lunes, 19 de mayo de 2025

BELARMINO BICAS

 

Imagen de referencia tomada de la Web

Hermano X

Tomado del libro "Cartas y Crónicas"

Después de la fiesta benéfica, en la que habíamos servido juntos, Belarmino Bicas, estimado compañero al que nos habíamos encariñado en el Plano Espiritual, me llamó aparte y habló, decidido:

·        Bien, ya que hoy hemos estado en tarea de solidaridad, me gustaría pedirte un favor...

Ante la sorpresa que nos asaltó, Belarmino continuó:

·        Supe que todavía tienes alguna facilidad para escribir a los compañeros encarnados en la Tierra y me gustaría confiarte un asunto...

·        ¿Qué asunto?

·        Sucede que desencarné con cincuenta y ocho años de edad, después de veinte de convicción espírita. Abracé los principios codificados por Allan Kardec a los treinta y ocho, y, como siempre fui irascible por temperamento, organicé, desde mis primeros contactos con la Doctrina Consoladora, una relación diaria de todas mis exasperaciones, apuntando sus causas para estudios posteriores... Mis desajustes, sin embargo, fueron tantos que, a pesar de los nobles conocimientos asimilados, suprimí, inconscientemente, veintidós años de la cuota de ochenta que me correspondía disfrutar en el cuerpo físico, regresando a la Patria Espiritual en la condición de suicida indirecto... Solo aquí, pude examinar mis problemas y acomodarme a las desilusiones... ¡Cuántos tesoros perdidos por nimiedades! ¡Cuántas tonterías en nombre del sentimiento!... Y, mostrando un curioso papel, Belarmino añadía:

·        ¡Cuenta mi caso para quien todavía esté cargando con la tontería del enojo! Habla del peligro de los enfados sistemáticos, insiste en la necesidad de la tolerancia, de la paciencia, de la serenidad, ¡del perdón! Ruega a nuestros compañeros que no pierdan la riqueza de las horas con susceptibilidades y enfados, ¡explícale a la gente en la Tierra que el mal humor también mata!... Fue entonces cuando comencé a leer la interesante estadística de irritaciones, que no me resisto a la satisfacción de transcribir: Belarmino Bicas – Número de cóleras y agravios innecesarios con la especificación de las causas respectivas, de 1936 a 1956.

 

1811 debido a contrariedades en la familia,

 

906 por disgustos en casa, en temas de alimentación e higiene,

 

1614 por altercados con la esposa, en desacuerdos en la conducta doméstica y social,

 

1801 por motivo de disgustos con los hijos, yernos y nuera,

 

37 por descontento con los nietos,

 

1015 por entrar en conflicto con jefes de servicio,

 

1333 por incompatibilidad en el trato con los colegas,

 

1012 debido a reclamaciones a proveedores y comerciantes en casos de poca importancia,

 

614 por malentendidos con vecinos,

 

315 por resentimientos con amigos íntimos,

 

1089 por susceptibilidades ante el descuido de funcionarios y empleados de instituciones diversas,

 

615 por molestias con barberos y sastres,

 

777 por desacuerdos con conductores y pasajeros desconocidos, en viaje de autobús, coches particulares, tranvías,

 

419 por desacuerdos con lecheros y panaderos,

 

820 por conflictos con camareros en restaurantes y cafés,

 

211 por ofenderse con dificultades en servicios de teléfonos,

 

90 por motivo de controversias en casas de diversión,

 

815 por molestarse con opiniones ajenas en materia religiosa,

 

217 por malentendidos con hermanos de fe, en el templo espírita,

 

901 por error o inquietud, ante personas imaginarias o la perspectiva de acontecimientos desagradables que nunca sucedieron.

 

Total: 16.386 exasperaciones inútiles.

 

Este es el recuento de las irritaciones del prestigioso amigo Bicas: 16.386 disgustos innecesarios en 7.300 días de existencia, y, eso, por cuatro lustros más bellos de su paso por el mundo, iluminados por los resplandores del Evangelio Redivivo. Cumplo su deseo de hacer conocida su experiencia que, a nuestro parecer, es tan importante como las observaciones que previenen desequilibrios y enfermedades, aunque estamos seguros de que mucha gente juzgará el balance de Belarmino como mera invención de un espíritu charlatán.


domingo, 27 de abril de 2025

¿Y CÓMO PODEMOS SER FELICES EN ESTE MUNDO?

