martes, 10 de septiembre de 2013

Teléfono Mediúmnico

Por: J. Herculano Pires

Algunos no creen en las comunicaciones de los Espíritus, otros creen demasiado y quieren obtenerlas con la facilidad de una llamada telefónica. ¡Ni tanto al cielo, ni tanto a la Tierra! Si las comunicaciones entre las criaturas terrenas no siempre son fáciles, ¿qué decir de las que se procesan entre los espíritus y los hombres? Mucha gente busca al médium como si él fuese una especie de cabina telefónica. Pero no siempre el circuito está libre y muchas veces el espíritu evocado no puede atender.

No hay duda que estamos en la época profetizada por Joel, en que las manifestaciones se intensifican por todas partes. Sin embargo, no todos los espíritus están en condiciones de comunicarse con facilidad. Además, la manifestación solicitada puede ser inconveniente en el momento, tanto para el espíritu como para el encarnado.

La muerte es un fenómeno psicobiológico que ocurre de varias maneras de acuerdo con las condiciones ideo-emotivas de cada caso, envolviendo a los que parten y a los que quedan. La pregunta 155 de El Libro de los Espíritus explica de manera clara la complejidad del proceso de desencarnación. Algunos espíritus se liberan rápidamente del cuerpo, otros se demoran en hacerlo y eso retarda su posibilidad de comunicarse.

Debemos recordar además, que los espíritus son criaturas libres y conscientes. No están a merced de nuestros caprichos y ningún médium o director de sesiones tiene el poder de hacerlos atender a nuestros llamados. Cuando quieren manifestarse, ellos lo hacen espontáneamente, y no es raro que lo hagan de manera inesperada. Se engañan los que piensan que pueden dominarlos. Ya enseñaba Jesús, como vemos en los Evangelios: el espíritu sopla donde quiere, y nadie sabe de dónde viene ni a dónde va.

Es natural que los familiares afligidos busquen obtener la comunicación de un ser querido. Pero es necesario que recuerden la necesidad de respetar las leyes que rigen las condiciones del Espíritu en la vida y en la muerte. El intercambio mediúmnico es un acto de amor que solo debe realizarse cuando es conveniente para los dos lados de la vida. El Espiritismo nos enseña a respetar la muerte como respetamos la vida, confiándonos a los designios de Dios. Solo la misericordia divina puede regular el diálogo entre los vivos de la Tierra y los vivos del Más Allá. Hagamos nuestras oraciones en favor de los que partieron y esperemos en Dios la gracia del reencuentro que solo Él nos puede conceder.


Muchos religiosos condenan las comunicaciones mediúmnicas, alegando que ellas violan el misterio de la muerte y perturban el reposo de los muertos. Se olvidan que los mismos Espíritus de los fallecidos buscan comunicarse con los vivos. Fue de esa búsqueda de comunicación de los muertos, tan insistente en el mundo entero, que se iniciaron de manera natural las relaciones mediúmnicas entre el mundo visible y el invisible. El concepto erróneo de la muerte, como aniquilamiento o transformación total de la criatura humana, genera y sustenta esas formas de superstición. El Espiritismo, reviviendo los fundamentos olvidados del Cristianismo puro, nos muestra que la comunicación mediúmnica es ley de la vida para liberarnos de errores y temores supersticiosos del pasado.


Traducción: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia
Septiembre 10 de 2013

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El Trastorno Bipolar y su Abordaje Médico Espírita



Dr. Roberto Lúcio Vieira de Souza *
 
Es habitual que los legos espíritas o espiritualistas miren hacia las enfermedades psiquiátricas e, inmediatamente, vean en ellas procesos provocados por obsesiones – acciones demoníacas o de espíritus inferiores – o sino como fruto de una mediúmnidad atormentada, creyendo, por eso, que la intervención espiritual o el desarrollo mediúmnico sean suficientes para lograr la cura de estas enfermedades. Y cuanto más severos son los síntomas presentados por el individuo, es más evidente ese convencimiento.
 
Pero la verdad es que el Trastorno Afectivo Bipolar o Trastorno del Humor Bipolar, antiguamente denominado Psicosis Maníaco-Depresiva, es una de las patologías más graves en el área de la Psiquiatría, alcanzando del 3 al 10% de la población mundial.  
 
