domingo, 18 de agosto de 2013

Abordaje Médico Espírita de la Deficiencia Visual

Lizabel Gemperli - Médico Espírita en la Práctica
Por: Giovana Campos


¿Cómo entender la falta de visión? Uno de los principales sentidos del ser humano, la visión es importante para realizar las actividades más simples de nuestro día a día, pero, ¿cómo quedan aquellos que viven con diferentes grados de deficiencia, pudiendo inclusive, llegar a la absoluta oscuridad? Ese panorama fue bien esbozado por la médica oftalmóloga Lizabel Gimperli, vice-presidente de la Asociación Medico-Espirita del Mato Grosso do Sul que discurre sobre ese tema con ocasión del Mednesp, realizado en la ciudad de Belo Horizonte.

¿Cómo definir y cuáles son los diferentes tipos de deficiencia visual?

La delimitación del grupo denominado deficientes visuales se da por dos escalas oftalmológicas: la agudeza visual y aquello que se ve a determinada distancia en el campo visual, la amplitud de área alcanzada por la visión.

De esta manera, la ceguera puede ser dividida en: 

  • Ceguera legal (1) que es la reducción del 80% o más de la visión normal;
  • Ceguera social (2) en este concepto se incluyen las personas totalmente ciegas, así como aquellas con alguna percepción visual. 
  • Ceguera psicológica (3), según la cual es considerado ciego aquel que nació ciego o perdió su visión hasta los 5 años de edad, de modo que no puede basar sus conceptos en experiencias visuales;
  • Ceguera oftalmológica (4), es aquella que define la deficiencia de la visión según la agudeza visual corregida (grado) del mejor ojo y, y con base en ese criterio, tenemos tres tipos de ceguera: la ceguera total o absoluta, la ceguera práctica y la ceguera económica o profesional.
La ceguera absoluta es la pérdida total de la visión (agudeza visual=0). Este es el concepto popular de ceguera. La ceguera práctica corresponde a la agudeza visual igual al 2%, da para contar los dedos a 1 metro; el individuo solo consigue movilizarse con recursos auxiliares (por ejemplo: bastón). En la ceguera profesional, el individuo tiene agudeza visual igual o menor de 10%; se llama ceguera profesional porque, aunque presenta un residuo de visión, no consigue leer (aprende braille) y no estará en capacidad para desempeñar la mayoría de las profesiones.

Existen individuos cuya faja de agudeza visual se encuentra entre el 10% al 30% y son denominados “deficientes visuales o ambliopes[1]”. Poseen capacidad de ejercer un número mayor de profesiones, pueden aprender a leer con ayudas ópticas y textos ampliados, además de educación especial.

Cuando los individuos, después de realizar correcciones en ambos ojos, presentan agudeza visual entre el 30% y el 40%, se usa la expresión “visión subnormal”.

¿Cuáles son los recursos que el médico-espírita puede ofrecer a las personas con deficiencia visual?

En el trato con el paciente con deficiencia visual, debemos tener mucho tacto, pues la mera posibilidad de la perdida de la visión en personas normales puede causar graves disturbios psicológicos y, en algunos casos, llevarlos al suicidio. Imagínese el estado psicológico de aquellos que están privados de ese sentido tan precioso; muchos se rebelan, se sienten inferiores, rechazados y hasta discriminados por la familia y la sociedad.

El primer paso es estudiar cuidadosamente cada deficiencia a la luz de la ciencia médica. Hoy contamos con numerosos recursos a ofrecer en el campo de la oftalmología, tenemos procedimientos medicinales e incluso la cirugía con laser con altas probabilidades de éxito. Hacer uso de todas las herramientas y recursos ópticos a disposición para cada caso. Ser, en fin, un oftalmólogo estudioso, actualizado y dispuesto a ayudar.

El médico espírita debe tener un bagaje científico sólido, recibir capacitación continua en nuevas técnicas y tecnologías, no solo para ofrecer lo mejor a sus pacientes sino también para mantener el respeto de sus compañeros y nunca ofrecer tratamientos espirituales en sus clínicas o consultorios, dando oportunidad a juicios y críticas (sospechas) de charlatanería.

Nuestra convicción en la sobrevivencia del espíritu y en las implicaciones de la ley de causa y efecto, nos permite, igualmente, orar en silencio y hasta direccionar energías de amor y vibrar por esos pacientes (pases), durante el atendimiento. Podemos inclusive, encaminar al paciente a una casa espírita, si intuitivamente sentimos la necesidad del paciente y si tenemos posibilidades para ello.

