lunes, 5 de enero de 2015

SEXO Y SEXUALIDAD, ENTRE LOS IMPULSOS DE LA ETAPA PRIMITIVA DEL SER Y EL EQUILIBRIO DE LA RAZÓN

Por: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer”. Esta frase extraída del poema “Canción de otoño en primavera” de la autoría del poeta nicaragüense Rubén Darío, me sirve de abrebocas para el tema que queremos desarrollar, pretendiendo buscar respuestas al complejo enigma del uso del sexo por el ser humano, en las diferentes etapas de su vida como encarnado.


Fotografía tomada de la Web http://galleryhip.com/etapas-del-desarrollo-humano.html

El ser humano a lo largo de su historia ha usado y abusado del sexo, involucrándose de esta manera en serios compromisos que lo vinculan con el despilfarro de las energías genésicas.  No existen dudas respecto a la forma en que la sexualidad ha evolucionado de la mano con la mentalidad del ser humano. Desde la prehistoria, donde las necesidades del impulso reproductivo era una manifestación natural del deseo del macho atraído por el aroma de las mujeres, hasta los reatos sexuales derivados de las imposiciones religiosas que convirtieron el sexo en algo pecaminoso y tabú, generando prohibiciones coercitivas que derivaron en represión y persecuciones en nombre de Dios. 

Actualmente, ante el auge tomado por los medios de comunicación como el Internet, el uso masivo de celulares y la televisión abierta, desde el niño, pasando por el joven y la irresponsabilidad de algunos adultos, el ser humano tiene un fácil acceso a contenidos de sexo explícito que generan desinformación y desequilibrios difíciles de superar, causando necesidades apremiantes, que necesitan ser drenadas.


En nuestra larga historia como docente, hemos sido testigo de cómo adolescentes desorientados desde sus hogares, se involucran desde muy temprana edad en un coctel peligroso para su futuro espiritual que pasa por el consumo de alcohol, la iniciación a las drogas y los embarazos no deseados debido a la falta de orientación.


Y es que el ser humano en su larga lucha por alcanzar niveles de crecimiento espiritual, reformando sus valores morales, se ha movido entre la intemperancia y el frenesí de la juventud y las apremiantes necesidades de la mayoridad, donde el adulto mayor varón, termina siendo denominado peyorativamente como “viejo verde”, al no comprender que el declive sexual forma parte de un proceso normal en el ser humano. Sin embargo para muchos de estos adultos mayores apareció en 1998 la pastilla azul o viagra, solucionándoles en parte, los serios problemas que representaban para su ego masculino sus problemas de impotencia a causa de la edad.


En el campo de la educación del instinto sexual, el Espiritismo a través del Espíritu Emmanuel, en “El Consolador prometido por Jesús”, psicografiado por Chico Xavier, nos elucida que “En vez de la educación sexual para la satisfacción de los instintos, es imprescindible que los hombres eduquen su alma para la comprensión sagrada del sexo”.  Asegurando que, “Cada vez que una persona convida a la otra a la comunión sexual, o que acepta de alguien una propuesta en este sentido, por afinidad y confianza, se establece entre los dos un circuito de energías por lo cual los dos se alimentan psíquicamente de esas energías recíprocamente”.


El sexo como departamento orgánico programado por la divinidad para la reproducción de las especies, le permite al Espíritu acumular experiencias en el campo de la sexualidad, asumiendo la polaridad masculina o femenina sin detrimento de sus adquisiciones del pasado, en la constante búsqueda del mandato divino de alcanzar la plenitud espiritual. Pero, la clave del éxito en las diferentes experiencias reencarnatorias, con relación a la programación de los sexos, es su conducta moral. Los reconocemos por las experiencias vivenciadas por Espíritus que luego de dejar la envoltura corporal, a través del fenómeno natural denominado muerte, reaparecen en el Mundo de los Espíritus cargados de aflicciones, remordimientos y el sufrimiento natural de aquel que reconoce haber sido inferior al compromiso que asumió al regresar a las luchas terrenas; también los encontramos felices y dichosos por haber alcanzados niveles de progreso inherentes a su condición espiritual.


