lunes, 24 de febrero de 2020

APORTE Y ENDOPPORT



Fenómeno de aporte. Imagen tomada de la Web http://grupoallankardec.blogspot.com/2013/11/fenomeno-de-transporte.html

En la variedad de las manifestaciones del vampirismo se encuentran los fenómenos de aporte y endopport, ambos clasificados como Psi-kapa en la Parapsicología, y como efectos físicos en el Espiritismo. El fenómeno de aporte es la introducción de objetos en lugares o muebles cerrados. Una flor, una silla, una piedra pueden ser transportadas a una habitación totalmente cerrada y sin ningún espacio por el que el objeto pueda pasar. William Crookes, que no creía en esa posibilidad, desafió a los Espíritus a hacer algo mucho más simple: bajar el plato de una balanza de laboratorio sellada. Pero, mientras continuaba su investigación, vio y constató la veracidad del fenómeno con objetos más grandes y a menudo bastante pesados, como relata en su libro Hechos Espíritas. En las investigaciones actuales de la Parapsicología estos fenómenos, considerados como la acción directa de la mente sobre la materia, se produjeron y continúan produciendose, como en las experiencias de Soal y Carrington, en la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Los cuerpos humanos también pueden ser transportados de un lugar a otro, sin que se perciba por donde pasaron. Los espíritus vampirescos utilizan este fenómeno para asustar y amedrentar a sus víctimas. El Prof. Zöllner relata sus experiencias con estos fenómenos en la Universidad de Leipzig, en su famoso libro Física Trascendental. Los investigadores de la Universidad de Kirov, en la URSS, verificaron y explicaron la mecánica de estos fenómenos como producidos por emisiones de corrientes energéticas del cuerpo-bioplásmico (periespíritu) del médium. De esta manera, se confirma perfectamente la existencia del fenómeno de aporte, a pesar de las objeciones formuladas por parapsicólogos materialistas y católicos, incluidos los clérigos no científicos que se han proyectado entre nosotros como pseudocientíficos.

El fenómeno de endopport es más complejo, ya que se refiere a la introducción de objetos en los cuerpos humanos. Este fenómeno no tiene aún una explicación suficientemente científica comprobada por experiencias en el laboratorio. Encarado con desconfianza en el propio entorno espirita, sólo recientemente ha despertado, debido a la multiplicación actual de sus ocurrencias, la atención de los estudiosos e investigadores espiritistas. El hecho de que el endopport se considere en la medicina psiquiátrica como un simple acto de autoflagelación, ha sido muy relevante para este desinterés. Sin embargo, los hechos recientemente observados contradicen las interpretaciones superficiales y apresuradas (o incluso no deseadas) de las corrientes psicoterapéuticas. Está estrechamente vinculado a los casos de vampirismo, y los observadores espiritistas lo consideran un fenómeno bifronte[1], que puede ser autoflagelación en algunos casos y de efectos físicos en otros. Incluso, en casos de posible autoflagelación, es admisible la interferencia del vampirismo en sus manifestaciones. Por otra parte, hay una evidente e íntima correlación en los casos de endopport con los fenómenos de curación paranormal y las operaciones mediúmnicas del tipo simpático o empático[2] de la magia.

Los casos de autoflagelación resultantes de trastornos psíquicos de la víctima, implicarían la acción consciente o inconsciente de esta, introduciendo ella misma los objetos en su cuerpo. Esta interpretación se ve favorecida por el hecho de que objetos como agujas, pequeños alambres, estiletes de madera o metal, son de fácil introducción en el cuerpo, siempre en una disposición que favorece la operación por parte de la propia víctima o casi siempre en partes del cuerpo que no ofrecen posibilidades de lesiones como la parálisis, deformación o muerte del paciente. Sin embargo, también pueden ser tomados por vampiros flageladores que no tienen la intención de matar a la víctima, sino simplemente torturarla.

En los casos de operaciones de curas por simpatía, como las de la médium Bernarda Torrúbio, en Garça, Alta Paulista, observadas por los médicos de Marília, o las de José Arigó, en Congonhas do Campo, observadas por numerosos cirujanos de Río de Janeiro, de São Paulo y en el extranjero (como el equipo de científicos estadounidenses que realizó investigaciones sobre las facultades del mediúm, comprobándolas), se verificaron transposiciones del operado hacia el médium, que vomitaba (el médium y no el paciente operado) los residuos de la intervención quirúrgica invisible, comprobándose posteriormente la eficacia de la operación. (Véase nuestro estudio, Arigó - Vida, Mediúmnidad y Martirio, en el que se examinó el caso de Arigó en todos sus aspectos, desde las implicaciones psicológicas, sociales, mesológicas, psicopatológicas, mediumnísticas, hasta antropológicas y espirituales).

Parece evidente que, una vez comprobado, en diversas investigaciones y experiencias sobre el terreno, a las que se sometieron, incluso, un científico estadounidense operado por el médium, un científico suizo y un famoso héroe de guerra japonés (caso registrado por videotape por la televisión de Tokio y exhibido en el Japón), se evidencia la posibilidad del fenómeno de endopport en la acción vampirezca. Son también de un gran valor probatorio en el exterior, las entrevistas a cirujanos de São Paulo y Río de Janeiro, entre ellos profesores universitarios de medicina, publicadas en los "Diarios Asociados" en todo Brasil, reproducidas en el libro citado, escrito por nosotros y reproducido en el exterior.

En nuestras investigaciones, realizadas en Congonhas, y en las observaciones de la convivencia con el médium en períodos que variaban de una semana a quince días seguidos -la mayoría de las veces hospedándonos en la propia residencia del médium- pudimos observar intensamente las actividades de su vida cotidiana, interrogándolo muchas veces y observando sus actividades quirúrgicas con más de cien pacientes.

