sábado, 15 de febrero de 2014

Transitando de la Infancia Espiritual a la Madurez Psicológica




El insigne educador francés León Hipólito Denizard Rivail, reconocido en el medio espírita con el pseudónimo de Allan Kardec, auscultando el pensamiento divino, preguntó al Espíritu de la Verdad acerca de si puede ser eterno el sufrimiento de los Espíritus, a lo que respondieron que Dios “los creó únicamente sencillos e ignorantes, y todos deben progresar en un tiempo más o menos largo, según su voluntad”. Agregando además que, “esta voluntad puede ser más o menos tardía, como hay niños más o menos precoces, pero tarde o temprano se despierta por la irresistible necesidad que experimenta el Espíritu de salir de su inferioridad y de ser feliz”[1].

En concordancia con lo anteriormente citado, la historia de la Humanidad es un compendio de hechos que demuestran ese tránsito del hombre en la búsqueda de la perfección, pasando por fases eminentemente primitivas, donde su comportamiento colinda con la animalidad aún yacente en él; de acuerdo a la enseñanza de los Espíritus, en el mensaje de la autoría de Lázaro acerca de la Ley de Amor enseña que “inicialmente el hombre sólo tiene instintos; más avanzado y corrompido, sólo tiene sensaciones; más instruido y purificado, tiene sentimientos”[2], nos atreveríamos a afirmar que la Humanidad encarnada en la Tierra en este momento transita por los sentimientos, anhelando comprometerse cada vez más con la sublimación del amor. Aunque son muchos los Espíritus que han encarnado en completa sintonía con el amor, dándonos ejemplo de entrega y abnegación por los demás, aún somos muchos los que nos movemos entre la primitividad de los instintos y las compensaciones afectivas derivadas del ejercicio de los sentimientos.

Pero, ¿Qué es lo que realmente impide al hombre dar pasos firmes y seguros en su largo devenir hacia la perfección? ¿Qué lo imposibilita a ser más expresivo en sus sentimientos hacia los demás, prefiriendo muchos veces obnubilar sus sentidos, embriagándose en el cáliz amargo del orgullo que envilece? ¿Cómo identificar nuestras inferioridades morales, sin caer en las justificaciones válidas para nosotros, más inválidas para los demás? Apoyándonos en conceptos expresados por vía mediúmnica a través de diversos espíritus, intentaremos encontrar respuestas a estos interrogantes.

Sin lugar a dudas, nuestro tránsito por las pasiones primitivas representan los obstáculos que algunos cargamos por largas temporadas, olvidándonos que transformando nuestros impulsos inferiores pasamos a manejar con mayor equilibrio nuestras emociones y de esa manera asumimos mayor seguridad para enfrentar el orgullo que a fin de cuentas es la balanza que nos permite medir nuestra permanencia en la infancia psicológica. No en vano Jesús de Nazaret se preocupó en develarnos con sus enseñanzas, el futuro cierto de aquel que reconociéndose inferior trabaja denodadamente por superar sus imperfecciones morales, de ahí la sublimidad de su enseñanza: “Porque el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”[3].

La propuesta espírita de la Reforma Íntima revalúa nuestros viejos paradigmas asociados con los prejuicios religiosos, acercándonos más a la concepción griega del “Conócete a ti Mismo” como muy sensatamente nos recomienda San Agustín en la pregunta 919 del Libro de los Espíritus. Su aplicación nos lleva a comprender, acudiendo a la razón, que la primitividad de los instintos asociados a nuestros actos, forman parte del proceso evolutivo natural a través del cual el ser burila sus instintos, sensaciones, emociones y sentimientos, en la búsqueda del amor real, objetivo fundamental de quien adopta los principios espíritas.

Somos fruto del amor de Dios, poseemos la esencia divina en lo íntimo de nuestro ser y es nuestro deber perseverar en nuestra mejora íntima, entendiendo que la felicidad y la paz interior solo se alcanzan cuando nuestra conciencia, en armonía con el amor de Dios, reconoce en el prójimo al hermano que debe amar como así mismo.  Conforme a la enseñanza de Emmanuel en su obra “Siembra de los Médiums”: “El Universo está gobernado por leyes infalibles. Dad que se os dará, enseñó Jesús. Por lo tanto, solamente somos poseedores de lo que damos. Si aspiras a recibir la simpatía y la abnegación del prójimo comienza a distribuir simpatía y abnegación”.    

Y continúa Emmanuel esclareciendo: “La asimilación de la Doctrina Espírita nos ilustra en cuanto a que es una locura reclamar la santificación compulsiva, mientras que es deber elemental de nuestra parte producir la propia transformación en el sentido del bien, a fin de que seamos para los otros, ya mismo, lo que deseamos que ellos sean para nosotros en el día de mañana”.

