OBSESIÓN
La obsesión es casi siempre un acto de venganza de un Espíritu, teniendo en la mayoría de las veces origen en la relación que el obsesado tuvo con él, en una existencia anterior. Es también el resultado de una imperfección moral que lo torna presa de un Espíritu afín.
Allan Kardec, La Génesis – Herculano
Pires.
Entre los males que afligen
a la humanidad la peor de ellas es la obsesión. Se infiltra insidiosamente en
los hogares, o donde quiera que el hombre ejerza sus actividades. Peor que la
lepra y que el cáncer, porque es invisible; peor aún porque pocos creen en él y
saben diagnosticarlo. Y así, actúa libremente en el ambiente terreno, desde el
barrio marginal inmundo hasta el palacio privilegiado.
Veamos cómo actúa.
Habitando la Costra
Terrestre viven dos humanidades, la encarnada y la desencarnada. La humanidad
desencarnada presiona a la humanidad encarnada y viceversa. Y de esa presión
recíproca se originan sufrimientos inimaginables: obsesiones, enfermedades mentales,
molestias no diagnosticables por la medicina actual y los más variados
desastres.
La ciencia que explora con
valentía la intrincada maraña de la mente humana es la Psiquiatría. Sin
embargo, sus cultores siguen sirviendo a la materia inerte; aún se aferran a
los viejos aforismos: “El cerebro segrega pensamientos como el hígado segrega la
bilis”, o “Nunca encontré el Espíritu con mis instrumentos quirúrgicos” los
cuales solo manifiestan la ignorancia de quien los admite. Y, sirviendo a la
materia inerte, la Psiquiatría, a través de sus sacerdotes, no proclama, alto y
bien claro, el Espíritu.
Esperemos con paciencia.
De los escombros de la
civilización actual se erguirá una nueva civilización en la cual la Medicina
será esencialmente psiquiátrica, es decir, entraremos en la era de la Medicina
del Espíritu, con los más saludables efectos sobre el cuerpo denso de la materia.
Será entonces incluido en el plan de estudios de la Psiquiatría el estudio de
la mediúmnidad y de las obsesiones, como disciplinas auxiliares, exentas de
preconceptos religiosos o supersticiosos de cualquier especie. Es una tarea
para titanes; y para lograrlo, los titanes vendrán.
Hay en la actualidad dos
corrientes: la espírita y la de la medicina oficial. La primera preconiza:
“todo es Espíritu”, y la segunda proclama: “todo es materia”.
Un dicho latino enseña: “In
medio stat virtus[1]”.
Y otro, portugués, recomienda: “Ni tanto al mar, ni tanto a la Tierra”.
Pues bien, ni todo es
Espíritu, ni todo es materia. Hay obsesiones y hay enfermedades mentales,
enfermedades del cerebro material; lo esencial es saber distinguirlas. Para eso
es imprescindible que ambas partes estudien, se quemen las pestañas, analicen los
casos que se les presenten.
¡Qué lejos quedan los
tiempos en que los espiritistas estudiaban! Estudiar el Espiritismo no es
solamente tener libros mediúmnicos y mensajes. La literatura mediúmnica es
valiosa; sin embargo, es un material subsidiario para el estudio de las obras
básicas.
La Ciencia Espírita requiere
un estudio constante, y asimilación perfecta de: Allan Kardec; Leon Denis;
Gabriel Delanne, Ernesto Bozanno; Camilo Flammarion; William Crooks; H. Dennis
Bradley; Paul Gibier; Robert Dale Owen; Sir Oliver Lodge; Alexandre Aksakof;
Herminio C. Miranda; Gustavo Geley; coronel Albert de Rochas, comandante de la
Escuela Politécnica de París; Charles Richet; Herculano Pires; Dr. Adolfo
Bezerrra de Menezes; Dr. Ignacio Ferreira; Hernani Guimaraes de Andrade, y
muchos otros, hombres de ciencia, de estudios superiores, los cuales estudiaron
y analizaron exhaustivamente los fenómenos espíritas, a cuya tarea consagraron
gran parte de sus vidas, e incluso sacrificaron puestos destacados en sus
carreras profesionales. Leer, estudiar, observar, experimentar, sin
“prejuicios” – eso es todo.