Podemos utilizar como herramienta de confort el hecho de que algunos no han perdido totalmente la visión, resaltando la independencia que tienen aún con baja visión. Debemos siempre conocer los recursos disponibles y los últimos descubrimientos en cada caso, para orientarlos hacia la utilización de lupas y aparatos que amplifican imágenes y letras. Saber poner límites sobre los procedimientos siempre buscando el costo-beneficio para el paciente y, sobretodo, nunca dejar de dar esperanzas al paciente, porque a la velocidad en que los descubrimientos científicos caminan, de pronto puede aparecer una solución para su caso.

¿La Doctrina Espírita identifica, en su literatura, posibles causas para la ceguera?

Según el Espiritismo y el conocimiento que nos trae de la ley de causa y efecto y de la justicia divina, podemos decir que ella nos enseña que la ceguera se constituye en una poderosa herramienta de rescate y evolución para que aquellos que la tienen, dependiendo de la forma como cada individuo encara esa expiación o prueba.

Todo lo que se considera “caprichos de la suerte” por los que no creen en la reencarnación, no es más que el efecto de la justicia divina que no  impone castigos arbitrarios, pues quiere que las penas este siempre en correlación con las faltas.

Si por un lado, por bondad Dios colocó un velo sobre nuestros actos pasados, por otro lado nos muestra el camino diciendo: “Quién mata por espada, por espada perecerá”, palabras estas que pueden ser traducidas así: La criatura está siempre sujeta a la ley de causa y efecto.

Por lo tanto, si alguien sufre el tormento de la pérdida de la vista, es que esta fue causa de su caída. Tal vez por su causa alguien haya perdido la vista a causa del exceso de trabajo que le impuso, o de maltrato, o de falta de asistencia, etc.

Es posible que el mismo individuo tomado de arrepentimiento haya escogido esa expiación. Quien haya leído Memorias de un Suicida, recordará que el protagonista cuando fue afectado por la ceguera solo después de mucho años en el plano espiritual, consiguió en una regresión de memoria, recordar una encarnación en la cual el, como alto dignatario de la Iglesia Católica, en la época de la Inquisición, había ordenado la prisión y la destrucción de los ojos de un antiguo desafecto, un rival que supuestamente le había quitado la novia… Y el demora mucho tiempo para prepararse a volver nuevamente ciego, fortaleciéndose en los conocimientos superiores para evitar una nueva caída en el suicidio.

Nada mejor para hablar sobre el aspecto consolador de la reencarnación sin el sentido de la visión que la comunicación del Cura d’Ars (J V Vianney), que se encuentra en el capítulo VIII de El Evangelio según el Espiritismo, cuando fue evocado en una reunión mediúmnica para atender a una joven ciega.

Destaca el renombrado espíritu, que los privados de la vista debían considerarse los bienaventurados de la reencarnación, recordando que el Cristo dijo que conviene más arrancarnos los ojos si ellos eran malos y que más valdría lanzarlos al fuego que ser la causa de nuestra perdición.

Y agrega que: “¡Oh! Sí, ¡qué felices son estos que en su expiación son castigados por la vista! Su ojo no será motivo de escándalo y de caída”.

Con estos conocimientos doctrinarios, muchas veces nos dejamos convencer de que todo lo que nos ocurre es consecuencia de algo que hicimos en otra encarnación, sin embargo, me gustaría recordar que no toda ceguera es causa y efecto, citando el pasaje del Evangelio de Juan 9:2 que cuenta lo siguiente: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Además de ser una prueba incontestable de que los discípulos de Jesús creían en la reencarnación, la respuesta de Jesús nos lleva a pensar: si el sufrimiento de ese ciego no es el pago de un débito, propio o ajeno, ¿Qué es entonces? Prestemos bastante atención a la respuesta de Jesús: “eso aconteció para que él se revelen las obras de Dios”.

¿Ustedes creen que Dios habría hecho que ese hombre naciera ciego y lo habría dejado en esa ceguera, quizás por unos 40 años, para que, en el momento dado, Jesús tuviera la ocasión de realizar uno de sus milagros de cura?

Si aceptamos esa explicación estaríamos reduciendo a Dios a una especie de tirano que se divierte con los dolores de sus súbditos. En verdad, Jesús declaró categóricamente que ese sufrimiento tenía una función positiva, acumular un crédito, tal como en el pasaje del Antiguo Testamento sobre el sufrimiento de Job. Cuando sus amigos, aunque pesarosos por sus dolores, lo consideran culpable, pues habían aprendido en la ley que tantas desgracias solo acontecían al pecador, ya que Dios no castiga a inocentes. A estas alturas, según el Antiguo Testamento, interviene el mismo Dios y rebate con palabras vehementes los argumentos de los pretensiosos exegetas del misterio del dolor: “¡Insensatos! ¿Qué estáis ahí vosotros adulterando con palabras tontas la sabiduría de mis planes?”. Dios declara que su siervo Job no sufre para pagar ninguna deuda negativa, de tiempos pasados, sino para acumular crédito positivo y glorias futuras.

