domingo, 1 de enero de 2017

Investigaciones sobre el origen histórico de las especulaciones acerca de la reencarnación en espiritualistas franceses


Por el Honorable Alexandre Aksakof, Consejero Imperial Ruso y Caballero de la Orden del Santo Estanislao.

En la expectativa de la publicación de la traducción para el Inglés de los trabajos de Allan Kardec, de los cuales el volumen principal, El Libro de los Espíritus (del inglés The Spirits’ Book), ya salió, siento que es mi deber exponer ante al público inglés el resultado de mis investigaciones sobre el sentido del origen del dogma de la Reencarnación. Cuando el “Espiritismo”, recientemente bautizado con este nombre es codificado en cuerpo de doctrina por Kardec, y comenzó a esparcirse en Francia, nada me sorprendió más que la divergencia de esta doctrina, del “Espiritualismo”, en lo referente al punto de la Reencarnación. Esta divergencia era más extraña aún porque las fuentes de las afirmaciones contradictorias reivindican ser las mismas, a saber, el mundo de los espíritus y las comunicaciones dadas por los espíritus. Cuando el Espiritismo nació en 1856 con la publicación de El Libro de los Espíritus (del inglés The Book of Spirits), quedó claro que para resolver este enigma sería necesario comenzar con el origen histórico de este libro. Es notable que en algún lugar, en este volumen, o en cualquiera de los otros, diera Kardec sobre este asunto detalles insignificantes. ¿Y esto por qué? El punto esencial de cualquier crítica seria es saber antes que todo como este libro llegó a existir. Como yo no vivía en Paris, era difícil para mí obtener la información necesaria; todo lo que yo podía saber era que una cierta sonámbula, la Srta. Celina Japhet, contribuyó enormemente para el trabajo, pero que ella ya había fallecido hace algún tiempo. Durante mi estadía en Paris en 1873, le explique a un amigo Espiritualista mi pesar por nunca haber encontrado a esta sonámbula en mi vida, a lo que el replicó que también había oído que ella había muerto, pero que el dudaba si el rumor era verdadero; le dije que el también tenía razones para creer que no pasaba de ser un rumor esparcido por los Espíritas y que sería interesante si yo investigase personalmente. El me suministró una dirección anterior de Madame Japhet, y cual no fue mi sorpresa y alegría al encontrarla en perfecta salud. Cuando le hable de mi sorpresa, ella respondió que no era una novedad para ella, porque los Espíritas estaban haciéndola pasar por muerta. Aquí está la esencia de la información que ella fue amable en ofrecerme.


La Srta. Celina Bequet era una sonámbula natural desde muy temprana edad. A los 16 o 17 años de edad, cuanto residía con sus padres en Paris, fue magnetizada por primera vez por Ricard, y después tres veces más. En 1841 viviendo en el campo fue atacada por una enfermedad grave; habiendo perdido el uso de sus piernas, quedó confinada en su cama durante 27 meses; posteriormente, después de perder toda esperanza en la medicina, fue magnetizada y puesta a dormir por su hermano; entonces, ella prescribió los remedios necesarios y después de un tratamiento de seis semanas dejó la cama y pudo andar con la ayuda de muletas, a las que fue obligada a usar por once meses. Finalmente, en 1843, recuperó completamente su salud.

En 1845 fue a Paris en busca del Sr. Ricard y conoció al Sr. Roustan en la casa del Sr. Millet, un mesmerista (¿existe esta palabra?). Tomó, entonces, por consideración a la familia, el nombre Japhet y se convirtió en una sonámbula profesional bajo el control del Sr. Roustan y permaneció así hasta más o menos 1848. Ella dio, con el nombre adoptado, recomendaciones médicas bajo la dirección espiritual de su abuelo, que había sido médico, y también de Hahnemann y Mesmer, de quien ella recibió gran número de comunicaciones. De esta misma manera en 1846 la doctrina de la Reencarnación le fue dada por los espíritus de su abuelo, Santa Teresa y otros. (A medida que los poderes sonambúlicos de Madame Japhet se desarrollaban bajo la influencia magnética del Sr. Roustan, es interesante observar que el mismo Sr. Roustan creía en la pluralidad de las existencias terrestres. Véase Santuario del Espiritualismo de Cahagnet, Paris, 1850, pág. 164: desde la fecha del 24 de agosto de 1848).

