sábado, 23 de enero de 2021

MUCHO SE PEDIRÁ A QUIEN MUCHO RECIBIÓ

 


“Aquel servidor que supo de la voluntad de su señor y que, sin embargo, no estuvo listo y no hizo lo que quería su señor, será rudamente castigado. Pero el que no supo de su voluntad e hizo cosas dignas de castigo, recibirá una pena menor. Mucho se pedirá a aquel a quien mucho se haya dado, y mayores cuentas se pedirán a aquel a quien se hayan confiado más cosas.” (San Lucas, 12:47 y 48).


“Vine a este mundo para cumplir con un juicio; a fin de que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos”. Algunos fariseos que estaban con Él, al oír esas palabras le dijeron: “¿Acaso también nosotros somos ciegos?” Jesús les respondió: “Si fuerais ciegos, no tendríais pecados; pero ahora, como decís que veis, vuestro pecado permanece en vosotros”. (San Juan, 9:39 a 41).


Estas máximas encuentran su aplicación, de modo especial, en la enseñanza de los Espíritus. Quien conoce los preceptos de Cristo y no los practica, por cierto, es culpable. No obstante, aparte de que el Evangelio que contiene esos preceptos está difundido exclusivamente en el ámbito de las sectas cristianas, incluso dentro de esas mismas sectas, ¡cuántas personas hay que no lo leen, y entre las que lo leen, cuántas hay que no lo comprenden! De ahí resulta que las palabras de Jesús son desaprovechadas por la mayoría de los hombres.


La enseñanza de los Espíritus, que reproduce esas máximas bajo diferentes aspectos, que las desarrolla y las comenta con el fin de ponerlas al alcance de todos, tiene la particularidad de que no está circunscripta. Todos, sean letrados o iletrados, creyentes o incrédulos, cristianos o no, pueden recibirla, puesto que los Espíritus se comunican en todas partes. Ninguno de los que reciben esa enseñanza, directamente o por intermedio de otros, puede alegar desconocimiento, como tampoco puede excusarse con su falta de instrucción, ni con la oscuridad del sentido alegórico de esas máximas. Aquel, pues, que no saca provecho de ellas para mejorar, que las admira como a cosas interesantes y curiosas, sin que penetren en su corazón, que no se vuelve menos vano, ni menos orgulloso, ni menos egoísta, ni menos apegado a los bienes materiales, ni mejor para con su prójimo, es mucho más culpable, porque cuenta con más elementos para conocer la verdad.

 

Los médiums que obtienen buenas comunicaciones son aún más reprensibles si persisten en el mal, porque muchas veces redactan su propia condena y porque, si no los cegara el orgullo, reconocerían que los Espíritus se dirigen a ellos mismos. No obstante, en vez de tomar para sí las lecciones que escriben, o que otros escriben, su única preocupación es aplicarlas a las demás personas, con lo que confirman estas palabras de Jesús: “Veis una paja en el ojo de vuestro hermano, y no veis la viga que está en el vuestro”.

 

Mediante este otro precepto: “Si fueseis ciegos no tendríais pecados”, Jesús da a entender que la culpabilidad es proporcional a las luces que la persona posee. Ahora bien, los fariseos, que tenían la pretensión de ser, como en efecto lo eran, el sector más ilustrado de la nación, eran más reprensibles a los ojos de Dios que el pueblo ignorante. Lo mismo sucede en la actualidad.

 

A los espíritas, pues, se les pedirá mucho, porque han recibido mucho; como también se dará mucho a los que hayan asimilado las enseñanzas.

 

El primer pensamiento del espírita sincero debe ser el de intentar saber si, en los consejos que dan los Espíritus, hay algo que le concierne.

 

El espiritismo viene a multiplicar el número de los llamados. A través de la fe que infunde, también multiplicará el número de los escogidos.


Tomado de "El Evangelio según el Espiritismo".
Capítulo XVIII, Muchos son los llamados, pocos los escogidos.

domingo, 13 de diciembre de 2020

SE RECONOCE AL CRISTIANO POR SUS OBRAS


No todos los que me dicen: ‘¡Señor! ¡Señor!’, entrarán en el reino de los Cielos, sino sólo los que hacen la voluntad de mi Padre que está en los Cielos.”

