viernes, 8 de enero de 2010

¿MARÍA MAGDALENA Y LA MUJER ADÚLTERA SON EL MISMO PERSONAJE CITADOS EN EL EVANGELIO?



Existe una gran duda respecto a la figura de María Magdalena y la de la mujer adultera citados en los Evangelios, pues algunos tienden a confundir los dos personajes como si fuesen el mismo, cuando en la literatura espírita, como vamos a ver más adelante, existe información clara y veraz sobre la identificación de cada uno de ellos. Es necesario anotar que en esta confusión la Iglesia Católica ha jugado un papel importante como quiera que además de la adultera, incluyó a María de Betania, la hermana de Lázaro (el resucitado), en la identificación de María Magdalena haciendo de tres personajes en la vida de Jesús, uno solo.


Esta identidad de María Magdalena, como tres en una, fue establecida en un sermón que el Papa Gregorio dio en el año 591, en el cual dijo: "Ella, la cual Lucas llama la mujer pecadora, la cual José llama María [de Betania], nosotros creemos que es María, de quien siete demonios fueron expulsados, según Marcos. "Difundida por los teólogos de los siglos III y IV, esta teoría gozó de mucha popularidad en el siglo XIX y constituyó un tema frecuente en la iconografía” . Si tenemos en cuenta la infalibilidad papal, el resto solo es trabajo de la imaginería colectiva para hacer de esto una verdad de a puño. 

Pero, analizando con detenimiento la situación, encontramos que solo son malos entendidos de quienes leen fuera de contexto los versículos y no entran en un análisis más profundo de lo que significaba para Jesús el aprovechar al máximo cualquier circunstancia que se le presentaba, para dejar bien claro el mensaje consolador que intentaba desarrollar entre el indómito pueblo judío, apegado como estaba a la ortodoxia de sus enseñanzas religiosas.


Estudiando la hermosa obra de Amelia Rodrigues, quien participa en las filas espirituales de Joanna de Ángelis, mentora de Divaldo Pereira Franco, ella aborda los más variados asuntos sobre el Evangelio, su tema predilecto, donde encontramos referencias de estos tres personajes, definiendo con claridad y lucidez la individualidad de cada uno de ellos. Su lectura no deja margen de duda acerca de la existencia de tres seres diferentes que tuvieron la maravillosa oportunidad de redimir sus errores, después de escuchar las sabias enseñanzas del Maestro de Galilea.


En la obra “Cuando Regrese la Primavera”, Amelia Rodrigues en la lectura denominada Justicia del Amor, se refiere a la ya conocida historia de la mujer adultera y su esposo traicionado, pero lo más interesante de su mensaje corresponde al final feliz que tuvo la historia de estos dos seres, la cual tomada textualmente no da lugar a equivoco con el personaje de María Magdalena: 

Deseoso de reparar o disminuir los vejámenes que generara, fue en la busca de la esposa destrozada después de la terrible escena que no culminó en un acto de sangre, gracias a la intervención del Maestro que le tendió las manos, proponiéndole recomenzar…


Se fue de la ciudad aprovechando esta nueva oportunidad, sostenido por la dulce fuerza de aquella mirada y por su diáfana presencia, que quedaron impresas en su alma.


Con el ánimo renovado, rehízo su vida, dando curso a la existencia…” .


Lo mismo sucede con María, de Betania, la hermana de Lázaro y de Martha, familia esta que era visitada por el Maestro a su paso por Betania. Amelia en la obra “Las Primicias del Reino” asegura que ellos… “amaban a Jesús y no lo ocultaban. Lo consideraban un miembro de la familia, y recibirlo en casa, significaba para ellos engarzar una estrella en las paredes domésticas”. 

En la obra “Cuando Regrese la Primavera” también existe una referencia a María, la hermana de Lázaro, en la lectura denominada “En Betania, Lázaro volvió”. Es claro que María, la hermana de Lázaro nada tiene que ver con la mujer adultera y María Magdalena.


En relación a María de Magdala, Amelia nos ofrece una fascinante historia de esta mujer que transformó su existencia al escuchar las balsámicas palabras del Rabí de Galilea, que al decir de Amelia Rodrigues “Se sintió morir mientras Lo escuchaba, y sentía revivirse al retornar”. Gracias al encuentro con el Maestro Jesús, María Magdalena, tal como lo cuenta Amelia en su magnánima obra, se sintió liberada de los siete espíritus demoníacos que la tornaban infeliz. Y para que no queden dudas acerca de su individualidad y sobre el final de su existencia luego del reencuentro con el Maestro, posterior a su desencarnación, nos dice Amelia que… 

Después de luchas tiranizantes consigo misma, experimentó la soledad y el abandono, cuando todos se fueron a predicar y vivir el mensaje.


Permaneciendo sola, vagaba por las playas lejanas que Lo evocaban, y fue allí que encontró leprosos que venían de lejos a buscar el socorro de Sus manos, y como llegaron tarde, los abrazó como a hermanos y partió con ellos para el valle de los inmundos, cantando salmos de felicidad…”.

De la misma manera, aportamos como referencia, la cita hecha por el Hermano X a través de la psicografía de Francisco Cándico Xavier, en el mensaje denominado "María de Magdala", del libro titulado "Buena Nueva", publicado por la Editora Mensaje Fraternal en 2007, y que a la letra dice "Después de una noche de grandes meditaciones y antes del famoso banquete de Naim, en el cual ella ungiría públicamente los pies de Jesús con los balsamos perfumados de su afecto, fue vista una tranquila barca que conducía a la pecadora a Cafarnaum. Después de muchas dudas se había dispuesto a buscar al Mesías. ¿Cómo la recibiría el Señor, en la residencia de Simón? sus coterranéos nunca le perdonaron el abandono del hogar y la vida de aventuras. Para todos, ella era la mujer perdida que tendría que encontrar la lapidación en la plaza pública".


Sólo nos resta agradecerle a nuestros hermanos Amelia Rodrigues y el Hermano X, porque gracias a su apoyo en relación a las preciosas lecciones del Evangelio, encontramos luces de esperanza y claridad evangélica para dilucidar estas inquietudes. A nuestros amables lectores los remitimos a las obras de estos dos cultores de las enseñanzas espíritas, donde nos sumergiremos en un sublime reencuentro con Jesús, él mismo que nos enseñó “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.



BIBLIOGRAFIA
  1. Cuando regrese la primavera, Justicia de amor. Amelia Rodrigues/Divaldo Pereira Franco. Editora Espírta Alvorada, pág. 99.
  2. Las primicias del reino, La familia de Betania. Amelia Rodrigues/Divaldo Pereira Franco. Editora Espírita Alvorada, pág. 186.
  3. Las primicias del reino, La rediviva de Magdala. Amelia Rodrigues/Divaldo Pereira Franco. Editora Espírta Alvorada, pág. 194.
  4. Buena Nueva, María de Magdala. Hermano X/Chico Xavier. IDE - Mensaje Fraternal, capítulo 20, página 130 - 139, 2007, Araras, SP., Caracas.

Oscar Cervantes Velásquez
Santa Marta – Colombia
Enero de 2010

viernes, 17 de abril de 2009

ECTOPLASMA Y MATERIALIZACIONES


La mediúmnidad que sensibiliza directamente los órganos de los sentidos físicos de los observadores, es conocida como mediúmnidad de efectos físicos, materiales u objetivos. En esta clase de mediúmnidad, sus efectos se revelan en forma de fenómenos objetivos, envolviendo elementos materiales que permiten un examen directo por parte de todos los presentes encarnados, aún cuando no sean médiums ostensivos.

El médium de efectos físicos es aquel que sirve de intermediario en todos esos fenómenos, que son audibles, visibles y sensibles a los sentidos humanos, donde, al contrario de la mediúmnidad de efectos intelectuales, él no es el agente productor de los fenómenos, sino únicamente un elemento que proporciona parte de los fluidos necesarios a los trabajos, porque hay también necesidad de otros fluidos que provienen de otras fuentes.

Entre los muchos fenómenos de efectos físicos reconocidos, destacamos el de efectos físicos, por la espectacularidad de los mismos y por las profundas enseñanzas que dejan en el psiquismo de los estudiosos de los fenómenos espirituales. Estas manifestaciones pueden ser parciales o completas, y en ellas juega un papel preponderante el aporte de ectoplasma por parte del médium.