Bioplasticidad cerebral. ¿Qué es, y como la misma ayuda a entender aspectos materiales del espíritu?

En fin, bajo prueba o expiación, Dios no nos deja nunca sin recursos para enfrentar la adversidad y la medicina hoy viene a comprobar eso a través de los descubrimientos científicos en el campo de la neurofisiología y de la neurolingüística, mostrándonos como el cerebro trabaja para compensar las deficiencias de los órganos de los sentidos y a eso le llamamos Bioplasticidad Cerebral. La plasticidad cerebral hace que, ante la falta de un sentido, los otros sentidos se agudizan.

Cuando el cerebro encuentra estímulos sensoriales, como el aroma del café de la mañana o el sonido de la bocina de un coche, esos estímulos son enviados hacia la región adecuada del cerebro para su análisis. El aroma de café va hacia el córtex olfativo, mientras que el sonido va hacia el córtex auditivo. Esa división del trabajo sugiere que la estructura del cerebro sigue un determinado modelo genético.

Sin embargo, hay pruebas de que las regiones del cerebro pueden asumir funciones que no estaban genéticamente destinadas a ejecutar. Un estudio realizado en 1996, con personas que quedaron ciegas al inicio de su vida, los neurocientificos mostraron que el córtex visual podía participar de una función no visual: la lectura en braille.

Recientemente, en estudio de neurocientificos del MIT (Harvard) muestra que en ciegos congénitos, partes del córtex visual son reclutadas para el procesamiento del lenguaje. El descubrimiento sugiere que el córtex visual puede cambiar radicalmente su función y ayudar al procesamiento visual del lenguaje, y también aparece para derrumbar la idea de que el procesamiento del lenguaje solo puede ocurrir en regiones cerebrales altamente especializadas, que son genéticamente programadas para tareas del lenguaje.

En su charla fueron citados los ejemplos de vida de los extranjeros Vincent Humbert y Jacques Luysseran, en la compresión de las deficiencias visuales. ¿Cuáles fueron las lecciones por las que ellos pasaron?


En mi opinión, la ceguera es una de las más complicadas y difíciles pruebas (o expiaciones) a enfrentar en una vida y la forma de lidiar con la ceguera difiere de persona a persona y, lógicamente, del grado de aprovechamiento de la prueba, así como la evolución adquirida con la misma.

Las dos historias que cité en el Mednesp se refieren a las diferentes maneras de enfrentar la prueba de la ceguera, ambas acontecidas en Francia.

Vincent Humbert, un joven bombero voluntario de 20 años, sufrió un grave accidente automovilístico en una carretera francesa el 24 de septiembre del 2000. Él queda en coma por nueve meses. Posteriormente se constató que había quedado cuadripléjico, ciego y mudo. El único movimiento que aún mantenía era una leve presión con el pulgar derecho.

Con esos movimientos, se consigue comunicar con su madre. La comunicación enseñada por profesionales de la salud del hospital, era hecha con una persona deletreando el alfabeto y el presionaba con el pulgar cuando quería utilizar esa letra. De esa manera conseguía armar las palabras.

Desde que consiguió hacerse entender, solicitaba que los médicos le practicasen la eutanasia, como forma de terminar con el sufrimiento que estaba pasando, pues el mismo, según su testimonio, era insoportable. Los médicos se rehusaron a practicarla, pues en Francia la eutanasia es ilegal.

Él hizo innumerables solicitudes, incluso hasta al mismo presidente francés, a través de una carta, en el sentido de hacer una excepción legal para su caso. El argumento era que si el presidente tenía la prerrogativa de indultar prisioneros, simétricamente, podría eximir de culpa a quien lo matase por compasión. Él también solicitó a su madre que hiciese el procedimiento.

Vincent escribe un libro, de 188 páginas, intitulado “Os pido el derecho a morir” (Je vous demande le droit de mourir) lanzado por la editora Michel Lafon, el 25 de septiembre de 2003. En ese libro, argumenta sobre su pedido y termina diciendo: “Mi madre me dio la vida, espero ahora de ella que me ofrezca la muerte. (…) No la juzguen. Lo que ella hace por mí es ciertamente la más bella prueba de amor del mundo”.

El día 26 de septiembre de 2003, la madre, Marie Umbert, de 48 años, cede a los pedidos del hijo y práctica la eutanasia, inyectándole una alta dosis de barbitúrico por la sonda nasogástrica. Vincent entra en coma y muere tres días después. Este caso está siendo muy discutido por la justicia francesa. Sin embargo, para nosotros, espíritas, con certeza este es un caso más de agravamiento de compromiso con la ley de causa y efecto.