La cirugía simpatética de Arigó, como la de la médium Bernarda Torrúbio, se procesaba de forma sencilla, mediante incorporaciones mediumnísticas e imposición de manos, sin tocar al paciente. El paciente sentía náuseas, dolores leves, y cuando se suponía que iba a vomitar, era el médium quien vomitaba los residuos de la operación. En este extraño proceso, es evidente que había transposición de residuos del organismo del paciente operado, al estómago del médium que los vomitaba. La realidad de este hecho, en el que hemos observado en cada operación la evidencia de una doble acción de endopport, en el paciente y en el médium, nos revela la posibilidad de la introducción de objetos en el cuerpo de una persona por entidades vampíricas.

El endopport, como hemos visto, es un tipo de fenómeno mediúmnico que abre amplias perspectivas en el campo de la cirugía paranormal. Como todos los fenómenos mediúmnicos, sirve no sólo para la acción vampírica sino también y sobre todo para la cirugía mediúmnica. El desarrollo de las investigaciones espiritistas en este campo podrá confirmar lo que el Dr. Sérgio Valle, de São Paulo, declaró en su entrevista publicada en "Diarios Asociados" y reproducida con su autorización en nuestro libro sobre Arigó: "Arigó emplea en sus obras mediúmnicas una supermedicina". Reconocido cirujano oftalmólogo, con tesis científicas publicadas en Brasil y en el extranjero, especialista en Hipnotismo y sus aplicaciones clínicas, el difunto Dr. Sérgio Valle, quien estudió al médium en Congonhas, Minas Gerais, rechazó las acusaciones de que Arigó empleaba la hipnosis para anestesiar a los pacientes, demostrando técnicamente la imposibilidad de esta práctica por un hombre rústico y absolutamente profano en la materia. La anestesia y la asepsia utilizadas por el médium eran de origen puramente espiritual. Los científicos americanos que investigaron el médium también llegaron también a esta conclusión, sin haber conocido la opinión del médico paulista.

Las ocurrencias del fenómeno endopport eran antiguamente tan raras que no aparecen en los libros de estudios mediúmnicos. Recientemente ellas han comenzado a crecer de tal manera que causan asombro en el propio ambiente espirita. La persistencia de esos fenómenos y su aparente resistencia en las prácticas espiritistas de combate contra el vampirismo han asustado a muchas personas. Hay casos tratados durante 10, 15 y más años, sin ninguna solución. Las víctimas son consideradas autoflagelantes y el caso es de poco interés para los médicos, que se cansan de tratarlas sin resultados. Sin embargo, los investigadores espiritistas han descubierto, que se trata de un vampirismo altamente agresivo. De esta manera, desarrollaron una técnica mediúmnica de adoctrinamiento, apoyada por pases y estímulos, para que las víctimas reaccionen con comprensión contra la agresión y los agresores. La evangelización es parte fundamental de la terapia, ya que todo indica que la agresión proviene de consecuencias del pasado, de vidas anteriores en las que las personas hoy atendidas practicaron atrocidades contra los espíritus que desean vengarse en el presente. Como enseñó Kardec: "El proverbio popular según el cual muerto el perro muerta la rabia, no encaja con los hombres”. Las víctimas de la violencia y el asesinato no mueren, pues sobreviven a la destrucción del cuerpo carnal y suelen guardar sus resentimientos, buscando venganza lo antes posible. Las dificultades para resolver el problema surgen de los casos de conciencia. Los verdugos del pasado desean someterse al flagelo para aliviar sus conciencias. Reencarnan con esta intención y por eso se resignan a pasar por los sufrimientos del rescate de sus faltas. En general, se muestran resignados y sufren pacientemente las represalias que vienen de lejos, de otras vidas. Por eso, es necesario alentarlos.

Los problemas de conciencia son mucho más agudos en el mundo espiritual y para librarse de ellos, los Espíritus están dispuestos a todos los sacrificios en la actual encarnación. Esta tendencia masoquista, sembrada en la Tierra por milenios de interpretaciones religiosas convencionales, domina a la mayoría de las criaturas del plano espiritual ligado al nuestro. Es necesario recordar siempre, en los adoctrinamientos, que no estamos en la Tierra para disfrutar ni para sufrir, sino para enfrentar las necesidades de nuestra evolución. Esta evolución no nos lleva hacia un servilismo degradante, sino a la conciencia de nuestro destino superior, como criaturas espirituales que somos. Aquellos que se entregan como parias al látigo de los verdugos se entregan a sacrificios degradantes, tanto para sí mismo como para los verdugos. Dando a estas cobardes criaturas una visión más racional de la evolución espiritual, conseguiremos despertar en ellas la fe en los objetivos supremos de Dios, que genera esperanza y viriliza los espíritus. Ante esta reacción, los propios verdugos despiertan a la comprensión de esta posición negativa y comienzan a vislumbrar los planos superiores que sólo alcanzarán abandonando estas actividades. Este es el secreto de la eficacia en todos los procesos de adoctrinamiento. Recordemos siempre la actitud de Jesús, prestando atención y respeto a los pecadores que los sacerdotes despreciaban como indignos e impuros. Recurramos a la expresión bíblica atribuida a Dios: "Quiero misericordia y no sacrificio". Jesús no se entregó a la cruz para darnos el ejemplo de cobardía, sino de coraje ante situaciones desesperadas. Luchó empleando duras expresiones, contra la hipocresía degradante de los fariseos. Aceptó la crucifixión como un requisito en un entorno humano brutal en el que se encarnara para modificarlo con el ejemplo final de la resurrección. Y no resucitó para eternizar en la Tierra la prepotencia de los verdugos, sino para mostrarles que la victoria del sufrimiento y de la muerte, enfrentada con dignidad y no con sumisión degradante, es el rescate del Espíritu en la trascendencia. Porque el destino de todas las criaturas es la elevación a los planos superiores de conciencia, es decir, la conquista de la responsabilidad en todos sus actos y ante todas las circunstancias.