Escuchad estas palabras del Maestro, todos vosotros, los que rechazáis la doctrina espírita como una obra del demonio. Abrid vuestros oídos; el momento de escuchar ha llegado.

¿Bastará con que uséis la librea del Señor para ser sus fieles servidores? ¿Bastará con que alguien diga: “Soy cristiano”, para que sirva a Cristo? Buscad a los verdaderos cristianos y los reconoceréis por sus obras. “Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo puede dar frutos buenos.” “Todo árbol que no da buenos frutos es cortado y arrojado al fuego.” Esas son las palabras del Maestro. Discípulos de Cristo, comprendedlas correctamente. ¿Cuáles son los frutos que debe dar el árbol del cristianismo, árbol vigoroso, cuyo espeso follaje cubre con su sombra una parte del mundo, pero que no ha abrigado aún a todos los que deben reunirse alrededor suyo? Los frutos del árbol de la vida son frutos de vida, de esperanza y de fe. El cristianismo, tal como lo ha hecho desde muchos siglos atrás, sigue predicando esas divinas virtudes, y procura esparcir sus frutos. Con todo, ¡cuán pocos los recogen! El árbol es siempre bueno, pero los jardineros son ineficaces. Han querido adaptarlo a sus ideas, han querido modelarlo según sus necesidades; lo han tallado, reducido y mutilado; sus ramas estériles no dan frutos malos, pero ya no producen. El viajero sediento, que se detiene bajo su sombra en busca del fruto de la esperanza que le devuelva la fuerza y el valor, sólo observa ramas secas que anuncian la tempestad. En vano solicita el fruto de vida al árbol de la vida: debilitadas, las hojas caen. La mano del hombre las ha maltratado tanto, que las quemó.


¡Abrid, pues, vuestros oídos y vuestros corazones, queridos míos! Cultivad ese árbol de vida, cuyos frutos confieren la vida eterna. Aquel que lo ha plantado os invita a tratarlo con amor, de modo que lleguéis a verlo dando frutos divinos en abundancia. Conservadlo tal como Cristo os lo entregó: no lo mutiléis. Él quiere que su sombra inmensa se extienda por todo el universo: no recortéis sus ramas. Sus frutos bienhechores caen abundantes para alimentar al viajero sediento que intenta llegar a destino. No recojáis esos frutos para almacenarlos y dejar que se pudran, para que no le sirvan a nadie. “Muchos son los llamados y pocos los escogidos.” Eso se debe a que hay monopolizadores del pan de la vida, así como los hay del pan material. No os incluyáis entre ellos. El árbol que da frutos buenos debe distribuirlos a todos. Id, pues, en busca de los que están hambrientos; ubicadlos bajo la copa del árbol y compartid con ellos el abrigo que os ofrece. “No se cosechan uvas de los espinos.” Así pues, amigos míos, alejaos de los que os llaman para mostraros los abrojos del camino. Seguid, en cambio, a los que os conducen a la sombra del árbol de la vida.

El divino Salvador, el justo por excelencia lo ha dicho, y sus palabras no pasarán: “No todos los que me dicen: ‘¡Señor! ¡Señor!’, entrarán en el reino de los Cielos, sino solamente aquellos que hacen la voluntad de mi Padre, que está en los Cielos”.

¡Que el Señor de bendiciones os bendiga; que el Dios de luz os ilumine; que el árbol de la vida os brinde sus frutos con abundancia! Creed y orad. (Simeón. Burdeos, 1863.)


Tomado de "El Evangelio según el Espiritismo"
 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

CARIDAD PARA CON LOS CRIMINALES

 


Imagen de referencia.
 

La verdadera caridad es una de las más sublimes enseñanzas que Dios ha impartido al mundo. Entre los verdaderos discípulos de su doctrina debe existir una fraternidad absoluta. Debéis amar a los desdichados, a los criminales, como criaturas de Dios a las cuales se les concederá el perdón y la misericordia si se arrepienten, al igual que se os concederá a vosotros mismos por las faltas que cometéis contra su ley. Pensad que vosotros sois más reprensibles, más culpables que aquellos a quienes rehusáis el perdón y la conmiseración, puesto que muchas veces ellos no conocen a Dios como vosotros lo conocéis, y por eso se les pedirá menos que a vosotros.

