lunes, 4 de junio de 2007

DE HYDESVILLE AL ESPIRITISMO

HERMANAS FOX

El hombre siempre se ha enfrentado a la dualidad “materialismo-espiritualismo”, donde el materialismo, por la fuerza de atracción que ejerce sobre su psíquis y las sensaciones de la materialidad sobre su cuerpo físico, ha jugado un papel preponderante a la hora de negar la existencia del alma en el ser humano. Peor aún, cuando surgen corrientes como el ateísmo (materialismo) que “pretende negar la existencia de todo tipo de divinidad fundante o presente; concepción esta que proviene de los griegos, especialmente de Demócrito y Leucipo, según la cual el cinismo, el epicureísmo y el hedonismo deben remitir al hombre al goce intramundano, sin deberle cuentas a ninguna deidad que no fuera la propia individualidad”[1].

El materialismo filosófico llegó al absurdo de negar la vida espiritual mediante el Positivismo, con Augusto Comte, y más tarde con Littré, que utilizaba el sofisma: “El cerebro es el agente del pensamiento y cuando aquél muere éste se acaba”[2]

Por otra parte, “siguiendo otra dirección, se destacan Sócrates, Platón y Aristóteles que establecieron la corriente idealista o espiritualista, informando que hay en el Universo un primer-motor o mundo de las ideas de donde el ser procede y al cual vuelve cuando ocurre la muerte corporal. Es decir, que el hombre está constituido por el ser – el espíritu inmortal – y por el no ser – la materia”[3].

Partiendo de estos dos conceptos fundamentales, a la hora de comprender la importancia que tiene el surgimiento de la Doctrina Espírita en el seno de nuestra humanidad terrestre, todo el que cree que hay algo más allá de la materia es espiritualista, pero no por ello cree en la existencia de los Espíritus o en sus comunicaciones con el mundo invisible.

El problema de la creencia o no en el alma humana ha sido discutido durante mucho tiempo, sin embargo, los fenómenos de ultratumba los encontramos en el fondo de todas las creencias, manifestando de esa manera la ligazón entre los mundos material e inmaterial. No obstante, en muchas sociedades el estudio de estos fenómenos era privilegio de algunos iniciados, ocultando al común de la gente el resultado de sus investigaciones.

León Denís, en su magnífica obra “Cristianismo y Espiritismo” apoya nuestras inquietudes cuando afirma: “El problema del Más Allá surge ante el Espíritu humano con una fuerza, una autoridad y una persistencia tales, como nada semejante se haya producido quizás antes en la historia, pues jamás se había visto un conjunto de hechos y de fenómenos, considerados al principio como imposibles y no despertando en el pensamiento de la mayoría de nuestros contemporáneos más que antipatía y desdén, acabar por imponerse a la atención y el examen de los más competentes y autorizados”[4].

Las ideas precursoras de la Doctrina Espírita las encontramos en Sócrates y Platón, tal como aparecen en la introducción a "El Evangelio según el Espiritismo" y en muchos otros seres que, enfrentándose a una sociedad hipócrita y cohonestadora a la vez, rompieron las cadenas de la intolerancia y la insensatez para proclamar las ideas de la inmortalidad del alma.

Entre ellos destacamos a el sueco Emmanuel Swedwnborg, quien desde niño tuvo manifestaciones paranormales, las cuales se acentuaron al llegar a los cincuenta años de edad, legando para la posteridad sus visiones acerca de la vida en el mundo espiritual, confirmadas hoy por las informaciones que André Luiz nos hizo llegar a través de sus obras por medio de la psicografía de Chico Xavier.

En Andrew Jackson Davis, encontramos otro precursor de las ideas espíritas, quien en su obra “Penetralia previó la irrupción de la fenomenología mediúmnica que daría origen al movimiento espiritista, al cual se sumo con entusiasmo”[5]. Además, “entre sus anotaciones personales, aparece una fechada el 31 de marzo de 1848, en los siguientes términos:

"Esta mañana, hacia el amanecer, un hálito fresco pasó por mi rostro y oí una voz tierna y segura que me decía: Hermano, ha comenzado la buena labor; contempla la demostración viviente que se inicia. Me quedé divagando acerca del significado de tal mensaje”[6].