Hasta ahora las religiones nos enseñan que debemos sufrir para pagar las deudas morales. Mas el Espiritismo -que es una síntesis de todo el conocimiento- reúne en sus principios la Ciencia, la Filosofía y la Religión, dándonos una nueva visión de la realidad. No estamos condenados, somos criaturas libres y debemos perfeccionarnos para asumir toda la libertad de seres conscientes de su destino superior. Si estamos enredados en procesos dolorosos, derivados de errores cometidos en vidas anteriores, disponemos también de la vida presente y las vidas futuras para corregir nuestros errores. La Conciencia Suprema, que es Dios, no quiere nuestro sufrimiento, sino nuestra liberación de todo sufrimiento.

El uso de fenómenos de endoport en el vampirismo no está decretado por Dios, sino que proviene de nuestra arrogancia, que nos ha conducido a una situación humillante. Si sabemos servirnos de la humillación para desarrollar la humildad, veremos que las entidades vampíricas comenzarán a aprender con nuestro valiente ejemplo cómo superar las dificultades a las que también están presas. Nuestra curación no puede obtenerse negando nuestras potencialidades divinas, sino desarrollándolas en nosotros. Tenemos que analizar nuestra condición actual, sopesar los pros y los contras de nuestro comportamiento, buscando modificarlo y reajustarlo a nuestros verdaderos intereses. En nuestra pedagogía terrenal, aprendemos que solo podemos educarnos haciendo. Desde las cosas más simples de la vida hasta las más complejas, sabemos por las experiencias de vidas sucesivas cómo hacerlas. Y sólo haciendo es que aprendemos. Intentemos hacer lo mejor ahora, que lo peor del pasado desaparecerá.

La nueva concepción del mundo y de la vida que ahora poseemos puede modificarnos profundamente, revelando las posibilidades insospechadas que llevamos dentro de nosotros mismos. No nos apeguemos a las viejas ideas de crimen y castigo, de punición y recompensa de Dios, del Cielo y del Infierno. Encaremos el mundo como la gran escuela de nuestro aprendizaje. Las leyes que rigen la vida son las mismas para todos. No hay privilegios para ninguno. Confiemos en estas leyes, sin torcerlas a nuestro favor, y nos conducirán a mejores condiciones ahora mismo. No esperamos que nadie nos libere. La libertad es nuestra, está en nosotros, solo necesitamos usarla para que se expanda más y más frente a nosotros. Es con estos datos objetivos de nuestra realidad interna que podemos adoctrinar a otros y a nosotros mismos, no con amenazas o promesas.

El vampirismo es una forma de esclavitud. Nos esclavizamos a otros por pereza, por indolencia, y otros nos esclavizan por las mismas razones. Si decidimos ser libres y no apegarnos al remordimiento, la angustia autogenerada, a la desesperación que alimentamos de manera masoquista, descubrimos que podemos hacer y deshacer las cosas por nosotros mismos, no necesitaremos chupar de los demás lo que tenemos en nosotros y así lograremos la emancipación.

Los vampiros vampirizan el mundo porque el mundo está hecho por nosotros, a nuestra imagen y semejanza. Cambiemos nuestra forma de ver el mundo y él se modificará. El fenómeno del endopport es una consecuencia de las múltiples e incesantes opresiones que ejercemos sobre los demás y los demás sobre nosotros. La vida es libertad. Vivir es ser libre. Pero si vivimos la vida de los demás, los demás también se encontrarán con el derecho de vivir nuestras vidas. Si nos vengamos de los demás, los demás se sentirán con el deber de vengarse de nosotros. Todo es reciprocidad en el proceso de la vida.


Tomado del libro: Vampirismo, de J. Herculano Pires
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia







[1] Bifronte: el que tiene dos frentes o dos caras, en termino de gramática que son palabras que son leídos de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, con diferente significado, por ejemplo, arroz – zorra.
[2] La magia simpática o empática se basa en la creencia metafísica de que lo similar afecta a lo similar. La magia simpática es la base para la mayoría de las formas de adivinación.

lunes, 10 de febrero de 2020

LOS POSEÍDOS DE SAINT- MEDARD

¿Fenómeno de histeria o caso religioso?

Alrededor de la tumba de un diácono en el cementerio Saint-Medard de Paris, se llevaron a cabo, sucesivamente entre 1727 y 1732, ciertas curaciones milagrosas y crisis de devoción acompañadas de convulsiones corporales.

Francisco de París en su telar. Pintura anónima del siglo XVII (París Museo Carnavalet)

El causante de este barullo, el diácono Francisco de Pâris, murió algunos años antes, en 1727 a los 37 años de edad. Su vida inspiró tal respeto a la gente modesta de París, junto a la que había elegido vivir, que murió, como se dice, con olor a santidad. Practicaba el ascetismo y la caridad. Sin embargo, este santo de vida ejemplar era un miembro activo del partido de los 4 "apelantes"... es decir, un jansenista.

Una prolongación de la disputa jansenista

En principio, el caso jansenista se cierra con la firme condena a la herejía, por la bula papal Unigenitus (1713). Este texto rechaza las grandes tesis sobre la gracia y la predestinación propias de los jansenistas, pero no logra acallarlas en Francia.

Los milagros alrededor de la tumba del Diácono, en el cementerio de Saint Medard (GRabado de la época)

El jansenismo ya no es sólo el debate teológico de una elite, sino que se ha democratizado. Los sectores populares de las ciudades no lo ignoran y veneran, por su devoción, al clérigo jansenista. Bajo la Regencia se constituye un partido de obispos, de monjes, de curas e incluso de laicos, quienes apelan, del texto de Unigenitus del papa. De ahí el nombre de "apelantes". Muchos de estos jefes son excomulgados o destituidos después de las apelaciones de 1717, de 1720 y de 1727.