 

No juzguéis, ¡oh!, no juzguéis de ningún modo, queridos amigos, porque el juicio que vosotros pronunciéis os será aplicado aún con mayor severidad, y tenéis necesidad de indulgencia por los pecados que cometéis sin cesar. ¿No sabéis que hay muchas acciones que son crímenes delante del Dios de pureza, y a las que el mundo ni siquiera considera como faltas leves?

 

La verdadera caridad no consiste solamente en la limosna que dais, ni en las palabras de consuelo con que podéis acompañarla. No, no es sólo eso lo que Dios exige de vosotros. La caridad sublime que Jesús enseñó consiste también en la benevolencia que empleéis siempre y en todas las cosas para con vuestro prójimo. Incluso podéis ejercitar esa sublime virtud en relación con seres que no tienen necesidad de vuestras limosnas, pero a quienes las palabras de amor, de consuelo y de estímulo conducirán al Señor.

 

Se acercan los tiempos, os lo repito, en que la gran fraternidad reinará en este globo, y en que los hombres obedecerán la ley de Cristo, la única ley que constituirá el freno y la esperanza, y conducirá a las almas a la morada de los bienaventurados. Amaos, pues, como los hijos de un mismo padre. No hagáis diferencia entre los otros desdichados, porque Dios quiere que todos sean iguales. No despreciéis a nadie. Dios permite que haya entre vosotros grandes criminales, a fin de que os sirvan de enseñanza.

 

Muy pronto, cuando los hombres sean inducidos a respetar las verdaderas leyes de Dios, ya no habrá necesidad de esas enseñanzas, y todos los Espíritus impuros y rebeldes serán expulsados hacia mundos inferiores, en armonía con sus inclinaciones.

 

Debéis a aquellos de quienes hablo el socorro de vuestras oraciones: en eso consiste la verdadera caridad. Nunca digáis de un criminal: “Es un miserable. Hay que eliminarlo de la Tierra. La muerte que se le impone es demasiado benigna para un ser de esa calaña”. No, no es así como debéis hablar.

 

Contemplad a Jesús, vuestro modelo. ¿Qué diría Él si viese a ese desdichado a su lado? Se compadecería de él. Lo consideraría como un enfermo digno de lástima. Le tendería la mano. Realmente, vosotros no podéis hacer lo mismo que Jesús, pero al menos podéis rogar por ese criminal y asistir a su Espíritu durante los pocos instantes que aún deba pasar en la Tierra. El arrepentimiento puede conmover su corazón, si rogáis con fe. Es vuestro prójimo, al igual que el mejor de los hombres. Su alma descarriada y rebelde fue creada, como la vuestra, para perfeccionarse. Así pues, ayudadlo a salir del cenagal, y orad por él. (Elizabeth de Francia. El Havre, 1862.)


Tomado de "El Evangelio según el Espiritismo"

Capítulo XI - Amar al prójimo como a sí mismo.


jueves, 22 de octubre de 2020

LA CÓLERA

 

Imagen de referencia

El orgullo os conduce a creeros más de lo que sois, a no soportar una comparación que pueda rebajaros; a que os consideréis, por el contrario, de tal modo por encima de vuestros hermanos, sea en cuanto a la inteligencia o en la posición social, o incluso en lo que atañe a ventajas personales, que el menor paralelo os irrita y os disgusta. ¿Qué sucede entonces? Os entregáis a la cólera.

 

Buscad el origen de esos accesos de demencia pasajera que os asemejan al bruto, y os hacen perder la sangre fría y la razón. Buscad, y casi siempre encontraréis en la base el orgullo herido. ¿Acaso no es el orgullo, herido por una contradicción, el que os hace invalidar las observaciones justas, y rechazar, encolerizados, los más sabios consejos? Aun la impaciencia, que tiene origen en contrariedades a menudo triviales, es consecuencia de la importancia que cada uno atribuye a su personalidad, ante la cual considera que todos deben inclinarse.

 

En su frenesí, el hombre encolerizado se enoja con todo: con la naturaleza bruta, con los objetos inanimados, a los cuales rompe porque no lo obedecen. ¡Ah! ¡Si en esos momentos pudiera observarse fríamente, se horrorizaría de sí mismo, se vería muy ridículo! Con esto puede evaluar la impresión que produce en los demás. Aunque no fuese más que por respeto a sí mismo, debería esforzarse por vencer una inclinación que lo hace objeto de piedad.

