como los de Reichenbach y otros, Kilner tuvo la idea, por los años 1908, de que el aura humana se podría tornar visible mediante el uso de un filtro colorido apropiado. Sus experiencias, en ese sentido, llevaron al empleo de la dicianina, un colorante extraído del alquitrán. La sustancia tiene la propiedad de producir un cierto grado de miopía que, a su vez, hace que el observador perciba más fácilmente la radiación ultravioleta.

       En 1911, el Dr. Kilner se encontró en condiciones de duplicar sus observaciones y conclusiones en el libro intitulado The Human Atmosphere, el cual fue acompañado de un material de investigación, que incluía gafas especiales para la dicianina.

       Ese libro causó un inevitable alboroto entre sus colegas médicos, quienes no ahorraron reserva alguna en comentarios irónicos, como esta, publicada en un extenso artículo crítico, en The British Medical Jornal del 6 de enero de 1912:

       “El Dr. Kilner no ha logrado convencernos que su aura sea más auténtica que la espada visionaria de Macbeth”.

       Con la Primera Guerra Mundial, la dicianina, producida en laboratorios alemanes, desapareció del mercado y el Dr. Kilner tuvo que interrumpir sus investigaciones. En 1920, salió una nueva edición ampliada de su libro, esta vez recibida con mayor respeto y respaldada por algunos médicos de prestigio, pero el Dr. Kilner no alcanzó a “ver en vida”, los artículos más comprensibles del Medical Times y del The Scintific American, pues murió el 23 de junio de 1920, a los setenta y tres años de edad.

       En cualquier caso, su magnífica obra fue situada, en una zona de penumbra, entre la ciencia y el llamado “ocultismo”, por la mayoría de sus colegas de profesión y escépticos de otros matices y profesiones. No faltó quien lo acusase de estar involucrado con el mal llamado ocultismo e incluso lo considerasen clarividente, suposiciones que el refutó explícitamente. Sin embargo, sea cual sea la razón, su trabajo no despertó mayor interés en la clase médica y dependía de un espiritualista convencido y dinámico, Harry Boddington –al cual hemos recurrido frecuentemente en este libro para continuar los estudios de Kilner, sin contar, incluso, con la formación universitaria de su predecesor.

       Boddington diseñó unas gafas especiales que facilitaron enormemente el estudio del aura.

       El libro del Dr. Walter Kilner no quedó en el olvido, especialmente en los círculos espiritistas ingleses, en los cuales siempre fue citado, pero permaneció agotado durante cerca de medio siglo. En 1977, a mi paso por Londres, encontré una nueva edición, lanzada el año anterior. Es el que tengo en mi poder, ya no bajo el antiguo título, sino como The Human Aura, publicado por Citadel Press (Secaucus, Nueva Jersey, Estados Unidos, 1976).

       La técnica de investigación es minuciosamente descrita por el Dr. Kilner e ilustrada con sesenta y cuatro dibujos, extraídos de las innumerables observaciones que hizo en otras tantas personas.

       Sería impracticable resumir, en unas pocas líneas o incluso en muchas páginas, el paciente trabajo del eminente médico. Sus observaciones clínicas están expuestas de forma clara y segura. Tomemos tres ejemplos:

Los cambios en la forma y el tamaño del aura son el resultado de enfermedades nerviosas graves, como la epilepsia, histeria, hemiplejia y, una vez establecidas, se vuelven permanentes, mientras que si se deben a trastornos nerviosos transitorios como la ciática, el herpes, etc. Una vez curado el paciente, el aura vuelve gradualmente a su estado normal.

[…] Cualquier daño en las facultades mentales causa automáticamente una reducción del aura, en tamaño y nitidez, además, ella es más estrecha en personas de mente débil. Tales hechos dan apoyo a la observación de que los centros cerebrales más sofisticados están íntimamente ligados en la generación de energía áurica.

Cuando el paciente se desmaya, el aura pierde gran parte de su brillo y se reduce en tamaño. Las alteraciones son probablemente el resultado de un agotamiento temporal (Kilner, Walter, 1976).