El siguiente video documento, colgado por el autor en la página de youtube, pretende esclarecer en algo estos fenómenos.


miércoles, 28 de noviembre de 2007

LA MUJER, EDUCADORA POR EXCELENCIA

Por: Oscar Cervantes Velásquez
Santa Marta - Colombia


Procrear es una ley biológica. Ser padres implica, además, adquirir conocimientos, asumir deberes y responsabilidades para con nuestros hijos y nuestra familia.

Tener hijos, ser padres, es una función natural, pero hacer de ellos personas conscientes, responsables, honestas, solidarias y libres es otra cosa. Y es que la labor educativa que se realiza en el hogar es irreemplazable e intransferible, porque toda conducta se graba en la psiquis del niño y, cuanto antes nos preparemos y nos ocupemos de educarlos, mejor los estaremos capacitando para su progreso consciente y para la concreción de sus objetivos de vida.

Somos responsables ante Dios del cuidado y encauzamiento de esos seres que hoy son nuestros hijos y de quienes somos sus “modelos naturales”, por estar las veinticuatro horas influenciándolos directa o indirectamente, a través de la palabra o del ejemplo, de la presencia o de la ausencia.

Educar es preparar al individuo para vivir dentro de los patrones morales e intelectuales vigentes en determinado momento y en determinada sociedad. La madre debe sustentar la educación de los hijos, enseñándoles la sana convivencia por medio de la evangelización, siguiendo el modelo de Cristo. Evangelizar a un niño o a una persona adulta es, pues, enseñarle a convivir con sus semejantes dentro de los patrones de la moral cristiana.

La naturaleza dio a la madre el amor a sus hijos, en beneficio de la conservación de estos. Sin embargo, en los animales ese amor se limita a sus necesidades materiales y cesa cuando los cuidados ya no son necesarios. En el hombre, persiste durante toda la vida e implica una devoción y una abnegación que, incluso, sobrevive a la muerte y acompaña al hijo hasta más allá de la tumba.

El corazón materno es un cuenco de amor en el que se manifiesta la vida; de ahí que se comprenda que el amor maternal está en las leyes de la naturaleza. Pero, sin lugar a duda, la misión de las madres no siempre es un mar de rosas, sino que, por el contrario, es una tarea espinosa, donde la renuncia y las lágrimas son ingredientes fundamentales. En el ambiente doméstico, el corazón de la mujer debe ser el exponente divino de toda la comprensión espiritual y de todos los sacrificios por la paz de la familia.

Al instituir la familia, quiso Dios, en su infinita sabiduría, confiar a la madre la sublime misión de ser la dispensadora de afecto, infundiendo en su corazón reservas inexorables de abnegación, cariño y paciencia con las cuales acudir a las necesidades del hijo, sin desatender los reclamos del padre, asegurando, de este modo, la condición básica de la supervivencia familiar. Para el hijo, el amor materno es tan indispensable como el sol lo es para la vida de las plantas. Si le falta ese amor, su desarrollo físico, mental, afectivo y espiritual estará comprometido por toda la existencia, de forma insalvable, ya que nada, absolutamente nada, podrá compensarlo.

A la madre incumbe promover la integración familiar, fusionando a unos con otros en la amistad y en la cooperación, ofreciendo a todos su sonrisa estimulante, su palabra de coraje y el calor de su ternura. Sin embargo, en la sociedad actual, la modernidad —en algunos casos— está encontrando hogares sin madres, que lucharon mucho para huir de él, alegando la necesidad de trabajar para ayudar en la economía doméstica. Puro pretexto. Muchas veces, lo que ellas ganan no basta para pagar a la empleada que se queda en su lugar, junto a sus hijos. El objetivo de la fuga de las tareas domésticas es, algunas veces, la búsqueda de placeres ocultos en el anonimato de las multitudes que caracterizan, especialmente, a las grandes ciudades.

Los niños que crecen sin madres, cuidados por un servicio sin ningún vínculo afectivo con ellos, forman esa legión de personas inseguras, enfermas y desequilibradas que acaban siendo una carga onerosa para la sociedad en todos los sentidos.

Por ello, cuando Kardec, preguntando a los espíritus sobre la importancia de la infancia para el hombre, recibió como respuesta que los espíritus entran en la vida corporal para perfeccionarse y mejorarse, y que la debilidad de la edad primaria los hace flexibles y accesibles a los consejos de la experiencia y de quienes deben hacerlos progresar. Entonces es cuando puede reformarse su carácter y reprimirse sus malas costumbres, y esta es la misión que Dios ha confiado a los padres, misión sagrada de la que habrán de rendir cuentas.

El mentor espiritual Emmanuel, a través de la psicografía de Chico Xavier, nos enseña en la obra “El consolador prometido por Jesús” que:

La mujer cristiana enciende la verdadera luz para el camino de sus hijos a lo largo de la vida. La misión de la madre se resume en dar siempre el amor de Dios, Padre de Infinita Bondad, que depositó en el corazón de las madres la sagrada esencia de la vida. La madre terrestre debe comprender ante todo que sus hijos, primeramente, son hijos de Dios.

Desde la infancia tiene que ir preparándolos para el trabajo y la lucha que les aguardan. Ya en sus años iniciales debe enseñar al niño a huir del abismo de la libertad sin restricción, controlando sus actitudes y poniendo orden en su mente, pues esa es la oportunidad más propicia para sentar las bases de su vida.

Ha de sentir a los de otras madres como si fuesen los suyos, sin abrigar en modo alguno la falsa creencia de que los hijos de ella son mejores y están mejor dotados que los de los demás. Enseñará la más pura tolerancia, pero no dejará de ser enérgica cuando sea esto necesario en el proceso de la educación, vista la heterogeneidad de las tendencias y la diversidad de temperamentos que hay entre los niños.

Se sacrificará por la paz de sus hijos, de todos los modos a su alcance, sin quebrantar la pauta de grandeza espiritual de su tarea, enseñándoles que todo dolor es respetable, que todo trabajo edificante es divino y que toda dilapidación constituye una falta grave. Le enseñará el respeto por el infortunio ajeno, a fin de que ellos también sean amparados en el mundo, en la hora de amargura que les espera, hora común a todos los seres. En los problemas del dolor y el trabajo, de la prueba y la experiencia, no debe conceder la razón a ninguna queja de sus hijos sin antes analizar desapasionada y minuciosamente la cuestión, y elevará los sentimientos de ellos hacia Dios, sin permitirles estacionarse en la futilidad o en los prejuicios morales de las situaciones transitorias del mundo.

Será en el hogar el buen consejo sin parcialidad, el estímulo al trabajo y la fuente de armonía para todos. Buscará en la piadosa Madre de Jesús el símbolo de las virtudes cristianas, transmitiendo a los que la rodean los dones sublimes de la humildad y la perseverancia, sin preocuparse en absoluto por las pequeñas glorias efímeras de la vida material.

Al cumplir ese programa de esfuerzo evangélico, aun suponiendo que fracasen todas sus consagraciones y renunciamientos, corresponde a las madres incomprendidas entregar el fruto de sus labores a Dios y prescindir de todo juicio del mundo, pues el Padre de Misericordia sabrá evaluar sus sacrificios y bendecirá las penas que les han tocado en la sagrada institución de la vida familiar».


BIBLIOGRAFÍA

1. La vida en familia — Emmanuel/Chico Xavier.

2. El consolador prometido por Jesús — Emmanuel/Chico Xavier.

 

 

domingo, 21 de octubre de 2007

ATAVISMOS CULTURALES Y DESVIOS DOCTRINARIOS


Oscar Cervantes Velásquez

En el capítulo primero de "El Evangelio según el Espiritismo", “Yo no he venido a destruir la ley”, encontramos en el ítem N° 5 la siguiente afirmación de Kardec: “El Espiritismo es la nueva ciencia que viene a revelar a los hombres, con pruebas irrecusables, la existencia y la naturaleza del mundo espiritual y sus relaciones con el mundo corporal; nos lo presenta, no como una cosa sobrenatural, sino, al contrario, como una de las fuerzas vivas que incesantemente obran en la Naturaleza, como el origen de una multitud de fenómenos incomprensibles hasta ahora y relegados, por esta razón, al dominio de lo fantástico y de los maravilloso”.


