viernes, 12 de mayo de 2017

Estigmas, ¿Quimera o realidad?

Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta – Colombia

El tema de los estigmas representa en el mundo sacro, uno de los misterios más fascinantes para el género humano, a tal punto que la aparición del fenómeno ocasiona en la fe del creyente, la manifestación de Jesús entre los hombres en cumplimiento de la promesa “no os dejaré huérfanos, vendré a vosotros[1]”...

Definido como, la huella impresa sobrenaturalmente en el cuerpo de algunos santos en éxtasis, como símbolo de la participación que sus almas toman en la pasión de Cristo[2], los estigmas recuerdan al mundo cristiano la incredulidad del apóstol Tomás y la posterior aparición de Jesús para mostrarle sus heridas, que a la letra dice así:

“Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron[3].
La lista de estigmatizados es larguísima y en las crónicas de la cristiandad han aparecido numerosos estigmatizados, muchos de los cuales han sido acusados de fraude, fanáticos místicos y hasta de locos; según Michael Freze en su obra The Making of Saints, en la historia de la iglesia existen 321 estigmatizados, de los cuales setenta y dos han sido canonizados.
El primer estigmatizado del que se tiene historia fue María de Oignies, quién fue una beguina y mística, nacida en el seno de una familia noble. Entre las gracias místicas que tuvo María, se encuentran los estigmas, que recibió en 1212, doce años antes que San Francisco de Asís, siendo por tanto el primer caso histórico de estigmas.
En el caso de Francisco de Asís, fue él quien solicitó al mismo Jesús le permitiera que “tus llagas florezcan en mí”, tal como aparece en la obra “Francisco de Asís”, del espíritu Miramez y psicografiado por el médium brasilero Joao Nunes Maia. Asegura el espíritu Miramez en la obra citada, que “multitudes de personas iban a Asís, buscándolo donde estuviese, para ver de cerca las llagas de Cristo, que Francisco ostentaba en las manos, en los pies y en el pecho. Él sufría de dolores por las heridas, como si también hubiesen sido provocadas por los clavos y por la lanza. Aun así, nunca reclamaba, no salía del clima de la alegría ni blasfemaba. Recibía todo aquello como un cántico de Esperanza, que transformaba el dolor en Paz”.
La historia nos habla de otro estigmatizado, el padre capuchino Francisco Forgiane, más conocido como el Padre Pio. Fue un enigma viviente para médicos y especialistas hasta su muerte en 1968. Ingresó a los quince años en un monasterio y hacia el año 1915 sufrió una experiencia que marcó su vida. Tuvo una visión de Cristo mientras se encontraba arrodillado en un banco de la iglesia donde acababa de decir misa. Difícilmente pudo explicar su vivencia: "Sentí como si me fuera a morir... La visión se desvaneció y advertí que mis manos, pies y costado estaban perforados y sangrando profusamente". Intentó ocultar sus heridas, pero fue inútil[4].
Padre Pio. Fotografía tomada de la Web: 
http://forosdelavirgen.org/75559/los-hechos-notables-de-los-estigmas-2014-02-18/ 

Finalizamos nuestra reseña con
Catalina de Ricci, monja italiana quien, durante doce años, 1542-1554, revivió en su cuerpo las llagas del Crucificado y la Pasión del Señor. Aseguran los historiadores, que en Catalina de Ricci se daba una estigmatización completa, pues entre el jueves y el viernes, presentaba las cinco llagas, la corona de espinas, los azotes y el estigma del hombro.
Para los creyentes, los estigmas son un don ofrecido por Dios; para el incrédulo, superchería, fraude y hasta intervención demoníaca; más, para la Doctrina Espírita ¿qué representa este fenómeno en la vida del hombre? En los múltiples casos de estigmatización conocidos, la persona entra en un éxtasis profundo, donde contempla la figura idealizada del Cristo en la cruz, con la posterior aparición en su cuerpo de las heridas ocasionadas a Jesús durante su crucifixión.
Se sabe, por ejemplo, que “un gran número de estigmatizados fue bendecido con otros fenómenos sobrenaturales, incluidos los poderes de profecía, sanación, levitación (efecto por el que el cuerpo se halla estable en el aire), bilocación (estar en dos lugares al mismo tiempo) e inedia (habilidad de abandonar la ingestión de alimentos). Un ejemplo de inedia lo tenemos en Ángela de Foligno (1250-1309) quien estuvo doce años sin comer. Después de muertos se descubrió que los cuerpos de algunos estigmatizados eran incorruptibles ya que no habían entrado en descomposición. Además, la sangre de las heridas estigmáticas de Passitea Crogi (1564-1615), preservada en frascos, vuelve a licuarse en ocasiones[5]”.
Desde la orilla de la ciencia médica, se piensa que las heridas pueden haber sido causadas de modo enteramente natural por la sola acción de la imaginación, aunada a emociones muy vivas y profundas. En una persona profundamente impresionada por los sufrimientos de Jesús y llena de un gran amor por El, esa preocupación actuaría físicamente reproduciendo en la persona las llagas de Cristo. Ello no disminuiría en modo alguno el mérito que esas personas tienen por aceptar la prueba, pero su causa no sería sobrenatural.
Muestra de ello es la experiencia del Dr. Adalf Lechler con una paciente austriaca de nombre Elisabeth. Cuenta el Dr. Lechler que: “Elisabeth no parecía tener inclinaciones viciosas, y poseía un carácter profundamente religioso. Era sumamente neurótica. Pasó por más de una decena de clínicas en tratamiento. Por un tiempo estuvo bajo el cuidado del Dr. Lechler, quien hizo un relato minucioso de los hechos. Para facilitarle la cura y al mismo tiempo estudiar el caso, la aceptó como empleada doméstica. El hecho más importante se da un viernes santo, cuando ella asiste a una película que representa vivamente las escenas de la Pasión de Cristo. Al regresar a la casa, se quejaba de dolores en las manos y en los pies. Como había hecho muchas veces con anterioridad, el Dr. Lechler hipnotizó a la joven, pero esta vez le sugirió que ella, como Cristo, tenía las manos y los pies perforados con clavos. Le hizo esta sugestión repetidas veces y el resultado fue altamente satisfactorio. El documenta el resultado con fotografías donde aparecen claramente las heridas en las manos y en los pies. Posteriormente, por medio de sugestiones repetidas, la transportó a un estado en que las lágrimas de sangre fluían libremente de sus ojos, apareciendo también las señales de la corona de espinos. Sobrevino también una herida en los hombros causada por la sugestión de que cargaba la Cruz[6].
El espiritismo nos ofrece argumentos para entender, desde su enfoque doctrinario, las razones de los fenómenos en estudio. De esta manera, en la respuesta a la pregunta 444 de El Libro de los Espíritus, sobre el grado de confianza que nos merece un extático, nos revela que “El extático podrá engañarse con mucha frecuencia, sobre todo cuando quiere penetrar aquello que debe seguir siendo un misterio para el hombre, porque en tal caso se abandona a sus propias ideas, o bien se convierte en juguete de Espíritus embusteros que aprovechan su entusiasmo para fascinarlo”.