Reconocemos en Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis, uno de los principales investigadores del psiquismo humano y su actitud comportamental ante el sexo, estableciendo “las fases psicosexuales”, las cuales se desarrollan en cinco etapas, sosteniendo que el ser humano desde su nacimiento posee una libido instintiva (energía sexual). Para Sigmund Freud, las experiencias que mayor influencia ejercen en la vida sexual del ser humano y en especial la infancia y la adolescencia, tienen que ver con el manejo de la libido y la atención prestada por el mismo a las partes sensibles del cuerpo humano, denominándolas zonas erógenas parciales. Estas zonas corresponden en su orden a la boca, el ano, y los órganos genitales, las cuales seguirán ejerciendo su influencia en el ejercicio de la sexualidad en nuestra etapa como adultos.


De esta manera, Freud describió 5 etapas de desarrollo en el ser humano: el estado oral (de 0 a 1 años), la fase anal (de 2 a 3 años), la fase genital o fálica (de 3 a 4 años), la fase de latencia de 5 años a la pubertad y después la etapa genital madura, a la edad adulta.


A pesar de que Freud no fue más allá del materialismo científico de la época, trasfiriendo para la libido (deseo sexual) la responsabilidad de casi todos los trastornos, rompió con el puritanismo del s. XIX abriendo el campo para las futuras contribuciones, especialmente las de su discípulo Carl Jung, que se aparta definitivamente del maestro austriaco, al concebir la libido como energía general de la propia vida, no manifestándose necesariamente, según él, sólo como energía sexual, sino que puede también ser energía creadora, artística, etc. Las aportaciones espiritualistas y, especialmente, la revelación espiritista, sintoniza con los postulados arriba señalados, afirmando que todo lo que se agita, crece y germina es energía creadora, ya sea una planta, un impulso o la fuerza de una idea[1].


Para poder comprender la importancia que tiene los estudios realizados por Freud y sus predecesores y las enseñanzas que nos ofrece la Doctrina Espírita, nos remitimos al artículo “Sexo, Sexualidad y Amor”, de la obra Hacia las Estrellas, psicografiada por Divaldo Pereira Franco y de la autoría de Humberto Mariotti, quien en su mensaje asegura que:


Se puede utilizar el sexo por instinto o corrupción de costumbres, sin que ejercite la sexualidad. El sexo atiende a impulsos de la etapa primitiva del ser, mientras que la sexualidad obedece al equilibrio de la razón, que establece las condiciones necesarias para su aplicación. En la sexualidad se hace indispensable el amor, que se manifiesta por medio de los sentimientos y que alcanza las expresiones que se canalizan en favor de la función sexual”.


Mariotti completa estas orientaciones afirmando que “para dichas realizaciones – la sexualidad y el sexo -, la mente es factor de vital importancia, puesto que es la estimuladora de las funciones pertinentes a ambas. Normalmente se practican actos sexuales sin el equilibrio de la sexualidad, así como sin amor, aunque se informe que sexo y amor son cosas idénticas”.


Allan Kardec durante la organización doctrinaria de los libros de la Codificación, recibió muchas comunicaciones de Espíritus del Tercer Orden de la Escala Espírita, Espíritus Imperfectos, en los cuales predomina la materia sobre el Espíritu y su inclinación hacia el mal; además, el orgullo, el egoísmo y la sensualidad caracterizan su comportamiento. En la obra “El Cielo y el Infierno”, Cap. IV, Espíritus Sufridores, “Los lamentos de un hombre sensual”, Instrucciones del guía del médium, encontramos la siguiente comunicación que nos explica la situación del Espíritu en el Mundo Espiritual:


“¿Sabéis cuál es la situación de esos hombres de vida sensual, que no han dado a su Espíritu otra actividad aparte de la de inventar nuevos placeres? La influencia de la materia los acompaña más allá de la tumba, y la muerte no pone término a esos apetitos que, estimulados por la vista –tan limitada como lo fue en la Tierra–, en vano procuran satisfacer. Como nunca han buscado el alimento espiritual, su alma deambula en el vacío, sin una meta, sin esperanza, presa de esa ansiedad propia del hombre que no tiene delante de sí más que la perspectiva de un desierto sin límites. La nulidad de las ocupaciones intelectuales durante la vida del cuerpo acarrea naturalmente la nulidad del trabajo espiritual después de la muerte. Dado que ya no pueden saciar al cuerpo, sólo les resta satisfacer al Espíritu. De ahí un tedio mortal cuyo término no llegan a ver, y en cuyo lugar preferirían la nada. Pero la nada no existe… Pudieron matar al cuerpo, pero no pueden aniquilar al Espíritu. Es preciso, pues, que padezcan esos tormentos morales hasta que, vencidos por el cansancio, se decidan a dirigir su mirada hacia Dios”.


De esta comunicación rescatamos la afirmación “es preciso, pues, que padezcan esos tormentos morales” de los cuales se sienten presos los Espíritus sensualistas, al punto de ocasionar graves disturbios en el área genésica a muchísimos encarnados que se sintonizan con ellos, por sus preferencias sexuales, buscando la oportunidad propicia para vampirizarlos.


Según Herculano Pires, tendencias y desvíos sexuales tienen procedencias diversas y sus raíces genésicas pueden venir de profundidades insondables. Él pondera que “la propia filogénesis del sexo, que comienza aparentemente en el reino mineral, pasando por el vegetal y el animal, para después llegar hasta el hombre, presentando enormes variaciones de formas, inclusive la autogénesis de los virus y de las células y la bisexualidad de los hermafroditas, justifica la aparición de desvíos sexuales congénitos[2].


Nuestras tendencias en el campo sexual, muestran claramente el patrimonio espiritual del cual somos portadores, lo cual se refleja en el periespíritu, el cual actúa como archivador de todas nuestras experiencias en el campo de la carne. He ahí porque el Maestro Kardec en La Génesis, ítem 18, nos orienta que: El periespíritu, por tanto, lleva impreso las cualidades morales de sus pensamientos y sentimientos, como huella inequívoca de la evolución moral y "...no cambiará, hasta tanto el espíritu no se modifique[3]".


Y esa modificación conlleva una profunda transformación en la conducta moral del hombre, planteamientos estos implícitos en la propuesta espírita, la cual encontramos en “El Evangelio según el Espiritismo”, cap. XVII, Sed Perfectos:


“Se reconoce al verdadero espiritista por su transformación moral y por los esfuerzos que realiza para dominar sus malas inclinaciones”.


El ejercicio responsable del sexo representa una de las mayores conquistas del Espíritu, como encarnado, alcanzado el “equilibrio de la razón” en el manejo de la sexualidad, de acuerdo a los planteamientos de Humberto Mariotti. Sin embargo, aún deambulan en la carne millones de Espíritus encarcelados en los vicios sexuales, primando el instinto animal por encima de la conciencia lúcida, siendo permeados permanentemente por desencarnados que sacian en ellos apetitos inconfesables.


Es nuestro deber evitar la censura y la condenación para quienes aún transitan por estos difíciles caminos, encarando con naturalidad, comprensión y tolerancia el difícil camino que han elegido seguir, entendiendo que cada quien se enfrentará, tarde o temprano, ante el tribunal de su conciencia. Recordemos que los vicios no son del cuerpo sino del espíritu que lo anima.


Todos, invariablemente, tendremos que enfrentarnos al esfuerzo del perfeccionamiento y la ascensión espiritual, correspondiendo de esa manera a los designios de la divinidad que espera por sus hijos, a través de los procesos regeneradores que sus leyes disciplinarias establecen.