Y por fin transcribo aquí,
“ipsis litteris”, la opinión de Víctor Hugo, en su libro William Shakespeare –
Libro II – Cap. I: “Misión de las ciencias: estudiar y analizarlo todo. Seamos
quienes seamos, todos somos acreedores del estudio; también somos sus deudores.
Se nos debe, y nos lo debemos a nosotros mismos. Evadir un fenómeno, negarle la
atención que merece, descartarlo, desecharlo, darle la espalda con burla, es
traicionar la verdad, permitir que se proteste contra la validez de la ciencia.
Añadamos que abandonar los fenómenos a la credulidad es traicionar la razón
humana”.
La obsesión reviste los más
variados aspectos; pasémosle revista.
I – Obsesión de un encarnado
por un desencarnado: Esta obsesión puede ser causada por dos
motivos: a) venganza; b) vicios.
Venganza: El
Espíritu desencarnado reconoce su verdugo, de este o de otros tiempos,
encarnado. Al no haberlo perdonado, aprovecha su estado de invisibilidad para
vengarse, sirviéndose para eso de todos los medios; perturbando su salud física
y psíquica; intentando destruir su hogar; atacando a sus familiares;
obstaculizándolo financieramente en sus negocios, en su empleo. Y mientras no
exista reconciliación entre los dos, la obsesión no cesará.
Vicios: El
fumador, el alcohólatra y el toxicómano desencarnando con el vicio, procura a
un encarnado con el cual afinizar para satisfacerse.
El vicio es un estado
psicológico mental, de consecuencias funestas no solo para el cuerpo físico
sino también para el cuerpo periespiritual. El vicio está localizado en la
mente del Espíritu y no en el cuerpo físico. Y como sin el cuerpo físico el
Espíritu no puede actuar en la materia, procura a un encarnado por cuyo medio
alimenta el vicio que cultivo cuando vivo.
Es común que al lado del
fumador visible haya fumadores invisibles buscando deleitarse con las bocanadas
expelidas, aún calientes. Pegados al alcohólatra visible, hay otros invisibles
que se deleitan con los aromas del fino whisky o de un modesto aguardiente. Y
junto a los toxicómanos visibles, hay una turba invisible disputando su porción
de la droga.
Por consiguiente, el vicioso
encarnado es siempre un obsesado alimentado el vicio de sus obsesores.
Si la obsesión por venganza
se basa en una represalia, la obsesión por adicción tiene sus raíces en la
debilidad moral del obsesado; por ejemplo:
1° - La persona sufre un
choque emocional o un disgusto. Ante la incapacidad moral de adaptarse a la
nueva situación, recurre al alcohol o las drogas. Cae así, rápidamente, en
manos de los viciosos desencarnados, que difícilmente lo soltarán.
2° - Personas débiles de
carácter, pusilánimes, cobardes, incapaces de enfrentar con ánimo viril
situaciones adversas, refugiándose en el alcohol o las drogas. Los viciosos
desencarnados se apoderan de ellas casi para siempre.
3° - Los ambientes sociales
de vida frívola, donde prevalecen los placeres, las diversiones, la ociosidad,
la disipación, la imitación, las malas compañías, todo eso constituye un campo
fértil donde los viciosos desencarnados con mayor facilidad cazan a sus
parceros encarnados.
Los desencarnados viciosos
raramente crean sus víctimas; simplemente aprovechan las oportunidades que los
mismos encarnados les ofrecen con su flaqueza moral.
Sería inútil describirles el
ambiente psíquico del hogar de un vicioso, el cual pasa a ser asilo de
Espíritus viciosos desencarnados.