 

Imagen de referencia

Aunque la felicidad en la Tierra no es una emoción constante que le permita al hombre asociarlo a experiencias placenteras, satisfactorias o de bienestar, si podemos como asegura Aristóteles, asumir la felicidad como el fin último de la vida y el propósito más elevado.

En el libro de Eclesiastés, atribuido tradicionalmente al Rey Salomón, se menciona que la felicidad no es de este mundo, ya que la vida es vana y los placeres son fugaces; sin embargo, no es que niegue toda alegría, sino que señala que las alegrías humanas son frágiles, pasajeras, incapaces de llenar completamente el corazón y que los placeres, los logros, las riquezas, la sabiduría humana... todo eso es bueno, pero no da una felicidad plena o eterna.

De todo ello inferimos que la felicidad absoluta, duradera y perfecta no se encuentra en las cosas del mundo material, sino que apunta aún más allá, buscando un sentido más profundo, en nuestra relación con Dios y la eternidad. Si colocamos la felicidad en la satisfacción de nuestras necesidades fisiológicas y sociales, será inevitable que el despertar de nuestra conciencia sea siempre deprimente, cansino y destituido de un significado real, tal como nos enseña Juana de Ángelis[1].

Muchos de los que han perdido un ser querido piensan que este es uno de los desafíos más grandes que enfrentamos en la vida y que pone en riesgo nuestra felicidad. Y es totalmente natural que duela: el amor y el dolor van de la mano. No sentir dolor sería no haber amado.

Pero, a la vez, es posible atravesarlo sin destruir la capacidad de ser felices aceptando el dolor sin entrar en conflictos con él, pues muchas veces el sufrimiento se agrava cuando resistimos lo que sentimos. Dejar que el dolor esté, llorar, sentir nostalgia, recordar, es parte de la sanación; debemos aprender que la tristeza sobreviene porque hubo amor al punto de transformar parte de ese dolor en gratitud por haber compartido tiempo con esa persona

El goce y el deleite son parte de la gratitud que ofrecemos al altísimo por el milagro de la vida, por ello no traicionamos a quien regresa a la patria espiritual por el hecho de reír, no guardar el luto riguroso, el disfrutar de la vida o volver a vivir. Debemos comprender que el corazón puede llorar y, a la vez, dejar entrar la luz de la esperanza poco a poco.

La felicidad, después de una pérdida, no es olvidar ni dejar de amar, es aprender a vivir con una herida que, poco a poco, se convierte en cicatriz, la cual es cierto que no borra lo vivido, pero permite caminar nuevamente, con más profundidad, compasión y gratitud.

Existe una metáfora, de autor desconocido, que nos invita a reflexionar acerca de lo efímero de la felicidad ante la pérdida de un ser amado:

La metáfora del mar y las olas

El dolor por la pérdida es como estar en el mar durante una tormenta.

Al principio, las olas son enormes y vienen una tras otra: no te dejan respirar, te arrastran, te sientes perdido.

Parece imposible que alguna vez el mar se calme.

Con el tiempo, las olas siguen viniendo... pero empiezan a ser más espaciadas, más suaves.

Entre una ola y otra, puedes respirar, mirar alrededor, ver la luz en el horizonte.

La tristeza sigue ahí, pero ya no te arrastra siempre.

Y en esos espacios de calma, empieza a renacer la vida.

No es que el mar vuelva a ser como antes.

El mar cambia para siempre.

Pero aprendes a navegar en él con el corazón más grande y sabio.

La metáfora del mar y las olas como representación del duelo y el proceso de sanación es una imagen poderosa y ampliamente utilizada en diversas tradiciones literarias, filosóficas y terapéuticas para describir cómo las emociones intensas, como el dolor por la pérdida de un ser querido, pueden llegar en oleadas, a veces abrumadoras, otras más suaves, pero siempre cambiantes.