Surgen así las primeras manifestaciones del espiritualismo moderno, en Estados Unidos, país joven y menos sujeto que la vieja Europa al espíritu de rutina y a los prejuicios del pasado, tal como afirma León Denís, en la aldea de Hydesville, en el condado de Wayne, puerto de Nueva York, donde a través de golpes o “raps” la familia Fox asiste a la alborada de un nuevo amanecer para la humanidad, la comunicación con el espíritu de Charles Rosma, buhonero (vendedor ambulante), quien había sido asesinado para robarle la mercancía por parte de los anteriores inquilinos de la casa, el matrimonio Bell.

“Una criada de los Bell, Lucrecia Pulver, declaró que vio al vendedor y lo describió; dice como llegó a la casa y refiere su misteriosa desaparición. Una vez descendió al sótano y su pié se enterró en un hueco y al decirle a su patrón, él le dijo que debían ser ratones, y fue rápidamente a hacer las reparaciones necesarias. Ella vio en mano de sus patrones algunos objetos de la caja del vendedor ambulante”.

“El 23 de noviembre de 1904. el Jornal de Boston deba la noticia de que el esqueleto del hombre que posiblemente producía los golpes, oídas inicialmente por las en 1848, fuera encontrado y las mismas estaban, por lo tanto, eximidas de cualquier duda con respecto al descubrimiento de la comunicación con los Espíritus”.

Diversas comisiones se formaron en la época de los acontecimientos, con la finalidad de estudiar los extraños fenómenos y desenmascarar el fraude atribuido a las Fox. Se verificó que ellos ocurrían en presencia de las pequeñas y se les atribuyó el poder de la mediumnidad. Sin embargo, ninguna comisión consiguió demostrar que se trataba de fraude. Los hechos eran absolutamente verídicos, aunque hubiesen sometido a las pequeñas a los más rigurosos y severos exámenes, alcanzando a veces los límites de la brutalidad.

Las Hermanas Fox fueron presionadas. La iglesia las excomulgó, por haber hecho pacto con el demonio. Fueron acusadas de embusteras y muchas veces amenazadas físicamente.

En 1888, al conmemorar los 40 años de los fenómenos de Hydesville, Margareth Fox ilusionada por promesas de favores económicos por parte del cardenal Maning, hizo publicar un reportaje en el New York Herald en el que afirma que los fenómenos que realizaron eran fraudulentos. Sin embargo, al año siguiente, arrepentida de su falta de honestidad para con el Espiritismo, reúne a una gran cantidad de público en el salón de música de Nueva York y se retracta de sus declaraciones anteriores, no sólo afirmando que los fenómenos de Hydesville eran reales, sino provocando una serie de fenómenos físicos en el salón.

“La retractación fue publicada en la época. Consta en el Ligth y en el diario americano New York Press, del 20 de mayo de 1889” [7].

El ejemplo de las hermanas Fox cundió de tal modo que en 1854 había ya en Estados Unidos más de tres millones de fieles dirigidos por médiums, buena parte de los cuales desembarcó en 1853 en Europa para extender sus redes por el viejo continente. Numerosas celebridades de la época como Alejandro Dumas, Victor Hugo, Gustave Flaubert, Aldous Huxley o Thomas Mann se interesaron por la doctrina. Y otros como Conan Doyle, se convirtieron fervientemente a ella tras asistir a sesiones espiritistas en las que se producían levantamientos de mesas, o apariciones y materializaciones de fantasmas.

Pero cuando las hermanas Fox confesaron haber inventado su experiencia, o se descubrieron las trampas de algunos médiums, cuyos poderes aparecían y desaparecían cuando les venía en gana, la decepción comenzó a extenderse entre los adeptos del Espiritismo, si bien es cierto que algunos médiums fueron sometidos a control sin que pudiera hallarse en ellos ningún fraude. Fue tal el caso de Daniel Douglas Home, que podía tocar un acordeón sin poner sobre él sus manos, como atestiguó sir William Crookes. O el de Leonora Piper, cuyas dotes de mediumnidad fueron corroboradas por el psicólogo William James y otros treinta eminentes investigadores ingleses y norteamericanos como Frederich Myers y sir Oliver Lodge.

“Al comienzo, en los Estados Unidos de América, los Espíritus sólo se comunicaban por un proceso trabajoso y bastante demorado en el que alguien decía en voz alta el alfabeto y el Espíritu era invitado a manifestar por “raps” o golpes las letras, que reunidas, debían componer las palabras que quería decir. Era la telegrafía espiritual”.

“Los Espíritus indicaron, en 1850, una nueva manera de comunicación: bastaba simplemente que se colocasen alrededor de una mesa, encima de la cual se colocaban las manos. Levantando una de las patas, la mesa daría (en cuanto se recitaba el alfabeto) un golpe cada vez que fuera dicha la letra que servía al Espíritu para formar las palabras. Ese proceso aunque muy lento, producía resultados excelentes, y así se llegó a las mesas girantes y parlantes”.