En 1849 la Sra. d’Abnour, de regreso de América, deseó formar un círculo del fenómeno espiritual, del cual ella había sido testigo recientemente. Con este propósito, recurrió al Sr. de Güldenstubbe, por quien el Sr. Roustan y Celina Japhet fueron invitados a participar de este círculo de espíritus. (Véase la edición alemana de Pneumología Positiva del Barón de Güldenstubbe, Stuttgart, 1870, pág. 87). A este círculo se asoció Abbé Chatel y las tres señoritas Bouvrais; se componía, por tanto, de nueve personas. Este círculo se encontraba una vez por semana en la casa de Madame Japhet, Calle de los Mártires, 46; posteriormente, prácticamente hasta la época de la guerra de 1870, se reunían dos veces por semana. En 1855 el círculo estaba compuesto de las siguientes personas: Sr. Tierry, Sr. Taillandier, Sr. Tillman, Sr. Ramon de la Sagra (como muerto… no sé si es correcto), señores Sardou (padre e hijo), Madame Japhet y Sr. Roustan, que continuó como miembro hasta más o menos 1864. Ellos comenzaron por hacer una corriente, a la manera americana, en forma de herradura, alrededor de Madame Celina y conseguían fenómenos espirituales más o menos notables; pero luego Madame Celina se desarrolló como médium escribiente y fue a través de este canal que la mayor parte de las comunicaciones fueron obtenidas.

En 1856 ella conoció al Sr. Denizard Rivail, presentado por el Sr. Victorien Sardou. Él correlacionó los materiales por un número de preguntas; el mismo ordenó el conjunto en orden sistemático y publicó El Libro de los Espíritus si nunca mencionar el nombre de Madame Celina Japhet, a pesar de que tres cuartas partes de este libro habían sido dados por su mediúmnidad. El resto fue obtenido a través de comunicaciones de Madame Bodin, que pertenecía a otro círculo de espíritus. Ella no es mencionada excepto en la última página del primer número de la Revista Espírita, donde, como consecuencia del número de cuestionamientos dirigidas a él, (Kardec) hace una breve mención de ella. Como él era afecto a un importante periódico, El Universo (L’Univers), publicó su libro con los nombres que había nacido en sus dos existencias anteriores. Uno de estos nombres era Allan – un hecho revelado a él por Madame Japhet, y el otro nombre, Kardec, fue revelado a él por el médium Roze. Después de la publicación de El Libro de los Espíritus, del cual Kardec no le presentó al menos una copia a Madame Japhet, él abandonó el círculo y formó otro en su propia casa, teniendo al Sr. Roze como médium. Por lo tanto, cuando el partió, poseía un gran número de manuscritos que tomó de la casa de Madame Japhet y se apropió de los derechos de editor (organizador) porque nunca se los devolvió. Ante los innumerables pedidos de restitución que le fueron hechos, el se limitó a responder “Déjenme procesarla”. Estos manuscritos fueron hasta cierto punto útiles en la compilación de El Libro de los Médiums, del cual todo el contenido, así Madame Japhet, fue conseguido a través de comunicaciones mediúmnicas.

Sería esencial para completar este artículo una revisión de las ideas sobre la pre-existencia y la reencarnación que estaban muy en boga en Francia un poco antes de 1850. Un resumen de ellas puede ser encontrado en el trabajo del Sr. Pezzani en Pluralidad de las Existencias. Los trabajos de Cahagnet también deben ser consultados. Como ahora estoy lejos de mi biblioteca, me es imposible suministrar con exactitud los puntos de referencia.