Los estudios más recientes diferencian los cuadros unipolares de depresión y manía, de los bipolares, cuya característica principal es la presencia de episodios cíclicos de depresión y manía, con intervalos de ausencia de los síntomas.
 
Para nosotros, los psiquiatras, hay algunas diferencias en los diversos subtipos que son importantes para la determinación de la terapia, los cuales son irrelevantes en estas líneas.
 
Hay mucha gente que piensa que el término “manía”, tiene relación con los caprichos y rituales que algunas personas tienen y que son característicos, según su intensidad, de uno u otro tipo de enfermedad – el “trastorno obsesivo-obsesivo”, muy diferente del Trastorno Bipolar pero que, sin embargo, se puede presentar simultáneamente en algunos pacientes. Pero en lenguaje técnico, la palabra “manía” significa euforia, esto es, alegría excesiva o patológica.
La verdad es que los trastornos del humor son un gran problema de salud pública.
 
Scott (1995), presentó un trabajo en el que, estimativamente, llegó a la conclusión de que un portador de este cuadro clínico en el cual la enfermedad se manifieste a los 20 años de edad, perderá 9 años efectivos de vida, 12 años de salud normal y 14 años de capacidad para el trabajo.
 
La Organización Mundial de la Salud (OMS), en una investigación dirigida por Murray (1996), anunció que de las diez patologías que más incapacitaban a las personas, cinco pertenecían al fuero psiquiátrico, con la Depresión encabezando la lista y los Trastornos Bipolares en el sexto lugar.
 
Es de destacar que los estudios más importantes sobre la prevalencia de esta patología o la validación de los diagnósticos de “manía” y de “hipomanía” son bastante recientes, lo que significa que una gran parte de los conocimientos adquiridos están siendo revisados y ampliados, trayendo a la luz la realidad del diagnóstico hasta ahora indefinidos o mal caracterizados.
 
La preocupación con la mejoría de los pacientes, en la práctica, enfrenta dos obstáculos a saber: el error del diagnóstico y la insuficiencia o inadecuación de la terapia – lo que aumenta el prejuicio social, principalmente por mantener los síntomas psicóticos y por la frecuencia de los internamientos, acarreando una mayor estigmatización para los pacientes. Esto se da mucho, porque la mayor parte de los pacientes son atendidos por profesionales que no son psiquiatras y que no los envían a los especialistas.
 
En términos generales, podemos decir que el cuadro clínico se caracteriza por episodios de depresión y de “manía” que se intercalan, acompañados por períodos de ausencia de síntomas, en que los pacientes no aparentan sufrir de la enfermedad. Frecuentemente, estos períodos son responsables por la interrupción del uso de los medicamentos debido a la creencia de estar curado, facilitando la aparición de nuevos episodios. Es importante destacar que cada nueva crisis empeora el pronóstico de la patología, agravando los síntomas residuales en las fases de calma, volviendo más cortos los períodos entre las crisis.
 
Por lo tanto, la enfermedad tiene dos fases, pero los cuadros clínicos son bastante diferentes:

La depresión, que se caracteriza por una disminución de la energía, la motivación y la capacidad de sentir placer y alegría, por un humor depresivo (tristeza patológica), por una disminución del raciocinio, de la atención, de la concentración, de la memoria y de la capacidad de organización y planeamiento; por un aumento de la preocupación, así como con situaciones banales; por el aislamiento y retraimiento social; por la falta de iniciativa, de interés y de placer (anhedonia); por la pérdida o disminución del deseo sexual; por el insomnio o hipersomnias; por el aumento o pérdida del apetito; por el aumento de la sensación de cansancio; por el sentimiento de pereza; por la dificultad en realizar tareas que anteriormente hacían parte de su quehacer cotidiano, optando por quedarse la mayor parte del tiempo en la cama, con el cuarto a oscuras; por la pérdida de interés en tratar con los demás, evitando la higiene personal; por el sentimiento de pesimismo, de desánimo, de tristeza, de inseguridad, de miedo, de falta de esperanza, de baja auto-estima, de culpa exagerada, de sensación de vacío y aún por el deseo y la tentativa de suicidarse;