La curación de la pequeña Aubigan, quien enderezó su pierna con fuertes golpes de paleta.

Sin embargo, Francisco de Pâris las firmó todas. ¿Se puede reconocer la santidad de alguien que pertenece a un partido condenado por la Iglesia y por la autoridad?

Milagros y convulsiones

Pâris es el sacerdote apelante modelo, es célebre y querido entre los pobres del barrio Saint-Medard, a quienes deja en su testamento todos sus bienes. Las primeras curaciones milagrosas alrededor de su tumba se producen en 1727. El cementerio se convierte rápidamente en el lugar de encuentro de un gran número de candidatos a la curación y de simples espectadores de todos los niveles sociales. Los fieles se acuestan sobre la lápida para recibir la curación y recogen tierra del lugar para confeccionar bálsamos o cataplasmas. El 15 de julio de 1731 surge la controversia: mientras los jansenistas aprovechan la publicidad de estos milagros, el arzobispo de París afirma, en una orden escrita, que todos estos fenómenos son falsos y que se debe terminar con el culto a las reliquias. Veintitrés curas parisinos le envían una petición para lograr el reconocimiento los cuatro milagros sobre los cuales tienen un sólido expediente de testimonios. Pero las autoridades religiosas responden con el silencio.

Entonces, como si fuesen necesarios milagros aún más contundentes, la naturaleza del fenómeno se transformó. Las curaciones se llevan a cabo, de ahora en adelante con largas y dolorosas crisis de convulsiones. Estos ataques de temblores incontrolables, acompañados de aullidos y crujidos de huesos, impresionan mucho. Los cuerpos de los sujetos están como poseídos; torcidos y jalados hacia todos lados por una fuerza misteriosa, que les arranca movimientos desordenados. Los ojos están desorbitados, la boca espumante. El efecto, a veces escabroso, de estas escenas, no escapa a la policía del rey: Lo más escandaloso, dice un informante, es que se puede ver a algunas niñas bastante bonitas y bien hechas en los brazos de hombres, quienes, al socorrerlas, pueden satisfacer ciertas pasiones, puesto que ellas están 2 ó 3 horas con el cuello y los senos descubiertos, las faldas recogidas y las piernas al aire...Llamados a intervenir, los médicos del rey ven en este fenómeno un fraude, Por miedo a los disturbios, el cementerio es cerrado el 29 de enero de 1732.

Sobre vivencias hasta la Revolución Pero la historia no termina ahí. Algunos poseídos continúan dando espectáculos en sus domicilios, en sótanos, o en los salones burgueses. Pero, más que todo, la crisis cambia de naturaleza: el cuerpo de los sujetos está preso de violentas contracciones que encogen horriblemente los músculos. La convulsión no tiene entonces virtudes curadoras: el poseído es un mártir, la rigidez absoluta y ahogadora del cuerpo representa la pasión de Cristo. El socorro que brindan los espectadores es un suplicio, pisotean y golpean al poseído y estiran desesperadamente sus miembros en un intento por aflojarlos.

Este sufrimiento es el precio que pagan los sujetos por demostrar, solos contra el mundo, la veracidad de los milagros. Con el tiempo se llega aún más lejos. Ciertas mujeres terminan por creer en la virtud de los suplicios, los más dolorosos, para probar que ellas reciben el socorro de la gracia divina. Tales excesos se producen a partir de 1735. Todo esto se aleja cada vez más del caso de Paris y los poseídos, diezmados por la prisión, condenados por el Parlamento e, incluso, por los jansenistas, terminan marginados y privados de apoyo, De ahí en adelante exigen ser tratados a golpes, con barras de fierro,  con espadas, con objetos cortantes... A partir de 1745 quedan sólo algunas comunidades, totalmente clandestinas. La indiferencien de las autoridades, del clero y del público, los conduce a un distinto afán: la Crucifixión. Algunos lo hacen regularmente. Es ésta la prueba suprema, la total identificación de con el cuerpo del Redentor ajusticiado. Finalmente a partir de 1789 no se vuelve a oír hablar de los poseídos.


miércoles, 8 de enero de 2020

SEMBLANZA ESPÍRITA



Por: Ana Fuentes de Cardona

Si fuera posible preguntarle a Abraham cuál habría sido en su vida el dolor más grande y su mayor alegría en el tiempo que vivió, él respondería: “El momento en que, recibiendo la orden divina, me vi caminando con mi amado hijo Isaac hacia el monte donde habría de sacrificarle… Mi corazón se comprimió de dolor y sentí que en el brotaban gotas de sangre semejando lágrimas; la respiración entrecortada me impedía dar pasos firmes, tambaleante casi, sin soltar la manecita del hijo amado, llegué al sitio señalado y dispuse lo concerniente al horrible sacrificio. Era una prueba, una prueba máxima de obediencia a Jehová y, cuando me disponía a consumar el hecho doloroso se dio a mi frente la resplandeciente claridad que me inundó de felicidad el alma. El ángel del Señor detenía mi mano temblorosa, el cielo se inundó de colores en ráfagas luminosas, mi pecho se ensanchó de felicidad y alcé los ojos para bendecir el todopoderoso”.

Cuando a Moisés se le preguntó sobre su mayor sufrimiento y su momento más dichoso, él contestó: “Cuando la cesta que mi madre cuidadosamente preparó con amor para evitar mi ahogamiento en las aguas del Nilo viajó con violenta turbulencia, sentí un gran susto que me mantuvo en suspenso por largo rato sin saber exactamente que sucedía; me sentí desdichado, sentí el atajo de gruesas fibras que en movimiento lento me fueron como arrinconando hacia un ligar en donde altas cañas me detuvieron y la sombra proyectada por las airosas palmas que cubrían el sitio, me proporcionaron agradable penumbra y una suave brisa penetraba por los estrechos vacíos del tejido laborioso de la madre amada, que me permitió respirar”.