Para los que aún transitan en las fajas inferiores de sus pasiones absorbentes y viciosas, André Luiz nos esclarece que: “El cautiverio en los tormentos del sexo no es problema que pueda ser solucionado por literatos o médicos actuando en el campo exterior, es cuestión del alma, que demanda proceso individual de cura, y sobre ésta, solo el espíritu resolverá en el tribunal de la propia conciencia. Es innegable que todo auxilio externo es valioso y respetable, pero debemos reconocer que los esclavos de las perturbaciones del campo sensorial solo serán liberados por sí mismos, es decir, por la dilatación del entendimiento, la comprensión de los sufrimientos ajenos y de las dificultades propias, por la aplicación, en fin, del “Amaos unos a otros”, en el adoctrinamiento como en lo íntimo del alma, con las mejores energías del cerebro y con los mejores sentimientos del corazón[4].


Y enfatiza que: “El éxtasis del santo fue un día simple impulso, como el diamante –gota celestial elegida para reflejar la claridad divina– vivió en el aluvión, ignorado entre piedras brutas. Claro está que, así como se pule el diamante para alcanzar el pedestal de la belleza, así también el instinto sexual, para coronarse con las glorias del éxtasis, ha de doblegarse a los imperativos de la responsabilidad, a las exigencias de la disciplina, a los dictámenes de la renuncia”[5].


Queremos finalizar estas líneas trayendo a colación las orientaciones de Joanna de Ángelis, cuando afirma que: “los seres humanos se dividen en hombres fisiológicos y hombres psicológicos. Los primeros, buscan satisfacer sus necesidades sensoriales, como comer, dormir y mantener relaciones sexuales. Los últimos no se restringirían a esas manifestaciones y, presentando valores más elevados, serían portadores de ideales superiores, o sea, objetivos existenciales mayores en las áreas del trabajo, de la educación, de la fraternidad, de la religiosidad etc. Además, los hombres psicológicos desarrollarían sus actividades fisiológicas con profundo respeto a sí mismos, al cuerpo físico de que son portadores y a los hermanos envueltos en esas manifestaciones, evitando excesos que pueden acarrear procesos kármicos de difícil resolución[6]. 


[1] Juan Manuel Ruiz, Amor y Energía Sexual. Conferencia ofrecida en diciembre del 2004 en el XII Congreso Espírita Nacional, realizado en España.
[2] Mediúmnidad, Herculano Pires, capítulo VIII.
[3] La Génesis, Allan Kardec. Ítem 18.
[4] En el Mundo Mayor, André Luiz/Chico Xavier.
[5] Ibídem.
[6] Jesús a la luz de la psicología profunda, Joanna de Ángelis/Divaldo Franco.
 

viernes, 4 de julio de 2014

Traductor, traidor

Sergio Alexio

Fiel a su condición estatutaria de integrante de la “escuela” rustenista y concordando con el opúsculo Los Cuatro Evangelios de J.-B. Roustaing — Respuesta a sus Críticos y a sus Adversarios (1883), la Federación Espírita Brasileña osó contrariar al Codificador en este punto de La Génesis: cap. XV, n. 66. Registró en una nota al pie de la traducción de G. Ribeiro la siguiente afirmación, puestos aún al público en las nuevas ediciones:

(1) Nota del editor: Ante las comunicaciones y fenómenos surgidos después de la partida de Kardec, se concluye que no hubo realmente un simulacro, como igualmente no hubo simulacro de Jesús, después de su muerte, al pronunciar las palabras registradas por Lucas (24:39): - Soy yo mismo, palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo”.

Los enemigos de Kardec siempre insisten en que después de su muerte algo revolucionario apareció en términos de fenómenos y comunicaciones mediúmnicas. Sin embargo, para cualquier estudioso de la Codificación Kardeciana y, sobretodo, del vasto acervo reunido en los tomos de la Revista Espírita, esto no es una verdad absoluta.