Muchos aseguran que la felicidad en la Tierra se parece más a pequeños momentos de plenitud, paz o sentido, que a un estado fijo y eterno. A veces viene en un gesto sencillo, una conversación, un atardecer, una sonrisa inesperada y aunque la vida traiga dolores, esos momentos siguen existiendo, como si fueran pequeñas pruebas de que vale la pena estar aquí. No es pretender “estar alegre” todo el tiempo, sino sentir emociones como: gratitud, serenidad, entusiasmo, esperanza, amor, interés, inspiración.

Barbara Fredrickson, reconocida por su teoría de las emociones positivas, identificó diez (10) emociones, explicando cómo los estados emocionales placenteros, por fugaces que sean, contribuyen a la resiliencia, el bienestar y la salud. Estas emociones son: el gozo, la gratitud, la serenidad, el interés por el mundo, la esperanza, el orgullo, la diversión, la inspiración, el asombro y el amor. Para ella, las emociones positivas tienen el poder de expandir nuestra mente y nuestras acciones, ayudándonos a ser más creativos, resilientes y a construir relaciones más fuertes.

Así, la felicidad sería el resultado de cultivar y vivir más de esas emociones positivas en el día a día, no como algo grandioso, sino en pequeñas experiencias cotidianas que se van sumando.

Jesús de manera magistral sintetiza su receta de la felicidad en “Cada uno conforme sus obras[2]”.


Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta - Colombia

Abril 27 de 2025


[1] Divaldo Franco/Juana de Ángelis, Autodescubrimiento: una búsqueda interior, “Viaje interior”, pág. 64. Edición Institución Espírita Juana de Ángelis, 1997.

[2] Romanos 2: 6 – 7.


lunes, 21 de abril de 2025

EN EL REINO DOMÉSTICO

 

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En el ámbito doméstico, mi amigo, preguntas qué papel desempeñará el Espiritismo en la ciencia de las relaciones sociales, y simplemente te responderé que, aliado con Cristo, nuestro movimiento renovador es la clave de la paz entre las criaturas.

¿Has reflexionado alguna vez sobre la importancia de la comprensión generalizada en relación con la justicia que rige nuestras vidas y la fraternidad que debemos construir en la Tierra?

La sociología no es una realización de escritorio. Es una obra viva que concierne al núcleo del ser humano, con el fin de plasmarle el clima de progreso sustancial.

Te refieres al amargo problema de los matrimonios infelices como si el matrimonio fuera el único enigma en la peregrinación humana, pero olvidas que el alma encarnada se ve sorprendida en cada paso por oscuros laberintos en la vida de asociación.

Por lo general, renacen juntos, bajo los lazos consanguíneos, aquellos que aún no han encontrado el entendimiento en el carro de la evolución para trabajar con el bendito buril de la dificultad en los obstáculos que les impiden la armonía. Unidos a la maquinaria de las convenciones respetables en el instituto familiar, caminan lado a lado bajo las espuelas de la responsabilidad y la traición, bebiendo el amargo remedio de la convivencia obligada para sanar viejas heridas inmanifiestas.

Y en esta vasta ruta de espíritus desajustados, no solo encontraremos a los desafortunados cónyuges. Además de ellos, existen fenómenos sentimentales más complejos. Hay padres que no toleran a sus hijos y madres que se vuelven impasibles ante sus propios descendientes. Hay hijos que se revelan como enemigos de sus progenitores y hermanos que se destruyen mutuamente dentro del magnetismo degenerado de la antipatía congénita, desgarrándose unos a otros con los mortíferos e invisibles rayos del odio, los celos, la envidia y el resentimiento, cultivados apasionadamente en el terreno mental.

Los hospitales, y especialmente los manicomios, tienen un número significativo de enfermos que no son más que mutilados espirituales de esta guerra terrible e incruenta que se libra en la trinchera disfrazada con el nombre de hogar. Los médicos los etiquetan con diferentes diagnósticos complicados, pero en la profundidad de las causas reside la influencia maligna de la parentela consanguínea que, a menudo, copia las actitudes de la tribu salvaje y furiosa.

A diario, estos despojos humanos atraviesan los portales de los hospitales o instituciones de caridad, como restos indefinidos de náufragos perdidos en un mar tormentoso, buscando la tierra firme de la costa a través de la ola en movimiento.

No tengas dudas.

El homicidio, en sus diversas formas, se practica intensamente sin armas visibles en todos los rincones del planeta.