Inteligencia y discernimiento son dos herramientas valiosas que Dios ofrece al ser para utilizarlas en sus necesidades evolutivas, llevándolo a identificar la esencia de la vida a través de ideales existenciales que significan para él inmensas posibilidades de alcanzar la plenitud y la felicidad tanto tiempo añorados. No retrasemos el deber impostergable del amor, pues “el amor debe ser siempre el punto de partida de todas las aspiraciones y la etapa final de todos los anhelos humanos”[4].



Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta – Colombia
Febrero de 2014




[1]Pregunta 1.006 de El Libro de los Espíritus. Editora Mensaje Fraternal.
[2] El Evangelio según el Espiritismo, La Ley de Amor (Lázaro, París, 1.862), Editora Mensaje Fraternal.
[3] Mateo 23:12.
[4] Amor, invencible amor, Cap. 1. Juana de Angelis/Divaldo Franco. Ediciones Juana de Angelis, Buenos Aires, 1999.

sábado, 18 de enero de 2014

Respuestas de Divaldo sobre Desencarnaciones Colectivas

Libro: “Divaldo Franco Responde” Editora InteLitera, Págs. 104 y 105)
 Divaldo Pereira Franco

10. No podemos dimensionar el dolor de los familiares, de aquellas personas que sus parientes desencarnaran en esas tragedias. ¿Qué podría usted decirles para confortarlas?


D. F.: Sigmund Freud, el notable padre del psicoanálisis, escribió que la muerte es una laceración de los sentimientos, y el espíritu Joanna de Ángelis me dice que, cuando la muerte nos arrebata a un ser querido, se lleva también la mitad de aquel que queda en la retaguarda. Muchas veces, el desencarnado se recupera con relativa facilidad, pero aquel que queda con la existencia turbada por la ausencia experimenta un dolor incalculable.

Yo les diría que se acordasen de Jesús bajado de la Cruz y del dolor de María contemplando a su hijo inerme, y que se acordasen también que, después de transcurridos tres días, vino la resurrección. Nuestros muertos viven. La nostalgia del cuerpo, de la convivencia, será larga, pero pasados esos días de impacto, pienso que el dolor será más profundo, porque será la espina clavada en los recuerdos, en los sentimientos. Entonces, yo diría como me informó un psiquiatra materialista oportunamente. Me dijo él: “Yo no creo en la inmortalidad del alma. Cuando un paciente viene a mi consultorio y me habla de la perdida de alguien a través de la muerte, yo le pregunto quinto tiempo vivió con el ser querido. Y él me responde: “X años”. “Entonces recuérdelo” – le digo, – “de ese largo período de convivencia con él y no lamente la interrupción, evoque las horas felices y olvide por momentos la hora de la desgracia”.

De ese modo, le diría a esos padres, a esos hijos, a esos afectos, a todos aquellos que están vinculados a los que viajaron hacia el Gran Hogar, que más tarde, en el momento adecuado, cuando a través de la muerte, el fenómeno biológico de cada uno de nosotros se interrumpa, habrá el reencuentro. Que se programen para ese momento feliz, evocando las horas vividas juntos, haciendo todo el bien posible en memoria de ellos, en vez de evocarlos en el momento trágico de la desesperación, recordándose, siempre, de la dichosa convivencia que mantuvieron.

Abrazos,


Jorge Moehlecke


Traducción al español: Oscar R. Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta – Colombia
Enero de 2014
 

viernes, 17 de enero de 2014

Bulimia y Anorexia

   ¿Por qué en la actualidad, hay tantas niños y jóvenes con bulimia y anorexia?


Son reminiscencias de reencarnaciones pasadas. Conversando con Chico Xavier, en el periodo en que la familia de una joven, Ann Quinllan, residente en el Estado de New Jersey, Estados Unidos, consiguió desligar los aparatos que la mantenía en estado vegetativo, hablábamos respecto a la continuidad de la vida orgánica, puesto que se encontraba con muerte cerebral hacia 8 años, sobreviviendo dos años más sin ninguna ayuda artificial. Percibiendo mi extrañeza, el amigo me esclareció: Interrogue a Emmanuel sobre eso, porque a mi también me causó sorpresa la continuidad de la existencia, a lo que él bondadosamente me respondió que ella era una ex-viciosa, desde la existencia anterior y reencarnó trayendo el problema del vicio, que infelizmente no supo vencer, siendo víctima de la sobredosis que la martirizó, ayudándola en el rescate del drama vivido. Muchas veces esas criaturas que traen hoy el trastorno depresivo bipolar, la bulimia y otros fenómenos perturbadores, están conduciendo las herencias del uso indebido de los recursos orgánicos y reencarnan con gran ansiedad, repitiendo las infelices experiencias para superarlas, lo que no consiguen siempre. El trastorno se presenta como una verdadera compulsión, exigiendo de los padres y educadores altas dosis de amor y cuidados terapéuticos para su recuperación.

Piense en eso,


Posteado por marcobuffa-Espiritismo.

Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia
Enero de 2014

CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...