“Hay que anotar que la mesa no se limitaba a levantarse sobre una pata para responder a las preguntas que se le hacían; se movían en todos los sentidos, giraba bajo los dedos de los investigadores, a veces se elevaba en el aire, sin que se descubriese las fuerzas que la suspendían”.

“El fenómeno de las mesas girantes se propagó rápidamente, y durante mucho tiempo entretuvo la curiosidad de los salones de la sociedad. Después, se aburrieron de ella, pues la gente frívola que sólo imita la moda, la consideró como simple distracción”.

Sin embargo, las personas observadoras y con criterio abandonaron las mesas girantes por haber “visto nacer en ellas algo serio, destinado a prevalecer”, y “pasaron a ocuparse de las consecuencias a que el fenómeno daba lugar, más importante en sus resultados. Dejaron el alfabeto por la ciencia, tal es el secreto de ese aparente abandono”. (…)

Las mesas girantes representarán siempre el punto de partida de la “Doctrina Espírita” y merecen, por eso, una explicación, para que, conociéndose las causas, sea facilitada la llave para descifrar los efectos más complejos”.

Las observaciones e investigaciones Espíritas realizadas por Allan Kardec, y otros sabios, demostraron que la causa inteligente era determinada por los Espíritus, que podían actuar sobre la materia, utilizando el fluido suministrado por los médiums, esto es, mediador o intermediario entre los Espíritus y los hombres, generando así, las manifestaciones físicas y las manifestaciones inteligentes.

Se perfeccionaron los procesos. Las comunicaciones de los Espíritus no se detuvieron en las manifestaciones de las mesas girantes. Evolucionaron hacia las cestas y las planchetas, a las cuales se le adaptaban lápices y las comunicaciones pasaron a ser escritas – era la psicografía indirecta. Posteriormente se eliminaron los instrumentos y apéndices: el médium, tomando directamente el lápiz, pasó a escribir por un impulso involuntario y casi febril – era la psicografía directa.[8].

A mediados del siglo XIX, Allan Kardec (pseudónimo del sabio francés Hippolyte León Denizard Rivail, colaborador de Pestalozzi, profesor de química, física, matemática, astronomía y autor de diversas obras didácticas adoptadas por la Universidad de Francia, miembro de varias academias de sabios, inclusive de la Academia Real D´Arras), a instancias de los Espíritus codificó la Doctrina Espírita, trayendo nuevos y más amplios conocimientos sobre la vida, el universo y las leyes que lo rigen.

Fueron los Espíritus Superiores, bajo la supervisión del Espíritu de Verdad, que trajeron esas informaciones y esclarecimientos, respondiendo a preguntas hechas por Kardec, las cuales se encuentran en "El Libro de los Espíritus", que fue publicado en París, el 18 de abril de 1857. Posteriormente surgieron "El Libro de los Médiums", "El Evangelio Según el Espiritismo", "El Cielo y el Infierno" y "La Génesis". Esos cinco libros representan la codificación de la Doctrina Espírita.

Son informaciones y esclarecimientos que muestran la vida y la evolución desde una óptica más amplia, cuyos mecanismos son verdaderamente justos, sabios y perfectos, y que encaja con todo lo que experimentamos en nuestro diario vivir; dándonos paz, serenidad, esperanza y consuelo.
El Espiritismo nos enseña una conducta más saludable para la mente y el cuerpo y una ética de vida más compatible con nuestras necesidades evolutivas; abre ante nuestra curiosidad y sed de saber, un universo infinito de nuevos conocimientos. Es como redescubrir la vida bajo nuevos y maravillosos enfoques, bajo nuevos colores y perspectivas.

La finalidad esencial del Espiritismo es ayudar al ser humano en su evolución, recordándole las enseñanzas de Jesús y trayéndole todo un universo de nuevos conocimientos.

Vianna de Carvalho en la obra “Enfoques Espíritas”, psicografiada por Divaldo Pereira Franco, nos esclarece: “no obstante el respeto que nos merecen todas las corrientes del pensamiento espiritualista, particularmente las que derivaron del Cristianismo primitivo, la Doctrina Espírita cumple todas las cláusulas del anuncio de Jesús, clarificando sus enseñanzas, gracias a los postulados a través de los cuales se expresa.