La F. E. B. no dudo en utilizar su equipo editorial para desafiar el pensamiento de Kardec, y sucesivas directivas han dado su aval a este propósito, pues, como ya dije, la desavenencia ha sido reeditada. El texto consignado en Lucas 24:39 no ha de ser fiel. En nada se parece a los demás relatos de la resurrección de Jesús. Aun así, la F. E. B. lo resalta para reprender a Kardec. Se trata de la antilógica rustenista de que las Escrituras serían infalibles. Bajo esta premisa, los adeptos de Roustaing rechazaron también, aun en el siglo XIX, la tesis de los espíritas para explicar la desaparición del cuerpo físico de Jesús en el sepulcro:

El cuerpo de Jesús era un cuerpo terrenal igual a los nuestros y, como tal, producido con la participación de los dos sexos; los ángeles o espíritus superiores, tornándolo invisible, podían sustraerlo y lo sustraerían del sepulcro en el momento preciso en que, rotos los sellos que le habían colocado, la piedra que lo cerraba fuera retirada hacia un lado. (1)

Sin embargo, el hecho es que esta hipótesis proviene del ítem No. 67 del capítulo XV de La Génesis. Kardec, hablo allí de fenómenos de transporte y de invisibilidad. Y cuando en 1869 recomienda la lectura de su libro para contra argumentar la tesis del cuerpo fluídico de Jesús, dice claramente en su Catálogo Razonado de Obras Susceptibles de Servir para Crear una Biblioteca Espírita: “Sobre esa teoría ved La Génesis según el Espiritismo, capítulo XV, No. 64 a 68” (2). Por lo tanto, Kardec menciona en el capítulo XV de su obra, la existencia de los números 64 a 68. ¿Por qué la casi totalidad de las traducciones registra solo los números 64 a 67? Curiosamente, la nueva edición febiana[1] de La Génesis, (3) firmada por el mismo traductor del Catálogo anteriormente citado, solo incluyó los números 64 a 67.

En 1884, en la Revista Espiritismo, de Gabriel Delanne, el biógrafo Henri Sausse ya había lanzado cuestionamientos sobre la no coincidencia de dos ediciones que había cotejado de La Génesis. Leymarie dice que el hecho verificado por Sausse se había basado en una edición anterior a la definitiva. (4) Lo incontestable, del ejemplo aquí tomado, es que el verdadero No. 67 fue retirado y el No. 68, renumerado. Por eso, no creo tampoco en la explicación del antiguo secretario de Kardec, A. Desliens, (5) quien atribuyó al propio maestro lionés, quince años después de su muerte, esas alteraciones quirúrgicas en La Génesis.

Como quiera que haya sido, esto demuestra que, si no fue G. Ribeiro el mentor de tales modificaciones, seguramente otro lo hizo antes que él. Consta que la 4ª edición de La Génesis tuvo problemas en su distribución por la muerte repentina de Kardec el 31 de marzo, quedando a cargo de la Librería Espírita y de Ciencias Psicológicas. Esta edición, revisada, corregida y ampliada por el autor, es la que contiene el texto definitivo. Impresa en las oficinas gráficas de Rouge Fréres y Cia., fue entregada en abril de 1869. Según F. Barrera, “unos meses más tarde sale a la venta, bajo la responsabilidad de M. A. Desliens, director de la Revista Espírita”, de común acuerdo con “M. Bittard, gerente de la librería, y M. Tailleur”. (6)

Desliens, en 1885, estaba presionado seguramente, no solo por H. Sausse (1884), sino también, por la ambivalencia de los sinsabores causados por el cisma rustenista, declarado abiertamente en 1883, en la obra Los Cuatro Evangelios de J. B. Roustaing – Respuesta a sus Críticos y a sus Adversarios, y que albergaba los insultos más hirientes y criticas desleales al fundador de la filosofía espírita, a quien Roustaing nunca se dirigió sino por escrito.