“El susurro de voces que se acercaron a mí, me mantuvo a la expectativa y la sorpresa. Por inmensa claridad y suave brisa me envolví ante las miradas expresivas y las palabras amorosas que las acompañantes de una princesa singular me descubrieron entre angustiado y sonriente, comprendiendo en ese instante que otra madre tierna y bella me tomaba entre sus brazos. La protección que viví en ese instante me hizo sentir, en el fondo de mi alma, que mi vida había escapado de la odiosa furia de aquel faraón celoso de la expansión hebrea en su terreno egipcio, sometiendo a la más infame agonía a muchos seres. Mi felicidad se dio integra porque comprendí en esa increíble situación que el Dios de los hombres me dotaba de su amor infinito, un destino insospechable, que contaba con la grandeza de su poder para convertirme en instrumento de su gran amor”.

Cuando a Saulo de Tarso se le preguntara por su momento más sufrido en la vida que le tocó llevar y el instante más feliz que llenó su corazón de dicha y comprensión que le permitió sopesar su errónea carga conciencial, él diría: “El momento de mayor tristeza que oprimió mi corazón fue en Damasco cuando en persecución de Ananías, mi caballo falló en su pisada y fui a dar al suelo, impresionado al mismo tiempo por la extraña luminosidad que hacia mí se acercaba, y la pregunta viva y resonante en mis oídos: “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?”, penetrando en la profundidad de mi corazón y no podía creer en la grandeza divina que me rodeaba, pero de la caída experimenté confusión y dolor profundo porque viví el estremecimiento conciencial y pregunté: “¿Quién eres tú, Señor?”

-             “Soy yo, Jesús, a quien tú persigues”. El dolor embargó mi alma y la ceguera selló mi vista ocasionándome tormento tal que perdí el raciocinio momentáneamente y me sentí envuelto en mi mayor desgracia, fue más tarde cuando vino a mí el varón a quien buscaba para matarlo, Ananías, quien sorpresivamente, como cumpliendo un mandato misericordioso, puso sus manos en mis ojos, devolviéndome la claridad visual, mientras sus palabras sensatas y fraternales me llenaron de profunda alegría producida por la bondad infinita con que me cubrió en aquel momento dichoso”.

Si se le preguntara a Jesús, el Cristo, cuál fue su momento más doloroso y cuál el más feliz en su vida misionera de tan altos alcances acerca del hombre en la Tierra, él respondería: “El momento más triste en el que mi corazón se oprimió, fue aquel en que, aun sabiéndolo de antemano, Pedro mi amado discípulo, me negó tres veces y la pasión dolorosa que siguió a esta negación que me llevó al trato bárbaro que terminó en la cruz, sumando el odio a la maldad de los hombres”.

Mi momento feliz fue aquél en que pude encomendar a mi madre, a mi santa madre, en Juan, el discípulo que más me comprendió, la protección amorosa hacia la humanidad que siempre amé, y cuando rogué a mi Padre Eterno con las palabras: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen…”.


Extraído del Boletin Espiritista, No. 43
Sociedad Espiritista de Cartagena

miércoles, 1 de enero de 2020

SIN BRAZOS Y SIN PIERNAS

Tiyo Satrio, nacido en Indonesia, a sus 11 años, asiste a la escuela y juega playstation. Imagen usada como ilustración. Fotografía tomada de la web https://tn.com.ar/


         En una de las oraciones que rezan los católicos romanos llaman a este mundo valle de lágrimas, y creo que es la mejor definición que se puede hacer de esta penitenciaria del Universo, porque en realidad, no hay un solo ser que pueda vanagloriarse de decir: ¡soy feliz en toda la acepción de la palabra!

       La mayoría de los potentados suelen sufrir enfermedades incurables; hay millonarios en los Estados Unidos que sólo pueden alimentarse con copas de leche en muy corta cantidad; otros no pueden dormir porque se ahogan y tienen millones de renta que no les proporcionan el menor goce, con lo que descienden hasta los más pobres; si algunos son fuertes y robustos carecen de lo más indispensable para sostener sus fuerzas vitales, viéndoselos decaer como lámpara que se apaga en el lleno de su juventud; por consiguiente, la felicidad es una nube de humo que se deshace al menor soplo de viento huracanado de la vida, como se deshace la niebla a los primeros rayos del sol; mas en medio de tantos dolores, los hay de distintos grados: los hay soportables y los hay irresistibles. Hablando hace pocos días con una amiga, ésta me decía lo siguiente:


-Hace algún tiempo que fui a un depósito de aguas y allí encontré una familia que nunca olvidaré. Era un matrimonio, los dos jóvenes, amables y simpáticos, sus semblantes irradiaban alegría; los dos se amaban con ese amor primero que se asemeja a un árbol florido que espera ser más tarde hermosos racimo de sazonados frutos; se unieron por amor, únicamente por amor. Él era un modestísimo empleado, ella una humilde costurera; se vieron y se amaron, se amaron y se unieron, y al unirse, al recibir la bendición, él pensó en la llegada de su primer hijo, y ella, contemplando a un niño Jesús, pidió a Dios tener un hijo tan hermoso como aquella figura angelical. Un año después, la enamorada pareja se sintió dominada por la más viva y amorosa ansiedad. A fuerza de economías habían comprado todo lo necesario para vestir a un recién nacido: camisitas de batista con preciosos encajes, vestiditos blancos con finos bordados, gorritas lindísimas, todo lo más bello, todo lo más delicado les parecía poco para el niño que debía de llegar pidiendo besos con sus sonrisas. Al fin llegó el momento supremo. Áurea sintió los agudos dolores precursores del laborioso alumbramiento y dio a luz un niño; quiso verlo inmediatamente y su esposo y las personas que la rodeaban, mustios y callados, parecían que no la comprendían; se miraban unos a otros y cuchicheaban, hasta que Áurea grito alarmadísima:

-Pero qué, ¿no me oyen?, quiero abrazar a mi hijo… ¿está muerto quizá?...