En casi todas partes, vemos padres y madres que muestran ternura hacia sus hijos desventurados, pero se rebelan contra ellos cada vez que demuestran prosperidad y felicidad. Hay hermanos que no soportan la superioridad de aquellos que comparten su nombre y experiencia, y compañeros que solo se alegran con la camaradería en momentos de necesidad y desgracia.

Nadie puede negar la existencia del amor en el fondo de estas diversas uniones a las que nos referimos. Pero ese amor todavía se encuentra, como el oro sin pulir, incrustado en la dureza y contundencia de la ignorancia y el egoísmo, que a veces matan sin la intención de destruir y hieren sin percibir la inocencia o grandeza de sus víctimas.

Por eso, el Espiritismo junto a Jesús, invitándonos al sacrificio y a la bondad, al conocimiento y al perdón, al aclarar el origen de nuestros antagonismos y al referirse a los dramas que todos hemos vivido en el pasado, encenderá una luz en cada corazón, inclinando a las almas rebeldes o enfermas a comprender adecuadamente el sublime programa de mejora individual en beneficio de la tranquilidad colectiva y el ascenso de todos.

Al revelar los amplios horizontes de la vida, la Nueva Revelación ampliará la esperanza, el estímulo hacia la virtud y la educación en todas las mentes maduras y dispuestas, que comenzarán a comprender en las peores situaciones familiares pequeños cursos regenerativos, aceptándolos con serenidad y paciencia, ya que el dolor y la muerte son invariablemente los oficiales de la Divina Justicia, actuando con equilibrio absoluto en todas las direcciones, uniendo o separando almas en aras de la prosperidad del Infinito Bien.

Por lo tanto, querido amigo, permíteme ahorrarte mayores comentarios que resultarían tediosos en nuestra época de rápidos esclarecimientos, a través de la condensación de los temas relacionados con la elevación de la Tierra.

Observa y medita.

Y cuando percibas la inmensa fuerza iluminadora del Espiritismo Cristiano, identificarás a Jesús como el Sociólogo Divino del Mundo y verás en el Evangelio el Código de Oro y Luz, cuya aplicación simple y pura reside en la verdadera redención de la humanidad.


Tomado de "Cartas y Crónicas", Chico Xavier/Hermano X

viernes, 14 de marzo de 2025

EDUCACIÓN EN EL HOGAR

 

“Vosotros hacéis lo que también visteis junto a vuestro padre”. - Jesús.

Juan, capítulo 8, versículo 38

 

Se propugna en la actualidad una educación para la plena libertad de los instintos del hombre, olvidándose paulatinamente las antiguas enseñanzas respecto a la formación del carácter en el hogar; la colectividad, sin embargo, tarde o temprano, será obligada a reajustar sus propósitos.

Los padres humanos deben ser los primeros mentores de la criatura. De su misión amorosa proviene la organización de un ambiente justo. Ambientes corrompidos significa malos padres, más, los hay que, mediante largos sacrificios, consiguen mantener, a pesar de la invigilancia colectiva, la seguridad posible contra el desorden amenazante.

La tarea doméstica nunca será una salida para placeres improductivos, porque constituyen trabajo y cooperación con Dios. El hombre o la mujer que desee al mismo tiempo ser padre o madre y disfrutar de la vida terrena, están ciegos y acabarán sus locos esfuerzos, espiritualmente hablando, en la fosa común de la inutilidad.

En vano se improvisarán sociólogos para sustituir la educación en el hogar por sustitutos incomprensibles que envenenan el alma. Sólo un Espíritu que haya comprendido la paternidad de Dios, por encima de todo, consigue escapar a la ley por la cual los hijos imitarán siempre a sus padres, incluso cuando estos sean perversos.

Escuchemos la palabra de Cristo y, si tenéis hijos en la Tierra, guardad la declaración del Maestro como advertencia.


Tomado de "Camino, verdad y vida".