        Poco después él declara que, a pesar de su natural repugnancia, tuvo oportunidad de estudiar algunos cadáveres y en ninguno de ellos encontró rastros del aura. El hecho no le causó sorpresa, dado que él ya había observado que este fenómeno ocurría incluso en casos de hipnosis. Observó también, cierta pérdida de nitidez del aura en los casos de enfermedad del paciente. Aunque no lo comentó, es de suponer que el aura de los pacientes hipnotizados no es detectada, simplemente porque se halla ausente, en estado de desprendimiento o desdoblamiento.

Es una pena que sus estudios hayan permanecidos tanto tiempo relegados a la indiferencia e incluso a la hostilidad de la clase médica, en particular, y de los investigadores en general, hasta que fueron retomados principalmente por los soviéticos, después del descubrimiento del “efecto Kirlian”.

Según observaciones del Dr. Kilner, cualquier alteración en la salud del individuo, se refleja en el aura, ya sea en la región afectada, cuando está circunscrita, o en todo el cuerpo, cuando la molestia se generaliza en el cuerpo físico.

Al escribir un prefacio para una nueva reedición del libro de Kilner, en 1976, Leslie Shepard recuerda que el problema del aura aún permanece en la frontera entre ciencia y clarividencia. Aunque cauteloso sobre las conclusiones del Dr. Kilner, Shepard expresa sus esperanzas de que nuevas ediciones de la obra susciten el interés de modernos investigadores, equipados, inclusive, de herramientas y conocimientos aún más sofisticados.

Por otro lado, a no ser por la investigación de Boddington –y que consta, principalmente, en su obra capital, The University of Spiritualism- casi nada se ha hecho, en términos de aplicación de las tecnologías indicadas por el Dr. Kilner, en el estudio de los fenómenos psíquicos, anímicos, de obsesión y posesión.

¿Qué cambios, por ejemplo, ocurren en el aura de un médium cuando está bajo la influencia de un espíritu desencarnado? ¿En qué puntos o sectores del aura se ligan los periespíritus de los seres encarnados y desencarnados? ¿Qué perturbaciones provoca el acoplamiento del periespíritu de un invasor espiritual en su víctima? ¿Qué características especiales ofrece el aura de un médium en potencia o activo? ¿Qué cambios se producen en el aura de una persona que da pases o que los recibe?

Son innumerables las referencias de Harry Boddington del aura, en sus escritos, pero es en el capítulo VIII –“Maravillas del Aura Humana” –de la Universidad del Espiritualismo”, donde encontramos una exposición más amplia sobre el tema. Para no expandir nuestro propio estudio más allá de los límites que estamos tratando de imponerle, intentaré resumir las principales observaciones del competente autor inglés:

1.  El aura es una especie de radiación luminosa que rodea el cuerpo humano, constituida por innumerables partículas de energía.
2.  Esa irradiación es singularmente sensible al pensamiento, al cual responde con prontitud.
3.  El aura funciona como parte integral de la conciencia.
4.  Su calidad (aspecto, color, forma –varía según los temperamentos, el carácter y la salud de las personas).
5.  Ella es “esencial a todas las manifestaciones psíquicas” y el medio a través del cual operan los médiums de cura, además de actuar como el principio activo de la curación.
6.  “El hecho de que algunas personas sean médiums y otras no, llevó a los espiritistas a aceptar, como hipótesis de trabajo, la teoría de que los médiums irradian una sustancia psíquica específica, que forma un vínculo semimaterial entre ellos y sus comunicantes invisibles”.
7.  “Se ha demostrado que, a no ser que el magnetismo de los Espíritus se mezcle armoniosamente con el de los sensitivos, ellos no consiguen hacer notar su presencia”.
8.  Debidamente manipulada y condensada por un impulso de la voluntad –ya hemos visto que es fácilmente influenciable por el pensamiento-, el aura se presenta como ectoplasma, materia prima para la producción de pequeños bastones, seudópodos o materializaciones. Como ella reacciona al pensamiento y al choque, exactamente como el cuerpo humano, se puede concluir que ella constituye una extensión del sistema nervioso.
9.  La formación de esos bastones y seudópodos en las sesiones de materialización resulta, en opinión de Boddington, de un esfuerzo consciente de la voluntad del médium y no de una exteriorización inconsciente, según afirman los materialistas y negadores en general.