-No contestó el esposo, pero…

-¿Pero qué? ¿Qué sucede?

-¡Que el niño no tiene brazos… ni piernas!...


-Así estará más tiempo en mis brazos, -contestó Áurea, abrazando a su hijo con delirante afán.

       El niño era precioso, blanco como la nieve, con ojos azules, cabello rubio muy abundante, sus grandes ojos tenían una mirada muy expresiva; cuando yo conocí al niño tendría ocho a diez meses y estaba hermosísimo; su madre estaba loca con él y su padre lo mismo; pero este último, cuando su esposa no podía oírle, decía con profunda amargura: ¡tanto como yo deseaba un hijo… y ha venido sin brazos ni piernas!...

       -¡Qué injusto es Dios!... Si mi hijo fuera rico, pero ¡si yo soy tan pobre!...

       -Créeme Amalia, aquel niño vive en mi memoria, ¿qué habrá sido? ¿Qué papel habrá representado en la historia?

       -Yo lo preguntaré, amiga mía, porque tu relato me ha impresionado muchísimo y, efectivamente, de noche y de día pienso en el niño que tanto deberá sufrir si llega a ser hombre, ¡no tener brazos ni piernas!... ¡Qué horror! Y probablemente será un ser de gran inteligencia, querrá volar con su pensamiento y no tiene más remedio que permanecer en la más dolorosa inacción. ¡Dios mío! ..., no es vana curiosidad la que me guía, pero deseo saber si es posible el porqué de tan terrible expiación.

*   *   *

       “Por el fruto conoceréis el árbol, dijo Jesús, por consiguiente, a todo ser que veáis cargado de cadenas desde el momento de nacer, podéis deducir sin la menor duda, que todo lo que le falte hizo mal uso en sus encarnaciones anteriores. ¿Qué no tiene piernas? Señal que cuando las tuvo le sirvieron para hacer todo el daño que pudo; quizá fue un espía que corrió afanoso detrás de algunos infelices para acusarles de crímenes que no cometieron y con sus declaraciones hizo abortar trascendentales conspiraciones, que al ser descubiertas antes de tiempo produjeron innumerables víctimas. Tal vez corrió para precipitar en un abismo a seres indefensos que le estorbaban para realizar sus inicuos planes; al que le faltan las piernas tiene que haberlas empleado en atormentar a sus enemigos, tiene que haber sido el azote de cuantos le han rodeado; carecer de miembros tan necesarios pone de manifiesto una crueldad sin límites, un ensañamiento en hacer el mal imposible de describir, unos instintos tan perversos que atestiguan el placer de hacer el mal por el mal mismo. ¡Ay de aquél que nace sin piernas!...

     “¿Qué no tiene brazos? Quizá sus manos que tan útiles son a la especie humana, para hacer con ellas obra de titanes y labores delicadísimas, las empleó para firmar sentencias de muerte que llevaron al patíbulo innumerables víctimas, inocentes en su mayoría. Tal vez gozó apretando los tornillos de horribles potros de tormento, arrancando confesiones de infelices acusados, enloquecidos por el dolor; ¡quién sabe si escribió calumnias horribles que destruyeron la tranquilidad y el cariño de familias dichosas! ¡Se puede hacer tanto daño con las manos! ..., con ellas se acerca la mecha a materias inflamables y se produce el devorador incendio; con ellas el fuerte estrangula al débil, con ellas se abofetea y se convierte en fiera al hombre más pacífico y más honrado, con ellas se destruye el trabajo de muchas generaciones. Son los auxiliares del hombre, quien con sus manos produce maravillas o aniquila cuanto existe. Cuando se viene a la Tierra sin manos, ¡cuánto daño se habrá hecho con ellas!

“No hay necesidad de particularizar la historia de éste ni de aquél; todos los que ingresan a la Tierra sin un cuerpo robusto y bien equilibrado, son penados condenados a cadena perpetua que viene a cumplir su condena, porque no hay apelación ante la sentencia que uno mismo firma en el transcurso de su vida. No hay jueces implacables que nieguen el indulto a los arrepentidos criminales, no hay más juez que la conciencia del hombre; podrá este embriagarse con fáciles triunfos de sus delitos; podrá no tener oídos para escuchar las maldiciones de sus víctimas; podrá cerrar los ojos para no ver los cuadros de desolación que él ha producido; podrá estacionarse millones de siglos, pero llega un día que, a pesar suyo, se despierta y entonces ve, oye, reconoce su pequeñez y él mismo se llama a juicio y pronuncia sentencia, sentencia inapelable, sentencia que se cumple hora por hora, día por día, sin que exima del tormento ni un segundo, porque todo está sujeto a leyes fijas e inmutables.


“No lo dudéis; los criminales de ayer son los tullidos de hoy, los ciegos, los mudos, los idiotas, los que carecen de piernas, los que no tienen manos, los que padecen de hambre y sed son perseguidos por la justicia.

“tenéis un refrán que dice: «No te fíes del lisiado por la mano de Dios»; la idea está muy mal expresada, pero en su fondo hay una gran verdad. Si bien se mira, veréis que la mayoría de esos desgraciados revelan en su semblante la degradación de su Espíritu; la diestra de Dios no ha impreso la ferocidad en su rostro; es el cúmulo de sus delitos, son sus malos y perversos instintos los que han endurecido las líneas de su faz, y para esos penados guardad toda vuestra compasión, guiadle por el mejor camino, haced por ellos cuanto haríais por vuestros hijos, porque son los más necesitados, los más afligidos, porque en medio de la mayor abundancia no hay para ellos agua en la fuente, trigo en los campos, frutos en los árboles, calor en el hogar de la familia; son los judíos errantes de la leyenda, andan siempre sin encontrar una piedra donde sentarse. ¡Qué malo es ser malo! Adiós”.

