jueves, 15 de diciembre de 2016

Energía mediúmnica



Tomado del libro: Mediúmnidad de J. Herculano Pires.
Traducción del portugues: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

Desde Kardec, la teoría de los fluidos ha provocado divergencias entre los científicos y los espíritus. Se llegó a crear una prevención contra la palabra fluido y algunos espíritas ligados a actividades científicas pusieron a consideración la teoría espírita al respecto, proponiendo modificaciones en la terminología doctrinaria. El rápido avance de las ciencias en este siglo mostró que la razón estaba con Kardec. El propio fluido magnético, que el descubrimiento de la sugestión hipnótica parecía haber anulado por completo, retornó al campo de las hipótesis. En la revolución conceptual provocada por Einstein, sin embargo, la teoría del fluido universal no fue apartada del campo científico, sino colocada por él entre paréntesis, como problema pendiente para soluciones posteriores. Hoy la situación es enteramente favorable al Espiritismo. La Física Nuclear nos presenta una imagen fluídica del Universo, verdadero dominio de los fluidos. Ellos se presentan como formas de energía en los campos de fuerza que estructuran el aparente vacío de los espacios siderales, como elementos sustentadores de la vida en los procesos fisiológicos, corno flujos de partículas infinitesimales, dotadas de asombroso poder e incluso como elementos constitutivos del tiempo y del pensamiento.

La fase reciente de la Efluviografía, con el descubrimiento de la cámara Kirlian de fotografías sobre campos imantados con energía eléctrica en alta frecuencia, y las recientes experiencias soviéticas con esas cámaras adaptadas a microscopios electrónicos de alta potencia, liquidarán esa vieja pendencia. Se abrió nuevamente en el campo científico el área de la fluídica. Ya podemos pensar en términos de fluidos sin cometer ninguna herejía científica. Pero sería temerario querer definir la mediúmnidad como una especie de energía fluídica, pues su naturaleza se evidenció, desde el tiempo de Kardec, como un simple proceso de intermediación, o sea, de relación. La mediúmnidad en sí no es un tipo específico de energía, pero se procesa, como todo cuánto existe, a través de energías espirituales y materiales en conjugación. El acto mediúmnico tiene su dinámica operacional bien conocida, que fue explicada por los espíritus a Kardec, a contrapié de las hipótesis por este formuladas.

El espíritu tiene en sí mismo una forma de energía pura y sutil que no podemos captar y analizar de través de aparatos materiales. En la teoría espírita es el principio inteligente, dotado de potencialidades insospechadas. En nuestro estado evolutivo sólo conocemos el espíritu por sus manifestaciones a través de las energías por él usadas, pero esas energías no son el espíritu y si las fuerzas de que él se sirve. La esencia del ser es una realidad que se escapa a todas las posibilidades cognitivas de las ciencias. Sólo la filosofía consigue abordarla a través de los métodos del pensamiento, pero así mismo sin poderla definir como desea. En el Espiritismo nos apoyamos en la expresión principio inteligente para definir esa esencia y su naturaleza, porque la inteligencia, como poder capaz de penetrar en la esencia de las cosas y darnos el conocimiento, es su aspecto más evidente para nosotros. En verdad, sólo nos conocemos por los efectos del que somos, no por lo que somos.

Las energías de la mediúmnidad y su modo de actuar fueron definidas por Kardec, a través de sus investigaciones y con la ayuda de entidades espirituales superiores. Esa definición atrevida, largamente combatida, criticada y ridiculizada por sabios y no sabios, está hoy plenamente confirmadas por las investigaciones científicas de la Parapsicología, de la Física Nuclear, de la Metapsíquica en el plano fisiológico y así por delante. El Espiritismo se afirma hoy, como ciencia avanzada que forjó el avance de las ciencias a mediados del siglo pasado y aún tiene mucho que ofrecer en el futuro.

Las leyes que rigen los fenómenos mediúmnicos fueron esclarecidas por las investigaciones de Kardec, a pesar de las dudas y criticas irónicas de más de un siglo sobre esa innegable conquista científica, que están actualmente confirmadas. Eso nos muestra la solidez de la obra kardeciana.

La acción del espíritu sobre la materia, que sufrió contestaciones sofísticas durante un siglo, a pesar de su evidencia en nuestra propia estructura orgánica, fueron ahora confirmadas por las investigaciones de dos científicos soviéticos en la Universidad de Kirov, en Rusia, materialistas y desconocedores de la Doctrina Espírita. El impacto de ese descubrimiento provocó reacciones violentas del poder soviético, que sintió amenazada por ella la estructura ideológica del estado. Cesaron las noticias sobre la gran hazaña científica, con una especie de excomunión de los responsables, pero la divulgación hecha por las investigadores de la Universidad de Prentice Hall (EUA) que estuvieron en la URSS y entrevistaron a los investigadores soviéticos, son suficientes para mostrarnos la grandeza del hecho.