Hago una pausa para decir algo sobre el término seudópodo, que, literalmente quiere decir, pie falso. El diccionario de Aurelio nos dice que la palabra sirve para conceptuar “la protuberancia protoplasmática que se forma en la periferia de los leucocitos, de las amebas y otros protozoarios, sirviéndoles para la locomoción”. Esta es la razón por la cual se llaman pies falsos, porque no son estrictamente pies, pero le sirven para caminar. En el caso de la fenomenología psíquica de efectos físicos, especialmente en el desplazamiento de objetos, la formación de seudópodos observados en las experiencias con Eusapia y otros médiums, no se trata de una protuberancia protoplasmática, como en la biología, sino una protuberancia ectoplasmática. Es con ese tipo de seudópodo o bastoncillo, ya fotografiados en algunas experiencias, es que el sensitivo consigue dislocar objetos sin tocarlos con ningún miembro o parte de su cuerpo físico.

Mientras tanto, continuemos con Boddington y sus observaciones acerca del aura.

10.      El aura no debe ser considerada como una fuerza ciega, ya que la conciencia opera a través de ella de la misma manera que operamos a través del sistema nervioso.

Discurriendo sobre los colores del aura y su significado en términos de salud física y características del temperamento y carácter, Boddington ofrece un amplio marco de clasificación que nos parece necesario reducir aquí. Sin embargo, una de sus observaciones sobre las sesiones mediúmnicas es lo que se llamaría “imperdible” y presentada de la siguiente manera: “la armonía prevalece” (entre los componentes del grupo), “los colores se mezclan, pero, si hay una brecha entre dos participantes, deben ser desplazados hasta que la brecha desaparezca”.

   Si los colores se rehúsan a mezclarse, es mejor que los participantes en desarmonía se retiren del grupo o, entonces, los resultados serán insatisfactorio. El aura de un nuevo participante puede anular completamente los resultados positivos obtenidos en otros momentos en los que no estaba presente. Por otro lado, dos médiums aparentemente del mismo tipo, no siempre intensifican el fenómeno. Al contrario, conocemos casos en los que uno destruye la influencia del otro. Un Espíritu amigo de Cora Tappan, y que se identificaba como Benjamín Franklin, declaró, que esto, a veces, es debido a que uno de ellos produce energía eléctrica, mientras que en el otro es fosfórica.  Separados pueden producir fenómenos de naturaleza similar, pero juntos, se neutralizan entre sí.

Debo agregar, que la mezcla de los colores debe haber sido observada y comunicada a Boddington por su esposa, en las innumerables experiencias que realizó con ella, quien disponía de ese tipo de facultad. En mi opinión, la observación tiene sentido. Cada uno de nosotros tiene su propia vibración que, en la visión de los sensitivos dotados de dicha facultad, puede ser traducida en diversos colores. No es de admirar que ciertas vibraciones no se combinen entre sí y que otras se opongan o se anulen mutuamente. Todos los que lidiamos con la mediúmnidad en acción, sabemos que hay personas que, introducidas en un grupo mediúmnico, pueden paralizar y neutralizar a los mejores médiums, aunque sea de forma involuntaria o inconsciente.