*   *   *

       ¡Qué bien dice el Espíritu! ¡Si por el fruto se conoce al árbol, que malo es ser malo!


      
Tomado del libro: "Hechos que prueban", de Amalia Domingo Soler.

viernes, 13 de diciembre de 2019

LOS MANDAMIENTOS DE LA LEY DIVINA Y LA TERCA INSISTENCIA DEL HOMBRE EN VIOLENTARLOS


Por: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

Un tema recurrente en charlas espíritas y en las clases de ética que imparto en la institución educativa en la que presto mis servicios como docente, tiene que ver con el análisis de los diez mandamientos y las razones por las cuales, para muchos, es tan difícil darle estricto cumplimiento a los mismos, teniendo en cuenta la exhortación de Jesús, cuando nos dice “Si quieres entrar en la vida eterna, cumple los mandamientos[1]”. Y reafirma lo dicho en la siguiente cita: “El que viole uno de estos mandamientos menores, y enseñe a los hombres a violarlos, será considerado como el último en el reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y los enseñe será grande en el reino de los Cielos[2]”.

Los tres (3) primeros mandamientos van dirigidos a Dios y los siete (7) restantes van dirigidos al prójimo; además, con relación a las leyes mosaicas, nos aseguran los espíritus que “Jesús las modificó profundamente, tanto en el fondo como en la forma. Combatió constantemente el abuso de las prácticas exteriores y las falsas interpretaciones, de modo que no podía hacer que esas leyes sufrieran una reforma más radical que mediante su reducción a estas palabras: “Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo”, añadiendo: Esta es toda la ley y los profetas[3]”.

Recordemos los diez mandamientos y con posterioridad haremos un sucinto análisis de los mismos, tratando de encontrar respuestas a las constantes violaciones de los mismos por parte del hombre aposentado en nuestro planeta.

1º. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2º. No tomarás el Nombre de Dios en vano.
3º. Santificarás las fiestas.
4º. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5º. No matarás.
6º. No cometerás adulterio.
7º. No robarás.
8º. No dirás falso testimonio, ni mentirás.
9º. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10º. No codiciarás los bienes ajenos.

El primer mandamiento, “amarás a Dios sobre todas las cosas”, es una invitación al amor supremo, por encima de las veleidades propias de quien se extasía en las sensaciones y goces de la carne, y en las posesiones materiales que nos alejan de la vida espiritual. Juana de Ángelis nos persuade a que, “en cualquier circunstancia, mantén tu confianza en Dios, que rige el Universo y guarda tu vida[4]”.

No tomarás el nombre de Dios en vano”, es un mandamiento constantemente transgredido por todos aquellos dados a hacer falsos juramentos en su nombre, solo por costumbre o por pretender posar de serios. Jesús consciente de la indelicadeza del hombre en sus relaciones con el Padre eterno, nos recordó que "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos[5]".

El tercer mandamiento, “santificarás las fiestas”, pareciera, para muchos, una orden de participar en cuanta fiesta se inventa el hombre. Para tener una idea de las diferentes fiestas que se celebran en nuestro país Colombia, estudios realizados por expertos aseguran que existen en “Colombia 4.030 fiestas identificadas, que se hacen cada año[6].

Pero ¿realmente santificamos las fiestas?, ¿qué pretendía la divinidad con este mandamiento?, ¿está el hombre preparado para respetar las tradiciones religiosas y no convertirlas en prácticas profanas?, son preguntas que surgen ante la poca o nula acción del hombre por obedecer este mandamiento.

Con relación al cuarto mandamiento, “Honrarás a tu padre y a tu madre”, el segundo de los mandamientos concernientes al prójimo, me remitiré al capítulo XIV de “El Evangelio según el Espiritismo” y en particular al ítem 3, donde encontramos las orientaciones necesarias con respecto al mismo: “El mandamiento:Honra a tu padre y a tu madre” es una consecuencia de la ley general de caridad y de amor al prójimo, dado que no podemos amar al prójimo si no amamos a nuestros padres. No obstante, el imperativo honra contiene un deber mayor para con ellos: el de la piedad filial. Así, Dios quiso mostrar que en el amor a nuestros padres debemos incluir el respeto, las atenciones, la sumisión y la condescendencia. Eso implica la obligación de cumplir para con ellos, en forma aún más rigurosa, todo lo que la caridad nos ordena en relación con el prójimo en general. Ese deber se extiende, naturalmente, a las personas que hacen las veces de padre y madre, y que tienen tanto más mérito cuanto menos obligatoria es su devoción. Dios castiga siempre con rigor cualquier tipo de violación a ese mandamiento.

Honrar al padre y a la madre no significa solamente respetarlos, sino también ampararlos en la necesidad, proporcionarles reposo en la vejez, y rodearlos de cuidados, al igual que ellos lo hicieron con nosotros durante nuestra infancia” …

Por la extensión de este ítem no lo incluimos totalmente, por lo que invitamos a nuestros lectores, por la claridad que aporta en relación al mandamiento, a la lectura completa del mismo en la obra citada.

En “El Libro de los Espíritus”, Libro Tercero, Cap. VI, Ley de Destrucción, pregunta 730, Allan Kardec inquiere a los Espíritus acerca del temor instintivo que tiene el hombre a la muerte y ellos le responden: “Lo hemos dicho: el hombre debe tratar de prolongar su vida para cumplir su tarea”, esto nos permite entender con mayor concisión la importancia del quinto mandamiento “No matarás” y la necesidad que tenemos de respetar la vida del prójimo. Sin embargo, la historia de la humanidad es un largo documental de como los hombres lo han venido violentado al punto que el irrespeto a cualquier forma de vida es pan de cada día en el planeta Tierra.