Espíritu Emmanuel - Chico Xavier

Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta - Colombia

Marzo 14 de 2025


martes, 28 de enero de 2025

LOS SUPERIORES Y LOS INFERIORES



La autoridad, lo mismo que la riqueza, es un encargo del que deberá rendir cuentas aquel que está investido de ella. No supongáis que se le ha conferido para proporcionarle el vano placer de mandar; ni tampoco, como lo cree equivocadamente la mayor parte de los poderosos de la Tierra, como un derecho o una propiedad. Dios, por otra parte, les demuestra constantemente que no es ni lo uno ni lo otro, pues la retira cuando le place. Si fuese un privilegio inherente a la persona que la ejerce, sería inalienable. Así pues, nadie puede decir que algo le pertenece cuando se le puede quitar sin su consentimiento. Dios confiere la autoridad a título de misión o de prueba, cuando lo juzga conveniente, y la retira del mismo modo.

Quienquiera que sea depositario de autoridad, sea cual fuere la extensión de ella, desde la del señor sobre su servidor hasta la del soberano sobre su pueblo, no debe olvidar que tiene almas a su cargo. Habrá de responder por la buena o mala orientación que imparta a sus subordinados, y sobre él recaerán las faltas que estos lleguen a cometer, así como los vicios a los cuales sean arrastrados a consecuencia de esa orientación o de los malos ejemplos que dé. Por el contrario, recogerá los frutos de la dedicación que emplee para conducirlos hacia el bien. Cada hombre tiene en la Tierra una misión, grande o pequeña, y esa misión, cualquiera que sea, se le otorga para el bien. Por consiguiente, quien la falsea en su principio no hace más que fracasar en su desempeño.

Del mismo modo que Dios pregunta al rico: “¿Qué has hecho de la riqueza que debía ser en tus manos una fuente que esparciera fecundidad alrededor tuyo?”, preguntará también al que tenga una autoridad cualquiera: “¿Qué uso has hecho de esa autoridad? ¿Qué males has evitado? ¿Qué progreso promoviste? Si te di subordinados, no fue para que los convirtieras en esclavos de tu voluntad, ni en instrumentos dóciles a tus caprichos o a tu ambición. Te hice fuerte y te confié a los débiles para que los amparases y los ayudaras a ascender hacia mí”.

El superior que se encuentra compenetrado de las palabras de Cristo, no desprecia a ninguno de los que están a sus órdenes, porque sabe que las distinciones sociales no persisten delante de Dios. El espiritismo le enseña que si hoy le obedecen, tal vez antes le han dado órdenes, o se las darán más adelante, y entonces será tratado según la manera como haya tratado a los otros.

Si bien el superior tiene deberes que cumplir, el inferior también los tiene, y no son menos sagrados. Si este último es espírita, su conciencia le dirá aún mejor que no puede considerarse dispensado de ellos, ni siquiera cuando su jefe deje de cumplir con los que le competen, porque sabe que no debe devolver mal por mal, y que las faltas de los unos no justifican las de los otros. Si sufre por su posición, dirá que seguramente lo ha merecido, porque es posible que él mismo haya abusado en otro tiempo de su autoridad, y porque le corresponde a su vez experimentar los inconvenientes que ha hecho sufrir a otros. Si se ve obligado a soportar esa posición, porque no encuentra otra mejor, el espiritismo le enseña a resignarse y a considerarla una prueba para su humildad, necesaria para su adelanto. Su creencia lo guía en la manera de comportarse, y lo induce a proceder como le gustaría que sus subordinados procediesen para con él, en el caso de que fuera el jefe. Por eso mismo, es más escrupuloso en el cumplimiento de sus obligaciones, pues comprende que toda negligencia en el trabajo que se le ha confiado es un perjuicio para aquel que lo remunera, y al que debe su tiempo y su dedicación. En una palabra, es inducido por el sentimiento del deber que su fe le confiere, y por la certeza de que todo desvío del camino recto implica una deuda que, tarde o temprano, deberá pagar. (François Nicolas Madeleine, Cardenal Morlot. París, 1863.)

 

Tomado de: El Evangelio según El Espiritismo.


lunes, 20 de enero de 2025

Biografia de José Custodio de Farias, el abad Farias

 

Estatua en honor al Abad Faria en Panaji, Goa.

Poco se habla de José Custodio de Faria, el abad Faria; figura envuelta en gran misterio. Respetado en los círculos científicos, fue pionero en la manipulación de fluidos magnéticos a través de sugestiones verbales, es decir, mediante el hipnotismo. Una vez, en Lisboa, invitado a predicar ante la reina María I, la Loca, el abad no conseguía pronunciar ni una sola palabra por el enorme pánico que lo dominaba. Su padre se acercó discretamente y le dijo: “¡Son solo vegetales, corte las vegetales!” Después de esta ayuda, su miedo pasó. Intrigado, comenzó a estudiar cómo las palabras verbalizadas podían influir en la conducta de una persona.