II – Obsesión de un desencarnado
por un encarnado: Cuando cae la noche, invitando a los
vivientes al reposo, el Espíritu sale de su prisión de la carne y se dirige a
la patria verdadera, la patria espiritual. Sin embargo, no todos alcanzan las
regiones luminosas. La mayoría, aferrada a sus intereses mezquinos, no
atraviesa la espesa capa psíquica del ambiente terrenal. Es entonces que
Espíritus vengativos encarnados planean vengarse de sus desafectos
desencarnados, y si estos no se elevaron a las fajas vibratorias más
adelantadas a través del perdón y de las buenas acciones, fácilmente los
vengadores los encuentran y los atormentan. Y el despuntar del día los trae de
vuelta a la celda física, y se comportan muy bien. De esto ya les di ejemplo
páginas atrás.
Otros encarnados,
imposibilitados de dar rienda suelta a sus vanidades durante el día, lo hacen
de noche. Les daré un ejemplo:
Recibí una carta, envuelta
en papel afiligranado artísticamente, diciendo del buen gusto del remitente,
bellísima letra femenina, y con palabras llorosas desde la primera hasta la
última línea. Soltera, se juzgaba la mayor de las sufridoras; sus días eran
negros, y el sueño le tyraía alivio; se llamaba Julia.
En una madrugada, estando yo
estudiando en mi biblioteca, libre de mi cuerpo físico, me visitaron mis
superiores espirituales O. F. y D.
- Venimos
a invitarlo a una ligera excursión de estudios, ¿quiere ir? Me acorde la misiva
de Julia.
- Si,
si… ¿Y si comenzamos por una visita a esta hermana? En fracción de segundos
allá estábamos; casa confortable en elegante barrio de … En el salón principal
instalado en una esquina, había un trono igual a esos que se usan en los
reinados de belleza; sentada en la poltrona Julia, desligada del cuerpo, se
mostraba esplendorosa; a su alrededor, catorce muchachos vestidos de etiqueta
le hacían la corte de enamorados, adorándola; ondas de voluptuosidad emanaban
de ellos envolviendo su cuerpo, algo que ella disfrutaba de forma enormemente.
Perplejos,
mirábamos interrogativamente hacia nuestro instructor; ella no nos veía.
- Leí
perfectamente en su aura. Hace algunos años Julia fue elegida reina de belleza
y, como tal, recibió las honras y los premios que merecía. Pasado su efímero
reinado, no se resignó a continuar siendo la modesta profesora que era. Y con
la mente cristalizada en el pasado, construyó esa ideoplastía donde pasa la
noche. Con pensamientos eróticos atrajo a esos pobres mozos, Espíritus
desencarnados en la flor de la edad, subyugándolos y vampirizándolos. Durante el
día percibe que su belleza se desvanece y se desespera; y sus pretendientes que
viven aquí, comparten su dolor. Haré los arreglos necesarios para que sean
llevados a una colonia espiritual…
- ¿Y
Julia? – le pregunte.
- Aconséjele,
recomendándole que procure ser una buena ama de casa y madre de familia, que
aún hay tiempo y que todo se normalizará.
Me desperte. El sol empezaba a teñir el
horizonte. Y, mientras me afeitaba, redactaba mi respuesta a Julia.
III – Obsesión oculta:
Hay una obsesión imperceptible, y por eso muy peligrosa; es la obsesión oculta
a la que Allan Kardec dio el nombre de fascinación.
“La fascinación tiene
consecuencias muchos más graves. Se trata de una ilusión creada directamente
por el Espíritu en el pensamiento del médium y que paraliza de cierta manera su
capacidad de juzgar las comunicaciones. El médium fascinado no se considera
engañado. El Espíritu consigue inspirarle una confianza ciega, impidiéndole ver
la mistificación y de comprender lo absurdo de lo que escribe, incluso cuando salta
a la vista de todos. La ilusión puede llevarlo a considerar sublime el lenguaje
más ridículo. Se engañan los que piensan que este tipo de obsesión solo alcanza
a las personas simples, ignorantes y desprovistas de buen sentido. Incluso los
hombres más astutos, cultos e inteligentes, en cierto sentido, no están libres
de esta ilusión, lo que demuestra que se trata de una aberración producida por
una causa externa, cuya influencia los subyuga.