Pasemos ahora con la interesante historia del francés Jacques Lusseyran, quien nace en París en 1924, y a los ocho años de edad pierde la vista en un accidente en la escuela. Sus padres resuelven mantenerlo en la escuela regular en vez de mandarlo a una institución para ciegos. En seis semanas aprende a leer en braille y es aceptado con reservas en la escuela regular, sin embargo todo sale tan bien que al final del año lectivo, le es concedido el primer lugar de la clase.

El joven Lusseyran fue un estudiante muy talentoso y se sentía especialmente atraído por la literatura y la filosofía, sin embargo creía que la materia más importante, el hecho de que el mundo no existe solo fuera de nosotros, sino también dentro, faltaba enteramente en la clase.

En la primavera de 1941, durante la ocupación de París por los nazis, Lusseyran forma parte del grupo de la resistencia llamado Los Voluntarios de la Libertad y editan un periódico, El Tigre.

En esa época, el más viejo del grupo tenía 21 años y Lusseyran, a los 17 años, se convierte en administrador del grupo, cuya tarea principal era entrevistar candidatos potenciales porque el poseía lo que sus compañeros llamaban “sentido común para los humanos”: él podía “ver”, en parte, por medio de la voz de la persona, en quien se podía confiar y quien resultaría un traidor.

En 1943, el grupo tenía 600 miembros y se une a la Defensa, uno de los cinco grandes grupos de la Resistencia Francesa, y Lusseyran se convierte en miembro del comité ejecutivo.

El 20 de junio de 1943, es detenido por  agentes de la Gestapo. Él y otros miembros de su grupo son traicionados por el único hombre que él había contratado con desconfianza, pero prudente y suprimido. (Resalto aquí la importancia de seguir la primera intuición). En fin, él es enviado al campo de concentración de Buchenwald y liberado por el ejército americano, en abril de 1945. De los dos mil franceses del campo, él estaba entre los 30 sobrevivientes.

Terminada la guerra, trabaja como profesor en Francia, donde, a pesar de haber completado con excelencia su formación en Filosofía y Letras,  en la Sorbona, encontró mucha resistencia para vencer una preconceptuosa ley, instituida por el gobierno de Vichy, que prohibía el ingreso de “inválidos” en cargos públicos.

Se muda para los Estados Unidos, donde se torna catedrático en una Universidad de Cleveland. Muere a los 47 años en un accidente automovilístico, dejando en su libro, La Ceguera - Una Nueva Visión para el Mundo, relatos que no son solo experiencias de un hombre en relación a la ceguera, sino que hablan respecto a cuestiones de interés universal.

Hoy, cuando el mundo sensorio es la única realidad que predomina, y los sentidos físicos son extremadamente valorizados, con la humanidad buscando captar la vida, el conocimiento y hasta el amor por medio de los cinco sentidos, el hecho de ser deficiente visual debe significar una dura prueba, levantando obstáculos a la capacidad de gozar la vida. Sin embargo, ese hombre no se deja abatir y nos da un testimonio de que hay muchas maneras de percibir el mundo y que la ceguera física nos puede llevar a otro grado de percepción del mundo.

En su libro, hace reflexiones y constataciones, sobre el sentido de la vista, que pueden abrir los horizontes y, porque no decirlo, a los ojos de todos nosotros, privados o no de la capacidad de percibir.

Ciertamente, el aceptó la advertencia de los filósofos, que dice: “Cuidado con la ilusión de los sentidos” y particularizando, “Cuidado con la ilusión de los ojos”. Aquí no es la visión quien está siendo acusada, sino el uso que se está haciendo de ella.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • BANDUCCI, Luiza. El reajuste social del ciego. Trabajo (Conclusión del Curso) - IAPC, São Paulo, 1951.
  • BRASIL. Secretaria Salud del Estado. Instituto de Salud, Servicio de Oftalmología Sanitaria. La prevención de la ceguera. São Paulo, 1973. p. 6-9.
  • HUMBERT, Vincent Je vous demande le droit de mourir. Ed. Michel Lafon, 2003.
  • LUSSEYRAN, J. - Ceguera, una nueva visión delo mundo y del ciego en la sociedad. Ed. Associación Benefíciense Tobías, São Paulo, 1ª edición - 1983
  • PEREIRA, Yvonne A. Memorias de un suicida. Editora FEB, 1954 
  • Lizabel Gemperli es médica oftalmóloga y vicepresidente de la AME-Mato Grosso do Sul. Esta palestra está disponible en DVD que puede ser adquirido en el sitio www.amebrasil.org.br
  
Tomado de la revista: "Salud y Espiritualidad", abril/mayo/junio de 2012
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta – Colombia
Agosto 18 de 2013


[1] Ambliopía: Disminución de la agudeza visual en un ojo sin que existan alteraciones orgánicas o patológicas que lo justifique. Nota del traductor.

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