Complementa aún más: “Así como Cristo dijo: “No penséis que he venido a destruir la ley, sino a cumplirla”, el Espiritismo dice también: “No he venido a destruir la ley cristiana, sino a cumplirla”. No enseña nada contrario a lo que enseño Cristo, pero desarrolla, completa y explica, en términos claros para todo el mundo, lo que se dijo bajo la forma alegórica; viene a cumplir en los tiempos predichos, lo que Cristo anunció, y a preparar el cumplimiento de las cosas futuras. Es pues la obra de Cristo, que el mismo preside, así como a la regeneración que se opera y prepara el reino de Dios en la Tierra como igualmente lo anunció”.


Bajo esta premisa, entendemos que el Espiritismo no puede caer en situaciones que desvirtúen la esencia doctrinaria, de la cual el Maestro Kardec fue muy explícito al recomendar mantener por encima de todo su pureza, y de esa forma evitar, como lo vamos a analizar, errores a causa de la falta de unión y cohesión doctrinaria.


El Cristianismo, que alcanzó su máxima expresión en las enseñanzas del Evangelio por parte de Jesucristo, utilizó la simplicidad en la organización de los primeros núcleos cristianos, conquistando gracias a ello a la sociedad de la época. Sin embargo, luego de la muerte de Jesús y con el paso del tiempo, sufrió un desgaste a causa de los intereses políticos, financieros e institucionales. Los nuevos adeptos y sus líderes, no consiguieron comprender la esencia del Evangelio, que es la regeneración del hombre, liberándose de los errores de su pasado culposo para reiniciar un nuevo ciclo donde la luz de la esperanza ilumine el camino de aquel que acoge con amor, las enseñanzas liberadoras del Maestro Jesús.


El resultado de todo eso es bien conocido: dos milenios de intolerancia, violencia, atraso espiritual, perpetuación de las injusticias sociales, agravamiento de los compromisos con la ley de acción y reacción y un fuerte comprometimiento con la regeneración de nuestro planeta.

El caso del Espiritismo no es muy diferente.

A pesar de las advertencias de los Espíritus y del mismo Allan Kardec, en cuanto a los períodos históricos y tendencias del movimiento, los Espíritas insisten en cometer los mismos errores del pasado. Los mismos errores porque probablemente somos las mismas almas que rechazaron y desviaron al Cristianismo de su verdadera senda y ahora posamos de puristas ortodoxos, enemigos ocultos del Espíritu de Verdad.

Negligentes con la oración y la vigilancia, cedemos constantemente a los tentáculos del poder y la vanidad, despreciando a toda hora el ideal del “amaos e instruíos”. No consiguiendo adaptarnos al Espiritismo, comprendiendo y vivenciando sus verdades, vamos adaptando la doctrina a nuestros límites, corrompiendo los textos de la codificación, ignorando la experiencia histórica de Allan Kardec y de sus colaboradores, trayendo a los Centros Espíritas las prácticas dogmáticas de nuestras preferencias religiosas, los hábitos políticos de las agremiaciones que frecuentamos y más comúnmente las interferencias negativas de nuestros caprichos personales.

Y así caminamos, unidos en nuestras displicencias y divididos en las responsabilidades. El Espiritismo fue, ciertamente, una doctrina elaborada por los Espíritus Superiores y esto nos tranquiliza en cuanto al futuro doctrinario. Pero el Movimiento Espírita viene siendo liderado por seres humanos, Espíritus aún inmaduros e inexpertos, lo cual preocupa, pues sabemos que, hoy los enemigos del Espiritismo están dentro del mismo movimiento.

¿Pero cómo evitar ese proceso de corrupción y, en algunos casos notorios, de sincretismo y mala conducta? ¿Cómo revertir la situación para reconducir esas experiencias hacia el rumbo verdaderamente Espírita? ¿Qué hacer con estas instituciones, con sus malos dirigentes, los malos médiums, en fin los malos Espíritas? ¿Debemos identificarlos y expulsarlos de nuestro movimiento? ¿Debemos denunciarlos y discriminarlos como hacia la Inquisición con los acusados de herejía?

¿Qué hacer con los libros que consideramos inconvenientes o fuera de contexto para el movimiento? ¿Debemos quemarlos en plaza pública, censurarlos en nuestras bibliotecas o dejar que la misma comunidad Espírita practique el libre albedrío y aprenda a hacer la escogencia correcta y adecuada a sus necesidades?

E ahí, una serie de cuestionamientos que nos ayudan a comprender el gran compromiso que asumimos como dirigentes de un movimiento que, tal como lo plantea Allan Kardec en "La Génesis" : “abre a la Humanidad un nuevo camino, ofreciéndole infinitos horizontes; al iniciarlo en los misterios del Mundo Invisible, le señala su verdadero papel en la Creación, papel perpetuamente activo, tanto en el estado corporal como en el espiritual. El hombre no camina ya a ciegas: sabe de donde viene, a dónde va y porque está sobre la Tierra. El futuro se le presenta en su verdadera faz, exento de los prejuicios de la ignorancia y la superstición; ya no es una vaga esperanza: es una verdad palpable, tan cierta para él como la sucesión del día y la noche. Sabe que su Ser no está limitado a algunos instantes de una existencia efímera; que la vida espiritual no se interrumpe con la muerte; que ya ha vivido y que vivirá aún y que de todo lo que adquiere en perfección gracias al trabajo nada se pierde; encuentra en sus existencias anteriores la razón de lo que es hoy y, también, de lo que es hoy, sabrá deducir lo que será mañana”.

Son muchas las razones que llevan a un grupo Espírita, o a algunos de sus adeptos, a transitar por el difícil camino de los desvíos doctrinarios; entre ellos juega papel preponderante la cultura en nuestras sociedades, donde la “sobrenatural y maravilloso”, al decir de Kardec “es sinónimo de superstición”, y va aún más allá al expresar que ”muchos críticos juzgan el Espiritismo sobre los cuentos de hadas y las leyendas populares que son sus ficciones; es como si juzgáramos la historia sobre los romances históricos o las tragedias”.

El culto a los muertos, practicado por los pueblos primitivos, tenía, entre otros motivos, el de impedir las influencias maléficas de los muertos en la suerte de los vivos. También, la magia tenía por fin poner al servicio del hombre los seres invisibles, inclusive los Espíritus de los muertos. Las tradiciones folklóricas de todos los tiempos son ricas en historias sobre apariciones de difuntos, que llenan a los vivos de terror. El pavor que inspiran los cadáveres, el miedo de atravesar un cementerio durante la noche, la creencia en casas embrujadas, son otros tantos reflejos de una creencia en la posibilidad de que los muertos interfieran en la existencia de los vivos. La nigromancia o arte de evocación de los muertos es practicada por muchos pueblos, antiguos y actuales, causando, como es lógico, errores de interpretación que llevan a muchos a considerar la mediumnidad y por ende el Espiritismo, como algo pecaminoso o en el peor de los casos, como cosas del demonio.

Son muchos los cultos y las religiones que de alguna manera tienen entre sus prácticas la comunicación con los Espíritus y la creencia en la reencarnación, por lo que son confundidas erróneamente con el Espiritismo, es el caso de la Umbanda y el Candombe, prácticas muy comunes en el Brasil; la Santería en Cuba, esta última muy practicada en algunos pueblos de América Latina; el Vudú en Haití y otras que forman parte del arraigo popular de aquellos esclavos traídos de África y que han dejado en la cultura afroamericana un rico acervo de experiencias espirituales. Sin embargo, aunque estas prácticas merezcan de parte de los verdaderos Espíritas todo nuestro respeto, estas sectas son adeptas del espiritualismo o esoterismo, y no del Espiritismo.

El preclaro Espíritu Vianna de Carvalho, nos recuerda: es por ello que el "Movimiento Espírita crece y se propaga, pero la Doctrina Espírita permanece ignorada, cuando no adulterada en muchos de sus postulados". Tal es el caso de aquellos que asumen responsabilidades directivas, sin los recursos necesarios, tanto culturales como doctrinarios, por negligencia o hasta por omisión de muchos de sus miembros, lo que lleva a que muchos núcleos espiritistas terminen involucrados en prácticas extrañas y ajenas a los objetivos y propuestas del Espiritismo y de las Casas Espíritas, entre las cuales citamos: Cromoterapia, Psicoterapia, Musicoterapia, Hidroterapia, Cristaloterapia, Fitoterapia, etc.

Es importante considerar que cuando se desee trabajar en Cromoterapia, Musicoterapia u otras, se debe cumplir con los preceptos legales instituidos por nuestra sociedad, pagando impuestos, atendiendo con lealtad y ética a los pacientes interesados en el mercado profesional, pero, sin involucrar a las Casas Espíritas, utilizando sus dependencias, instalaciones o los recursos financieros que resultan de la contribución de los asociados para la manutención de la casa, desviando así los intereses de aquellos corazones que van en busca de lo que solo la Doctrina Espírita, les puede ofrecer.