Para vencer esa violencia, que no son más que vestigios del instinto primitivo en el hombre, Allan Kardec nos ilustra que, “(…) será por la educación más que por la instrucción que se transformará la Humanidad”; sólo así, ese instinto violento que campea en el hombre hodierno, la educación que somete y orienta, podrá vencer.

Adentrándonos en el sexto mandamiento “No cometerás adulterio”, en Mateo 5: 27 – 28, el Maestro Jesús nos conmina: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”; y son los apetitos inferiores de la personalidad quienes nos desbarrancan por el camino infamante de las más bajas pasiones, acercándonos al primitivismo que nos desafía día a día, en nuestras luchas por vencernos a nosotros mismos. Hoy, la humanidad terrena, sigue empecinado en alejarse de los principios divinos que lo acercan al amor, extasiándose en las sensaciones de la carne, en sus intensos devaneos con el acto sexual instintivo propio de la animalidad. 

El séptimo mandamiento “No robarás”, nos convida a respetar los bienes del prójimo; rapiña, usura, fraude, corrupción, especulación, etc., son muchas formas de asaltar la buena fe del prójimo en detrimento de su bienestar, por ello, la invitación de Juana de Ángelis acude a nuestro apoyo en la aplicación de esta máxima cristiana cuando nos dice: “Se probo y honrado, especialmente cuando escasean en la Tierra, la honradez y la justicia[7]”.

Si el sexto y séptimo mandamiento son todo un reto para gran parte de la humanidad domiciliada en la Tierra, el octavo mandamiento “No dirás falso testimonio, ni mentirás”, es toda una provocación a las virtudes que el ser humano debe atesorar a lo largo de sus existencias en la Tierra; el excelso Maestro nos invitó en todo momento a la búsqueda de la verdad, que nos haría libres; empero, el ser humano insiste en mantenerse cautivo de su propia insania, perseverando en el mal. Hoy es un hecho común atestiguar falsamente en juicio, habitual en nuestros estrados judiciales, lo mismo que la murmuración, la calumnia, y toda suerte de mentiras que nos alejan del cumplimiento de esta ley, entendiendo que difícilmente nadie se evadirá de su propia conciencia.

No consentirás pensamientos ni deseos impuros”, es el noveno mandamiento, el cual me remite a la advertencia que nos hace Jesús en Mateo 26:41: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Sobre la tentación, ese impulso que nos ilusiona y nos lleva al desequilibrio, Juana de Ángelis acrecienta:

“Tóxico, envenena fácilmente.
Ácido, quema incesantemente[8]”.

Es el mismo Jesús quien nos advierte que: ““¡Ay del mundo a causa de los escándalos! Porque es necesario que vengan escándalos; pero ¡ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!

Su admonición continua así: Si vuestra mano o vuestro pie es motivo de escándalo, cortadlos y arrojadlos lejos de vosotros; porque mejor será para vosotros que entréis en la vida con un solo pie o una sola mano, a que tengáis dos y seáis arrojados en el fuego eterno. Y si vuestro ojo es motivo de escándalo, arrancadlo y arrojadlo lejos de vosotros; porque será mejor para vosotros que entréis en la vida con un solo ojo, a que tengáis dos y seáis precipitados en el fuego del Infierno[9]”.

Sin embargo, a pesar de las advertencias, seguimos incurriendo en las mismas liviandades de siempre que nos llevan a regresar a la carne con las limitaciones físicas necesarias para equilibrar las cargas de las violaciones constantes a las leyes divinas.

El décimo mandamiento de la Ley de Dios, sintetizado en “No codiciarás los bienes ajenos”, lleva implícita la envidia, la avaricia, el egoísmo y la soberbia. Apoyándonos en Pablo de Tarso, el Apóstol de los Gentiles, entenderemos las razones de la constante violación del hombre de este mandamiento: "La avidez del dinero, en efecto, es la raíz de todos los males; pues por este deseo, algunos se han desviado de la fe y se han procurado muchos tormentos[10]".

Sobre este mandamiento, Jesús, el justo por excelencia nos enseña: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee[11]”. 

A pesar de estas enseñanzas, el hombre continúa, injustamente, deshonrando las sabias leyes recibidas por Moisés, las cuales mantienen su inalterable vigencia para bienestar de aquellos, que, comprendiendo el compromiso con su realidad espiritual, hoy transitan el camino del bien.

La invitación que nos hace la Doctrina Espírita es a la recristianización del ser, siendo por ello, nosotros los espíritas, los llamados a trabajar desde nuestros círculos de servicio en la transformación interior, que dignifica al ser y lo acerca a la responsabilidad personal, a la auto-iluminación, liberándose de las pasiones inferiores en la búsqueda de los altos vuelos de la inmortalidad.






[1] Mateo 19:17.
[2] Mateo 5: 19.
[3] Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo”. Cap. I, “No he venido a derogar la ley”, Cristo, ítem 3, pág. 57. Edicei, Editorial  Kimpres Ltda, 2009.
[4] Divaldo Franco/Juana de Ángelis, Floraciones evangélicas. Cap. 13, Confianza en Dios, pág. 54. Librería Espírita Alvorada. 1991.
[5] Mateo, 7:21.
[6] https://www.rcnradio.com/colombia/en-colombia-se-realizan-mas-de-4000-fiestas-al-ano-revelo-estudio
[7] Divaldo Franco/Juana de Ángelis, Invitaciones de la Vida, Invitación a la probidad, pág, 147. Instituto de Difusión Espírita – IDE, 1985.
[8] Divaldo Franco/Juana de Ángelis, Invitaciones de la Vida, Invitación a la vigilancia, pág, 206. Instituto de Difusión Espírita – IDE, 1985.
[9] Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo, cap. VIII. Edicei.
[10] 1ª. de Timoteo 6:10.
[11] Lucas 12:15.

CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...