El mismo Desliens confiesa al final de su texto que, quiere “eliminar de la familia espírita una causa de desunión”. (7) Solo que no nos explica porque las alteraciones identificadas en La Génesis tienen tanto en común con el rustenismo. En relación con el ejemplo aquí tomado, Kardec no podría eliminar justamente la explicación que se propuso sobre la desaparición del cuerpo de Jesús en la tumba, porque el maestro lo menciona como parte integrante de su obra, al recomendar la lectura contra argumentativa de los números 64 a 68 del capítulo XV de La Génesis. F. Barrera, en el resumen referente a este libro kardeciano, registra sin equivoco: “Desaparición del cuerpo de Jesús, 64 - 68”. (8)

En cuanto a la nueva edición febiana de esta obra (10 mil ejemplares, 02/2009), por Evandro Noleto Bezerra, cuyo nombre estampa la primera carátula, simplemente no se sabe qué edición francesa le sirvió de base. Nada se dice al respecto. Tampoco registra, insisto, el verdadero No. 67 del capítulo XV de La Génesis, en el que solo siguió el modelo de G. Ribeiro. Sin embargo, esto no es de admirar, pues E. Bezerra considera los trabajos de este último “irreprensibles”, como dice en la introducción de su Revista Espírita, ¿Por qué entonces los corrigió en esto y no en aquello? ¿Cuál de los dos es más irreprensible?

La edición conmemorativa de los 150 años de El Libro de los Espíritus, de hecho, en su índice general, consigue relacionar la palabra “colonia”, inexistente en la obra; sin embargo, remite al lector a los No. 234 a 236, que no hablan en absoluto de esto y si de mundos sin vida física, sirviendo de habitación transitoria a los espíritus errantes. Se intenta forzar la confirmación de la existencia, incierta para muchos, de las “colonias espirituales”, como en “Nuestro Hogar”, por ejemplo.

El espíritu de San Luis se refiere a algo que encuentra un análogo en las “colonias espirituales”. Se refirió a los “mundos intermedios”, que no se confunden con los “transitorios” arriba comentados, porque son, según el presidente espiritual de la S.P.E.E., “viveros de la vida eterna”, de donde los espíritus vienen a la Tierra para progresar. Por cierto, el traductor febiano E. N. Bezerra prefirió registrar “centros de formación”, aunque “pepinieres” signifique literalmente “viveros”. (9)

El mismo esfuerzo en vano se verifica en la expresión “centros de fuerza”, colocada como referencia a la pregunta No. 140 de El Libro de los Espíritus, donde Kardec solo se refiere el fluido vital distribuido entre los órganos físicos, y con más abundancia en los que forman los “centros o sede de los movimientos” (centres ou foyers du mouvement). ¿Dónde está la expresión “de fuerzas”? ¡Ahora! André Luiz, por dudosa analogía a los chacras hindúes, habla de “centros de fuerza” en el periespíritu, pero esto no corresponde en absoluto al asunto en cuestión.

En la Revista Espírita de marzo de 1868, Instrucciones de los Espíritus, la consoladora exhortación que un Espíritu pone en los labios espirituales de Jesús fue alterada de “¡Bienaventurados los que conocen mi nuevo nombre!” hacia “¡Bienaventurados los que conocen mi nombre de nuevo!”. Siempre abogue la tesis que ese “nuevo nombre” de Jesús es “El Espíritu de Verdad”. ¿Habrá ocurrido en la traducción febiana algún error material? El hecho es que “mon nouveau nom” nunca será “mi nombre de nuevo”.

Traductor, traidor. Ya era un antiguo dicho latino.

Entonces, he aquí abajo, el verdadero No. 67 del capítulo XV de La Génesis, desde siempre ausente de las ediciones de la F.E.B. y de las demás que, en vez de traducciones de los originales franceses, más parecen haber ofertado al rentable mercado meras versiones de las publicaciones febianas, excepción hecha a esta honrosa cita:

67. ¿A qué se redujo el cuerpo carnal? Este es un problema cuya solución no se puede deducir, hasta nueva orden, excepto por hipótesis, ante la falta de elementos suficientes para afirmar una convicción. Esta solución, por otra parte, es de importancia secundaria y no añade nada a los méritos de Cristo, ni a los hechos que demuestran, de manera perentoria, su superioridad y su misión divina. No puede pues, haber más que opiniones personales sobre la manera como se realizó la desaparición, opiniones que solo tendrían valor si fuesen sancionadas por una lógica rigurosa y por la enseñanza general de los espíritus; ahora, hasta la presente, ninguna de las que fueron formuladas recibió la sanción de ese doble control. Si los espíritus aún no resolvieron la cuestión por la unanimidad de sus enseñanzas, es porque aún no ha llegado el momento de hacerlo, o porque aún faltan conocimientos con la ayuda de los cuales se podrá resolver personalmente. Entretanto, si la hipótesis de un robo clandestino fuera apartada, se podría encontrar por analogía, una explicación probable en la teoría del doble fenómeno del transporte y de la invisibilidad (El Libro de los Médiums, cap. IV y V) (10).