La manía, que se caracteriza por un aumento de la energía; por un humor irritable; por la euforia; por oscilaciones afectivas; por la disminución de la capacidad de sentir afectos negativos o de sentir empatía con el sufrimiento ajeno; por un razonamiento acelerado; por una atención focalizada, aunque el paciente no consiga mantenerla por mucho tiempo; por una disminución de la concentración; por alteraciones de la memoria, que puede abarcar el aumento de la capacidad de recordar o la disminución de esta; por súbitos cambios de pensamientos, de intereses y de conducta; por sentimientos positivos; por la verborrea (locuacidad exagerada); por una tendencia hacia el uso de malas palabras; por una irritabilidad exacerbada que genera conflictos; por la impaciencia; por la desinhibición social; por el aumento de la impulsividad; por el abuso del alcohol y de las drogas; por el aumento de los gastos, debido a la compulsión de comprar; por el aumento de la libido y por un discurso erotizado; por la disminución de la necesidad del sueño, con reducción del tiempo del mismo; por la disminución de la sensibilidad al dolor; por el aumento excesivo de la capacidad de realización; por la desorganización, confusión y actividad repetitiva. En esta fase, pueden ocurrir también la idealización y tentativa de suicidio.
 
En los dos cuadros pueden surgir síntomas psicóticos, siempre ligados al tipo de sentimiento dominante: en los casos de depresión, los contenidos del delirio y de las alucinaciones son de ruina; en los de manía, son de grandeza. Los delirios son más frecuentes que las alucinaciones.
 
El tratamiento envuelve un equipo multidisciplinar, compuesto por psiquiatras, terapeutas y trabajadores sociales. El uso de estabilizadores del humor especialmente del litio, mejora el control de los cuadros, reduciendo el número de recaídas. Aún no hay ningún tratamiento que consiga la cura, por lo que las medidas terapéuticas utilizadas son solo paliativas.
 
Bajo el punto de vista espiritual, el Trastorno Bipolar tiene origen en las malas acciones cometidas por el enfermo en vidas pasadas.
 
Cuando reencarnó, el enfermo trajo consigo la predisposición hacia la enfermedad, que generalmente aparece después de los 25 años. La carga genética es una marca que él decidió tener y que se debe a las acciones del pasado, donde recurrió al abuso de la inteligencia y a la falta de respeto por la vida.
 
Y es que la gran mayoría de los casos de Trastorno Bipolar están relacionados con abortos criminales, aunque también haya muchos pacientes que fueron suicidas y asesinos, en repetidas ocasiones.
 
Sólo por si, esta trayectoria anterior de los actuales enfermos, da pié para que puedan instalarse procesos obsesivos que envolverán sentimientos de venganza y donde aparecerán espíritus que fueron perjudicados por ellos y que aún no les han perdonado.
 
Como los enfermos son como “antenas averiadas” (pues por su propia dinámica psíquica, irradian sentimientos y vibraciones complicadas) y no habiendo cualquier proceso obsesivo relacionado con sus vidas anteriores (lo que no es muy habitual) pueden proporcionar una abertura para la acción de espíritus que se encuentren en su misma faja vibratoria, o si no, para los llamados espíritus oportunistas – unos y otros agravando las situaciones de esos pacientes.
 
Si concluimos que la causa real de estos Trastornos se debe al comportamiento moral de sus portadores, se hace claro que la terapia más importante, es la de fondo moral. En realidad, la Evangelio-terapia, o sea, la utilización de la moral cristiana como instrumento para la renovación interior, es la única terapia eficaz, pues va a alcanzar el núcleo central de la enfermedad.
 
Muchos pacientes también presentan, concomitantemente, sensibilidad mediúmnica. Pero como no están psíquicamente equilibrados, es contraproducente llevarlos hacia las reuniones de desarrollo de la mediúmnidad, ya que muchas veces estas pueden agravar el proceso de desequilibrio, debido a las condiciones psíquicas de los enfermos.  
 
Lo mejor y más eficaz es invitarlos a las actividades de asistencia social y aconsejarles el uso de la oración, de la lectura edificante y de la fluidoterapia (pases y agua fluidificada).

* Psiquiatra, director clínico del Hospital Espírita André Luiz, en Belo
Horizonte (MG), vice-presidente de la Asociación Médico-Espírita del Brasil
(AME) y autor de varios libros.

Bibliografía:


  • “Da Psicose Maníaco-Depressiva ao Espectro Bipolar”. Moreno, Ricardo A. e Moreno, Doris H (coordenadores), São Paulo, 2005.
  •  “Transtorno Bipolar na infância e na adolescência”. Lee Fu-I (coordenador). Segmento Farma Editores, São Paulo, 2007.
  • “Depressão – Abordagem Médico-Espírita”. Associação Médico-Espírita do Brasil. São Paulo, 2005.

