Jesucristo a su paso
por la Tierra, fue la demostración viva del magnetismo personal en su expresión
divina. Su presencia era disputada por todos, las multitudes lo acompañaban
siempre a los lugares que visitaba, animadas de sincera adoración; muchos le
tocaban sus vestidos pues él emanaba una irradiación del más puro amor, de ahí,
era posible la cura a muchos enfermos del cuerpo y del alma. Un clima de paz y
de serenidad alcanzaba a cuantos buscaban su compañía. Lucas, en el Cap. 6:19,
de su Evangelio, da testimonio de este hecho cuando comenta: “Toda la multitud
procuraba tocarlo, porque salía de él una virtud que los curaba a todos”.
El hombre podrá
batallar por la eclosión plana de sus potencialidades psíquicas, aprovechando la
experiencia de los investigadores de la Tierra, pero no se debe olvidar de los
ejemplos de Jesús, para alcanzar con armonía y equilibrio su progreso
espiritual.
La razón del
magnetismo irradiado por Jesús se fundamentaba en el amor que dedicaba a sus semejantes
y, también, en las enseñanzas profundas que suministraba a través de su
vivencia, de los consejos saludables y las recomendaciones valiosas, buscando
impulsar a la criatura hacia Dios.
El magnetismo
personal de Jesús hizo que la mujer que sufría de un flujo sanguíneo, hacia
doce años, pensara que con sólo tocar su túnica podría quedar curada.
Ese mismo magnetismo
hizo que el Centurión de Cafarnaúm juzgase que no era necesario que el Cristo
fuera a su casa para curar a su siervo, bastando para ello, una orden a
distancia.
María Magdalena,
impresionada con el magnetismo personal de Jesús, lo buscó, y se transformó en
su más asidua y dedicada seguidora.
Otro personaje que
observó el gran magnetismo emanado por Cristo, aún sin conocerlo personalmente,
fue Pablo de Tarso. Este Apóstol, pregonó a los humildes y a los potentados, a los
plebeyos y a los nobles. Su presencia y la autoridad de sus palabras hicieron
que él se destacase a los ojos de todos, como un gigante en el proceso de
divulgación del cristianismo naciente.
En Allan Kardec
encontramos otro ejemplo del misionero portador de gran magnetismo personal.
Codificando una Doctrina nueva, en tiempo relativamente corto, se tornó en su mayor
divulgador, atrayendo la atención de gran cantidad de personas de los más
variadas estratos sociales.
En el mundo, las
personas que intentan atraer a su semejante deben, sobretodo, saber amar.
Aquel que desea influencia legítima en la
Tierra debe, primeramente, santificarse por influencia de los Cielos.
BIBLIOGRAFÍA
ü PADRE NUESTRO, lección 110 – Emmanuel
ü EVANGELIO DE LUCAS
Tomado del libro Curso de mediúmnidad (primer año), de la Federación Espírita de Sao Paulo.
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia
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