Este número de La Génesis consta igualmente en su primera edición, como puede ser verificado en la fotocopia del original, disponible en Internet (11).

Sin embargo, nada de esto exonera a Guillon Ribeiro, por cuanto se atrevió, en función del rustenismo, sus propias alteraciones a la obra de Kardec.

1.      Registró en La Génesis, I, 56, que las enseñanzas espíritas completan las vagas nociones que se tenían del alma”, pues, como rustenista, era bibliolatra y le parecía errada e injusta la expresión original de Kardec, que no tenía los mismos reparos, pues a la final las nociones dadas por Jesús sobre el alma fueron vagas, pues no podían ser de otra manera. El hecho es que “complètent les notions vagues qu'IL avait données de l'âme” jamás podrá ser traducido de forma indeterminada.
[“EL”, y no “SE”]
2.      Llamó a Jesús “Señor” y “Salvador” por el mismo motivo deducido arriba, distorsionando la postura kardeciana en los textos de La Génesis XV, 61; en XVII, 37, y en el No. 671 de El Libro de los Espíritus. Yo no confiaría tanto en un traductor que registra “voyaient JÉSUS et le touchaient” como “veían al Señor y lo tocaban”… “le sens de SES paroles” como “el sentido de las palabras del Señor”… o “SA doctrine” como “la doctrina del Salvador”…
[“Jesús” y no “Señor”; “sus palabras”, y no “las palabras del Señor”; “su doctrina”, y no “la doctrina del Salvador”].
3.      Añadió la inexistente palabra “moral” a la expresión “perfección absoluta”, en el ítem VI de la Introducción de El Libro de los Espíritus, por cuanto el rustenismo asegura que solo la perfección moral absoluta puede ser alcanzada, no ocurriendo lo mismo, según él, con la perfección intelectual.  G. Ribeiro quiso, por lo tanto, corregir a Kardec. La nueva traducción de Evandro Bezerra acertó en eso, a pesar de decir, en la Introducción de La Revista Espírita, que el trabajo de Gillon es impecable.
[la perfection absolue: “la perfección absoluta”, y no “la perfección moral absoluta”].
4.      Informó que el arcángel comenzó “por ser átomo”, y no “por el átomo”, en el No. 540 de El Libro de los Espíritus, para acomodar el texto a la noción monista sustancial de la caída angélica, de P. Ubaldi, del cual G. Ribeiro fue traductor y adepto entusiasta. ¡Ahora! Si digo que el arcángel comenzó por el átomo, soy dualista. El arcángel, principio inteligente, es espíritu, y el átomo es materia. Si digo que el arcángel comenzó por ser átomo, soy monista sustancialista, y creo que el arcángel, el principio inteligente, se solidificó en el momento de la caída, y pasó a ser el mismo átomo, de esta manera, la materia no sería más que el espíritu solidificado por la caída. Algunos ubaldistas modernos ya citan esa traducción tendenciosa de Guillon para fundamentar el ubaldismo y sus tesis como compatibles con el Espiritismo. Por otra parte, ¿por qué traducir "par l'atome" como "por ser átomo”?
[“comenzó por el átomo”, y no “comenzó por ser átomo”].
5.      En El Evangelio según el Espiritismo, XX, 5, la información “tocáis el tiempo” se tornó en “se aproxima el tiempo” porque el rustenismo defiende el “final del ciclo” por catástrofes que anuncian la vuelta de Cristo. Como nada de eso ha ocurrido, Ribeiro quiso corregir ahora al Espíritu de Verdad. “Vous touchez au temps” jamás podrá ser traducido por “se aproxima el tiempo”.
[“alcanzaste, o llegaste al tiempo”, y no “se aproxima el tiempo”].