 

Traducción al Español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta – Colombia
Septiembre 23 de 2011

jueves, 29 de agosto de 2013

El encuentro entre la Madre Teresa y la Princesa Diana en el Plano Espiritual

Por: Divaldo Pereira Franco

Cierto día, la princesa Diana va en busca de la Madre Teresa de Calcuta, abriendo  su corazón. Le habló de sus angustias, de su vacío interior, muy a pesar de que llevaba una vida de glamour, y le confeso su deseo de hacer parte de su orden religiosa.

La madre se conmovió con su relato, lleno de ternura y confianza, y vio mucha dulzura y bondad en el alma de aquella mujer simple, pero rica y famosa. Y, con gran cariño, buscó orientarla. Le dijo que ella era una princesa y, como tal, no podría pertenecer a su orden religiosa, de extrema pobreza. Entonces, la madre le dijo:

- Diana, usted le podría donar ese amor a los niños indefensos. En su posición, usted puede ayudar a muchas de ellos, que sufren... La caridad puede ser ejercida en cualquier lugar donde nos encontremos...

La princesa volvió a su palacio y posteriormente se dedicó a visitar niños víctimas del Aids, esa enfermedad tan cruel, y ayudó, con enorme cariño, a niños mutilados por las minas de las guerras... Desde entonces, encontró la alegría de ser útil y el placer de servir.

La Madre Teresa acompañaba todo por los informes de la TV y de los diarios. Y, entre aquellas dos mujeres, 
pasaron a existir vínculos de amor.

El tiempo pasó. Algunos meses después, la princesa, amiga de los sufrientes, la Rosa de Inglaterra, como era conocida mundialmente, desencarnó en un accidente que golpeó a todos.

La madre, muy conmocionada, al enterarse del hecho, se apresuró a tomar decisiones y a cancelar compromisos, con el fin de asistir, 
días después, al funeral.

Sin embargo, algo cambio sus planes. Su salud, muy inestable, la llevó a la cama. Días después, la Madre Teresa también falleció.

Entonces, Joanna de Ángelis nos contó los acontecimientos sucedidos, del "otro lado"...

La Madre Teresa fue recibida en una fiesta de luz, bajo la cariñosa asistencia de Teresa de Lisieux, o Santa Teresita del Niño Jesús, como es recordada en la Iglesia Católica. Permaneció consciente de su proceso desencarnatorio, en la paz de consciencia que su vida honrada le hiciera merecer. Y es entonces cuando ella le pregunta a la religiosa que la dijera, donde estaba Diana. Y Teresa de Lisieux le cuenta que la princesa, debido al choque causado por el accidente, estaba durmiendo, aún en descaso y recuperación.

La Madre Teresa de Calcutá vela por la princesa, le hace compañía y ora por su armonización. Y, al momento del despertar, cuando Diana abre los ojos ante la vida espiritual, reconoce la grandeza del amor de Dios, he ahí que ella vuelve a ver a la madre, la religiosa afectuosa y amiga que, con extremado amor, le dice:

- Ahora, hija mía, usted está lista para ser aceptada en mi orden. Iremos a trabajar juntas, con la bendición del Señor.

- Nosotros, que sabemos cómo es el mundo espiritual de fascinante, dice Divaldo, ¡imaginemos el júbilo de ese encuentro!

Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

lunes, 26 de agosto de 2013

Parásitos y Vampiros




La economía de la Naturaleza nos revela la unidad funcional de todos los procesos vitales. La Naturaleza, en su infinita variedad de cosas y seres, no escatima energías y formas, contenidos y contenedores en sus estructuraciones. Del reino vegetal al animal el proceso creador es uno, obligándonos a una concepción monista del universo. La Fisiología de la Naturaleza, según la ley de diferenciación en la unidad, se muestra estructurada y funcional por los mismos sistemas adaptados a cada reino. De la savia del vegetal a la sangre de los animales y el hombre, y de las estructuras auditivas inferiores a las superiores, la organización es la misma. De los sistemas de motilidad, percepción, alimentación y asimilación de las plantas al hombre, el sistema de funcionalidad solo varia en lo que respecta a las adaptaciones específicas. De la misma manera y por la misma razón, el parasitismo vegetal se desarrolla en la dirección del parasitismo animal y del vampirismo hominal-espiritual. Y así como el parasitismo influye en el desarrollo de las plantas y en el comportamiento de los animales, el vampirismo influye en el comportamiento humano individual y social. Entre los diversos elementos, cosas y seres que actúan sobre el comportamiento humano, el más perturbador y que más amenaza las estructuras físicas y espirituales del ser  humano es el vampirismo, porque es la actuación consciente de un ser sobre otro, para deformarle los sentimientos y las ideas, perturbarle la mente y llevarlo a prácticas y actitudes contrarias a su equilibrio orgánico y psicológico. En el parasitismo, incluso en el espiritual, hay una tendencia de adaptación del parasito a la víctima. La ley es la misma del parasitismo vegetal y animal. La entidad espiritual parasitaria busca adaptarse al parasitado, en la posición de una sub-personalidad afín. Ambos viven en sintonía, pero el parasito a costa de las energías del parasitado, cuyo desgaste aumenta de manera progresiva. Ambos ganan y pierden en esa conjugación nefasta. El parasitado sufre doble desgaste de sus energías mentales y vitales y el parasito cae en su dependencia, perdiendo su capacidad individual de supervivencia y conservación. La muerte del parasitado afecta al parasito, que muere sugestivamente con él, pues perdió la capacidad de vivir, sentir y pensar por sí mismo. Los casos de personas dependientes, excesivamente tímidas, desanimadas, ineptas para la vida normal, esas de las que se dice que “pasaron por la vida, pero no vivieron”, son casos típicos de parasitismo. Las mismas condiciones orgánicas de esas personas, que no reaccionan adecuadamente a la ayuda de medicinas, alimentos y estímulos ambientales, de las prácticas físicas o espirituales, son el resultado no solo de las deficiencias orgánicas sino también de la sobrecarga invisible del parasitismo espiritual. Los medicamentos estimulantes y los tratamientos psicológicos raramente producen los efectos deseados. Sin embargo, la conjugación de esos recursos con el tratamiento espiritual para la expulsión del parasito, que representa en el organismo de la víctima una forma subnormal de vida consumidora, generalmente produce resultados sorprendentes. Las causas de esa situación mórbida son el resultado de procesos kármicos originados por asociaciones  criminales con cómplices del pasado. Los recursos espirituales son los pases espíritas, la frecuencia regular a las reuniones mediúmnicas, el estudio y la lectura de los libros básicos de la doctrina, la práctica de la oración individual por el parasitado en favor del parasito o parásitos. 