Conmigo ocurrió algo parecido. Cierta vez, fui invitado a presenciar el trabajo de cierta señora que era muy evidente por sus pretendidas manifestaciones mediúmnicas, en contacto con seres interplanetarios. Sin que hubiese el más mínimo esfuerzo negativo de mi parte, por el contrario, yo estaba interesado en observar con absoluta imparcialidad, sin embargo, la señora no consiguió prácticamente nada esa noche. Eran obvios, la decepción, perplejidad y malestar de los demás espectadores, habituados a charlas con los misteriosos seres invisibles, así como mi propia vergüenza. Debo haber dejado una horrible impresión de “pie frio” entre ellos. Prefiero concluir con Boddington, que nuestros colores no se mezclaron en absoluto…

Es precisamente por la necesidad de armonización entre las auras, que Boddington nos recuerda que los Espíritus están constantemente advirtiendo contra el uso de drogas, alcohol, alimentación inadecuada y, en fin, todos los hábitos que “degradan la mente y agotan los nervios”. El aura, agrega él, esta “indisolublemente ligada a todos los órganos del cuerpo, del cual exhala, como el perfume de una flor”.

Por lo tanto, no hay forma de evitar que las sustancias toxicas ingeridas y la desarmonía de los pensamientos, afecten sustancialmente al aura, produciendo considerables perturbaciones en el proceso de comunicación mediúmnica.  Esto se debe, a que no solo el aura del médium debe estar en buenas condiciones vibratorias de limpieza energética, mental y emocional, a fin de que pueda ofrecer su dinamismo a los Espíritus que se manifiestan, pues su aura y las de los demás deben estar debidamente armonizadas en el grupo, como un todo. Si un participante comparece con una alta dosis de alcohol en la sangre o con una comida pesada en el proceso de digestión, será impracticable su integración armoniosa en el grupo. Los Espíritus nos dicen que, en tales casos, aplican el recurso extremo de aislar a la criatura para que, al no poder ayudar, por lo menos no perturbe los trabajos, ya que su aura se presenta, literalmente sucia y desordenada.

Debido a sus implicaciones en el tema del aura y por las interesantes observaciones y enseñanzas que proporciona, juzgue oportuno incluir en este módulo una noticia acerca del libro del Dr. Carl A. Wickland, Treinta Años entre los Muertos, un clásico entre los estudiosos del fenómeno psíquico.

Bajo la orientación de amigos espirituales, que comenzaron a manifestarse a través de su esposa, el Dr. Wickland comenzó a cuidar, con éxito para él inesperado, trastornos mentales y psicosomáticos en pacientes que sufrían de influencias espirituales indeseables.

De acuerdo con el testimonio constante de los mismos Espíritus, generalmente sin conciencia de haber “muerto”, eran atraídos por el aura de ciertas personas, conocidas o desconocidas, y allí permanecían como prisioneros y en gran confusión mental. Como si estuvieran adheridos o imantados al periespíritu de los encarnados, vivían, a veces, varias entidades en disputa feroz por la posesión del cuerpo de la víctima, que cada uno creía le pertenecía.

El Dr. Wickland mandó a construir un aparato especial, con el cual le aplicaba al paciente obsesado una descarga eléctrica que desalojaba a los Espíritus conectados a su aura; sin embargo, luego verificó que, pasada la desagradable sensación de la descarga, ellos volvían a su estado anterior y continuaban el conflicto por la posesión del cuerpo, del cual, cada uno de ellos, incluido el encarnado, buscaba expulsar a los demás.

Fue entonces que los amigos espirituales del médico, propusieron traer a los pobres seres desorientados para que fuesen esclarecidos, individualmente, por el doctor –quien resultó ser un buen adoctrinador- a través de la mediúmnidad de la Sra. Wickland.

Veamos como el autor y médico plantea el problema. Él dice en las páginas 90 a 91:

“El organismo de todos los seres humanos genera una fuerza nerviosa magnética que lo envuelve en una atmósfera de emanación vital y luz psíquica conocida como aura magnética. Esa aura es vista como una luminosidad por los Espíritus aún presos en las sombras del ambiente terrenal y que pueden sentirse atraídos por personas particularmente susceptibles a ese tipo de invasión. Tales Espíritus, a menudo incapaces de abandonar esa atmósfera psíquica y, debido al estado de confusión resultante –incluso luchando por liberarse- acaban conviviendo con el médium, resentidos por su presencia y desconcertados por un sentido de doble personalidad. Después de retirar de un paciente varios Espíritus, al principio turbulentos, tuvimos la siguiente experiencia, que demuestra claramente el sufrimiento que los Espíritus soportan cuando se enredan en el aura de una persona muerta. (Wickland, Carl).