Dijimos que las
consecuencias de la fascinación son muy graves. En efecto, gracias a esa
ilusión que le es consecuente, el Espíritu dirige a su víctima como se hace con
un ciego, pudiendo llevarlo a aceptar las doctrinas más absurdas y las teorías más
falsas, como las únicas expresiones de la verdad. Además de eso, puede arrastrarlo
a acciones ridículas, comprometedoras y hasta bastante peligrosas.
Y Herculano Pires, continuando
con lo anterior, en una nota a pie de página, nos advierte:
“La fascinación es más
común de lo que se piensa. En el medio espírita ella se manifiesta de manera
astuta a través de una avalancha de libros comprometedores, tanto
psicografiados como sugeridos a escritores vanidosos, o por medio de la
participación de predicadores y dirigentes de instituciones que se consideran
debidamente asistidos para criticar la Doctrina o reformular sus principios”.
“El Libro de
los Médiums” – Trad. Herculano Pires
Infelizmente
no es solo en el medio espírita que la obsesión oculta se manifiesta; es hierba
maligna en todos los ámbitos de las actividades humanas, impulsada por el
orgullo y por la vanidad.
El individuo orgulloso tiene
una alta opinión de sí mismo, un amor propio excesivo. Sus opiniones son
siempre irrefutables, especialmente si detentan alguna autoridad. No analiza
sus pensamientos, no tienen autocritica, no intercambian ideas con ninguno. Entonces,
se tornan presa fácil de Espíritus soberbios, pseudosabios y dominantes que aún
pretenden ejercer el poder que la muerte les arrebató. Y hacen entonces que sus
pupilos se tornen sus instrumentos pasivos.
Ya el individuo vanidoso no
tiene orgullo, puede hasta ser humilde. Lo que lo mueve es el deseo exagerado
de atraer la admiración, los homenajes, con lo que se complace íntimamente. No rehúsa
invitaciones, siempre y cuando le exalten la personalidad, los méritos, las
acciones. Y, siempre hablando de humildad, va aceptando los honores que se le
otorgan. Y los Espíritus vanidosos, al no poder físicamente satisfacer sus
vanidades, transforman a tales individuos en sus agentes.
La obsesión oculta, la
fascinación, es de difícil y casi que de imposible cura. El paciente se siente
bien con ella, y no tolera la intromisión de quien quiere abrirle los ojos.
IV – Auto obsesión:
Sin
embargo, la obsesión no es causada únicamente por los Espíritus. Hay personas
que se obsesan a si mismas, utilizando sus pensamientos: es la auto obsesión.
La auto obsesión se
caracteriza por ideas fijas generadas por la misma persona, que se vuelve
adicta a las creaciones mentales que toman forma en su cerebro, y de las cuales
difícilmente se libera, enredándose en un enredo mental. Siente un placer morboso
en quejarse, en describirlas, en rumiarlas.
Dentro de las ideas fijas
más comunes, citaremos:
a) Las
fobias,
b) Las ideas
fijas.
La fobia es un medio
enfermizo que asume los más variados aspectos; es el horror que ciertas
personas tienen por algo que las amedranta, sin saber explicar el porqué; va
desde el miedo a las cucarachas hasta las cosas más absurdas.
Las ideas fijas también son
las más diversas: manía de persecución, envidias, desconfianzas, avaricia, miedo
a perder todo lo que tiene, enfermedades imaginarias y otros pensamientos que
la persona alimenta para tormento de sus familiares y amigos.
Es de anotar que la auto
obsesión no interfiere en el pensamiento normal del paciente.
Tomado del libro: El Evangelio de las recordaciones
Eliseu Rigonatti
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Santa Marta - Colombia
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