 

Si pensara que la cólera no remedia nada, que perjudica su salud e incluso compromete su vida, reconocería que él mismo es la primera víctima de ella. No obstante, sobre todo, otra consideración debería detenerlo: la de pensar que hace desdichados a todos los que lo rodean. Si tiene corazón, ¿no será un motivo de remordimiento para él hacer sufrir a los seres que más ama? ¡Y qué pena mortal si, en un arrebato de furia, cometiese un acto que tuviera que reprocharse el resto de su vida!

 

En suma, la cólera no excluye ciertas cualidades del corazón, pero impide hacer mucho bien y puede contribuir a que se haga mucho mal. Esto debe bastar para inducir al hombre a que se esfuerce en dominarla. El espírita, además, es instigado por otro motivo: la cólera es contraria a la caridad y a la humildad cristianas. (Un Espíritu protector. Burdeos, 1863.)


Tomado de "El Evangelio según el Espiritismo", cap. IX - Bienaventurados los Mansos y pacíficos.

lunes, 12 de octubre de 2020

VEN A CONTEMPLAR LO INVISIBLE

 

Victor Hugo, imagen tomada de la Web: https://www.aboutespanol.com/victor-hugo-un-resumen-de-su-vida-y-obra-2174619


       Uno de los escritores y poetas más célebres de Francia, Víctor Hugo, no tenía dudas: los espíritus no solo existían, sino que ejercían sobre nosotros una notable influencia.

 

Sustituir el examen por el menosprecio es fácil, pero poco científico. El deber elemental de la ciencia es verificar todos los fenómenos, pues la ciencia, si los ignora, no tiene el derecho de reírse de ellos.

 

Ya en 1853, el escritor asistiría a los prodigios de las mesas parlantes en reuniones promovidas por la Sra. Girardin en Jersey, pequeña isla situada entre Inglaterra y Francia. Periodista y escritora de romances y comedias, esposa del político y fundador del periódico La Presse, Émile de Girardin, la anfitriona dirigía las reuniones más concurridas y, al mismo tiempo, privadas de la época.

 

Balzac, amigo de Víctor Hugo, llegó a testimoniar algunos diálogos improbables a través de las mesas mágicas de la joven señora. En los encuentros, visitantes tan célebres como muertos trababan largos diálogos con los perplejos invitados.

 

En la lista de interlocutores notables se destacaban Dante, Moliere, Rousseau, Sócrates, Esquilo, Shakespeare y Maquiavelo. Galileo Galilei y Juana de Arco, dos víctimas del Santo Oficio, también se manifestaban con frecuencia, para deleite de Víctor Hugo, adversario férreo de los dogmas de la Iglesia. “Pensar es dudar”, repetía él, mientras soñaba con una religión capaz de aceptar y unir fieles de diferentes creencias.

 

El 19 de septiembre de 1854, un espíritu que se denominó Muerte convidó al futuro escritor de Los Miserables a dar una nueva dimensión a su obra y a su vida:

 

Ven a abordar lo inabordable, ven a contemplar lo invisible, ven a hallar lo improbable, ven a franquear lo infranqueable, ven a justificar lo injustificable, ven a realizar lo irreal, ven a probar lo improbable.

 

En el poema A Villequear, el escritor da su testimonio de fe:

 

Yo digo que la tumba que sobre los muertos se cierra

Abre el firmamento

Y aquello que aquí abajo creemos es el fin

Es el comienzo.

 

Y en carta a la Sra. Girardin, enviada el 4 de enero de 1855, agradeció por la revelación de tantos “horizontes misteriosos”:

 

Las mesas nos dicen, en efecto, cosas sorprendentes. Como desearía conversar con usted, besarle las manos, los pies, las alas…

 

Para los escépticos, tanto entusiasmo tenía una triste explicación: la muerte de la hija de Víctor Hugo, Leopoldina y de su marido en un naufragio en el Rio Sena. El espíritu de la joven había sido el primero en manifestarse cuando la señora Gerardin apoyó una pequeña mesa de madera sobre una mesa más grande en la sala de estar y pasó a intermediar los diálogos telegráficos con lo invisible:

 

-      ¿Quién es?

-      Hija.