Además del asunto precedente, detalles suplementarios en relación al origen de El Libro de los Espíritus y los diferentes puntos conectados con ella, pueden y deben ser obtenidos de los testimonios vivos para lanzar luz sobre la concepción y el nacimiento de este libro, tales como Madame Japhet, Srta. de Güldenstubbe, Sr. Sardou y el Sr. Taillandier. Este último continúa, hasta la presente, trabajando con Madame Japhet como médium; ella continúa poseyendo sus poderes sonámbulicos y continúa dando consultas. Ella se adormece a si misma por medio de objetos que fueron magnetizados por el Sr. Roustan. Yo creo que es un deber, en esta ocasión, dar testimonio a la excelencia de su lucidez. La consulte respecto a mí y ella me dio informaciones exactas en cuanto a una enfermedad local, y en cuanto a mí estado general de salud. ¿No es sorprendente que una persona tan notable, que hizo tanto por el Espiritismo Francés, este viviendo completamente en la incógnita por veinte años sin noticias u observaciones respecto a ella? En vez de ser el centro de la atención del público, ella es totalmente ignorada; de hecho, ¡ellos la enterraron viva! Esperemos que la reparación que ella merece le sea hecha un día. “El Espiritualismo” debe, en este asunto, ofrecer un ejemplo noble para el “Espiritismo”.*

Ahora, volviendo al asunto de la Reencarnación, dejo a los críticos ingleses hacer sus deducciones de los hechos que esclarecí por mis investigaciones, aunque incompletas; haré nada menos que lanzar las siguientes ideas: Que la propagación de esta doctrina por Kardec fue una cuestión de fuerte predilección está claro; que en el comienzo, la Reencarnación no fue presentada como un objeto de estudio, sino como un dogma. Para sustentar esto, el siempre recurrió a médiums escribientes, que, como es sabido, pasan muy fácilmente bajo la influencia psicológica de ideas preconcebidas; y el Espiritismo engendró eso en profusión; considerando que a través de médiums físicos las comunicaciones son no sólo más objetivas, sino contrarias a la doctrina de la Reencarnación, Kardec adoptó el plan de siempre desacreditar este tipo de mediúmnidad, alegando como pretexto su inferioridad moral. De esta manera, el método experimental es completamente desconocido en el Espiritismo; ¡por veinte años no hubo el menor progreso intrínseco en ella se mantuvo en total ignorancia del Espiritualismo anglo-americano! Los pocos médiums físicos franceses que desarrollaron sus habilidades a despecho de Kardec nunca fueron mencionados por él en la Revista; ellos permanecieron prácticamente desconocidos para el Espiritismo, y ¡sólo porque sus espíritus no sustentaban la doctrina de la Reencarnación! Hasta Camille Brédif, un óptimo médium físico, sólo ganó celebridad a raíz de su visita a San Petersburgo. Yo no recuerdo jamás haber visto en la Revista Espírita la menor noticia sobre él, menos aún cualquier descripción de las manifestaciones producidas en su presencia. Conociendo la reputación del Sr. Home, Kardec le hizo varias ofertas para tenerlo de su lado; él tuvo dos entrevistas con Home con este propósito, pero el Sr. Home le dijo que los espíritus que se comunicaban a través de él nunca apoyarían la idea de la Reencarnación, Kardec desde entonces lo ignoró, desdeñando el valor de las manifestaciones que eran producidas en su presencia. Yo tengo, sobre ese asunto, una carta del Sr. Home, aunque en el presente momento no la tengo a mi alcance.

Concluyendo, es necesario señalar que todo lo que he dicho aquí no afecta a la cuestión de la Reencarnación, considerada por sus propios méritos, pero sólo dice respecto a las causas de su origen y de su propagación como Espiritismo.
Chateau de Krotofka, Rusia, 24 de julio de 1873.

* Dirección de Madame Japhet en Paris, Calle de las Enfants Rouge, 6.
  

Tomado de: O Espiritualista – 13 de agosto de 1875 – pág. 74 e 75

Traducción: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia
 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por toda esta información tan valiosa!

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