El mayor y más constante rechazo de los científicos a las conclusiones de las investigaciones espíritas sobre los fenómenos mediúmnicos se verificó en el área de los efectos físicos. Aún hoy, en el panorama parapsicológico, la propia existencia de esos fenómenos es puesta en duda por científicos sistemáticos, que se apegan a las concepciones materialistas o a las posiciones religiosas sectarias. Para tener una idea de ese tipo de posición, basta recordar la opinión expresada por un conocido físico paulista, profesor universitario, sobre el fenómeno de materialización. Dice él que el fenómeno es teóricamente posible, ante los conocimientos actuales de la Física, pero que, para realizarse sería necesaria una cantidad de energía sólo posible de obtener en un periodo de doscientos años. Sin embargo, como quedó demostrado en las experiencias científicas del Espiritismo, él puede ser comprobado en cualquier momento, pues el fenómeno de materialización se produce en pocos minutos. El engaño del físico fue esclarecido por un investigador espírita que demostró su error de clasificación científica. La materialización no es un fenómeno físico, exigiendo doscientos años de funcionamiento de la Central Hidroeléctrica de Urubupungá, sino un fenómeno fisiológico. La acción del espíritu sobre el médium provoca la emanación de ectoplasma de su organismo. El ectoplasma, descubierto y nombrado por Richet, Premio Nobel de Fisiología, no acumula materia en gran cantidad para formar un cuerpo físico real, sino que reviste el periespíritu o cuerpo espiritual del espíritu, dándole la apariencia de un cuerpo real. El físico opinaba, por engaño, aunque de buena fe, sobre un fenómeno que no pertenece al campo de su especialidad y que ya había sido confirmado por un gran especialista. Toda la producción de fenómenos físicos en el campo de la mediúmnidad es hecha por elaboración y aplicación de energías vitales y orgánicas del médium, con la colaboración involuntaria de los participantes de la reunión en que se verifica la experiencia.
Los científicos soviéticos, fascinados por los resultados de sus investigaciones y ajenos a los problemas ideológicos, constataron oficialmente, en la famosa Universidad de Kirov, que el hombre posee un campo energético que responde por la vitalidad y las funciones del cuerpo carnal. Verificaron que, en los casos de movimiento y levitación de objetos sin contacto, ese cuerpo energético expande corrientes de energía que impregnan los objetos a ser movidos a distancia por el médium. Son esas energías, cargadas de materia orgánica, a la cual Richet llamó ectoplasma y que el profesor Crawford, de la Universidad de Belfast, catedrático de mecánica, consiguió observar en toda su compleja mecánica de expansión y acción, descubriendo objetivamente el funcionamiento de palancas de ectoplasma en la producción de los fenómenos. Como se ve, la mediúmnidad es un proceso de relación-inductiva, en la que entran en juego energía psicofísicas y energías espirituales. En la Parapsicología eso quedó demostrado a través de numerosas investigaciones. El Profesor Rhine diferenció los dos tipos de energía al clasificar el pensamiento como extra físico. Las energías mentales son de naturaleza espiritual y provocan reacciones materiales en el cerebro. Las energías espirituales, que Rhine llamó extra físicas, no están sujetas a las leyes físicas. No sufren la acción de la gravedad, no se desgastan en su proyección a cualquier distancia y no son interceptadas por ninguna especie de barreras físicas. Experiencias en contravía, realizadas en la URSS por Vassiliev, con el fin de demostrar que no pasaban de ser un nuevo tipo de energías físicas, fracasaron por completo. De esa manera, la tesis espírita de la existencias de energía espirituales típicas quedo también comprobada científicamente. Continúa, y es natural, los debates teóricos al respecto, pero lo que importa en la Ciencia no son las opiniones y si los hechos. Y los hechos, como siempre, continúan fieles a la Doctrina Espírita. La mediúmnidad dispone de esos dos tipos de energía, pero no es en sí misma, ninguna de ellas. No hay una energía mediúmnica específica, sólo la acción controladora de la mente sobre la materia. Esta acción es la misma que dio origen al mundo y a toda la realidad, cuando el espíritu (en el caso del principio inteligente) aglutinó las partículas de materia y les dio estructuras múltiples. La relación espíritu-materia es una constante universal que se evidencia particularmente en los fenómenos vitales: en el vegetal, en el animal y en el hombre. Pero el acto mediúmnico es el punto de concentración en el que sus leyes se revelan con la debida claridad a los investigadores. Es natural que los científicos ajenos a los problemas espíritas encuentren dificultades en aceptar esa tesis. Además de eso, como observó el profesor Remy Chauvein, del Instituto de Altos Estudios de Paris, existe en el medio científico un caso alarmante de alergia al futuro.

Recientemente se proclamó en Rio de Janeiro el descubrimiento de un nuevo tipo de fenómeno espírita, basado en el principio de la inducción. Se trataba de la inducción de los estados patológicos de espíritus inferiores a criaturas humanas. Ese fenómeno, tantas veces tratado por Kardec, nada tiene de nuevo y se encuadra naturalmente en el capítulo de las obsesiones. Todo el proceso mediúmnico es de naturaleza inductiva. El espíritu y el médium funcionan como vasos comunicantes, en el sistema de relación-inductiva de la mediúmnidad. La misma hipnosis es también un proceso inductivo, lo que llevó a Kardec a acentuar la íntima relación entre hipnosis y mediúmnidad. El obsesor consciente actúa hipnóticamente sobre el obsesado. Estos problemas precisan ser estudiados con la debida atención por todos los que se entregan a trabajos mediúmnicos, principalmente cuando asumen responsabilidades de dirección. Muchos engaños y muchas desilusiones en la práctica mediúmnica surgen exclusivamente de la falta de conocimiento de la naturaleza y dinámica de la mediúmnidad.

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