El Espiritismo es la Doctrina de la educación integral, de la higiene mental y moral. Es el retorno de Cristo al atormentado hombre del siglo ciclópico de la tecnología, a través de sus emisarios, renovando la Tierra y multiplicando la esperanza y la paz en las mentes y en los corazones que le permanezcan fieles.

La Casa Espírita es la bendita escuela de almas, enseñándolas a vivir, pues el Espiritismo tiene por objetivo la reforma moral del Hombre.

El Espírita debe ser un individuo de mentalidad abierta. No puede ser sectario, lo que lo llevaría fatalmente al fanatismo. Debe aceptar la verdad, venga ella de donde viniera. De igual manera, debe rechazar el error y la mentira, recordemos la enseñanza de Erasto “es preferible rechazar 10 verdades que aceptar una sola mentira”. Enfaticemos, en esta parte, la recomendación de Juan Evangelista, en su Carta: “(...) no creáis a todos los Espíritus; más, probad si los Espíritus son de Dios; porque muchos falsos profetas se levantaron en el mundo” (San Juan, 1ª Epístola, cap. IV, v. 1).

La creencia en Dios, en la inmortalidad del alma, en la reencarnación, en la pluralidad de mundos habitados, en la comunicabilidad de los Espíritus, en la ley de causa y efecto y en las enseñanzas morales del Rabí de Galilea, constituyen los pilares maestros que forman ese maravilloso manantial de enriquecimiento espiritual, conocido como Espiritismo.

El Centro Espírita es el sitio donde estudiamos esos principios, intentando colocarlos en práctica, con la certeza de que eso nos llevará a la conquista de la felicidad, sirviendo también de iluminación y consuelo para todos cuantos buscan en su interior, muchas veces hasta como último recurso de ayuda ante las pruebas de la vida.

El compromiso del Centro Espírita con la divulgación y práctica de los postulados del Espiritismo se reviste de fundamental importancia ante la gama de principios de los cuales somos depositarios, así como los que trabajan en la siembra Espírita son responsables por la transmisión de esos preciosos conocimientos, debiendo preservar su pureza original, evitando a todo costo asumir prácticas que no guardan ningún contenido doctrinario.

Por lo tanto, es evidente que el Centro Espírita debe preocuparse única y exclusivamente del estudio y práctica del Espiritismo, pues en la Doctrina existen suficientes principios, que dispensan la aplicación de otros conceptos que no guardan relación con los de la Codificación.

Así, sin entrar a desconceptuar ninguna creencia en particular, práctica o terapia, dentro de la coherencia que debe primar en nuestro trato con la Doctrina, no tiene sentido mantener dentro de las instituciones Espíritas procesos de atendimiento o tratamiento que no poseen ninguna identificación con el Espiritismo y sus postulados.

Por consiguiente, el Centro Espírita debe ocuparse del estudio y práctica del Espiritismo, con la respectiva asistencia a los necesitados siendo hecha a la luz de sus postulados, pues si así no fuera, se corre el riesgo de ver instituciones que se denominan Espíritas lidiando con toda suerte de terapias, “mancias” y “logias”, menos con lo que tiene que ver con la Doctrina.

Nos dice Herculano Pires que: “Es increíble la liviandad con que oradores y articulistas Espíritas tratan ciertos temas, con una falsa suficiencia, lanzando confusiones ridículas en el medio doctrinario... Tenemos que comprender que eso no puede continuar, pues nada de eso es Espiritismo. Los conferencistas Espíritas deben enseñar Espiritismo, y para eso precisan, primero aprenderlo”.

Necesitamos de expositores didácticos, con buen conocimiento doctrinario, arduamente adquirido en estudios e investigaciones. Exponer los temas fundamentales de la Doctrina, no es hablar bonito, con poses literarias, que sólo sirven para satisfacer la vanidad y el orgullo de quien expone. Muchas veces ese palabrerío vació y presuntuoso no construye nada y sólo sirve para ridiculizar el Espiritismo ante la mentalidad positiva y analítica de nuestro tiempo, pues estamos en una fase avanzada de la evolución terrena.

Es por ello, que todo Centro Espírita debe aprovechar esos momentos de esclarecimiento doctrinario para enseñar la Codificación y el Evangelio de Jesús en una ligazón directa con nuestro cotidiano vivir. Debemos servir como apoyo y ayuda a los necesitados de amparo y esclarecimiento por medio de oraciones, tratamientos espirituales, pases (fluidoterapia) y orientaciones morales, intentando minimizar el sufrimiento ajeno, con la ayuda de Jesús y nuestro Padre eterno. Jamás prometer la cura ante los problemas espirituales o materiales que afecten a las personas que llegan a nuestras Casas Espíritas, lo cual sería una irresponsabilidad que generaría falsas expectativas entre las personas, llevándolas al descrédito. Es importante considerar además, que el verdadero Centro Espírita no cobra por orientación espiritual al público: “Dad gratuitamente, lo que recibís gratuitamente”, es la enseñanza de Jesús. Sus dirigentes y trabajadores tienen sus profesiones, que les dan el sustento financiero necesario para su manutención.

BIBLIOGRAFÍA

1. El Evangelio según el Espiritismo - Allan Kardec.
2. El Libro de los Espíritus - Allan Kardec.
3. El Misterio del Bien y del Mal - José Herculano Pires
4. El papel del Centro Espírita - Joaquín Pires Júnior.
5. La degeneración del Espiritismo - Dalmo Duque dos Santos.
6. La Génesis – Allan Kardec.
7. Prácticas extrañas en los Centros Espíritas - Jornal Mundo Espírita, marzo 2001.
8. ¿Qué es y que no es un Centro Espírita? - Grupo Espírita El Apóstol Pablo
9. San Juan, 1ª Epístola, cap. IV, v. 1


lunes, 11 de junio de 2007

EL FENÓMENO DE LA MUERTE DESDE DIFERENTES CULTURAS

Por: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia


El fenómeno biológico de la muerte, desde la aparición del hombre en la Tierra, ha sido observada en algunas culturas como la continuidad de la vida, relacionándolas con las creencias religiosas acerca de la naturaleza de la muerte y la existencia de una vida después de ella y, en algunas otras, como la negación absoluta de la misma, especialmente en la cultura occidental, donde las religiones han influido notoriamente sobre sus adeptos creándoles un cielo o un infierno donde estarán irremediablemente destinados hasta el fin de los tiempos.

Todo el ritual que acompaña a la desencarnación del ser implican importantes funciones psicológicas, sociológicas y simbólicas para los miembros de una colectividad y tiene que ver, no sólo con la preparación y despedida del cadáver, sino también con la completa satisfacción de los familiares y la permanencia del espíritu del fallecido entre ellos.

En todos los pueblos primitivos se han encontrado vestigios de la creencia en la inmortalidad del alma, sin que esos grupos étnicos 
mantuvieran jamás, cualquier contacto entre ellos. Habitando distintos puntos del planeta y desarrollando su propia cultura, en ellos se presentan los mismos cultos, basadas en la certeza de un principio creador, justo y sabio, que recibe, para juzgar, a aquellos que retornan de la Tierra después de la muerte física.

La mitología de cada país es un inmenso océano de hechos espirituales, en el cual desembocan infinidad de ríos del conocimiento que terminan por confundirse, en relación a la continuación de la vida después del desgaste carnal.

Los primeros entierros de que se tienen evidencias son de grupos de Homo sapiens. Además, se conoce de restos arqueológicos que indican que ya el hombre de Neandertal pintaba a sus muertos con ocre rojo. Otras prácticas como lavar el cuerpo, vestirlo con ropas especiales y adornarlo con objetos religiosos o amuletos son muy comunes en muchos pueblos. A veces, al fallecido se le atan los pies, tal vez con la intención de impedir que el espíritu salga del cuerpo. Otro tipo de tratamiento realizado con mayor meticulosidad, es el del embalsamamiento, que nació, casi con seguridad, en el antiguo Egipto. Los egipcios creían que el cuerpo tenía que estar intacto para que el alma pudiera pasar a la siguiente vida, y para conservarlo desarrollaron el proceso de la momificación. 