        Continua la transcripción de un largo diálogo, en el cual el Espíritu totalmente ignorante de su real situación, dice, en cierto momento:

“Yo estaba en mi lugar. Había muchos de nosotros, todos enredados, hombres y mujeres. Teníamos un hogar, pero no podíamos salir de allí. A veces, el ambiente era cálido. Durante un tiempo, permanecí solo en la oscuridad. Antes de ser encarcelado pude hablar una vez, pero ahora estoy solo. Usted no tiene derecho a ponerme esas cosas que queman. (Ídem).

        Como se puede observar, el Espíritu vivió durante algún tiempo en la situación de erraticidad mencionada en la codificación espírita. Se sentía solo y sumergido en las tinieblas. Atraído por el aura de una persona que ofrecía las condiciones propicias, se aproximó y terminó como imantado allí, junto a otros Espíritus en condiciones semejantes a las suyas. En la jerga popular, se trataba de una situación de “apoyo”, de la que el médium involuntario y sin preparación, sufría penosas consecuencias, incluyendo enfermedades psicosomáticas.

       También se desprende del texto y de las breves observaciones adicionales del doctor que, después que los demás Espíritus fueron apartados –¡y como se quejaban de las descargas eléctricas! - la manifestante (era una mujer), se quedó sola e incluso logró comunicarse a través de su víctima y anfitriona, pero terminó también desalojada por una verdadera tempestad magnética provocada por los choques eléctricos aplicados por el Dr. Wickland, con su temible aparato.

       He aquí, pues, ejemplos vivos de que el aura es, de hecho, la “plataforma omnipresente” de que nos habla André Luiz, “la antesala de todas nuestras actividades de intercambio con la vida que nos rodea”, extensión viva del periespíritu que, según Kardec, es el “órgano transmisor de todas las sensaciones” y “el principio de todas las manifestaciones”.

       Por lo tanto, no hay forma de minimizar o ignorar la importancia del aura y el periespíritu en el estudio de los fenómenos de naturaleza anímica o mediúmnica.

Herminio C. Miranda

Tomado de la obra: “Diversidad de los Carismas”.
Traducción al español por: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia
      

domingo, 10 de mayo de 2020

VOLVERÁS



Partiste un día sencillo e ignorante, luego de recorrer en el sinfín de los siglos, de los reinos inferiores a la hominidad, ejercitándote en el aprendizaje de convivir con las agrestes fuerzas de la naturaleza, donde la capacidad de adaptación y la ley del más fuerte, burilan el principio espiritual.


Alcanzada la razón, has peregrinado, de existencia en existencia, desde las fajas primitivas de la existencia humana, donde te confundías, entre la animalidad instintiva y el deseo de liberarte de las cadenas opresoras de la inferioridad moral. Ejercitaste el intelecto, pretendiendo, en un acto de soberbia e insensatez, ser poseedor de verdades que aún estás muy lejos de comprender y aplazaste aquella que hoy, todavía, urge de tú atención: el amor.


El amor, es como la suave brisa marina que acaricia la piel cuando el clima agreste acicatea nuestro organismo. Han llegado los tiempos en que intelecto y amor deben confluir, en un haz de voluntades, en demanda de los altos vuelos de la inmortalidad. Déjate arrastrar, por la suave brisa del amor divino que espera por ti, transformado, y dispuesto a vivir con intensidad, las dulces enseñanzas del evangelio inmortal, proyectadas en tu prójimo, como condición única para regresar nuevamente al seno de la fuente divina, que un día, en un acto magnánimo de amor, te liberó a la maravillosa experiencia de la vida, sencillo e ignorante.

