lunes, 2 de enero de 2017

La conducta del profesor



Marcus de Mario*

En el día a día de la escuela, ante los desafíos de la vida que invaden los salones de clases, especialmente en relación a temas como sexualidad, luto, muerte, separación, drogas y violencia doméstica es posible detectar cinco posturas comunes del profesor de primaria y secundaria (y también de enseñanza superior):

Intentar ignorar los problemas

Ante preguntas sobre drogas, sexualidad, violencia u otras, la tendencia del profesor es ignorar el asunto en el salón de clases, o aplicar un buen sermón para callar cualquier tentativa de abordaje del mismo, como si eso resolviese los dramas e indagaciones de los alumnos.

Decir que no está preparado para lidiar con eso

Aunque reconozca la importancia de las preguntas presentadas por los alumnos, declara no tener conocimiento ni preparación pedagógica específica para tratar el tema, y muchas veces remite la situación hacia la coordinación o al director de la escuela.

Fingir que está ante ellos sólo para dictar los contenidos del área

Esta es una postura común de gran parte de los profesores, entrando y saliendo del salón de clases con un planeamiento cerrado, como si dar clases fuese sinónimo de escribir y borrar, dictar lecciones y corregir ejercicios, muchas veces haciendo que los alumnos "gasten" el tiempo sólo copiando la clase.

Alegar que no le pagan para encarar esas situaciones

Es muy común, pero irresponsable esa actitud. Ningún profesional puede eximirse de dar todo de sí en el trabajo que ejerce, y el profesor no es la excepción, porque la formación intelectual y moral del futuro ciudadano está en sus manos. Todo el mundo sabe que el salario del profesor es bajo, y no por eso dejan de estudiar la profesión, el argumento, por eso mismo, no es válido.

Repetir, año tras año, las mismas pruebas, test, trabajos, textos, ejercicios

Por comodidad y facilidad el tiempo pasa y el trabajo se repite, de tal forma que alumnos de cursos más adelantados le explican a aquellos de los cursos iniciales todo lo que el profesor va a hacer en el salón de clases. Esa actitud del profesor es una puerta abierta para a la desactualización pedagógica y su desligamiento de la realidad.

¿Pero, qué hacer para cambiar esas actitudes comunes del profesorado? Proponemos trabajar en grupos de estudio y cursos de capacitación los Principios de Conducta del Educador, que son los siguientes:


  • Afecto: Desarrollar el sentimiento de simpatía y afecto de los estudiantes.

  • Ayuda: Satisfacer las necesidades de cada día de los estudiantes.

  • Amor: Imprimir en los corazones de los estudiantes ese sentimiento a través del incesante contacto.

  • Bondad: Utilizar la calma y la paciencia en la solución de los problemas.

  • Estímulo: Desarrollar en los estudiantes las habilidades y raciocinios que los capaciten para hacer uso eficiente y constante de ellos en todas las relaciones y circunstancias.

  • Naturaleza: Estudiar los asuntos del bien y del mal, haciendo que los estudiantes se posicionen y se preparen con hechos reales, como base para sus concepciones de estética y arte, justicia y vida moral.

  • Convicción: Creer en lo que hace, creer en el proceso de la educación moral y comunicar eso al estudiante a través del entusiasmo y de la perseverancia.


Estos siete principios hacen parte del Proyecto de Educación Moral y Formación del Carácter del Instituto Brasilero de Educación Moral (IBEM), basados en la filosofía espírita y exigen un cambio de postura del profesor, pasando de transmisor de conocimientos hacia constructor de consciencias.

Ignorar los temas de la vida o dejar pasar los mismos, implica crear vacios en el proceso educativo, que fatalmente harán falta para el pleno desarrollo intelectual y moral del estudiante.

Es urgente el trabajo de estimular el pensamiento, o sea, hacer que el estudiante piense sobre sí mismo, la vida y la construcción de la sociedad, para que pueda identificarse plenamente consigo mismo, con el prójimo y con la naturaleza.

