lunes, 20 de abril de 2015

RAÚL TEXEIRA Y LOS NIÑOS INDIGO

RAÚL TEXEIRA




El Consolador: En algunos medios se divulgó la tesis de que los niños índigos representan una nueva generación, a la que Kardec se refirió en La Génesis. En su opinión, ¿El tema de los niños índigos se encuadra en la seriedad y racionalidad con la que deben ser tratados los conceptos espíritas?

Es muy conocido el impulso que tenemos, los humanos, por las novedades que van surgiendo a nuestro alrededor, y de todo lo que nos gusta, lo que juzgamos importante o especial, deseamos de modo velado o declarado atraerlo hacia el mundo del Espiritismo. Fue lo que ocurrió con la tesis de los psicólogos americanos Dr. Lee Carrol y la Dra. Jan Tober.

Muy pronto los referidos autores americanos afirmaron que su trabajo era una información inicial y no la palabra final sobre cierto tipo de criaturas que venían naciendo, lo cierto es que eso ya llegó a nuestro medio popular, y no fue diferente en el medio espírita, como algo dispuesto, acabado y “espírita”. ¡Lamentable!

Vale la pena verificar como es que los supracitados psicólogos americanos definen una criatura índigo (la Dra. Jan Tober informa haber llamado así a esas criaturas, por ser de color índigo lo que veían a su alrededor): son aquellos que representan un conjunto de características psicológicas no comunes y un patrón de comportamiento aún no clasificado por la ciencia. Ese tipo de comportamiento hace que todos los que interactúan con ella (principalmente sus padres) tengan que adaptarse a circunstancias diferentes y a un tipo específico de crianza. Hasta aquí, no vemos nada que sea diferente de lo que observamos en nuestras criaturas, aquellas con las que hemos tenido contacto diariamente, dándonos cuenta de que son, de hecho, criaturas diferentes, no importándonos los nombres con los que las rebauticemos. Con todo, todas ellas están en el mundo bajo cuidados paterno maternales para evolucionar hacia Dios. Todos sabemos que no es fácil entender, dirigir, corregir, educar, en fin, a esos pequeños, teniendo en cuenta los bagajes que trajeron de otras vivencias rencarnatórias.

El psicólogo argentino Egidio Vecchio, que se estableció en Porto Alegre, en Rio Grande del Sur, también se dedicó a los estudios de estos niños índigo, sumando sus esfuerzos a los de notables estudiosos como Ingrid Cañete y Teresa Guerra. Afirma él en uno de sus libros que en la década de 1970 vinieron al mundo seres muy especiales, portadores de un cambio potencial en su ADN. Se descubrió que tienen una misión a cumplir y un potencial a desarrollar. Como nosotros, también dotados de libre albedrío, por lo tanto, pueden no aceptar ese encargo. No son predestinados. Ninguna diferencia vemos nos dice Vecchio de aquello que hemos aprendido, hace más de 150 años, en las enseñanzas espíritas.

Todos llegamos al mundo con una misión a cumplir, sea de gran o de pequeño porte, sea a nivel del grupo familiar o en temas sociales y mismamente en misiones mundiales. Reencarnamos, exactamente, para hacer brillar nuestra luz, conforme orientó Jesucristo, o sea, para desarrollar nuestras potencias espirituales, o intelecto morales, si así lo queremos.

Notemos como continúa Vecchio hablando de los indigo: Estas criaturas, fruto de esta evolución genética que está ocurrriendo, necesitan del apoyo para adaptarse y desarrollarse entre nosotros. Para ellos es necesaria una pedagogía adecuada  a su grado de evolución, porque son portadoras de herramientas psicológicas y espirituales muy adelantadas de aquellas que la psicología tradicional conoce. Pero bien comprendidas y orientadas, los niños índigo cambiarán la vida del planeta de forma asombrosa y nunca imaginada antes de hoy. 