viernes, 24 de abril de 2020

LA ESCLAVITUD EN TIEMPOS BÍBLICOS


La esclavitud bajo la ley de Moisés

José, esclavo de Putifar. Imagen de referencia-

La esclavitud entre los mismos judíos. Los judíos podían ser alquilados por sus propios hermanos como sirvientes, pero no se les permitía ser “esclavos de cautiverio” (Lev. 25:39, 40). En lo concerniente a uno de esos alquilados como sirviente, el Señor ha dicho: No te enseñorearás de él con dureza; mas tendrás temor de tu Dios” (Lev. 25:43). Tal esclavitud era de ordinario tenida con los pobres a causa de las deudas que el hombre no podía pagar (Ex. 22:2,3). Tal esclavo hebreo podía ser redimido por sus parientes en cualquier tiempo (Lev. 25:48, 49). Si no era redimido, era puesto en libertad después de seis años de trabajo y se le enviaba con presentes y ganados y frutos (Deut. 15:12-14). Un esclavo hebreo podía, por amor a su amo, optar no ser puesto en libertad en el año séptimo, y así convertirse en esclavo a su amo por toda su vida. Se observaba la siguiente costumbre en tales casos: "Entonces tomarás una lesna, y horadarás su oreja junto a la puerta, y será tu siervo para siempre” (Deut. 15:17).


La esclavitud con amos hebreos y esclavos advenedizos. La Mayor parte de estos esclavos eran los capturados en tiempos de guerra (véase. Núm. 31:26 y Deut. 21:10). Algunos eran traídos de los mercados de esclavos extranjeros (Lev. 25:21). Los extranjeros que vivían en la tierra podían llegar a ser esclavos por la misma razón que los hebreos, a través de pobreza o hurto. Tales esclavos eran tratados como propiedad del amo (Lev. 25:45). Hay indicaciones, sin embargo, que algunos de ellos fueron libertados bajo ciertas condiciones, y algunos escritores tienen la opinión que fueron libertados bajo la ley del Jubileo.


Protección a los esclavos. El Código Mosaico tiene varios reglamentos que protegen los derechos y privilegios de los esclavos. Por ejemplo, la ley del esclavo fugitivo era favorable a los esclavos y fue elaborada para protegerlos de la opresión (Deut. 23:15, 16) Todos los privilegios religiosos de que gozaban los israelitas libres, estaban asegurados para sus esclavos, incluyendo el descanso del sábado (Ex. 20:10), el derecho para asistir en las fiestas nacionales (Deut. 16:10, 11), y el derecho para participar en las reuniones dcl pueblo para oír la lectura de la ley (Deut.31:1043).


Por qué la ley mosaica permitía la esclavitud en lugar de abolirla. Cuando la ley fue dada en el Monte Sinaí la esclavitud era universal entre las naciones del mundo. No sería práctico terminar con ella de una sola vez. Más bien, las leyes fueron dadas para prevenir que los peores abusos y males de ella, existieran entre los judíos. W. M. Taylor ha dicho lo siguiente respecto a la ley de la esclavitud, divorcio, etc.


Es notable, sin embargo, que dondequiera que se toleran asuntos dudosos, por causa de estar muy profundamente arraigadas para ser removidas mediante una prohibición inmediata, la legislación en relación con ellas es de tal carácter como para mitigar los males, y preparar el camino para su final represión".


La sabiduría de tal política se ve en la influencia actual de la legislación mosaica sobre la esclavitud de los judíos. Debido a esta influencia, la esclavitud entre los judíos mismos había desaparecido casi por completo para el tiempo de Cristo y sus discípulos.