Para cultura como los Sumerios, el difunto entraba en el Kur, el “Gran Abajo”,  allí presentaba ofrendas a los dioses con los que se quería conciliar. Luego, era acogido por otros muertos con los que viviría en el “País sin Retorno”.

En el caso de los Egipcios, el alma del difunto accedía al reino de Am-Duat, donde se beneficiaba de los favores de Osiris, dios de la inmortalidad. Pero antes de vivir en paz para toda la eternidad, el alma tenía que sufrir varias pruebas reveladas en el Libro de los Muertos, llamado así por los arqueólogos que encontraron el manuscrito, pero que sería más correcto traducir como Libro de la Salida a la Luz del Día. En el antiguo Egipto, la muerte no era considerada como un final en sí mismo, sino como un nacimiento.

En la cultura egipcia, los funerales de los gobernantes representaban un evento religioso para la población, y las pirámides eran un símbolo y prueba de la autoridad real, pues los faraones encarnaban la autoridad espiritual y temporal y su muerte ponía en peligro todos estos elementos.

En la India, la creencia en la reencarnación se basa en un sistema complejo que permite saber si el alma del difunto volverá o no a la Tierra. Según el Hinduismo, existen 16 puertas divididas en tres grupos por las que el alma puede salir. Según el grupo de puertas por las que se escapa, podrá acceder el difunto a un reino superior, tal vez renacerá, o bien, finalmente se transfigurará y entrará definitivamente en un ciclo de renacimientos. Además, llegado al lugar previsto para la ceremonia funeraria, el cortejo se paseaba alrededor del féretro y antiguamente, en algunos grupos, la viuda realizaba el suttee, es decir, se autoincineraba en la pira funeraria del marido. Finalmente las cenizas se depositaban en un río considerado sagrado.

En Grecia, Egipto y la China, los esclavos, muchas veces eran enterrados con sus amos, ya que se creía que en la otra vida el muerto iba a seguir necesitando sus servicios.

En Tailandia, después de la cremación del monarca, el nuevo rey y los miembros de la familia real tradicionalmente buscaban entre las cenizas fragmentos de huesos. Estas reliquias se convertirían en objetos de culto que, de forma indirecta, significaban la continuidad de la presencia y autoridad del monarca fallecido.

Pueblos griegos y latinos representaban a la muerte como una figura triste, con una antorcha apagada. En el cristianismo, se simboliza con un esqueleto armado de una guadaña.

Según el antropólogo B. Malinowski, los nativos de las islas Trobriand, cuando celebran su fiesta anual de la Milamala, tienen especial cuidado de no exponer al aire ningún tipo de punta, extremo de lanza u objetos punzantes, ya que estos podrían dañar a los espíritus de sus difuntos, que en tal fecha acuden en masa a sus poblados para celebrar con ellos tan importante efemérides.

En la sociedad occidental moderna se realiza este proceso para evitar que los familiares tengan que enfrentarse con el proceso de putrefacción de los restos. El ritual funerario varia acorde con las costumbres de cada pueblo y en todas las sociedades se prepara el cadáver antes de colocarlo en el féretro, y su despedida está en función de las creencias religiosas, el clima, la geografía y el rango social. La cremación se práctica en algunas culturas con la intención de liberar el espíritu del muerto. La exposición al aire libre es común en las regiones árticas y entre los parsis (seguidores de la antigua religión persa, el zoroastrismo), donde también tiene un significado religioso. Practicas menos comunes son arrojar el cadáver al agua después de un traslado en barco y el canibalismo.

En el caso de las sociedades precolombinas de América, la muerte era un acontecimiento muy ritualizado, lo que obligaba a ceremonias de todo tipo, acompañadas de ofrendas, alimentos y objetos de acompañamiento y regalos de mucha utilidad durante el largo viaje que se iniciaba tras la muerte.

Entre los Mayas se diferenciaba el enterramiento según la clase y categoría del muerte. La gente ordinaria se enterraba bajo el piso de la casa, pero los nobles solían ser incinerados y sobre sus tumbas se erigían templos funerarios.

Los Aztecas, que creían en la existencia de paraísos e infiernos, preparaban a los difuntos para un largo camino lleno de obstáculos. Tenían que pelear para poder llegar al final y ofrecer obsequios y regalos al señor de los muertos, que decidía su destino final.

Entre los indígenas americanos se creía que el alma de los difuntos viajaba a otra parte del universo, donde disfrutaba de una vida placentera mientras que desarrollaba las actividades cotidianas. El alma de los desdichados o perversos, vagaba por los alrededores de sus antiguas viviendas, provocando desgracias.

Es de destacar, que la Iglesia Católica instituyó el 2 de noviembre como el Día de los Difuntos, cuyo objetivo es interceder ante Dios con oraciones, sacrificios y limosnas por las almas del purgatorio para que abandonen esta morada y vayan al cielo. Fue declarado por primera vez en los monasterios Cluniacenses en el año 998.

En culturas como la mejicana, se cree que las almas de los muertos vienen a visitar a sus amigos y familiares, por ello acuden a los cementerios para arreglar las tumbas y colocar flores, velas y alimentos. Para ellos, no es un día de duelo, sino de celebración, con desfiles mercadillos y conciertos.

A través de la antropología se ha logrado determinar que existen cuatro elementos simbólicos principales en las prácticas funerarias. El primer simbolismo es el color negro, el cual es asociado con la muerte en algunas culturas y en la actualidad esta ampliamente difundido. El segundo elemento es el pelo de los familiares, que puede estar rapado o, por el contrario, largo y desordenado en señal de tristeza. El tercer elemento son las actividades ruidosas con golpes de tambor o cualquier otro instrumento y el cuarto elemento, es la utilización de algunas prácticas mundanas en la procesión con el cadáver.

En las sociedades occidentales modernas, los rituales funerarios engloban velatorios, procesiones, tañido de campanas, celebración de un rito religioso y la lectura de un panegírico. El deseo de mantener viva la memoria del difunto ha dado lugar a muchos tipos de actos, como la conservación de una parte del cuerpo como reliquia, la construcción de mausoleos, la lectura de elegías y la inscripción de un epitafio en la tumba. Uno de los más intrigantes problemas humanos ha sido la interpretación del hombre sobre la vida después del fenómeno de la muerte, saber si la vida se acaba cuando sufre la transformación material ha constituido un gran desafío para la inteligencia.

La documentación es preciosa y muy amplia, y es periódicamente reexaminada y aumentada con nuevos hechos y datos que la enriquecen cada vez más. Si la vida fuera destruida con la muerte, ella no tendría sentido en sí misma, ni finalidad, en razón de su fragilidad y brevedad.

Para los materialistas, la muerte es el fin de todo, pues la vida se reduce a nacer y morir: no creen que algo sobreviva después de la muerte, ni en el alma o espíritu, no creen en Dios, y por consecuencia creen que extinguida la vida material todo se acaba. Los materialistas son tan orgullosos que no admiten la posibilidad que exista alguien superior a ellos, e ahí la causa de no creer en Dios.

Los espiritualistas creen que existe un alma o espíritu que sobrevive después de la muerte física, pero su destino está definido por su conducta en una única existencia. Para ella sólo hay dos posibilidades: el cielo eterno para quienes hicieron el bien o el infierno eterno, para quienes hicieron el mal.

No creen que los muertos puedan comunicarse con los vivos, porque Moisés lo prohibió (Deuteronomio 18:10 - 12 y Levítico 19:31 y 20:27). Ahora, si Moisés lo prohibió es porque era posible comunicarse con ellos, pues nadie prohíbe algo imposible. Y, si los muertos van al cielo o al infierno de acuerdo a su comportamiento en la vida, ¿porqué entonces, vamos al cementerio a recordarlos y orar por ellos? Se supone que ellos no nos oyen más, o no podemos interceder por ellos, puesto que su suerte está irremediablemente definida. Jesús, nos mostró que podía ser posible el intercambio entre vivos y muertos, conversando con Elías y Moisés en el Monte Tabor.

La demostración mediúmnica de la inmortalidad del alma, proporciona valor al hombre, cuyos horizontes se hacen más amplios y lejanos, asignándole posibilidades infinitas y realizaciones sin término.

Desde entonces, los valores éticos se agigantan y el amor adquiere una dimensión ilimitada, uniendo a todos los seres bajo el árbol de la fraternidad que impulsa a la búsqueda de la felicidad por medio del trabajo y de la lucha que subliman.