Para el Dr. Gustavo Geley, reconocido médico francés e investigador de los fenómenos de materialización con la médium Eva C., “los fenómenos de estigmatización, de modificaciones tróficas cutáneas por sugestión o autosugestión, no son sino fenómenos elementales de ideoplastía, infinitamente más simples, aunque del mismo orden que los fenómenos de materialización[7]”.

En la obra “Perdón, camino de la felicidad”, del espíritu Aulus y psicografiado por Nelson Moraes, el autor espiritual asegura que, “la gran mayoría de los casos de estigmatización de la pasión de la cruz, donde el encarnado presenta en el cuerpo las cicatrices o las heridas provocadas por los clavos y espinos, usados en la crucifixión, son Espíritus que, de alguna forma, exploraron o cometieron crímenes en nombre de Cristo. Reencarnados, con el subconsciente cargado de un profundo sentimiento de culpa, pasan a autocastigarse, imponiéndose a sí mismo, el sufrimiento de aquel de quien se consideran traidores. Muchas de las personas que sufren o sofrieron, el estigma, fueron o son, consideradas, indebidamente, como paranormales o místicas, tal vez, por no existir una explicación científica para el fenómeno. Muchas veces, envueltos por la ignorancia, por el fanatismo del pueblo y por los Espíritus que se complacen con su sufrimiento, creyéndose misioneros de la redención humana”.

De esta manera, “cuando hay conciencia de culpa – se transfieren de una reencarnación para otra, dando lugar a disturbios psicológicos que aturden o traen infelicidad; o desarticulan los sutiles engranajes del cuerpo periespiritual – el modelo organizador biológico – posibilitando las anomalías congénitas – físicas y psíquicas -, las enfermedades mutiladoras; o se instalan en el ser profundo, favoreciendo con las rudas aflicciones morales, sociales, financieras, en carmas perturbadores que dilaceran con severidad al ser.

Entre tanto, a medida que el ser despierta para su realidad interior, el sufrimiento cambia de expresión y puede convertirse en un instrumento del propio amor, en vez de mantener un carácter reparador, como ocurrió con Jesucristo, Francisco de Asís y otros que, sin ningún débito a resarcir, los aceptaron a fin de enseñar coraje, resignación y valor moral[8]”.





[1] Juan 14:18, Biblia Reina Valera, 1960.
[3] Juan 20:26 – 29, Biblia Reina Valera, 1960.
[4][4] http://mysteryplanet.com.ar/site/estigmas/
[5] http://www.religionenlibertad.com/estigmas-y-estigmatizados-verdad-o-mentira-39938.htm
[6] https://portal2013br.wordpress.com/2015/05/19/os-estigmatizados-fenomeno-psiquicofraude-ou-missao-espiritual-primeira-parte/
[7] Geley Gustavo, Las modificaciones secundarias de la fisiología supranormal, Del Inconsciente al Consciente. Ediciones Cima, pág. 84, 1995
[8] Franco P. Divaldo, Juana de Ángelis. Conciencia y sufrimiento. Autodescubrimiento, Ediciones Juana de Ángelis, Argentina, 1997.

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