Todas esas providencias deben ser orientadas por personas conocedoras del Espiritismo, sin pretensiones y dotadas de buen sentido, lo que permitirá el control del proceso de curación. Todas las prácticas exorcistas, quema de incienso y veladoras, aplicación de pases padronizados, uso de plantas supuestamente milagrosas u objetos de magia solo agravaran la situación. El espíritu parasito es una criatura humana con derechos comunes a la especie humana y debe ser siempre encarado como compañero de sufrimientos del parasitado. En esos tratamientos no se debe despreciar el concurso médico, pues los efectos negativos del parasitismo espiritual, debilitando el organismo de la víctima, propician también la infiltración de los parásitos del medio físico, que deben ser combatidos con medicamentos específicos. Aunque la acción espiritual de las entidades protectoras pueda ayudar también al reequilibrio orgánico, la presencia de un médico, si es posible espírita, es necesaria. Se engañan quienes se vuelven contra la medicina en estas situaciones, pues las leyes y los recursos del medio físico son los más adecuados en esos casos. Cada plano de la Naturaleza tiene sus necesidades específicas, que precisamos respetar. Existen también los Espíritus de la Naturaleza que trabajan en el plano físico. Esas entidades semimateriales, de cuerpos periespíriticos, están en ascensión evolutiva hacia el plano hominal. Son los llamados elementales de la concepción teosófica, derivada de las doctrinas espiritualistas de la India. Las funciones de esas entidades en la Naturaleza son de gran responsabilidad. El Espiritismo pone énfasis en el estudio y en la investigación de los espíritus humanos, que son los de nuestro plano evolutivo, dotados de conciencia e inteligencia racional más desarrollada. Los parásitos ya pertenecen al plano humano. Son considerados en la Teosofía y en otras corrientes espiritualistas como larvas astrales. En realidad no son larvas ni elementales, son entidades que necesitan de ayuda y adoctrinamiento. Los teosofistas atribuyen también las comunicaciones espirituales a los llamados cascarones astrales, que son para ellos envoltorios espirituales, periespíritus abandonados por los muertos y de los que se sirven los elementales o espíritus burlones para manifestarse en las sesiones mediúmnicas como si fueran espíritus de muertos. La teoría de los cascarones fue creada por Mme. Blavatski después de una sesión mediúmnica a la que asistió en Nueva York. El Sr. Sinet declara en su libro “Incidentes de la Vida de Mme. Blavatski” que ella cometió un engaño de observación, al cual nunca más se refirió. Sinet, teósofo de proyección y compañero de Blavatski, diverge de los teosofistas que continúan aceptando esa falsa teoría. Abdré Luiz se refiere a los ovoides, espíritus que perdieron su cuerpo periespiritual y se ven cerrados en sí mismos, envueltos en una especie de membrana. Eso nos recuerda la teoría de Sartre sobre ser-en-sí, forma anterior del ser espiritual, que la rompe al proyectarse en la existencia por necesidad de comunicación. La acción vampiresca de esos ovoides es aceptada por muchos espíritas amantes de las novedades. Pero esa novedad no tiene las condiciones científicas ni el respaldo metodológico para ser integrada a la doctrina. No pasa de ser una información aislada de un espíritu. Ninguna investigación seria, por investigadores competentes, probó la realidad de esa teoría. No basta el concepto del médium para validarla. Las exigencias doctrinarias son mucho más rigurosas, en lo que se refiere a la aceptación de las novedades. El Espiritismo estaría sujeto a la más completa deformación, si los espíritas se entregasen al delirio de los cazadores de novedades. André Luiz se manifiesta como un neófito entusiasmado por la doctrina, empleando a veces términos y conceptos que desentonan de la terminología doctrinaria y que no siempre se ajustan a los principios espíritas. La amplia libertad que el Espiritismo faculta a sus adeptos tiene límites rigurosamente fijados en la metodología kardeciana.

En el caso del parasitismo y del vampirismo todo rigor es poco, pues los rigores y engaños de interpretación pueden llevar los trabajos de curación por desvíos peligrosos.

Si no enfrentamos el parasitismo y el vampirismo en términos rigurosamente doctrinarios, con el debido respeto al método kardeciano, seremos susceptibles de ser engañados por espíritus mistificadores que pasaran a vampirizarnos. Porque el vampirismo es un fenómeno típico de las relaciones interpersonales. 

Tanto en la vida material como en la espiritual el vampirismo es un proceso común y universal del relacionamiento afectivo y mental de las criaturas. Es vampiro el sacerdote que fanatiza a un creyente y lo somete a sus exigencias para explotarlo con la promesa del Cielo, también es vampiro el político demagogo que fascina a los adeptos a sus ideas y los lleva al sacrificio inútil y brutal de la rebelión y el terrorismo. Es vampiro el espírita o médium que fascina a los ingenuos con la adulteración de poderes que no posee, revelándoles supuestas reencarnaciones deslumbrantes y conduciéndolos al delirio de sus ambiciones de grandeza. Es vampiro el negociante que se apodera del dinero de sus clientes con falsas promesas de un futuro improbable. Es vampiro el galanteador donjuanesco que se aprovecha del afecto de las mujeres inseguras para explotarlas. Es vampiro el alcohólico o drogadicto que siembra la desgracia a su alrededor. Es vampiro el espíritu sagaz y vengativo que absorbe las energías de las criaturas humanas y subyuga otros espíritus para actuar en la conquista y dominación de otras, y así sucesivamente, en el amplio y variado patrón del vampirismo material y espiritual.