-      ¿En qué pensó?

-      Muerta.

 

Víctor Hugo entró en la conversación:

 

-      ¿Dónde estás?

-      Luz.

-      ¿Qué se debe hacer para ir a ti?

-      Amar.

 

En París, sin la presencia de la Sra. Gerardin, el escritor y su mujer usaban sus muebles para establecer contacto con el otro mundo. En una noche de tedio, recurrieron a una mesa pata de gallo en busca de respuestas del más allá para la siguiente cuestión metafísica: ¿Cuál es la función del hombre en la Tierra?

 

Después de un tiempo, la mesa comenzó a temblar, hasta dar cinco golpes: letra E. después fueron cuatro golpes más – letra D – y, enseguida, otras cinco, una nueva E.

 

EDE.

 

Después de una breve pausa, la mesa telegrafió las letras I, O, R, A – y se detuvo. A palabra formada por los golpes no tenía el menor sentido: EDEIORA.

 

Preguntó entonces la señora Víctor Hugo:

 

-      ¿Es esta la respuesta a la pregunta?

-      Si.

-      ¿No se trata de una palabra francesa?

-      No.

-      ¿Es una palabra latina?

-      No.

-      ¿Son varias palabras latinas?

-      Si.

 

Con la ayuda de dos comas, el misterio fue descifrado: EDE, I, ORA. En buen latín: coma, camine, ore. La fórmula de la vida y del papel del hombre en la Tierra, según el visitante del más allá.

 

A los amigos que insistían en dudar   de sus relatos y a los sabios que despreciaban los fenómenos, Víctor Hugo alertaba:

 

Si abandonáis los hechos, tened cuidado. Los charlatanes allí se alojarán, y los imbéciles también. No hay término medio: o ciencia o ignorancia. Abandonar los fenómenos a la credulidad es traicionar la razón humana.

 


Tomado del libro "Allan Kardec, la biografia" de Marcel Souto Maior
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

sábado, 19 de septiembre de 2020

SOBRE LA EXISTENCIA DE COLONIAS ESPIRITUALES EN OTROS PAISES DEL GLOBO TERRESTRE

 

Imagen de referencia tomada de la película Nuestro Hogar

Por: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

La Doctrina Espirita nos enseña que la separación del alma y el cuerpo no es dolorosa, respuesta dado por la espiritualidad a Allan Kardec, al preguntar sobre el tema. Complementan dicha respuesta asegurando que, “el cuerpo sufre muchas veces más en el transcurso de la vida que en los instantes de la muerte[1]”. Sobre este mismo punto, el maestro lionés, asegura que “es razonable pensar que cuanto más se halla identificado el Espíritu con la materia tanto más laborioso le será el separarse de ella, mientras que la actividad intelectiva y moral y la elevación de pensamientos operan un principio de desprendimiento, incluso durante la vida del cuerpo, y cuando llega la muerte, la separación es rápida, este es el resultado de los estudios hechos sobre todos los individuos observados en el momento de la muerte. Esas observaciones prueban inclusive, que la afinidad que en algunas personas subsiste entre el alma y el cuerpo es a veces sobremanera penosa, por cuanto el Espíritu puede sentir el horror de la descomposición de la materia. Este caso es excepcional y propio de ciertos géneros de vida y de algunos tipos de muerte. Se presentan en ciertos suicidas[2]”.

 

Acorde a lo anterior, resulta de capital importancia la atención recibida por los Espíritus al momento de la separación del alma y el cuerpo, pues así como para muchos encarnados la ausencia del ser querido genera a nivel emocional sufrimiento y la necesidad de vivir el duelo, para poder asimilar progresivamente la pérdida e irse adaptando a vivir con su ausencia, de igual manera los seres queridos que parten, sienten la ausencia de los que quedaron en la retaguardia y muchas veces, dependiendo del progreso espiritual adquirido, necesitarán del apoyo fraterno de sus guías, protectores y familiares para sobrellevar ese estado de transición.

 

De esta manera, “mientras más materializado sea el periespíritu, más complejo, tardado y sufrido tiende a ser la elevación del patrón vibratorio del Espíritu recién desencarnado. Consecuentemente, más tardía tiende a ser la salida de ese Espíritu de un estado de perturbación espiritual ociosa y contraproducente en una región umbralina en dirección a una región de trabajo efectivo en el bien, como es el caso de las colonias espirituales como Nuestro Hogar, Campo de la Paz, entre otras. Esa etapa es conocida como “socorro o rescate espiritual[3]”. Es precisamente esta la razón por la cual se crearon las colonias o ciudades espirituales.