Fue a partir de estos estudios que en 1813 comenzó a practicar el magnetismo a través de Puységur. Con una formación más sólida en este campo, demostró que las interpretaciones de Mésmer y Puységur eran erróneas, defendiendo en su obra póstuma titulada “De La Cause Du Sommeil Lúcide” (Sobre la causa del sueño lúcido), de 1819, que el magnetismo era un fenómeno natural debido a predisposiciones, circunstancias fortuitas o causa inmediata, es decir, atribuía el proceso de curación a través de la autosugestión monitoreado por la orden verbal del hipnotizador.

Egas Moniz (1874-1955), Premio Nobel de Fisiología en 1949, comenta que “el Padre Faria vio el problema de la hipnosis en sus propios fundamentos con gran precisión y claridad. Fue el primero en definir la hipnosis y sus límites naturales (...) Fue el primero en defender la doctrina sobre la interpretación de los fenómenos del sonambulismo, punto de partida de toda su doctrina”.

El abad Faria comienza sus actividades en París promoviendo el hipnotismo. A través de manifestaciones públicas, su fama se extendió por toda la ciudad, generando animadversión en unos, tachándolo de charlatán, y admiración en otros, considerándolo divino; inicia una revolución en la comunidad científica y en las doctrinas teológicas.

José Custodio de Faria nació en Candolim de Bardez, Goa (antiguo estado de la India) el 31 de mayo de 1746. Cuando aún era joven, su padre lo llevó a Lisboa para que adquiriera formación teológica y se convirtiera en sacerdote. Un año después, viajó a Roma para completar sus estudios, incluido más tarde el doctorado en Teología. El abad Faria era un hombre de gran inteligencia, lo que causó buena impresión en las autoridades eclesiásticas, además de su compostura moral.

Defensor de la Revolución Francesa, en 1795, instalado en París, dirigió uno de los batallones revolucionarios del famoso “10 du Vendinaire” contra la Convención Nacional. Algún tiempo después, sin motivo aparente, fue detenido en el «Chateau d’If» y permaneció allí durante largo tiempo. La mayor parte de su tiempo practicaba sus teorías de autosugestión. Una vez liberado, percibe que opiniones opuestas a su teoría prevalecían, causándole disgusto. Se retiró a la vida monástica y murió de una apoplejía fulminante en París el 20 de septiembre de 1819.

El abad Faria es inmortalizado en la novela de Alexandre Dumas (padre), “El Conde de Montecristo”, en el episodio en el que fue encarcelado junto a Edmund Dantés.

Se considera que el Abad Faria favoreció enormemente el establecimiento de la psicoterapia psicoanalítica y del psicoanálisis.

 

Tomado de la revista “Vórtice” boletín sobre magnetismo de diciembre de 2008.

Traducción del portugués: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta – Colombia

Enero 20 de 2024

 


martes, 26 de noviembre de 2024

EVOLUCIÓN RELIGIOSA

 


La evolución del sentimiento religioso siempre ha acompañado el progreso del ser humano. Iniciado con la adoración de las formas o fuerzas de la Naturaleza, avanza hacia el ejercicio de la fe razonada.

Poco a poco, las religiones se despojan –por fuerza de la ley de evolución– de los aspectos estrictamente materiales de sus rituales y rígidas fórmulas de culto, para conservar y consagrar la esencia verdaderamente espiritual, que refleja la Ley Divina universal. La mediúmnidad, en este sentido, está cada vez más presente en las agremiaciones religiosas, quieran los hombres o no. Será ella uno de los elementos para que todos se unan en el momento oportuno, cuando habrá un solo rebaño, bajo la égida de un único pastor, conforme afirmó Cristo, consagrando una intermediación más amplia de los dos planos de vida.

 

Tomado del libro: “Conversando sobre mediúmnidad”, por el espíritu Cairbar Schutel y psicografía de Abel Glasser.

 

Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta – Colombia

Noviembre 26 de 2024

 


CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...