Por todo eso, la cura del vampirismo no es más que un proceso de separación de los implicados, del alejamiento del vampiro de la órbita de su víctima. Pero no basta ese primer paso, es necesaria la persuasión de los involucrados a través del adoctrinamiento espírita. El adoctrinamiento es la transmisión del conocimiento doctrinario a las dos partes. Sin esa transmisión el proceso no se completa y la cura solo será una suspensión del vampirismo por algún tiempo. Como enseñó Jesús (y vemos en los Evangelios) podemos protegernos de los agresores que se apoderaron de la casa, limpiarla y ordenarla. Pero si esta queda vacía, los agresores invitaran a otros compañeros y la retomaran. En ese caso, el estado de la vivienda estará peor que antes. Conforme al grado de compromiso y responsabilidades mutuas entre el vampiro y sus víctimas, el tratamiento será más o menos prolongado. Los vampiros son obstinados y persistentes, pues el vampirismo es para ellos la manera de mantenerse en la rutina de sus adicciones. La víctima, a su vez, se siente cómoda en el vampirismo y acostumbrada en la entrega de si misma sin resistencia. La asistencia regular de la víctima a los pases y a las sesiones mediúmnicas es el único medio posible de fortalecerla para resistir. No nos engañemos con las mejoras instantáneas. Los vampiros no sueltan fácilmente a sus víctimas. Se apartan estratégicamente y vuelven con más furia a la primera oportunidad que se les presente. Es necesario que las víctimas curadas estén convencidas de esto y prepararse para rechazarlos en sus embestidas mañosas. A pesar de esas dificultades, en trabajos bien dirigidos no es raro que se consigan resultados relativamente rápidos, que permiten mayores posibilidades en la consolidación de la cura.

El fracaso de la psiquiatría, con sus métodos modernos, es el resultado de la falta de consideración de esos factores espirituales en los diversos tipos de perturbaciones mentales y desequilibrios emocionales. Impotentes ante aquellos casos graves, como las inversiones y desvíos sexuales, los psiquiatras más actualizados adoptaron una táctica de dilación persuasiva, considerando normales estas anomalías. Consideran peligrosa resistirse a los impulsos inferiores de la libido, alegando que reprimirlas trae como consecuencia complejos irreversibles. Los psiquiatras espíritas, que afortunadamente hoy son numerosos, no pueden aceptar esa táctica de claudicación, que los convertiría en cómplices de los vampiros. Ellos están en el deber indeclinable, profesional y de conciencia, a organizarse en asociaciones de investigación, fundamentadas en la Ciencia Espírita y en la Psiquiatría, ante la necesidad de enfrentarse a esos medios de degeneramiento de la especie.

La sexualidad es el fundamento de la vida y el sexo es su forma de manifestación. Los psiquiatras ingenuos o ignorantes, juegan con fuego en consultorios y clínicas y están incendiando al mundo. Corren hacia el sofisma en defensa propia, alegando la imposibilidad de caracterizar entre lo que es normal y lo que es anormal. Con eso pretenden declarar normales las anormalidades más viles. Más la normalidad se define por si misma en el entorno social. El sexo masculino define la personalidad normal del hombre en sus funciones creadoras. El sexo femenino define la personalidad normal de la mujer. Confundir ajos con cebollas es una táctica de negociantes fraudulentos e inescrupulosos. Decir a un adolescente que se siente dominado por impulsos negativos y procura librarse de ellos: “Eso es normal, consiga un compañero” es lanzar al infeliz en la rueda viva de un futuro vergonzoso. No es esa la función del médico ante el enfermo que lo busca. Ya existen consultorios y clínicas dotados de lechos ocultos, para los cuales son invitados pacientes desesperados hacia una terapéutica libertina. El médico, en este caso, se receta a sí mismo como medicamento salvador. La llamada terapia grupal se transforma en gigolismo científico, en la que mujeres desorientadas son presentadas por los médicos a hombres insatisfechos que pueden adornar las frentes de sus maridos con base en la prescripción.

Un médico espiritualista nos comentó una anécdota que afirmó no ser anécdota: El Sr. B. una figura social importante, tenía la costumbre de recoger colillas de cigarrillo en la calle y llenar sus bolsillos con ellas. El psiquiatra que consulto lo sometió a un tratamiento modernísimo. Encontrándolo más tarde, el médico espiritualista le preguntó que si se había curado. Si le respondió el personaje empavonado. Continúo recogiendo las colillas de cigarrillo pero ahora no me da vergüenza. Lo hago con gusto. Las técnicas psiquiátricas más modernas, como se ve, proceden de la remota fase griega de los sofistas, de los cuales Sócrates se desligó para poder encontrar la Verdad.

Tomado del libro Vampirismo de José Herculano Pires
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta – Colombia
Agosto de 2013

CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...