Acentúa aún más: Al declarar que enviaría al Consolador para la Humanidad , a fin de que él repitiese Sus sabias lecciones y trajese otras que aún no podían aprenderse en aquellos días, el Maestro fue tácito en reconocer que nosotros, los hombres, olvidaríamos el incomparable mensaje y lo adulteraríamos, despojándolo de su significado profundo, careciendo, por consiguiente, de las condiciones mínimas para comprender en su totalidad la magnitud de la revelación”[9].

Es por ello que el Espiritismo llega a la humanidad en el momento propicio, cuando el conocimiento, traducido en un avance científico e intelectual, nos muestra el camino hacia la liberación del ser de las amarras de la ignorancia y la necesidad de iniciar su ascenso definitivo hacia el infinito de la espiritualidad buscando el progreso moral, sin el cual el hombre crece en la horizontalidad, sin penetrar en la verticalidad del conocimiento divino, tal como lo manifiesta Amalia Domingo.

Según Amalia Domingo Soler, los espíritus le dicen que: el Espiritismo es el alma en acción, es la fraternidad de los pueblos, es la vida del hombre dándoles las llaves del pasado, del presente y del porvenir; es un manantial que nunca se agotará, es la cuenta de la herencia que tenemos ganada, es la ley de las inteligencias, es el eco de los tiempos, es la civilización eterna, es el reflejo del pasado iluminando nuestro presente[10].

Allan Kardec en su obra La Génesis, expresa que: “El Espiritismo no crea la renovación social; la madurez de la Humanidad es la que hará de esa renovación una necesidad. Por su poder moralizador, por sus tendencias progresivas, por la amplitud de sus metas, por la generalidad de las cuestiones que abarca, el Espiritismo es más apto que cualquier otra doctrina, para secundar el movimiento de regeneración; por eso él es contemporáneo de ese movimiento”[11].

No queremos terminar estas disquisiciones, acerca del gran camino recorrido por la Doctrina Espírita hasta nuestros días, sin recordar la enseñanza del Espíritu de Verdad en "El Evangelio según el Espiritismo", cuando nos expresa: “Mi Padre no quiere aniquilar la raza humana; quiere que, ayudándose unos a otros, muertos y vivos, es decir, muertos según la carne, porque la muerte no existe, os socorráis, y que no ya la voz de los profetas y de los apóstoles, sino la voz de aquellos que ya no están en la Tierra , se haga oír para gritaros: ¡Rogad y creed! Porque la muerte es la resurrección, y la vida es la prueba elegida, durante la cual vuestras virtudes cultivadas deben crecer y desarrollarse como el cedro”[12].

El Espiritismo llenó un gran vacío en el corazón de los hombres, quitándonos el velo que nos ocultaba las grandes verdades del espíritu, y hoy con el corazón henchido de fe y esperanza en un mañana mejor, entiende que en la patria espiritual está la verdadera esencia del ser inmortal en su camino hacia la perfección.

BIBLIOGRAFÍA
[1] Faro, Filosofía. Editorial Voluntad.
[2] Hacia las Estrellas, Aplicación del Conocimiento Espírita, Fernández Colavida. Librería Espírita “Alvorada” Editora. 1990, pág. 132 y 133.
[3] Hacia las Estrellas, La Victoria de la Vida , Fernández Colavida. Librería Espírita “Alvorada” Editora. 1990 Pág. 49 a 53.
[4] León Denís, Cristianismo y Espiritismo. Editora Argentina 18 de Abril. 1991, pág 137.
[5] Jon Aizpurúa, Historia de la Parapsicología. Edicomunicación S. A. 1989, pág. 90.
[6] Jon Aizpurúa, Fundamentos del Espiritismo. Movimiento de Cultura Espírita CIMA. 1991, pág. 43 – 44.
[7] Curso Básico de Espiritismo, Las Hermanas Fox. Asociación de Divulgadores del Espiritismo de Portugal.
[8] Curso Básico de Espiritismo, Las Mesas Girantes. Asociación de Divulgadores del Espiritismo de Portugal
[9] Vianna de Carvalho, Cristianismo y Espiritismo en Enfoques Espíritas. Librería Espírita “Alvorada” Editora. 1982. Pág. 13.
[10] Amalia Domingo Soler, El Estudio del Espiritismo en La Luz del Porvenir.
[11] Allan Kardec, La Génesis , 14a edición de la FEB – Cap. XVIII, ítem 25.
[12] Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo 27a edición, Mensaje Fraternal – Cap. VI, ítem 5.

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