Vemos a madres de criminales que lloran por sus hijos que están presos, pidiendo a Dios su regeneración. Jesús, el amigo excelso, nos enseñó que debemos perdonar siempre, ¿porqué Dios, que es más perfecto y bueno que nosotros, no nos perdonaría nuestros errores? Dios nos perdona siempre. Si caminamos en el error, con certeza iremos a zonas de sufrimiento, pero saldremos de allí, arrepintiéndonos y reparando el mal que realizamos. Si nos vamos para el “infierno” o los “umbrales de la vida”, no es porque Dios nos castigó, sino porque transgredimos las Leyes de Dios, y esta ley, como todas las otras, da una reacción a cada acción que practicamos.

Para la cultura Espírita, la muerte no existe, pues somos espíritus inmortales y solo cambiamos de plano cuando dejamos la vida física, ya que retornamos a nuestra patria espiritual. Para nosotros no existe ni el cielo, ni el infierno, solo estados de conciencia. Es decir, quienes son buenos, tienen la conciencia tranquila y viven en paz; pero para aquellos que persisten en el camino del error y del mal, sufrirán penas morales por los actos practicados y solo saldrán de ese estado, cuando se arrepientan y reparen el mal que hicieron.

La Tierra ya no es el punto final, la estancia única para el ser, sino que es una escuela para el aprendizaje y para la adquisición de la experiencia, lo cual, junto trabaja a favor del perfeccionamiento del espíritu.

El dolor deja de ser un castigo de la vida para transformarse en inevitable efecto de la opción personal de cada cual, que escoge tal o cual camino, de paz o de violencia, de esfuerzo o pereza para crecer y progresar.

Por eso, el día de los muertos, recordémonos siempre de nuestros familiares y amigos desencarnados, con alegría. Y no nos olvidemos de prepararnos para nuestra partida de este mundo, mejorando nuestra conducta moral ante nuestro prójimo y procurando no apegarnos mucho a los bienes terrenales, para que cuando regresemos al mundo espiritual podamos llegar con nuestra conciencia tranquila.

La mentora espiritual Juana de Angelis, en su libro “Autodescubrimiento”, nos enseña que “el dolor ante la muerte de un ser querido, es consecuencia entre otros factores, de atavismos psicológicos, filosóficos y religiosos, que no educaron al individuo a considerar natural, como lo es, al acontecimiento que forma parte del proceso orgánico para el cual la vida se expresa”.

“La propia conceptuación de la muerte como fin, es frágil e insostenible, porque nada se extermina y los muertos no han interrumpido el flujo existencial. Se transfieren de onda vibratoria, se dislocan temporariamente, pero no se aniquilan. Continúan viviendo, se comunican con aquellos que quedaron en la Tierra , establecen nuevos lazos de intercambio, aguardan a los afectos y los reciben, a su vez, cuando desencarnan”.

“Es justo que se sufra el dolor de la separación, que se llore la ausencia, que se interrogue en silencio cómo se encontrará en la nueva situación el ser amado. No obstante, la desesperación no se justifica, por no ecuacionar ni llenar el vacío que queda”.

“Manifestar el dolor mediante los recuerdos felices, señalados por el rocío de las lágrimas, revivir episodios marcantes con ternura, repartir los haberes con los necesitados en su memoria, envolverlos en oraciones y crecer íntimamente, son recursos valiosos para la liberación de las amarguras consecuentes de la muerte”.

Con la Doctrina Espírita existe “la esperanza del reencuentro, de la comunicación y gracias al afecto preservado, se ilumina, se suaviza y mantiene sólo las señales de la gratitud por haber disfrutado de esa presencia querida”.

lunes, 4 de junio de 2007

AMELIE GABRIELLE BOUDET: LA AMIGA, LA SOCIA, LA ESPOSA.



Ponencia presentada en el X Congreso Espiritista Colombiano, realizado en Santafé de Bogotá, el 8, 9 y 10 de abril de 2004 por Oscar Cervantes Velásquez


Cuando hablamos de Espiritismo inmediatamente se nos viene a la mente la figura del maestro lionés Allan Kardec, a no dudarlo representante en la Tierra, por antonomasia, de la Doctrina que los Espíritus en cabeza del Maestro Jesús, hicieron llegar a los hombres como su Consolador Prometido. Pero es muy poco lo que se ha escrito para reconocer el apoyo irrestricto que le brindo su esposa Amelia Gabriela Boudet, cuando decide tomar las riendas de la naciente doctrina y acompañarlo en todo momento, aún en las dificultades, para que así pudiera cumplir fielmente el mandato divino al cual se sometió al regresar a la Tierra. Por medio de este trabajo queremos resaltar su labor, apoyo y sobretodo, su decidida colaboración en la ardua tarea de su esposo, pues ella se tornó en su secretaria, secundándolo en los nuevos trabajos que le ocupaban todo el tiempo, estimulándolo e incentivándolo en el cumplimiento de su misión. He aquí pues, lo que hemos llamado “Cronología de una Relación”.

1795 - Nació en Thiais, comuna del departamento parisiense de Val-de Marme (parte SE del antiguo departamento del Sena) a los 2 del frimario del año IV, según el calendario republicano francés entonces vigente en Francia y que corresponde al 23 de noviembre de 1795. Hija única de Julien-LouisBoudet, propietario y antiguo notario, hombre por tanto de bien y de Julie-Louise Seigneat de Lacombe, recibió en la pila bautismal el nombre de Amelie Gabriele Boudet. Demostró desde muy temprana edad gran vivacidad y fuerte interés por el estudio, dándole muchas alegrías a sus padres, que, a la par de una fina educación moral, le proporcionaron muchos dotes intelectuales. Después de cursar la escuela primaria, se estableció con su familia en París, ingresando a una escuela normal donde se diplomó como profesora de 1ª clase. Era de baja estatura, ojos pardos y serenos, gentil, graciosa y vivaz en los gestos y las palabras, aliaba a todos estos predicados una sonrisa tierna y bondadosa. Fue una valerosa mujer, que enfrentó al lado de su esposo y sin miedo las tempestades de la crítica, de las campañas difamatorias y de las calumnias, con el coraje inaudito de los fuertes.

Gaby, como Kardec la llamaba en su intimidad, era una mujer delicada pero extremadamente fuerte. Profesora de artes y excelente miniaturista, poseía una buena cultura general y fue el apoyo para Kardec en las grandes luchas enfrentadas contra el poder de las ciencias y del clero católico y protestante. Acompañaba a su esposo en sus viajes para visitar los grupos Espíritas que se formaban en las ciudades de Francia y del extranjero. Tanto así que, León Denis, aún muy joven, guardó en su memoria un cuadro bucólico de la visita de Kardec y Gaby en Tours, el cariñoso gesto de Allan Kardec subiendo en una silla para cortar un racimo de uva y ofrecérselo gentilmente a su esposa. Pero el valor y denuedo de esta mujer se mostró por entero después de la desencarnación de Allan Kardec, cuando fundó la Sociedad para la Preservación y Continuidad de las Obras de Kardec. Gracias a esto, la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas y la Revista Espírita continuaron existiendo.

1825 – Publicación por parte de Amelia Gabriela Boudet de la obra Cuentos Primaverales.

1826 – Publica la obra Nociones de Dibujo.

1826 – Fundación del Instituto Rivail, establecimiento técnico en el cual se enseña física, química, conocimientos generales de anatomía y fisiología y otras materias. El instituto se inauguró gracias al apoyo económico de un tío y el apoyo magisterial de una distinguida señorita de nombre Amelia Gabriela Boudet, Demás está en decir que esta colaboradora de Rivail prestó un eficiente servicio en la buena marcha del Instituto y habiéndose formado una honda compenetración y comprensión anímica entre ella y el fundador del Instituto, posteriormente sería su esposa.

1828 – Publica la obra Lo Esencial en Bellas Artes.

1832 – Se casa con León Hipolito Denizard Rivail (Allan Kardec), a quien desde la fundación del Instituto Rivail le venía colaborando en el desenvolvimiento de dicho instituto. La señorita Boudet se caracterizaba por ser una gentil pedagoga, egresada de la Escuela Normal de París como profesora de 1ª Clase y llegó a ser profesora de Letras y Bellas Artes. El acta matrimonial se firmó el día 6 de febrero de 1832. Así, de esta manera providencial, la señorita Boudet, vino a ser para el joven pedagogo Rivail un acicate, un estímulo y una compañía excepcional en las labores que les eran comunes.