 

Como resultado de estas elucidaciones, podemos afirmar, que la existencia de estos núcleos fraternos, creados para apoyar en esos momentos de transición a los Espíritus desencarnados, existen en todos los países del globo terrestre.

 

André Luiz a través de la psicografía de Chico Xavier, nos informa en la obra “Los Mensajeros” que, durante la Primera Guerra Mundial, “las colonias espirituales de Europa, mayormente las de nuestro nivel, están sufriendo amargamente para poder atender a las necesidades generales. Ya comenzamos a recibir grandes masas de desencarnados, a consecuencia de los bombardeos. Nuestro Hogar, por la misión que le corresponde, aún no se puede imaginar todo el esfuerzo que el conflicto mundial viene exigiendo de nuestra colaboración en las esferas más bajas. Los Puestos de Socorro de varias colonias, vinculados al nuestro, están sobrecargados de europeos desencarnados violentamente. A los terribles bombardeos en Inglaterra, en Holanda, Bélgica y Francia, se suceden otros de no menor extensión. Después de reiteradas asambleas de nuestros mentores espirituales, se resolvió tomar la providencia de remover, por lo menos, el cincuenta por ciento de los desencarnados en la guerra en curso, para nuestros núcleos americanos[4]”.

 

En otra obra psicográfica de Francisco Cándido Xavier, Cuando se pretende hablar de la vida, el joven Roberto Muszkat, quien desencarnó el 14 de marzo de 1979, nos referencia acerca de una colonia en Israel. En ella, el Espíritu de Roberto Muszkat, presenta 22 mensajes dirigidos a sus padres y familiares; en un mensaje fechado el 16 de noviembre de 1979, relata a su madre “su desligamiento del cuerpo, con la ayuda de su abuelo Moszek Aron, el cual, al pronunciar las palabras “Leshaná Habaá bi - Yerushalayim” (era un adiós, significando: el año que viene en Jerusalén), lo ayudó a tranquilizarse haciéndolo dormir como un niño.

 

Cuando despertó, se vio en un lecho blanco con su abuela Rachel velando por él. Pasado un tiempo, su abuelo Moszek fue a buscarlo, llevándolo al encuentro de otros Espíritus amigos en un recinto dedicado a la oración, en la amplia escuela-hospital. Esos amigos cantaron el himno Shalom Aleichem (himno que da la bienvenida a los ángeles de la paz, cantado el viernes a la noche) y el abuelo, enseguida, lo bendijo. Las lágrimas bañaron su rostro, mientras el abuelo promovía el Seder (reunión festiva en la primera y segunda noche de la Pascua judaica), en cuya reunión tuvo la oportunidad de hacer muchas preguntas”.

 

Dice textualmente en el mensaje el Espíritu Roberto Muszkat: “Vine a saber, entonces, que me hallaba en Erets Israel (Tierra de Israel), o Tierra del Renacimiento, cuya belleza es indescriptible. Allí, en aquella provincia del Espacio Terrestre, se erguía otra ciudad luminosa de los Profetas (...). Con estas indicaciones no quiero decir que estaba en una ciudad privilegiada, porque otras naciones las poseen en las esferas que cercan el Planeta, pero aquel rincón era mi corazón latiendo con miles o millones de otros corazones, consagrados al Padre Único[5]”.

 

Sobre el tema de las colonias espirituales en otros lugares del orbe terrestre, encontramos una referencia en el artículo titulado “Espiritismo sin Espíritus”, en el que Cristina Nunes asegura que, “siendo Brasil un país relativamente joven, en relación con otras regiones del planeta, la existencia de las colonias espirituales es un hecho común en la Tierra. De esta manera, la autora nos remite a la obra mediúmnica de su autoría, Elysium, del benefactor desencarnado Caio Fábio Quinto, en la cual son descritas las características de una morada del mundo invisible ubicada sobre una región del mundo invisible, situada en la región de Campania, en Italia”.