No hay ninguna novedad en eso, para quien lidia con la enseñanza y aprendizaje, para quien lidia con niños y escolaridad. Es llamativo el atraso en que se encuentra la institución escolar, en todo el mundo. Llegamos a constatar que las instituciones del mundo que más se resisten al cambio son exactamente  la escolar. Parece una afrentosa paradoja. Nuestras criaturas que están tan mal cuidadas por la escuela contemporánea con sus viejas características, con su metodologías, sus pruebas, sus notas, etc.., anticuadas, que consiguen matar el poder creador de los alumnos por las actitudes ingenuas, laissez-faire, excesivamente directoras o dictatoriales de profesionales malformados, si acaso tuviesen esos recursos a los que se refiere Edigio Vecchio, con certeza que no tendríamos los grandes índices de éxodo escolar, las altas tasas de reprobaciones; no veríamos el horror con el que gran número de criaturas se ve obligado a ir a la escuela, la alegría por las vaqcaciones, días de fiesta o por la ausencia de los profesores.

En un mundo de ordenadores e internet, de blogs y orkuts, desear mantener a las criaturas presas en un espacio físico por medio de “escupe y cuspe e giz”, convengamos que no precisarán ser tan índigos para vivir “indignados” con el sistema.

En el siglo XIX, Kardec ya hablaba de la transición por la que pasaba el mundo. Luego, no es un fenómeno nuevo. Posiblemente, solamente los psicólogos americanos se darán cuenta que deberían estudiar tal cosa. Pero, con certeza, no fue a partir de 1970 que esas cosas comenzaron a ocurrir en el planeta. Leamos lo que nos dice el libro Génesis, publicado en 1868: La época actual es de transición; se confunden los elementos de las dos generaciones. Colocados en un punto intermedio, asistimos a la partida y a la llegada de otra, ya conociéndose cada una, en el mundo, por los caracteres que les son peculiares. Tienen ideas y puntos de vista opuestos las dos generaciones que se suceden. Por la naturaleza de las disposiciones morales, pero, sobre todo de las disposiciones “intuitivas” e “innatas”, se vuelve fácil distinguir a cuál de las dos pertenece cada individuo.

Observemos como continúa Kardec: Cabiéndole fundar la era del progreso moral, la nueva generación se distingue por la inteligencia y la razón generalmente precoces, junto al sentimiento “innato” del bien y a las creencias espiritualistas, lo que constituye una señal indudable de cierto grado de adelantamiento “anterior”. No se compondrá exclusivamente de Espíritus eminentemente superiores, pero sí de los que, ya habiendo progresado, se hallen predispuestos a asimilar todas las ideas progresistas y aptas para secundar el movimiento de regeneración.

Aprendemos, así, que desde la época de Allan Kardec, que, siendo bien comprendida y orientada, toda y cualquier criatura que llega a la Tierra cambiará la vida del planeta, de manera bastante significativa, nunca imaginada actualmente. Cuando  el hogar y  la escuela se vuelven lugares de satisfacción, de aprendizaje y de seguridad para nuestras criaturas de ahora y para las que vendrán, conseguiremos auxiliar a todos los Espíritus que, llegados al mundo para desempeñar sus papeles misionarios, de hombres y mujeres de bien, puedan realizar con éxito aquello que vinieron a hacer sobre el suelo del mundo.

Lo que lamento es que, con tantas enseñanzas del Espiritismo, desde El Libro de los Espíritus hasta La Génesis, al respecto de la conducta educacional de nuestras criaturas, sin que nunca haya esto provocado cualquier furor educacional, ninguna emoción o acontecimiento social, bastó para que llegase a nuestro país la traducción del libro de Carrol y Tober para que el Movimiento Espírita, en considerables expresiones y localidades, se sintiese abalado en sus creencias y prácticas, sin darse cuenta de lo que venía ocurriendo, y todavía viene ocurriendo, y todavía existe,  un agigantado desfase entre nuestra confesión labial de fe espírita y nuestra integración al espíritu del Espiritismo.

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