1834 – A pesar de todas las previsiones, el Instituto merced a causas financieras, estaba destinado a desaparecer, pues las rentas provenientes de un tío adinerado fallaron, por haberse entregado éste al juego en lujosos lugares de diversión, como Aix-La Chapelle o Aquisgran (Alemanía) y Spa (Bélgica). La pérdida arrastró los ahorros de Rivail y los aportes monetarios de su esposa. Salvaron sólo 45.000 francos para cada socio y por consejo de su esposa, se confió ese dinero a un comerciante, amigo íntimo de la familia, quien para mala suerte de todos, al poco tiempo entró en quiebra.

1835 a 1840 – Sobrepuestos al duro revés económico, mientras durante el día Allan Kardec se dedicaba a atender la contabilidad de casas comerciales, su esposa colaboraba de alguna forma en la preparación de los cursos gratuitos que habían organizado en su residencia y que funcionaron durante este tiempo.

1843 a 1848 – Colaboró en los cursos públicos de matemáticas y astronomía que bi-semanalmente su esposo dictó y a los cuales no sólo asistían alumnos, sino también profesores.

1850 – Kardec fundó y dirigió el Liceo Polimático, el cual funcionó hasta este año y como es de suponer no faltó el auxilio eficiente y constante de su dedicada consorte.

1858 - Lanzado “El Libro de los Espíritus”, meses después, el 1o. de enero de 1858, con el apoyo solamente de su esposa, salió a la luz el primer número de la “Revista Espirita”, periódico que alcanzó más de un siglo de existencia, beneficiando en gran medida al Espiritismo. Además, con una vasta correspondencia epistolar, proveniente de Francia y de otros países, si no fuese por la ayuda de su esposa, sin duda no habría tenido tiempo Allan Kardec para dedicarse a la preparación de los libros de la Codificación y de su revista.

1865 – Allan Kardec no se olvido de todo lo que hizo su esposa por él y lo registró en la Revista Espírita de 1865 (página 164); al hablar de sus sacrificios en pro del Espiritismo dijo: “mi mujer adhirió completamente a mis intentos y me secundó en mi laboriosa tarea, como hace aún, a través de un trabajo muy por encima de sus fuerzas, sacrificando, sin pesar, los placeres y las distracciones del mundo a los cuales por su posición familiar estaba habituada”.

1869 – A finales de marzo, el Codificador se quejaba de su salud. En los últimos días de este mes, él sintió más pronunciadamente dolores en la región precordial. Como la gran ilusión del Maestro era la inauguración de la Librería, él, todo compungido le dijo a su esposa:

- Gaby, yo no me siento bien, tengo mucho dolor en el pecho, mas la inauguración de la Librería está prevista para el día 1° de abril. Faltan cinco días para arreglar una inauguración que esté en consonancia con la importancia del acto, en lo que sea posible... Y yo no me siento bien, más el 1° de abril yo tengo que inaugurar la Librería...

Ella entonces le contestó:

- Si usted está con ese dolor tan fuerte, podemos dejar esa inauguración para la otra semana, de aquí a unos quince días.

- Nosotros tendremos en esa inauguración, -dijo él ya reconocido Misionero-, más de cincuenta compañeros que vienen del interior de Francia y de Bélgica. Sintiendo dolor o sin él, yo no los puedo abandonar, yo tengo que ir...

- Más yo, como su esposa, no pienso que eso deba ser así.

- Del mismo modo, yo no puedo dejar de tomar en cuenta el dinero que los hermanos gastarán para venir aquí.

- A pesar de eso, yo aconsejaría a usted aplazar la fecha de la inauguración.

- Usted me aconseja aplazar la inauguración, más, si yo estuviera peor en el día 1° de abril o que incluso hubiera desencarnado, ¿qué es lo que usted haría por mi si estuviera incapacitado para ir hasta el local de la Librería, ya que la inauguración está prevista para las 10 de la mañana...? No podemos hacer que los otros esperen, esto es también caridad...

- Ya que su decisión es tan firme, en el caso del acto inaugural y dado el caso que usted empeore...

- ¿Y en el caso de que yo empeore?

- De igual manera, si usted empeora o desencarna, yo iré en su lugar...

El día 31 de marzo, el Maestro desencarnó a consecuencia de un aneurisma. Fue una muerte repentina. Los amigos comenzaron a visitar la casa tan pronto se conoció la noticia... Entonces alguien aventuró la hipótesis:

- ¿Quiere decir, entonces, que debemos aplazar la inauguración?

- No, mi esposo y yo conversamos sobre esto. Él está en la urna. Mañana es el primer día del velorio, pero a las diez de la mañana yo estaré allá cumpliendo lo que a él le prometí en vida. En nombre de la Doctrina que es el Espiritismo yo lo sustituiré...

En la mañana siguiente, día 1° de abril, a las ocho de la mañana, doña Gaby despidióse de su esposo y habló con él diciéndole que iría a cumplir su tarea. Pidió le disculpase por ausentarse de la casa y se fue para el local... Demoró unas dos horas y después de entrevistas y conferencias, regresó al lado del cuerpo de su marido.

Doña Gaby era nueve años mayor que su marido que acababa de morir de sesenta y cinco. Ella también estaba enferma, muy delgada, tenía padecimientos de jaqueca y fue a cumplir con el acto inaugural... Ella demostró así que es posible, incluso delante de la muerte, cumplir con el deber de caridad...

El señor E. Muller, durante su funeral habló en nombre de la viuda y de sus amigos:

- “Hablo en nombre de su viuda, -dijo-, de aquella que fue su compañera fiel y feliz durante treinta y siete años de una dicha sin nubes y sin mixturas, de aquella que compartió sus creencias y sus trabajos como de sus vicisitudes y alegrías, de aquella que sólo se enorgullece de la pureza de las costumbres, de la honestidad absoluta y del desinterés sublime de su esposo. Él es quien nos da a todos el ejemplo del valor, de la tolerancia, del perdón de las injurias y del deber cumplido escrupulosamente”.

Casi inmediatamente después de la muerte de Kardec se llevó a cabo en el seno de la Sociedad Espírita de París, la constitución de la nueva directiva para el periodo 1869 – 1870 y la cual quedó integrada por el señor Malet como Presidente y, el resto, por los señores Levant, Canaguier, Ravan, Desliñes, Delanne y Tailleur.

En la misma oportunidad y con ocasión de la toma de posesión de la nueva directiva, la viuda, ejemplo de serenidad y resignación cristiana, única propietaria legal y, por lo tanto, en su condición de heredera universal, decidió por devoción a la Doctrina y atendiendo a las posibilidades y según las necesidades del momento, donar anualmente a la Caja General del Espiritismo el excedente de las ganancias provenientes de la venta de las obras Espíritas y de las suscripciones de la Revista e igualmente, de las operaciones de la Librería Espírita.

Estableció ella como condición expresa, que nadie a título de la Comisión Central o de todo carácter, tenga el derecho de inmiscuirse en este negocio comercial y que los recibimientos, sean los que fueren, sean aceptados sin observación alguna, dado que ella pretende administrar todo personalmente y, en consecuencia, se ocupará de determinar la reimpresión de las obras, las publicaciones nuevas, regular a su criterio los emolumentos a sus empleados, realizar los alquileres o gastos futuros que se presenten y, en una palabra, atender a todos los gastos generales; en segundo lugar, dispone que la Revista esté abierta a la publicación de los artículos que la Comisión Central juzgue útiles a la causa del Espiritismo, pero con la condición expresa de ser previamente sancionados por la propietaria y la Comisión de Redacción de la Revista y los mismo sería con todas las publicaciones, cualesquiera que fuesen; y, en tercer lugar, la Caja General del Espiritismo era confiada a un Tesorero, encargado de la gerencia de los fondos bajo la supervisión de la Comisión Central. Hasta que sea el caso de usarlos, esos fondos serán empleados en la adquisición de propiedades inmobiliarias para enfrentar todas las eventualidades. Anualmente, el Tesorero hará una detallada presentación de cuentas de la situación de la Caja, la cual será publicada en la Revista.

En la sesión del día 6 de abril, la Sociedad Espírita de París fue informada de la resolución tomada por la viuda el Maestro y ella fue objeto de felicitaciones unánimes y se consideró como un ejemplo de desinterés y de fidelidad a la Doctrina en la cual todos estaban empeñados.

Al no dejar herederos directos, pues no tuvieron hijos, Allan Kardec por testamento le dejó como su legataria universal la “Sociedad para la Continuación de las Obras de Allan Kardec”. Sin embargo, una parienta suya, ya entrada en edad y los hijos de esta, intentaron anular esas disposiciones testamentarias, alegando que ella no estaba en su sano juicio, pero no consiguieron nada, pues las pruebas en contra fueron contundentes.