Pero no hablemos solo de los libros con el sello de la “Casa Mater”. También hubo modificaciones en la traducción adoptada por el I.D.E. para un texto de La Revista Espírita de abril de 1869, en el cual Kardec, en verdad dice que, “el alma humana, emanación divina, trae en si el germen o principio del bien [...]” (12).  Sin embargo, el señor Salvador Gentile se arrogó la condición de más docto en materia de Espiritismo que el Codificador de la Doctrina y le añadió al original tres palabras, transformando la sabia instrucción del Maestro en esta aberración filosófica: “El alma humana, emanación divina, lleva en ella el germen o principio del bien y del mal [...]”. (Las cursivas son mías).

E ahí el francés: “L'âme humaine, émanation divine, porte en elle le germe ou principe du bien qui est son but final”. Ante el pensamiento completo de Kardec, no hay dudas: “El alma humana, emanación divina, trae en sí el germen o principio del bien, que es su objetivo final”.  ¿Cómo podría el mal ser objetivo del alma, siendo que esta proviene de Dios?

De todo esto, resta el aparente buen estado de los originales franceses que se encuentran disponibles en medios de acceso digital tanto en Internet como fuera de él y, ojala, la F.E.B y el I.D.E. contribuyeran en ello. Pero estaremos atentos, pues esos “originales” no constituyen imágenes de las ediciones francesas y si digitalizaciones, lo que puede dar lugar a error material o hasta manipulación” (13).

1. Los Cuatro Evangelios. Prefacio. F.E.B., 1920, p. 66.
2. El Espiritismo en su más simple expresión y otros opúsculos de Kardec. F.E.B., Evandro Noleto Bezerra.
3. 10 mil ejemplares, 02/2009.
4. Cf. BARRERA, F. Resumen Analítico de las Obras de Allan Kardec. São Paulo: U.S.E./Madras, 2003, p. 81.
5. Revista Espírita, 1885, 15 de marzo, n.º 6, ano 28.º, pp. 169-171.
6. Cf. Resumen Analítico de las Obras de Allan Kardec. São Paulo: U.S.E./Madras, 2003, p. 80.
7. Revista Espírita, 1885, 15 de marzo, n.º 6, ano 28.º, p. 171.
8. Resumen Analítico de las Obras de Allan Kardec. São Paulo: U.S.E./Madras, 2003, p. 92.
9. Cf. Revista Espírita. Julho/1862. Hereditariedad Moral. ALEIXO. Ensayos de la Hora Extrema. Sobre André Luiz. 2.1 Aspectos Terrenales del Más Allá. http://ensaiosdahoraextrema.blogspot.com/2010_09_02_archive.html.)
10. Rio de Janeiro, Léon Denis - Gráfica e Editora, 2.ª ed., marzo de 2008, 1.ª tiraje, del 1.º al 3.º millar. Del original Frances: LA GENÈSE. Les Miracles et Les Prédictions Selon Le Spiritisme. Quatrième Édition, 1868.
12. EDICEL. Vol. XII. p. 102-103. Trad.: Júlio Abreu Filho.
13. Mis agradecimientos, aquí formalmente consignados, a los buenos amigos Caio Cardinot, Lair Amaro Faria, Rodrigo Luz, Tiago de Lima Castro, Luciano Ferreira y Sílvia R. O. por sus valiosas contribuciones al cuerpo de informes de este capítulo.

Fonte: O Primado de Kardec - http://oprimadodekardec.blogspot.com/2011/02/capitulo-9-tradutor-traidor.html

Traducción al español: Oscar R. Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta – Colombia
Julio 4 de 2014




[1]. Diminutivo de la Federación Espírita Brasilera (F. E. B.). Nota del traductor.

CARTA DE ALLAN KARDEC A UN PRISIONERO

Señor: He recibido la carta que me habéis escrito, la cual lamento que mis ocupaciones no me hayan permitido responder antes. A pesar de m...