LA ESCLAVITUD BAJO LOS ENEMIGOS DE ISRAEL

Muchos de los judíos experimentaron la esclavitud bajo gobiernos extranjeros en tiempos de las cautividades. Fueron hechos cautivos en guerra por los fenicios quienes los vendieron a los griegos (Joel 3:4-6). Los filisteos también los dominaron y los entregaron a Edom (Amós 1:6). Cuando los asirios conquistaron Samaria, muchos de los judíos fueron llevados a la tierra de Asiria para servir como esclavos de las gentes (2 Reyes 17:6). Cuando Jerusalén fue destruida, los babilonios se llevaron muchos hebreos a Babilonia como esclavos en esa capital extranjera (2 Crón. 36:20). En fecha posterior, los comerciantes asirios vinieron a este campo para conseguir esclavos judíos (1 Macabeos 3:41. en el Apócrifa). Y en los días de la supremacía de Roma muchos judíos sirvieron como esclavos en el Imperio. Pero la esclavitud bajo la dominación gentil fue con seguridad en todo diferente a la esclavitud bajo la ley mosaica.


Los amos fueron crueles en su mayoría y los esclavos eran oprimidos por lo general, grandemente.


LA ESCLAVITUD EN EL IMPERIO ROMANO


Carácter y extensión de la esclavitud. En el primer siglo la vida humana ciertamente se cotizaba ésta muy bajo, porque se ha estimado que la mitad de la población del Imperio, o cerca de sesenta millones de gentiles, eran esclavos. Los propietarios de esclavos se hicieron brutales, y los esclavos mismos no tenían esperanza, pues muchos de ellos estaban corrompidos. La mayor parte de estos esclavos habían sido conquistados en guerra. Algunos de los cautivos eran más educados que sus captores. Sucedió así que algunas veces los esclavos griegos se convirtieron en maestros de escuela para los familiares de sus amos.


La ley romana y el esclavo. Bajo la ley romana, el esclavo no tenía los derechos, o tal protección como la que se disfrutaba bajo la ley hebrea. El amo podía mandar crucificar a un esclavo por cualquiera razón. Augusto César mandó crucificar treinta mil esclavos durante su reinado. Un esclavo que robaba podía ser marcado en la cara por su amo con las letras C. F. que representaban las palabras Cave Furem que querían decir "he aquí al ladrón". Y en el caso de esclavos que se escapaban, si eran aprehendidos, su amo podía marcarlos, aumentarles la labor acostumbrada, o podía mandarlos matar si así lo deseaba. La ley le permitía ser reinstalado con misericordia, por la intercesión de un amigo especial del amo. El apóstol Pablo era amigo de Filemón y fue quien intercedió en favor del esclavo escapado, Onésimo. La Epístola a Filemón es el ruego de Pablo a su amigo en favor del esclavo convertido. Sin duda Filemón dio a Onésimo su libertad después de recibir la carta de Pablo.


Actitud de los apóstoles hacia la esclavitud en el Imperio Romano. No trataron de quitar ese mal terrible inmediatamente. Esto habría sido una tarea sin esperanza, y tal pretensión habría sido sin duda aplastada por la mano de hierro de Roma. Más bien ellos se satisfacían con predicar los principios cristianos, y predicar el evangelio de la liberación del pecado de tal manera que el resultado llegara a ser la abolición de la esclavitud humana a través del poder conquistador de Cristo. La carta de Pablo a Filemón sin duda ha hecho más para dominar la esclavitud que cualquier otro documento escrito.


Uso en el Nuevo Testamento de la palabra "esclavo" con relación a Cristo. En vista de la manera cómo eran tratados los esclavos con frecuencia en el primer siglo, es interesante que los apóstoles una y otra vez se llamaron a sí mismos los esclavos de Cristo. Pablo se refiere a él mismo (Rom. 1:1 y Fil. 1:1), Santiago, Pedro y Judas hacen lo mismo (Sant. 1:1; 2 Ped. 1:1; Judas 1). Ser esclavo de Cristo era ser libertado para Dios (1 Cor. 7:22). Por supuesto, algunos de estos esclavos del primer siglo eran tratados como amigos en quienes se depositaba la confianza, amando ellos realmente a sus amos y sirviéndoles fielmente. Este es el cuadro de los verdaderos creyentes con relación a Cristo. Cristo es nuestro Dueño, y nosotros sus esclavos amantes y voluntarios.


Tomado de la obra: "Usos y costumbres de las tierras bíblicas" de Fred H. Wight, Editorial Portavoz.

CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...