1875 – Aparición en la Revista Espírita de una fotografía de la viuda de Kardec con el Espíritu de su marido al lado, quien sostiene en sus manos un mensaje. Este ha podido ser leído por parte de los autores Zéus Wantuill y Francisco Thiesen, quienes con el auxilio de poderosos lentes, mucha paciencia y repetidas tentativas, lograron hacer su lectura. He aquí el contenido de dicho mensaje: “Querida esposa: Proteged a nuestro médium Buguet. Falsos espiritistas lo molestan en este momento. El sólo es verdadero y especialmente hará que se desenvuelva nuestra Doctrina. Leymaire debe ayudarlo. Estoy con todos vosotros. Valor y adiós. 14 de noviembre de 1874. Allan Kardec”.

Poco tiempo después, el 16 de junio de 1875, se incoaría una acusación por parte del Ministerio Público contra Edouard Buguet, médium, el fotógrafo Firman y el señor P. G. Leymarte, responsable de la Revista, por el hecho de haber sido inculpado de la realización de fraudes con las referidas fotografías.

La viuda de Allan Kardec tuvo que presentar testimonio como testigo en la causa. Allí fue tratada con todo desprecio sin que la honorabilidad que dan los años fuese respetada. El interrogatorio a que fue sometida fue de la más baja estofa. El juez Mollet preguntó:

- “¿En que época el señor Rivaill adoptó el nombre de Allan Kardec?

- Por los años cincuenta.

- ¿Dónde buscó ese nombre? ¿En un manual de brujería?

- No se que es lo que el señor pretende decir.

- Nosotros conocemos los orígenes de los libros de su marido. El se valió sobre todo de un manual de brujería de 1522, de uno intitulado “Alberti”... y de otros.

- Todos los libros de mi marido fueron escritos por él con la ayuda de los médiums y evocaciones. No conozco ninguno de los libros a que el señor se refiere.

- Nosotros los conocemos. El nombre de Allan Kardec que su marido adoptó es el nombre de una gran floresta de Bretaña. La señora erigió a su esposo un túmulo en el Peré-Lachaise y en el colocó el nombre de Allan Kardec, ¿está convencida de que él fue tal?

- Yo creo que no debe mofarse de eso. No es agradable ver reír de tales cosas.

- Nosotros no estimamos a las personas que se apropian de nombres que no le pertenecen, escritores que pillan de obras antiguas, que se burlan del espíritu público.

- Todos los literatos usan pseudónimos. Mi marido nada robó.

- Fue un compilador, no un literato. Un hombre que hizo magia negra o blanca... ¡Quédese sentada!”.

Este interrogatorio tan soez y tan bajo dio lugar a que la honorable viuda escribiera un protesto con el propósito de ser incluido en las actas del proceso sobre el injusto y desconsiderado interrogatorio a que fue sometida. “Declaro que el señor Presidente de la Séptima Cámara Correccional, -dice el documento-, no me dejó libre para bien desenvolver mi pensamiento, pues en mi interrogatorio introdujo reflexiones extrañas al debate y quiso ridiculizar al señor Rivail, conocido como Allan Kardec, haciendo de él un simple compilador y negando su título de escritor. Protesto enérgicamente contra esta manera de interrogar y solicito ser oída nuevamente, porque es costumbre en Francia respetar a las señoras sobre todo cuando tienen cabellos blancos. No debía interrumpirme y mandarme a sentar, después de haberse divertido con lo que considero inatacable, o sea, el derecho de hacer construir un túmulo para mi compañero de todas las pruebas de la vida, para el esposo entrañable y honrado por hombres del más alto valor”.

1883 – Desencarna, a las 5 de la mañana del 21 de enero, dulcemente, con una rara lucidez y con aquella graciosa y amable sonrisa que siempre brillo en sus labios, desatándose de los lazos que la unían a la materia. Contaba con 87 años de edad y cuentan quienes la conocieron que aún leía sin necesitar de lentes y escribía correctamente y con letra firme. Conforme su voluntad, el entierro fue simple y espiritualmente realizado, saliendo el féretro de su residencia ubicada en la Avenida Segur, No. 39 hacia la Pere-Lachaise, a 12 kilómetros de allí.

Una gran multitud de personas, comparecieron el 23 de enero a las exequias junto al Dolmen de Kardec, en el cual los despojos de la extinta fueron inhumados y donde todos los años, hasta su desencarnación, ella comparecía a las solemnidades del 31 de marzo, fecha en la que falleció su esposo.

Durante el sepelio tomaron la palabra los señores P.G. Leymarie, en nombre de todos los Espíritas y de la “Sociedad para la Continuación de las Obras Espíritas de Allan Kardec”, Charles Fauvety, ilustre escritor y presidente de la “Sociedad Científica de Estudios Psicológicos”, así como representantes de otras instituciones y amigos, como Gabriel Delanne, Cot, Carrier, J. Camille Chaigneau, poeta e escritor, Lecoq, Georges Cochet, Louis Vignon, quien dedicó delicados versos a la querida extinta, el Dr. Josset y la distinguida escritora, la Sra. Sofia Rosen-Dufaure, todos haciendo sobresalir los méritos de aquella digna sucesora de Kardec. Para finalizar, con una oración hecha por el Sr. Warroquier, los presentes se dispersaron en silencio.

La nota más hermosa de aquel homenaje póstumo fue dado por el Sr. Lecoq. Leyó él, para alegría de todos, una bella comunicación mediumnica de Antonio de Pádua, recibida el 22 de enero, en la cual ese iluminado Espíritu describía la brillante recepción con que elevados Amigos del Espacio, juntamente con Allan Kardec, acogieron a aquel ser bienaventurado.

En su improvisación, el Sr. P.G. Leymarie recordó, en forma muy breve, apartes de la vida de la finada, de su nobleza de alma, afirmando, entre otras cosas, que la publicación tanto de "El Libro de los Espíritus", como de la "Revista Espirita", se debió en gran parte a la firmeza de ánimo, y a la insistencia, y perseverancia de Madame Amelia Gabriela Boudet.

El 26 de enero de 1883, el médium parisiense Sr. E. Cordurié recibía espontáneamente un mensaje del Espíritu de Madame Amelia Gabriela Boudet, y después otro, de la autoría de su esposo. Sinceras en la forma, bellas en los conceptos, tenían aún un soplo de inmortalidad y comprobaban que la vida continúa....

Sin duda, los Espíritas le debemos mucho a Amelia Gabriela Boudet y estamos de acuerdo con lo que acertadamente escribió Samuel Smiles: “Los supremos actos de la mujer, generalmente permanecen ignorados; no salen a luz de la admiración del mundo, porque son hechos en la vida privada, lejos de los ojos del público, por el único amor al bien".

El nombre de Madame Amelia Gabriela Boudet se proyecta así, con mucha justicia, entre las innumerables mujeres que la historia a registrado como dedicadas y fieles colaboradoras de sus esposos, sin las cuales tal vez ellos no llevasen a buen término sus misiones. Tales fueron, por ejemplo, las valerosas esposas de Lavoisier, de Buckland, de Flaxman, de Huber, de Sir William Hamilton, de Stuart Mill, de Faraday, de Tom Hood, de Sir Napier, de Pestalozzi, de Lutero, y de tantos otros hombres de genio. A todas estas Grandes Mujeres, además de aquellas olvidadas por la Historia, la Humanidad tiene una deuda eterna!

BIBLIOGRAFÍA
  1. "Allan Kardec o la Dimensión Moral de un Hombre y su Doctrina". Daniel Guerra Iñiguez. Caracas 1993.
  2. Madame Rivail. Revista Correo Fraterno. Abril de 2002. Página 9.
  3. Amelia Boudet, una gran mujer. Amilcar Del Chiaro Filho. Página Web Portal do Espirito.
  4. Amelia Gabriele Boudet. Biografías. Portal de Espirito.
  5. Biografía de Allan Kardec. El Libro de los Espíritus. Editora Espírita Española. 1981.

EL HOMBRE DE BIEN ANTE EL ASEDIO DE LAS FUERZAS ESPIRITUALES DEL MAL

    Oscar Cervantes Velásquez Santa Marta – Colombia 01/19/2026 El tema que pretendemos analizar representa uno de los mayores escol...