Por lo tanto, proponemos un trabajo pedagógico amplio, total y hecho con amor y no mero profesionalismo, ni con discursos extraídos de estudios y lecturas de libros, sino con la práctica transformadora de crear una escuela participativa y una enseñanza desafiante, que identificamos como Escuela del Sentimiento.

Como hacerlo

Transcribimos abajo el texto que se encuentra en el libro Escuela del Sentimiento, de nuestra autoría:

"Toda actividad bien orientada desarrolla la inteligencia y hace despertar el sentido moral, y nada mejor que la propia vida como contenido del quehacer escolar y de construir al hombre.

La escuela necesita traer a su ambiente los medios que valorizan la educación en el hogar, y también los medios que influencian la educación del hombre en la sociedad, única manera de asegurar al educando una formación humanitaria y no una formación artificial.

El educador debe ser, en la escuela, un segundo padre o una segunda madre, aprendiendo a dar amor, calor humano y afecto al estudiante, haciendo que este se sienta amado, protegido y con confianza en sí mismo, pues siente que está siendo tratado como ser humano y debidamente valorizado. La escuela debe reflejar el hogar, única manera de promover la educación moral. Feliz el educador que, como crítica, oye que la escuela en que trabaja parece más una familia.

¿Cómo el estudiante acepta lo que es bueno?

Seguramente no porque el educador lo quiera.

El estudiante, cuando quiere, lo quiere por sí mismo.

El estudiante no debe obedecer la voluntad del maestro, debe sentir la relación de él con las cosas que necesita para su bienestar, es entonces cuando reconoce el valor del bien.

"Todo aquello que él (el niño) hace con placer, cualquier que acción aumenta la confianza en sí mismo, cualquier cosa despierta en el los poderes latentes y lo alienta en la realización de sus aspiraciones, llevándola a sentir y a decir: yo puedo. He ahí lo que realmente quiere, aunque no tenga plena consciencia de ello" (Pestalozzi).

Para la realización plena de este trabajo, la escuela precisa tener como parámetro un proyecto pedagógico bien desarrollado, como el que aquí presentamos, donde estén abolidos los sermones, las presiones, los reglamentos impuestos por la dirección, los ejercicios estén listos y ya establecidos:

1.  La conquista y mejoramiento de los sentimientos de los estudiantes;
2.  El despertar en los estudiantes de las nobles y puras cualidades morales; y
3.  El desarrollo de esas cualidades en las acciones externas, a través de la actividad y de la obediencia consciente".

La amplia visión del Espiritismo

El proyecto educativo que estamos abordando posee como principios el contenido de la Doctrina Espírita, siendo uno de ellos el enunciado de la pregunta 966 de El Libro de los Espíritus, que tiene la siguiente respuesta: ¿Comprende el niño como el adulto? Además, depende también de lo que se le ha enseñado. En esto es donde se hace necesaria la reforma". Complementando el asunto, leemos en la pregunta 974-a: "Si enseñáis cosas que más tarde rechaza la razón, producís una impresión que no será duradera ni saludable.". No estamos leyendo un libro cualquiera de pedagogía, estamos leyendo la obra básica del Espiritismo. Modificar el contenido de lo que se enseña dando prioridad a la educación moral, tesis defendida por Allan Kardec y por los Espíritus Superiores (lea las preguntas 685-a, 780-a, 813, 889, 917 e 928-a) nos remite a formular nuevas conductas para el profesor, pues si este no modifica sus actitudes no modificará la enseñanza.

Así también en la Evangelización Infanto-Juvenil Espírita, pues el Espíritu está lleno de carencias afectivas, y es el amor lo que él está necesitando.

Bibliografía:


  • DE MARIO, Marcus Alberto. 1. ed. Escuela del Sentimiento. Rio de Janeiro: Sapiens, 2000, 45p.
  • DE MARIO, Marcus Alberto. 1. ed. Visión Espírita de la Educación. Matão: O Clarim, 1999, 106p.
  • KARDEC, Allan. El Libro de los Espíritus. São Paulo: Feesp, 1972, 410p.

*Marcus De Mario es educador y escritor. Director del Instituto Brasileiro de Educación Moral y colaborador del Centro Espírita Humildad y Amor.

Traducción: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

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