 

Son muy pocas las referencias que existen en torno a las colonias en otros lugares diferentes a Brasil, hay mucho por investigar y aportar en este campo del conocimiento espírita y estamos prestos a recibir de nuestros amables lectores cualquier cita bibliográfica que nos ayude a ampliar el campo de acción de las colonias espirituales en la Tierra.

          

 


[1] Allan Kardec, El Libro de los Espíritus, pregunta 154. Editora Espírita Española 1981.

[2] Nota de Allan Kardec a la pregunta 155ª.

[3] https://ceefasis.jimdofree.com/art%C3%ADculos/los-seis-estad%C3%ADos-de-la-muerte/

[4] André Luiz/Chico Xavier, Los Mensajeros.

[5] http://www.oconsolador.com.br/ano9/443/especial_espanhol.html


martes, 8 de septiembre de 2020

UNA CURACIÓN ESPIRITISTA

 


Artículo tomado de la Revista de Estudios Psicológicos - Enero de 1894

Nuestra querida hermana, la distinguida publicista D.a Eugenia Estopa, nos ha remitido un relato, escrito por el joven Miguel Bianchi, de Algeciras, referente a un caso de obsesión en la persona de la señorita Isabel Sermeño, de la citada localidad, felizmente curado por el procedimiento espiritista.

 

Vamos a extractarlo ya que la abundancia de original nos impide insertar íntegro dicho relato.

 

El día 2 de abril último encontrábase la señorita Sermeño en su gabinete de tocador, cuando sin explicarse la manera de cómo pudo llegar a dicha estancia, halló en el sitio destinado a guardar los peines un objeto extraño, aparentando la forma de un martillo hecho de anea verde. Instantáneamente fue presa de desvanecimiento y atacada de dolor en las clavículas y articulaciones, en términos que no podía hacer el más mínimo movimiento, sin embargo de sentir continua excitación.

 

Imposible ocultar el caso a sus padres, y tal vez creyéndolo éstos arte de brujería, fueron a consultar con una mujer, dedicada según fama a la química cafre (?), la cual principió por reducir a cenizas el objeto misteriosamente encontrado, manifestando luego que se trataba de un maleficio pero que gracias a su intervención la cosa no tendría consecuencias funestas.

 

Durante la noche siguiente acentuáronse los dolores, sintiendo el sujeto irresistible hormigueo en todo su ser y como si un fuego abrasador devorase sus entrañas. Antes de clarear el día llamóse a un facultativo que recetó sin haber conseguido alivio de la enferma, quedando ésta en el lecho presa de atroces sufrimientos que le hacían presagiar próxima muerte.

 

En esta situación pasó algún tiempo, y una noche, en que se hallaba sola creyó oír voces que le decían algo, y si bien nada vio que la indicase la presencia de alguien a su alrededor, entendió perfectamente las siguientes palabras expresadas por una voz suave y deliciosa: Toma paciencia y ten fe en Dios. Casi al mismo tiempo, otra voz le dijo bruscamente; ¡No creas en Dios!

 

Noticioso del caso el joven espiritista Sr. Bianchi, pasó al domicilio de la enferma, y enterado de todos los pormenores, comprendió que se trataba de una obsesión, concibiendo en seguida la idea de intentar su curación por el procedimiento espiritista. Al efecto, y con intervención de la médium mecánica señorita García, obtuviéronse comunicaciones en las cuales se describía la enfermedad, indicándose a la vez los medios conducentes a su alivio y curación. Además pusiéronse de acuerdo con la señorita Estopa, cuyo conocimiento y práctica de la doctrina espiritista eran una garantía de acierto en la aplicación del tratamiento que debía seguirse, y con sólo cinco sesiones, sin medicinas de ninguna especie, operando sobre la enferma únicamente el fluido magnético de la médium, auxiliada por los espíritus desencarnados que asimismo se interesaban porque la curación se realizara, consiguióse el restablecimiento completo de la señorita Isabel Sermeño, llenando de alegría a sus parientes y de gozo a nuestros correligionarios por haber llevado a la práctica una verdadera obra de caridad.

 

Este es el extracto que nos complacemos en publicar, correspondiendo a los deseos de nuestra distinguida hermana señorita doña Eugenia N. Estopa, y porque tiende a la divulgación de una de las más consoladoras fases del Espiritismo.


CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...